miércoles, 23 de marzo de 2016

Matrícula en el KPJAYI: ¿una misión imposible?

[Nota introductoria: A pesar de estar en tiempo presente, este texto fue escrito en el mes de enero del 2015 y conforma el sexto capítulo de la Crónica de mi viaje a Mysore 2014-2015.  Todo lo descrito aquí ha estado de plena vigencia esta última temporada, con la diferencia de que este año la temporada de enseñanza de Sharath comenzó en noviembre y, tal y como he explicado en el prefacio, de que la situación si acaso se ha puesto todavía más extrema; por ejemplo, he sabido que la clase de chanting de Lakshmish se ha llegado a celebrar a las 12:30.]


Nines y Fernando en la puerta del KPJAYI,

Si en los años 70 alguien le hubiera contado a Pattabhi Jois las dimensiones que llegaría a alcanzar el estilo de yoga que enseñaba en su pequeña casa de Lakshmipuran, lo habría tildado de loco.  En la antigua shala de Pattabhi Jois, que todavía se puede visitar hoy y en la que practicó nuestro profesor Borja a principios de la década del año 2000, cabían doce personas.  Cuando Tomás Zorzo -un excelente profesor certificado de Oviedo que ya estáis tardando en conocerlo- fue a practicar por primera vez, sólo había dos alumnos: Graeme Northfield y él.

El edificio del Instituto de Ashtanga Yoga.  La puerta de entrada, a la derecha.

Hoy día, las cosas son muy distintas.  En el año 2003, ante el creciente número de estudiantes, Pattabhi Jois se mudó a Gokulam y abrió una nueva shala mucho más grande en la que podían practicar varias docenas de alumnos a la vez.  Guruji contaba ya con 90 años, pero seguía al pie del cañón, enseñando desde primera hora de la mañana en una shala con más de sesenta alumnos.  El paso de los años se cobró su factura, y la temporada 2007 fue la última en la que llevó las riendas del KPJAYI.  Sharath Rangaswamy, su nieto y discípulo aventajado, que durante años había permanecido en la sombra asistiendo a su abuelo y enseñando a su propio grupo de alumnos en una shala secundaria, asumió sobre sus hombros el peso de la escuela.  En el año 2009, a los 94 años, Pattabhi Jois falleció, convirtiéndose en leyenda, y Sharath pasó a convertirse en el principal gurú de Ashtanga Yoga con cambio de apellido y todo: Sharath Jois.

La calle del KPJAYI.  La puerta, a la izquierda.

Antes, cuando Tomás iba a Mysore, no tenía más que volar a la India y aparecer en casa de Pattabhi Jois: "Guruji, ya estoy aquí otra vez."  Cuando hacía falta, le llamaba por teléfono y le decía: "Guruji, mañana no iré a practicar, que tengo fiebre."  En el año 2008 el acceso directo a Guruji o Sharath era ya impensable y lo que había que hacer era enviar una carta manuscrita a Mysore unos meses antes y aparecer por ahí sin esperar respuesta.  Hoy día, si se quiere practicar cuando empieza la temporada el primero de octubre, lo que hay que hacer es rellenar una solicitud online exactamente tres meses antes y esperar a recibir un email de confirmación.  Eso quiere decir que el 1 de julio a las 00:00 horas indias (30 de junio a las 24:00) hay que estar delante del ordenador con todo preparado para rellenar el formulario y hacer click.  Y eso si el servidor del KPJAYI aguanta, porque cientos de personas en todo el mundo suelen tener la misma idea que tú.

Las famosas escaleras de entrada al Instituto, atestadas de calzado durante las horas de clase y extrañamente vacías en esta fotografía.

En turnos ininterrumpidos desde las 04:30 hasta las 11:00 de la mañana, la shala es capaz de absorber alrededor de 300 estudiantes.  Aún así, son muchos los que en vez de recibir el email en el que se les notifica que han sido aceptados, reciben otro en el que se les informa que la shala está llena y que tendrán que volver a intentarlo el mes próximo.  Por lo que he visto y oído, diríase que a día de hoy, alrededor del 60-70% de los que rellenan el formulario para practicar con Sharath son aceptados.  No hay un criterio definido: algunos hacen la solicitud minutos después de la medianoche y son rechazados; otros la hacen horas después y el KPJAYI los acepta; algunos es la primera vez que van a Mysore y reciben el sí, mientras que algunos profesores autorizados nivel 2 que llevan viniendo desde los tiempos de Lakshmipuram se quedan fuera; algunos quieren practicar sólo durante un mes y pueden; otros que quieren practicar los tres meses máximos permitidos y recomendados no pueden.

Imagen obtenida en los momentos previos a una conferencia de Sharath que da una idea del elevado número de personas presente en la main shala.

La temporada durante los últimos años ha sido de seis meses entre principios de octubre y principios de abril o finales de marzo, y el mejor mes para empezar es el de octubre seguido, en mi opinión, de diciembre y enero por el factor fiestas de Navidad que precipita la marcha de muchos de los que ya están y retrasa la llegada de muchos de los que tienen intención de venir.  La mayoría de la gente que llega en octubre estudia durante dos o tres meses, por lo que a los solicitantes de noviembre les quedan las pocas migajas que dejan los que en octubre practican sólo durante un mes.

Otro punto de vista de la conferencia.

Hasta el año anterior era posible empezar a practicar con Sharath cualquier día del mes pero, a partir de este año, sólo es posible registrarse entre el día 1 y el día 5.  Esto supone un fastidio para los que no tengan flexibilidad de fechas pero una ventajan para los que sí la tienen y para Usha, la secretaria de Sharath y la persona encargada de hacerle el tedioso trabajo administrativo.  Y es que la gestión de admisiones del KPJAYI, ya de por sí caótica, alcanzaba cotas de desorganización inauditas cuando todavía se permitía comenzar cualquier día del mes, llegando a acumularse tanta gente a principios de enero que algunos terminaban su práctica a las 13:30.  Este año, la clase de chanting con Lakshmish a las 11:30 se ha mantenido a la misma hora durante todo el mes de diciembre y de enero, todo un éxito atribuible a la nueva organización del KPJAYI y un alivio para el sufrido Sharath, sus asistentes y los propios alumnos.

Nines mira a la cámara.

Los que no han sido aceptados como alumnos de Sharath y no quieren volver a intentarlo al mes siguiente o aquellos cuyas circunstancias no les permiten viajar a Mysore para empezar a practicar entre el día 1 y el 5 del mes con una duración mínima de treinta días, tienen la opción de matricularse en el KPJAYI para estudiar con Saraswathi, madre de Sharath e hija de Pattabhi Jois.  Antaño, Saraswathi enseñaba a sus alumnos dentro de la propia main shala pero, por cuestiones de espacio, ha acabado trasladándose a su propia shala a varias calles de distancia.  Entre sus alumnos hay muchos aspirantes a estudiar con Sharath que fueron rechazados, pero también mucha gente que no quiere padecer las colas, esperas y saturaciones propias de la main shala y directamente opta por estudiar con ella.

Tanya, mirando al frente, y yo mismo en un selfie.

Para gustos están los colores, y de Saraswathi se oyen cosas buenas y cosas malas a partes iguales.  Sus detractores dicen que es poco sensible en los ajustes y que, a su edad y en su estado físico, la clase se le hace grande.  Sus defensores, por el contrario, destacan su faceta amorosa, el fenomenal ambiente libre de congestión y competitividad que se respira en sus clases, y que es mucho menos estricta que Sharath a la hora de dejar hacer asanas.  Lo cierto es que, por diversas razones, Saraswathi ha acabado siendo la profesora más concurrida por nuestro grupo de españoles: Sara, Guillermo, Nines, Alberto, Arantxa, Miguel y Raquel practicaron con ella, con diversidad de opiniones.

Tarjeta de estudiante del KPJAYI.

Los que hemos estudiado con Sharath hemos sido Sandra, Tanya, Curro, y yo mismo.  Sandra llegó a Mysore a finales de octubre para practicar durante casi tres meses, Tanya durante uno y Curro y yo durante dos.  Tanya, Curro y yo nos matriculamos el último día de noviembre con toda la remesa que empezaba en el primero de diciembre.  La cola de gente serpenteaba por toda la shala y transcurrieron tres horas hasta que finalmente obtuvimos la codiciada tarjeta de estudiante previo pago de decenas de miles de rupias.  El pedazo de cartón más caro del mundo, y no sólo por su coste económico. 

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