domingo, 28 de mayo de 2017

Los significados de la sílaba sagrada OM.

Guruji y el OM del altar en Ashtanga Yoga Bilbao.

En la charla que hubo la tercera semana de mayo en Ashtanga Yoga Bilbao antes de las clases guiadas, dentro de ese espacio que denominamos "el uno por ciento de teoría", ahondamos en la interpretación del cuarto niyama del ashtanga yoga de Patanjali: svadhyaya.  En el sutra 2.44, el sabio expone: "svadhyayat ishta devata samprayogah", es decir, "a través de svadhyaya, se logra la comunión, el contacto con la deidad escogida."  La traducción del término svadhaya, que como sucede tantas veces en el lenguaje sánscrito, es múltiple: auto-estudio, estudio y reflexión de los textos sagrados y repetición de la sílaba OM.

Hoy día, cuando se habla de svadhaya, o al menos cuando se oye hablar de svadhaya dentro de la tradición de Ashtanga Yoga de Mysore, y quizás porque se trata de una de las interpretaciones que dan más juego, suele hacerse referencia al auto-estudio, al esfuerzo personal que uno debe empeñar en el proceso de aprendizaje, en no limitarse a absorber lo que ha recibido de su maestro, de su gurú, sino en recorrer por sí mismo el camino que su maestro anduvo y llegar a sus propias conclusiones.  Léase si no esta entrevista con Sharath Jois que publicamos en este mismo blog hace algunas semanas.  En las clases del primer fin de semana de mayo nos referimos a este aspecto y también al del estudio y reflexión de los textos sagrados.  La repetición de la sílaba sagrada OM, un asunto con mucha enjundia, lo dejamos para la tercera semana de mayo, y al final nos ha parecido tan interesante que hemos decidido dedicarle una entrada en el blog.

La sílaba Om en su notación más popular.


Grafía de la sílaba OM.

En primer lugar hay que hacer un apunte ortográfico.  Cuando me matriculé a los cursos de sánscrito del Instituto de Ashtanga Yoga en Mysore y al cabo de unas semanas aprendimos a manejar el alfabeto sánscrito y a construir todas las palabras fonéticamente posibles, me llamó poderosamente la atención que la famosa sílaba OM que con tanta ubicuidad se observa en la iconografía popular no se corresponde de ningún modo con la notación tradicional sánscrita que había aprendido.

La explicación tiene su miga.  En sánscrito, cuando una sílaba termina en vocal (como sucedería con la sílaba MO), se escribe la consonante y sobre ella se añade la notación simplificada de la vocal correspondiente.  En cambio, cuando la sílaba empieza con una vocal (como sucede con la sílaba OM), ésta se ha de representar en su forma completa.

La vocal O y la consonante M en sánscrito y las sílabas MO y OM.  Para construir la sílaba MO, se añade a la consonante M la forma simplificada de la O en la forma de una especie de acento.  Para construir la sílaba OM, se escriben una detrás de la otra la vocal O en su forma completa y la consonante M.  A esta última hay que añadirle el rabito inferior que la deja como una consonante sorda, sin vocal después.  Sin ese rabito, se estaría representando OMA.

Lo cual no concuerda en absoluto con la representación popular de la sílaba OM.  Dado que la sílaba OM también se puede considerar la forma abreviada de AUM, que hay símbolos que permiten representar la prolongación en el tiempo de un sonido y que además OM cuenta con los sinónimos OMKARA y AUMKARA, la sílaba sagrada se puede escribir en sánscrito de varias otras maneras.

OM, AUM, OOOM (Ox3 M), OMKARA y AUMKARA en sánscrito estricto.

La explicación definitiva, entonces, hay que encontrarla en otro lado, en concreto en las ligaturas o uniones de símbolos que permite la escritura Devanagari de la que el sánscrito forma parte.  El chandrabindu es un signo diacrítico tal que un acento que no forma parte del alfabeto sánscrito estricto pero que nasaliza el sonido del carácter al que se une y permite que OM sea representado de una manera alternativa.  De ese modo, si se coloca sobre ellas el chandrabindu, la vocal O o AU se terminan pronunciando Omm o AUmm.

Construcción de la sílaba OM en notación Devanagari.

¿Y por qué se ha acabado prefiriendo esta clase de notación, tan discutible desde el punto de vista de un lingüista, hasta el punto de erigirse en el símbolo representativo de todo el hinduismo?  Sin duda, por la carga simbólica que se le ha asociado y que a continuación veremos.


Ganesha y el OM.

Simbolismo gráfico del OM.

En primer lugar, y por muy tontorrón que pueda parecer, el símbolo del OM en la grafía Devanagari evoca la silueta de Ganesha, el hijo de Shiva y Parvati con cabeza de elefante también conocido como Ganapati o Vakratunda al que los fieles hindúes se entregan en busca de protección y ayuda para superar dificultades.  Hay que tener un poco de imaginación, pero el perfil del tres representa la cabeza y la barriga de Ganesha y el semicírculo su trompa.  Tratándose de una deidad tan querida, no es de extrañar que el semicírculo (que de acuerdo con la O sánscrita que representa en realidad debería asemejarse más a una letra pi griega) tienda a ser estilizado para que se asemeje aún más a la trompa de un elefante.

Por otro lado, el símbolo del OM representa nada más ni nada menos que el gran dilema de la existencia humana: la trascendencia del Ser más allá de la individualidad y el desafío de la unión con el todo.  Lo que venían a ser la cabeza, la barriga y la trompa de Ganesha conforman la individualidad mientras que la parte del chandrabindu constituye lo que trasciende más allá del individuo.

Partes del OM.

De ese modo, cada uno de los tres segmentos que conforman el cuerpo y trompa de Ganesha vienen a simbolizar los tres estados mentales, los tres cuerpos del ser humano: el estado consciente o cuerpo físico, el estado inconsciente o cuerpo sutil y el estado subconsciente o cuerpo causal.

El punto del chandrabindu, conocido precisamente como bindu, representa a la Consciencia Suprema, a Brahman, al Todo, y también el cuarto estado mental supraconsciente en el que el ser humano se une a la Consciencia Suprema, lo que en diferentes contextos viene a denominarse moksha, samadhi, nirvana o iluminación.  Este cuarto estado mental de plenitud se encuentra separado de los tres estados del individuo por la barrera de la ignorancia espiritual o avidya que condena al hombre a vivir en un mundo ilusorio o maya a la merced de la tiranía de los sentidos y repetir el ciclo una y otra vez en virtud a la rueda infinita de reencarnaciones condicionadas o samsara regidas por la ley del karma.

La ruptura de esa barrera para acceder al bindu o Consciencia Suprema constituye el gran desafío del hombre, y en la grafía de la sílaba OM queda simbolizado en la media luna (chandra) del chandrabindu que mantiene al punto fuera del alcance del número tres.


Simbolismo fonético del OM.

La sílaba OM o AUM se compone de cuatro sonidos: A, U, M y silencio, cada uno de los cuales encierra su propio simbolismo.

  • El sonido A representa la creación del Universo.  Como primera letra del alfabeto, es el primero de todos los sonidos y una metáfora del origen de todo.  Está relacionada con Brahma, la deidad creadora del Universo, con nuestro cuerpo físico, nuestra mente consciente y con todos los objetos físicos y perecederos que hay dentro de la Creación.
  • El sonido U simboliza la energía que mantiene el Universo.  Se relaciona con Vishnu, la deidad que preserva la Creación, con nuestro cuerpo sutil y la mente inconsciente, intuitiva que permite ver y entender más allá de lo percibido a través de los sentidos.
  • El sonido M caracteriza la energía que transforma el Universo.  Tiene relación con Shiva, la deidad que transforma y destruye la Creación y con nuestro cuerpo causal y mente subconsciente.  Es la antesala de la iluminación.
  • El silencio con que concluye la sílaba sagrada es la vibración última que no puede ser representada ni verbalizada.  Es Consciencia Pura, Brahman o atman, el punto o bindu del chandrabindu.

El OM, vibración sonora.

Por esto es habitual que las clases de yoga suelan comenzar y terminar con la pronunciación en voz alta de la sílaba OM.  Sonidos vibratorios similares se encuentran en otras culturas: el gong y los cuencos tibetanos de los budistas, las campanas de las iglesias cristianas o las campanillas que se hacen sonar durante la consagración católica, que ayudan a centrar la atención en el momento presente y llevan tranquilidad a la mente.  

No es de extrañar, por tanto, que la sílaba OM dé origen a tres formas distintas de meditar.  La pronunciación en voz alta es tan sólo una de ellas:

  1. Pronunciarla en voz alta.  Su vibración centra y calma la mente.  En Bilbao, y me figuro que en otros muchos lugares, hay un grupo de meditación OM chanting (canto del OM) que he tenido el gusto de conocer que ofrece sesiones gratuitas de meditación de 45 minutos y que no consisten en otra cosa que en repetir sin cesar la sílaba OM mientras el grupo permanece sentado en círculos.
  2. Pronunciarla en el interior de la mente, sin vocalizarla.  Es un tipo de meditación mucho más poderoso y proporciona un foco constante para la mente.
  3. Permanecer en silencio y escuchar el OM que retorna a cada uno de nosotros.  El objetivo es escuchar el sonido susurrado por la Consciencia Suprema.  Dado que OM es el sonido de que todos los sonidos emergen, todos los sonidos acaban confluyendo en el OM, por lo que con una adecuada atención y disposición mental resulta posible escuchar el OM en el propio silencio.



Filosofía antigua y OM.

En el primer capítulo de sus Yoga Sutras, Patanjali dedica hasta tres sutras o versos a la sílaba sagrada OM, que abundan en todo lo referido con anterioridad:
  • 1.27: "La expresión del Uno es la sílaba sagrada OM."  OM representa a Brahman, al absoluto, a la consciencia infinita, al Ser Supremo, al origen y fin de todo, a la vez sonido y silencio manifestado.
  • 1.28: "La repetición y contemplación de su significado debe ser hecha." A través de la meditación en OM es posible experimentar el sonido de Brahman, su susurro silencioso.
  • 1.29: "De esta práctica se obtiene el conocimiento del Ser interno y la ausencia de obstáculos." Es decir, la liberación, la ruptura del obstáculo de la ilusión maya y la unión con el atman, la Consciencia Suprema representada en el bindu del OM.


Además, la sílaba sagrada OM es referida innumerables veces en los textos védicos.  Citaré a continuación algunos interesantes fragmentos de los Upanishads que giran en torno al significado e intención del OM:
  • "Brahman es conocido a través de la sílaba sagrada OM.  Cuando OM es conocido, Brahman es conocido."  Katha Upanishad.
  • "OM es como el arco que apunta el ser individual o atman hacia la diana que es Brahman, la consciencia infinita."  Mundaka Upanishad.
  • "OM es todo lo que es, todo lo que ha sido y todo lo que será.  Incluso todo aquello que está más allá del tiempo es también OM."  Mandukya Upanishad.
  • "Así como una araña sale de su refugio oscuro hacia la libertad a través de su hilo, así el meditador alcanza la libertad a través del OM."  Maitri Upanishad.




Física moderna y el OM.

En 1965 se descubrió la radiación de fondo de microondas.  Resulta que en contra de lo que se pensaba, la temperatura del vacío del Universo no es el cero absoluto, sino que en todo el Universo existe una radiación constante y en todas direcciones que eleva su temperatura apenas tres grados Kelvin por encima del cero absoluto.  Los científicos lo denominan "el eco del Big Bang", y no es más que la reverberación en forma de microondas que queda de aquella gran explosión o expansión que tuvo lugar hace trece mil millones de años y que fue el origen del Universo.  El paralelismo entre este concepto físico y el concepto de OM resulta simplemente sobrecogedor.

La teoría de supercuerdas, a la que todavía le queda mucho para ser perfilada y que no deja de entrar y salir de la denostación por parte de la comunidad científica según transcurren las décadas, proporciona otro punto de vista interesante.

La teoría de supercuerdas propuso a finales del siglo veinte una teoría unificada para explicar las cuatro fuerzas del universo: la gravitatoria, la electromagnética y la fuerza nuclear fuerte y la débil.  Las teorías de Newton, Einstein, Maxwell y Planck permitían resolver por separado problemáticas relacionadas con cada una de ellas, pero arrojaban resultados inconcluyentes si se aplicaban sobre todas ellas en conjunto.  La teoría de supercuerdas, mediante una aproximación radical, solucionaba de un único modo los problemas relacionados con cualquiera de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza.

La teoría de supercuerdas postula que todas las partículas y campos físicos de nuestra realidad se hayan constituidos por unas pequeñas y delgadas cuerdas simétricas: las supercuerdas, que vibran en un espacio-tiempo de múltiples dimensiones.  Dichas vibraciones son las que modelan todas las propiedades de nuestra realidad.  

El principal problema que afronta la teoría de supercuerdas es que emplea modelos matemáticos en los que la realidad se haya constituida por diez o veintiséis dimensiones.  Esto es algo sumamente difícil de entender y aceptar para unas mentes como las nuestras, acostumbradas a vivir y pensar en cuatro dimensiones: tres espaciales y una temporal.  Las supercuerdas vibran en una realidad que no podemos ver, entender ni demostrar, pero que quizás sean la clave de todo.

De nuevo la vibración, el OM, llamando a la puerta del siglo veintiuno y con el badajo de nada menos que la física teórica.  No pretendo establecer con esto un especie de tratado reaccionario que defienda retroceder algunos siglos y volver a unir la ciencia con la religión, pero a nadie debería dejarle indiferente la posibilidad de que, en sentido literal o metafórico, las teorías científicas más vanguardistas y la sabiduría más ancestral puedan acabar dándose la mano miles de años más tarde.

Si al lector le interesa el tema, le sugiero la lectura del libro "El tao de la física" de Fritjof Capra, donde encontrará reflexiones en esta misma línea.

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