domingo, 4 de noviembre de 2018

Filosofía yóguica con Arvind Pare.

El próximo fin de semana el maestro de filosofía Arvind Pare estará en Bilbao impartiendo un workshop de filosofía de más de diez horas de duración.  Si te interesa y tienes ganas y tiempo, ¡todavía puedes apuntarte!  Haz click en el enlace de la línea anterior para leer toda la información acerca del curso.  Todas las charlas serán traducidas al castellano y habrá dos clases guiadas de Ashtanga Yoga optativas adicionales a las charlas.

La entrada de hoy pretende ser una presentación de este gran maestro de filosofía que en escasos días nos va a brindar una ocasión única para entender los principales textos del yoga desde dentro, de manos de alguien que los ha estudiado con profundidad durante muchos años y que los ha asimilado no como un mero estudiante académico, sino como un devoto miembro de la milenaria cultura a la que dichos textos dan forma.  Por ello, desde Ashtanga Yoga Bilbao estamos convencidos de que cualquier persona con inquietud por el yoga apreciará enormemente las enseñanzas que aportará este taller.  No obstante, somos conscientes de que Arvind Pare es un maestro poco conocido: apenas existe información en Internet y la mayoría de los que hemos escrito acerca de él nos hemos limitado a replicar el breve apunte biográfico que tiene publicado en su web.  Sirva pues este post para ofrecer un retrato más amplio de Arvind Pare y de su manera de enseñar, acercándolo a todas aquellas personas interesadas en conocerlo.  Para elaborarlo he empleado mis propios recuerdos y algunos apuntes que estuve tomando el pasado verano durante sus charlas en Mysore; ¡ojalá sirva para animar a las personas indecisas!


De vez en cuando se ponen en contacto con nosotros desde otras escuelas de yoga pidiéndonos que les ayudemos a promocionar a tal o cual profesor que está de visita.  Se trata de un tema delicado porque hay que tener muy en cuenta que aquello que recomendemos lo estaremos haciendo no sólo a título personal, sino como representantes de Ashtanga Yoga Bilbao.  Por lo tanto, y a menos que conozcamos en persona al susodicho y sepamos de buena tinta que merece la pena y estamos de acuerdo con lo que enseña, no colaboramos nunca en esta clase de promociones.  Quizás seamos unos rancios, pero una recomendación que pueda ser útil a otras personas tiene que ser honesta, y la honestidad no puede surgir nunca desde el desconocimiento.

No cabe duda de que en la actualidad existen por el mundo grandísimos maestros de yoga y de filosofía yóguica a la espera de que los conozcamos.  Sin ir más lejos, en el último viaje a Mysore adquirimos un nuevo comentario de los Yoga Sutras escrito por un señor llamado Pandit Rajami Tigunait que es una verdadera maravilla.  Hasta el pasado mes de agosto era un auténtico desconocido para nosotros, pero no hay más que leer una página al azar de su comentario para darse cuenta de que estamos ante un maestro extraordinario. 

Con Arvind Pare sucede algo parecido: uno no tiene que escucharlo más allá de algunos pocos minutos para darse cuenta de que se trata de un maestro muy especial.  Sin embargo, en su web no hallaréis espectaculares fotografías de él haciendo asanas complicadísimas ni tampoco presume de miles de seguidores en una cuenta de Instagram.  Los occidentales tenemos interiorizado el estereotipo de que un gran profesor de yoga es alguien que enseña asanas y las ejecuta él mismo con maestría.  Arvind, en cambio, ni siquiera puede sentarse cómodamente en la postura del loto; él simplemente habla, relata, razona y responde.  Es un perfecto ejemplo de lo que, a mi entender, es un jñana yogui, un yogui del conocimiento, toda una excepcionalidad en medio de este vórtice de hatha yoguis en que estamos inmersos y al que recomendamos sin el menor atisbo de duda.

Anuncio de Arvind Pare en Facebook.

Mi primer contacto con Arvind Pare tuvo lugar en el año 2014 durante uno de nuestros viajes a Mysore.  Algunos meses atrás había empezado a hacerse notar en un grupo de Facebook muy concurrido por las personas que viajamos a Mysore y en el que se publican anuncios de casas para alquilar, noticias, cursos y actividades diversas.  Acompañados por unas ilustraciones con una estética muy interesante, una página llamada Swadhyaya anunciaba periódicamente charlas temáticas semanales de filosofía a cargo de un desconocido Arvind Pare.  El término swadhyaya se corresponde con el cuarto niyama del Ashtanga Yoga de Patanjali y hace referencia al estudio de textos sagrados y al conocimiento de sí mismo, por lo que el nombre escogido por Arvind se antojaba sumamente acertado y en verdad que llamaba la atención.

Por aquel entonces mi amiga Tanya y yo estábamos apuntados al segundo nivel de sánscrito con Lakhsmi, el profesor de filosofía y chanting del Instituto de Ashanga Yoga Krishna Pattabhi Jois (KPJAYI).  El año anterior habíamos cursado el primer nivel de sánscrito, y junto con las clases de sánscrito Lakshmi nos había enseñado también el primer capítulo del Hatha Yoga Pradipika, un famoso texto clásico sobre Hatha Yoga.  Se aprendía mucho en las clases de gramática sánscrita, pero a mi modesto entender las aptitudes de Lakshmi como orador y enseñante del Hatha Yoga Pradipika dejaban mucho que desear: se limitaba poco más que a leer los comentarios de la edición que tenía entre manos y a irse por las ramas contando chascarrillos de su vida que, aunque interesantes desde un punto de vista cultural, en nada tenían que ver con la materia tratada.

Además del Hatha Yoga Pradipika Lakshmi también enseñaba Yoga Sutras y el Bhagavad Gita, los dos textos fundamentales de la filosofía yóguica, y a pesar de que se trataban de clases muy populares a las que se apuntaban muchas personas, debido a la experiencia con el Pradipika yo no me sentía muy motivado a inscribirme.  Tanya compartía mi opinión y al final fue ella quien tomó la iniciativa y se lanzó a conocer a ese tal Arvind Pare que enseñaba filosofía en el salón de su propia casa.  Las charlas temáticas exigían el compromiso de una semana entera, pero Arvind también impartía una charla diaria bajo donación a la que se podía acudir de forma aislada, me imagino que con la idea de darse a conocer.

Arvind Pare en el rellano de su casa en Mysore.

Las referencias de Tanya fueron tan buenas que al final yo también me animé, y no tardé en darme cuenta de que no estaba para nada equivocada: el contraste entre Lakshmi y Arvind fue como pasar de estar en la fría sombra a caer de lleno bajo la luz del sol.  Recuerdo que las primeras charlas en las que participé se centraban precisamente en los Yoga Sutras.  Arvind no utilizaba ni libros ni pizarra.  Repartía libros o fotocopias entre los estudiantes, eso sí, pero él no consultaba nada: recitaba de memoria el sutra en cuestión, lo traducía término a término y a continuación lo comentaba.  La soltura con la que se manejaba era insultante, y tras haberlo conocido durante varios años he acabado dándome cuenta de que, de hecho, los textos en los que centra sus charlas los sabe de memoria de pe a pa.  Durante el viaje de este último verano asistimos a algunas sesiones de chanting que Arvind organizaba al mediodía y en las que, a veces, nos repartía ejemplares del Bhagavad Gita mientras él permanecía con las manos desnudas y nos decía: "Hoy recitaremos el tercer capítulo".  Y en seguida arrancaba con los primeros versos, con nosotros siguiéndolo a trancas y barrancas.

No lo sé, quizás aprenderse los setecientos versos del Bhagavad Gita o los ciento noventa y seis aforismos de Patanjali sean pecata minuta para un filósofo yóguico que se precie.  Al fin y al cabo, tengo entendido que algunos sacerdotes protestantes son capaces de recitar de memoria capítulos enteros de la Biblia y citar versículos de forma textual para apoyar sus argumentos teológicos, pero para mí es, cuanto menos, una garantía de conocimiento y dominio a los que no estoy acostumbrado.  Porque ya no es sólo saberlos; en el viaje de aquel año también fuimos a ver a un niño prodigio de ocho años que a lo largo de varias horas recitó de carrerilla todo el Bhagavad Gita.  Doy fe de que el niño se había aprendido de memoria los setecientos versos porque lo comprobé libro en mano, pero tal vez el niño no entendiera una sola palabra de lo que estaba diciendo.  El verdadero intríngulis está en, más allá de ser capaz de repetirlos cual papagayo, entenderlos y, sobre todo, saberlos explicar a una audiencia ignorante.       

Las charlas de Arvind se distinguen precisamente por su claridad y amenidad.  Doce años de su vida transcurrieron en Estados Unidos, donde se graduó en Ingeniería y Dirección de Empresas.  Por lo tanto, conoce muy bien a los occidentales y sabe cómo es nuestra manera de pensar.  A diferencia de numerosos comentarios de los Yoga Sutras y el Bhagavad Gita que se pueden encontrar, escritos por indios o indiólogos para un público erudito, Arvind no da por sentados muchos conceptos que a alguien que haya mamado la tradición hindú desde la cuna le resultan familiares, sino que los desgrana y matiza.  Su exposición, además, es clara y entretenida: sus razonamientos conducen al oyente a través de lo que de otro modo serían enrevesados conceptos filosóficos como las aguas de un río tranquilo, y para ello emplea parábolas, cuentos y metáforas que acercan los conceptos a ras del suelo y posibilitan su fácil comprensión.

Arvind Pare sobre el sofá-cama del salón de su casa desde el que suele impartir las charlas. 

La historia de la vida de Arvind Pare tiene pinta de ser muy curiosa, aunque nosotros no conocemos más que retazos.  Al parecer, tras la estancia de doce años en Estados Unidos no sintió interés en continuar el camino profesional al que apuntaba su formación académica.  Ejerció como ingeniero durante un breve periodo de tiempo pero en seguida regresó a la India donde se decantó por una vida de renuncia en ashrams -monasterios- durante quince años, no tengo muy claro si en calidad de simple discípulo o de swami -monje-.  En cualquier caso, no tiene mujer ni hijos conocidos y en Mysore vive solo, por lo que tampoco se puede descartar que de hecho se trate de un sannyasi, aunque eso es algo que se lo tendríais que preguntar a él directamente.  Durante esos quince años en ashrams conoció al que considera su gurúSwami Dayananda Saraswati, un reputado maestro espiritual de Advaita Vedanta fundador de las escuelas Arsha Vidya y entre cuyos discípulos se encuentra el mismísmo Narendra Modri, actual Primer Ministro de la India.  Según sus propias palabras durante un desayuno que compartimos el pasado verano, después de quince años de aprender, leer y escuchar, Arvind consideró que había llegado la hora de ser él quien comenzase a hablar y ser escuchado.  Corría el verano del año 2014 y, tras barajar varias posibilidades, decidió trasladarse al barrio de Gokulam en Mysore, uno de los principales epicentros del yoga en la India que atrae a una importante comunidad internacional de estudiantes sensibles a las enseñanzas filosóficas.

A lo largo de estos últimos años hemos aprendido a apreciar a Arvind como uno de los platos fuertes de nuestros viajes a Mysore.  Y creo que no somos los únicos en reconocerlo: su buenhacer le han granjeado un merecido prestigio entre no pocas personas, y creo no equivocarme si digo que a día de hoy es considerado uno de los puntos cardinales en Mysore en el sentido de que si quieres Ashtanga Yoga, sin duda se te aconsejará que vayas adonde Sharath Jois; si quieres cambiar rupias; donde Shiva; si quieres masaje ayurvédico, con Naga Kumar; si quieres libros, a Pavithra de Green House; chocolatinas, al chocolate man; terapias de cuencos tibetanos, donde Akhil en Shudda; estatuas, a Cauvery Emporium; esterillas de algodón, a Rashinkar; taxi, a Ganesh; especias, al mercado Devaraja; y por fin, si quieres filosofía, que acudas adonde Arvind Pare.

La filosofía del yoga en ocasiones puede resultar muy árida porque maneja conceptos complejos que requieren de un importante esfuerzo de comprensión.  Arvind, en cambio, es muy habilidoso en el arte de enseñar e ilustra continuamente sus explicaciones con metáforas y pequeños cuentos que facilitan sobremanera el entendimiento de lo que se trae entre manos.  Por ejemplo, una de las metáforas que suele emplear y que más me gustan es la del mar y las olas, con la que explica la relación entre las consciencias individuales y la Consciencia Suprema: "Las olas creen ser distintas unas de otras a pesar de que todas están destinadas a acabar retornando al océano.  ¿Realmente existe diferencia alguna entre el agua que forma parte de una ola y el agua que compone el océano?  Hay millones de olas, pero ninguna puede esconder de mí el océano.  Sólo cuando existe en mí un sentido de separación, dejo de ser oceáno y me limito a ser ola." 

Ashtanga Yoga Bilbao y Arvind Pare en la India. 

En efecto, Arvind ha aprendido en la tradición filosófica Advaita Vedanta, que postula la no dualidad de la existencia: todo es uno.  "La dualidad es fácil de entender: unos son zapateros, otros campesinos, otros profesores; hay hombres, mujeres, altos, bajos, medianos y rubios y morenos.  El estudio hay que hacerlo para darse cuenta de que todos somos lo mismo.  Para darte cuenta de que somos distintos no necesitas más que hacer caso a lo que ven tus ojos."  El sol y la luz es otra de las metáforas recurrentes que emplea para explicar el problema de identificación con el yo no-permanente: "Una calabaza de Halloween puede estar vacía o tener una vela en su interior, pero la existencia o no de la calabaza no modifica en nada la naturaleza de la luz de la vela.  Si algo le ocurriese a la calabaza, ¿se vería afectada la luz?  Si la calabaza se encuentra triste, la luz no debería entristecerse." "Imagínate que tienes diez cubos de agua sobre los que se refleja la luz del sol.  Si derribas uno de los cubos, el sol no cambia.  Lo que le sucede al cubo, no le ocurre al sol." "Si sólo ves nubes, ¿quiere decir que no hay sol?  En realidad, sigue habiendo sol y, de hecho, las nubes existen porque hay sol; el sol permite que sean vistas."  Desgraciadamente, el ser humano sufre porque "lo que no debería ser posible, que la luz se identifique con la oscuridad, sucede, y el yo, el que ve, se identifica con el cuerpo, con lo visto, cuando en realidad es consciencia, purusha, no prakriti.  La gente vive infeliz creyendo que es el coche, no que posee el coche."  Detrás de todo está la ignorancia, avidya: "La ignorancia es la raíz del árbol del sufrimiento, sobre el que se construyen el resto de kleshas: el ego, el deseo, la aversión y el miedo.  Y no adelantamos nada con quitarle las hojas y restringir algunos deseos y miedos aquí y allá: hay que atacar la raíz de la ignorancia, la madre de todos los kleshas."

Quizás muchos crean que es imposible resolver este dilema en vida mientras permanezcamos atados a este cuerpo y esta existencia, pero según propone el sendero del yoga: "no tienes que romper el cántaro para saber que está hecho de arcilla.  De la misma forma, en la propia vida es posible alcanzar el conocimiento."  No obstante, el camino será difícil, y "por mucho que te obligues a meditar retirado en una cueva, no llegarás nunca a Ishvara a menos que hayas logrado mantener a raya a los kleshas.  De otro modo, meditarás en las cosas y personas que odias, deseas o por las que sientes apego.  Es decir, un simple camino de renuncia y austeridad no te llevará a samadhi porque tu mente permanecerá en los objetos burdos."  El camino descrito por Patanjali ofrece la solución: "Habréis visto alguna vez a esos encantadores de serpientes que tocan la flauta a escasa distancia de ellas y las manipulan peligrosamente.  El truco está en que a las serpientes les han quitado las glándulas de veneno.  Un yogui hace lo mismo: neutraliza los kleshas."

En la última etapa se encuentra samadhi, un estado mental difícil de comprender y más todavía de describir, aunque por momentos Arvind lo logra:  "Cuando estoy dormido, no tengo que esforzarme en dormir.  Ya estoy ahí.  De la misma forma, la iluminación o samadhi es un estado de consciencia en el que, simplemente, se está una vez se llega a él." "No te defines por los roles que te atribuyes.  Primero eres, existes, después serás hijo, sobrino, trabajador, indio, etcétera.  Tu Ser no tiene forma ni color.  Samadhi samskara destruye todos los condicionamientos previos, como la corriente del río que barre las plantas y piedras que han aparecido en su lecho pero que no constituyen la verdad sobre el río, no lo definen como río."  Y sus pequeños cuentos son siempre una delicia y un gran apoyo a las explicaciones: "Había un hombre que utilizó una barca para atravesar un río.  Al llegar al otro lado y dirigirse a su casa, en vez de dejar la barca en la orilla, la arrastró por la tierra hacia su casa.  Todo el mundo le decía: 'Pero qué haces, ¿estás loco?'  De la misma forma, nirbijah samadhi es un tipo de samadhi en el que la semilla del samsara, de las existencias condicionadas, desaparece y no vuelves a nacer.  Dejas en la orilla del río la barca del cuerpo y del intelecto que te ha sido de utilidad para cruzar el río, pero no te la llevas a casa."

Arvind Pare.

Aparte de exponer de manera soberbia, Arvind también es capaz responder preguntas de manera muy elocuente.  Hace tiempo que me ha parecido la persona más indicada para resolver ciertas dudas que me han ido surgiendo a lo largo del tiempo respecto a conceptos filosóficos o el lenguaje sánscrito y sus respuestas han sido siempre más que satisfactorias.  Por ejemplo, cuando le pregunté acerca de la procedencia de los shadripus o arisadvargas, también conocidos como los seis enemigos, que a menudo se confunden con los cinco kleshas o venenos de los que habla Patanjali en los Yoga Sutras, fue capaz de indicarme el texto exacto donde son enumerados -Mudgala Upanisad-, aparte de citarme algunos versos del Bhagavad Gita donde se hacen menciones a varios de ellos.  Recuerdo también con gran aprecio la amplia explicación que dio a mi pregunta de porqué Ganesha, una deidad que a priori cabría pensar es poco importante dentro del panteón hindú, sin embargo sea objeto de tanta veneración entre los hindúes hasta el punto de que casi resulte imposible encontrar una casa o un templo en la India que no tenga alguna imagen de ese ser regordete con cabeza de elefante.

Sus conocimientos de sánscrito son lo suficientemente amplios no sólo como para traducir término a término los Yoga Sutras y el Bhagavad Gita al completo, sino también para aclarar las dudas que puedan asolar a sus oyentes.  No he llegado a ser testigo de grandes disertaciones gramaticales en torno al lenguaje sánscrito y tampoco puedo afirmar a ciencia cierta que sea un gran experto, pero tampoco he escuchado nunca ninguna pregunta que lo pillase a contrapié e incluso a nivel personal he podido resolver ciertas dudas técnicas que tenía, por ejemplo, acerca de algunos mantras que practico habitualmente, tales como el verso final del mangala mantra extendido, del que conozco dos versiones distintas y que gracias a Arvind ahora sé tienen significados similares.  Así mismo, el término "nirvighnam" de un famoso mantra a Ganesha cuyas primeras palabras son "vakratunda mahakaya", que en otros sitios había visto escrito como "avighnam", resultan ser sinónimos: libre de obstáculos, sin obstáculos, siendo "vighnam" igual a "obstáculo" y "a" o "nir" dos maneras de establecer una negación.  La sesión del próximo viernes se dedicará por completo al análisis de varios mantras, incluidos los que se recitan en la tradición de Ashtanga Yoga, por lo que los que asistáis tendréis ocasión de explorar por vosotros mismos el significado de los mantras que recitáis a diario y plantearle vuestras dudas.

Como tantas cosas de Mysore, Arvind es uno de esos tesoros que disfrutamos durante el tiempo que estamos en India y que en cuanto regresamos a casa queda atrás.  Sin embargo, a mediados del pasado año 2017 me enteré por Facebook que Arvind Pare iba a impartir algunas charlas de filosofía en Asturias.  No tenía ni idea de que estaba viajando por Europa; me parecía inconcebible verlo tan lejos de su casita en Mysore y menos todavía a un puñado de kilómetros de Bilbao, y en seguida me puse en contacto con él y lo invité a venir a nuestra escuela.  Sería maravilloso que la gente de Bilbao pudiera tener la oportunidad de conocer a un maestro tan interesante.  Recibió mi propuesta con agrado, pero desgraciadamente ya tenía todas las fechas comprometidas y los billetes de avión reservados.  Aún así, me aseguró que incluiría Bilbao entre sus destinos de la siguiente temporada.  Y así fue; a principios del pasado verano me escribió unos mensajes y enseguida concretamos las fechas.  ¡Ya queda menos de una semana!  Será todo un honor y una gran suerte poder contar con él en Bilbao.  ¡Ojalá os guste tanto como a nosotros!

El taller del próximo fin de semana del 9, 10 y 11 de noviembre se centrará en los dos grandes textos fundamentales del yoga: los Yoga Sutras de Patanjali y el Bhagavad Gita, con una tarde adicional dedicada al estudio de mantras y de la sílaba sagrada OM.  Es posible apuntarse a sesiones sueltas, aunque si te apuntas a todo el fin de semana obtendrás un considerable descuento.  Todas las charlas serán traducidas al castellano por Fernando Gorostiza y el sábado y el domingo a primera hora de la mañana. habrá sendas clases guiadas de Ashtanga Yoga opcionales para los asistentes al workshop.  Una vez más, incluyo el enlace a nuestra web con toda la información.