lunes, 21 de enero de 2019

Los orígenes de la Luna.

Hoy es día de luna llena, día de descanso en la tradición de Ashtanga Yoga.  Como es habitual nuestra escuela permanecerá cerrada y mañana retomaremos las clases.

No es sólo que la luna alcanza hoy su fase de plenitud, sino que además durante esta noche se ha producido un eclipse de luna total.  La tierra, al proyectar su sombra sobre la luna, ha refractado en su atmósfera los rayos solares que confieren brillo a la luna, lo que ha provocado que en algunos lugares del mundo -continente americano- la luna se haya percibido de color rojo sangre.  Y por si esto no fuera poco, en este momento la luna se encuentra en su perigeo, en el punto más cercano a la Tierra durante su traslación, un fenómeno que se denomina superluna y que hace que el tamaño aparente de la luna sea hoy mayor. 

Por lo tanto, la luna es la gran protagonista en el día de hoy: una superluna llena y sangrienta.  A modo de homenaje, hoy te ofrecemos un poco de cultura general repasando los orígenes -en plural, sí- de nuestro satélite.



Según la ciencia.

La teoría más aceptada entre la comunidad científica respecto al origen de la luna se basa en la teoría del gran impacto.  

Hace 4.600 millones de años, en los primeros estadios de la formación del sistema solar, un protoplaneta del tamaño de Marte al que se ha llamado Theia chocó contra la Tierra.  Como resultado del colosal impacto imposible de imaginar que derritió, vaporizo y expulsó al espacio trillones de toneladas de material terrestre, alrededor de la Tierra se formó un gran anillo de escombros, que con el tiempo se compactaron, junto con cualquier otro satélite natural que pudiese estar orbitando la Tierra, para crear la Luna.

Además del origen de la Luna, dicha colisión explicaría la inclinación basculante del eje de la Tierra que ocasiona las estaciones.  Análisis de material lunar corroboraron el origen común de ambos cuerpos y, a pesar de algunos enigmas no resueltos aún y de la existencia de otras explicaciones alternativas, la hipótesis del gran impacto es la más ampliamente aceptada en la actualidad.



Según la mitologia griega.

Selene es la personificación de la luna como una diosa de acuerdo con la mitología griega.  Los romanos incorporaron el mito griego y a Selene a su panteón con el nombre de Luna.  Se la adoraba en los días de luna llena y nueva.

De acuerdo con la Teogonía de Hesiodo, los padres de Selene eran los titanes Hyperion y Theia, esta última la que posteriormente daría nombre al cuerpo que chocó con la Tierra según la teoría del gran impacto.  Su hermano era Helios, el dios sol y su hermana Eos, la aurora.  Se la representa como a una mujer de rostro pálido y vaporosas túnicas, con una media luna sobre la cabeza y conduciendo un carro de plata tirado por bueyes blancos. 

Una noche de verano, Endimión, pastor de Caria, una región griega situada al sudoeste de la actual Turquía, tras cuidar a sus rebaños, se refugió en una cueva en las faldas del monte Latmos y se echó a dormir.  La noche era clara, y Selene paseaba en su carruaje de plata por el cielo, desde donde divisó al joven dormido.  Quedó inmediatamente enamorada de él.

Descendió entonces del cielo y entró en la cueva.  El roce de los labios de Selene sobre los suyos despertó a Endimión, que vio cómo toda la caverna estaba iluminada por la luz plateada de la luna.  Contempló a la diosa brillante ante él y surgió una gran pasión entre los dos.

Selene ascendió al Olimpo y le imploró a Zeus que le concediera a Endimión un deseo.  Zeus accedió y Endimión, tras grandes cavilaciones, pidió el don de la eterna juventud y dormir en un sueño perpetuo del que sólo despertaría para recibir a Selene.  Zeus se lo concedió.

Desde entonces, cada mes Selene desaparece del cielo durante unos días para visitar a su amante dormido en la caverna del monte.  El resto del tiempo se conforma con acariciar con sus rayos de plata el cuerpo dormido de Endimión.  

De este amor nacerían cincuenta hijas que personifican las fases de la luna y presiden los cincuenta meses lunares, entre ellas Menea (luna nueva), Mesomene (luna creciente), Pandeia (luna llena) y Meniskos (luna menguante), una diosa de doloroso recuerdo para algunos practicantes de Ashtanga Yoga con problemas en los medios lotos...  



Según la mitología india.

Ganesha, el hijo de Lord Shiva y la diosa Parvati, como su prominente barriga atestigua, tiene gran debilidad por los dulces y cada vez que alguien se los ofrecía, los tomaba.  

Cierto día en que sus devotos le habrían ofrecido muchísimos dulces, Lord Ganesha regresaba a casa con el estómago lleno y los bolsillos de su ropa repletos de dulces sobrantes.  

Los dulces se le caían de los bolsillos y Ganesha se agachaba a recogerlos, un tanto avergonzado de su glotonería.  Miró alrededor esperando que nadie lo viera.  Desgraciadamente la Luna - Chandra Deva, el dios Chandra, un joven de piel pálida, muy atractivo, que dominaba el cielo de la noche montado sobre un carro arrastrado por un antílope y armado con una maza y una flor de loto, lo había visto todo.  

Al ver al Ganesha tropezarse sobre sus propios dulces, Chandra se rió a carcajadas.  Chandra se consideraba a sí mismo muy apuesto y pensaba que Ganesha, con su gran tripa y cabeza de elefante era muy extraño.

"¡Chandra!", exclamó Lord Ganesha enfadado, "¡Te has reído de mí!  ¡Te crees tan atractivo!  Te maldigo y de hoy en adelante desaparecerás del cielo y nadie podrá ver tu rostro."

Y lleno de ira, Ganesha se arrancó un colmillo y lo arrojó contra Chandra, clavándoselo.  Chandra se quedó lívido.  Se trataba de un castigo demasiado severo y le imploró:

"¡Señor! ¡Por favor, perdóname!  ¡He sido soberbio!  ¡Lo siento, por favor!"

Lord Ganesha miró a Chandra y vio que su orgullo había sido herido.  Ganesha siempre perdona.  Sonrió dispuesto a perdonarle, pero en seguida se dio cuenta de que no podía retirar su maldición.

"¡Chandra, no puedo retirar mis palabras!  Pero escucha, suavizaré tu maldición.  Poco a poco disminuirá tu apariencia y sólo habrá un día en que no haya luna en el cielo.  A partir de ese día volverás a crecer hasta que de nuevo recuperes tu tamaño completo y vuelvas a brillar en todo tu esplendor."  

Y desde entonces la luna comenzó a menguar y a crecer periódicamente.  Uno de los puntos oscuros visibles en su superficie, un cráter, es la cicatriz que dejó el colmillo de Ganesha.



Según la mitología egipcia.

Originalmente el año sólo tenía 360 días, y la diosa Nut era estéril durante todos ellos debido a una maldición que le había lanzado el dios solar Ra, que regía durante todo el año.

Su marido el dios Thoth, que deseaba engendrar hijos, acudio a Khonsu, dios lunar, cuyo brillo era entonces casi como el del Sol, y lo desafió a un juego de mesa en el que Khonsu apostaba su propia luz.

Ambos jugaron y la suerte siempre estaba de parte de Thoth, hasta que Khonsu fue derrotado.  La apuesta consistía en 1/72 partes de la luminosidad diaria de la Luna, y desde entonces Khonsu no ha tenido suficiente fuerza para brillar a lo largo de todo el mes, por eso mengua y se recupera.

Con esa luz Thoth creó cinco nuevos días (360/72) conocidos como epagómenos, en el calendario que hasta entonces constaba de doce meses de treinta días cada uno y los añadió justo al final del año, de manera que no pertenecían ni al año viejo ni al nuevo.

Así Nut pudo tener a sus cinco hijos al mismo tiempo que se satisfacía la maldición de Ra.



Según la mitología maya.

Hace mucho tiempo, en una tierra muy lejana, vivía una hermosa mujer llamada Ixchel, cuya belleza encandilaba a muchos hombres a lo largo y ancho de los territorios, incluido al joven héroe Itzamná.  El encantador Itzamná comenzó a cortejar a la hermosa y codiciada Ixchel y entre ambos surgió un gran amor cuyo destino quedó escrito en los cielos.

Un día soleado en el paraíso, un joven extranjero llego al pueblo y quedó inmediatamente obnubilado ante la pasmosa belleza de Ixchel y proclamó su amor por la joven mujer.

Sin saber del amor que existía entre Ixchel e Itzamná, una hermana de Ixchel llamada Ixtab organizó un duelo entre los dos jóvenes que lucharían a muerte por el amor de la joven doncella. 

El día del gran combate, Itzamná fue señalado por el destino para convertirse en el vencedor, pero la providencia no tuvo en cuenta una audaz treta por parte del oponente de Itzamná quien, en un descuido de Itzamná, lo hirió mortalmente.  

Al ver muerto a su amado, Ixchel corrió hasta él, encomendó su alma a su hermana Ixtab y se suicidó.  Al haberle confiado su alma su herman, Ixtab se convirtó en la diosa de los suicidios.  Ixtab maldijo al oponente por sus sucias artimañas y su nombre fue olvidado para siempre.

Los dos jóvenes amantes viajaron juntos al cielo para celebrar su amor durante el resto de los tiempos.  Itzamná renacería como el dios sol y su eterna amante, Ixchel, se convertiría en la diosa de la luna.  Para celebrar el amor por su amado, Itzamná le entregó a Ixchel el brillo de la noche como un regalo en la forma de estrellas, damas que mueren jovenes y viajan hasta los cielos para brillar durante toda la eternidad.



Según la mitología nórdica.

En la mitología nórdica Sol es el dios del Sol y Mani de la Luna.  Sol es una mujer y Luna es un hombre y son hermanos entre ellos.  Su padre es Mundilfari.

Cuando aparecieron por primera vez mientras el cosmos era creado, no sabían cuáles eran sus poderes ni qué papel desempeñarían en el nuevo mundo.  Entonces los dioses se reunieron y crearon las diferentes partes del día y del año y las fases de la luna de manera que Sol y Mani finalmente conocieron su encaje en el nuevo orden.

Atravesaron el cielo conduciendo carros arrastrados por caballos.  Los conducen con prisa porque detrás los persiguen dos lobos llamados Skoll (Burla) y Hati (Odio), que los alcanzarían en el final de los tiempos, cuando el cosmos descendiese de vuelta al caos.

Según algunas leyendas, un personaje llamado Svalinn conduce el carro del sol y sostiene un escudo entre ella y la tierra a sus pies.  Si no hiciera esto, tanto el sol como el mar se consumirían en llamas.



Según la mitología zulú.

Las leyendas zulúes afirman que la Luna es hueca y es hogar de una raza de seres reptilianos inteligentes conocidos como los hitauri.  Hace cientos de generaciones la Luna fue llevada a su actual emplazamiento por dos hermanos, Wowane y Mpanku, que eran los líderes de los hitauri.

Se los conoció como los hermanos del agua y el cuerpo de ambos estaba cubierto de escamas como la piel de un pez.  Wowane y Mpanku habían robado la Luna, que en realidad era un huevo del Gran Dragón de Fuego, y vaciaron su yema hasta que quedó hueca.  Entonces hicieron rodar la Luna por el cielo hasta las proximidades de la Tierra, lo que provocó unos acontecimientos cataclísmicos que terminaron con la edad de oro de la Tierra.

Antes de que llegara la Luna, la Tierra era muy distinta a como es hoy.  No había estaciones y el planeta estaba permanentemente cubierto de brumas de vapor de agua.  La gente no podía ver el brillo del sol con la claridad conque se ve hoy. sino que sólo podía hacerlo a través de una niebla acuosa.  Era un lugar hermoso, frondoso y verde con gigantescos bosques bajo una suave llovizna constante.

Cuando la Luna se ubicó en su lugar todo el agua del cielo cayó al suelo de golpe provocando una gran inundación, un cataclismo que se ha documentado en otras muchas culturas y que en la nuestra conocemos como el Gran Diluvio.

La llegada de la Luna y de los reptilianos hitauri cambió todo en la Tierra.  Modificó su rotación y ángulo y trajo un poderoso sistema de mareas mucho más fuerte del que había antes.  Las mujeres no menstruaban hasta que la Luna llegó.

Otras tribus africanas creen que la Luna es un artefacto tecnológico que fue construido muy lejos para vigilar a las personas y como un vehículo en el que seres extraterrestres surcan el Universo.



Según la mitología china.

Hace mucho tiempo diez soles dominaban juntos el cielo y arrasaban la tierra con sus rayos, causando grandes penurias a la gente.  El arquero Yi derribó con sus flechas precisas a nueve de ellos, dejando sólo uno.  Como recompensa, se le concedió el elixir de la inmortalidad.

Pero Yi no se lo bebió inmediatamente, sino que se lo entregó a su amada esposa Chang'e para que lo guardase.  No quería obtener la inmortalidad sin ella.

Sin embargo, mientras Yi salía a cazar, su aprendiz Fengmeng forzó la puerta de su casa y trató de obligarle a Chang'e a que le entregase el elixir.  Ella se negó y, para evitar que Fengmeng lo robara, se lo bebió.

Cheng'e entonces voló hacia los cielos, donde escogió la Luna como residencia, puesto que amaba a su marido y esperaba vivir cerca de él. 

Yi descubrió lo que había sucedido y se sintió triste, así que reunió las frutas y pasteles que le gustaban a Chang'e y se los entregó como ofrenda.  En la actual China, durante el festival de otoño siguen cocinándose los llamados "pasteles de luna", reminiscentes de esta leyenda.



Según la mitología vasca.

Cuenta la leyenda que al principio de los tiempos, cuando los seres humanos empezaban a caminar por la tierra, no existían ni el sol ni la luna y se encontraban inmersos en una gran oscuridad y acechados por terribles criaturas como dragones, brujas, caballos voladores, genios...

En su desesperación, acudieron en busca de ayuda a Amalur, la madre tierra.

Ante su insistencia, Amalur accedió y les dijo:  "Os ofreceré mi ayuda y crearé un ser luminoso al que llamaréis Ilargi (Luna)."

Así, Amalur creó la Luna, que con su brillo pálido iluminó la noche.

Al principio los humanos no se atrevieron a salir, pero al ver que los genios malignos huían de la luz de Ilargi, salieron a celebrarlo.  Sin embargo, el susto de los genios no duraría para siempre y, poco a poco, se acostumbraron a la luz y no tardaron en volver a salir de sus simas y acosar a hombres y mujeres.

De nuevo, los hombres acudieron a Amalur y le pidieron algo más poderoso.

"Amalur, te estamos muy agradecidos porque nos has regalado a la madre luna, pero necesitamos algo más poderoso puesto que los genios no dejan de perseguirnos."

"De acuerdo", respondió Amalur, "crearé un ser todavía más poderoso al que llamaréis Eguzki (Sol)."

Y Amalur creó el sol.  De esa forma, el sol iluminaria el día y la luna la noche.

Era tan grande, luminoso y caliente que incluso los humanos tuvieron que acostumbrarse poco a poco.  Gracias a su calor y luz crecieron plantas y aún más importante, los genios y las brujas no pudieron acostumbrarse a la gran claridad del día y desde entonces sólo se atrevieron a salir de noche.

Pero los humanos acudieron una vez más a Amalur para pedirle protección durante la noche, puesto que de noche seguían saliendo los genios para acosarles.  Y fue entonces cuando Amalur creó una flor tan hermosa que, al verla , los seres de la noche creerían que era el propio Eguzki y huirían aterrados

Esa flor es Eguzkilore (girasol).  Y hasta hoy, este el símbolo de protección que defiende los hogares de los malos espíritus, los brujos, los genios de la enfermedad, las tempestades, los rayos y demás enemigos del ser humano.

sábado, 5 de enero de 2019

De la Epifanía del Señor a las epifanías del yoga.



La visita de los Reyes Magos de Oriente al niño Jesús recién nacido en Belén se cuenta sin duda entre uno de los misterios más interesantes que rodean la natividad de Cristo.

Tan sólo uno de los Evangelistas hace mención a este suceso, San Mateo, y lo hace de la siguiente manera:

1 Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron de Oriente a Jerusalén unos magos.   
9 [...] la estrella que habían visto en Oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.  
11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron, y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

Mateo 2:1-12 

Confluyen aquí varios elementos "bizarros" a los que se han buscado respuesta durante siglos.  En primer lugar, cuando en aquella época se hablaba de "magos", lo habitual es que se estuviera haciendo referencia a hombres de ciencia.  Lo más plausible es que se tratara de astrónomos extranjeros que fueron atraídos hasta la zona de Judea por algún augurio en forma de acontecimiento astronómico entre los que se han barajado un cometa, el ocultamiento de Júpiter detrás de la luna, el alineamiento de varias estrellas con la cercana Alfa Centauri e incluso la explosión de una nova.

En el año 6 a.C. astrónomos chinos documentaron una posible nova que brilló durante semanas en el cielo.  No hay consenso respecto a la fecha exacta del nacimiento de Jesús, así que esta nova bien pudo haber sido el suceso astronómico que guió a los Reyes Magos.  Como dato curioso: Herodes murió entre el año 3 y 4 a.C., así que Jesús no nació en el año 1 de nuestra era, sino antes.  Esta diferencia es debida a las imprecisiones cometidas en el calendario durante los siglos posteriores. 

Durante su encuentro con Herodes (entre los versículos 2 y 8 omitidos arriba), los tres Magos reciben el encargo de regresar a Jerusalén e informarle acerca del paradero del niño para, según dice, poder adorarlo él también.  En realidad, lo que Herodes quiere es darle muerte.  En cambio, tras hallar al niño una visión en sueños (versículo 12) les advierte a los Magos de que regresen a su tierra sin informar al avieso Herodes, lo que provocará la posterior matanza de los Santos Inocentes en toda la zona de Belén.  Este suceso deja patente, por un lado, que la festividad del 28 de diciembre de los Santos Inocentes en realidad debería de ser posterior a la Epifanía del 6 de enero, y por el otro que los tres Magos, al fin y al cabo, sí que ostentaban ciertos atributos "mágicos".  

Curiosamente, ni siquiera está claro que fueran tres las personas que visitaron a Jesús; una cantidad que se ha inferido en base al número de regalos que portaban, aunque en otras tradiciones cristianas se estableció que fueran cuatro, siete u doce, tantos como los futuros Apóstoles o las antiguas tribus de Israel.

Los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar no se les atribuyeron hasta el siglo quinto.  Con el tiempo también, la tradición cristiana les impuso la categoría de reyes, ausente en la fuente evangélica pero para nada descabellada a tenor de los regalos que llevaban.  Si no reyes, indudablemente debían de ser personas pudientes.

Para muchos, lo más fascinante de toda esta historia se encuentra en su marcado simbolismo: el oro, incienso y mirra que los Reyes Magos entregaron a Jesús son representativos de su realeza, su naturaleza divina y su crudo destino, su Pasión.

Los Reyes Magos habían viajado hasta Judea en el convencimiento de que se había producido un gran acontecimiento histórico: la natividad del Rey de los Judíos, y el oro era un presente a la altura del nuevo monarca.  Por otra parte, el incienso que se suele emplear en el culto religioso está asociado a la naturaleza divina de Jesús, y finalmente la mirra, compuesto usado en el proceso de embalsamado de los muertos, es representativo de su futuro sufrimiento y muerte.  En el caso de que los regalos tuvieran realmente esta intención, entonces sí que se puede afirmar con claridad que los tres Reyes eran magos, o mágicamente visionarios al menos.


La procedencia de los Reyes Magos ha sido también objeto de numerosas teorías.  Se los ha ubicado en Babilonia, Persia, Asia e incluso el reino de los Tartessos en la antigua Andalucía.  En la actualidad se relaciona a cada Rey con un continente y un periodo de la vida del ser humano: Melchor es un anciano procedente de Europa, Gaspar un hombre de mediana edad originario de Asia y Baltasar un joven de África.  Y todo el episodio de su viaje y adoración al recién nacido se interpreta como una suerte de presentación formal de Cristo ante el mundo, con los tres Reyes erigidos en representantes de los continentes y por ende de todos los buscadores de Dios en todos los lugares, de todas las edades y en todas las épocas.

Y por todo esto es que a la festividad de los Reyes Magos se la conoce como la Epifanía, que significa revelación de Dios encarnado en Jesús ante el mundo.

La palabra epifanía no suele emplearse fuera del contexto religioso y a menudo se aplica a acontecimientos sobrenaturales en los que la divinidad se hace presente de forma sorpresiva a través de profetas, oráculos, brujos, sacerdotes o chamanes, pero si nos ceñimos a la definición estricta de la RAE, tenemos que es una "manifestación, aparición o revelación" y por lo tanto refiere a un concepto más amplio no constreñido al ámbito religioso, una realización súbita e impactante.

Por ejemplo, cuando al término de un baile de disfraces los participantes retiran sus máscaras y revelan su verdadera identidad, en ese momento puede decirse que se ha producido una epifanía que podríamos tildar de identitaria.

Sir Isaac Newton junto con algunos de sus descubrimientos y... un manzano en el fondo.

Así mismo, Arquímedes de Siracusa o Isaac Newton tuvieron sendas revelaciones o "epifanías" científicas; aquel exclamó "eureka" al ocurrírsele el principio físico que explica la flotabilidad de los volúmenes con un peso inferior al peso del volumen del fluido desalojado mientras se encontraba dentro de una bañera; éste pergeñó su famosa ley de la gravitación universal cuando una manzana se desprendió del árbol bajo el que descansaba y le cayó encima.  

Es perfectamente posible que hubiesen alcanzado las mismas conclusiones mediante la lógica, la reflexión y el estudio, pero en ambos casos se alude a una epifanía, a una suerte de realización inmediata que cayó sobre ellos y los iluminó, los elevó, en este caso desde el punto de vista del conocimiento científico.

También, el descubrimiento de Cristóbal Colón de América se puede calificar perfectamente como epifanía, en este caso histórica o geográfica, en el sentido de que una civilización inédita a un océano de distancia por primera vez se manifestó ante otra.

A lo largo de la vida de cualquiera de nosotros se pueden producir también epifanías.  Algunos, sí, experimentan epifanías religiosas en las que Dios se les manifiesta.  Salvo que haya mediado alguna sustancia o proceso de estimulación psicotrópica que lo explique, tales personas serán señaladas bien como iluminadas o bien como trastornadas.  La conversión de Pablo de Tarso, un implacable perseguidor de cristianos que sufrió una epifanía y se convirtió al cristianismo de inmediato al escuchar una voz celestial, es un buen ejemplo.

San Pablo, derribado de su montura al recibir la revelación epifánica.

Pero tampoco es necesario que medie un acontecimiento trascendental ni de envergadura objetiva.  Contemplar el mar por primera vez, descubrir una historia, libro, película o persona fascinante, visitar un lugar que quita el aliento, escuchar una pieza musical cautivadora o conocer al amor de tu vida pueden implicar grandes epifanías personales, subjetivas.

En cierta ocasión dijo el escritor portugués Fernando Pessoa:

En verdad que desearía no haber leído nunca Los papeles póstumos del club Picwick para volver a tener la oportunidad de leerlo por primera vez.

Para él, aquella novela de Charles Dickens había sido una gran epifanía.  Para otros, en cambio, no pasaría de un libro aburrido que acumulaba polvo en un estante.

También el yoga ha supuesto una epifanía para muchas personas, un hito revelador que los dejó boquiabiertos y cambió sus vidas para siempre.  Hace unos meses detallé en este blog mi propia andadura en el mundo del yoga y relaté mis comienzos: una de las grandes epifanías de mi vida.

Y finalmente tenemos las epifanías que han habido a lo largo de la historia del yoga: acontecimientos reveladores y manifestaciones de grandes maestros.  Con la excusa de la Epifanía del Señor, a continuación enunciaré, a modo de conclusión y sin extenderme demasiado, lo que a mi modesto entender han sido las grandes epifanías en la historia del yoga: 

Parlamento Mundial de Religiones de Chicago en 1893: epifanía de Swami Vivekananda.

  1. Siglo V a.C., aunque los hechos narrados supuestamente se remontan al 3.102 a.C.: Bhagavad Gita, discurso filosófico en forma de diálogo cantado entre Lord Krishna y Arjuna que supone la epifanía de Krishna ante la humanidad, representada en Arjuna.  A partir de ese momento Krishna se erige en una de las mayores referencias espirituales al nivel de Buda, Mahoma y Jesucristo.

  2. En torno al siglo III a.C.: Yoga sutras de Patanjali.  Texto fundacional del yoga, que deja de ser un conjunto deslavazado de técnicas para convertirse en un método sistemático con el que resolver el gran dilema del sufrimiento humano.  Casi olvidado durante siglos, su redescubrimiento y divulgación durante los últimos 120 años lo ha encumbrado al rango de epifanía.

  3. 1893: Epifanía de Swami Vivekananda.  Su participación en el Parlamento Mundial de Religiones de Chicago en 1893 supuso una epifanía del yoga de la India y de la filosofía hindú ante el resto del mundo, para el que se abrió una puerta a una fuente de sabiduría riquísima y antiquísima que había pasado desapercibida durante milenios.  Fue un personaje clave en la difusión de los Yoga Sutras.

  4. 1920: Paramahansa Yogananda viaja a Estados Unidos para participar, como delegado de la India, en el Congreso de Liberales de la Religión celebrado en Boston.  Nacido en 1893, precisamente el año en que Vivekanda viajó a Chicago, sus conferencias y su famosa Autobiografía de un Yogui constituyeron una verdadera epifanía para millares de personas a las que hizo abrazar la meditación y las técnicas del Kriya Yoga.  Residió de forma permanente en Estados Unidos, donde enseñó de forma ininterrumpida durante décadas.  Vivekananda fue el pionero, pero Yogananda resultó crucial en la epifanía del yoga fuera de la India.

  5. Alrededor de 1910: encuentro entre T. Krishnamacharya y Ramamohan Brahmachari.  Sin duda el periodo de siete años de estudio con su maestro Brahmachari supuso una gran epifanía para T. Krishnamacharya, quien rescataría para el mundo un conocimiento que de otro modo se habría perdido.  La posterior vida y enseñanza de Krishnamacharya fue la epifanía del hatha yoga, que gracias a él se revitalizó, dejando de ser una práctica marginal constreñida a reducidos círculos para convertirse en un fenómeno global que los gentiles podían integrar en su vida cotidiana.

  6. 1952: Epifanía de BKS Iyengar, que se da a conocer ante el mundo de manos de su aventajado discípulo Yehudi Menuhin, el famoso violinista.  Con el permiso de Indra Devi, Iyengar fue el primer discípulo de Krishnamacharya cuyas enseñanzas llegaron a Occidente.  Estudiante de Krishnamacharya durante un corto periodo de tiempo, fue un gran autodidacta e investigador que divulgó un estilo de yoga muy técnico y preciso.  Millones de personas practican hoy Iyengar yoga y sus enseñanzas, y por ende las de Krishnamacharya, impregnan escuelas de yoga por doquier.

  7. 1957: Epifanía de Swami Vishnudevananda.  Con las palabras de su gurú Sivananda: "Ve al Oeste.  El mundo está a la espera" Vishnudevananda inició un periodo de 35 años de difusión de este estilo de hatha yoga al que denominó Sivananda en honor a su maestro y que tiene profundas raíces en las enseñanzas del raja yoga de Vivekananda pero con un énfasis especial a la salud.  Vishnudevananda y Krishnamacharya son los dos troncos del que bifurcan prácticamente todas las ramas de los estilos de hatha yoga que se practican hoy día.

  8. 1973: Epifanía de Pattabhi Jois, que se da a conocer al mundo de manos de tres estudiantes occidentales: Norman Allen, Nancy Gilgoff y David Williams.  A través de Pattabhi Jois se divulga el yoga de Krishnamacharya durante sus años de enseñanza en Mysore y se continúa un linaje de hatha yoguis que se remonta a Brahmachari y más allá.

Por deformación profesional he incluido los hitos del linaje de Ashtanga Yoga   He obviado algunos grandes referentes espirituales modernos que quizás deberían haber estado como Ramana Maharsi y Sri Aurobindo en parte por no sobrecargar la lista y en parte porque tengo la impresión de que, aunque sin duda importantes, no han sido tan influyentes como las personas listadas.