lunes, 21 de enero de 2019

Los orígenes de la Luna.

Hoy es día de luna llena, día de descanso en la tradición de Ashtanga Yoga.  Como es habitual nuestra escuela permanecerá cerrada y mañana retomaremos las clases.

No es sólo que la luna alcanza hoy su fase de plenitud, sino que además durante esta noche se ha producido un eclipse de luna total.  La tierra, al proyectar su sombra sobre la luna, ha refractado en su atmósfera los rayos solares que confieren brillo a la luna, lo que ha provocado que en algunos lugares del mundo -continente americano- la luna se haya percibido de color rojo sangre.  Y por si esto no fuera poco, en este momento la luna se encuentra en su perigeo, en el punto más cercano a la Tierra durante su traslación, un fenómeno que se denomina superluna y que hace que el tamaño aparente de la luna sea hoy mayor. 

Por lo tanto, la luna es la gran protagonista en el día de hoy: una superluna llena y sangrienta.  A modo de homenaje, hoy te ofrecemos un poco de cultura general repasando los orígenes -en plural, sí- de nuestro satélite.



Según la ciencia.

La teoría más aceptada entre la comunidad científica respecto al origen de la luna se basa en la teoría del gran impacto.  

Hace 4.600 millones de años, en los primeros estadios de la formación del sistema solar, un protoplaneta del tamaño de Marte al que se ha llamado Theia chocó contra la Tierra.  Como resultado del colosal impacto imposible de imaginar que derritió, vaporizo y expulsó al espacio trillones de toneladas de material terrestre, alrededor de la Tierra se formó un gran anillo de escombros, que con el tiempo se compactaron, junto con cualquier otro satélite natural que pudiese estar orbitando la Tierra, para crear la Luna.

Además del origen de la Luna, dicha colisión explicaría la inclinación basculante del eje de la Tierra que ocasiona las estaciones.  Análisis de material lunar corroboraron el origen común de ambos cuerpos y, a pesar de algunos enigmas no resueltos aún y de la existencia de otras explicaciones alternativas, la hipótesis del gran impacto es la más ampliamente aceptada en la actualidad.



Según la mitologia griega.

Selene es la personificación de la luna como una diosa de acuerdo con la mitología griega.  Los romanos incorporaron el mito griego y a Selene a su panteón con el nombre de Luna.  Se la adoraba en los días de luna llena y nueva.

De acuerdo con la Teogonía de Hesiodo, los padres de Selene eran los titanes Hyperion y Theia, esta última la que posteriormente daría nombre al cuerpo que chocó con la Tierra según la teoría del gran impacto.  Su hermano era Helios, el dios sol y su hermana Eos, la aurora.  Se la representa como a una mujer de rostro pálido y vaporosas túnicas, con una media luna sobre la cabeza y conduciendo un carro de plata tirado por bueyes blancos. 

Una noche de verano, Endimión, pastor de Caria, una región griega situada al sudoeste de la actual Turquía, tras cuidar a sus rebaños, se refugió en una cueva en las faldas del monte Latmos y se echó a dormir.  La noche era clara, y Selene paseaba en su carruaje de plata por el cielo, desde donde divisó al joven dormido.  Quedó inmediatamente enamorada de él.

Descendió entonces del cielo y entró en la cueva.  El roce de los labios de Selene sobre los suyos despertó a Endimión, que vio cómo toda la caverna estaba iluminada por la luz plateada de la luna.  Contempló a la diosa brillante ante él y surgió una gran pasión entre los dos.

Selene ascendió al Olimpo y le imploró a Zeus que le concediera a Endimión un deseo.  Zeus accedió y Endimión, tras grandes cavilaciones, pidió el don de la eterna juventud y dormir en un sueño perpetuo del que sólo despertaría para recibir a Selene.  Zeus se lo concedió.

Desde entonces, cada mes Selene desaparece del cielo durante unos días para visitar a su amante dormido en la caverna del monte.  El resto del tiempo se conforma con acariciar con sus rayos de plata el cuerpo dormido de Endimión.  

De este amor nacerían cincuenta hijas que personifican las fases de la luna y presiden los cincuenta meses lunares, entre ellas Menea (luna nueva), Mesomene (luna creciente), Pandeia (luna llena) y Meniskos (luna menguante), una diosa de doloroso recuerdo para algunos practicantes de Ashtanga Yoga con problemas en los medios lotos...  



Según la mitología india.

Ganesha, el hijo de Lord Shiva y la diosa Parvati, como su prominente barriga atestigua, tiene gran debilidad por los dulces y cada vez que alguien se los ofrecía, los tomaba.  

Cierto día en que sus devotos le habrían ofrecido muchísimos dulces, Lord Ganesha regresaba a casa con el estómago lleno y los bolsillos de su ropa repletos de dulces sobrantes.  

Los dulces se le caían de los bolsillos y Ganesha se agachaba a recogerlos, un tanto avergonzado de su glotonería.  Miró alrededor esperando que nadie lo viera.  Desgraciadamente la Luna - Chandra Deva, el dios Chandra, un joven de piel pálida, muy atractivo, que dominaba el cielo de la noche montado sobre un carro arrastrado por un antílope y armado con una maza y una flor de loto, lo había visto todo.  

Al ver al Ganesha tropezarse sobre sus propios dulces, Chandra se rió a carcajadas.  Chandra se consideraba a sí mismo muy apuesto y pensaba que Ganesha, con su gran tripa y cabeza de elefante era muy extraño.

"¡Chandra!", exclamó Lord Ganesha enfadado, "¡Te has reído de mí!  ¡Te crees tan atractivo!  Te maldigo y de hoy en adelante desaparecerás del cielo y nadie podrá ver tu rostro."

Y lleno de ira, Ganesha se arrancó un colmillo y lo arrojó contra Chandra, clavándoselo.  Chandra se quedó lívido.  Se trataba de un castigo demasiado severo y le imploró:

"¡Señor! ¡Por favor, perdóname!  ¡He sido soberbio!  ¡Lo siento, por favor!"

Lord Ganesha miró a Chandra y vio que su orgullo había sido herido.  Ganesha siempre perdona.  Sonrió dispuesto a perdonarle, pero en seguida se dio cuenta de que no podía retirar su maldición.

"¡Chandra, no puedo retirar mis palabras!  Pero escucha, suavizaré tu maldición.  Poco a poco disminuirá tu apariencia y sólo habrá un día en que no haya luna en el cielo.  A partir de ese día volverás a crecer hasta que de nuevo recuperes tu tamaño completo y vuelvas a brillar en todo tu esplendor."  

Y desde entonces la luna comenzó a menguar y a crecer periódicamente.  Uno de los puntos oscuros visibles en su superficie, un cráter, es la cicatriz que dejó el colmillo de Ganesha.



Según la mitología egipcia.

Originalmente el año sólo tenía 360 días, y la diosa Nut era estéril durante todos ellos debido a una maldición que le había lanzado el dios solar Ra, que regía durante todo el año.

Su marido el dios Thoth, que deseaba engendrar hijos, acudio a Khonsu, dios lunar, cuyo brillo era entonces casi como el del Sol, y lo desafió a un juego de mesa en el que Khonsu apostaba su propia luz.

Ambos jugaron y la suerte siempre estaba de parte de Thoth, hasta que Khonsu fue derrotado.  La apuesta consistía en 1/72 partes de la luminosidad diaria de la Luna, y desde entonces Khonsu no ha tenido suficiente fuerza para brillar a lo largo de todo el mes, por eso mengua y se recupera.

Con esa luz Thoth creó cinco nuevos días (360/72) conocidos como epagómenos, en el calendario que hasta entonces constaba de doce meses de treinta días cada uno y los añadió justo al final del año, de manera que no pertenecían ni al año viejo ni al nuevo.

Así Nut pudo tener a sus cinco hijos al mismo tiempo que se satisfacía la maldición de Ra.



Según la mitología maya.

Hace mucho tiempo, en una tierra muy lejana, vivía una hermosa mujer llamada Ixchel, cuya belleza encandilaba a muchos hombres a lo largo y ancho de los territorios, incluido al joven héroe Itzamná.  El encantador Itzamná comenzó a cortejar a la hermosa y codiciada Ixchel y entre ambos surgió un gran amor cuyo destino quedó escrito en los cielos.

Un día soleado en el paraíso, un joven extranjero llego al pueblo y quedó inmediatamente obnubilado ante la pasmosa belleza de Ixchel y proclamó su amor por la joven mujer.

Sin saber del amor que existía entre Ixchel e Itzamná, una hermana de Ixchel llamada Ixtab organizó un duelo entre los dos jóvenes que lucharían a muerte por el amor de la joven doncella. 

El día del gran combate, Itzamná fue señalado por el destino para convertirse en el vencedor, pero la providencia no tuvo en cuenta una audaz treta por parte del oponente de Itzamná quien, en un descuido de Itzamná, lo hirió mortalmente.  

Al ver muerto a su amado, Ixchel corrió hasta él, encomendó su alma a su hermana Ixtab y se suicidó.  Al haberle confiado su alma su herman, Ixtab se convirtó en la diosa de los suicidios.  Ixtab maldijo al oponente por sus sucias artimañas y su nombre fue olvidado para siempre.

Los dos jóvenes amantes viajaron juntos al cielo para celebrar su amor durante el resto de los tiempos.  Itzamná renacería como el dios sol y su eterna amante, Ixchel, se convertiría en la diosa de la luna.  Para celebrar el amor por su amado, Itzamná le entregó a Ixchel el brillo de la noche como un regalo en la forma de estrellas, damas que mueren jovenes y viajan hasta los cielos para brillar durante toda la eternidad.



Según la mitología nórdica.

En la mitología nórdica Sol es el dios del Sol y Mani de la Luna.  Sol es una mujer y Luna es un hombre y son hermanos entre ellos.  Su padre es Mundilfari.

Cuando aparecieron por primera vez mientras el cosmos era creado, no sabían cuáles eran sus poderes ni qué papel desempeñarían en el nuevo mundo.  Entonces los dioses se reunieron y crearon las diferentes partes del día y del año y las fases de la luna de manera que Sol y Mani finalmente conocieron su encaje en el nuevo orden.

Atravesaron el cielo conduciendo carros arrastrados por caballos.  Los conducen con prisa porque detrás los persiguen dos lobos llamados Skoll (Burla) y Hati (Odio), que los alcanzarían en el final de los tiempos, cuando el cosmos descendiese de vuelta al caos.

Según algunas leyendas, un personaje llamado Svalinn conduce el carro del sol y sostiene un escudo entre ella y la tierra a sus pies.  Si no hiciera esto, tanto el sol como el mar se consumirían en llamas.



Según la mitología zulú.

Las leyendas zulúes afirman que la Luna es hueca y es hogar de una raza de seres reptilianos inteligentes conocidos como los hitauri.  Hace cientos de generaciones la Luna fue llevada a su actual emplazamiento por dos hermanos, Wowane y Mpanku, que eran los líderes de los hitauri.

Se los conoció como los hermanos del agua y el cuerpo de ambos estaba cubierto de escamas como la piel de un pez.  Wowane y Mpanku habían robado la Luna, que en realidad era un huevo del Gran Dragón de Fuego, y vaciaron su yema hasta que quedó hueca.  Entonces hicieron rodar la Luna por el cielo hasta las proximidades de la Tierra, lo que provocó unos acontecimientos cataclísmicos que terminaron con la edad de oro de la Tierra.

Antes de que llegara la Luna, la Tierra era muy distinta a como es hoy.  No había estaciones y el planeta estaba permanentemente cubierto de brumas de vapor de agua.  La gente no podía ver el brillo del sol con la claridad conque se ve hoy. sino que sólo podía hacerlo a través de una niebla acuosa.  Era un lugar hermoso, frondoso y verde con gigantescos bosques bajo una suave llovizna constante.

Cuando la Luna se ubicó en su lugar todo el agua del cielo cayó al suelo de golpe provocando una gran inundación, un cataclismo que se ha documentado en otras muchas culturas y que en la nuestra conocemos como el Gran Diluvio.

La llegada de la Luna y de los reptilianos hitauri cambió todo en la Tierra.  Modificó su rotación y ángulo y trajo un poderoso sistema de mareas mucho más fuerte del que había antes.  Las mujeres no menstruaban hasta que la Luna llegó.

Otras tribus africanas creen que la Luna es un artefacto tecnológico que fue construido muy lejos para vigilar a las personas y como un vehículo en el que seres extraterrestres surcan el Universo.



Según la mitología china.

Hace mucho tiempo diez soles dominaban juntos el cielo y arrasaban la tierra con sus rayos, causando grandes penurias a la gente.  El arquero Yi derribó con sus flechas precisas a nueve de ellos, dejando sólo uno.  Como recompensa, se le concedió el elixir de la inmortalidad.

Pero Yi no se lo bebió inmediatamente, sino que se lo entregó a su amada esposa Chang'e para que lo guardase.  No quería obtener la inmortalidad sin ella.

Sin embargo, mientras Yi salía a cazar, su aprendiz Fengmeng forzó la puerta de su casa y trató de obligarle a Chang'e a que le entregase el elixir.  Ella se negó y, para evitar que Fengmeng lo robara, se lo bebió.

Cheng'e entonces voló hacia los cielos, donde escogió la Luna como residencia, puesto que amaba a su marido y esperaba vivir cerca de él. 

Yi descubrió lo que había sucedido y se sintió triste, así que reunió las frutas y pasteles que le gustaban a Chang'e y se los entregó como ofrenda.  En la actual China, durante el festival de otoño siguen cocinándose los llamados "pasteles de luna", reminiscentes de esta leyenda.



Según la mitología vasca.

Cuenta la leyenda que al principio de los tiempos, cuando los seres humanos empezaban a caminar por la tierra, no existían ni el sol ni la luna y se encontraban inmersos en una gran oscuridad y acechados por terribles criaturas como dragones, brujas, caballos voladores, genios...

En su desesperación, acudieron en busca de ayuda a Amalur, la madre tierra.

Ante su insistencia, Amalur accedió y les dijo:  "Os ofreceré mi ayuda y crearé un ser luminoso al que llamaréis Ilargi (Luna)."

Así, Amalur creó la Luna, que con su brillo pálido iluminó la noche.

Al principio los humanos no se atrevieron a salir, pero al ver que los genios malignos huían de la luz de Ilargi, salieron a celebrarlo.  Sin embargo, el susto de los genios no duraría para siempre y, poco a poco, se acostumbraron a la luz y no tardaron en volver a salir de sus simas y acosar a hombres y mujeres.

De nuevo, los hombres acudieron a Amalur y le pidieron algo más poderoso.

"Amalur, te estamos muy agradecidos porque nos has regalado a la madre luna, pero necesitamos algo más poderoso puesto que los genios no dejan de perseguirnos."

"De acuerdo", respondió Amalur, "crearé un ser todavía más poderoso al que llamaréis Eguzki (Sol)."

Y Amalur creó el sol.  De esa forma, el sol iluminaria el día y la luna la noche.

Era tan grande, luminoso y caliente que incluso los humanos tuvieron que acostumbrarse poco a poco.  Gracias a su calor y luz crecieron plantas y aún más importante, los genios y las brujas no pudieron acostumbrarse a la gran claridad del día y desde entonces sólo se atrevieron a salir de noche.

Pero los humanos acudieron una vez más a Amalur para pedirle protección durante la noche, puesto que de noche seguían saliendo los genios para acosarles.  Y fue entonces cuando Amalur creó una flor tan hermosa que, al verla , los seres de la noche creerían que era el propio Eguzki y huirían aterrados

Esa flor es Eguzkilore (girasol).  Y hasta hoy, este el símbolo de protección que defiende los hogares de los malos espíritus, los brujos, los genios de la enfermedad, las tempestades, los rayos y demás enemigos del ser humano.

sábado, 5 de enero de 2019

De la Epifanía del Señor a las epifanías del yoga.



La visita de los Reyes Magos de Oriente al niño Jesús recién nacido en Belén se cuenta sin duda entre uno de los misterios más interesantes que rodean la natividad de Cristo.

Tan sólo uno de los Evangelistas hace mención a este suceso, San Mateo, y lo hace de la siguiente manera:

1 Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron de Oriente a Jerusalén unos magos.   
9 [...] la estrella que habían visto en Oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.  
11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron, y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

Mateo 2:1-12 

Confluyen aquí varios elementos "bizarros" a los que se han buscado respuesta durante siglos.  En primer lugar, cuando en aquella época se hablaba de "magos", lo habitual es que se estuviera haciendo referencia a hombres de ciencia.  Lo más plausible es que se tratara de astrónomos extranjeros que fueron atraídos hasta la zona de Judea por algún augurio en forma de acontecimiento astronómico entre los que se han barajado un cometa, el ocultamiento de Júpiter detrás de la luna, el alineamiento de varias estrellas con la cercana Alfa Centauri e incluso la explosión de una nova.

En el año 6 a.C. astrónomos chinos documentaron una posible nova que brilló durante semanas en el cielo.  No hay consenso respecto a la fecha exacta del nacimiento de Jesús, así que esta nova bien pudo haber sido el suceso astronómico que guió a los Reyes Magos.  Como dato curioso: Herodes murió entre el año 3 y 4 a.C., así que Jesús no nació en el año 1 de nuestra era, sino antes.  Esta diferencia es debida a las imprecisiones cometidas en el calendario durante los siglos posteriores. 

Durante su encuentro con Herodes (entre los versículos 2 y 8 omitidos arriba), los tres Magos reciben el encargo de regresar a Jerusalén e informarle acerca del paradero del niño para, según dice, poder adorarlo él también.  En realidad, lo que Herodes quiere es darle muerte.  En cambio, tras hallar al niño una visión en sueños (versículo 12) les advierte a los Magos de que regresen a su tierra sin informar al avieso Herodes, lo que provocará la posterior matanza de los Santos Inocentes en toda la zona de Belén.  Este suceso deja patente, por un lado, que la festividad del 28 de diciembre de los Santos Inocentes en realidad debería de ser posterior a la Epifanía del 6 de enero, y por el otro que los tres Magos, al fin y al cabo, sí que ostentaban ciertos atributos "mágicos".  

Curiosamente, ni siquiera está claro que fueran tres las personas que visitaron a Jesús; una cantidad que se ha inferido en base al número de regalos que portaban, aunque en otras tradiciones cristianas se estableció que fueran cuatro, siete u doce, tantos como los futuros Apóstoles o las antiguas tribus de Israel.

Los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar no se les atribuyeron hasta el siglo quinto.  Con el tiempo también, la tradición cristiana les impuso la categoría de reyes, ausente en la fuente evangélica pero para nada descabellada a tenor de los regalos que llevaban.  Si no reyes, indudablemente debían de ser personas pudientes.

Para muchos, lo más fascinante de toda esta historia se encuentra en su marcado simbolismo: el oro, incienso y mirra que los Reyes Magos entregaron a Jesús son representativos de su realeza, su naturaleza divina y su crudo destino, su Pasión.

Los Reyes Magos habían viajado hasta Judea en el convencimiento de que se había producido un gran acontecimiento histórico: la natividad del Rey de los Judíos, y el oro era un presente a la altura del nuevo monarca.  Por otra parte, el incienso que se suele emplear en el culto religioso está asociado a la naturaleza divina de Jesús, y finalmente la mirra, compuesto usado en el proceso de embalsamado de los muertos, es representativo de su futuro sufrimiento y muerte.  En el caso de que los regalos tuvieran realmente esta intención, entonces sí que se puede afirmar con claridad que los tres Reyes eran magos, o mágicamente visionarios al menos.


La procedencia de los Reyes Magos ha sido también objeto de numerosas teorías.  Se los ha ubicado en Babilonia, Persia, Asia e incluso el reino de los Tartessos en la antigua Andalucía.  En la actualidad se relaciona a cada Rey con un continente y un periodo de la vida del ser humano: Melchor es un anciano procedente de Europa, Gaspar un hombre de mediana edad originario de Asia y Baltasar un joven de África.  Y todo el episodio de su viaje y adoración al recién nacido se interpreta como una suerte de presentación formal de Cristo ante el mundo, con los tres Reyes erigidos en representantes de los continentes y por ende de todos los buscadores de Dios en todos los lugares, de todas las edades y en todas las épocas.

Y por todo esto es que a la festividad de los Reyes Magos se la conoce como la Epifanía, que significa revelación de Dios encarnado en Jesús ante el mundo.

La palabra epifanía no suele emplearse fuera del contexto religioso y a menudo se aplica a acontecimientos sobrenaturales en los que la divinidad se hace presente de forma sorpresiva a través de profetas, oráculos, brujos, sacerdotes o chamanes, pero si nos ceñimos a la definición estricta de la RAE, tenemos que es una "manifestación, aparición o revelación" y por lo tanto refiere a un concepto más amplio no constreñido al ámbito religioso, una realización súbita e impactante.

Por ejemplo, cuando al término de un baile de disfraces los participantes retiran sus máscaras y revelan su verdadera identidad, en ese momento puede decirse que se ha producido una epifanía que podríamos tildar de identitaria.

Sir Isaac Newton junto con algunos de sus descubrimientos y... un manzano en el fondo.

Así mismo, Arquímedes de Siracusa o Isaac Newton tuvieron sendas revelaciones o "epifanías" científicas; aquel exclamó "eureka" al ocurrírsele el principio físico que explica la flotabilidad de los volúmenes con un peso inferior al peso del volumen del fluido desalojado mientras se encontraba dentro de una bañera; éste pergeñó su famosa ley de la gravitación universal cuando una manzana se desprendió del árbol bajo el que descansaba y le cayó encima.  

Es perfectamente posible que hubiesen alcanzado las mismas conclusiones mediante la lógica, la reflexión y el estudio, pero en ambos casos se alude a una epifanía, a una suerte de realización inmediata que cayó sobre ellos y los iluminó, los elevó, en este caso desde el punto de vista del conocimiento científico.

También, el descubrimiento de Cristóbal Colón de América se puede calificar perfectamente como epifanía, en este caso histórica o geográfica, en el sentido de que una civilización inédita a un océano de distancia por primera vez se manifestó ante otra.

A lo largo de la vida de cualquiera de nosotros se pueden producir también epifanías.  Algunos, sí, experimentan epifanías religiosas en las que Dios se les manifiesta.  Salvo que haya mediado alguna sustancia o proceso de estimulación psicotrópica que lo explique, tales personas serán señaladas bien como iluminadas o bien como trastornadas.  La conversión de Pablo de Tarso, un implacable perseguidor de cristianos que sufrió una epifanía y se convirtió al cristianismo de inmediato al escuchar una voz celestial, es un buen ejemplo.

San Pablo, derribado de su montura al recibir la revelación epifánica.

Pero tampoco es necesario que medie un acontecimiento trascendental ni de envergadura objetiva.  Contemplar el mar por primera vez, descubrir una historia, libro, película o persona fascinante, visitar un lugar que quita el aliento, escuchar una pieza musical cautivadora o conocer al amor de tu vida pueden implicar grandes epifanías personales, subjetivas.

En cierta ocasión dijo el escritor portugués Fernando Pessoa:

En verdad que desearía no haber leído nunca Los papeles póstumos del club Picwick para volver a tener la oportunidad de leerlo por primera vez.

Para él, aquella novela de Charles Dickens había sido una gran epifanía.  Para otros, en cambio, no pasaría de un libro aburrido que acumulaba polvo en un estante.

También el yoga ha supuesto una epifanía para muchas personas, un hito revelador que los dejó boquiabiertos y cambió sus vidas para siempre.  Hace unos meses detallé en este blog mi propia andadura en el mundo del yoga y relaté mis comienzos: una de las grandes epifanías de mi vida.

Y finalmente tenemos las epifanías que han habido a lo largo de la historia del yoga: acontecimientos reveladores y manifestaciones de grandes maestros.  Con la excusa de la Epifanía del Señor, a continuación enunciaré, a modo de conclusión y sin extenderme demasiado, lo que a mi modesto entender han sido las grandes epifanías en la historia del yoga: 

Parlamento Mundial de Religiones de Chicago en 1893: epifanía de Swami Vivekananda.

  1. Siglo V a.C., aunque los hechos narrados supuestamente se remontan al 3.102 a.C.: Bhagavad Gita, discurso filosófico en forma de diálogo cantado entre Lord Krishna y Arjuna que supone la epifanía de Krishna ante la humanidad, representada en Arjuna.  A partir de ese momento Krishna se erige en una de las mayores referencias espirituales al nivel de Buda, Mahoma y Jesucristo.

  2. En torno al siglo III a.C.: Yoga sutras de Patanjali.  Texto fundacional del yoga, que deja de ser un conjunto deslavazado de técnicas para convertirse en un método sistemático con el que resolver el gran dilema del sufrimiento humano.  Casi olvidado durante siglos, su redescubrimiento y divulgación durante los últimos 120 años lo ha encumbrado al rango de epifanía.

  3. 1893: Epifanía de Swami Vivekananda.  Su participación en el Parlamento Mundial de Religiones de Chicago en 1893 supuso una epifanía del yoga de la India y de la filosofía hindú ante el resto del mundo, para el que se abrió una puerta a una fuente de sabiduría riquísima y antiquísima que había pasado desapercibida durante milenios.  Fue un personaje clave en la difusión de los Yoga Sutras.

  4. 1920: Paramahansa Yogananda viaja a Estados Unidos para participar, como delegado de la India, en el Congreso de Liberales de la Religión celebrado en Boston.  Nacido en 1893, precisamente el año en que Vivekanda viajó a Chicago, sus conferencias y su famosa Autobiografía de un Yogui constituyeron una verdadera epifanía para millares de personas a las que hizo abrazar la meditación y las técnicas del Kriya Yoga.  Residió de forma permanente en Estados Unidos, donde enseñó de forma ininterrumpida durante décadas.  Vivekananda fue el pionero, pero Yogananda resultó crucial en la epifanía del yoga fuera de la India.

  5. Alrededor de 1910: encuentro entre T. Krishnamacharya y Ramamohan Brahmachari.  Sin duda el periodo de siete años de estudio con su maestro Brahmachari supuso una gran epifanía para T. Krishnamacharya, quien rescataría para el mundo un conocimiento que de otro modo se habría perdido.  La posterior vida y enseñanza de Krishnamacharya fue la epifanía del hatha yoga, que gracias a él se revitalizó, dejando de ser una práctica marginal constreñida a reducidos círculos para convertirse en un fenómeno global que los gentiles podían integrar en su vida cotidiana.

  6. 1952: Epifanía de BKS Iyengar, que se da a conocer ante el mundo de manos de su aventajado discípulo Yehudi Menuhin, el famoso violinista.  Con el permiso de Indra Devi, Iyengar fue el primer discípulo de Krishnamacharya cuyas enseñanzas llegaron a Occidente.  Estudiante de Krishnamacharya durante un corto periodo de tiempo, fue un gran autodidacta e investigador que divulgó un estilo de yoga muy técnico y preciso.  Millones de personas practican hoy Iyengar yoga y sus enseñanzas, y por ende las de Krishnamacharya, impregnan escuelas de yoga por doquier.

  7. 1957: Epifanía de Swami Vishnudevananda.  Con las palabras de su gurú Sivananda: "Ve al Oeste.  El mundo está a la espera" Vishnudevananda inició un periodo de 35 años de difusión de este estilo de hatha yoga al que denominó Sivananda en honor a su maestro y que tiene profundas raíces en las enseñanzas del raja yoga de Vivekananda pero con un énfasis especial a la salud.  Vishnudevananda y Krishnamacharya son los dos troncos del que bifurcan prácticamente todas las ramas de los estilos de hatha yoga que se practican hoy día.

  8. 1973: Epifanía de Pattabhi Jois, que se da a conocer al mundo de manos de tres estudiantes occidentales: Norman Allen, Nancy Gilgoff y David Williams.  A través de Pattabhi Jois se divulga el yoga de Krishnamacharya durante sus años de enseñanza en Mysore y se continúa un linaje de hatha yoguis que se remonta a Brahmachari y más allá.

Por deformación profesional he incluido los hitos del linaje de Ashtanga Yoga   He obviado algunos grandes referentes espirituales modernos que quizás deberían haber estado como Ramana Maharsi y Sri Aurobindo en parte por no sobrecargar la lista y en parte porque tengo la impresión de que, aunque sin duda importantes, no han sido tan influyentes como las personas listadas.  

lunes, 24 de diciembre de 2018

Los nacimientos de Cristo y Krishna.



La Navidad conmemora la natividad o el nacimiento de Jesucristo y se erige en una de las principales fiestas de la Cristiandad.  Sin embargo, su arraigo cultural trasciende lo religioso y la convierte en una fecha señalada en la que las ciudades se engalanan, las casas se adornan y las familias se reúnen en torno a una mesa.  Son una excusa para la celebración, los reencuentros, las felicitaciones y el intercambio de regalos.

La fiesta de la Navidad coincide con el solsticio de invierno y no por casualidad.  Al principio de la era cristiana no había consenso respecto a la fecha exacta del nacimiento de Jesús; en los Evangelios no hay referencias claras y de ellos no se puede deducir ni mucho menos que nació el 25 de diciembre, sino más bien en algún momento entre marzo y noviembre durante la estancia de los rebaños al aire libre en las tierras de Palestina:

Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.
Lucas 2:8.

Sin embargo, varios motivos condujeron a la elección del 25 de diciembre: en primer lugar, el simbolismo del solsticio de invierno, que de acuerdo con el calendario romano tenía lugar el 25 de diciembre.  De ese modo, se hacía coincidir el nacimiento de Jesucristo con el emblemático momento del año en que el día es más corto y a partir del cual la luz va en aumento.

En segundo lugar, entre los judíos existe la creencia de que los grandes profetas nacen y mueren el mismo día del calendario y viven años completos, sin fracciones.  Por lo tanto, y como es sabido que la Pasión de Jesús tuvo lugar durante la Pascua judía cerca del equinoccio de primavera, se estableció que la concepción de Jesús coincidiera con el equinoccio de primavera, que de acuerdo con el calendario romano sucede el 25 de marzo.  Lo cual, contando nueve meses a partir de la concepción, arroja como fecha de nacimiento el 25 de diciembre.

Por último, la fiesta de la Navidad vino a reemplazar el festival del Sol Invictus en el Imperio Romano tardío, de gran implantación entre la población.  La cristianización de fiestas romanas y paganas permitió al Emperador Constantino llevar a cabo una afable transición del Imperio hacia el cristianismo.  Con la instauración de la Natividad Jesucristo se erigía en el nuevo sol invicto.

Todos conocemos los detalles del nacimiento de Jesús: la anunciación de María, su fecundación sobrenatural, la amenaza de Herodes, el asesinato de los santos inocentes, la huida a Egipto, el nacimiento en Belén, la adoración de los pastores, la visita de los Reyes Magos...  Desde pequeños los hemos leído en Biblia y relatos, visto en películas y cantado en villancicos.  Se identifique uno como cristiano o no, el nacimiento y los demás episodios de la vida de Jesús constituyen una de nuestras principales referencias culturales.

Quizás pueda parecer que todo esto no tiene mucho sentido en un blog de temática yóguica.   Sin embargo, la natividad de Jesús da pie a hablar de un personaje crucial dentro del yoga y del hinduismo que tuvo también un nacimiento plagado de incidentes: Lord Krishna.


A menudo se han querido encontrar paralelismos entre Jesucristo y Krishna, dos personajes que vivieron en lugares y épocas muy distintas y que hoy se alzan como dos de los más grandes arquetipos espirituales de la Humanidad.

A primera vista parece que Jesús y Krishna no pueden ser más distintos: uno es el hijo de un carpintero y un ama de casa mientras que el otro está emparentado con monarcas y príncipes. Jesús tuvo una vida humilde y alejada de toda violencia, sus seguidores se contaban entre los más pobres y no se relacionó con los poderosos salvo cuando estos lo confrontaban; por su parte Krishna se implicó en asuntos políticos, mató con sus propias manos, desempeñó un papel crucial en una guerra y su discípulo más famoso fue Arjuna, príncipe guerrero del clan de los Pandavas.

Las semejanzas entre ambos, empero, son notables.  Krishna, al igual que Jesús, fue dios hecho hombre.  Llegó al mundo en una época de decadencia para salvar al ser humano y transmitió grandes enseñanzas, con el amor como tema central.  Paramahansa Yogananda, un maestro de yoga del siglo veinte, escribió varios libros, entre ellos El Yoga de Jesús, en los cuales establecía comparaciones entre el mensaje de Jesús en los Evangelios y el de Krishna en el Bhagavad Gita.  Dudo mucho que la teología católica conceda el menor crédito a las interpretaciones de Yogananda, pero su análisis cuando menos invita a la reflexión.

- Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?
- Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente - le respondió Jesús.

Mateo 22:36-37

Entrégame tu mente y tu corazón, dedícame todas tus ofrendas y adórame; si haces esto, te prometo que vendrás a Mí y te harás uno conmigo, pues en verdad te amo.

Bhagavad Gita 18:65

Una de las numerosas publicaciones que comparan las enseñanzas de Krishna y de Cristo.

La propia similitud entre los nombres de Cristo y Krishna da pie a toda clase de especulaciones.  Y más todavía cuando se sabe que los hindues a menudo se dirigen a Krishna como Krista, que significa “el completamente atractivo”, e incluso en el idioma bengalí Krishna se pronuncia Kristo.  

Etimológicamente el griego Kristos, del que deriva el inglés Christ y el castellano Cristo, quiere decir “el ungido”, “el señalado”.  Es el término griego que traduce el hebreo Masiah o Mesías, que a su vez significa “el que ha sido ungido”.  Por otro lado, la palabra krst ha sido a menudo encontrada en sarcófagos egipcios como una bendición o unción de los dioses Horus y Osiris sobre el difunto.  De hecho, el egipcio krst denota el proceso de preparación de la momia, que implica embalsamar, purificar y cubrir de aceite, lo que sugiere que quizás el griego Kristos haya sido tomado prestado del egipcio.

Por su parte, Krishna en sánscrito significa “oscuro”, “negro” o “azul oscuro” y no tiene otra connotación más allá del color. Por ejemplo, luna menguante se traduce Krishna Paksha, en referencia a que se está oscureciendo.  En toda la iconografía religiosa Krishna es representado con piel oscura o azul al igual que el dios Vishnu de quien es avatar.

El sánscrito es la raíz común de todos los idiomas indoeuropeos incluido el griego, pero en este caso no parece que exista una relación etimológica dado que Krishna y Kristos tienen significados distintos.  A pesar de ello, las similitudes entre Krishna y Cristo seguirán dando que hablar.

Para redimir a los justos y acabar con los malvados y para restablecer el orden, yo me encarno de era en era.
Bhagavad Gita 4:8. 

La prisión de Mathura en la que nació Krishna evoca el nacimiento de Jesús en el portal de Belén.  

Uno de los paralelismos más sorprendentes entre Jesús y Krishna se centra en las circunstancias que rodearon sus nacimientos.  En nuestro entorno cultural la totalidad de la vida de Krishna, pero más aún su infancia y nacimiento, nos resultan completamente ajenas.  Por ello, a más de uno le dejará boquiabierto el relato del nacimiento de Krishna tal y como es descrito en los textos.  

Téngase en cuenta que la escritura del Mahabharata, una de las principales fuentes de la vida y enseñanzas de Krishna, se remonta al siglo tercero antes de nuestra era y que en teoría refiere acontecimientos que tuvieron lugar hace más de cinco mil años.  No existe, por consiguiente, la posibilidad de que el nacimiento de Krishna se “inspirase” en el de Jesús.  Por otro lado, en el nacimiento de Jesús confluyen sucesos históricos tales como el reinado de Herodes o su orden de dar muerte a los recién nacidos que están contrastados y que no pueden haber sido objeto de la imaginación apoyada en el relato de Krishna.

A continuación haré una transcripción breve del nacimiento de Krishna tal y como es narrado en la mitología hinduísta y dejaré en manos del lector la interpretación de los paralelismos.  Yo me limitaré a señalarlos en los pies de foto de las imágenes que acompañan al texto:


El noble Vasudeva se casó con Rohini, hija del rey Rohan, y más tarde contrajo segundas nupcias con la prima del Rey Kamsa, Devaki.  El día del matrimonio, una voz celestial anunció que el octavo hijo de Vasudeva y Devaki causaría la muerte del Rey Kamsa.

El Rey Kamsa alza su espada contra Devaki en la procesión nupcial.  Kamsa desempeña en el nacimiento de Krishna el mismo papel que Herodes en el nacimiento de Jesús: un rey que ve peligrar su reinado ante la natividad de un hombre especial y que por ello resuelve matar a recién nacidos o "santos inocentes".

Al escuchar esto Kamsa se puso furioso y decidió matar a su hermana antes de que pudiera dar a luz a ningún hijo.  Sin embargo, las súplicas de los recién casados lo apaciguaron y Kamsa se conformó con matar a cada uno de los hijos que Vasudeva y Devaki engendraran.

La pareja quedó recluida en el interior de una mazmorra.  Intentaron no tener hijos pero, inevitablemente, Devaki quedó embarazada cada año.  Kamsa, implacable, acabó con la vida de los seis primeros bebés.  Cuando Devaki quedó embarazada por séptima vez, Vishnu transferió milagrosamente el embrión desde el vientre de Devaki hasta el de Rohini, la primera mujer de Vasudeva, que vivía en Gokul a diez kilómetros de distancia.  Rohini se encargaría de cuidar al bebé, a quien llamó Balrama.

La aparición de Vishnu en la celda de Devaki y Vasudeva recuerda poderosamente la anunciación del arcángel Gabriel a María y José.  Incluso la concepción se dice que fue virginal.

Nanda y su mujer Yashoda, que también vivían en Gokul, no tenían hijos aún y rogaban por engendrar uno.  Entretanto, Lord Vishnu apareció en la celda de Devaki y Vasudeva y les contó lo que le había pasado a su séptimo hijo, al tiempo que les anunció que su octavo hijo ya estaba en camino y que se trataría de él mismo.

Según la leyenda, Krisna no nació a partir de la conexión sexual entre Devakí y Vásudeva, sino que fue transferido  por Krishna desde el corazón de Vásudeva al útero de Devakí en una suerte de concepción virginal.  Al mismo tiempo, Lord Vishnu dispuso que Yashoda en Gokul quedase embarazada de manera que las dos mujeres dieran a luz a la vez.  Cuando Kamsa supo que su hermana estaba a punto de dar a luz a otro bebé, se aprestó a matar al niño en cuanto naciera.

Finalmente nació el avatar de Lord Vishnu y la tierra y los cielos quedaron colmados de alegría y prosperidad.  Los bosques se llenaron de frutas y flores, los ríos manaron abundantes y los pájaros trinaron con todas sus fuerzas.  Los dioses arrojaron flores sobre el niño y los gandharvas tocaron instrumentos divinos.

Krishna nació en un lugar poco común: una prisión.  De forma similar, Jesús nació en un lugar insólito: el portal de Belén.  Los dos eran Dios hecho hombre.

Cuando Lord Krishna nació, ante Devaki y Vasudeva apareció la divina presencia de Lord Vishnu.  Con la cara gris, ojos de loto, con corona, vestido con una túnica de joyas y cuatro brazos sujetando en cada uno una concha, un mazo, una flor de loto y un disco, les dijo a sus padres que no se trataba de un bebé ordinario, sino de su avatar.  Vasudeva y Devaki se postraron ante el Señor y Él les aseguró seguridad y bienestar.  Les pidió a los dos padres que lo llevaran a la madre Yashoda y lo intercambiaran con su hija también recién nacida para que ésta fuese entregada al Rey Kamsa.  La imagen del Todopoderoso lentamente se fusionó con el cuerpo del recién nacido.

Devaki le suplicó a Vasudeva que llevara al niño adonde sus amigos Nanda y Yashoda en Gokul para mantenerlo alegado de la ira de su hermano.  Vasudeva accedió y llevó al niño divino en sus brazos.  En ese preciso instante los guardias de la prisión cayeron dormidos; las cadenas que los sujetaban se abrieron y todas las puertas se abrieron.  Vasudeva puso a su hijo en una cesta, la colocó sobre su cabeza y partió hacia Gokul.  La serpiente Adisesa, asiento de Lord Vishnu, extendió su corona sobre la cesta para protegerlos.

La huida de Vasudeva a Gokul evoca tanto la huida a Egipto de María y José como el milagroso cruce del Mar Rojo por parte de Moisés. 

En su camino se topó con el tumultuoso Río Yamuna y se estremeció al contemplar su fuerza.  Sin embargo, Vasudeva rezó a Lord Vishnu y entró en el agua.  El nivel del agua subía y subía hasta alcanzar su nariz.  Lord Krishna notó su angustia y extendió su diminuto pie desde la cesta.  En cuanto su pie tocó el agua, el nivel del río descendió.

Vasudeva cruzó finalmente el Río Yamuna y alcanzó la casa de Nanda.  Vio a la niña que acababa de parir Yashoda.  Cogió a la niña y colocó a Lord Krishna al lado de Yashoda.  Al regresar a Mathura y entrar en su mazmorra, enseguida los grilletes regresaron a su sitio, las puertas se cerraron y todo quedó tal y como estaba antes de su partida.

La diosa Durga anuncia a Kamsa que su Némesis ya ha nacido.

La ceremonia del nacimiento de Krishna con sus padres adoptivos en Gokul, tierra de pastores, es evocadora de la adoración que los pastores brindaron al niño Jesús en Belén.  La infancia y juventud de Krishna transcurrió entre vacas y pastoras, y de hecho uno de sus nombres es Govinda, el protector de vacas.

De pronto, el bebé empezó a llorar y la noticia del nuevo nacimiento llegó rápidamente hasta el Rey Kamsa.  Aunque se tratara de una niña, decidió matarla igualmente.  Pero, antes de que pudiera hacerlo, la niña se transformó en la diosa Durga y le anunció que su destructor ya había nacido y se encontraba a salvo en Gokul.

Lord Krishna creció con todas las comodidades y amor en Gokul, tierra de pastores, y con el tiempo acabaría regresando a Mathura y matando con sus propias manos al Rey Kamsa pese a los futiles intentos de éste por evitar el destino.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Los pinos (handstands) en Ashtanga Yoga.



Antes del verano comenzó a practicar con nosotros una persona que llevaba varios años haciendo otros estilos de yoga y que, un día, mientras hablábamos acerca de su experiencia previa y de sus sensaciones en Ashtanga Yoga Bilbao, para nuestra perplejidad, dijo algo así: "Después de varios años de práctica de yoga, pensé que ya estaba preparado para comenzar Ashtanga Yoga".  Dicha persona continúa en Ashtanga Yoga Bilbao hoy día y, si se reconoce en este párrafo, desde aquí le mandamos un afectuoso saludo.

Ya se ha escrito por activa y por pasiva en este blog que el formato de enseñanza estilo Mysore pone la práctica de Ashtanga Yoga al alcance de todo el mundo, sin necesidad alguna de una preparación previa.  La primera clase de una persona será, esencialmente, una clase privada en la que conocerá una pequeña fracción del método y en las sucesivas seguirá recibiendo el mismo tipo de enseñanza personalizada.  En cualquier otro estilo de yoga las clases se llevan a cabo en grupo y todas las personas, independientemente de si llevan dos años o dos días, practicarán a la vez.  La persona que dirija la clase podrá adecuar la clase al nivel del grupo pero, aún así, siempre habrá algunas personas a las que debido a sus circunstancias les cueste seguir el ritmo y otras más habilidosas o veteranas que se puedan sentir lastradas.  El formato estilo Mysore de Ashtanga Yoga, en cambio, permite que de una persona a otra la práctica se pueda simplificar o complicar todo lo que resulte necesario, por lo que no habrá ningún problema en que durante un buen tiempo alguien no haga más que una versión adaptada de los saludos al sol mientras que la persona de al lado ejecuta toda clase de virguerías.

Sin embargo, nuestro amigo estaba en lo cierto en una cosa: la práctica de Ashtanga Yoga tiene un estigma profundamente enraizado en el imaginario colectivo: mucha gente que lo conoce pero nunca lo ha practicado tiene la noción de que Ashtanga Yoga es uno de los estilos más exigentes, más complejos desde el punto de vista físico y que está orientado a personas con determinada complexión atlética.  Youtube y el postureo de las redes sociales tiene mucho que ver con esta falsa percepción y, de hecho, muchas escuelas de Ashtanga Yoga contribuimos a ello al utilizar como reclamo publicitario vídeos e imágenes de asanas complicadas tales las que ilustran esta entrada. 

Pincha mayurasana by T. Krishnamacharya.

El postureo en sí no es malo.  De hecho, ya se ha mencionado en anteriores ocasiones que fue gracias a una exhibición de asanas de Krishnamacharya que Pattabhi Jois comenzó a practicar yoga y a otra exhibición de Manju Jois que Ashtanga Yoga llegó a Occidente.  El asana, lo externo, puede ser una puerta de entrada válida al viaje hacia el interior que propone el yoga.  Lo sorprendente es que, con la sobreabundancia de información que existe hoy día, el imaginario colectivo tan sólo haya prestado atención a uno de los lados de la moneda y hecho caso omiso al otro. 

Tal es así que, por desgracia, la práctica de Ashtanga Yoga seguirá siendo para muchos una mera disciplina gimnástica.  Algunas personas se verán atraídas por ello y otras repelidas.  Qué se le va a hacer.  En esta línea, tampoco son pocas las personas que identifican la práctica de Ashtanga Yoga con los pinos, las posturas invertidas sobre las manos, quizás el epítome por excelencia del asana difícil.  Hace pocos meses un chico que comenzó a practicar con nosotros, al cabo de unas pocas semanas de clases me preguntó: "Oye Fernando, ¿crees que para enero podré hacer el pino?". Quizás la expectativa de lograr hacer el pino y otras figuras igualmente complejas haya conducido a muchas personas hasta esta práctica, pero lo que sí está claro es que el que si tu práctica de Ashtanga Yoga sobrevive más allá de los primeros meses, tras tus primeros morrazos contra la realidad, la motivación para continuar la hallarás más en la reposada internalidad que en la llamativa externalidad.

Pino-puente by Fernando Gorostiza en Ashtanga Yoga Bilbao.

En realidad, hoy día según la enseñanza tradicional del KPJAYI en Mysore muy pocos practicantes deberían de hacer "el pino", el handstand, la parada de manos o, más propiamente dicho en sánscrito: adho mukha vrksasana o "árbol cara abajo". En el sentido estricto, el pino debería empezar a hacerse al final de la serie intermedia dentro de la secuencia avanzada de backbending, que a los habituales drop-backs añade el pino-puente, los tic-tacs y el escorpión o vrschikasana.  Si se aguarda hasta ese momento es debido a una buena razón que Sharath Jois refiere a menudo: los pinos fortalecen la articulación de los hombros a costa de su flexibilidad, y la flexibilidad en los hombros es necesaria para un gran número de posturas, en especial extensiones de espalda como urdhva dhanurasana y kapotasana.  Por este motivo, en Mysore muy poca gente hace "el pino" y, de hecho, "adornar" la práctica con pinos durante los saludos al sol, tras navasana o similar se considera "show off" o fardar, y las personas que osan levantar sus pies más de lo debido suelen verse severamente reprendidas.

Pero hacer el pino no es fácil.  Vamos, que no es una mera cuestión de voluntad: "Uhm, puedo hacerlo pero mejor no lo hago porque me perjudica y Sharath se enfada."  Se trata de un movimiento avanzado que requiere de un largo proceso en el que se involucran fuerza, técnica y equilibrio.  En primer lugar, el cerebro tendrá que establecer numerosas conexiones nuevas en lo que supone un proceso similar a volver a aprender a caminar.  A los bebés, como sabemos, aprender a andar les lleva mucho tiempo y muchos intentos.  Aun cuando puedan haber obtenido la fuerza muscular necesaria, el cerebro tiene que desarrollar la percepción de dónde se encuentra qué parte del cuerpo en cada momento y automatizar el proceso de lo que entendemos por ponerse de pie y caminar que implica la coordinación de numerosos músculos y sentidos.  Y eso que la anatomía humana está diseñada precisamente para situarse sobre los pies: unos órganos especializados que proporcionan una notable superficie de apoyo.  Sin embargo, para las posturas invertidas ni la anatomía humana está diseñada ni el cerebro está educado a priori.  La colocación de los pies por encima de la cabeza no ha sido clave para la supervivencia y propagación de la especie, por lo que no disponemos de órganos especializados para ello.  Y tampoco forma parte de nuestra tradición educativa el que los padres les enseñen a los niños a caminar sobre las manos una vez han logrado hacerlo sobre los pies, razón por la cual boca abajo el cerebro se encuentra naturalmente desorientado. 

Salamba sarvangasana by Nines Blázquez en Ashtanga Yoga Bilbao.

Lo habitual, por tanto, es que las posturas invertidas sean huesos duros de roer.  El primer asana invertida a que se enfrenta un practicante de Ashtanga Yoga es salamba sarvangasana, la postura sobre los hombros con apoyo de manos que algunos llaman la vela y en la que el cuerpo se levanta sobre una amplia base constituida por hombros y codos con la ayuda adicional de las manos.  Se trata de una postura invertida básica porque, además de que se dispone de una base considerable, el cuerpo se encuentra dentro del propio campo visual: puede que no sepas bien si estás del todo recto, pero al menos te ves torso, piernas y pies y sabes que están ahí.  Aun así, las primeras veces que una persona se enfrenta a sarvangasana no es extraño que sienta confusión e incluso cierto pánico del que el sorprendido cerebro es responsable.  La postura en sí resulta sumamente beneficiosa para el sistema circulatorio y con un gran efecto relajante, tal y como le corresponde a un asana que forma parte de la secuencia de cierre de la práctica.  La posición del cuello puede resultar forzada para algunas personas, y quizás el ángulo de las cervicales con respecto al resto de la columna deba de ser suavizado mediante el empleo de un escalón formado con mantas tal y como suele hacerse en el estilo yoga Iyengar.

Sirsasana es la siguiente postura invertida de moderada envergadura a que se enfrenta el practicante de Ashtanga Yoga.  Se trata de uno de los últimos asanas de cierre y también se la conoce como la postura sobre la cabeza, parada de cabeza o headstand.  Las dimensiones de la base sobre la que se apoya el cuerpo en esta postura es mucho menor que en sarvangasana: un triángulo formado por los antebrazos y la cabeza.  Para que la postura no sea un verdadero desastre es necesario haber desarrollado el tono muscular necesario para, por un lado, sostener desde los antebrazos y los hombros la mayor parte del peso del cuerpo y así evitar cargarlo sobre las cervicales, y por el otro, mantener el torso firme hacia arriba sin que se desplome sobre sí como un saco de patatas.  En sarvangasana uno se podía apoyar en cierta medida sobre las manos, pero ahora no existe la posibilidad de esa trampa y habrá que colocar una vara de hierro estructural que mantenga erguido ese saco de patatas.  Pero el mayor problema, sin duda, estriba en mantener la vertical en ausencia de referencias visuales: la posición de la cabeza impide visualizar dónde se encuentra el resto del cuerpo y el cerebro ha de desarrollar un nuevo tipo de percepción.  Por esta razón se suele empezar a practicar esta postura contra la pared o bajo la vigilancia de un profesor que haga las veces de pared. 

Sirsasana by Nines Blázquez en Ashtanga Yoga Bilbao.  A esta postura se la conoce como el rey de las asanas, mientras que a sarvangasana se la llama la reina, debido a su importancia y a los pingües beneficios que proporcionan.  Son las posturas que se mantienen durante más tiempo.

Pincha mayurasana by Fernando Gorostiza en Ashtanga Yoga Bilbao.

En la segunda mitad de la serie intermedia se encuentra pincha mayurasana o pluma de pavo real, una postura invertida mucho más compleja en la que, a diferencia de sirsasana, la cabeza no se apoya en absoluto en el suelo y el peso se sostiene por completo mediante los antebrazos.  Se trata de una postura avanzada que suele estar fuera del alcance del practicante medio y que requiere de una notable madurez en la práctica.  A veces se entienden los asanas como problemáticas individuales, cuando en realidad la práctica de Ashtanga Yoga debe de ser entendida como un todo en la que las posturas se apoyan y refuerzan las unas a las otras.  Cuando una postura invertida compleja como pincha mayurasana se ubica tan lejos en las secuencias de Ashtanga Yoga es porque se espera que la persona haya conseguido cierto grado de dominio sobre toda la secuencia anterior.  La práctica prematura de pincha, una figura muy espectacular con la que profesores de estilos llamémoslos mixtos buscan seducir a su clientela, rara vez desemboca en su correcta ejecución.  Durante mis primeros meses de práctica de yoga en San Diego en el 2005, en ocasiones me animaban a intentar pincha con ayuda de cuerdas y bloques contra la pared.  Recuerdo aquellas intentonas como ridículos conatos, aunque se me afirmaba que la clave estaba en intentarla una y otra vez hasta que finalmente saliera.  No volvería a hacerla nunca más durante casi una década pero, curiosamente, cuando Gabriella Pascolli me la enseñó mucho tiempo después en el 2014, pude completarla sin dificultad desde el primer día.  La diferencia la marcaba el bagaje de muchos años de práctica diaria de toda la secuencia anterior, no el haberla intentado cientos de veces contra la pared como un pato mareado.

Adho mukha vrksasana o el pino se sitúa varios peldaños de dificultad por encima.  En esta postura invertida uno ha de mantenerse sobre las palmas de las manos con los brazos estirados, lo que reduce la base al mínimo y eleva el centro de masa.  Mantener el equilibrio en el pino, en consecuencia, se torna una tarea mucho más difícil que en cualquiera de las otras posiciones invertidas.  Aunque a menudo el peor de los problemas no es el hecho de mantenerse en el pino, sino cómo llegar al pino.  En el caso de sirsasana todavía era posible doblar las rodillas para levantarse de manera controlada si no se disponía aún de la técnica y fuerza abdominal suficientes para hacerlo con piernas estiradas, pero en el handstand si no se tiene la fuerza y la técnica no queda más remedio que pegar un salto, con la incertidumbre que ello conlleva.  Por esta razón, y por lo dicho antes respecto a la flexibilidad de los hombros, es conveniente introducir el pino cuando la práctica de Ashtanga Yoga se encuentra bastante avanzada: oficialmente, al término de la serie intermedia.

Uno de mis primeros handstand sin ayuda en Ashtanga Yoga Madrid, año 2009.

Handstand en Ashtanga Yoga Bilbao, 2018.


Otras figuras de handstand sin estirar las dos piernas.

Éste es el punto de vista que defiende hoy la línea tradicional encabezada por Sharath Jois.  En cierta ocasión escuché comentar a una profesora de Ashtanga Yoga veterana que si se enseñan los pinos de forma prematura, es decir, antes de haber completado la serie intermedia, al menos se debería de haber esperado a que la persona dominase la secuencia hasta pincha mayurasana.  De esa manera se evitaría en gran medida comprometer las extensiones de espalda como kapotasana con un fortalecimiento excesivo de los hombros al tiempo que se tendrían ciertas garantías de que la persona podrá hacer el handstand con éxito.

Dicho esto, tengo que decir que la noción que muchos teníamos de la práctica de Ashtanga Yoga y de los pinos hace unos años era bastante distinta a la que se tiene actualmente.  En aquellos tiempos Youtube no se había convertido aún en la inmensa biblioteca audiovisual que es hoy y los que practicábamos Ashtanga Yoga no teníamos demasiados vídeos a nuestra disposición.  Recuerdo que cierto día del año 2006 me reuní con otros amigos practicantes para ver un vídeo de John Scott, un profesor certificado australiano, haciendo la primera serie.  John Scott era una de las grandes referencias del momento para los ashtanguis porque había publicado un libro que podía encontrarse en las líbrerías españolas traducido al castellano con los detalles de la primera serie y un deuvedé suyo también circulaba de mano en mano como si se tratara del Santo Grial.

Pino olímpico (piernas estiradas abiertas) tras prasarita padottanasana D by Fernando Gorostiza.

En aquel vídeo de la primera serie podía verse cómo John Scott efectuaba el pino en varios momentos: durante los saludos al sol, tras prasarita padottanasana, en los medios vinyasas de las posturas de suelo, después de navasana...  John Scott era un profesor certificado por Pattabhi Jois para enseñar más allá de la tercera serie, su práctica era inmaculada y nosotros unos mindundis que habíamos empezado en esto anteayer así que, con todo el sentido, dimos por sentado que una práctica ideal de la primera serie de Ashtanga Yoga había de ser así y que de hecho así la acabaríamos haciendo cuando fuéramos mayores.

Hoy día todos esos pinos son considerados anatema, prohibidos, perjudiciales, "show off".  Entonces, ¿por qué había editado John Scott un vídeo con esa clase de adornos si Pattabhi Jois nunca se los había enseñado?  No estoy en condiciones de afirmar que Guruji hubiera establecido siempre esta línea roja respecto a los pinos, y de hecho a continuación voy a proporcionar nada más ni nada menos que tres ejemplos de sendos profesores de Ashtanga Yoga veteranos a los que se les ve salpicar de handstand la práctica de la primera serie.  Todos ellos son profesores muy conocidos y alguno ha sido defenestrado por la línea tradicional por motivos que no vienen al caso ahora, pero las grabaciones son muy antiguas, anteriores al año 2000, y pertenecen a una época en la que Pattabhi Jois estaba aún vivo y la relación con los protagonistas era estrecha.  Los vídeos son largos (full vinyasa) pero en todos ellos daré una referencia a modo de paradigma al momento en el que, tras cinco respiraciones en navasana, se levantan del suelo para hacer un handstandJohn Scott (1:00:52)  Lino Miele (1:08:00) y David Swenson (1:17:52).

Pattabhi Jois guía la primera serie a Sharath.  Año 1997.  Sin pinos ni adornos. 

Quizás fuera cosecha propia o quizás Pattabhi Jois mismo enseñase a algunos de sus estudiantes a llevar a cabo esas transiciones avanzadas.  Me inclino más por lo segundo.  De hecho, la práctica tradicional hoy día incluye algunos movimientos que, aunque no puedan ser calificados de pinos estrictos, sí que lo son en el sentido de que la totalidad del peso del cuerpo se ha de colocar sobre las manos.  Un ejemplo claro lo tenemos en los vinyasas tras utkatasana virabhadrasana, en los que hay que colocar las manos en el suelo y levantarse "Astau, up!" y "Ekadasa, up!"  En el caso de utkatasana muchas personas simplemente levantan la cabeza, pero en el mismo Mysore muchos pegan un salto hacia algo que sólo puede definirse como un pino con piernas dobladas.  La versión final, como puede verse en este vídeo con Pattabhi y Sharath Jois (24:10) consiste en levantarse a pulso hasta ese pino con piernas dobladas y a continuación saltar atrás a chaturanga.  De acuerdo, las piernas y codos no se estiran, pero a todos los efectos esto es un (semi) handstand.

La transición de salida desde virabhadrasana (25:05 en el mismo vídeo) es una auténtica virguería, y muchos en Mysore la sustituyen con un salto hacia la vertical con una sola pierna estirada que a menudo es un tanto descontrolada y que a Sharath no le hace demasiada gracia, otros apoyan la rodilla en el sobaco para elevarse en algo parecido a lo que hace Sharath, y muchas otras personas no se complican y simplemente van a chaturanga dandasana.  En sus conferencias a menudo Sharath recuerda cuál es el vinyasa correcto, pero lo que él hace es tan absurdamente difícil que solemos reírnos.  La versión sencilla con la rodilla apoyada en el codo en vez de en el aire, es de hecho similar a una postura de la tercera serie: eka pada bakasana, y es sumamente difícil como corresponde a un asana de la serie avanzada.  Cualquiera de estas dos opciones, al fin y a la postre, pueden considerarse pinos en el sentido de que todo el peso del cuerpo descansa sobre las manos y el cuerpo se eleva.  

Transición al pino con una pierna estirada tras virabhadrasana B.  Bad man!

Así que, bien en la salida de utkatasana o de virabhadrasana, la enseñanza tradicional anima a llevar a cabo sendas maniobras de handstand en las que se fortalecen los hombros y en las que su flexibilidad puede verse comprometida.  Aunque claro, como ya he escrito no se trata de una mera cuestión de voluntad y tales movimientos suelen estar al alcance sólo de practicantes experimentados. 

En consecuencia, creo que no se puede hablar en términos absolutos: “no hagas nunca el pino bajo ninguna circunstancia” o “que todo el mundo haga el pino en todo momento y lugar”.  Porque insisto, no se trata de tener la voluntad de hacerlos sino que, como tantos otros elementos en la práctica, requieren un indefinido tiempo de maduración que casualmente suele ser mucho más largo de lo planeado.  El dominio de los bandhas, las contracciones musculares del core, la zona situada entre el diafragma y el suelo pélvico, son una de sus claves, y esto no se logra de la noche a la mañana.  La práctica de la primera serie está repleta de saltos adelante y saltos atrás a chaturanga.  Al principio uno no puede ni levantar los pies del suelo, y a menudo los principiantes se ven incapaces de bajar a chaturanga rectos como tablas y se ven obligados a apoyar rodillas o se desploman, faltos de tono.  Con el paso del tiempo, la disciplina y la insistencia, la práctica dará sus frutos y mejorarás poco a poco, ganarás fuerza, el abdomen empujará hacia arriba e irás, como suelo decir, quitando patatas de ese pesado saco.

Lo curioso es que a lo largo de los años, durante la práctica, uno va obteniendo "destellos" del handstand.  Por ejemplo, cuando las brumas del salto atrás y del salto a través de los medios vinyasas y saludos al sol se van disipando, te das cuenta de que, en cierto modo, los saltos son una suerte de pino.  No estiras las piernas verticalmente, pero sí colocas el peso de todo el cuerpo sobre las manos en suspensión, sostenido por los bandhas"Ah, claro", te pasa entonces por la cabeza, "esto es lo que hacía John Scott en aquel deuvedé."  Tampoco hay nada que te impida experimentar de vez en cuando durante tu práctica estilo Mysore, dejar sacar a ese niño que tienes dentro y permitirle jugar con las sensaciones y los cambios de distribución de peso, los sutiles movimientos de la pelvis y las contracciones musculares para salirte del guión y de tu zona de comodidad e ir refinando poco a poco tu técnica.  Con el paso del tiempo y la repetición la fortaleza del cuerpo y las conexiones neuronales del cerebro irán en aumento y llegará un punto en que finalmente acabes siendo capaz de hacer con aquél lo que quiera éste.  Para entonces quizás hayas desarrollado la fuerza suficiente como para poner las manos en el suelo tras utkatasana y plantearte levantar las piernas sobre tu cabeza.  Y en ese momento también, probablemente, tu pino ya será viable, siempre que tu profesor tenga a bien enseñártelo...

Seis primeros vinyasas de surya namaskar B by Fernando Gorostiza en Ashtanga Yoga Bilbao.  En el cuarto vinyasa -chatuari- se traslada el peso a las manos y se baja a chaturanga en suspensión desde los bandhas.  Movimiento aceptado en Mysore.  Good man!

El pino, por consiguiente, es una consecuencia de la práctica, no un fin.  La obsesión por conseguirlo a menudo se puede tornar en un pernicioso veneno.  Hace cosa de un año tuve una anécdota personal que viene muy a propósito: una chica se puso en contacto conmigo pidiéndome una clase privada para que la ayudase a hacer el pino.  Intenté disuadirla y le expliqué que la práctica de Ashtanga Yoga no iba de hacer pinos, que yo no era un especialista de pinos y hasta le recomendé una escuela de circo y acrobacia de Bilbao en la que seguramente le podrían enseñar lo que ansiaba mucho mejor que yo.  Pero ella insistió en que estaba segura de que yo podía ayudarla a lograr su objetivo.  Cuando alguien me propone un servicio que no tengo muchas ganas de hacer suelo tomar una medida muy efectiva que no consiste en otra cosa que pedir un precio muy alto.  Por lo general, suele disuadir a la persona o empresa interesada y me libro de hacerlo.  Esta vez, sin embargo, la chica aceptó, y no me quedó más remedio que enseñarle una clase privada orientada a hacer el pino.

Comencé por hacerle un calentamiento de asanas.  Tras el primer saludo al sol ya me pude hacer una idea de lo lejos que estaba del pino.  Es sorprendente lo mucho que le dice un simple saludo al sol al ojo experto acerca de la práctica de una persona y de sus capacidades.  Luego empezamos a hacer posturas invertidas progresivamente más difíciles en las que la pobre sufría y resoplaba mientras yo, vigilante, hacía lo necesario para evitar que se cayera.  Finalmente, la coloqué en el perro boca abajo y, cual levantapiedras de Bilbao, la agarré por las caderas y le levanté el torso y las piernas sobre su cabeza mientras sujetaba sus hombros con mis rodillas y le quitaba peso de las manos empujando hacia arriba.  La chica reía y gritaba a la vez, emocionada.  Durante cinco segundos permaneció ahí, en un handstand con andamios, y finalmente la bajé, temblorosa.  Después de una breve secuencia final terminó la clase.  Había quedado muy satisfecha por haber logrado hacer el pino, pero nunca volví a saber de ella.  No sé, quizás al menos logré plantar una semilla y, sino en esta vida, tal vez en otra, vuelva a encontrarse con el yoga.

Seis primeros vinyasas de surya namaskar B by Fernando Gorostiza en Ashtanga Yoga Bilbao.  En el tercer vinyasa -trini- se traslada el peso a las manos y se sube al pino -handstand- a pulso desde los bandhas y en chatuari se baja a chaturanga desde el pino.  Movimiento NO aceptado en Mysore.  Bad man!

No de esta manera, desde luego, pero lo cierto es que durante mis años de práctica he estado en escuelas y he aprendido de profesores que de hecho enseñaban a hacer el handstand sin que el estudiante se encontrase ni de lejos cerca del final de la serie intermedia tal y como manda el canon.  No como una regla general y ni mucho menos a todas las personas, pero sí como algo que se podía ir integrando paulatinamente en la práctica según ésta maduraba.  En mi vivencia personal, el pino lo introdujo Borja en mi práctica relativamente temprano, cuando aún no había terminado la primera serie.  Algunos años después, en el 2009, cuando finalmente logré mantenerme solo en el pino y practicaba ya unas cuantas posturas de la serie intermedia, Borja introdujo en mi práctica el pino-puente.  Y más tarde, tras dominar la caída al puente, me ayudó con los tic-tocs, una compleja secuencia en la que se pasa de perro boca abajo al puente y del puente al perro boca abajo a través del handstand.  No había terminado la segunda serie, pero Borja me estaba preparando para la secuencia de puentes que hace la gente que la acaba.

Era perfectamente consciente de que eso del pino no estaba bien visto en los círculos puristas y cuando viajaba a Mysore y en los talleres con Peter Sanson por supuesto me abstenía de hacerlo.  Sin embargo, siempre que he viajado a otras ciudades como París, Milán, Lisboa, Barcelona, Praga o Zurich y estado en otras escuelas, nadie me ha puesto ningún impedimento. En algunas, incluso, veía que estudiantes que tampoco completaban la serie intermedia también hacían las secuencias finales con pino. Yo siempre les pedía permiso a los profesores, varios de ellos autorizados con los que más tarde coincidiría en Mysore, y nunca nadie me dijo que no.  En Lisboa incluso me dijeron: "Claro, es que con tu práctica eso es lo que hay que hacer." 

Demostración de Sharath en Mysore en el año 2012 durante una conferencia mostrando la manera correcta de saltar atrás con padmasana (el loto) montado y alguna que otra virguería de handstand con loto.  Puro trabajo de bandhas.  No hay otro secreto.

Ante esto, llegué a plantearme incluso que puede que en el pasado Pattabhi Jois enseñara los handstands a algunas personas o al menos se los permitiera, pero que más tarde llegase a la conclusión de que era mejor no hacerlos y de ahí en adelante decidiera restringirlos.  En Mysore la gente a menudo le pregunta a Sharath acerca de cosas de la práctica que se hacían en el pasado y que ahora, aunque se conozcan, a nadie se le pasa por la cabeza hacerlas.  Una de sus respuestas arquetípicas es ésta: “Yo era muy joven para acordarme de eso.  Lo que sí sé es que mi abuelo introdujo algunos cambios porque pensaba que así era mejor.”  Tampoco me extrañaría que con la fijación con el exterior que tenemos los occidentales y después de algún que otro trompazo o lesión, Guruji cortara de raíz la obsesión por los pinos prohibiéndolos por completo.  En cualquier caso, en la actualidad Sharath prefiere que la gente practique el handstand sólo cuando se termina la segunda serie, un punto realmente muy avanzado al que puede que muchos no lleguen nunca.  Éste es el punto de vista ortodoxo.  Eso sí, en la intimidad de tu casa nada te impide que juegues y hagas lo que te dé la gana.

La conclusión es que, en efecto, en Ashtanga Yoga hay practicantes que hacen el pino, pero si lo que tú quieres es hacer el pino mejor no te apuntes a Ashtanga Yoga.  El método no está orientado en esa dirección y los handstand son meros byproducts, derivados de la práctica.  En muchas escuelas ni siquiera los practicantes avanzados que son capaces de hacerlos los hacen, y la mayoría de profesores ni los enseñan.

Si tu profesora o profesor te los enseña, desde luego no seré yo quien lo critique.  Puede que sea consciente de los contras, pero que aún así haya considerado que es el momento adecuado, que tu puente es lo suficientemente bueno y la flexibilidad de tus hombros lo suficientemente alta como para arriesgarse a comprometerla practicando el pino.  El pino te dará fuerza de la que quizás andas escasa, aunque no te preocupes, porque si no lo haces la práctica sin pinos también te hará desarrollarla.  Y algún día, sin apego a los frutos, quizás coseches, de improvisto, la manzana del handstand.