jueves, 21 de marzo de 2019

Reflexiones para un día de luna llena, equinoccio y Holi.


Anoche, en apenas cuatro horas, se sucedieron el equinoccio de primavera y la luna llena de marzo: el equinoccio a las 22:58 de la noche del miércoles 20 de marzo y la luna llena a las 2:43 de la madrugada del ya jueves 21 de marzo.  Se trata de una feliz coincidencia astronómica que, además, ha hecho posible que justo hoy tenga lugar el festival Holi con el que los hindúes celebran el final del invierno y el comienzo de la primavera.  La fiesta Holi es un homenaje al amor, a la amistad, a la igualdad, a la luz, y viene marcado por la última luna llena de los meses de invierno y no por el equinoccio solar, así que el de este año adquiere un especial significado porque se celebra justo en el momento del año en el que los días comienzan a ser más largos que las noches. 

En cierto sentido resulta curioso que en la India se celebre el final del invierno precisamente ahora, cuando están atravesando la época más calurosa del año.  Yo no he llegado a estar nunca en Mysore en estas fechas: siempre viajé entre octubre y febrero o entre julio y septiembre, pero sé por otras personas que las temperaturas a partir de marzo y hasta mayo se vuelven insoportablemente altas.  De hecho, la temporada de enseñanza en el KPJAYI, tanto ahora con Sharath como cuando Guruji vivía, concluía al llegar el mes de marzo o a lo sumo con el primer día de abril, y si eso se retomaba en julio a fin de evitar los meses más tórridos.  La llegada de los monzones ocasiona que los húmedos meses de verano sean mucho menos calurosos que la seca primavera.  El solsticio, el día más largo en la India también sucede en junio, claro, pero desde el punto de vista de las temperaturas, su verano está teniendo lugar justo ahora. 

Pero quizás sea justo ése el motivo por el que el festival Holi adquiere tanta importancia entre los hindúes.  Las festividades indias van de acuerdo con el calendario lunar; el Holi se celebra alrededor del equinoccio de primavera y se convierte en una celebración de luz y color, con la gente arrojándose polvo y agua tintada los unos a los otros y hogueras que se encienden por doquier al estilo de San Juan.  Sin embargo, no existe un festival similar en torno al solsticio de verano.  Por lo tanto, puede afirmarse que el Holi es la celebración hindú al punto culmen del año solar. 

Polvo de colores en el mercado Devaraja, Mysore.  Para teñir tejidos o ser derrochado en el festival Holi.

El festival Holi hace referencia a Holika, un personaje malvado que aparece en una de las leyendas del Bhagavata Purana, texto antiguo que narra los triunfos de Krishna (Vishnu) sobre el mal que se ha apoderado del mundo.  La historia dice tal que así: 

El Rey Hiranyakashipu reinaba sobre todos los demonios y se le había otorgado un don que le confería cinco poderes especiales: no podía ser herido por humano ni animal, ni dentro de edificios ni al aire libre, ni de día ni de noche, ni mediante armas arrojadizas ni empuñadas, ni en tierra, agua o aire.  Hiranyakashipu creció arrogante, pensando que era Dios, y exigió que todo el mundo lo adorara sólo a él.

El único hijo de Hiranyakashipu, Prahlada, en cambio, no estaba de acuerdo.  Él mantuvo su devoción en Vishnu, lo que enfureció a Hiranyakashipu.  El Rey someió a Prahlada a crueles castigos, ninguno de los cuales surtió efecto en el niño ni alteró su determinación de hacer lo que creía correcto.  Finalmente Holika, la malvada tía de Prahlada, engañó al niño para que se sentara sobre una pira de fuego con ella.  Holika vestía una capa que la hacía inmune al fuego, mientas que a Prahlada no lo protegía nada.  Según el fuego crepitaba, la capa se escapó milagrosamente de Holika y cubrió a Prahlada, quien sobrevivió mientras Holika ardió hasta la muerte.  Vishnu entonces apareció bajo la forma de Narasimha, medio humano y medio león, al ocaso (cuando no era ni de día ni de noche), llevó a Hiranyakashipu al umbral de una casa (que no era ni dentro ni fuera), lo situó sobre su regazo (que no era ni tierra, agua ni aire) y entonces lo destripó y mató con sus garras de león (que no eran ni arma empuñada ni arrojadiza).

La hoguera Holika y el Holi simboliza la celebración de la victoria simbólica del bien sobre el mal, de Prahlada sobre Hiranyakashipu, y del fuego en el que ardió el mal, encarnado en Holika.  

En las leyendas indias no se andan con rodeos: el mal es destripado sin piedad.

Ashtanga Yoga Bilbao inició su andadura en un equinoccio de otoño: el 21 de septiembre del 2015.  Con el de hoy, por tanto, hemos cumplido ya siete ciclos de equinoccio.

El siete es un número mágico en muchas tradiciones: siete eran los planetas clásicos de la antigüedad, siete fueron las maravillas del mundo, siete eran las columnas del templo de Salomón, siete son las virtudes capitales...  y siete es también el piso en el que se ubica Ashtanga Yoga Bilbao.  Casi se podía esperar que en nuestro séptimo equinoccio aconteciese algo especial, como así ha sido cuando la luna, el sol y el festival Holi han tenido a bien ponerse de acuerdo en el día de hoy.

Por lo tanto, y tal y como hemos hecho en otras ocasiones, hoy es uno de esos días en que toca mirar atrás y hacer recapitulación, porque hace justo siete equinoccios nos propusimos hacer lo que hoy ya es una realidad: reunir en torno a Ashtanga Yoga Bilbao a una comunidad de personas afines y ayudarlas a emprender un camino de búsqueda hacia la salud, el bienestar y las respuestas.

Sesión estilo Mysore en Ashtanga Yoga Bilbao durante la tarde de ayer: víspera del festival Holi.

Cada cual es hijo de su padre y de su madre y tiene sus circunstancias, lidia sus batallas y persigue sus objetivos.  Sin embargo, cuando insistimos en sintonizar, en ajustar nuestra relación con la respiración, la esterilla y la postura, todos convergemos hacia el mismo punto.

El yoga por sí solo no va a solucionarle a nadie sus problemas pero, al igual que la respiración en torno a la cual se articula, puede insuflar vida y ofrecerte la oportunidad de hacer algo con ella.  Al tiempo, la propuesta de retirar el foco hacia el interior pone a nuestro alcance destellos que nos alejan de todo aquello que nos azota en el exterior sembrando sufrimiento y dudas.

Pero ninguno somos ermitaños retirados de la sociedad y tras la práctica hemos de regresar a nuestros problemas, que siguen allí sin que el yoga los haya cambiado.  Los momentos de armonía más o menos duraderos cosechados sobre la esterilla parecen no haber servido de mucho cuando, al regresar a casa o al trabajo, vuelves a enfrentarte a ese problema que te sume en la amargura.

Los colores de las esterillas en Ashtanga Yoga Bilbao, diríase que cubiertos por el festival Holi.

Si te preguntas cuál es entonces el significado de todo esto, en primer lugar ten en cuenta que tus compañeros de esterilla e incluso tus profesores a menudo se preguntan lo mismo.  La respuesta no es fácil pero sí simple, y no es otra que enseñarte a regresar una y otra vez a la realidad.  Cada respiración, cada mirada, cada movimiento, cada postura no es ni más ni menos que un entrenamiento de retorno a la realidad.  Esto no va de ayudarte a conseguir ese futuro perfecto que anhelas ni a recuperar un pasado que echas de menos; se trata de pura y simple realidad, una realidad que a cada momento se te escabulle de entre los dedos, que cuando terminas una inhalación ya se te ha escapado pero que continúa en la siguiente exhalación, por lo que de nuevo tienes la oportunidad de reengancharte a ella, una realidad que no vas a poder prolongarla hasta el infinito, sino una realidad efímera que sólo puedes vivirla.  Momento a momento, asana a asana y respiración a respiración.

Si eres capaz de trasladar esta idea de vivir en realidad al resto de tu vida, sin juzgar en base a lo que sucedió en el pasado ni actuar de acuerdo con lo que se te retornará en el futuro, sino hacer lo que sea correcto en cada momento, moverte en la dirección adecuada y estar presente en cada paso que das, entonces tendrás en tu mano la respuesta a muchas preguntas.  Eso es el yoga.

Nosotros mismos estamos inmersos en ese arduo camino y te damos las gracias, tanto si nos estás acompañando en él a través de Ashtanga Yoga Bilbao, lleves mucho tiempo o poco, como si simplemente nos has seguido la pista desde la distancia a través de este blog.  El viaje sobre la esterilla es fascinante pero sabe mucho mejor en compañía, al lado a personas con las que llenarlo de colores.  De nuevo, gracias, y... ¡hasta el próximo equinoccio!

lunes, 18 de marzo de 2019

El método tradicional de Ashtanga Yoga según el KPJAYI.


Sharath y Pattabhi Jois.

Las palabras de Sharath publicadas en el último post me han recordado una serie de cuestiones relacionadas con la ejecución de asanas en el método de Ashtanga Yoga que me vienen rondando la cabeza desde hace tiempo y sobre las que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, disertaré.

Los asuntos a tratar no son sencillos y, los asiduos del blog ya lo saben, mis reflexiones no se caracterizan por ser escuetas.  Por lo tanto, y con el fin de evitar que esta entrada adquiera una longitud desmesurada, la desglosaré en varias publicaciones que iré escribiendo a lo largo de las próximas semanas, o más bien meses.

Comenzaré por el principio: Ashtanga Yoga Bilbao es una escuela tradicional de Ashtanga Yoga.  El término "tradicional" hace referencia a que enseñamos como enseñaba Sri Krishna Pattabhi Jois en el Instituto de Ashtanga Yoga de Mysore (AYRI) y como hoy continúa enseñando Sharath en el rebautizado KPJAYI.  Cientos, sino miles de escuelas a lo largo del mundo enseñamos de acuerdo con este llamado método tradicional.

En este enlace de la web de Sharath Jois se proporciona una clara definición de lo que se entiende por método tradicional y que en Ashtanga Yoga Bilbao suscribimos palabra por palabra.  Lo traduciré a continuación para los poco duchos en el inglés destacando en negrita las partes más significativas y en torno a las cuales va a girar todo aquello que tengo que decir:

Guruji durante una sesión estilo Mysore en la old shala.

Cualquiera puede practicar yoga, bien sea una persona joven, mayor, sana o enferma.  No obstante, la manera en que se le enseña a una persona joven será diferente de la manera en que se le enseñará a una persona anciana o enferma.  Por lo tanto, cada estudiante debe de ser considerado como un individuo y enseñado a un ritmo que sea adecuado para su situación vital. 

Todos los estudiantes comienzan su aprendizaje de la misma manera en la que en el primer día de clase se les enseña surya namaskar A seguido de padmasana y respiraciones profundas y unos pocos minutos de descanso para concluir su primer día de práctica.  Al día siguiente, después de que se haya hecho el saludo al sol A, se enseña surya namaskar B, y entonces de nuevo se concluye igual que en el día anterior, con padmasana, respiración profunda y descanso.  Después de que los dos saludos al sol han sido aprendidos correctamente, cada una de las varias posturas se añaden de una en una.  Cuando un asana es correcto, se enseña el siguiente.  Dependiendo de la edad y habilidad del estudiante, se puede tardar un tiempo indefinido por encima de los tres meses para aprender la primera serie completa.

El formato de la práctica permanece siempre igual: se empieza la práctica con surya namaskar, concluye con padmasana y descanso, y los varios asanas gradualmente llenan el espacio entre estos dos extremos.  Aprender yoga de esta manera tradicional beneficia al estudiante en muchos niveles.  Así es posible que gane tanto independencia como confianza en su sadhana (práctica espiritual), porque algo se vuelve realmente propio cuando se aprende de memoria.  A través de la práctica diaria de Ashtanga Yoga logramos hacerla nuestra, entenderla, y dominar su método, y a la sazón cosechar su amplio rango de beneficios.  Para conseguir esto resulta mejor un enfoque lento, dedicado y paciente.  


Sesión estilo Mysore de acuerdo con el método tradicional de Ashtanga Yoga en la old shala de Lakshmipuram.

Vinyasa significa una cuidadosa unión entre respiración y movimiento.  El saludo al sol y cada uno de los asanas sucesivos se componen de un número concreto de vinyasas.  Vinyasa genera calor en el cuerpo, que calienta la sangre.  La sangre caliente pasa a través de los músculos, nervios, órganos internos y glándulas, elimina las toxinas de ellos, y las desecha a través del sudor.  Así es cómo comienza el proceso de purificación.  Es importante que el estudiante no se apresure haciendo demasiados asanas y permita que el cuerpo se purifique gradualmente.  Si uno avanza rápidamente, es posible que en lugar de la purificación acontezca la enfermedad.  Es importante que el profesor se asegure de que la posición del cuerpo y el movimiento de respiración sean correctos en cada asana antes de avanzar al estudiante para que pueda recoger los beneficios adecuados de Ashtanga Yoga. 

Debido a la dificultad que entraña recordar y dominar los distintos vinyasas, los viernes y domingos se enseñan clases guiadas en grupo en las que todos los vinyasas se cuentan en voz alta y todos los estudiantes juntos los siguen.

El método de yoga enseñado en el KPJAYI es el que describió el antiguo sabio Vamana en su texto llamado Yoga Korunta.  Aunque se hayan escrito muchos libros sobre yoga, Vamana es el único que ha descrito un método práctico completo.  En los años 1920, el yogui y profesor de sánscrito T. Krishnamacharya viajó a Calcuta donde encontró el Yoga Korunta, que estaba escrito en hojas de palma y se encontraba en mal estado, habiendo sido parcialmente devorado por hormigas.  Más tarde, Krishnamacharya transmitió estas enseñanzas a Pattabhi Jois, cuya escuela continúa enseñando este método hoy.

El sabio Vamana enseñó: “Vina Vinyasa Yogena asanadih na karayet” - no hagas yoga sin vinyasa.  

Sesión estilo Mysore de acuerdo con el método tradicional de Ashtanga Yoga en la new shala de Gokulam con Sharathji.

En consecuencia, las escuelas tradicionales enseñamos el método de Ashtanga Yoga en clases estilo Mysore personalizadas, teniendo en cuenta las circunstancias de cada estudiante y añadiendo los asanas paulatinamente una vez se ha logrado cierto grado de dominio en los anteriores.  Esto último es muy matizable porque, claro, no será igual el nivel de exigencia que se le impondrá en marichyasana D a una bailarina profesional de veinte años que a una persona de cincuenta operada del menisco, pero el concepto está claro: el método tradicional de Ashtanga Yoga aconseja una enseñanza sin prisas, con plazos de tiempo prudenciales que permitan madurar cada nueva postura y crear en el cuerpo los espacios, la fuerza y la flexibilidad necesarias para avanzar en la secuencia de forma segura.  

En posts posteriores veremos con detalle el porqué de lo que los practicantes de Ashtanga Yoga tradicional viven en sus propias carnes: las posturas no se enseñan o, como suele decirse, no se “dan” como churros, sino que una vez la práctica ha alcanzado cierto nivel de madurez el aprendizaje de un nuevo asana supone todo un acontecimiento, algo casi incluso como para apuntarlo en el calendario a modo de efemérides y que representa un pequeño logro personal, un reconocimiento por parte del profesor que considera suficiente el progreso del estudiante ganado a base de dedicación y esfuerzo.  

De este modo, un practicante de Ashtanga Yoga que haya aprendido en una escuela tradicional de, pongamos, Singapur, y que venga a pasar unas vacaciones en Bilbao, podrá venir a Ashtanga Yoga Bilbao, otra escuela adscrita al método tradicional, donde tendrá la certeza de hallar un lugar en el que se enseña de la misma manera que ha conocido en casa.  Igualmente, los estudiantes de Ashtanga Yoga Bilbao que se muden a México y deseen continuar su práctica en una escuela tradicional de allá, se encontrarán con el mismo método que aprendieron aquí.

Sesión estilo Mysore de acuerdo con el método tradicional de Ashtanga Yoga en Ashtanga Yoga Bilbao.

Pero, tal y como cabía esperar del hecho de que Sharath haya necesitado publicar estas palabras en su página web y de que yo haya decidido escribir este post y los que vendrán, no todo el mundo está de acuerdo con esto sino que, a lo largo del tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras distintas, directa o indirectamente, de forma literal o velada, desde dentro o desde fuera, he escuchado argumentos en contra de este método tradicional.  

En realidad hay mucho que discutir porque se trata de un asunto complejo que viene de lejos, y lo que pretendo con todo esto es aportar mi granito de arena en el debate existente mediante una serie de reflexiones en torno a varios grandes temas a cada uno de los cuales dedicaré una entrada en el blog, a saber:

  1. Lo que Ashtanga Yoga no es.  
  2. La evolución del método tradicional de Ashtanga Yoga: las dos grandes tendencias actuales.
  3. Porqué en Ashtanga Yoga es físicamente mejor ir lento.
  4. Porqué en Ashtanga Yoga es filosóficamente mejor ir lento.

Tal vez los títulos definitivos de cada uno de los posts varíen respecto a este planteamiento o puede que incluso se añada alguna entrada más; ya lo iré viendo sobre la marcha, pero más o menos así serán los "capítulos", algunos de los cuales ya están empezados y que creo tienen entidad por sí mismos, así que se podrán leer de manera independiente no secuencial e incluso quizás intercale entre ellos otros posts que me puedan surgir con otras temáticas.  Esta entrada será el nexo común a todos ellos.

Una vez asentadas las bases y planteadas las principales cuestiones, no escribiré más.  ¡Permaneced atentos al blog!

miércoles, 6 de marzo de 2019

Sharath Jois: Por qué nunca es bueno demasiados asanas.


Hace dos posts que vengo intentando publicar cierto artículo que apareció a finales del mes de enero en la página web Sonima bajo la rúbrica de Sharath Jois.  Sin embargo, la introducción se me ha ido de las manos no una sino dos veces, adquiriendo tal envergadura que las palabras de Sharathji habrían quedado ensombrecidas en su mayor parte, por lo que finalmente he optado por publicar de manera independiente lo que en principio estaba destinado a ser meras introducciones.  Así es cómo fueron concebidos los dos posts anteriores y -a la tercera va la vencida- me he propuesto, ahora sí, divulgar la traducción del artículo firmado por Sharathji.

El tema del artículo es la postura de yoga, el asana.  Sharath, pese a que enseña un método de yoga cuyas clases se encuentran centradas en la realización de asanas y su innegable contribución a que el asana siga siendo el principal estandarte a través del cual el yoga se da a conocer en el mundo, insiste en desligar el verdadero yoga de la mera ejecución de asanas, o al menos de la manera en que el asana está siendo enfocado como un fin en sí mismo.

El asana, no lo olvidemos, es una de las ocho ramas del Ashtanga Yoga de Patanjali; supone una de las porciones del pastel y ni siquiera la más importante, ocupando una discreta tercera posición después de yama y niyama o más exactamente la sexta si concedemos el primer lugar a samadhi, objetivo último del yoga.


A lo largo del texto Sharathji hace hincapié en uno de sus tópicos más repetidos pero que los practicantes de yoga, sobre todo en Occidente, más tienden a pasar por alto: el asana es una plataforma externa que facilita el viaje de conocimiento y renovación internas que propone el yoga.  O, en palabras de Krishna Pattabhi Jois: "El yoga es un proceso interno.  Lo demás es un circo."  Precisamente un artista de circo ejecuta figuras acrobáticas de cara al exterior, con intención de proporcionar espectáculo y atraer la atención del público, mientras que los asanas de un yogui no atañen a terceras personas, sino que son parte de un proceso interno integrado en un método de transformación global que incluye pero no se limita a la parte física.  El desarrollo de la fuerza y flexibilidad necesarias para ejecutar asanas complejos serán los efectos colaterales de una práctica introspectiva orientada a mejorar la relación del ser humano consigo mismo y con el resto.

La cruzada en la que Sharath parece estar embarcado no va en contra del asana, sino en contra de la obsesión hacia el asana, hacia la impaciente, codiciosa e insaciable persecución de más y más posturas cada vez más complicadas, como si el progreso en el yoga estuviera indisolublemente unido a la ejecución de asanas complejos y hubiera que hacer todo lo posible por llegar ahí cuanto antes. Unas palabras que cobran especial significado cuando el que las firma es el mismísimo Sharath Jois, cuya práctica de asanas quizás sea una de las más avanzadas que jamás se hayan visto.

Tal vez parezca un contrasentido que un gurú de yoga hable a través de Internet, pero desde mi punto de vista es de agradecer que Sharathji haya optado por subirse al carro de las tecnologías y que a través de plataformas digitales como su cuenta de Instagram y esta misma web Sonima esté haciendo llegar esta clase de mensajes a todos los rincones y no sólo a los oídos de los que tienen la suerte de viajar hasta Mysore.  Esa dualidad de la que hablé en el anterior post entre lo tradicional y lo moderno le ha llevado a mantener inalterada la enseñanza que recibió de Guruji al mismo tiempo que se adaptaba a las circunstancias de la época que le ha tocado vivir, tema acerca del cual también escribí en el otro post.

Pero como me había propuesto no volver a tropezar con la misma piedra en esta introducción, no iré más allá.  Así que, sin más dilación, aquí dejo el texto traducido:




Sharath Jois sobre porqué nunca es bueno demasiados asanas.

El yoga es un proceso natural que tiene lugar a lo largo del tiempo.  El asana, por el contrario, no sucede de forma natural.  Para que el yoga resulte efectivo, es necesario aprender un método.  Ambos requieren de tiempo, al igual que ocurre con cualquier transformación.  Aunque al cabo del tiempo puedes vivir en yoga de manera natural sin esfuerzo, hacer demasiados asanas nunca es bueno.

Asana es una de las ocho ramas de Ashtanga Yoga y es una de las formas de conocer el cuerpo y los sentidos.  Hacer asanas puede ayudar a que uno alcance un nivel de consciencia superior porque al hacer asanas ocurren muchas cosas.  Tu cuerpo se vuelve más fuerte y más estable y, a través de una respiración adecuada y el vinyasa, la mente se torna tranquila y más estable.  Aunque retorcer y doblar tu cuerpo pueda suponer un aspecto muy fascinante de tu práctica de yoga, su principal propósito es ser una parte importante de tu sadhana o práctica espiritual en todo su conjunto.

Por desgracia, hoy hay demasiadas personas obsesionadas con hacer asanas.  Creen que cuanto más doblen sus cuerpos, más lejos llegarán a la auto-realización.  Muchas veces, veo a gente estirando demasiado.  Retuercen y giran sus cuerpos y a veces se pasan de rosca, practicando por la mañana y después por la tarde de nuevo.  Ciertamente, cuanta más atención inviertas en tu práctica, más conocerás tu cuerpo.  Pero, a menudo, tratamos de ir demasiado lejos demasiado rápido, con la idea de que alcanzaremos algún lugar mejor más rápido.  Este enfoque es una forma segura no sólo de lastimar tu cuerpo, sino también tus sentidos e incluso tus órganos.  Hacer demasiadas asanas nunca te llevará más cerca de la espiritualidad o la auto-realización, sino que de hecho puede alejarte de ellas. 

Parte de la razón por la cual la gente está obsesionada con hacer asanas es porque en Internet hay un montón de información sobre ello.  Alguien sabe cómo hacer esta postura o aquélla así que publican una fotografía e incluso describen cómo hacerla.  La gente también se centra demasiado en los asanas porque cada vez que alguien imparte un gran workshop acerca de cómo hacer el pino o los puentes, el taller se llena.  Enseñar a hacer el pino ni siquiera se acerca al yoga.  Para experimentar el yoga, no es necesario imitar la manera en que otra persona ha aprendido a hacer una postura.  Aquí es donde la gente pierde el punto esencial de lo que deberían enseñar.

En torno al yoga está habiendo demasiadas charlas y poca experiencia.  Si alguien imparte una conferencia y resulta muy preciso, tú no vas a experimentar el yoga.  Alguien en un taller o en una clase puede colocarte en una postura y tratar de explicarte que la energía está fluyendo de esta o de aquella manera, pero todos tenemos estructuras y cuerpos diferentes.  Un gurú no te enseñará la técnica para experimentar yoga.  Él o ella te enseñará cómo experimentar el yoga de forma natural, en tu propio cuerpo, cómo permanecer cómodo en una postura, lo cual implica mucho más que un fin de semana y va mucho más allá de lo que se puede enseñar en un taller.


Un profesor o gurú entiende en primer lugar la experiencia de yoga.  Antes de esto, él o ella nunca puede entender el cuerpo y el espíritu de la otra persona.  Un gurú es alguien que intenta enseñar posturas que ayuden al estudiante.  Si continúas dando charlas sin experimentar, es imposible guiar a nadie hacia el yoga.  Todo el mundo tiene que experimentar la postura por sí mismo, lo cual será una experiencia diferente a la de su gurú.  El método es el mismo, pero la experiencia que cada cual necesita requiere de cierta apreciación e inteligencia.

El yoga es un proceso natural, pero tienes que entender cómo ocurre el yoga.  Si mantienes cierta actitud y disciplina, devoción y dedicación, entonces los cambios ocurrirán.  La transformación se vuelve espiritual, tu mente y todo gira hacia la divinidad.  Puedes empezar a mirarte a ti mismo.  Puedes continuar en una búsqueda de auto-realización y evitar ciertas cosas que perturben tu mente y no te permitan crecer espiritualmente.  Si tienes el deseo de aprender sobre espiritualidad, entonces adopta un método y la experiencia fluirá de modo natural.  Para eso necesitas un método.  Nadie puede imponerlo sobre ti o forzarte a que lo hagas.

En vez de esforzarse en hacer el pino, los estudiantes deberían trabajar en los cimientos del yoga, los yamas y los niyamas.  En lugar de hacer acrobacias, tienen que buscar esta consciencia elevada y fortalecerla en su interior.  Para practicar yoga, en primer lugar tenemos que entender y corregir nuestras bases.  Para fortalecer nuestras bases, debemos adoptar un método.  Asana es un camino para fortalecer nuestros cimientos y nos conducirán hacia la espiritualidad y a un nivel superior en nuestra práctica.  Pero en lo que respecta al asana, deberías hacerlo con astucia, con consciencia, y no sólo pensando intelectualmente o imitando la experiencia de otros.

Cuando las bases son correctas y fuertes, el yoga ocurre de manera natural.  Si intentas hacerlo a la fuerza, intentando replicar la manera o enfoque de otra gente, nunca ocurrirá.  No puedes desear que el yoga suceda.  Es un proceso natural.  Cuando adoptas un método, sólo entonces puedes experimentar ciertas cosas que no has experimentado en tu interior.  Experimentas algo que te hace sentir la dicha y eso sólo ocurre naturalmente.

Puedes descubrir y entender muchas cosas a través de la práctica de asanas cuando la haces con consciencia.  Pero hacerla una y otra y otra vez, y hacerla demasiado, dañará tus sentidos y tu cuerpo.  Te castigará con muchas lesiones.  Estas cosas ocurren si no lo haces de la manera adecuada.

miércoles, 27 de febrero de 2019

De Guruji a Sharathji: Diez años de Transición en Mysore.


Por lo visto no tuve suficiente con la reflexión del otro día acerca de la gran novedad que Sharath ha introducido en las clases guiadas de Mysore y mi cabeza, cual centrifugadora atrapada en el ojo de un tornado, le ha estado dando alguna que otra vuelta más al tema.  El resultado es este nuevo ensayo en torno a los cambios que han habido en Mysore durante los últimos diez años con el que espero ofrecer nuevas e interesantes aportaciones.

¿Y por qué diez años y no cinco o veinte?, se preguntará alguno.  Pues porque precisamente el próximo mes de mayo se cumplen diez años desde el fallecimiento de Pattabhi Jois y la consiguiente recogida de testigo por parte de Sharath.  Quedan más de dos meses todavía para la efemérides, pero tras la apertura de esa gran main shala para las clases guiadas quizás sea ya un buen momento para repasar lo que han sido estos diez años post-Guruji en los que Sharath ha encabezado en solitario el Instituto de Ashtanga Yoga y afrontado la insólita problemática planteada por los nuevos tiempos.

En primer lugar habría que decir que Sharath Jois es un maestro de yoga al que se puede calificar de "peculiar" en el sentido de que se encuentra a caballo entre dos mundos: lo antiguo y lo nuevo, la tradición y la vanguardia, lo artesanal y lo tecnológico, lo oriental y lo occidental.

Sharath, Pattabhi y Saraswathi Jois.

Criado en el seno de una conservadora familia hindú perteneciente a la casta brahmín, el yoga estuvo presente en su vida prácticamente desde la cuna.  Cuando nació en 1971 el humilde Instituto de Ashtanga Yoga que su abuelo Pattabhi Jois había abierto en casa y que compatibilizaba con su magisterio en la Universidad de Sánscrito ya llevaba funcionando más de veinte años, su madre Saraswathi le ayudaba en las clases y su tío Manju se contaba entre los practicantes más avanzados.  Mientras Sharath crecía observó a estudiantes procedentes de todo el mundo que viajaban hasta Mysore para aprender de su abuelo y su madre, quien a partir de 1975 comenzaría a encargarse de sus propias clases.  Sin embargo, al principio Sharath no mostró un gran interés en el yoga.  A partir de los siete años de edad su abuelo le enseñaría algunas asanas, pero no tuvo continuidad y dejó aparcada su práctica centrándose en los estudios formales.  En 1986 Saraswathi rompería moldes y estereotipos convirtiéndose en la primera mujer india en enseñar yoga a hombres y mujeres juntos.  Entretanto, Sharath obtuvo un diploma en electrónica de la Universidad JSS de Ciencias y Tecnología de Mysore.

En 1989 tuvo lugar la gran epifanía de Sharath en el yoga, cuando su madre le pidió que ayudase a su abuelo, ya mayor y al que cada vez acudían más y más estudiantes, en sus clases.  Comenzó entonces un camino de estudio y enseñanza que nunca abandonaría, convirtiéndose a la vez en compañero de práctica y profesor de los estudiantes de su abuelo, alrededor de los cuales había crecido.

Sharath vivió en primera persona la transición del Ashtanga Yoga desde unos orígenes humildes constreñidos a las cuatro paredes de una habitación hasta un fenómeno global.  Sus raíces familiares lo asentaban en las tradiciones ancestrales hinduistas, pero su entorno y circunstancias fuera de lo común lo habían puesto en temprano contacto con el modo de vida y costumbres de Occidente.  La sociedad india en que vivía, con separación entre castas y sexos, matrimonios concertados y un férreo conservadurismo, contrastaba con la variopinta constelación de estudiantes que se congregaban en la shala, en la que hombres y mujeres de distintas razas, nacionalidades, ideologías, orientaciones y religiones compartían la misma práctica en el mismo espacio.

Sharath practica bajo la instrucción de Guruji.

El transcurrir del tiempo dio paso a un progresivo relevo en el que Sharath cada vez fue adquiriendo un mayor peso específico dentro del Instituto.  A medida que fue creciendo como profesor bajo el paraguas de su abuelo y gurú, Sharath desarrolló su estilo de enseñanza con criterios propios en ocasiones distintos de los de Guruji, y al tiempo incluso abrió una pequeña shala en la que impartió clases en solitario.  Con la mudanza a la shala de Gokulam en el 2002 pasaría a ser el Subdirector del Instituto de Ashtanga Yoga con despacho propio, el mismo que hoy ocupa y que bien conocemos los que viajamos a Mysore porque tenemos que inscribirnos y pagar la cuota en él.  En el año 2008, y debido a crecientes problemas de salud, Pattabhi Jois daría un paso a un lado después de sesenta años al frente de la dirección del Instituto y setenta dedicados a la enseñanza de yoga.  De manera natural, Sharath ocupó el vacío que dejó su abuelo, quien fallecería poco después en mayo del 2009 a la edad de noventa y cuatro años, en cierta manera como si hubiera esperado a concluir su labor sin dejar un solo cabo suelto.

Recuerdo que durante mi primer viaje a Mysore, en el 2008, cuando Guruji aún vivía pero ya se había apartado de las clases, Sharath evitaba sentarse en la gran silla de madera de su abuelo y elegía para sí una pequeña silla de metal.  A partir del 2009 se le vería ocupar la silla de madera, que en la actualidad ha sido sustituida por una de menor porte.  También decidió abandonar el apellido de su padre, Rangaswamy, y adoptar el de su madre, Jois.  Poco a poco, Sharath iba conformando su identidad como profesor.

Guruji, que apenas sabía hablar inglés, enseñaba con manos, gestos, parcas palabras y sonidos guturales o gruñidos, mientras que sus conferencias, pese a su condición de profesor de filosofía en la Universidad de Sánscrito, eran muy elementales, condicionadas por su escaso dominio del inglés.  Sharath, al que tampoco se le puede calificar como un grandísimo orador, en cambio sabe hablar muy bien el inglés, y si bien durante las clases tampoco hace gala de un gran alarde dialéctico y prefiere más bien observar y dar indicaciones puntuales o "hablar" con sus manos precisas a la manera de Guruji, los sábados se explaya durante hora y media en la habitual conferencia que imparte tras la clase guiada de la primary series.

Sharathji y Guruji en la vieja shala de Lakshmipuram.

Sharath bebió el yoga desde la infancia y aprendió de su abuelo y gurú la esencia de un sistema de yoga que a su vez Pattabhi Jois había aprendido de Krishnamacharya, un maestro sumamente estricto famoso por su observancia de las normas y de la manera correcta de hacer las cosas.  Tanto él como Guruji consideraban a los shastras o textos sagrados del yoga referencias irrefutables, e incluso Pattabhi Jois, perteneciente a una familia de astrológos, se tomaba la astrología muy en serio.  Pero ni los shastras ni la astrología daban respuesta a muchos de los interrogantes que los nuevos tiempos estaban trayendo.  Sharath había recibido un legado y asumido el deber de preservarlo, pero lo haría a su manera y acorde con la época a la que le tocaba enfrentarse.

Nada más morir su abuelo Sharathji cambió el nombre del Instituto, que en homenaje a Guruji pasó a llamarse Krishna Pattabhi Jois Ashtanga Yoga Institute o KPJAYI.  Un mero cambio de fachada al que más tarde se sumarían pequeños detalles como la retirada de las maltrechas alfombras, la instalación de una tarima nueva o el pintado a rojo del muro exterior de la main shala.

Algo más tarde, en la temporada 2014-2015, Sharath movió la jornada semanal de descanso del sábado al domingo.  Se trataba de otro cambio menor que no obstante dejó impactada a parte de la comunidad, en especial a algunas voces agoreras que durante años habían hallado razones peregrinas de índole astrológico o metafísico para explicar el descanso sabático, y que debieron llevarse las manos a la cabeza por que Sharath osase cambiar uno de los aspectos "sacrosantos" de la tradición que Pattabhi Jois había mantenido inamovible durante décadas y que parecía fundamental hasta el punto de que al ser autorizados los profesores debían firmar un documento comprometiéndose a no impartir teacher trainings y a respetar el descanso de los sábados.  A Sharath simplemente le venía mejor tener libre el domingo para pasar más tiempo con su familia, y a mi modo de ver fue un símbolo de la nueva era: sí a la esencia de la tradición, pero no a la literalidad ni a la ausencia de cambios para mejorar. 


La primera gran sorpresa llegó en verano del año 2010, cuando Sharath impartió el primer teacher training en toda la historia del Instituto de Ashtanga Yoga.  Un curso de formación de profesores de dos meses, en apariencia similar a los que bajo el sello de la infame Yoga Alliance se celebraban por todo el mundo incluido Mysore y contra los que Sharath no cesaba de arremeter una conferencia sí y otra también por vulnerar el principio de la enseñanza tradicional gurú-shishya parampara consolidada a través de una relación de muchos años entre maestro y discípulo, aunque con una pequeña gran diferencia: era exclusivo para profesores previamente autorizados con los que, por tanto, ya mantenía una prolongada relación.  Casi parecía como si se estuviera burlando de los manidos teacher trainings, dedicando sí dos meses a un curso pero no para cualificar a sus viejos estudiantes, la mayoría de los cuales ya estaban enseñando Ashtanga Yoga en sus propias escuelas desde hacía años, sino para intimar con ellos, aconsejarles y pulir detalles. Desde entonces ha organizado dos o tres cursos más de estos, y muchos en la comunidad llevamos ya un par de años esperando el próximo...  

En ese mismo año 2010 Sharath introdujo una gran novedad al añadir un nuevo nivel de autorización que no existía anteriormente: la autorización nivel dos, que confería el permiso para enseñar la serie intermedia completa o parte de ella.  Antes de esto, Guruji sólo había otorgado blessings de dos tipos: autorizaciones y certificaciones.  Las autorizaciones requerían de tres/cuatro viajes anuales mínimo y permitían enseñar sólo la primera serie; las certificaciones se entregaban tras no menos de diez viajes y la persona debía de haber completado la tercera serie.  En la práctica, las certificaciones estaban al alcance de muy pocas personas y sólo las tenían los antiguos estudiantes de Guruji con varias décadas de experiencia y un puñado de los nuevos que habían empezado a viajar a Mysore desde muy jóvenes.  Los estudiantes en escuelas autorzadas, en teoría sólo podían aprender legítimamente de sus profesores hasta setu bandhasana, la última postura de la primera serie.  Para aprender más allá de forma legítima debían trasladarse hasta algún profesor certificado o el mismo Mysore, lo que generaba situaciones absurdas.  Había claramente un vacío y Sharath, en esto sí creo que nadie estará en desacuerdo, decidió llenarlo con esta autorización intermedia.

Esta nueva categoría de blessing conllevó un incremento en el número de profesores autorizados del que la comunidad no se tardó en percatar.  Tomemos el caso de España: en el año 2009 apenas había una decena de profesores autorizados en la lista oficial; hoy día hay más de treinta, tres veces más.  Recuerdo que en el 2009 sólo era posible encontrar profesores autorizados en Madrid (uno: Borja), Barcelona (un puñado: Elena, Hojung, Eva...), Asturias (uno: Tomás) y Canarias (Camino y Ananda, parientes de Tomás).  Hoy día Madrid y Barcelona cuentan cada una con un buen puñado de profesores autorizados, Asturias tres, y en la lista han aparecido también provincias nuevas como Mallorca, Málaga, Ibiza, Cádiz, Bizkaia...  Además, me consta que existen comunidades de practicantes y escuelas no autorizadas, pero que podrían llegar a estarlo en un futuro cercano, en Sevilla, Galicia, Valencia, Cantabria, etcétera.

Autorización de Fernando Gorostiza.

Voces conspiratorias no tardaron en alzarse proclamando que esto suponía una "devaluación" del proceso de autorización, como si las nuevas valieran menos que las antiguas porque Sharath las estaba "regalando" a manos llenas, como quien siembra semillas en un campo.  Nada más lejos de la realidad; Sharath no estaba ni más ni menos que reconociendo a la nueva generación de alumnos que se habían incorporado a la comunidad.  Su entusiasmo por la práctica no era menor al que había mostrado la generación antigua, pero sí que eran más numerosos, cada vez más numerosos, y Sharath debió concluir, entiendo que correctamente, que tenían el mismo derecho a ser reconocidos como difusores válidos del método de Ashtanga Yoga.  La consecuencia lógica fue el incremento en el número de autorizaciones.  Los antiguos estudiantes no sólo no fueron olvidados, sino que algunos de ellos incluso recibieron un reconocimiento especial mediante la creación de una lista de profesores certificados honorarios, aunque este movimiento no estuvo exento de polémica porque Sharath aprovechó también para eliminar de la lista a profesores que a su modo de ver ya no estaban conectados con el espíritu del KPJAYI y habían decidido emprender su propio camino, entre ellos su tío Manju Jois.

¿Y de dónde habían salido tantos nuevos estudiantes?  No me resulta difícil intuir la respuesta extrapolando el caso de Madrid, que conozco bien.  Durante los diez años que permanecí allí entre el 2006 y el 2015 fui testigo de cómo, al principio, la única escuela autorizada, la de Borja, ni siquiera tenía página web y contaba con apenas sitio para una quincena de personas en el salón de su casa.  En la actualidad, Borja se encuentra en un espacio con cabida para cuarenta personas, tiene clases durante prácticamente todo el día de lunes a domingo y en el conjunto de Madrid hay un total de siete escuelas autorizadas con una decena de profesores (incluyendo a Nacho, Carmen y Óscar, que aún no han sido listados, y a Sara, autorizada por Saraswathi) y posiblemente haya otras diez con comunidades activas de practicantes de Ashtanga Yoga.  Pues bien, estoy en condiciones de afirmar que la práctica totalidad de esas escuelas, autorizadas o no, tienen como origen dos únicos puntos, dos únicas personas: Borja Romero-Valdespino y José Carballal.  Sé que en algún momento fue su alumno, pero no estoy seguro de que José conociera Ashtanga Yoga a través de Borja, así que lo dejaré en dos puntos de origen y no uno.  También cabe mencionar a Natalia Paisano, quien vivió en Madrid hasta alrededor del año 2004 y a través de quien Borja conoció Ashtanga Yoga.  Después, Natalia vivió en Suecia durante muchos años y recientemente ha regresado instalándose en Mallorca (tampoco aparece en la lista por España; continúa bajo el epígrafe de Suecia).     

Con el chipriota Martinos y la coreana Mina en la main shala.

Todos los nombres que aparecen en la lista por Madrid, y muchas de las personas que enseñan en otros lugares sin el blessing de Mysore, son o fueron estudiantes bien de José o bien de Borja.  Por lo tanto, se puede afirmar que en el caso de Madrid, la expansión de Ashtanga Yoga es fruto exclusivo de la gran labor difusora de Borja y José y de la buena acogida del método por parte de los madrileños.  José enseñó en su casa de Malasaña, sin página web, hasta el año 2010 en que abrió Mysore House junto a Rafa.  En ese momento ninguno de los dos estaban autorizados.  José, estudiante de Pattabhi Jois desde la etapa final en Lakshmipuram, fue autorizado en el 2012, lo que convirtió a Mysore House en la segunda escuela oficial.  Pues bien, el resto de personas de Madrid a las que Sharath autorizaría a partir de ese momento lo fueron como alumnos de Borja (Alexia, Nacho, Sussana -esposa de Borja-, Sara y Yara, que ya no reside en Madrid) o de José (Ángel, Óscar y Rafa, cofundador de Mysore House).  Carmen residió en Londres durante muchos años, donde estudió con Hamish, y a su regreso a Madrid practicó y estuvo enseñando en las escuelas tanto de Borja como de Alexia, así que tampoco la asociaré directamente a Borja.  Huelga decir que Ashtanga Yoga Bilbao es una escisión de Borja que, en vez de quedarse en Madrid, regresó a sus orígenes.

Si esto ha sucedido en España, qué no habrá pasado en otros países.  El caso de Asia resulta especialmente significativo.  En el año 2008 había muy pocos profesores autorizados en el continente asiático, ni siquiera en la India, y entiendo que no era por un afán discriminatorio por parte de Pattabhi Jois, sino por el simple hecho de que aún no había en esos países comunidades lo suficientemente consolidadas.  Sin embargo, si se echa un vistazo a la lista oficial por Asia, atendiendo al alto número de profesores parece como si en China, Corea, Hong Kong, Japón, Singapur y Taiwan se hubiese estado practicando Ashtanga Yoga toda la vida.  Conozco personalmente a varias profesoras coreanas autorizadas y todas ellas son personas bastante jóvenes, de treinta y pocos o veintimuchos, que comenzaron a practicar Ashtanga Yoga y viajar a Mysore a partir del año 2010.  Algunas de ellas, incluso, comenzaron a aprender Ashtanga Yoga desde cero con Sharath y Saraswathi, y en la actualidad enseñan el sistema en sus ciudades de origen, asumiendo en Corea el mismo papel difusor que en Madrid desempeñaron Borja y José. 

Fechas y lugares del tour norteamericano de Sharath 2019.

De forma paralela se produjo el gran aumento en los destinos de las giras de enseñanza de Sharath, sus famosos tours.  Desde que Pattabhi Jois viajara a California por primera vez en 1975 de la mano de David Williams y Nancy Gilgoff, Guruji y Sharath no habían dejado de recorrer el mundo con la intención, me imagino que sí, de hacer turismo, pero principalmente de hacer llegar la fuente del Ashtanga Yoga de Mysore a aquellas personas cuyas circunstancias no les permitían viajar a la India durante el mínimo exigido de un mes, haciendo bueno el dicho de "si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma".  Sharath continuó haciendo giras, pero aumentó los destinos adaptándose a la realidad de las incipientes comunidades de Ashtanga Yoga que proliferaban por el mundo.  A los habituales destinos en Europa y Estados Unidos añadió China, Corea, Japón, Thailandia y Filipinas; el año pasado visitó por primera vez España y Portugal, y si no me equivoco para el año 2020 llevará a cabo su primer tour por Sudamérica.  No dispongo del dato, pero tengo la impresión de que Sharath se ha vuelto mucho más viajero de lo que fue Pattabhi Jois quien, quizás debido a su edad, permanecía la mayor parte del año en Mysore.

La adaptación de Sharathji a los tiempos modernos fue un paso más allá con un gesto sumamente sencillo e inocente pero que en su caso parecía imposible: la apertura de una cuenta de Instagram.  Muchos, entre los que me incluyo, quedaron impactados.  Un tema recurrente de sus conferencias eran las redes sociales y lo mucho que perdíamos el tiempo en ellas y el poco o nada de yoga que había detrás de subir a Facebook una foto haciendo un asana.  Así que, ¿Sharath en Instagram?  ¡Imposible!  Al principio pensamos que se trataba de una cuenta falsa, pero no tardaron en aparecer fotos y vídeos de su vida personal y de su práctica y finalmente quedó claro que el mismísimo Sharath se encontraba detrás de esa cuenta.  En la actualidad si vas a Mysore no es raro descubrir a Sharath grabando un vídeo con su iPhone durante una clase guiada y verlo subido después en su cuenta de Instagram.  También la utiliza como plataforma para anunciar novedades, felicitar el nuevo año, etcétera.

Fechas y localizaciones del tour europeo de Sharath 2019.

Además de Instagram Sharath también se está dejando ver con cierta notoriedad por la página web Sonima, en la que desde hace algunos años se vienen publicando videos suyos enseñando secuencias de asanas muy básicas para principiantes y donde también están apareciendo interesantes artículos firmados por él, tal que si de un blogger se tratara.

Quizás se lo pueda criticar porque haya acabado haciendo justo lo contrario de lo que predicaba, pero también conviene recordar que Krishnamacharya fue un hombre famoso por hacer exhibiciones públicas de sus habilidades yóguicas con el objetivo de captar adeptos para sus clases y revitalizar el interés por el yoga entre la población.  Precisamente fue a través de una de estas demostraciones que Krishnamacharya se ganó el interés de Parttabhi Jois y sin la exhibición de Manju Jois en Pondicherry ante Nancy Gilgoff, Norman Allen y David Williams seguramente el Ashtanga Yoga de Pattabhi Jois todavía habría tardado algunos años más en dar el salto al mundo.  Puede que Sharath haya roto sus propios prejuicios y se haya dado cuenta de que Instagram y las páginas web tal que Sonima son el escaparate de la nueva era, una ventana abierta hacia miles y miles de estudiantes de yoga, actuales o potenciales, por todo el mundo, y que es preferible estar que no estar y aportar su grano de arena que enterrar la cabeza en el suelo cual avestruz.

Sharathji, el moderno.

Dentro de este contexto divulgativo, uno de los pasos más desconcertantes de Sharath fue su aparición detrás de la marca Jois Yoga, una suerte de franquicia de escuelas de Ashtanga Yoga a las que prestó su imagen y que parecían estar relacionadas en cierta manera con Mysore.  Nadie sabe muy bien qué se pretendía con ello, si expandir la marca por todo el mundo convirtiendo las escuelas Jois Yoga en sucursales internacionales del KPJAYI, o simplemente ayudar a algunos empresarios norteamericanos a hacer negocio.  Por motivos que desconozco el proyecto fracasó, y en la actualidad creo que sólo permanece un centro Jois Yoga en los Estados Unidos que opera como una escuela de Ashtanga Yoga normal y corriente.

De forma interesante, y pese a todos estos cambios y novedades, la práctica en sí ha permanecido exactamente igual durante la última década.  No recuerdo diferencia alguna en las secuencias de asanas ni en los vinyasas entre mi primera vez en Mysore en el 2008 y la última en el 2018.  Si acaso, se puede mencionar el pranayama de respiración alterna nadi shodana, que durante los últimos años Sharath ha empezado a enseñar a todo el mundo al término de la práctica.  Guruji no enseñaba ningún pranayama hasta que el estudiante no hubiera llegado a la tercera serie de posturas, lo que en la práctica se traducía en un porcentaje muy reducido de personas que aprendían los ejercicios de pranayama de Ashtanga Yoga.

Pattabhi Jois, por el contrario, sí que fue añadiendo numerosas modificaciones a lo largo de los años.  Me vienen a la cabeza varias de las que he sabido a través de Tomás Zorzo, David Williams o investigando por mi cuenta, a saber: la inclusión de parivritta parsvakonasana en la secuencia fundamental, que durante décadas no se hizo y que en nuchos pósteres publicados y vídeos subidos a Youtube no aparece; la limitación de paschimattasana a dos variantes, cuando antes se hacían tres y hasta cuatro; la incorporación de baddha konasana b y de medio vinyasa entre upavistha y supta konasana en el último cuarto de la primera serie; la adición de las siete variantes de sirsasana al final de la serie intermedia; la inclusión de medio vinyasa entre paschimattanasana y sarvangasana y la omisión de cinco respiraciones en savasana antes de subir a sarvangasana en la secuencia final.  Sharath, al ser preguntado acerca de estas alteraciones, suele decir que no lo recuerda con claridad porque era muy joven, pero que sí, en efecto su abuelo cambió cosas y, si lo hizo, fue porque pensó que era mejor así.  De hecho, conviene recordar que la escuela original se llamó Ashtanga Yoga Research Institute (AYRI), o Instituto de Investigación de Ashtanga Yoga, en referencia a que Pattabhi Jois todavía se encontraba “afinando” el método descrito en el Yoga Korunta y que aprendió de Krishnamacharya.  El nombre actual no incluye el término Research, lo que sugiere que tal vez Sharath haya optado por concluir la investigación y que el método ya está bien tal como está. 

Sharathji, el tradicional, con su esposa Shruthi el pasado San Valentín.

Por último están las cuestiones organizativas, de gestión del KPJAYI de Mysore ante el ingente número de estudiantes que año tras año desean visitar la fuente original del método.  Pero ya escribí largo y tendido acerca de ellas en el anterior post.  El último episodio lo ha constituido la apertura de la nueva shala para clases guiadas, y augura el comienzo de lo que sin duda será un tiempo nuevo en Mysore.

En resumen, los hechos acaecidos durante los últimos diez años en Mysore han sido el resultado de la adaptación a las nuevas curcunstancias por parte del director del KPJAYI Sharath Jois, un hombre arraigado en las viejas tradiciones pero al mismo tiempo abierto a la realidad contemporánea.  Un gran maestro y referente que no se ha arrugado ante los nuevos retos sino que ha dado más de un paso al frente tomando decisiones incómodas.  Desde hace algunos años incluso se ha hecho llamar paramagurú o máxima autoridad en el linaje de Ashtanga Yoga, algo que bajo nuestro prisma puede sonar pretencioso pero que en el contexto indio intuyo simplemente representa una asunción de responsabilidad.

Recurriendo al manido tópico de “nada es constante sino el cambio”, lo único que nos resta por decir es que en Ashtanga Yoga Bilbao esperamos estar ahí y poder seguir narrándolo.  ¡Se trata de un viaje demasiado hermoso como para que nos lo perdamos!

domingo, 17 de febrero de 2019

Gran novedad desde Mysore: Sharath abre una nueva shala.

La nueva gran shala para las clases guiadas.

Sharath Jois dio comienzo el pasado mes de enero a un nuevo periodo de enseñanza de tres meses en el Instituto de Ashtanga Yoga -KPJAYI- de Mysore.  En los últimos tiempos, lo que antaño fueran temporadas más o menos estables de seis meses de duración entre octubre/noviembre y marzo/abril se han convertido en periodos de enseñanza difíciles de predecir.  Por ejemplo, en la pasada temporada 2017-2018 hubo un total de cinco meses: dos meses de diciembre del 2017 a enero del 2018 y tres más de junio a agosto del 2018.

El resto del año Sharath no permanece ocioso, sino que durante buena parte del tiempo viaja por el mundo para, como él ha dicho y escrito en ocasiones, poner la fuente original del método de Ashtanga Yoga al alcance de gente cuyas circunstancias no les permiten viajar a Mysore. Así, el pasado mes de septiembre estuvo en España y Portugal en lo que constituyó su primer tour por el sur de Europa y en noviembre enseñó en Japón y Bali.  Tras el actual periodo de tres meses en Mysore, brevemente interrumpido por su participación durante dos días de marzo en un festival internacional de yoga en los Himalayas, entre abril y mayo Sharath viajará por los Estados Unidos, en julio por el norte de Europa y en septiembre de nuevo por Extremo Oriente.

En la página web de Sharath se indicaba expresamente que las personas que habíamos estudiado en Mysore el pasado verano (recordad que Nines y yo estuvimos en agosto) no debíamos enviar la solicitud para los meses de enero, febrero y marzo y así dejar sitio para otras personas, lo cual sugería que quizás este próximo verano se abriera un periodo de enseñanza adicional en el KPJAYI.  Sin embargo, tras irse desvelando una a una las etapas del tour internacional de Sharath, se ha hecho evidente que esta temporada en Mysore se iba a limitar únicamente a estos tres primeros meses del 2019.  A lo sumo, tal vez Sharath decida enseñar de nuevo en el aislado mes de agosto o ya a partir de octubre, pero eso formaría parte ya de la temporada 2019-2020.

Mantra y pujas en la nueva shala.  Consultar el perfil de Instagram de Sharath Jois par más detalles.

Hace unos días llegó una importante noticia desde Mysore: la inauguración de una nueva gran shala para las clases guiadas.  Con el tamaño de un hangar o de una pista de baloncesto, tiene la suficiente capacidad como para albergar a varios cientos de personas sobre sus esterillas.  Sólo se va a emplear para las clases guiadas de sábado y lunes.  La shala de Gokulam, con capacidad para unas sesenta personas cómodamente instaladas sobre sus esterillas, seguirá utilizándose para las clases estilo Mysore.  A través de las redes sociales muchas personas han aplaudido la novedad, aunque personalmente me han surgido sentimientos contrapuestos y he querido reflexionar sobre ello "en voz alta" a través del blog.  

Por un lado se trata de una buena noticia, sin duda.  Las personas afortunadas que son escogidas en la gran tómbola del formulario del KPJAYI y consiguen estudiar con Sharath viven una situación muy desagradable cada sábado y lunes al que la gente se ha acostumbrado pero que no deja de ser un auténtico calvario.  En el caso de las sesiones estilo Mysore de martes a viernes  cada cual recibe una tarjeta con una hora de entrada.  De este modo, a intervalos de media hora entre las cuatro y las diez de la mañana la shala de Gokulam es capaz de absorber medianamente bien a las entre trescientas y cuatrocientas personas que se matriculan cada mes con un tiempo de espera aproximado de veinte minutos.  Sin embargo, en los días de clases guiadas el problema de espacio se hace más que evidente.  Sharath imparte tres clases guiadas una detrás de la otra: a las 4:30, 6:00 y 7:30, pero la shala que durante las sesiones Mysore da cabida a sesenta personas simplemente no puede acoger a cuatrocientas en tres sesiones guiadas.  La gente acaba practicando en el vestíbulo de entrada y los vestuarios, y para evitarlo y poder practicar dentro de la shala se ha establecido una suerte de competición de madrugones que lleva a mucha gente a hacer cola en la calle durante más de una hora.  Sharath ha insistido por activa y por pasiva en que los estudiantes esperen su turno de clase guiada con una antelación no superior a los treinta minutos, pero no vigila que se acate esto y la gente hace caso omiso; la persona que llega media hora antes irremisiblemente practicará en los vestuarios.  La última vez que nosotros estuvimos en Mysore fuimos testigos de cómo gente que tenía el turno de las 7:30 de la mañana hacía cola en la calle como si fuera a entrar a la clase de las 6:00 y así estar en la cabeza de la cola para su turno.  ¡Al menos ahora hay una cola organizada!  Unos años atrás, antes de que se implantase el sistema de cola, la gente se agolpaba en masa ante la puerta y al abrirse se producía un efecto embudo con toda clase de pillerías: carreras, empujones, pisotones, gente que saltaba el muro para colarse...  ¡un verdadero ejemplo de virtuosismo y compañerismo entre practicantes de yoga!  

Cola de espera de madrugada para una clase guiada en el KPJAYI actual.

Con la nueva shala, por tanto, terminan las largas esperas a la intemperie.  Sin embargo, bien mirado no todo son buenas noticias, porque la inmensidad del espacio va a despersonalizar todavía más la enseñanza.  Sharath ya no tendrá que guiar tres clases seguidas, sino una sola, pero la distancia con sus estudiantes se va a ver incrementada de forma dramática.  

Uno de los elementos más distintivos y hermosos que caracterizan la práctica de Ashtanga Yoga de otros métodos es la personalización, ese trato individualizado en el que profesor y estudiante establecen una relación de confianza y conocimiento mutuos: el profesor sabe cómo y cuándo ayudar y el estudiante confía y atiende.  Tampoco se trata de un camino unidireccional desde el que enseña hacia el que aprende, sino que tiene dos direcciones: ambos aprenden el uno del otro y el paso del tiempo perfecciona su relación.  Para que esto tenga lugar es imprescindible la cercanía, que en los antiguos tiempos del yoga era tal que el estudiante formaba parte del propio círculo familiar del maestro en lo que se conocía como relación gurú-shishya parampara

En la actualidad tan sólo dentro de ashrams o monasterios y entre renunciantes o shaddus sigue siendo posible mantener esa clase relación que tiene aparejado además un alto coste: la dedicación completa y el consiguiente alejamiento de la sociedad.  Tirumalai Krishnamacharya, en cambio, quien fue conocido como un yogui de ciudad, le demostró al mundo que era posible aprender yoga y al mismo tiempo mantener los vínculos con el mundo.  Durante su estancia de dos décadas en Mysore mantuvo una yogashala a la que acudían estudiantes, trabajadores y padres de familia, y en los posteriores años de Madrás enseñó a multitud de personas que se acercaban hasta su casa y a los que prescribía tratamientos ayurvédicos y rutinas de asanas y pranayama personalizadas que pudiesen integrar en su vida cotidiana.  Él mismo, que dedicó toda su vida a la enseñanza de yoga, se casó y tuvo hijos, y cuando le fue ofrecido un importante cargo religioso lo rechazó, fiel a la promesa que le había hecho a su gurú Ramamohan Brahmacharya de permanecer con su familia: "Dedica tu vida a enseñar yoga pero cásate y ten hijos".

Cola de espera en la antigua shala de Lakshmipuram.

El legado de Krishnamacharya en Mysore fue custodiado por Pattabhi Jois, quien posteriormente le pasaría el testigo a su nieto Sharath en lo que se ha dado a conocer como línea tradicional, tildada por algunas personas de dogmática y que también es la más extendida.  El método de Krishnamacharya, basado en la individualización, en la cercanía, se transmitió así de generación en generación a través de las décadas, desde el anonimato de los años cincuenta pasando por los impopulares años setenta y ochenta hasta el boom mediático de la actualidad.

Si existe una escuela de Ashtanga Yoga tradicional en Bilbao, qué no habrá en Seúl, Los Ángeles y Sidney.  Muchos hemos querido estar en contacto con la fuente original y hemos viajado hasta Mysore desde todas partes.  En realidad, todo el mundo tiene derecho de hacerlo.  Pero claro, somos tantos y la escuela, escalada para ser dirigida por un pequeño grupo de personas, al principio sólo Guruji, después Guruji y Sharath, y hoy, Sharathji y un puñado de ayudantes, cada vez se queda más pequeña.

La new shala que muchos conocemos, con sus míticas alfombras hoy retiradas.

Cuando la shala de Lakshmipuram no dio más de sí, en el año 2002, Guruji trasladó el Instituto de Ashtanga Yoga al actual emplazamiento en Gokulam.  Algunos de los antiguos estudiantes, acostumbrados a sentarse con Guruji a tomar té y llamarle por teléfono para avisarles de su llegada o preguntarle a ver qué tal iba todo, renegaron del giro que estaba dando Mysore y de las aglomeraciones que con el transcurso del tiempo no hicieron sino aumentar, y dejaron de ir.  Pattabhi Jois y Sharath afrontaban una creciente popularidad y con la mejor de las intenciones trataban de acoger y enseñar a todo el que se acercara hasta su puerta; el mundo tenía sed por ese sistema de yoga a cuya difusión habían entregado su vida y no se podía interpretar sino como una buena noticia.  Pero claro, ya no podían sentar a su mesa a un centenar de estudiantes y la distancia con ellos aumentó inevitablemente.  Hoy, con cuatrocientos estudiantes al mes, muchos más que se quedan fuera y mediante un ímprobo esfuerzo, Sharath es todavía capaz de mantener la cercanía en la enseñanza, pero ha de limitarla al tiempo que duran las clases por un razón sencilla: es un ser humano y no un superhéroe.  Nosotros hemos estado allí numerosas veces y lo hemos vivido en primera persona: Sharath permanece en la shala desde el principio hasta el final en jornadas de siete y ocho horas ininterrumpidas y te conoce, aprende tus fuerzas y debilidades y se encarga personalmente de decirte qué hacer y qué no hacer.  A lo largo de los meses y de los viajes sientes que hay una línea de enseñanza progresiva que Sharath gestiona sin prisas ni trompicones.  Al final, se trata de una relación de años, con largas interrupciones, sí, y limitada a dos horas diarias, pero una larga relación al fin y al cabo, no un teacher training de un mes, doscientas o quinientas horas ni unas vacaciones de verano, cosa que curiosamente sí les suele parecer bien a aquellas personas que califican de "dogmática" la línea tradicional.  Lo que ya no es, ni lo volverá a ser nunca, es ese grupo de amigos a los que Pattabhi Jois alojaba en casa como a sus hijos.  Son los nuevos tiempos, peores a ojos de nostálgicos que echan de menos cuando los practicantes de Ashtanga Yoga de todo el mundo cabían en un par de autobuses y a cada momento en Mysore apenas había un puñado, pero mejores, sin duda mucho mejores desde el punto de vista del Ashtanga Yoga como herramienta hacia la salud y la trascendencia abierta a toda la humanidad. 

Así que este "hangar" ha sido una nueva respuesta de Sharath al acuciante problema de espacio en Mysore.  Con anterioridad ya había instaurado el formulario online, impedido la posibilidad de viajar múltiples veces la misma temporada, establecido la restricción de un único periodo de a lo sumo tres meses y el requisito de tener que estudiar con algún profesor autorizado de su lista.  Pese a todas estas trabas, la creciente popularidad del método de Ashtanga Yoga propicia que la página web del KPJAYI continúe recibiendo millares de solicitudes de todo el mundo e, independientemente del momento del año en que decida abrir Sharath, el aforo del KPJAYI se completa siempre y, en especial durante las clases guiadas, sus estudiantes padecen la peor cara de la conversión de Ashtanga Yoga en un fenómeno global.  

Primera clase guiada en la nueva shala.

No puedo decir que se trate de una idea que me entusiasme: practicar en una estancia con el tamaño de un polideportivo y ver a Sharath a lo lejos.  Desde luego, me horrorizaría que las clases estilo Mysore tuviesen lugar allí.  Llegado ese caso Sharath poco menos que tendría que dirigir la clase a través de cámaras desde una sala de control.  Por otro lado, comprendo que el asunto de las clases guiadas requería de alguna solución, y éste puede ser un buen intento.

Es probable que en el futuro pueda haber más novedades en este sentido.  Sharath adquirió un terreno (creo que el mismo en el que ha abierto esta shala) y según ciertos rumores que se escuchan parece que tiene intención de construir algo que precisamente permita volver a estrechar la relación con sus estudiantes.  ¿Un ashram, una residencia, una pequeña ciudad del yoga?  El tiempo lo dirá...  

domingo, 27 de enero de 2019

Carta abierta de David Williams a los practicantes de Yoga.

Workshop con David Williams en Ashtanga Yoga Bilbao del 4 al 7 de abril.  Click para información y reservas.


[If you just wish to read David's original letter in English, please scroll down to the bottom of this article]


Dentro de apenas dos meses tendrá lugar en Ashtanga Yoga Bilbao uno de los mayores acontecimientos de nuestra corta historia: la visita del pionero David Williams, quien a lo largo de cuatro días entre el 4 y el 7 de abril nos deleitará con lo que para los entusiastas del yoga será un apasionante viaje a los orígenes.

El nombre de David Williams sin duda debería aparecer en cualquier "enciclopedia" de yoga que se precie.  La Historia sabe que fue gracias al empeño de Pattabhi Jois que se preservó la enseñanza de Krishnamacharya durante sus años de Mysore, pero quizá muchos desconozcan que fueron David Williams y sus amigos Nancy Gilgoff y Norman Allen quienes le abrieron la puerta al exterior. 

Hace muchas décadas que el mundo practica yoga; incluso se tiene la paradójica sensación de que en la actualidad se practica más yoga fuera que en la propia India, su cuna original.  El yoga aparece en las películas, en las noticias, en los anuncios como reclamo; las glamurosas celebrities presumen de que van a clases de yoga e incluso la gente añade la palabra "yoga" en sus currículos como un aspecto positivo de su estilo de vida que merece la pena destacar.  En definitiva, el yoga disfruta de un lustre que, si echamos tan sólo un poco la vista hacia atrás, tiene mucho de insólito.

A comienzos de este mes y con motivo de la fiesta de la Epifanía del Señor se escribió en este blog un artículo acerca de las epifanías, de los acontecimientos repentinos de importancia reveladora que han tenido lugar a lo largo de la historia, y entre las que incluimos nuestro particular listado de epifanías del yoga.  Gracias a esas epifanías, esos hitos, el yoga dejó de ser una práctica marginal que a duras penas sobrevivía en el subsuelo de la sociedad hindú y dio el salto al mundo. Indudablemente, el encuentro de David Williams con Pattabhi Jois supuso una de las grandes epifanías en la Historia del yoga, cuyas repercusiones sacudirían las cuatro esquinas del globo tal que las ondas de un terremoto.


David Williams hace cuarenta años.  ¡No intentes esto en casa!

A menudo comienzan a asistir a nuestras clases personas que no habían practicado nunca Ashtanga Yoga pero sí otros estilos.  Por defecto y pese a su experiencia previa les enseñamos en sesiones estilo Mysore desde cero, como si nunca hubiesen hecho yoga en absoluto.  En algunos casos, en cambio, por lo rápido que entienden los fundamentos de la respiración libre con sonido propia de Ashtanga Yoga o por la manera en que se desenvuelven en los primeros vinyasas del saludo al sol A de Ashtanga Yoga, en seguida nos damos cuenta de que en realidad sí habían aprendido algunos elementos del método de Krishnamacharya divulgado por Pattabhi Jois.

"Bueno, pero esto es el saludo al sol de toda la vida", nos dicen, como si los nueve vinyasas del saludo al sol A y los diecisiete del saludo al sol B del método de Krishnamacharya se hubieran practicado en la India de forma ubicua desde tiempos inmemoriales y que, por lo tanto, Krishnamacharya y Pattabhi Jois no habían hecho sino "recoger" algo que ya existía previamente en muchos otros lugares.  La realidad es que no, solemos explicar para desconcierto de muchos.  En la actualidad, los practicantes de hatha yoga que comienzan sus sesiones de asanas con saludos al sol tienen dos únicos orígenes: el saludo al sol de la escuela Shivananda popularizada por Vishnudevananda y los saludos al sol de Krishnamacharya popularizados por Pattabhi Jois.  Todos los saludos al sol que conozco, y si algún lector de este artículo tiene información al respecto que contradiga esta afirmación le agradecería me la hiciera llegar, pertenezcan al estilo que pertenezcan, son réplicas exactas o variantes de alguno de esos dos. 

En efecto, debes saber que ese saludo al sol o Surya Namaskar que se enseña en tu gimnasio, o que tu profesora de yoga dinámico, power, integral, hatha, vinyasa, flow o lo que sea te ha enseñado de forma casi idéntica a lo que hace esa gente "rarita" de Ashtanga Yoga, durante veinte años a partir de la década de 1920 lo estuvo enseñando de forma exclusiva y en ningún otro lugar de la Tierra un señor llamado Tirumalai Krishnamacharya en su Yoga Shala junto al Palacio de Mysore y a partir de 1948 lo seguiría enseñando su discípulo aventajado Sri Krishna Pattabhi Jois en una habitación de su pequeña casita de Lakshmipuram con capacidad para ocho personas. 

Guruji con su esposa Amma y su hija Sharaswathi en los tiempos de Lakshmipuram.

Algunas personas afirman que el bueno de Krishnamacharya se inventó esas secuencias de movimientos ligados tomando como inspiración los entrenamientos de los luchadores tradicionales indios que tan populares debían ser por aquel entonces.  En cambio, Krishnamacharya y Pattabhi Jois sostendrían que los saludos al sol junto con el resto del sistema de asanas sostenido por la sincronización con la respiración o vinyasa, una serie de contracciones musculares o bandhas y los puntos de enfoque con la mirada o dristhis pertenecían a un antiguo sistema de yoga descrito en el misterioso Yoga Korunta que Krishnamacharya había aprendido de su no menos misterioso gurú Ramamohan Brahmachary.

Fuera cual fuera su origen, lo cierto es que a partir de la década de 1970 los saludos al sol y el resto del método que enseñaba Pattabhi Jois dieron el salto al mundo.  Resulta sobrecogedor, casi mágico, que una práctica que durante décadas había permanecido recluida entre las cuatro paredes de una habitación se haya difundido por todas las esquinas del globo desde Singapur hasta Los Ángeles y haya dado tanto que hablar como para que, por ejemplo, un señor de Bilbao en el año 2019 esté escribiendo acerca de ello desde su casa.  

El Ashtanga Yoga de Pattabhi Jois no se limitaría a saltar fronteras, sino que con el paso de las décadas fue impregnando la enseñanza de yoga en general y dejando su impronta en muchos otros estilos.  Llamémoslo "evoluciones", "escisiones", "desviaciones" o simplemente "inspiraciones", pero al igual que sucede con linajes como el de Shivananda o el del otro gran discípulo de Krishnamacharya BKS Iyengar, lo cierto es que hoy día es posible encontrar la influencia de Pattabhi Jois en multitud de prácticas de yoga que no aparentan estar para nada relacionadas con el Ashtanga Yoga original.  Y a menudo sin que ni siquiera lo sepan sus propios practicantes y profesores...

Esa divulgación empezó de casualidad.  En 1964 un belga llamado Andre Van Lysebeth estudió con Pattabhi Jois durante algunos meses y dejó constancia de ello en un libro que se publicaría en Occidente en 1968 bajo el título Aprendo Yoga.  Gracias a este autor belga por primera vez se puso el foco sobre el Ashtanga Yoga de Guruji, pero no sería hasta 1972 cuando se produjo la verdadera eclosión.

David Williams y Manju Jois en la actualidad

Tres veinteañeros, los norteamericanos Nancy Gilgoff, David Williams y Norman Allen se encontraban aprendiendo yoga en un ashram de Pondicherry, en la costa sudoriental de la India.  Cierto día asistieron a una exhibición de asanas por parte de un joven que se encontraba de gira tratando de ganarse algunas rupias.  Quedaron maravillados ante lo que vieron y le interrogaron al joven acerca de dónde había aprendido aquello.  Se trataba de Manju, el hijo de Pattabhi Jois.  El resto es Historia.

Si quieres conocerla de primera mano, Ashtanga Yoga Bilbao te brinda una gran oportunidad el próximo mes de abril desde el jueves 4 y hasta el domingo 7.  David Williams estudió con Pattabhi Jois durante siete años intensos: entre 1973 y 1979, durante los cuales trató de pasar en Mysore el mayor tiempo posible, ávido de aprender.  Conoció la práctica de Ashtanga Yoga en una época alejada de masificaciones, dentro de un ambiente muy íntimo, casi como un miembro más de la familia Jois.  Y desde entonces ha dedicado su vida por entero a la enseñanza del método de Ashtanga Yoga.

En su taller, David Williams transmitirá sin distorsiones lo que aprendió en aquellos años arcaicos.  Algunas de las cosas que aprenderás serán reveladoras y responderán a preguntas que quizás nunca te habías planteado pero que siempre habían estado ahí, otras directamente te sorprenderán hasta dejarte atónito.  La práctica de Ashtanga Yoga ha permanecido esencialmente idéntica a lo largo de las décadas, pero David te mostrará matices que se han perdido en el camino y hará que viajes, como en una máquina del tiempo, cuarenta años atrás hasta esa casita en Lakshmipuram.

A modo de aperitivo, a continuación reproduciremos una carta que nos ha hecho llegar David dirigida a todas las personas que asistan a su taller con algunos consejos.  La hemos traducido al castellano, aunque si quieres leer el original en inglés lo encontrarás inmediatamente debajo.

Y en el caso de que desees más información acerca de su taller, aquí te dejamos un enlace a nuestra página web con todo lujo de detalles.  Si quieres reservar una plaza, escríbenos a info@ashtangayogabilbao.com o llámanos al 696123011 (también Whatsapp).



Carta abierta a los estudiantes de yoga.

¡Saludos desde Maui!

Cuando enseño Yoga siempre me vienen a la cabeza algunos grandes conceptos acerca de cómo se enseña y se practica Ashtanga Yoga que, en base a mi estudio, observación e ininterrumpida práctica personal, creo importante compartir en mis clases.

En primer lugar, y por encima de todo, espero que de mí puedas aprender que en tu práctica, "Si duele, lo estás haciendo mal."  A lo largo de los años, he observado que demasiadas personas se están haciendo daño a sí mismas y haciendo daño a otras.  La práctica de Yoga puede ser (y debería ser) una experiencia placentera desde el principio hasta el final.  Lo importante es el mula bandha y la respiración profunda.  Con la práctica diaria, es inevitable que uno se acabe volviendo más flexible.

A partir de mi propia práctica y observación, aprendí que ir más allá de tus actuales límites para entrar en una postura podía desembocar en lesiones, lo cual tiene como consecuencia que se necesita un tiempo para curar la lesión antes de retomar la práctica.  Toda esta secuencia de eventos no sólo resulta desagradable, sino que además es contraria a mi creencia en que a través de una práctica diaria lenta y constante se puede aumentar la flexibilidad, al generar un calor interno propio con el que relajarse en las posturas en vez de verse forzado a llegar hasta ellas.  He observado que este método más lento y constante resulta más saludable y al mismo tiempo permite que se desarrolle una mayor flexibilidad de una naturaleza más duradera que la que se obtiene mediante la fuerza bruta.  Desgraciadamente, tal y como muchas personas han descubierto, ir más allá de los límites a menudo conduce a la suspensión o limitación de la actividad durante el inevitable periodo de recuperación.  Este ciclo lleva a desagradables asociaciones con la práctica de Yoga en vez de a las agradables experiencias que me esfuerzo en inculcar y que siento son necesarias para que la práctica se pueda mantener durante toda la vida.

En mi taller, quiero mostraros a cada uno de vosotros cómo podéis hacer que las series de Ashtanga Yoga se conviertan en una práctica para toda la vida con una experiencia completamente placentera.

Sospecho que cuando por primera vez viste la práctica, te dijiste, "Si hiciera esto, ¡sería genial para mí!"  Así que ahí estás tú -- has observado la práctica y deseas continuarla.  La clave reside en ser capaz de mantenerte practicando Yoga durante el resto de tu vida.  Durante más de cuarenta y cinco años observando a miles de personas practicar Yoga, me he dado cuenta de que aquellos que persisten son los que han conseguido averiguar cómo disfrutarla.  Aguardan con ilusión su práctica diaria y nada puede evitar que encuentren tiempo para hacerla.  Se convierte en uno de los momentos más agradables de su día.  Los demás, conscientemente, subconscientemente o inconscientemente, abandonan la práctica.  Mi gran objetivo es hacer todo lo posible para inspirarte a establecer tu práctica de Yoga, no sólo durante los pocos días que estemos juntos, sino durante el resto de tu vida.

En segundo lugar, espero poder compartir contigo mi creencia en que el objetivo primordial del Yoga no es incrementar la flexibilidad y la fuerza.  El aumento de la flexibilidad y de la fuerza son simplemente el resultado natural y el beneficio de una práctica diaria.  Aunque la flexibilidad y la fuerza sean beneficios del Yoga importantes y notorios, yo creo que los objetivos de la práctica de Yoga son la auto-realización y ser capaz de mantenerse en equilibrio y con salud cada día.  La salud es tu mayor riqueza.  El DNA del cuerpo sabe cómo curarse; todo lo que necesita es la energía.  Las prácticas de Yoga energizantes, rejuvenecedoras, pueden ser la fuente de esta energía.

Por último, espero que entiendas que mi taller es para todas las personas y todos los niveles.  De vez en cuando me preguntan qué hace que alguien sea "bueno en Yoga."  Rápidamente respondo que el mejor Yogui no es quien es más flexible, sino quien es capaz de mantener su atención en aquello que está haciendo, quien hace con mayor intensidad el mula bandha y quien respira más profundamente.  Ha sido con la mayor de las tristezas que he observado a gente "compitiendo con su práctica de Yoga."  También he observado a muchos otros desanimarse en su práctica porque perciben esta competición y les preocupa que jamás serán capaz de hacer su práctica con la flexibilidad y habilidad de otros que se encuentran más avanzados en las series.  Mi objetivo es transmitir la idea que el más grande Yogui es aquel que disfruta más su práctica de Yoga, no el que puede conseguir la postura más retorcida.  Estoy convencido, y espero ser capaz de transmitírtelo, que en tu práctica de meditación en movimiento lo importante es invisible al observador y está dentro de cada uno de vosotros.

Creo en el Yoga.  Creo que cualquiera que tenga el deseo puede practicar Ashtanga, quizás con modificaciones personalizadas, de una manera que le proporcione placer, bienestar.  Durante años he dicho: "Si alguien me dijera, 'Tienes quince minutos, una hora, etcétera, para hacer algo bueno por ti.  Puedes usar mancuernas, una bicicleta o lo que sea,' empezaría con los Saludos al Sol de Ashtanga Yoga y la Primera Serie."  Si alguien puede enseñarme algo mejor, estoy dispuesto a aprenderlo.  A lo largo de más de cuarenta y cinco años de búsqueda he estudiado cinco o seis sistemas de Yoga.  Para mí, no existe un programa de fitness físico, mental y emocional mejor que el sistema de Ashtanga Yoga.  Espero que sientas lo mismo durante los días que pasemos juntos.

Espero con ilusión que llegue el momento de compartir mi práctica y experiencia contigo.

Tuyo en Yoga,
David Williams.


Workshop with David Williams at Ashtanga Yoga Bilbao from the 4th to the 7th of April.  Click here for more details and reservations. (Switch to English language at the top right).  You may also get in touch via email (info@ashtangayogabilbao.com) or phone (+34 696123011 - also Whatsapp).

An open letter to Yoga students.  

Greetings and Salutations from Maui! 

When I teach Yoga, I am always reminded that there are some major concepts about how Ashtanga Yoga is taught and practiced, based on my personal study, observation, and uninterrupted practice, that I feel are important to share with my classes. 

First, and foremost, I hope you can learn from me that in your practice, "If it hurts, you are doing it wrong." Through the years, I have observed that too many people are hurting themselves and hurting others. Yoga practice can be (and should be) pleasant from the beginning to the end. What is important is the mula bandha and deep breathing. With daily practice, it is inevitable that one will become more flexible. 

From my own practice and observation, I learned that pushing your current limitations to get into a position could result in injury, which results in one needing to rest the injury to recover so they can resume their practice. This entire sequence of events is not only unpleasant, it is contrary to my belief that through slow, steady, daily practice one can achieve greater flexibility by generating one's own internal heat to relax into positions, rather than being forced into a position. I have observed this slower, steadier method is not only healthier, but it allows one to develop greater flexibility of a more lasting nature, than the kind that is forced. Unfortunately, as many have found, pushing one's current limitations can result in having to severely curtail or limit activity during recovery. This cycle can lead to unpleasant associations with one's Yoga practice, rather than the pleasant experiences I work to instill, and that I feel are necessary for a lifelong practice.

In my workshop, I want to show each of you how you can do the Ashtanga Yoga series in a lifelong practice that is a completely pleasant experience. 

I suspect that when you first saw the practice, you said to yourself, "If I did this, it would be great for me!" So, here you are--you have observed the practice, and you want to continue it. The key is being able to continue practicing Yoga for the rest of your life. From over 45 years of observing thousands of people practicing Yoga, I realize that those who continue are the ones who are able to figure out how to make it enjoyable. They look forward to their daily practice and nothing can keep them from finding the time to do it. It becomes one of the most pleasant parts of their day. The others, consciously, subconsciously, or unconsciously, quit practicing. It is my goal to do everything I can to inspire you to establish your Yoga practice, not just for the few days we are together, but for the rest of your life. 

Secondly, I hope to share with you my belief that the ultimate goal of Yoga is not to increase flexibility and strength. Increased flexibility and strength are simply the natural results and benefits of daily practice. While additional flexibility and strength are important and apparent benefits of Yoga, I believe the goals of Yoga practice are self-realization and keeping oneself balanced and healthy on a daily basis. Health is your greatest wealth. The body's DNA knows how to heal itself; all it needs is the energy. The energizing, rejuvenating Yoga practices can be the source of this energy. 

Lastly, I hope you will find that my workshop is for everyone at all levels. Occasionally I asked if someone is "good at Yoga." I quickly respond that the best Yogi is not the one who is most flexible, but the one who is the most focused on what he or she is doing, the one most intensely doing the mula bandha and deep breathing. It is with some sadness that I have observed people "competing with their Yoga practice." I have also observed others who are discouraged in their practice because they feel this competition and worry that they will never be able to do their practice with the flexibility and skill of others more advanced in the series. My goal is to convey the idea that the greatest Yogi is the one who enjoys his or her Yoga practice the most, not the one who can achieve the ultimate pretzel position. It is my belief, which I hope to convey to you, that in your practice of this moving meditation, what is important, is what is invisible to the observer, what is within each of you. 

I believe in the Yoga. I believe that anyone who has the desire can do the Ashtanga practice, perhaps with personal modifications, in a way that is pleasant. For years, I have said, "If someone said to me, 'You have 15 minutes, one hour, etc., do something good for yourself. You can use barbells, bicycles, or whatever,' I would start doing the Ashtanga Yoga Salutations to the Sun and Primary Series." If someone can show me something better, I am ready to learn it. In my more than 45 years of searching, I have learned five or six systems of Yoga practice. For myself, I have not found a better physical, mental, and emotional fitness program than the Ashtanga Yoga system. I hope you will feel the same after our days together. 

I look forward to sharing my practice and experience with you. 

Yours in Yoga, 
David Williams.