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jueves, 28 de septiembre de 2023

Luke Jordan: Asanas con contenido.


Descubrimos a Luke Jordan hace muy poco.  Corrían los primeros días del mes de enero del 2022, cuando de pronto Nines me pasó una publicación de la recién estrenada cuenta de Instagram de Anna Costanza en la que se anunciaba un workshop de seis días con un tal Luke Jordan con práctica estilo Mysore y canto védico.  Mi primera reacción fue de rechazo: "¿Quién es ése?"  Yo ya estaba haciendo clases online con Lucía Andrade, profesora certificada por el KPJAYI/SYC de Mysore, con quien habíamos hecho dos workshops presenciales en Madrid en los que me había enseñado el final de la serie intermedia y el comienzo de la tercera, y daba por hecho que ese tal Luke sería un profesor random de los muchos que se pasean por el mundo impartiendo workshops, por lo que no me llamó especialmente la atención, ni siquiera por que una parte sustancial del suyo consistiera en el canto de mantras, una agradable rareza en esta clase de eventos que suelen complementarse con sesiones de ejercicios de apertura de cadera, backbending o jump-backs que, la verdad sea dicha, me interesan más bien poco.

Sin embargo, una rápida búsqueda en Google me hizo descubrir, en primer lugar y para mi sorpresa, que Luke Jordan era uno de los escasos profesores certificados por el KPJAYI/SYC de Mysore y que estaba afincado en la localidad portuguesa de Colares.  ¿Cómo podía ser eso?  Entre España y Portugal hay alrededor de 50 profesores autorizados; en toda Europa más de 300.  De esos 300, sólo hay 11 certificados; el resto son autorizados nivel 1 ó 2 tal que Nines o yo.  Lucía Andrade se había mudado en tiempos recientes a Ibiza y Tomás Zorzo está, a todos los efectos, retirado del Ashtanga Yoga tradicional. ¿Cómo podía ser que no me hubiera enterado que en la Península Ibérica había un segundo profesor, aparte de Lucía, certificado y en activo?

Bueno, pues me acababa de enterar.  Luke Jordan, originario de Irlanda del Norte, se había mudado al sur de Europa y en abril del 2022 tendría ocasión de conocerlo.  


Ayudando en Supta vajrasana.

No investigué ni leí nada más acerca de él.  Simplemente esperaba vivir la experiencia y suponía que sería enriquecedora.  La práctica de Ashtanga Yoga, dicen muchos que no la conocen o la conocen superficialmente, es siempre igual, por lo que en realidad tiene poco sentido ir con un profesor o con otro: harás lo mismo y te harán lo mismo, como si todos, profesores y practicantes de Ashtanga Yoga, estuvieran sacados de una línea de producción en cadena.  Esta noción no puede estar más errada.  Por mucho que hayamos aprendido de la fuente de Ashtanga Yoga en Mysore y que tengamos como referencia a Sharath Jois y su abuelo, lo que transmitimos está siempre "coloreado" de nuestra interpretación subjetiva, de nuestra forma de ser particular, de nuestro recorrido personal y de nuestras influencias.  Incluso en Ashtanga Yoga Bilbao, donde Nines y yo hemos tenido recorridos muy similares con muchos años al lado de Borja, varios viajes a Mysore y un buen saco de workshops con los mismos profesores, enseñamos de maneras distintas.  Nuestra atención al detalle no es la misma, la manera de expresarnos, de corregir y ayudar verbalmente o manualmente no es para nada idéntica.  De hecho, frecuentemente discrepamos en ciertas cuestiones, y a veces nadie diría que en realidad tenemos los mismos orígenes.  A decir verdad, la práctica de Ashtanga Yoga, sus practicantes y sus profesores son como un caleidoscopio: uno mira siempre a través del mismo agujero, los cristales de colores son siempre los mismos pero, cada vez que se gira, se observa algo diferente.  Por eso resulta interesante entrar en contacto con otros profesores, para enriquecer tu propia experiencia al impregnarte de su experiencia.  En el caso de Luke Jordan intuía que, por el hecho de que hubiera conocido más de la práctica y durante más tiempo que nosotros mismos, cosa cada vez más difícil a medida que nos acercamos a las dos décadas de práctica, su perspectiva merecía ser conocida. 

Y no me equivoqué.  Nos alojamos en una pensión de Alcobendas durante toda la semana y caminamos  cada mañana hasta el chalé de Anna, en cuyo garaje nuestra amiga ha acondicionado una coqueta shala.  El evento había congregado a numerosos practicantes de Ashtanga Yoga de toda la geografía española; nos reencontramos con viejas caras conocidas y había también una nutrida representación extranjera.  Por lo visto, debíamos de ser de los últimos pardillos en enterarnos de que Luke andaba moviéndose por estas latitudes.  

Luke en plena faena.

La shala estaba atestada.  El ambiente recordaba a la main shala de Gokulam en Mysore: mucho calor,  poca ventilación y escasa distancia entre esterillas; veintitantas personas en diferentes momentos de su práctica (el final de un turno coincidía con el comienzo del siguiente) se agolpaban en una habitación habilitada para una docena a lo sumo.  A Luke, no obstante, la situación para nada se le hacía grande  y su presencia llenaba toda la estancia, aunque no al estilo de Peter Sanson, que durante la clase no para de reír, regañar, animar, gruñir, hacer bromas...  En cambio, Luke se movía en silencio de un lado a otro, dejando caer un goteo continuo de correcciones, pistas y ajustes.  El primer día y el último hicimos todos únicamente primera serie.  Recuerdo que el primer día me ajustó en numerosos asanas de la primera serie en las que nadie me había tocado en años.  Me sentí enderezado, aunque a día de hoy no he sido capaz de replicar sus correcciones en mi práctica personal, lo que me ha animado y me sigue animando a repetir con él.  Sus manos eran seguras, sin titubeos, y en las posturas de segunda y tercera serie mantenía el alto nivel de seguridad y confianza.  En mi práctica personal no necesito grandes ayudas salvo en el obvio supta vajrasana y en vrchkasana (el escorpión), pero él me ajustó además con genialidad en ardha matsyendrasana, dwi pada sirsasana y kasyapasana.  Como guinda, durante esos días me enseñó además las siguientes dos posturas de la tercera serie: skandasana y durvasasana, esta última harto difícil pero que con su ayuda pareció fácil.  Harina de otro costal fue cuando regresé a casa y tuve que afrontarla en solitario, aunque por suerte ahí estaba Lucía Andrade con sus clases online y Nines en el día a día con su intuición y a día de hoy puedo alegrarme de no haber sufrido incidentes y ya puedo hacerla con relativa seguridad.

Para los practicantes con muchos años de experiencia en esta tradición de yoga a los que hay pocas personas que nos puedan aportar algo, es una verdadera suerte tener cerca a un profesor como Luke Jordan, cuyo repertorio le permite cubrir a un espectro de estudiantes tan amplio, desde aquellos enredados en las habituales trabas de las series primera y segunda hasta los que lidian con los desafíos de la tercera y cuarta.  El entorno totalmente "exótico" de Luke, además, aporta un enfoque completamente diferente.  A Nines y a mí nos ha hecho ajustes y nos ha dado pistas que nadie más nos había dicho y hasta el día de hoy reflexionamos acerca de cosas que Luke nos dijo o hizo en el corto lapso de tiempo que hemos compartido con él.  


Fernando, Anna, Luke y Nines en Alcobendas.

Después de la gran experiencia de Madrid, en el mes de agosto de ese mismo año 2022 repetimos y nos fuimos a Colares, donde Luke dirige su Ashtanga Yoga Summer School dentro de un complejo de vacaciones en la costa de Cascais, con tres meses de práctica y chanting con el mismo formato del workshop de Madrid y al que cualquier practicante de Ashtanga Yoga se puede apuntar por una o varias semanas a un precio muy asequible.  La experiencia fue igualmente intensa e interesante y de nuevo nos reunimos un variopinto conjunto de ashtanguis de diversas procedencias, incluida gente que sólo hemos conocido en Mysore, algunos viejos compañeros de Ashtanga Yoga Madrid, practicantes con los que hemos entablado cierta amistad después de haber coincidido en varios eventos de yoga (Lucía Andrade, Peter Sanson, Mysore, Conil, etc.), y un abundante número de extranjeros que le llevan siguiendo a Luke desde hace tiempo.  Una alumna nuestra de Ashtanga Yoga Bilbao también se apuntó a la Summer School y conoció a Luke unas semanas después, e incluso cuando meses después viajamos a Mysore, conocimos a una chica filipina llamada Jenny que vive en Bruselas, a la que le encanta Luke Jordan y que ha estado varios veranos en la Summer School de Colares, incluido ese mismo.  No es de extrañar que su Ashtanga Yoga Summer School se esté convirtiendo en un referente para la comunidad europea de Ashtanga Yoga, y si de algo nos arrepentimos es de no haberla conocido antes.  Trinidad, una vieja amiga de Madrid, coincidió con nosotros en Colares y nos contó que descubrió a Luke Jordan y su escuela en Colares hace unos años y desde entonces no ha faltado un verano.  Al principio iban muy pocas personas, para su sorpresa, pero a medida que la gente fue conociendo a Luke, tal que nosotros, su escuela de verano se ha erigido en un excelente lugar de encuentro para ashtanguis en vacaciones.

No tengo muy clara la biografía de Luke, pero he obtenido algunas nociones gracias a una entrevista que le hicieron en Ashtanga Parampara, una página web en la que se han publicado numerosas entrevistas a profesores de Ashtanga Yoga, y en la que el propio Luke cuenta que, mientras estaba en la universidad, y poco después de conocer la práctica de Ashtanga Yoga, se mudó desde Edimburgo a Londres con el único objetivo de practicar con el famoso (aunque alejado de todo famoseo) Hamish Hendry, por aquel entonces el único profesor autorizado del Reino Unido.  Como Luke cuenta, "vivía para [la práctica de] las 6 de la mañana,  El resto del día sentía que llevaba una vida clandestina.  Era un yogui disfrazado."  Un año después, Hamish le sugirió ir a Mysore, y tras conocer al mismo Pattabhi Jois en un tour europeo con una parada precisamente en Londres, Luke cumplió su viejo sueño de viajar a Mysore.  Luke cuenta en la misma entrevista que cuando conoció a Pattabhi Jois estaba aún en la shala original de Lakshmipuram y que contaba con 87 años, de lo que se deduce, teniendo en cuenta que Guruji falleció en el 2009 a los 94 años de edad, que se trataba del año 2002.  Por lo tanto, Luke comenzó la práctica alrededor del año 2000 cuando contaba con algo más de veinte años, así que ahora debe andar en torno a los 45 y, entre sus principales influencias caben destacar a Hamish Hendry y a Pattabhi y Sharath Jois.

Luke Jordan y un retrato de Pattabhi Jois.

Podcast con Luke Jordan en el canal Keen on Yoga.

Tengo la sensación de que no se puede entender a Luke Jordan sin entender a Hamish Hendry.  Hamish, cuya cuenta de Instagram es privada y apenas cuenta con un millar de seguidores, seguramente no sea tan famoso como aquellas estrellas de las redes sociales a los que siguen cientos de miles o millones, pero no cabe duda de que es ampliamente conocido, y yo diría que admirado, en los círculos de Ashtanga Yoga.  Los motivos son varios: en primer lugar, por haber sido el pionero de Ashtanga Yoga en el Reino Unido, claro está, pero también por su seriedad, por estar alejado del postureo y, sobre todo, por su profundidad intelectual.  De hecho, se sabe que Hamish cuenta con una titulación universitaria (no sé si doctorado) en religión o filosofía hinduista, además de ser el editor de la revista de yoga Pushpam con un contenido muy interesante.  Una de sus publicaciones, el librito Yoga Dharma, la hemos vendido traducida al castellano en Ashtanga Yoga Bilbao hasta que se agotaron las existencias, y además Nines y yo tuvimos ocasión de conocer a Hamish en un workshop de fin de semana que impartió en septiembre del 2019 en la shala de nuestra amiga Alexia.  

Pues bien, Luke Jordan tiene mucho de Hamish.  Y mucho de lo bueno.  Es tan poco mediático como él y tan comprometido con la práctica y la enseñanza como él y, al igual que Hamish, la profundidad mental de Luke resulta apabullante, cosa que cualquiera puede comprobar al asistir a una sola de sus sesiones de canto védico empapada de vastos conocimientos en sánscrito y filosofía.  Como relata en la entrevista de Ashtanga Parampara, Luke tuvo una crisis existencial durante la adolescencia que le condujo a plantearse el sentido de la vida, a la lectura de textos filosóficos y a una búsqueda errática en pos de la verdad.  En sus años de universidad sufrió un grave episodio mental que lo mantuvo hospitalizado durante una temporada pero tras el cual, todo cambió.  En sus propias palabras: "Algo de mi yo antiguo había muerto y algo distinto había nacido.  Al regresar a la universidad comencé a estudiar religiones tanto académicamente como en mi tiempo libre.  Me sorprendieron especialmente el taoísmo y comencé a estudiar hinduismo.  De alguna manera, me daba la impresión de que estas filosofías tenían sentido."  A continuación, Luke probó numerosas disciplinas de investigación personal (meditación, reiki, feng shui, I ching, Chi Kung,...) hasta que finalmente acabó en los brazos de Ashtanga Yoga, iniciando así un largo sendero de compromiso que lo llevó, por un lado, a convertirse en uno de los pocos profesores del mundo certificados para enseñar hasta la tercera serie de Ashtanga Yoga y, por el otro, a graduarse en un Máster en Religiones Indias.        

Luke durante una sesión de canto védico.


40 segundos de chanting con Luke Jordan.  Vídeo procedente de la página de Facebook de Ashtanga Yoga Canarias.

Una parte importante de los talleres de Luke la constituye las sesiones de canto védico que tienen lugar tras la práctica de asanas.  Son un verdadero espectáculo.  Recita como un indio, con una pronunciación que llama mucho la atención y que él, confiesa, ha tratado de llevar hasta la perfección casi obsesivamente.  Las sesiones de canto védico son salpicadas con reflexiones filosóficas, explicaciones de los mantras recitados, algunos tintes de buen humor y sarcasmo, y también con cuentos de naturaleza espiritual cuya narración siempre comienza con el típico "Once upon a time... (Érase una vez...)".  A él mismo le gusta describirse como "escritor, cuenta-cuentos, cantador védico, sancritista y apasionado estudiante de la cultura yóguica y espiritual".  A veces deja caer retazos de su vida privada entre los que le he escuchado hablar de su profesor de sánscrito y chanting, un académico indio afincado en Mysore con el que toma clases online cuando no está en India y cuyo nombre prefiere no desvelar porque no desea tener más estudiantes.  Si la memoria no me falla, Luke lleva la friolera de veinte años estudiando sánscrito y no ha perdido un ápice de fascinación por ese complejo idioma del que dice, cada día aprende algo nuevo.  Siempre me llama poderosamente la atención la manera en que pronuncia algunos mantras que me resultan más conocidos, como los que se recitan en Ashtanga Yoga, y no puedo evitar compararlos con la pronunciación de Lakshmisha, el profesor de chanting del Sharath Yoga Centre en Mysore.  No poseo los conocimientos suficientes como para hacer un juicio objetivo, pero no puedo evitar la sensación de que Luke Jordan, un norirlandés, recita en sánscrito más correctamente que el indio que Sharath ha escogido para enseñarnos.  Igual es simplemente, que Luke es mejor cantante.

Cartel del workshop de Luke Jordan en Ashtanga Yoga Bilbao diseñado por Nines Blázquez.

Si quieres comprobar todo esto por ti mismo y sin necesidad de desplazarte hasta Colares o hasta alguna de las ciudades donde Luke Jordan imparte sus talleres, Ashtanga Yoga Bilbao te ofrece la gran oportunidad de conocerlo en unas pocas semanas.  En efecto, desde el domingo 15 hasta el viernes 20 de octubre del 2023 tendremos la suerte de disfrutar en nuestra escuela de Bilbao de una semana completa de práctica de Ashtanga Yoga y canto védico con Luke Jordan.  Para nosotros es una gran suerte y un honor que un "peso pesado" como Luke haya aceptado nuestra invitación y que por primera vez se desplace hasta el País Vasco para compartir su pasión por el yoga y la espiritualidad durante seis días que tendrán mucho de ambos.  El formato del workshop en Bilbao será el mismo que arrastra cada verano a tantas personas de todo el mundo hasta Colares y estamos seguros de que va a resultar una experiencia inolvidable.  Ya hay bastantes personas apuntadas (más de veinte), pero hemos habilitado varios turnos y por el momento hay plazas disponibles.  ¡No te quedes sin la tuya!  Te esperamos.  Aquí tienes toda la información sobre el taller publicada en nuestra página web y a continuación te dejamos la información que el propio Luke nos ha pasado acerca de su workshop:

"El Encantamiento del Yoga: Mantra, Mito y Significado" 

Estos seis días entre el domingo 15 y el viernes 20 de octubre serán una inmersión experiencial en los mundos físicos y filosóficos de Ashtanga Yoga y sus amplias tradiciones culturales. La práctica de asanas diaria establecerá los cimientos para una exploración más allá a través del canto védico y una investigación más profunda hacia el significado de eso que llamamos "yoga".  

Cada día Luke llevará su presencia, su atención al detalle, su guía experta y su apoyo en tu viaje yóguico. Después de la sesión de asanas nos juntaremos en torno a la antigua tradición del canto védico y, con un especial énfasis en la pronunciación correcta, exploraremos las palabras sánscritas y los conceptos filosóficos hacia los que apuntan los cánticos, conectándonos con la vieja sabiduría y el potencial transformador de la tradición yóguica. Luke hará uso de sus conocimientos no sólo para entretener sino también para informar e inspirar.


domingo, 25 de agosto de 2019

Quinta temporada de Ashtanga Yoga Bilbao: Un espacio fácil.

¡Nueva temporada en Ashtanga Yoga Bilbao!

Durante la celebración en Oviedo del sesenta cumpleaños de nuestro querido Tomás Zorzo (Rama) el pasado mes de febrero tuvimos la suerte de escuchar una preciosa reflexión acerca del verdadero sentido del yoga que deseo compartir en el blog.  No grabé las palabras de Tomás y recurriré a mi memoria como única fuente; por lo tanto no se tratará de una transcripción literal y me tomaré las licencias que considere oportunas.

Tomás Zorzo comenzó su charla citando el famoso sutra 2.46 de Patanjali: sthira sukham asanam.  En un idioma tan polisémico como el sánscrito el abanico de traducciones e interpretaciones siempre es amplio, aunque en el caso de este sutra hay una traducción muy extendida que viene a decir tal que así: la postura (asanam) tiene que ser firme, fuerte, estable, resistente (sthira) y a la vez cómoda, fácil, relajada, sin esfuerzo (sukham).  

Se trata del único sutra en el que Patanjali cita de forma explícita el término asana y resulta sumamente interesante porque describe las cualidades que tendría que reunir una postura de yoga bien realizada mediante una aparente paradoja: la postura debe ejecutarse con esfuerzo pero sin esfuerzo, ha de ser fácil y al mismo tiempo difícil, tanto firme como relajada.  Todos los que practicamos asanas nos enfrentamos cotidianamente a la esencia de este sutra cuando tratamos de encontrar comodidad, amplitud y tranquilidad en las difíciles situaciones que nos plantean determinadas posturas.  Esto es especialmente cierto en el caso de los practicantes de Ashtanga Yoga tradicional que seis días a la semana invariablemente y sin posibilidad de escapatoria nos encontramos con una buena ristra de situaciones que nos desafían y en las que tenemos que tratar de negociar con esa dualidad, ese tira y afloja, ese sutil equilibrio entre esfuerzo y relajación al que se refiere Patanjali.

Sin embargo, no iré más allá en este tema porque en la reflexión del día de su cumpleaños Rama tampoco ahondó en el significado del sutra completo, sino que más bien se centró en la etimología de la palabra sukha. 

Tomás Zorzo en plena exposición.

Sukha (sukham es su declinación en acusativo singular) se divide en dos términos: su, que viene a significar agradable, bueno, fácil y kha, que indica lugar o espacio.  Sukha: espacio fácil, en contraposición a dukha: espacio difícil, un concepto central en las filosofías tanto hinduista como budista y que hace referencia al sufrimiento del ser humano causado por la ignorancia que resulta de la identificación con el vehículo corporal perecedero.

Tomás explicó que en el yoga todo se reduce a encontrar un espacio fácil.  Asimiló el ser humano a una habitación vacía, un espacio rodeado de paredes y un techo.  Mantener las paredes y el techo en buen estado es importante, por supuesto.  Si no lo hiciéramos, las paredes se cuartearían, el techo se desmoronaría y nuestra habitación sería un auténtico desastre en el que anidarían toda clase de alimañas en forma de enfermedad.  Por eso hacemos asanas.  Para obtener salud, para no tener que preocuparnos por nuestra supervivencia y poder centrar nuestra atención en lo que verdaderamente importa.

Porque lo importante de una habitación, claro está, no son sus paredes.  Lo importante es el contenido, lo que hay dentro.  Al principio, la habitación está vacía y el espacio es amplio.  Podemos movernos con comodidad y sin impedimentos y saltar, bailar.  Se trata de un espacio fácil.  Sin embargo, con el paso del tiempo nuestra habitación se va llenando de obstáculos en forma de samskaras, o experiencias que nos condicionan.  Pensad por ejemplo en un niño recién nacido para el que no existen prejuicios, cosas buenas ni malas.  El niño puede observar una cagada de perro en el suelo y recogerla.  Cuando se la lleve a la nariz y la huela, a la boca y la saboree, o aparezca alguno de sus padres y lo reprenda, entonces el niño aprenderá que eso es algo malo que no debe tocar.  A partir de ese momento en su habitación habrá un mueble: un espacio por el que ya sabe que no hay que pisar.  Y a medida que avance la vida iremos acumulando más y más muebles, cosas, personas o actos que nos gustan y que nos disgustan, que deseamos pero que desgraciadamente no llegan y que aborrecemos pero que por mucho que queramos evitar inexorablemente acaban llamando a nuestra puerta; en definitiva, que nos perturban y que convierten a nuestra habitación en un espacio cada vez más incómodo y difícil. 

Una vista general del público asistente a la celebración en Oviedo.

Rama hablaba en la shala de práctica de su centro de yoga en Oviedo en la que estábamos hacinadas como cien personas llegadas de todos los rincones de España para rendirle homenaje.  "Imaginaos", dijo, "que toda la gente que estáis aquí, escuchándome en silencio, de pronto os pusierais a gritar, a saltar, a pegar patadas.  Entonces habríais convertido un espacio tranquilo, relativamente fácil a pesar de todos los que estáis aquí, en un espacio incómodo, sumamente difícil."

Mediante esta hermosa analogía Tomás venía a decirnos que en realidad el yoga no va sólo de volvernos más fuertes, más flexibles y ser capaz de colocar los pies detrás de la cabeza, sino de encontrar comodidad en el interior, de convertir nuestra mente en un espacio tranquilo libre de conflictos, en armonía con nosotros mismos, con las demás personas con las que nos relacionamos y con nuestro entorno y que, en resumidas cuentas, nos permita llevar una vida más plena y feliz.  

Los yoguis de las leyendas se retiraban a la naturaleza renunciando a la posesión de bienes materiales y al contacto con la sociedad en una búsqueda de sí mismos.  Tal vez uno pudiera pensar que el camino del eremita constituye una eficaz manera de vaciar la habitación y de mantener a raya las luchas internas.  A los pies de una cascada, rodeado de flores y acariciado por el trinar de los pájaros, ¿quién no está en paz?  Sin embargo, alejarse de las fuentes de conflicto no es garantía de que el conflicto no vuelva a surgir cuando te enfrentes a ellas de nuevo.  Así, el hecho de que dejes en casa el móvil cuando te marchas de vacaciones no significa que no vuelvas a usarlo de forma compulsiva cuando esté de nuevo en tu mano; puede que incluso lo cojas todavía con más ganas.  También, alejarte durante una temporada de ese familiar que tanto detestas no evitará necesariamente que se desate una nueva trifulca cuando os reencontréis.  En realidad, el conflicto no se soluciona sorteando sus fuentes, sino modificando la manera en que te relacionas con ellas.  El trabajo, por lo tanto, hay que hacerlo desde dentro. 

Entrañable fotografía con Susana, Borja y sus hijos y Tomás y Camino.

Todo esto me ha venido a la cabeza cuando se ha acercado el momento de iniciar una nueva temporada en Ashtanga Yoga Bilbao: la quinta desde que abriéramos puertas el 21 de septiembre del año 2015 que tan lejano parece ya.

Me temo que lo he escrito numerosas veces, pero insistiré: la práctica de Ashtanga Yoga tiene el estigma de ser muy física, muy externa.  Las shalas de Ashtanga Yoga a veces parecen más bien escuelas de circo o de acrobacia y muchas personas se sienten atraídas o repelidas a partes iguales por ello.

No todo es lo que parece, y detrás de una práctica tan física como la de Ashtanga Yoga hay mucho más.  En este sistema de yoga, me atrevería a decir que tal vez como en ningún otro, se ofrecen los elementos necesarios para convertir una práctica aparentemente externa en una profunda experiencia de introspección:

La ejecución de una rutina que te has aprendido de memoria, la sincronización de cada movimiento con una inspiración o espiración largas, los puntos de enfoque a los que llevar tu mirada, las contracciones y relajaciones conscientes a efectuar en distintas partes de tu musculatura, la atención que has de prestar cada segundo a cada cosa que está sucediendo en ese preciso momento desde tu piel hacia dentro; el respeto que has de tener hacia tus límites y tu situación de ese día, pidiendo permiso en cada postura, no exigiendo ni forzando; la gestión de energía que tienes que llevar a cabo para no llegar agotado a las partes de mayor exigencia de tu práctica; el hecho de que sea el profesor y no tu ambición quien decida cuándo progresas para que tu práctica madure de forma honesta en base a tu realidad particular, tus circunstancias, tu compromiso y tu dedicación; aprender a sentirte satisfecho y agradecido por haber hecho tu práctica, simplemente por haberla hecho y con independencia de la forma externa de tus figuras o de lo que haya podido hacer el vecino...

Quinta temporada en Ashtanga Yoga Bilbao.

El párrafo anterior se podía haber resumido en sólo dos palabras: ashtanga yoga: el yoga de los ocho pasos de Patanjali, todos los cuales están recogidos, de manera directa o indirecta, en los puntos citados.  La frustración, la ira, el miedo, la impaciencia, la envidia, la ambición, la distracción, la pereza, la noción equivocada de que esto no es para ti porque ya eres demasiado mayor o quizás demasiado joven o poco flexible o muy débil, la vanidad por que has conseguido tal cosa y la decepción porque no tienes otra, la sensación de que el profesor te tiene manía y no te quiere enseñar y sin embargo al otro sí; de que hace mucho tiempo que estás atascado en lo mismo y que nunca lograrás hacerlo; que antes podías hacer tal cosa y ahora que te has torcido un tobillo o has ganado unos kilos ya no... Son cosas que tienen que surgir, que surgirán y sobre las que tendrás que trabajar.  ¿Acaso no te encuentras con todo eso también en la vida?  A las clases de Ashtanga Yoga siempre puedes dejar de ir, pero de lo que seguro no podrás escapar será de que sigas reproduciendo esos mismos patrones fuera de la shala.  Y dime, ¿cómo esperas solucionarlo?  Pues fíjate: sobre la esterilla, cada día, tienes una oportunidad.

Esto es lo que enseñamos en Ashtanga Yoga Bilbao.  Dentro del paquete va incluido lo de los lotos, las extensiones de espalda, los equilibrios sobre brazos y los pies detrás de la cabeza, sí, pero créeme, si tu aspiración es apuntarte para ver cuántas posturas eres capaz de acumular, aprender a hacer el pino puente o porque quieres conseguir un cuerpo diez para el próximo verano, te vaticino ya lo que va a pasar: que no llegarás a navidades porque te cansarás al cabo de más bien poco y preferirás apuntarte a esas clases de yoga con música tan divertidas del gimnasio o similar donde no se te plantea ninguna clase de conflicto y simplemente te obsequian con una entretenida coreografía de asanas.  Ashtanga Yoga es para todo el mundo, pero a menudo no es lo que la gente espera, y mucho menos la gente occidental con toda esa educación competitiva y basada en conseguir más y más que se nos ha inculcado desde pequeños.

Así que para todo esto comienza una nueva temporada este lunes 26 de agosto del 2019 en Ashtanga Yoga Bilbao.  Son todavía fechas de vacaciones y me figuro que iréis regresando a cuentagotas.  De hecho todavía mantendremos los horarios de verano durante todas esta semana; a partir del lunes 2 de septiembre regresarán los horarios habituales con clases de lunes a sábado por la mañana, mediodía y tarde.

Estamos preparando varios eventos especiales para esta nueva temporada que anunciaremos próximamente y que tendrán lugar a partir del mes de enero.  Por el momento simplemente tenemos confirmado un nuevo curso de iniciación el fin de semana del 28/29 de septiembre.

Durante las últimas semanas antes del parón veraniego os anunciamos nuestra intención de volver a viajar a la India en este mes de diciembre.  Sin embargo, no tuvimos suerte a la hora de enviar la solicitud de la web de Sharath Jois, por lo que nos quedaremos aquí.  Ya escribiré acerca de ello con mayor profundidad en otra entrada.

¡Eso es todo!  Muchas gracias por haber leído hasta aquí.  Acudas o no a nuestras clases, ¡tú también formas parte de Ashtanga Yoga Bilbao!

domingo, 7 de julio de 2019

Ashtanga Wars: “La línea tradicional” versus “La vieja escuela”.


Durante los últimos meses se ha escrito largo y tendido en este blog acerca del método tradicional de enseñanza divulgado desde el KPJAYI de Mysore.  Por un lado se trató de aclarar la confusión entre el Ashtanga Yoga que enseñó Pattabhi Jois y otros estilos que tuvieron su origen en la misma práctica de Ashtanga Yoga, de la que tomaron algunos elementos y a la que incluso se asemejan de forma notable, pero que se distancian de sus principios fundamentales y con la que, por respeto a la genuinidad del método tradicional, no deberían de ser confundidos.

El método tradicional en sí ha sido discutido en varias entradas.  En primer lugar expusimos sus principales características utilizando como fuente la página web de Sharath Jois, anteriormente del KPJAYI (de www.kpjayi.org pasó a www.sharathjois.com).  Sharath ha modificado recientemente la web y esa información no está disponible en este momento y no sabemos si volverá a estarlo, así que su inclusión en el blog sin duda fue una ocurrencia muy oportuna.  Las entradas posteriores se han centrado en una investigación histórica en torno a los orígenes del método tradicional, analizando los cambios acaecidos durante las últimas ocho décadas de enseñanza de Pattabhi y su nieto Sharath Jois y desgranando el contenido del Yogasanagalu, un libro de Krishnamacharya inédito fuera de la India que fue escrito en 1941 y que tiende un claro puente entre la enseñanza de Pattabhi Jois y su gurú.  A estas dos entradas podría añadirse la que hace un tiempo se dedicó al Yoga Korunta, el misterioso texto medieval que Krishnamacharya aprendió de Ramamohan Brahmachari y en el que presuntamente se basó el método de Ashtanga Yoga, completando así un interesante mosaico informativo del método tradicional, su origen y su evolución.

El artículo que en estos momentos estás leyendo surge de la necesidad de explicar una situación un tanto compleja que a menudo se plantea dentro del sistema de Ashtanga Yoga: la diversidad de criterios entre profesores adscritos al mismo método tradicional.  ¿Cómo que diversidad?  ¿No se supone que todos los profesores y profesoras que han estado en Mysore han conocido el mismo método, bebido de la misma fuente, y que por tanto todos deberíamos comportarnos como clones, como réplicas exactas de Pattabhi y Sharath Jois capaces de reproducir palabra por palabra y gesto por gesto su manera de enseñar?

Esa clase de pregunta sólo se la puede plantear alguien que no ha practicado nunca Ashtanga Yoga, o que lo ha hecho durante muy poco tiempo y se ha conformado una opinión tremendamente sesgada basada en clichés: dado que la práctica de Ashtanga Yoga consta de secuencias cerradas de asanas que mantienen siempre el mismo orden y, puesto que para avanzar hasta la siguiente postura se espera que uno haya completado satisfactoriamente todo lo anterior, entonces los profesores tradicionales de Ashtanga Yoga nunca, y cuando digo nunca es nunca, dejarán a nadie avanzar más allá de marichyasana D a menos que consiga atarse sin ayuda y ni siquiera más allá de utthita hasta padangushtasana si no es capaz de mantenerse en equilibrio con la pierna estirada y su dedo gordo sujeto con la mano.


Peter Sanson junto a sus dos maestros: un jovencísimo Sharathji y Guruji.

La línea tradicional actual: un solo método, muchos profesores.

Cualquiera que haya practicado Ashtanga Yoga el tiempo suficiente sabe que no hay dos profesores iguales: Pattabhi Jois no era igual que Krishnamacharya, Sharath no es igual que Pattabhi y, por supuesto, Borja tampoco es igual que Sharath y ni Nines ni yo somos iguales que Borja; ni siquiera somos iguales entre nosotros dos.  Y sin embargo, todos formamos parte del mismo linaje: Pattabhi aprendió de Krishnamacharya, Sharath de Pattabhi, Borja de Pattabhi y Sharath y nosotros de Borja, en cuyo regazo transcurrió la mayor parte de nuestra vida yóguica.  Lo mismo se puede decir de otros tantos profesores y profesoras "tradicionales" que pueda haber en Tokyo, Buenos Aires o Barcelona: cada cual ha tenido un proceso de desarrollo único en el que han intervenido su carácter, su personalidad, sus circunstancias, la investigación que ha llevado a cabo como practicante, la influencia que en él han tenido sus profesores, las conclusiones a las que ha llegado a través de su propia experiencia enseñando, su habilidad, sus aptitudes, sus conocimientos, sus intuiciones...  contribuyendo todo ello a convertirlo, sí, en alguien que transmite el método tradicional de Ashtanga Yoga, pero que lo hace a su manera única e irrepetible.

¿La misma práctica pero profesores diversos?  Una rueda de molino difícil de tragar para quienes se hayan hecho a la idea de que esto de Ashtanga Yoga consiste en ejecutar secuencias de asanas en un orden establecido y bajo una serie de normas rígidas que convierten al profesor en poco más que un muñeco reemplazable, en una figura hasta cierto punto prescindible porque dará igual estar con uno que con otro.  Si fuera así, no tendría el menor sentido apuntarse a talleres o retiros con profesores distintos al tuyo que además cuestan un ojo de la cara y ni siquiera viajar a Mysore a conocer la fuente.  Si bien por un lado reconozco, tal y como suele destacar Sharathji, quien aprendió de Pattabhi Jois y de nadie más, la importancia de consolidar una relación de muchos años con un maestro en quien se confíe, también me resulta interesante el contacto con otros profesores para enriquecerse con diferentes puntos de vista.  Estoy de acuerdo en que el mejor maestro será la práctica diaria durante muchos años y que no habrá workshop ni teacher training que la sustituya, aunque al mismo tiempo que reconozco en Borja al maestro que me ha acompañado durante el grueso de mi singladura y quien más me ha influido, también reivindico el papel que han desempeñado en mi periplo personal maestros como Peter Sanson, Tomás Zorzo, Gabriella Pascolli, José Carballal y el propio Sharath Jois, a cuyos pies he practicado no pocas veces, quienes me han ofrecido valiosas aunque matizadas perspectivas del método tradicional de Ashtanga Yoga y sin los que, para bien o para mal, no sería el mismo.

La diversidad va un paso más allá cuando se toma en consideración la evolución histórica del método tradicional que ha sido expuesta en anteriores entradas.  No hay discusión posible: a lo largo de las décadas la práctica de Ashtanga Yoga que enseñó Pattabhi Jois experimentó cambios que alteraron el método de enseñanza en mayor o menor medida.  No hubo intromisiones por parte de terceras personas, sino que fue el propio Guruji y hasta Sharath quienes se encargaron de hacerlas en un proceso de adaptación a la realidad de los nuevos tiempos dentro de lo que se denominó el Ashtanga Yoga Research Institute - AYRI (Instituto de Investigación de Ashtanga Yoga).  En los posts anteriores se han analizando los cambios cosméticos acaecidos en las secuencias de asanas, en el ordenamiento de las series, pero el asunto es todavía más complejo y atañe a los propios criterios de enseñanza, a lo que se espera inculcar en un estudiante y a las reglas o normas bajo las cuales una persona en concreto progresa a través de las series.

Tres profesores de la línea tradicional muy queridos por nosotros: Borja, Peter y José.  Retratados juntos en Ashtanga Yoga Madrid en mayo del 2018.

De nuevo, el interesantísimo libro Guruji: A Portrait of Sri K. Pattabhi Jois Through the Eyes of His Students (Guruji: Un retrato de Sri K. Pattabhi Jois a través de los ojos de sus estudiantes) de Eddie stern y Guy Donahaye supone una impagable referencia histórica, con entrevistas a personas que fueron testigos de la enseñanza de Guruji en diferentes periodos y cuyos valiosos testimonios retratan la evolución de su enseñanza a través de las décadas. Repasemos a continuación las palabras de varios estudiantes, algunos de ellos muy queridos por nosotros, que estuvieron con Pattabhi Jois a partir de mediados de 1980 y que giran en torno a la misma cuestión metodológica:

"Te ayudaba a ser paciente.  Practica, practica, practica.  Necesitas tiempo.  Esto es algo que algunos estudiantes sabían.  Pasaban allí mucho tiempo.  Necesitas tiempo para progresar a nivel físico y espiritual.  Como occidentales, nuestra relación con el tiempo es que lo queremos todo rápido.  Él decía; 'Mañana.  No, mañana.  Necesitas tiempo.'  Él quitaba esta ansiedad.  Te hacía enfrentarte a ella.  Esto forma parte del cambio.  '¡Quiero empezar la tercera serie!'  Éste era mi caso.  Vine muchas veces pero no me quedaba más de uno o dos meses.  Cada vez que regresaba, tenía que volver a empezar desde el principio.  Tardaba mucho tiempo en aprender un asana, y otro asana.  No llegaban rápido y entonces tenía que volver a casa.  Entonces, al año siguiente, lo mismo, quizás un asana más. (...)"  Tomás Zorzo. (Página 257)

"Abhyasa es una práctica consistente durante un largo periodo de tiempo con intenciones claras.  Cualquiera que sea nuestra práctica, si la hacemos con constancia, incluso si es una pequeña práctica, obtenemos grandes beneficios.  Llega un punto en que ciertos aspectos de la práctica se integran y Guruji me dijo que este punto es doce años.  Después de doce años comenzamos a estabilizarnos en la práctica. (...)" Annie Pace.  (Página 321)

"Ponía énfasis en ciertas cosas y tenías que hacerlas antes de que te avanzara.  Buscaba un nivel de dominio en cada asana.  Se fijaba más en los detalles de lo que la gente se pudiera imaginar.  (...)  Lo más importante que aprendí de Guruji fue la necesidad de tener paciencia.  Una vez Guruji me mantuvo en el mismo asana durante siete años, lo que derribó un montón de barreras físicas y mentales. (...)  Cuando al fin me avanzó hasta el siguiente asana, me di cuenta de que no importaba el asana en concreto; era más importante centrarse en el nivel de atención que uno lleva a la práctica. (...) Te hacía llamar a su oficina y te examinaba acerca de los nombres de los asanas, tenías que saber los nombres de los asanas (...)   Y también te tenías que saber los vinyasas. (...) Te hacía trabajar en algo en concreto durante algún tiempo, y entonces cuando sentía que era necesario, corregía algo.  Nunca tenía prisa.  Cambiaba las cosas gradualmente, puede que en un periodo de seis meses tan sólo te diera una o dos instrucciones y poco a poco ajustaba las cosas.  No en un día.  Perseguía determinadas cosas, y cuando sentía que había llegado el momento, añadía algo más." Peter Sanson. (Páginas 377-379)

Estos tres testimonios reflejan una realidad que las personas que hoy practican de acuerdo con el método tradicional conocen bien: en Ashtanga Yoga no hay prisas y se va avanzando de forma progresiva, frecuentemente a una velocidad mucho menor de lo que a nuestra ambición y a nuestro ego les gustaría.  La práctica de asanas de Ashtanga Yoga se construye como una pirámide en la que las primeras hileras sostienen a las siguientes.  Si se pasa de puntillas por encima de determinadas dificultades, sin trabajarlas, sin darles tiempo a madurarlas, mirando hacia otro lado evitándolas, se pagará más adelante, sino en lo inmediatamente siguiente sí cuatro asanas más allá, y al final la práctica se puede acabar convirtiendo en una sucesión de adaptaciones, trampas y cosas a medio hacer sin profundizar en ninguna.  Por eso, el método tradicional aboga por consolidar la práctica y permitir que el proceso de purificación cree en el cuerpo los espacios suficientes para avanzar de forma segura.  ¿Cuáles son los criterios, entonces?  Los profesores y practicantes con experiencia seguramente ya estén familiarizados con ese conjunto de “reglas” no fijas que rigen la práctica tradicional de Ashtanga Yoga y que a menudo señalan puntos críticos de las series, hitos famosos por su dificultad y algunos de los cuales han de ser resueltos satisfactoriamente para seguir adelante, aunque a efectos de informar a los lectores ajenos a Ashtanga Yoga y a los posibles ashtanguis interesados en esta clase de tecnicismos, a continuación citaré algunos:   

  1. Por supuesto, una persona ha de conocer la secuencia de memoria.  Ya puede tratarse del  sursuncorda o del mismísmo Nureyev y ejecutar cualquier asana sin esfuerzo, que si no recuerda por sí misma el orden, no continuará adelante.  En Ashtanga Yoga se persigue que la persona se haga responsable, que se ocupe de su práctica, por lo que la dependencia en una referencia externa tal que un profesor o un póster que recuerden qué viene a continuación es lo primero que hay que erradicar como paso preliminar para que la práctica comience a replegarse desde lo externo hacia lo interno.
  2. El estudiante también ha de conocer los vinyasas exactos de cada postura.  No he visto nunca a Sharath hacerle a nadie un examen de nombres de asanas o de vinyasas a la manera descrita por Peter, pero sí que he sido testigo de cómo detenía una clase guiada porque una persona se había comido el vinyasa diez (dasa) de supta konasana, en el que se levanta la cabeza sin soltar los pies y se exhala inmóvil, y hacérselo repetir a ella sola mientras el resto de la clase aguardaba.  Y de los profesores autorizados, por supuesto, se espera que sepan los vinyasas al dedillo; Borja me contó que durante el curso para profesores que impartió Sharath en verano del 2010 muchos se llevaron severos rapapolvos porque no eran capaces de continuar la cuenta de una clase guiada en el momento en el que él se lo indicaba.
  3. En la postura de equilibrio utthita hasta padangusthasana la pierna cuyo dedo gordo se agarra está completamente estirada.
  4. En las posturas de medio loto de pie (ardha baddha padmottanasana) y sentado (ardha baddha padma paschimattanasana) la mano de atrás tiene que agarrar al menos el dedo gordo del pie en loto. 
  5. En las posturas con medio loto marichyasana B y D las manos tienen que agarrarse, al menos con los dedos, y estar la rodilla en loto en el suelo.
  6. En navasana se debe mantener el pecho erguido y las piernas estiradas pero cerca del cuerpo, pudiendo casi tocar los pies con las manos.  En cada lolasana (astau) hay que alzarse sin tocar el suelo con los pies, incluido el último antes del salto atrás a chaturanga.
  7. En bhuja pidasana la persona ha de ser capaz de subir y bajar por sí sola e ir a bakasana sin tocar el suelo con los pies.
  8. Supta kurmasana estará bien hecha cuando uno consiga cogerse manos detrás de la espalda y cruzar los pies delante de la cabeza (no hace falta que sea por encima). 
  9. En garbha pindasana se deben dar entre cinco y nueve vueltas hasta completar un giro de 360 grados sin quedarse escorado y sin separar las manos de la frente.  Hay que ser capaz de alzarse a kukuttasana sin que las piernas en loto resbalen por debajo de los codos y en cualquier caso sin tocar el suelo con las rodillas o trasero.
  10. En baddha konasana, las rodillas y la barbilla tocan el suelo.
  11. En upavistha konasana, el pecho ha de llegar al suelo con los pies apuntando hacia el techo.  En uphavista konasana B, las rodillas deben de estar estiradas durante todo el recorrido desde abajo hacia arriba. 
  12. Esto último es de aplicación también en supta konasana, ubhaya padangushtasana y urdhva mukha paschimattanasana, en las que la subida ha de efectuarse con las piernas completamente estiradas durante todo el recorrido.
  13. En setu bandhasana las piernas han de estirarse del todo.  Algunos profesores sostienen que las plantas de los pies tienen que apoyarse completamente en el suelo, aunque personalmente yo no lo hago y ni Sharath ni otros profesores me lo han corregido jamás.
  14. Para pasar a la serie intermedia uno ha de ser capaz de levantarse desde urdhva dhanurasana y volver a caer en tres ocasiones sin ayuda, lo que se conoce como drop backs.  De nuevo, algunas personas afirman que el infame catching es condición obligatoria, pero en mi experiencia personal no ha sido así; Sharath sólo me ha insistido en el tema del catching una vez llegué a kapotasana, ya en la serie intermedia.
  15. En pashasana, las manos deben agarrarse.  Luego, es más importante una buena torsión que llevar los dos talones al suelo, alguno constitucionalmente imposible para muchas personas.
  16. En bhekasana uno tiene que ser capaz de agarrarse los dos pies con las manos apuntando hacia delante.
  17. En dhanurasana y parsva dhanurasana, los pies no se separan.
  18. En laghu vajrasana, con los codos estirados, la cabeza ha de descender completamente hasta el suelo y tocarlo durante las cinco respiraciones.  Después se ha de ser capaz de subir.
  19. Kapotasana no se considera completada hasta que las manos agarran al menos los talones: uno de los grandes desafíos de Ashtanga Yoga para muchos.  En mi caso particular bastó hacerlo con ayuda para que Peter Sanson en Madrid y Sharath en Mysore me dejasen avanzar a la siguiente postura; tampoco necesitaba demasiada ayuda, todo sea dicho.  De hecho, por aquel entonces podía hacer la postura completa por mí mismo al segundo intento y a día de hoy la hago a la primera si hace suficiente calor.
  20. En supta vajrasana las manos tienen que agarrar los pies en loto durante todas las subidas y bajadas, aunque se acepta recibir un poco de ayuda por parte del asistente dejando cierto de margen de subida a las rodillas o agarrando las muñecas.
  21. En las dos variantes de bakasana los pies no han de tocar el suelo hasta el salto atrás a chaturanga y los codos permanecer estirados, con las rodillas cerca de los sobacos.
  22. En bharadvajasana la mano por detrás sujeta al menos el dedo gordo del pie en loto y la palma de otra mano se apoya completamente en el suelo. 
  23. En eka pada sirsasana el pie ha da mantenerse detrás de la cabeza sin ayuda de las manos durante toda la postura, incluida la subida final a chakorasana previa al salto atrás.
  24. En dwi pada sirsasana los pies tienen que estar lo suficientemente insertados y separados entre sí como para permitir la elevación de la cabeza.  De forma similar, en yoga nidrasana los pies tocarán el suelo con los pies bien cruzados detrás de la cabeza.
  25. En titthibasana A las piernas se mantienen estiradas y apuntando hacia arriba, no horizontales.  En la B las piernas lo más estiradas posible sin perder el agarre de las manos, que tampoco han de soltarse cuando se camina en C.  En D, los talones separados y manos tocándose.
  26. A pincha mayurasana hay que subir, claro está, sin ayuda externa, aunque es válido tanto subir primero con una pierna como con las dos a la vez, esto último mucho más difícil.  Luego, en karandavasana hay que ser capaz de bajar y de remontar la postura: uno de los grandes retos para muchos practicantes.  Por lo que he visto en Mysore, hay gente a la que se le exige lo máximo: que en la subida no se le separen los codos, y gente a la que se le da por buena la bajada completa en solitario y una subida asistida o una bajada y subida parcial.
  27. En mayurasana, rodillas estiradas y ni barbilla ni pies tocan el suelo.
  28. En nakrasana, pies juntos durante todos los saltos.
  29. En vatayanasa, culo hacia dentro, manos alzadas y mirada hacia arriba.
  30. En parighasana, los codos no tocan el suelo.

Y aquí me quedo, porque no llego más lejos en mi práctica personal y no tengo unas nociones tan claras de lo que viene a continuación.

Todo esto es muy matizable.  Cuando varios párrafos más arriba hacía la afirmación categórica de que no existen dos profesores iguales, ahora también hay que rendirse a la evidencia de que tampoco se hallarán nunca a dos estudiantes iguales.  En una cadena de montaje industrial es posible encontrar multitud de piezas idénticas, pero afortunadamente con los seres humanos esto no funciona así.  La consecuencia directa es que Ashtanga Yoga no se aplica a todas las personas de la misma manera y que, por ejemplo, no será lo mismo que alguien empiece con veinte años que con cincuenta, que haya hecho gimnasia rítmica desde los doce años o que se haya pasado los últimos treinta años detrás de la ventanilla de un banco, que sea deportista o que tenga sobrepeso, que no tenga problemas físicos o que lleve media vida lidiando con escoliosis, hernias y protusiones.  Con un determinado tipo de personas habrá que ser más estricto, exigirles aquello que pueden llegar a dar y que en buena parte de las situaciones es una mera cuestión de tiempo, de paciencia, mientras que con otros habrá que ser más comprensivo, más laxo, y levantar la mano.  En todo caso, la enseñanza no tendrá marcada una agenda de plazos ni de objetivos, y es seguro que la gente, tarde o temprano, tendrá que llevar a cabo un ejercicio de interiorización y de dirigir la práctica no hacia los asanas sino hacia lo esencial: la conexión con la respiración y con lo que acontece desde la piel hacia dentro.  Una de las ideas principales, sin duda entre las más importantes, no será otra que proteger a la gente.  De sí misma.  Ya hablaremos de ello en las siguientes entradas.


David Williams y Manju Jois, estudiantes de Pattabhi Jois hasta la década de 1970 y dos de los grandes exponentes de la vieja escuela.

La vieja escuela — The old school.

Así es el método tradicional tal y como lo hemos conocido las personas de nuestra generación y tal y como se ha divulgado desde el KPJAYI de Mysore durante muchas décadas.  Sin embargo, a la hora de analizar el método tradicional no nos podemos olvidar de otra línea defendida por no pocas personas y en la que se discrepa de muchos de los aspectos aquí reseñados.  Se trata de un grupo no pequeño de antiguos estudiantes de Guruji que cuentan con muchos seguidores y que sí, que aprendieron de Pattabhi Jois en Mysore durante años pero que tuvieron una experiencia muy distinta a la que hemos tenido nosotros o a la que hayan podido tener gente como Borja y Peter Sanson, quienes acumulan entre veinte y treinta años de viajes al KPJAYI.  Puede que esta manera de enseñar a muchos nos resulte exótica, por no decir extraña, pero merece todo mi respeto porque no fue una invención suya sino que la recibieron del mismísimo Pattabhi Jois y, nos guste o no, la realidad es que de hecho así fue durante un buen tiempo el Ashtanga Yoga genuino.  Sin más preámbulo, leamos en primer lugar varios testimonios recogidos en el libro de Eddie Stern y Guy Donahaye que se corresponden con la manera en que Guruji enseñaba entre los años 70 y principios de los 80:

"Llegué a Mysore y comencé a aprender.  Estaba con Nancy Gilgoff y nos quedamos en Mysore durante cuatro meses.  Aprendí la primera serie, la segunda serie y la mitad de la tercera serie además del pranayama.  Me sentí muy afortunado porque (...) nos prestó mucha atención.  Practicábamos dos veces al día además del pranayama y estaba tratando de aprender tan rápido como podía. (...) Aprendía llegando temprano y observando a otra persona practicar y memorizando las posturas que iban después de lo que yo hacía.  Establecí la disciplina de tratar de aprender ocho posturas cada día y así es como logré aprender las dos primeras series y la mitad de la tercera en aquella ocasión. (...) Durante los seis años siguientes, hasta que terminé de aprender todo el sistema que enseña, invertí toda mi energía en ello." David Williams. (Páginas 18-20)

“No fue hasta principios de 1982 que fui capaz de ahorrar dinero suficiente para hacer ese primer viaje a Mysore.  Para entonces, había estado haciendo la práctica durante cuatro años y ya había aprendido las tres primeras series. (...) Me quedé tres meses.  Tuvimos un relación excelente y mi experiencia en la India fue magnífica.  Llegué a la conclusión de que tenía que dedicarme a enseñar yoga.  Al final de mi tiempo allí le pedí a Guruji si estaba dispuesto a concederme un certificado de enseñanza.  Él vaciló un instante y finalmente accedió.  En ese momento no fui consciente de que nunca antes había extendido un certificado para enseñar a ningún estudiante occidental, así que no fue hasta mucho después que me di cuenta de la importancia de aquel acontecimiento.” Tim Miller. (Página 67)

"Pattabhi Jois tenía alrededor de sesenta años, y a esa edad era como un adolescente lleno de energía, ¡guau! (...) Estábamos un total de tres estudiantes extranjeros y yo tenía treinta y un años y estaba entusiasmado y hambriento por este yoga y con ganas de más y así que él simplemente se dejó llevar.  Nos enseñó muchísimos asanas, como si trajera asanas en una carretilla y nos los arrojara encima.  Nos ajustaba en cada postura.  Si alguien no podía hacer el salto atrás, los lanzaba atrás cada vez con sus manos.  Tenía tanta energía que no sabía qué hacer con ella, así que decidió que no era suficiente con una práctica al día.  Practicábamos dos veces al día e incluso eso no era suficiente.  Practicábamos dos series cada vez: primera y segunda por la mañana, la avanzada A por la tarde, además de una hora de pranayama, y adicionalmente nos enseñaba cómo hacer nauli y neti." David Swenson. (Página 90)

En estos tres testimonios se trasluce una realidad muy distinta a la de los estudiantes que conocerían más tarde a Guruji.  ¿Tres series en cuatro años, ni qué decir en cuatro meses?  ¿Prácticas por la mañana y por la tarde?  ¿Asanas a paladas, ocho nuevos cada día?  ¿Certificado para enseñar tras un primer viaje a Mysore de tres meses?  Cualquier practicante actual pensará que están hablando de series de póker, no del Ashtanga Yoga de Pattabhi Jois en el que todo el mundo, aunque lleve veinte años practicando y complete la cuarta serie, tiene claro que en su primer viaje a Mysore tendrá suerte si se le permite comenzar la serie intermedia.

Algunos de estos estudiantes antiguos sólo conocieron a Pattabhi Jois durante sus primeras décadas de enseñanza en unas circunstancias muy distintas de las que se vivirían después.  Jamás regresaron a Mysore y no mantuvieron el contacto con su maestro y con la evolución que experimentaría en años posteriores.  Muchos de ellos se dedicaron a enseñar Ashtanga Yoga y, como es lógico, lo hicieron de acuerdo con lo que ellos mismos habían vivido.  En la actualidad siguen activos y claro, cuando oyen hablar de Mysore y de la manera en que se está enseñando allá cuarenta o cincuenta años después de su última clase con Guruji, se llevan las manos a la cabeza.

Un ejemplo paradigmático lo constituye Manju Jois, hijo de Pattabhi Jois.  Nació en 1944 y estudió con Guruji hasta los treinta y un años de edad.  Se contaba entre sus alumnos más avanzados, asistía a su padre en las clases y fue clave en la difusión de Ashtanga Yoga por el mundo al darlo a conocer en el año 1972 a través de una exhibición en un ashram de Pondicherry en el que se encontraban los que serían pioneros occidentales, con quienes entabló una gran amistad.  Cuando Pattabhi Jois realizó su primer tour en California en 1975, Manju decidió quedarse en Estados Unidos, donde enseñó yoga y se casó, y jamás regresó a Mysore.  Pattabhi Jois se quedó solo al frente de las clases, cada vez más mayor y cada vez con más alumnos hasta que, en 1989, un jovencísimo Sharath comenzó a asistirlo a instancias de su madre Saraswathi.

Manju Pattabhi Jois.

Las siguientes palabras al respecto del método tradicional actual las pronunció Manju Jois en una entrevista que se le hizo en el año 2017 y en la que el conflicto queda perfectamente descrito:

“Es una malinterpretación, no debes parar a los alumnos, porque si los paras se congelan. Se han inventado todas estas reglas que no estaban al comienzo. Puede que no llegues a todo al principio, pero tienes que seguir practicando, hasta conseguirlo. Si no la gente se desilusiona. Cuando un profesor te dice que tienes que dominar una postura para seguir, ese no es un buen profesor, porque no sabe cómo acercarse al estudiante. Esta gente trae un mal nombre al yoga.”

Desde el punto de vista de Manju se entiende que no tenga sentido la manera en que hoy se enseña en Mysore; durante mucho años él vivió una experiencia muy diferente y no se le puede echar nada en cara por que sus conclusiones hayan sido distintas.  No obstante, cuando se le lee protestar parece como si en 1975 cuando se mudó a los Estados Unidos hubiera aparecido en Mysore otro profesor distinto de su padre al que le hubiera dado por imponer reglas arbitrarías que implicaban que los estudiantes progresasen a través de las series a menor velocidad, y sinceramente creo que se equivoca, porque la realidad es que no fue ningún alienígena, sino el mismo Pattabhi Jois, quien se vio en la necesidad de cambiar una manera de enseñar que, tal y como analizaremos, tenía muchos inconvenientes y estaba acarreando peligrosas consecuencias.

En labios de David Williams, profesor adscrito a esta línea old school, que estuvo en Bilbao el pasado mes de abril y a quien también conocimos en Madrid en el 2015, la razón por la que Guruji comenzó a enseñar más despacio y a establecer posturas “llave” a partir de las cuales no se avanzaba si la persona no era capaz de completarlas, no fue otra que para poder acomodar a un mayor número de estudiantes en el reducido espacio de la shala de Lakshmipuram e ingresar más dinero.  Antes, la práctica de una persona podía durar alrededor de dos horas.  Después, si al no ser capaz de atarse en marichyasana D no se le permitía continuar, entonces su práctica quedaba reducída a poco más de una hora y otra persona podía entrar enseguida a ocupar su lugar, con lo que la capacidad de la shala prácticamente se duplicaba y el timbre de la caja registradora no paraba de sonar... 

¿Profesor malo o codicioso?  Ni David Williams ni Manju Jois estaban allí ni vieron ni vivieron lo que pasó, y personalmente me parece una falta de respeto referirse así a su padre, a su gurú, a su maestro, a quien al fin y al cabo le deben su propio prestigio y profesión, y se atrevan a arrojar semejante sombra de duda sobre el camino que siguió una vez ellos ya habían partido, negándole la posibilidad de evolucionar.  

Tal es así que, durante la estancia de David en Bilbao traté de hacerle ver que algunos puntos concretos en los que tanto él como Manju basan sus críticas están equivocados o al menos son sólo parcialmente ciertos.  Durante una cena saqué a colación la manida cuestión de que en Mysore nadie avanza más alla de marichyasana D si no es capaz de atarse las manos y le dije que, simple y llanamente, semejante cosa es mentira.  Quien afirma algo así o no ha estado nunca en Mysore o ha estado un solo mes y con una venda en los ojos, porque yo personalmente conozco a gente con nombre y apellidos que, sin poder atarse en marichyasana D debido a problemas en los meniscos, desde su primer viaje a Mysore pudo practicar navasana y más allá.  Uno de ellos en la actualidad es un profesor autorizado y gran amigo mío que practica parte de la serie intermedia con Sharath, el cual conoce su afección de rodilla y entiende que no pueda hacer marichyasana D de forma completa ni garbha pindasana ni ninguna otra postura que implique un loto intenso. 

Lo que ya no ocurre, claro está, es que una persona aprenda ocho posturas nuevas cada día y en un par de meses termine la tercera serie de cualquier forma.  Durante su workshop en Bilbao David afirmó que durante su periodo de estudio con Guruji, con tal de que recordases la secuencia y fueses capaz de sostener la práctica energéticamente, es decir, no terminases derrengado y hubiera que llevarte a casa con una pala, continuarías añadiendo más y más asanas realizando las adaptaciones necesarias hasta completar la serie primera y la intermedia, las cuales comprenden un catálogo terapéutico completo aunque demasiado extenso como para comprimirlo dentro de una sola secuencia.  Una vez ya dentro de las series avanzadas, la propia dificultad de las posturas establecería el límite de lo que cada uno debería hacer.... ¡Como si en la primera serie o en la intermedia no hubiese ya asanas suficientemente difíciles!  En fin...

La idea detrás de esto, hay que reconocerlo, resulta interesante: dado que las secuencias de asanas de Ashtanga Yoga fueron diseñadas para aportar diferentes beneficios físicos: fortalecer y flexibilizar la musculatura, depurar los órganos, purificar el sistema nervioso... entonces, ¿para qué cerrar la puerta o restringir parte de esos beneficios por el simple hecho de que a uno le cueste atarse en marichyasana D o sea incapaz de ponerse de pie desde urdhva dhanurasana?  Mejor hacerlo todo con modificaciones que hacer menos y perderse los beneficios de todo lo que vendría después, ¿verdad?  Por lo tanto, de acuerdo con esta línea de enseñanza que el propio Pattabhi Jois propugnó durante varias décadas, no existen posturas “llave” ni nada parecido cuya consecución sea condición necesaria para proseguir adelante y una persona continuará añadiendo más y más siempre que recuerde el orden.



Sharath Jois en la main shala del KPJAYI, en pleno ajetreo.

Conclusiones: Menos es más.


En contra de lo que sucediera en los primeros tiempos, la apuesta actual del KPJAYI va en una línea más sosegada, más prudente y en la que se pretende inculcar que con precipitación no se llega a ningún buen puerto.  ¿Qué ocurrió?  ¿Por qué Pattabhi Jois evolucionó hacia otros criterios, hacia un ritmo de enseñanza distinto?  ¿Por qué se dejaron de enseñar las posturas a manos llenas, se ejecutaran de manera correcta o no?  ¿Por hacerse el importante?  ¿Por fastidiar a la gente?  ¿Para que terminasen su práctica lo antes posible y así aumentar la capacidad de la shala?  O sea, ¿para recaudar más?

La explicación económica se me antoja ridícula.  Cuando Pattabhi Jois enseñaba en Lakshmipuram en la shala apenas cabía una decena de personas y había largas colas y esperas para entrar que con la progresiva popularización de Ashtanga Yoga no hicieron sino crecer.  Quizás, cuando hasta los oídos de los antiguos estudiantes empezaron a llegar rumores acerca de estos cambios de criterio y una cadencia de aprendizaje más lenta, hasta cierto punto es lógico que algunos pudiesen pensar que se trataba de la respuesta al problema de espacio, en especial los que ya habían dejado de ir a Mysore.  Sin embargo, con la nueva shala en Gokulam la capacidad se multiplicó de golpe seis veces, y los nuevos criterios se mantuvieron, en especial a medida que la figura de Sharath Jois fue cobrando un mayor peso.  Hoy día, cuando Sharath enseña en el KPJAYI hay entre 300 y 400 alumnos cada día, y la escuela está abierta desde las cuatro de la madrugada hasta el mediodía.   Nosotros hemos estado allí en numerosas ocasiones y hemos practicado al ritmo que hemos querido; a veces, con lesiones, la práctica la hemos hecho más lenta, más consciente, más respetuosa, con más repeticiones.  Nunca jamás nadie nos metió prisa ni vimos a Sharath decirle a nadie que terminase ya porque estaba tardando demasiado.  Muchas personas, incluso, tienen una práctica especialmente larga, con toda la primera serie y un buen trecho de la intermedia.  Una manera sencilla de hacer que estas personas acorten la duración de su práctica es enseñarles nuevas posturas de la serie intermedia para que hagan enseguida el full split (practicar sólo segunda serie).  Y sin embargo, los que han estado ahí ya lo saben, Sharath nunca tiene prisa por hacerte avanzar.

La respuesta a esos interrogantes, tal y como nosotros lo entendemos, será vista con mayor amplitud en próximas entradas del blog aunque aquí ofrecemos un pequeño adelanto.  En realidad se trata de una respuesta doble: filosófica y fisiológica.  Desde el punto de vista filosófico, esta manera de enseñar es congruente con la aplicación de los yamas y niyamas, los principios fundamentales de conducta sobre los que se asienta el ashtanga yoga de Patanjali, y ofrece la oportunidad de trabajarlos desde una práctica que, para muchas personas, es simplemente física.  Fisiológicamente, si se enseña con calma y se deja tiempo a que cada nueva postura sea convenientemente digerida, no es sino para reducir al mínimo la posibilidad de lesión y permitir que cada cuerpo se adapte de manera progresiva a una práctica que, no lo vamos a descubrir ahora, tiene una gran exigencia física.

Pattabhi Jois debió de llegar a estas conclusiones de forma natural dentro de su desarrollo como profesor.  Ésta es mi hipótesis:  Cuando Guruji comenzó a practicar con Krishnamacharya en Mysore, todos los estudiantes eran chicos jóvenes, estudiantes, militares, residentes del palacio y la mayoría se encontraba en buena forma física.  Después, en la pequeña shala de su casa, estuvo enseñando a gente local durante veinticinco años antes de que llegasen los primeros occidentales.  La forma de ser y circunstancias de los estudiantes indios junto a los que practicó en el Palacio de Mysore y a los que enseñó en su casa no tendría nada que ver con lo que vendría después.  Los indios eran padres de familia, trabajadores, estudiantes de universidad, personas con problemas de salud o miembros de su familia, todos ellos gente que se sometía a su enseñanza a la manera india, es decir, con obediencia y respeto pero sin tomarse las cosas a la tremenda: disfrutaban del yoga como quien lleva a cabo un ritual diario sin tener depositadas grandes ambiciones en su práctica; después salían a la calle donde los esperaba su vida de verdad: trabajo, estudios y familia.  Cuando Tomás Zorzo empezó a estudiar con Guruji en 1984 aún había mayoría de indios en la shala, y en cierta ocasión le escuché describir de la siguiente manera la situación que se respiraba en una shala en la que convivían indios y occidentales: "Los indios practicaban como si estuvieran haciendo reverencias, dando gracias a la vida.  Los occidentales, en cambio, practicaban como si en cualquier momento fuese a aparecer alguien con una cámara para sacarles una fotografía."  Creo que también fue Tomás quien nos contó esta otra anécdota: durante una clase guiada Guruji fui interrumpido por un cartero justo cuando se encontraba haciendo la cuenta de respiraciones para sirsasana, la postura sobre la cabeza.  Tenía que ir a recoger un paquete o una carta a la oficina postal y, ni corto ni perezoso, abandonó la clase de la misma.  Los indios, que en cuanto Pattabhi Jois se ausentaba de la shala en busca de café no tardaban en ponerse a charlar entre ellos, bajaron de sirsasana enseguida.  Varios occidentales, en cambio, siguieron en sirsasana sin bajar, empecinados; nadie les había dicho que salieran de la postura.  Al cabo de una buena media hora Guruji regresó de la oficina postal, y allí seguían en sirsasana mientras el resto de los estudiantes ya se había marchado.  

En efecto, la llegada de occidentales debió de suponer un gran choque para Guruji.  De pronto, llegaron hasta él una serie de personas extranjeras que por lo visto no tenían nada que hacer en la vida sino aprender su yoga.  Entre sus prioridades no se contaba el trabajo, la familia ni los estudios, y estaban dispuestos a entregarle a Pattabhi Jois todo su tiempo y energía.  Y por lo visto, y a tenor de los testimonios que hemos transcrito más arriba, Guruji se dejó llevar por el entusiasmo de estos estudiantes y empezó a enseñarles todo lo que podían digerir: montones de posturas nuevas, sesiones extra de pranayama, varias prácticas de asanas al día...  Y su estómago parecía no tener fondo porque cada vez querían más.

¿Cuál fue la consecuencia directa de todo esto?  No hace falta ser un genio: las lesiones.  Si tenéis ocasión de hablar con sinceridad con los antiguos estudiantes de Pattabhi Jois, todos os dirán lo mismo: la gente se rompía.  Esa idea de conseguir más, de acumular cada vez más asanas, se retroalimentaba y lejos de aplacar la sed, la exacerbaba y hacia que los cuerpos fuesen llevados al límite.  La gente era animada a ir más allá, a conseguir aquello para lo que no estaban preparados aún, y Ashtanga Yoga se convirtió en una suerte de selva en la que imperaba la ley de selección natural: los más fuertes sobrevivían, el resto se quedaba apartado en la cuneta, deshecho, y no regresaba.  El mismo Tomás, ya en la década de 1980 lo corrobora: Pattabhi Jois hacía ajustes brutales en muchos asanas, a menudo le daba la sensación de que estaba experimentando con ellos, y él mismo y varios de sus compañeros sufrieron graves lesiones de las que aún tienen secuelas.  Esta cuestión de las lesiones y la dificultad a la hora de casar esta exigente disciplina con la competitiva mentalidad de Occidente se acabaría convirtiendo en un caballo de batalla cuyos ecos se alargan hasta el día de hoy.  Un tema recurrente en las conferencias de Peter Sanson es que la mayoría de personas que practicaban a su lado cuando empezó ya no lo hacen, y no porque hubieran perdido la motivación o querido dejar la práctica de manera voluntaria, sino porque no fueron capaces de mantenerse en ella a largo plazo.  José Carballal habló de lo mismo en el último taller al que asistimos: el ochenta por ciento de sus compañeros de práctica no sobrevivieron al paso del tiempo y quince años después muy pocos continúan: el enfoque hacia el aspecto físico de los asanas los desgastó.

Finalmente, Guruji tomó la decisión de parar el carro.  La experiencia de las primeras décadas no debía de ser todo lo buena que cabía esperar y una nueva manera de enseñar fue cobrando forma.  Su ayudante Sharath, que no había conocido los primeros tiempos (empezó a practicar en serio a partir de 1989) se convirtió en el gran defensor de este enfoque más sosegado.  Tomás Zorzo fue testigo de esa especie de transición entre las dos maneras de enseñar.  Recuerdo un par de anécdotas que nos contó: la primera de ellas cuando Guruji le preguntaba a la gente a ver porqué no hacía tal asana y la respuesta era que Sharath no les dejaba hacerlo todavía.  La respuesta de Pattabhi Jois solía ir acompañada de una risita: "Ah, Sharath, hehe."    Otras ocasiones, en cambio, surgía el conflicto, y Guruji discutía con Sharath para que no parara a los antiguos estudiantes a los que había enseñado en el pasado más de lo que Sharath consideraba prudente: "Old student!  Respect old students!" ("¡Antiguo estudiante!  ¡Respeta a los estudiantes antiguos!")

Nuestra intención con este artículo y los que están por llegar, y me imagino que tal y como cabía esperar de una escuela autorizada por el KPJAYI, ha sido exponer las dos maneras en que se ha enseñado Ashtanga Yoga y explicar los motivos por los que, en nuestra opinión, el método tradicional tal y como lo enseñó Pattabhi Jois durante sus últimas décadas y tal y como ha continuado enseñándolo Sharathji hasta el día de hoy como cabeza visible del parampara, es el más adecuado para transmitir el método de Ashtanga Yoga porque de hecho es el resultado de un proceso de investigación que se ha llevado a cabo por parte de su divulgador principal durante casi un siglo aplicándolo a cientos, miles, decenas de miles de personas y porque está orientado a inculcar un hábito de práctica que se pueda mantener durante toda la vida.   

Es decir, creemos que en esta manera de enseñar no hay lugar a los cortoplacismos, a los atajos ni a la consecución de objetivos rápidos y, a pesar de que reconozcamos que existan otras formas alternativas que puedan tener su razón de ser, preferimos defender con todas sus consecuencias aquello en lo que creemos, incluso si ello implica perder a alumnos o resultar menos interesantes comercialmente.   Queremos que la gente que empiece a practicar Ashtanga Yoga lo haga no durante dos meses, un verano o un año, sino durante treinta, cuarenta, cincuenta años, y una de las primeras lecciones que tendrán que aprender para llegar a hacerlo es que la realidad honesta de cada uno en el momento presente no siempre se va a corresponder con las insaciables aspiraciones de la mente y el ego.  En Ashtanga Yoga, al igual que en tantas otras esferas de la vida, menos es más.