jueves, 18 de junio de 2026

¡Feliz 47 cumpleaños! ¿Celebrar o no celebrar?


A menudo observo con disgusto cómo el ser humano parece estar emborrachándose de conocimiento y perdiendo su vieja capacidad de sorprenderse ante las maravillas de la existencia. Ahora sólo es cierto lo que podemos observar con los ojos, analizar en un laboratorio y encajar en el patrón de una fórmula matemática o una ley física. El ser humano ha conquistado los límites de ese mundo parametrizado en magnitudes y cifras, ya no reconoce en él nada extraordinario y lo mide todo en función de su valor utilitario y económico. Y como consecuencia de todo ello, el hombre ha dejado de celebrar. Los días, las estaciones, los años y los hitos de la vida y de su cultura heredada se suceden con intrascendencia sin que detengan un segundo nuestro errante deambular hacia, a falta de un objetivo mejor, la próxima cuenta de resultados, nuestro siguiente trienio, las anheladas vacaciones o ese nuevo instante de placer efímero con que reconfortarnos de nuestro, a pesar de todo lo que sabemos y tenemos, creciente vacío existencial. 

Hubo un tiempo en el que las cosas no eran así, en que nos reconocíamos como parte de un todo más grande y en que reverenciábamos a la naturaleza y a la vida como manifestaciones sagradas, hierofanías de un misterio que nos sobrecogía y con el que tratábamos de armonizarnos, honrando sus ciclos y a su causa última como una entidad trascendente e incomprensible. Ahora, tras unos cuantos siglos de antropocentrismo, revolución industrial, ciencia, tecnología y sofisticada economía, los astros son sólidos rígidos con interactuaciones mecánicas, las estaciones son termodinámica, la energía es electromagnetismo y cuántica, la música y la poesía son matemáticas, el amor son neurotransmisores, la fe es alienación psicológica, el honor es bombardeo preventivo, la solidaridad desvío presupuestario y la vida misma una mera cuestión de estadística o, en otras palabras, caprichoso azar. Somos completamente autosuficientes en nuestra contumaz soberbia y para nosotros no hay nada más allá de lo observable, lo medible y lo computable. Nos hemos convertido en simples animales sin otro sentido que sobrevivir, disfrutar al máximo del tiempo disponible y legar a la siguiente generación nuestro conocimiento acumulado y nuestro código genético. Un frágil eslabón en la larga cadena de la evolución que culminará con la muerte del sol o cuando nuestro orgulloso conocimiento consiga aniquilarnos a nosotros mismos, una extraña habilidad que nos hemos arrogado y que retenemos por si acaso. Más allá de lo que pueda comprender nuestra mente pensante no hay nada y nuestras nuevas deidades, aparte de nosotros mismos, dioses con pies de barro autoerigidos, son la economía, la ciencia, la tecnología, nuestra particular noción de lo que es justo y democrático y el bienestar hedonista; a la espera de una oscuridad vacía, un precipicio sin fondo que nos aguarda al final del camino y que permanentemente nos recuerda nuestra fragilidad pero al que preferimos no asomarnos porque nos aterra la idea de esa nada insondable que borrará todo lo que creemos ser y en la que la evidencia científica nos ha hecho albergar una fe ciega similar a la del religioso más fanático que se inmola con la certeza del paraíso en una cruzada o una yihad


El yoga tiene sus raíces precisamente en ese mundo antiguo de adoración al misterio, a lo trascendente, a lo sagrado. El yoga celebra el sol desde el primer movimiento, desde la primera respiración se celebra la energía que todo lo impregna, que da vida a la materia inerte y que entra, nos inunda y sale de nosotros en un gesto cotidiano aunque no por ello menos milagroso. El yoga celebra la vida, celebra el ahora, celebra la realidad tangible e intangible. Sus formas o asanas celebran el cuerpo humano, las formas geométricas, los objetos, los animales de la tierra, el agua y el aire, los sabios de la antigüedad, las deidades del hinduismo, sus seres mitológicos, y las usamos como herramientas para conducir esa energía, ese prana, a distintas partes de nuestra anatomía y armonizar cuerpo y mente y ponernos en relación con el germen de la inteligencia y con un cuerpo sutil misterioso y metafísico que podemos intuir a través de numerosas señales pero al que, ya lo sabemos, la ciencia no da crédito. Porque sin duda, lo único científicamente constatable a la hora de abordar nuestros problemas de vacío existencial es la prescripción de somníferos, ansiolíticos y, si acaso, caras terapias de mindfulness que, curiosamente, en un irónico giro del destino, nos enseñen a respirar de forma consciente. 

No es de extrañar, por tanto, que me guste celebrar. Gracias a Ashtanga Yoga celebro cada nuevo amanecer sobre la esterilla, celebro el legado de los antiguos maestros con el mantra inicial, celebro la vida con cada respiración y las lunas llenas y nuevas con el descanso. Y gracias a mis padres y a mi cultura también celebro el Año Nuevo, el cumpleaños, la Navidad, la Semana Santa y el Día de los Difuntos. Celebro los hitos de la vida, y no me limito a constatarlos ante notario, con una ceremonia, a veces religiosa, una fiesta, una cena, un regalo o un brindis. Y por todo ello, en el día de hoy -18 de junio- celebro a los cuatro vientos mi 47 cumpleaños con esta publicación de autobombo. En Ashtanga Yoga Bilbao lo he celebrado, cómo no, enseñando y practicando, así como con una pequeña merendola con que he agasajado a los estudiantes que han venido a acompañarnos. ¡Deja un comentario felicitándome si has leído hasta aquí! No se cumplen cuarenta y siete todos los días. ¡Es mi decimosexto número primo! 

Nota final: Las imágenes de esta publicación se ha basado en una práctica del lunes de la semana pasada en que al final del turno de clases de la mañana me quedé solo practicando y comprende mi práctica de tercera serie consistente en sus primeras veinte posturas, aproximadamente dos terceras partes de la serie, además de algunos recortes de los backbending finales.

domingo, 7 de junio de 2026

¿Ashtanga Yoga ha de ser practicado necesariamente todos los días?



En buena parte del imaginario colectivo existe la idea de que Ashtanga Yoga es un estilo de yoga muy estricto y sacrificado en el que sus practicantes son sometidos a torturas diversas entre las que destaca la obligación de levantarse muy temprano antes de que salga el sol para ejecutar su rutina de lunes a sábado ineludiblemente, sin excusas.

Esta noción maximalista nace de un hecho cierto: en Mysore, en la escuela india que durante casi un siglo dirigieran Pattabhi y Sharath Jois y por la que hemos pasado decenas de miles de estudiantes, no había otra opción que apuntarse a sus clases durante un periodo de al menos un mes, aunque preferiblemente durante dos o tres meses, y con el compromiso de asistir a diario salvo el día semanal de descanso (sábado o domingo, en función de la época) y los días de luna llena y nueva. ¡Ni siquiera dejaba de haber clase en Navidad, Año Nuevo o el Día de la Independencia de la India! Es decir, Pattabhi y Sharath Jois esperaban verte en clase sí o sí cinco o seis días semanales, y si detectaban que habías faltado un día y no tenías un buen motivo que alegar tal que enfermedad o ladies’ holidays, la bronca era segura. David Williams, el primer practicante occidental de Ashtanga Yoga, siempre menciona que cuando Pattabhi Jois lo aceptó finalmente como estudiante en 1973 tras sus reticencias iniciales, le dejó bien claro que si faltaba un solo día, no quería volver a verlo nunca más, y yo mismo fui testigo en varias ocasiones de cómo Sharathji interrogaba a alguien acerca de una falta y, si la respuesta no le satisfacía, no tenía pelos en la lengua y tras llamarle perezoso -"lazy!"- le recordaba que había venido a estudiar yoga y no a disfrutar de unas vacaciones. En cierta ocasión aproveché que una luna caía en fin de semana para viajar a Hampi a conocer las ruinas del Imperio Vijayanagara, una especie de Tenochtitlán indio. El tren de regreso estaba lleno y tuve que retrasar la vuelta un día. Al verme, Sharath me preguntó con el ceño fruncido acerca de mi ausencia. Le expliqué lo del tren y se quedó pensativo, como si sopesara una respuesta severa, aunque finalmente lo dejó pasar.


Este nivel de exigencia era un tema recurrente en las conferencias que a lo largo de los años tuve ocasión de escucharle a Sharathji. En casa teníamos muchas obligaciones que atender, pero cuando viajábamos a India las aparcábamos todas para centrarnos exclusivamente en nuestra práctica. Por eso, el tiempo que estuviéramos con él teníamos que tomarlo en serio y concentrar toda nuestra energía. Al apuntarse al Sharath Yoga Centre debías firmar un documento en el que renunciabas a apuntarte a otras escuelas para hacer actividades adicionales que dispersaran tu atención y tu energía. Así mismo, Sharath nos desaconsejaba emprender largas caminatas o viajes lejanos (tal que el mío a Hampi) durante los días libres y dedicarlos simplemente a descansar. Por eso, decía también, sus clases guiadas eran tan demandantes, por eso teníamos que hacer el catching quienes consideraba estábamos preparados, por eso nos hacía repetir varias veces nuestra última postura -”show me!”- y por eso teníamos que asistir a todas las clases y actividades tal que conferencias y chanting y ser siempre extremadamente puntuales (quince minutos antes de la “shala time”, que a todos los efectos suponía media hora de antelación respecto a la hora indicada). Vamos, que el hecho de que un viaje a Mysore fuese una experiencia muy exigente, algo parecido a un boot camp de yoga, era consciente e intencionada.


¿Es esto aplicable a todo el mundo en todos los lugares y todas las circunstancias? Claramente no. Algunos que hemos convertido la práctica de Ashtanga Yoga en nuestra actividad principal, en nuestra sadhana, sí que nos ceñimos al concepto de abhyasa del yoga sutra 1.12 y mantenemos un esfuerzo continuo y sostenido que se traduce en una frecuencia de práctica equivalente a la de Mysore. Nuestro cuerpo se ha hecho a la disciplina de la práctica diaria y nuestra mente se ha configurado hacia ella: nos gusta, nos sigue estimulando pese al transcurrir de los años y se ha erigido en una prioridad. En Ashtanga Yoga Bilbao, quizás un veinte por ciento de los estudiantes practiquen de esa manera y se planten sobre la esterilla cuatro, cinco, seis días por semana; Ashtanga Yoga ocupa un lugar preferente en sus vidas y ellos también lo han convertido en un hábito casi diario. Los motivos, intuyo, oscilan entre estos puntos: les gusta, les sienta bien, los pone en forma, les da centro, les satisface y los pone en contacto con lo trascendente, con el misterio de lo sutil. No es de extrañar que la gente que acaba viajando a Mysore a conocer la fuente de la tradición y sus rigores, se encuadre precisamente dentro de este grupo habituado a un alto nivel de disciplina e implicación.

Sin embargo, esta clase de compromiso dista de ser la norma general y ateniéndonos a los datos fríos acumulados durante más de diez años de funcionamiento de nuestra escuela queda claro que la mayoría limita su asistencia a tres, dos días por semana, siendo la tarifa más habitual la de dos días. Hay incluso gente que paga clases sueltas o bonos de 5, 10 ó 20 clases y aparecen por clase una vez por semana o incluso cada dos semanas... ¡horror! Nos consta además que la mayoría no complementa su asistencia a la escuela con práctica personal en casa el resto de los días, así que la realidad es tozuda: por muy tradicional que sea, por mucho que lo exigiera Pattabhi o Sharath o por mucho ejemplo que demos nosotros, la mayoría de la gente que practica Ashtanga Yoga fuera de la India no quiere o no puede hacerlo todos los días. ¿Qué hacen, por tanto, el resto de la semana? Pues muy sencillo: algunos van al gimnasio, otros a crossfit, otros escalan, otros hacen yin yoga, otros nadan, otros bailan, otros atienden hijos, trabajan, visitan familiares, toman algo con los amigos, descansan, salen a cenar fuera, duermen más, hacen maquetas, leen libros, escriben poesía… Muchos no sienten la necesidad de practicar Ashtanga Yoga de lunes a sábado a primera hora de la mañana y prefieren un enfoque más tranquilo: un par de días a la semana a las seis de la tarde, y quizás alguna clase guiada los sábados. La práctica de Ashtanga Yoga es un complemento, una herramienta, una actividad agradable dentro de sus vidas, pero no una urgencia perentoria y simplemente no les apetece madrugar todos los días para practicar antes del trabajo y tampoco quieren dedicarle a esto la totalidad de su tiempo libre porque prefieren alternarlo con otras actividades.


¿Son reprobables estas prácticas, son perjudiciales, no sirven para nada? ¿Alguien que practique sólo dos días a la semana no obtiene ningún beneficio y se va a quedar estancado, se va a hacer daño, va a ver truncada su progresión física, espiritual o la que sea? ¿Habría que impedir que de hecho nadie practicase de ese modo, obligarlo a asistir a clase todos los días, como en Mysore, no ofreciéndoles siquiera otra tarifa que la más alta? Tengo la sensación de que a veces, los que estamos muy metidos en un tema adolecemos de visión de túnel y pensamos que nuestra propia manera es la única correcta y que todos los demás están obligados a seguir nuestros mismos pasos. Quienes llevamos a nuestras espaldas décadas de práctica hardcore, hacemos tercera serie y de hecho nos dedicamos profesionalmente a ello no podemos aspirar a erigirnos en la vara de medir del resto. Es probable que nuestra perseverancia nos haya proporcionado una mayor destreza, que nuestro cuerpo se haya adaptado a la práctica y nuestra mente se haya habituado a su ritmo en mayor medida, de la misma manera que alguien que toca un instrumento a diario respecto a quien acude a una academia de música de vez en cuando. De hecho, somos un ejemplo de que la práctica diaria es posible a largo plazo, que es sostenible y que, en contra de lo que ciertos agoreros afirman, no es intrínsecamente peligrosa, pero desde luego resulta iluso pretender que los demás tengan que hacer lo mismo y un error creer que los beneficios de la práctica sean una exclusiva nuestra.

En Ashtanga Yoga Bilbao lo hemos comprobado de forma empírica: docenas de personas llevan años (dos, cinco, ocho) practicando con lo que los círculos más puristas considerarían un nivel de compromiso deficiente, y me consta que la práctica es para ellas un punto de apoyo importante, que sienten que duermen mejor, que su cuerpo funciona mejor, que su cabeza funciona mejor, que les ayuda a relacionarse mejor con ellos mismos y con el resto. En definitiva, tienen una relación sana con la práctica y la sostienen a largo plazo, pese a que ninguna de ellas termine yendo nunca a Mysore, no practique tercera serie, no se sepa los nombres de los asanas y ni se le pase por la cabeza leerse los Yoga Sutras o el Bhagavad Gita. Algunas son jóvenes, otras empezaron a practicar jubiladas y superan ya la setentena. Algunas practican trozos de la primera serie, otras alcanzan su límite físico razonable en upavistha konasana, en urdhva mukha paschimattanasana, en pashasana o en kapotasana. Algunas bordan todo lo que hacen, otras adaptan posturas y reciben nuestra ayuda. Cuando se van de vacaciones dejan de practicar, disfrutan de la playa o al pueblo, y cuando regresan vuelven a tener agujetas. Ninguna está iluminada, eso es cierto, pero ojo, los que hacemos tercera serie tampoco lo estamos y a menudo las superamos en defectos. Pero practiquemos como practiquemos, dos días por semana o seis, todas compartimos algo: por el motivo que sea, nos gusta practicar y seguimos haciéndolo. Y desde luego, en Ashtanga Yoga Bilbao seguirán estando las puertas abiertas para todos.

martes, 6 de agosto de 2024

Practica porque te gusta y practica para que te guste.



La mente humana es muy poderosa. Mediante la proyección hacia el exterior de nuestra potencia racional hemos conseguido llegar a entender partes significativas de las leyes que rigen el funcionamiento de la naturaleza y del universo, a dominar los recursos del planeta y a transformarlo a nuestra conveniencia hasta crear una sofisticada civilización tecnológica.
 
A día de hoy da la impresión de que nada se nos acabará resistiendo: el dominio de la fusión nuclear y, por ende, de una fuente inagotable de energía, el fin del hambre, la cura del cáncer, los viajes interestelares… parece una simple cuestión de tiempo el que nuestro poderoso raciocinio acabe resolviendo todos los retos y enigmas que plantea la realidad.
 
Sin embargo, el pensamiento lógico no lo es todo. Se da la extraña paradoja de que por un lado nos encontremos en el pináculo científico y material de nuestra especie, y por el otro nos veamos exactamente en las mismas cuitas internas de hace decenas de miles de años. La colosal evolución externa no ha tenido reflejo en el interior. Así, cuando el reto que nos plantea la vida no puede ser resuelto a través de la lógica, nos sentimos impotentes. Puede que identifiquemos perfectamente la raíz del problema, pero aún así nos vemos incapaces de gestionarlo y nos lo llevamos a todas partes, regodeándonos en su miseria. Nuestra sociedad tecnológica es también una sociedad de ansiolíticos y alcohol, de antidepresivos y estimulantes de efecto inmediato, de una amplísima panoplia de entretenimientos ligeros con los que logramos paliar temporalmente esa zozobra interna que, de nuevo, con las primeras luces del día o en el siguiente instante de silencio, aporrea la puerta de nuestra consciencia.
 

Por eso, el ser humano ha necesitado siempre, y muy en especial hoy día, de herramientas no lógicas que le hagan encontrarse en paz consigo mismo pese a los problemas, dudas, tristezas y melancolías que lo azoten en su mundo externo, ese que afronta día tras día embutido en su disfraz y desempeñando un rol. La potencia racional es muy útil hacia fuera, pero hacia dentro necesitamos más de lo sutil, de lo intuitivo, de un bienestar interno que no necesita motivo alguno por estar ahí y en el que podemos aprender a estar sin necesidad de estímulos externos, como quien se arrebuja entre las sábanas al anochecer, deja atrás todo lo acontecido en el día, y cierra los ojos en paz.
 
El yoga es una de esas herramientas, comprobada durante miles de años. El yoga no te hará rico, no logrará que te asciendan en el trabajo, que descubras la solución a ese problema, que resuelvas esa situación desagradable con tal o cual persona. Sólo servirá para ayudarte a relacionarte con tu mente desnuda, despojada de todas las experiencias, ideas y recuerdos que la condicionan y colorean. No vas a llegar a entenderlo nunca. Simplemente lo vivirás. Y te costará explicarlo, de la misma manera que te costaría explicar de forma lógica el encanto de la música o de la poesía.
 
Practica porque te gusta y practica para que te guste. Construye hábitos saludables y conviértelos en un estilo de vida. No hagas dietas por obligación, no hagas ejercicio a disgusto, no acudas al psicólogo porque no te queda más remedio. Lleva tú las riendas: construye la vida que deseas, moldea tu cuerpo y domina los impulsos de tu mente; dirígela, enfócala. Nadie te lo va a regalar, no puedes comprarlo en ningún lado, no se lo puedes robar a nadie y no te lo van a entregar en herencia. Sé feliz en silencio, en la soledad, también cuando estás con gente pero sobre todo cuando no te ve nadie. Ten herramientas para cuando se acabe el mundo, para cuando todos se hayan alejado, para cuando no tengas nada, para cuando se aproxime el final. Y disfruta de cada paso, de cada momento, de cada respiración.

Kurmasana: Donde las series se tocan.

Salida de supta kurmasana pasando por dwi pada sirsasana.

¿Te habías dado cuenta de que los nombres de las posturas de las series de Ashtanga Yoga están agrupados? A priori podría pensarse que la nomenclatura de los asanas es arbitraria, pero en realidad, y de la misma manera que las series de posturas siguen un ordenamiento lógico desde el punto de vista anatómico, también sus nombres están lógicamente ordenados.

Así, en la secuencia fundamental y en la primera serie nos encontramos con que los nombres de la mayoría de asanas son “conceptuales”, es decir, describen las formas geométricas que se pretende representar o las partes del cuerpo implicadas: el triángulo estirado, el estiramiento posterior con una pierna en tres apoyos, el ángulo sentado, etcétera. Esto parece hacer alusión a los cinco tanmatras o aspectos sutiles de la creación y a los cinco estados de la materia y, quizás, a la mente más básica o instintiva, en ocasiones denominada citta.

Supta kurmasana.

Por otro lado, los nombres de la segunda serie o intermedia hacen referencia, mayoritariamente, a objetos y seres de la creación, en especial animales: el nudo, el saltamontes, el camello, el caballo, la vara de hierro, etcétera. El foco parece trasladarse ahora desde los constituyentes elementales de la materia a las formas más complejas, a objetos que pueden ser percibidos por los sentidos y con los que los órganos de acción pueden interactuar. La mente a la que claramente se alude aquí es manas, la mente psicológica que entra en contacto con la realidad manifestada y que se ve condicionada y a menudo arrastrada por ella.

En último lugar están las cuatro series avanzadas, cuyos nombres hacen mención, de manera apabullante, a grandes sabios, dioses y seres mágicos: Vashistha, Chakora, Bhairava, Durvasa… todos ellos seres elevados cuya mente intelectual -buddhi-, reflejo de la mente cósmica -mahat-, se ha orientado no hacia la satisfacción de la mente condicionada por los objetos de los sentidos, sino hacia lo alto, hacia la comprensión de purusha, el Ser.

Secuencia kurmasana-supta kurmasana completa editada para Instagram.

En este video se muestra la secuencia kurmasana-supta kurmasana correspondiente a la primera serie. Entre los practicantes de Ashtanga Yoga son bien conocidos dos de los grandes obstáculos de la primera serie: marichyasana D y supta kurmasana, dos asanas complicadas cuyos nombres refieren respectivamente al sabio Marichy y a una tortuga. De hecho, resulta muy interesante que dos de los huesos más duros de roer en la primera serie parezcan estar fuera de lugar. Por su nombre, Marichy se agruparía dentro de las series avanzadas mientras que kurmasana debería estar dentro de la serie intermedia, junto con el resto de animales. 

Supta kurmasana puede ser resuelta de varias maneras: por supuesto con ayuda, arrastrando uno mismo los pies hacia dentro hasta cruzarlos o tal y como se muestra aquí: saliendo de kurmasana hasta ponerse sentado y colocando los pies detrás de la cabeza a la manera de dwi pada sirsasana A en la segunda serie para entrar en supta kurmasana (la tortuga tumbada) con la cabeza completamente escondida detrás de los pies, tal que una tortuga que repliega patas y cabeza en el interior de su caparazón. La salida avanzada de esta postura incluye un paso por dwi pada sirsasana B y tittibhasana, de nuevo dos asanas de la serie intermedia. 

Secuencia kurmasana-supta kurmasana completa sin editar.

Por ello, puede decirse que kurmasana es un hito curioso de la práctica en que las dos primeras series de Ashtanga Yoga se tocan. Cuando uno domina las dos partes de ambas series, puede combinarlas en este punto y construir esta bonita secuencia en la que primera y segunda serie se entremezclan. Sobra decir que no recomendamos a nadie probar esto por su cuenta. Si te interesa explorar este aspecto físico, diríase acrobático del hatha yoga, lo más sensato es que te dejes guiar por gente con experiencia.

sábado, 28 de octubre de 2023

Urdhvua kukuttasana: bandha en acción.

Urdhva kukuttasana B by Fernando Gorostiza en Ashtanga Yoga Bilbao.  26 de septiembre del 2023.
Urdhva kukuttasana B.

Las cuatro series avanzadas de Ashtanga Yoga tienen el sobrenombre “sthira bhaga”, que significa “estabilidad divina” y que hace mención al despliegue de fuerza que construyen y demandan. 

En este video se muestra un momento crucial de la tercera serie de Ashtanga Yoga, en el que acaba de concluir con durvasasana una secuencia de estabilidad con el pie detrás de la cabeza y comienza una secuencia de estabilidad sobre los brazos. Urdhva kukuttasana (el gallo elevado) es la primera de esta secuencia de pura fuerza visceral, de puro bandha, y constituye un verdadero cancerbero que evidenciará la fortaleza o debilidad del practicante y lo preparado que está para lo siguiente. 

Urdhva kukuttasana B editado para Instagram.

Urdhva kukuttasana tiene tres variantes, y aquí se muestra la segunda de ellas. Las otras dos no son precisamente sencillas, pero las personas familiarizadas reconocerán que urdhva kukuttasana B es, con diferencia, la más difícil de las tres. Entiendo que la mayoría de las personas que vean esta publicación no se están enfrentando a ella, pero quizás pueda servir como ejemplo a todo el mundo de la utilidad de esos famosos “bandhas”. Desde su primer día, a un practicante de Ashtanga Yoga se le plantea el problema de utpluthih o tolasana, que muchos piensan es imposible debido a la longitud de sus brazos respecto a su torso. En esta postura de la tercera serie puede verse un ejemplo extremo de cómo la longitud de los brazos resulta ampliamente irrelevante y de cómo lo que hay que cultivar es la fortaleza de la musculatura interna que es capaz de elevar el torso y encogerlo como si de un acordeón se tratara.

La principal dificultad de esta variante de urdhva kukuttasana estriba en ser capaz de subir las piernas A LA VEZ por detrás de los brazos sin chocar contra ellos, quedarse atascado ni tener que apoyarse primero sobre una rodilla y después subir la otra. En esto es crucial el empleo de la respiración. La subida hacia atrás debe realizarse sobre una inhalación; no se me pasa por la cabeza que sea posible hacerlo sobre una exhalación. Para ello, subo inhalando en primer lugar levantándome ligeramente del suelo, luego exhalo mientras pego las rodillas al pecho para a continuación inhalar y balancearme llevando las rodillas entre los brazos hacia atrás y arriba. El resto es ya cuestión de bandhas o, en términos prosaicos, de abdominal transverso, diafragma y suelo pélvico. 

Urdhva kukuttasana B sin editar.

Deseo recalcar el hecho evidente de que no tiene sentido practicar las series avanzadas de Ashtanga Yoga si antes no se han resuelto suficientemente las series primera e intermedia, en las que se busca, respectivamente, purificar el cuerpo físico -yoga chikitsa- y el sistema nervioso -nadi shodhana-. Las secuencias de Ashtanga Yoga tienen un ordenamiento inteligente, de modo que los asanas posteriores se basan en los anteriores. Cuando se han desarrollado la movilidad y fuerza necesarias, el estudiante estará preparado para afrontar nuevos retos. En el caso de esta postura, entiendo que resultan claves las posturas especialmente orientadas al desarrollo de fuerza de la segunda serie, a saber: bakasana b, karandavasana, mayurasana y nakrasana. Pasar por alto una debilidad en estas posturas pasará factura más adelante, y éste es uno de los puntos cruciales donde saltará a la vista. De nuevo, te animo a que no pruebes estas cosas por tu cuenta “a ver qué pasa” y te pongas en manos de un profesor experimentado que vea tu práctica con perspectiva y te pueda guiar, ayudar y aconsejar. 

Mis agradecimientos a Luke Jordan y Lucía Andrade por haberlo hecho y a Nines Blázquez por apoyarme cada día.

jueves, 28 de septiembre de 2023

Luke Jordan: Asanas con contenido.


Descubrimos a Luke Jordan hace muy poco.  Corrían los primeros días del mes de enero del 2022, cuando de pronto Nines me pasó una publicación de la recién estrenada cuenta de Instagram de Anna Costanza en la que se anunciaba un workshop de seis días con un tal Luke Jordan con práctica estilo Mysore y canto védico.  Mi primera reacción fue de rechazo: "¿Quién es ése?"  Yo ya estaba haciendo clases online con Lucía Andrade, profesora certificada por el KPJAYI/SYC de Mysore, con quien habíamos hecho dos workshops presenciales en Madrid en los que me había enseñado el final de la serie intermedia y el comienzo de la tercera, y daba por hecho que ese tal Luke sería un profesor random de los muchos que se pasean por el mundo impartiendo workshops, por lo que no me llamó especialmente la atención, ni siquiera por que una parte sustancial del suyo consistiera en el canto de mantras, una agradable rareza en esta clase de eventos que suelen complementarse con sesiones de ejercicios de apertura de cadera, backbending o jump-backs que, la verdad sea dicha, me interesan más bien poco.

Sin embargo, una rápida búsqueda en Google me hizo descubrir, en primer lugar y para mi sorpresa, que Luke Jordan era uno de los escasos profesores certificados por el KPJAYI/SYC de Mysore y que estaba afincado en la localidad portuguesa de Colares.  ¿Cómo podía ser eso?  Entre España y Portugal hay alrededor de 50 profesores autorizados; en toda Europa más de 300.  De esos 300, sólo hay 11 certificados; el resto son autorizados nivel 1 ó 2 tal que Nines o yo.  Lucía Andrade se había mudado en tiempos recientes a Ibiza y Tomás Zorzo está, a todos los efectos, retirado del Ashtanga Yoga tradicional. ¿Cómo podía ser que no me hubiera enterado que en la Península Ibérica había un segundo profesor, aparte de Lucía, certificado y en activo?

Bueno, pues me acababa de enterar.  Luke Jordan, originario de Irlanda del Norte, se había mudado al sur de Europa y en abril del 2022 tendría ocasión de conocerlo.  


Ayudando en Supta vajrasana.

No investigué ni leí nada más acerca de él.  Simplemente esperaba vivir la experiencia y suponía que sería enriquecedora.  La práctica de Ashtanga Yoga, dicen muchos que no la conocen o la conocen superficialmente, es siempre igual, por lo que en realidad tiene poco sentido ir con un profesor o con otro: harás lo mismo y te harán lo mismo, como si todos, profesores y practicantes de Ashtanga Yoga, estuvieran sacados de una línea de producción en cadena.  Esta noción no puede estar más errada.  Por mucho que hayamos aprendido de la fuente de Ashtanga Yoga en Mysore y que tengamos como referencia a Sharath Jois y su abuelo, lo que transmitimos está siempre "coloreado" de nuestra interpretación subjetiva, de nuestra forma de ser particular, de nuestro recorrido personal y de nuestras influencias.  Incluso en Ashtanga Yoga Bilbao, donde Nines y yo hemos tenido recorridos muy similares con muchos años al lado de Borja, varios viajes a Mysore y un buen saco de workshops con los mismos profesores, enseñamos de maneras distintas.  Nuestra atención al detalle no es la misma, la manera de expresarnos, de corregir y ayudar verbalmente o manualmente no es para nada idéntica.  De hecho, frecuentemente discrepamos en ciertas cuestiones, y a veces nadie diría que en realidad tenemos los mismos orígenes.  A decir verdad, la práctica de Ashtanga Yoga, sus practicantes y sus profesores son como un caleidoscopio: uno mira siempre a través del mismo agujero, los cristales de colores son siempre los mismos pero, cada vez que se gira, se observa algo diferente.  Por eso resulta interesante entrar en contacto con otros profesores, para enriquecer tu propia experiencia al impregnarte de su experiencia.  En el caso de Luke Jordan intuía que, por el hecho de que hubiera conocido más de la práctica y durante más tiempo que nosotros mismos, cosa cada vez más difícil a medida que nos acercamos a las dos décadas de práctica, su perspectiva merecía ser conocida. 

Y no me equivoqué.  Nos alojamos en una pensión de Alcobendas durante toda la semana y caminamos  cada mañana hasta el chalé de Anna, en cuyo garaje nuestra amiga ha acondicionado una coqueta shala.  El evento había congregado a numerosos practicantes de Ashtanga Yoga de toda la geografía española; nos reencontramos con viejas caras conocidas y había también una nutrida representación extranjera.  Por lo visto, debíamos de ser de los últimos pardillos en enterarnos de que Luke andaba moviéndose por estas latitudes.  

Luke en plena faena.

La shala estaba atestada.  El ambiente recordaba a la main shala de Gokulam en Mysore: mucho calor,  poca ventilación y escasa distancia entre esterillas; veintitantas personas en diferentes momentos de su práctica (el final de un turno coincidía con el comienzo del siguiente) se agolpaban en una habitación habilitada para una docena a lo sumo.  A Luke, no obstante, la situación para nada se le hacía grande  y su presencia llenaba toda la estancia, aunque no al estilo de Peter Sanson, que durante la clase no para de reír, regañar, animar, gruñir, hacer bromas...  En cambio, Luke se movía en silencio de un lado a otro, dejando caer un goteo continuo de correcciones, pistas y ajustes.  El primer día y el último hicimos todos únicamente primera serie.  Recuerdo que el primer día me ajustó en numerosos asanas de la primera serie en las que nadie me había tocado en años.  Me sentí enderezado, aunque a día de hoy no he sido capaz de replicar sus correcciones en mi práctica personal, lo que me ha animado y me sigue animando a repetir con él.  Sus manos eran seguras, sin titubeos, y en las posturas de segunda y tercera serie mantenía el alto nivel de seguridad y confianza.  En mi práctica personal no necesito grandes ayudas salvo en el obvio supta vajrasana y en vrchkasana (el escorpión), pero él me ajustó además con genialidad en ardha matsyendrasanadwi pada sirsasana y kasyapasana.  Como guinda, durante esos días me enseñó además las siguientes dos posturas de la tercera serie: skandasana y durvasasana, esta última harto difícil pero que con su ayuda pareció fácil.  Harina de otro costal fue cuando regresé a casa y tuve que afrontarla en solitario, aunque por suerte ahí estaba Lucía Andrade con sus clases online y Nines en el día a día con su intuición y a día de hoy puedo alegrarme de no haber sufrido incidentes y ya puedo hacerla con relativa seguridad.

Para los practicantes con muchos años de experiencia en esta tradición de yoga a los que hay pocas personas que nos puedan aportar algo, es una verdadera suerte tener cerca a un profesor como Luke Jordan, cuyo repertorio le permite cubrir a un espectro de estudiantes tan amplio, desde aquellos enredados en las habituales trabas de las series primera y segunda hasta los que lidian con los desafíos de la tercera y cuarta.  El entorno totalmente "exótico" de Luke, además, aporta un enfoque completamente diferente.  A Nines y a mí nos ha hecho ajustes y nos ha dado pistas que nadie más nos había dicho y hasta el día de hoy reflexionamos acerca de cosas que Luke nos dijo o hizo en el corto lapso de tiempo que hemos compartido con él.  


Fernando, Anna, Luke y Nines en Alcobendas.

Después de la gran experiencia de Madrid, en el mes de agosto de ese mismo año 2022 repetimos y nos fuimos a Colares, donde Luke dirige su Ashtanga Yoga Summer School dentro de un complejo de vacaciones en la costa de Cascais, con tres meses de práctica y chanting con el mismo formato del workshop de Madrid y al que cualquier practicante de Ashtanga Yoga se puede apuntar por una o varias semanas a un precio muy asequible.  La experiencia fue igualmente intensa e interesante y de nuevo nos reunimos un variopinto conjunto de ashtanguis de diversas procedencias, incluida gente que sólo hemos conocido en Mysore, algunos viejos compañeros de Ashtanga Yoga Madrid, practicantes con los que hemos entablado cierta amistad después de haber coincidido en varios eventos de yoga (Lucía Andrade, Peter Sanson, Mysore, Conil, etc.), y un abundante número de extranjeros que le llevan siguiendo a Luke desde hace tiempo.  Una alumna nuestra de Ashtanga Yoga Bilbao también se apuntó a la Summer School y conoció a Luke unas semanas después, e incluso cuando meses después viajamos a Mysore, conocimos a una chica filipina llamada Jenny que vive en Bruselas, a la que le encanta Luke Jordan y que ha estado varios veranos en la Summer School de Colares, incluido ese mismo.  No es de extrañar que su Ashtanga Yoga Summer School se esté convirtiendo en un referente para la comunidad europea de Ashtanga Yoga, y si de algo nos arrepentimos es de no haberla conocido antes.  Trinidad, una vieja amiga de Madrid, coincidió con nosotros en Colares y nos contó que descubrió a Luke Jordan y su escuela en Colares hace unos años y desde entonces no ha faltado un verano.  Al principio iban muy pocas personas, para su sorpresa, pero a medida que la gente fue conociendo a Luke, tal que nosotros, su escuela de verano se ha erigido en un excelente lugar de encuentro para ashtanguis en vacaciones.

No tengo muy clara la biografía de Luke, pero he obtenido algunas nociones gracias a una entrevista que le hicieron en Ashtanga Parampara, una página web en la que se han publicado numerosas entrevistas a profesores de Ashtanga Yoga, y en la que el propio Luke cuenta que, mientras estaba en la universidad, y poco después de conocer la práctica de Ashtanga Yoga, se mudó desde Edimburgo a Londres con el único objetivo de practicar con el famoso (aunque alejado de todo famoseo) Hamish Hendry, por aquel entonces el único profesor autorizado del Reino Unido.  Como Luke cuenta, "vivía para [la práctica de] las 6 de la mañana,  El resto del día sentía que llevaba una vida clandestina.  Era un yogui disfrazado."  Un año después, Hamish le sugirió ir a Mysore, y tras conocer al mismo Pattabhi Jois en un tour europeo con una parada precisamente en Londres, Luke cumplió su viejo sueño de viajar a Mysore.  Luke cuenta en la misma entrevista que cuando conoció a Pattabhi Jois estaba aún en la shala original de Lakshmipuram y que contaba con 87 años, de lo que se deduce, teniendo en cuenta que Guruji falleció en el 2009 a los 94 años de edad, que se trataba del año 2002.  Por lo tanto, Luke comenzó la práctica alrededor del año 2000 cuando contaba con algo más de veinte años, así que ahora debe andar en torno a los 45 y, entre sus principales influencias caben destacar a Hamish Hendry y a Pattabhi y Sharath Jois.

Luke Jordan y un retrato de Pattabhi Jois.

Podcast con Luke Jordan en el canal Keen on Yoga.

Tengo la sensación de que no se puede entender a Luke Jordan sin entender a Hamish Hendry.  Hamish, cuya cuenta de Instagram es privada y apenas cuenta con un millar de seguidores, seguramente no sea tan famoso como aquellas estrellas de las redes sociales a los que siguen cientos de miles o millones, pero no cabe duda de que es ampliamente conocido, y yo diría que admirado, en los círculos de Ashtanga Yoga.  Los motivos son varios: en primer lugar, por haber sido el pionero de Ashtanga Yoga en el Reino Unido, claro está, pero también por su seriedad, por estar alejado del postureo y, sobre todo, por su profundidad intelectual.  De hecho, se sabe que Hamish cuenta con una titulación universitaria (no sé si doctorado) en religión o filosofía hinduista, además de ser el editor de la revista de yoga Pushpam con un contenido muy interesante.  Una de sus publicaciones, el librito Yoga Dharma, la hemos vendido traducida al castellano en Ashtanga Yoga Bilbao hasta que se agotaron las existencias, y además Nines y yo tuvimos ocasión de conocer a Hamish en un workshop de fin de semana que impartió en septiembre del 2019 en la shala de nuestra amiga Alexia.  

Pues bien, Luke Jordan tiene mucho de Hamish.  Y mucho de lo bueno.  Es tan poco mediático como él y tan comprometido con la práctica y la enseñanza como él y, al igual que Hamish, la profundidad mental de Luke resulta apabullante, cosa que cualquiera puede comprobar al asistir a una sola de sus sesiones de canto védico empapada de vastos conocimientos en sánscrito y filosofía.  Como relata en la entrevista de Ashtanga Parampara, Luke tuvo una crisis existencial durante la adolescencia que le condujo a plantearse el sentido de la vida, a la lectura de textos filosóficos y a una búsqueda errática en pos de la verdad.  En sus años de universidad sufrió un grave episodio mental que lo mantuvo hospitalizado durante una temporada pero tras el cual, todo cambió.  En sus propias palabras: "Algo de mi yo antiguo había muerto y algo distinto había nacido.  Al regresar a la universidad comencé a estudiar religiones tanto académicamente como en mi tiempo libre.  Me sorprendieron especialmente el taoísmo y comencé a estudiar hinduismo.  De alguna manera, me daba la impresión de que estas filosofías tenían sentido."  A continuación, Luke probó numerosas disciplinas de investigación personal (meditación, reiki, feng shui, I ching, Chi Kung,...) hasta que finalmente acabó en los brazos de Ashtanga Yoga, iniciando así un largo sendero de compromiso que lo llevó, por un lado, a convertirse en uno de los pocos profesores del mundo certificados para enseñar hasta la tercera serie de Ashtanga Yoga y, por el otro, a graduarse en un Máster en Religiones Indias.        

Luke durante una sesión de canto védico.


40 segundos de chanting con Luke Jordan.  Vídeo procedente de la página de Facebook de Ashtanga Yoga Canarias.

Una parte importante de los talleres de Luke la constituye las sesiones de canto védico que tienen lugar tras la práctica de asanas.  Son un verdadero espectáculo.  Recita como un indio, con una pronunciación que llama mucho la atención y que él, confiesa, ha tratado de llevar hasta la perfección casi obsesivamente.  Las sesiones de canto védico son salpicadas con reflexiones filosóficas, explicaciones de los mantras recitados, algunos tintes de buen humor y sarcasmo, y también con cuentos de naturaleza espiritual cuya narración siempre comienza con el típico "Once upon a time... (Érase una vez...)".  A él mismo le gusta describirse como "escritor, cuenta-cuentos, cantador védico, sancritista y apasionado estudiante de la cultura yóguica y espiritual".  A veces deja caer retazos de su vida privada entre los que le he escuchado hablar de su profesor de sánscrito y chanting, un académico indio afincado en Mysore con el que toma clases online cuando no está en India y cuyo nombre prefiere no desvelar porque no desea tener más estudiantes.  Si la memoria no me falla, Luke lleva la friolera de veinte años estudiando sánscrito y no ha perdido un ápice de fascinación por ese complejo idioma del que dice, cada día aprende algo nuevo.  Siempre me llama poderosamente la atención la manera en que pronuncia algunos mantras que me resultan más conocidos, como los que se recitan en Ashtanga Yoga, y no puedo evitar compararlos con la pronunciación de Lakshmisha, el profesor de chanting del Sharath Yoga Centre en Mysore.  No poseo los conocimientos suficientes como para hacer un juicio objetivo, pero no puedo evitar la sensación de que Luke Jordan, un norirlandés, recita en sánscrito más correctamente que el indio que Sharath ha escogido para enseñarnos.  Igual es simplemente, que Luke es mejor cantante.

Cartel del workshop de Luke Jordan en Ashtanga Yoga Bilbao diseñado por Nines Blázquez.

Si quieres comprobar todo esto por ti mismo y sin necesidad de desplazarte hasta Colares o hasta alguna de las ciudades donde Luke Jordan imparte sus talleres, Ashtanga Yoga Bilbao te ofrece la gran oportunidad de conocerlo en unas pocas semanas.  En efecto, desde el domingo 15 hasta el viernes 20 de octubre del 2023 tendremos la suerte de disfrutar en nuestra escuela de Bilbao de una semana completa de práctica de Ashtanga Yoga y canto védico con Luke Jordan.  Para nosotros es una gran suerte y un honor que un "peso pesado" como Luke haya aceptado nuestra invitación y que por primera vez se desplace hasta el País Vasco para compartir su pasión por el yoga y la espiritualidad durante seis días que tendrán mucho de ambos.  El formato del workshop en Bilbao será el mismo que arrastra cada verano a tantas personas de todo el mundo hasta Colares y estamos seguros de que va a resultar una experiencia inolvidable.  Ya hay bastantes personas apuntadas (más de veinte), pero hemos habilitado varios turnos y por el momento hay plazas disponibles.  ¡No te quedes sin la tuya!  Te esperamos.  Aquí tienes toda la información sobre el taller publicada en nuestra página web y a continuación te dejamos la información que el propio Luke nos ha pasado acerca de su workshop:

"El Encantamiento del Yoga: Mantra, Mito y Significado" 

Estos seis días entre el domingo 15 y el viernes 20 de octubre serán una inmersión experiencial en los mundos físicos y filosóficos de Ashtanga Yoga y sus amplias tradiciones culturales. La práctica de asanas diaria establecerá los cimientos para una exploración más allá a través del canto védico y una investigación más profunda hacia el significado de eso que llamamos "yoga".  

Cada día Luke llevará su presencia, su atención al detalle, su guía experta y su apoyo en tu viaje yóguico. Después de la sesión de asanas nos juntaremos en torno a la antigua tradición del canto védico y, con un especial énfasis en la pronunciación correcta, exploraremos las palabras sánscritas y los conceptos filosóficos hacia los que apuntan los cánticos, conectándonos con la vieja sabiduría y el potencial transformador de la tradición yóguica. Luke hará uso de sus conocimientos no sólo para entretener sino también para informar e inspirar.


miércoles, 20 de septiembre de 2023

Vishwamitrasana y Vasishthasana: ¿Está todo el mundo equivocado salvo los ashtanguis?


Vishwamitrasana… ¿o vasishthasana?  Según los ashtanguis: vasishthasana.  Según el resto de los hatha yoguis: vishwamitasana.  Septiembre del 2023.

Hace varios años publiqué una entrada en el blog en la que hablaba de la historia entre Vishwamitra y Vasishta, dos sabios que aparecen en el Ramayana y entre los cuales se desataba un combate épico.  Si te interesa, puedes leerlo aquí.

Por aquel entonces yo aún no hacía los dos asanas en los que se homenajea a dichos sabios, pero con el paso del tiempo las he llegado a conocer y ejecutar: se trata de las dos primeras posturas de la tercera serie de Ashtanga Yoga.

Vasishthasana para el resto del mundo; vishwamitrasana para los ashtanguis.  Abril del 2022 en Conil.

Al hacerlas, descubrí lo que me imagino conocen la mayoría de practicantes de Ashtanga Yoga que llegan a ese punto de las series: las dos posturas relacionadas con estos sabios en Ashtanga Yoga se llaman justo al revés de como las llama el resto de los practicantes de hatha yoga.  Para los ashtanguis, vasishtasana es en realidad vishwamitrasana y viceversa.  En mi entrada del blog del pasado, de hecho las denominaba tal y como lo hace todo el mundo fuera de Ashtanga Yoga. 

Durante nuestra estancia en Portugal el año pasado, Luke Jordan comentó a este respecto, con su peculiar estilo jocoso que, por supuesto, todo el mundo está equivocado salvo los ashtanguis.  Así que, ¿cómo se deberían llamar, en realidad, estas populares aunque harto difíciles posturas?  Para averiguarlo, recurriremos a la fuente principal: el Ramayana.

El gran protagonista del relato es Vishwamitra, uno de los siete grandes sabios o Brahmarishis y que en el Ramayana es presentado como el tutor de Rama poco antes de relatar, a modo de flashback, su oscuro pasado.

Vasishtha y Vishwamitra ejecutando las posturas que llevan sus nombres.  En esta ilustración cuya fuente desconozco, parece darse la razón a los ashtanguis: el personaje que aparece en primer plano lleva joyas y una especie de corona tal y como le correspondería al rey Vishwamitra, mientras que el el personaje que aparece al fondo viste ropas austeras y sin adornos tal y como le correspondería al sabio Vasishtha.  La vaca origen del conflicto entre ambos aparece en la esquina inferior izquierda.

Vishwamitra era un poderoso rey originalmente llamado Kaushika que se adentró con su ejército en el territorio donde el sabio Vasishtha tenía su ashram.  Vasishtha poseía una vaca milagrosa llamada Kamadhenu que Vishwamitra quiso para sí, a resultas de lo cual se produjo el enfrentamiento.  Sin embargo, Vasishtha usó sus poderes mágicos para derrotar todas las acometidas de Vishwamitra, tras lo cual Vishwamitra se sometió a toda clase de austeridades con el fin de obtener el favor de los dioses y hacerse suficientemente poderoso como para derrotar a Vasishtha y vivió un sinfín de aventuras hasta finalmente redimirse, hacer las paces con su enemigo y convertirse en uno de los siete grandes sabios.

En este somero resumen no hay nada que arroje luz sobre la curiosa manera en que dichos sabios son representados en forma de postura de hatha yoga.  ¿De dónde vienen, pues, los dos asanas Vasishthasana y Vishwamitrasana?  ¿Qué representan?  Para ello, creo conveniente ofrecer la lectura de estos dos párrafos del capítulo 22 del Ramayana:


Finalmente, el Señor Shiva apareció ante Vishwamitra ofreciéndole cumplir sus deseos. Vishvamitra pidió entonces el conocimiento de las artes de la guerra del Dhanurveda y de otras escrituras, y también de las poderosas armas y de los misiles usados por los habitantes de los planetas superiores. Mahadev, después de otorgarle el pedido, desapareció. Vishwamitra, reanimado y vigoroso en virtud de su austeridad, y orgulloso por los poderes adquiridos, regresó al ashram de Vasishtha y comenzó a disparar dardos mortales, espantando a los sabios que allí vivían, así como a las aves y a los animales que huyeron despavoridos.

El sabio Vasishtha, indignado ante el insolente ataque, con su bastón extinguió cuanto proyectil fuera lanzado. Prontamente el escenario se convirtió en un mar de misiles y contramisiles disparados furiosamente por el Rey Vishwamitra, que desplegaba toda la habilidad y fuerza que había adquirido, culminando en el disparo del poderoso brahmastra, arma irresistible que hizo temblar el planeta y su atmósfera. El brahmán Vasishtha, reprendiendo al agresor luego de una batalla de armas místicas formidables, redujo el arsenal de Vishwamitra a la nada, haciendo además, que el arma letal fuera tragada por su bastón.  Dejando indefenso a Vishwamitra, devolvió la calma al lugar.

El otro lado de la ashtangui vasishthasana.

Vasishthasana (ashtangui) en marzo del 2022, cuando llevaba sólo un par de meses haciéndola.  Nótese que la pierna izquierda está mucho menos levantada que en la versión del 2023 (en la imagen superior).  Levantar la pierna que está en el aire es una de sus principales dificultades.  Por eso, a menudo en otros estilos de hatha yoga esta postura se haría no con la mano izquierda apuntando hacia el techo, sino agarrando el pie.

So riesgo de equivocarme, creo que las dos posturas representan precisamente este combate del Ramayana en el que Vishwamitra utiliza un arma arrojadiza de terrible poder que Vasishtha logra neutralizar con su bastón.  Por eso, uno de los asanas parece representar un poderoso arco, una ballesta u onagro en el que los brazos se extienden como los dos listones que tensan la cuerda y la pierna apunta hacia delante como el proyectil que está siendo lanzado, mientras que el otro asana claramente representa el bastón de Vasishtha con forma de cruz que absorbe todos los proyectiles que son arrojados.  

Por lo tanto, y a menos que pueda encontrar argumentos que refuten mi razonamiento, sinceramente creo que la postura que en Ashtanga Yoga llamamos vishwamitrasana en realidad representa el bastón con que se protege Vasishtha y la que llamamos vasishthasana en realidad representa la poderosa arma que esgrime Vishwamitra.  Soy consciente de que Pattabhi Jois era un gran erudito, profesor en la Universidad de Sánscrito en Mysore y sin duda un gran conocedor del Ramayana, por lo que afirmar que él y todos los que en Ashtanga Yoga llamamos así a estas posturas estamos equivocados me causa cierta zozobra, pero ante la abrumadora evidencia no me queda más remedio que reconocerlo.  De hecho, cada vez que pienso en los nombres de estas dos posturas, tengo que intercambiar los nombres que de forma natural surgen en mi cabeza y contradecir lo que la lógica me dice.  Y a lo largo de estos años he escuchado en varias ocasiones a ashtanguis experimentados comentar acerca de este asunto cosas por el estilo de "en Ashtanga Yoga las llamamos al revés, y no le des más vueltas".  Quizás estemos conscientemente equivocados, pero lo estamos en cualquier caso.