domingo, 28 de mayo de 2017

Los significados de la sílaba sagrada OM.

Guruji y el OM del altar en Ashtanga Yoga Bilbao.

En la charla que hubo la tercera semana de mayo en Ashtanga Yoga Bilbao antes de las clases guiadas, dentro de ese espacio que denominamos "el uno por ciento de teoría", ahondamos en la interpretación del cuarto niyama del ashtanga yoga de Patanjali: svadhyaya.  En el sutra 2.44, el sabio expone: "svadhyayat ishta devata samprayogah", es decir, "a través de svadhyaya, se logra la comunión, el contacto con la deidad escogida."  La traducción del término svadhaya, que como sucede tantas veces en el lenguaje sánscrito, es múltiple: auto-estudio, estudio y reflexión de los textos sagrados y repetición de la sílaba OM.

Hoy día, cuando se habla de svadhaya, o al menos cuando se oye hablar de svadhaya dentro de la tradición de Ashtanga Yoga de Mysore, y quizás porque se trata de una de las interpretaciones que dan más juego, suele hacerse referencia al auto-estudio, al esfuerzo personal que uno debe empeñar en el proceso de aprendizaje, en no limitarse a absorber lo que ha recibido de su maestro, de su gurú, sino en recorrer por sí mismo el camino que su maestro anduvo y llegar a sus propias conclusiones.  Léase si no esta entrevista con Sharath Jois que publicamos en este mismo blog hace algunas semanas.  En las clases del primer fin de semana de mayo nos referimos a este aspecto y también al del estudio y reflexión de los textos sagrados.  La repetición de la sílaba sagrada OM, un asunto con mucha enjundia, lo dejamos para la tercera semana de mayo, y al final nos ha parecido tan interesante que hemos decidido dedicarle una entrada en el blog.

La sílaba Om en su notación más popular.


Grafía de la sílaba OM.

En primer lugar hay que hacer un apunte ortográfico.  Cuando me matriculé a los cursos de sánscrito del Instituto de Ashtanga Yoga en Mysore y al cabo de unas semanas aprendimos a manejar el alfabeto sánscrito y a construir todas las palabras fonéticamente posibles, me llamó poderosamente la atención que la famosa sílaba OM que con tanta ubicuidad se observa en la iconografía popular no se corresponde de ningún modo con la notación tradicional sánscrita que había aprendido.

La explicación tiene su miga.  En sánscrito, cuando una sílaba termina en vocal (como sucedería con la sílaba MO), se escribe la consonante y sobre ella se añade la notación simplificada de la vocal correspondiente.  En cambio, cuando la sílaba empieza con una vocal (como sucede con la sílaba OM), ésta se ha de representar en su forma completa.

La vocal O y la consonante M en sánscrito y las sílabas MO y OM.  Para construir la sílaba MO, se añade a la consonante M la forma simplificada de la O en la forma de una especie de acento.  Para construir la sílaba OM, se escriben una detrás de la otra la vocal O en su forma completa y la consonante M.  A esta última hay que añadirle el rabito inferior que la deja como una consonante sorda, sin vocal después.  Sin ese rabito, se estaría representando OMA.

Lo cual no concuerda en absoluto con la representación popular de la sílaba OM.  Dado que la sílaba OM también se puede considerar la forma abreviada de AUM, que hay símbolos que permiten representar la prolongación en el tiempo de un sonido y que además OM cuenta con los sinónimos OMKARA y AUMKARA, la sílaba sagrada se puede escribir en sánscrito de varias otras maneras.

OM, AUM, OOOM (Ox3 M), OMKARA y AUMKARA en sánscrito estricto.

La explicación definitiva, entonces, hay que encontrarla en otro lado, en concreto en las ligaturas o uniones de símbolos que permite la escritura Devanagari de la que el sánscrito forma parte.  El chandrabindu es un signo diacrítico tal que un acento que no forma parte del alfabeto sánscrito estricto pero que nasaliza el sonido del carácter al que se une y permite que OM sea representado de una manera alternativa.  De ese modo, si se coloca sobre ellas el chandrabindu, la vocal O o AU se terminan pronunciando Omm o AUmm.

Construcción de la sílaba OM en notación Devanagari.

¿Y por qué se ha acabado prefiriendo esta clase de notación, tan discutible desde el punto de vista de un lingüista, hasta el punto de erigirse en el símbolo representativo de todo el hinduismo?  Sin duda, por la carga simbólica que se le ha asociado y que a continuación veremos.


Ganesha y el OM.

Simbolismo gráfico del OM.

En primer lugar, y por muy tontorrón que pueda parecer, el símbolo del OM en la grafía Devanagari evoca la silueta de Ganesha, el hijo de Shiva y Parvati con cabeza de elefante también conocido como Ganapati o Vakratunda al que los fieles hindúes se entregan en busca de protección y ayuda para superar dificultades.  Hay que tener un poco de imaginación, pero el perfil del tres representa la cabeza y la barriga de Ganesha y el semicírculo su trompa.  Tratándose de una deidad tan querida, no es de extrañar que el semicírculo (que de acuerdo con la O sánscrita que representa en realidad debería asemejarse más a una letra pi griega) tienda a ser estilizado para que se asemeje aún más a la trompa de un elefante.

Por otro lado, el símbolo del OM representa nada más ni nada menos que el gran dilema de la existencia humana: la trascendencia del Ser más allá de la individualidad y el desafío de la unión con el todo.  Lo que venían a ser la cabeza, la barriga y la trompa de Ganesha conforman la individualidad mientras que la parte del chandrabindu constituye lo que trasciende más allá del individuo.

Partes del OM.

De ese modo, cada uno de los tres segmentos que conforman el cuerpo y trompa de Ganesha vienen a simbolizar los tres estados mentales, los tres cuerpos del ser humano: el estado consciente o cuerpo físico, el estado inconsciente o cuerpo sutil y el estado subconsciente o cuerpo causal.

El punto del chandrabindu, conocido precisamente como bindu, representa a la Consciencia Suprema, a Brahman, al Todo, y también el cuarto estado mental supraconsciente en el que el ser humano se une a la Consciencia Suprema, lo que en diferentes contextos viene a denominarse moksha, samadhi, nirvana o iluminación.  Este cuarto estado mental de plenitud se encuentra separado de los tres estados del individuo por la barrera de la ignorancia espiritual o avidya que condena al hombre a vivir en un mundo ilusorio o maya a la merced de la tiranía de los sentidos y repetir el ciclo una y otra vez en virtud a la rueda infinita de reencarnaciones condicionadas o samsara regidas por la ley del karma.

La ruptura de esa barrera para acceder al bindu o Consciencia Suprema constituye el gran desafío del hombre, y en la grafía de la sílaba OM queda simbolizado en la media luna (chandra) del chandrabindu que mantiene al punto fuera del alcance del número tres.


Simbolismo fonético del OM.

La sílaba OM o AUM se compone de cuatro sonidos: A, U, M y silencio, cada uno de los cuales encierra su propio simbolismo.

  • El sonido A representa la creación del Universo.  Como primera letra del alfabeto, es el primero de todos los sonidos y una metáfora del origen de todo.  Está relacionada con Brahma, la deidad creadora del Universo, con nuestro cuerpo físico, nuestra mente consciente y con todos los objetos físicos y perecederos que hay dentro de la Creación.
  • El sonido U simboliza la energía que mantiene el Universo.  Se relaciona con Vishnu, la deidad que preserva la Creación, con nuestro cuerpo sutil y la mente inconsciente, intuitiva que permite ver y entender más allá de lo percibido a través de los sentidos.
  • El sonido M caracteriza la energía que transforma el Universo.  Tiene relación con Shiva, la deidad que transforma y destruye la Creación y con nuestro cuerpo causal y mente subconsciente.  Es la antesala de la iluminación.
  • El silencio con que concluye la sílaba sagrada es la vibración última que no puede ser representada ni verbalizada.  Es Consciencia Pura, Brahman o atman, el punto o bindu del chandrabindu.

El OM, vibración sonora.

Por esto es habitual que las clases de yoga suelan comenzar y terminar con la pronunciación en voz alta de la sílaba OM.  Sonidos vibratorios similares se encuentran en otras culturas: el gong y los cuencos tibetanos de los budistas, las campanas de las iglesias cristianas o las campanillas que se hacen sonar durante la consagración católica, que ayudan a centrar la atención en el momento presente y llevan tranquilidad a la mente.  

No es de extrañar, por tanto, que la sílaba OM dé origen a tres formas distintas de meditar.  La pronunciación en voz alta es tan sólo una de ellas:

  1. Pronunciarla en voz alta.  Su vibración centra y calma la mente.  En Bilbao, y me figuro que en otros muchos lugares, hay un grupo de meditación OM chanting (canto del OM) que he tenido el gusto de conocer que ofrece sesiones gratuitas de meditación de 45 minutos y que no consisten en otra cosa que en repetir sin cesar la sílaba OM mientras el grupo permanece sentado en círculos.
  2. Pronunciarla en el interior de la mente, sin vocalizarla.  Es un tipo de meditación mucho más poderoso y proporciona un foco constante para la mente.
  3. Permanecer en silencio y escuchar el OM que retorna a cada uno de nosotros.  El objetivo es escuchar el sonido susurrado por la Consciencia Suprema.  Dado que OM es el sonido de que todos los sonidos emergen, todos los sonidos acaban confluyendo en el OM, por lo que con una adecuada atención y disposición mental resulta posible escuchar el OM en el propio silencio.



Filosofía antigua y OM.

En el primer capítulo de sus Yoga Sutras, Patanjali dedica hasta tres sutras o versos a la sílaba sagrada OM, que abundan en todo lo referido con anterioridad:
  • 1.27: "La expresión del Uno es la sílaba sagrada OM."  OM representa a Brahman, al absoluto, a la consciencia infinita, al Ser Supremo, al origen y fin de todo, a la vez sonido y silencio manifestado.
  • 1.28: "La repetición y contemplación de su significado debe ser hecha." A través de la meditación en OM es posible experimentar el sonido de Brahman, su susurro silencioso.
  • 1.29: "De esta práctica se obtiene el conocimiento del Ser interno y la ausencia de obstáculos." Es decir, la liberación, la ruptura del obstáculo de la ilusión maya y la unión con el atman, la Consciencia Suprema representada en el bindu del OM.


Además, la sílaba sagrada OM es referida innumerables veces en los textos védicos.  Citaré a continuación algunos interesantes fragmentos de los Upanishads que giran en torno al significado e intención del OM:
  • "Brahman es conocido a través de la sílaba sagrada OM.  Cuando OM es conocido, Brahman es conocido."  Katha Upanishad.
  • "OM es como el arco que apunta el ser individual o atman hacia la diana que es Brahman, la consciencia infinita."  Mundaka Upanishad.
  • "OM es todo lo que es, todo lo que ha sido y todo lo que será.  Incluso todo aquello que está más allá del tiempo es también OM."  Mandukya Upanishad.
  • "Así como una araña sale de su refugio oscuro hacia la libertad a través de su hilo, así el meditador alcanza la libertad a través del OM."  Maitri Upanishad.




Física moderna y el OM.

En 1965 se descubrió la radiación de fondo de microondas.  Resulta que en contra de lo que se pensaba, la temperatura del vacío del Universo no es el cero absoluto, sino que en todo el Universo existe una radiación constante y en todas direcciones que eleva su temperatura apenas tres grados Kelvin por encima del cero absoluto.  Los científicos lo denominan "el eco del Big Bang", y no es más que la reverberación en forma de microondas que queda de aquella gran explosión o expansión que tuvo lugar hace trece mil millones de años y que fue el origen del Universo.  El paralelismo entre este concepto físico y el concepto de OM resulta simplemente sobrecogedor.

La teoría de supercuerdas, a la que todavía le queda mucho para ser perfilada y que no deja de entrar y salir de la denostación por parte de la comunidad científica según transcurren las décadas, proporciona otro punto de vista interesante.

La teoría de supercuerdas propuso a finales del siglo veinte una teoría unificada para explicar las cuatro fuerzas del universo: la gravitatoria, la electromagnética y la fuerza nuclear fuerte y la débil.  Las teorías de Newton, Einstein, Maxwell y Planck permitían resolver por separado problemáticas relacionadas con cada una de ellas, pero arrojaban resultados inconcluyentes si se aplicaban sobre todas ellas en conjunto.  La teoría de supercuerdas, mediante una aproximación radical, solucionaba de un único modo los problemas relacionados con cualquiera de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza.

La teoría de supercuerdas postula que todas las partículas y campos físicos de nuestra realidad se hayan constituidos por unas pequeñas y delgadas cuerdas simétricas: las supercuerdas, que vibran en un espacio-tiempo de múltiples dimensiones.  Dichas vibraciones son las que modelan todas las propiedades de nuestra realidad.  

El principal problema que afronta la teoría de supercuerdas es que emplea modelos matemáticos en los que la realidad se haya constituida por diez o veintiséis dimensiones.  Esto es algo sumamente difícil de entender y aceptar para unas mentes como las nuestras, acostumbradas a vivir y pensar en cuatro dimensiones: tres espaciales y una temporal.  Las supercuerdas vibran en una realidad que no podemos ver, entender ni demostrar, pero que quizás sean la clave de todo.

De nuevo la vibración, el OM, llamando a la puerta del siglo veintiuno y con el badajo de nada menos que la física teórica.  No pretendo establecer con esto un especie de tratado reaccionario que defienda retroceder algunos siglos y volver a unir la ciencia con la religión, pero a nadie debería dejarle indiferente la posibilidad de que, en sentido literal o metafórico, las teorías científicas más vanguardistas y la sabiduría más ancestral puedan acabar dándose la mano miles de años más tarde.

Si al lector le interesa el tema, le sugiero la lectura del libro "El tao de la física" de Fritjof Capra, donde encontrará reflexiones en esta misma línea.

martes, 11 de abril de 2017

El enfrentamiento entre Vasishtha y Vishwamitra.

Ilustración de Vasishtha y Vishwamitra ejecutando las asanas a las que dan nombre: vasishthasana y vishwamitrasana.

Como saben los asiduos a nuestra escuela, en Ashtanga Yoga Bilbao cada semana impar, antes de las clases guiadas que tienen lugar en viernes y sábado, damos una pequeña charla de alrededor de quince minutos sobre algún tema relacionado con el yoga.  Lo llamamos "el uno por ciento de teoría", en referencia a una famosa cita de Krishna Pattabhi Jois según la cual "el yoga es un 99% práctica y un 1% teoría" - "yoga is 99% practice and 1% theory"

La idea de estas charlas teóricas surge de la tradicional conferencia que impartía Guruji los domingos en Mysore y que ahora Sharathji imparte los sábados por la mañana después de la última clase guiada de la semana.  Estas charlas -Conference, como las conoce todo el mundo- suelen tener una hora larga de duración, tocan varias temáticas, algunas nuevas a elección de Sharath y otras recurrentes que repite casi cada semana, e incluyen un espacio para responder preguntas.  Son verdaderamente multitudinarias; sin duda uno de los momentos mágicos de la estancia en Mysore y en los que mejor se percibe la enorme cantidad de gente que estudia cada mes en el KPJAYI.

Al plantearnos el proyecto de Ashtanga Yoga Bilbao tuvimos claro que, a nuestra manera, debíamos reproducir la experiencia de la Conference de Mysore.  Sin embargo, nos parecía fuera de lugar pretender que cada semana nuestros estudiantes se acercasen hasta la escuela fuera del horario de clases para escuchar una larga charla; la iniciativa quizás no tendría buena acogida entre un público que empezaba a conocer Ashtanga Yoga y además seguramente nosotros tampoco estábamos preparados para mantener su interés durante tanto tiempo cada semana.  Desde luego que no tenemos la capacidad o los conocimientos de Sharath ni de Pattabhi Jois, pero a decir verdad tampoco es una tarea sencilla; por ejemplo, en la escuela Ashtanga Yoga London de Hendry Hamish, profesor certificado reputadísimo y con una vasta preparación, la Conference se celebra tan sólo una vez al mes.

Instantes antes de la Conference de Sharath en el KPJAYI de Mysore.

Pero la pincelada regular de teoría se nos antojaba imprescindible.  Nos consta que hay gente que se limita a practicar el método de asanas y respiración de Ashtanga Yoga durante años y no hace ningún esfuerzo personal por aprender nada más allá, acumulando cientos, miles de horas de práctica y cero horas de teoría.  En cierta ocasión, descubrí con sorpresa que una chica de Madrid que había sido mi compañera de práctica durante años no sabía quién era Pattabhi Jois ni que Mysore era una ciudad del sur de la India.  Ella no había investigado nada por su cuenta y nadie nunca se lo había explicado.  Era nuestro deber, por tanto, hacer algo por que germinase la semilla del conocimiento y, sobre todo, del interés, en las personas que se acercasen hasta nosotros en Ashtanga Yoga Bilbao.

Para resolver la cuestión finalmente recurrimos a la estancia de Gabriella Pascoli en Ashtanga Yoga Madrid en el año 2014, cuando sustituyó a nuestro profesor Borja durante su viaje a la India.  Gabriella comenzaba todas las clases guiadas con alguna pequeña salida de guión: explicaba qué eran los bandhas, hablaba de porqué las mujeres no debían practicar posturas invertidas durante la menstruación, enseñaba algún ejercicio de pranayama...  Al final, el ejemplo de Gabriella nos sirvió de inspiración y es lo que hemos acabado estableciendo en Ashtanga Yoga Bilbao.

Desde que a finales de agosto arrancase este curso 2016-2017 hemos estado tratando en nuestras charlas uno de los grandes tópicos del yoga: el Ashtanga Yoga, el yoga de los ocho pasos, que Patanjali describe en su segundo capítulo de los Yoga Sutras.  Durante todos estos meses hemos ahondado en los cinco yamas o restricciones morales, conductas, comportamientos a tener en cuenta en nuestra relación con el exterior y hemos hablado también de los primeros tres niyamas o restricciones internas: saucha, santosha y tapas.

Ronald Steiner ejecuta Vasishthasana, la primera postura de la tercera serie en honor al sabio Vasishtha.  Imagen obtenida de www.ashtangayoga.info.

La primera semana de abril hablamos de tapas: la austeridad, simplicidad, perseverancia o disciplina necesarias para mantener una vida alejada de la mera satisfacción de los deseos de los sentidos.  Un verdadero practicante espiritual, conocido como sadhaka, ha de mantener su práctica contra viento y marea, sin flaquear ni arrojar la toalla ante las dificultades que la práctica y la propia vida plantea tarde o temprano.  Casi a modo de anécdota, hablamos también de los tapasya o practicantes de tapas que históricamente llevaron la austeridad al extremo de la mortificación con vistas a conseguir poderes sobrenaturales o siddhis y pusimos como ejemplo el legendario enfrentamiento entre los sabios Vasishtha y Vishwamitra descrito en el Ramayana, la gran epopeya del hinduísmo junto con el Mahabharata, en el que se relata la historia del príncipe Rama, séptimo avatar de Vishnu, y sus aventuras durante el exilio forzoso a que se ve abocado tras una conspiración en la corte de su padre, el Rey Dasharatha.

Este próximo fin de semana será el tercero del mes pero se estará celebrando la Semana Santa y Ashtanga Yoga Bilbao cerrará por vacaciones, pero en la última semana de abril, los días 28 y 29, antes de las clases guiadas, contaremos precisamente la historia de Vasishtha y Vishwamitra, que adopta la forma de un precioso cuento con una instructiva moraleja.  Mientras traducíamos el texto, lo adaptábamos y preparábamos su presentación, nos hemos dado cuenta de que se trata de una historia tan bonita, tan icónica del yoga y tan representativa de la cultura y manera de pensar en la India, que hemos decidido publicarla en el blog, antes incluso de que la presentemos en nuestras clases.  ¡Que la disfrutéis!


El sabio Vasishtha con su mujer Arundhati y la vaca Sabala.

El enfrentamiento entre Vasishtha y Vishwamitra: un relato del Ramayana.
Fuente: Capítulos II y III del Ramayana, 47ª edición de la adaptación al Ramayana traducida por Chakravarti Rajagopalachari y publicada por Bhavan's Book University.  Adquirido en el Ramakrishna Ashram de Gokulam en verano del 2008.

Érase una vez un rey llamado Vishwamitra que marchaba con su ejército y al que la casualidad llevó hasta el ashram del sabio Vasishtha.  El rishi les dispensó una hospitalidad tan suntuosa al Rey y sus soldados que Vishwamitra se preguntó de dónde provendría tanta abundancia en una ermita perdida en pleno bosque.  Al ser preguntado, Vasishtha llamó a su vaca Sabala y explicó que ella era la fuente de la inagotable plenitud.

Vasishtha dispensa un festín a sus invitados.  Antes de convertirse en eremita, a Vishwamitra se le conocía como el Rey Kaushika.  Para evitar confusiones, aquí lo llamaremos siempre Vishwamitra.

Tras darle las gracias al sabio, el rey Vishwamitra dijo: "Debes entregarme esta vaca puesto que ella será mucho más útil conmigo que contigo.  Los grandes artefactos de poder y riqueza pertenecen al Rey por pleno derecho."

Sabala, la vaca de la abundancia y causa de la disputa entre Vasishta y Vishwamitra.  También se la conoce por los nombres Kamadhenu y Nandini.

Pero Vasishtha no podía separarse de la divina vaca.  Citó numerosas razones y suplicó al rey que no siguiera adelante con su requerimiento.  Pero cuanto más reacio se mostraba Vasishtha en entregar la vaca, más ansioso se volvía el Rey de poseerla.

Tras fracasar en sus esfuerzos de convencer al sabio para que se separase de la vaca, Vishwamitra se enfadó y ordenó a sus hombres que se apropiasen de la vaca mediante la fuerza.

Vishwamitra exige a Vasishtha que le entregue a la vaca Sabala.

Sabala no podía entender porqué estaba siendo manejada con tanta rudeza; ella no quería alejarse del sabio y de su ashram.  Con lágrimas en los ojos, se preguntó en qué manera habría ofendido a Vasishtha para que éste permaneciese quieto y se limitara a observar mientras se la llevaban a rastras.  La vaca se escabulló de entre las manos de los soldados y corrió a buscar refugio a los pies del sabio.

Conmovido por la lastimosa súplica de su querida vaca, que era como una hermana pequeña para él, el sabio dijo: "Haz que surjan soldados y que planten cara a los hombres de Vishwamitra."

Sabala invoca un ejército de soldados.

Sabala obedeció al instante, y los agresores fueron rechazados.  Ciego de rabia, Vishwamitra se subió a su carro de guerra y, alzando su arco, arrojó una lluvia de flechas sobre los soldados invocados por la vaca, pero su fuerza era inagotable y las fuerzas reales sufrieron una completa derrota.  A continuación, los hijos de Vishwamitra apuntaron al propio Vasishtha, pero fueron volatizados.

Vishwamitra inicia su tormentoso viaje espiritual.

Derrotado y desgraciado, Vishwamitra confió su reino a uno de sus hijos supervivientes y marchó a los Himalayas a someterse a rigurosos tapas, dirigiendo sus devociones a Lord Shiva para obtener poderes con los que someter a Vasishtha.

Tan firme fue Vishwamitra en sus austeridades que Lord Shiva resultó complacido y apareció ante él.  Le preguntó al rey cuál era el objetivo que perseguía al llevar a cabo esos tapas.

Vishwamitra replicó: "Si tú estás satisfecho con mis tapas, bendíceme con flechas divinas y permite que domine todas las armas."

"Así sea," dijo Shiva, y le entregó a Vishwamitra todas las armas disponibles de los Devas, Gandharvas, Rishis, Yakshas y Demonios.

Vishwamitra se enfrenta de nuevo a Vasishtha, que esgrime su bastón mágico.

Hinchado de orgullo como el océano, Vishwamitra dio por hecho que Vasishtha estaba acabado.  Se dirigió a todo correr hasta la morada del sabio.  Aterrorizados por la llegada del terrible Vishwamitra, los discípulos de Vasishtha y los animales de su ashram se esfumaron.

Golpeados por el arma de fuego de Vishwamitra, el ashram de Vasishtha quedó reducido a cenizas.

Vasishtha lamentó al giro de los acontecimientos, pero decidido a acabar con la desmedida altivez del rey reconvertido en eremita, le plantó cara con su Brahmadanda -bastón sagrado- en la mano.  Ciego de ira, Vishwamitra le disparó todas las armas divinas que Shiva le había dado, pero todas fueron detenidas según se acercaban al bastón del rishi, que las absorbió.

A Vishwamitra no le quedaba más que un arma en su arsenal, pero era la más poderosa de todas: el Brahmaastra.  Según la esgrimía contra Vasishtha el mundo quedó envuelto en tinieblas como si de un inmenso eclipse se tratara, y hasta los inmortales temblaron aterrorizados.  Pero también el terrible astra se fundió con el bastón del rishi, provocando que tanto él como el hombre santo brillasen con la gloria que habían absorbido.

Momento álgido del épico combate entre Vasishtha y Vishwamitra, en el que los sabios esgrimen su brahmadanda y brahmaastra, respectivamente.

Vishwamitra se quedó perplejo.  Aceptando la derrota abiertamente, dijo: "¿Qué sentido tiene el poder de los Kshatriyas -casta guerrera- en el arte de las armas?  Si con tan sólo un bastón en su mano, este Vasishtha ha anulado todas mis armas.  De hecho Lord Shiva me ha engañado.  No tengo otra alternativa que convertirme en un Brahma Rishi como Vasishtha."  Tras decir esto, se retiró del campo de batalla y se dirigió al sur a sumergirse en tapas aún más rigurosos.

Durante años y años Vishwamitra padeció terribles austeridades.  Complacido por sus perseverancias, Brahma se presentó ante él.  Tras anunciarle a Vishwamitra que, como consecuencia de sus tapas había alcanzado el rango de rishi entre los reyes, Brahma se desvaneció.

A Vishwamitra le decepcionó enormemente que todas sus penalidades le hubiesen otorgado sólo el estatus de Raja Rishi.  Descontento con nada que no fuera sino el rango más alto -Brahma Rishi-, se sometió a austeridades más y más rigurosas con tal de que se le reconociese estar a la misma altura que Vasishtha.

Vishwamitra: el hombre que se atrevió a desafiar a los dioses.  Portada de una novela india.

Cierto día, Vishwamitra supo de un Rey llamado Trisanku tan apegado a la belleza de su cuerpo que no soportaba la idea de tener que abandonarlo al morir y al que una maldición -lanzada por Vasishtha precisamente, para tratar de alejarlo del apego a su cuerpo- había convertido en chandala, un intocable cubierto de harapos.  Vishwamitra sintió lástima por él y halló la ocasión pintiparada para rendir cuentas con su archienemigo: ésa era la gran debilidad de Vishwamitra; era muy impulsivo y en seguida se dejaba llevar por sus emociones, bien fueran ira, simpatía o amor.

Vishwamitra se ofreció para oficiar una ceremonia de sacrificio que le permitiría a Trisanku ser aceptado en los cielos en su forma física y no solo en espíritu.  Invitó a todos los sabios y discípulos de los alrededores, pero cuando invocó a los dioses para que descendieran y aceptasen sus ofrendas, ninguna deidad acudió.  Los rishis que habían asistido a la ceremonia se mofaron.

Loco de ira, Vishwamitra exclamó: "Oh, Trisanku, admira ahora mi poder.  En este momento transfiero para tu beneficio todo el mérito que he obtenido.  Si mis austeridades tienen algún valor, deberían elevarte hasta el cielo en tu cuerpo mortal.  No me importan si los Devas rechazan mis ofrendas.  ¡Oh, Rey Trisanku! ¡Asciende!"

Un milagro ocurrió entonces.  Ante el asombro de todos, Trisanku con su cuerpo de chandala se elevó hacia el cielo.  El mundo contempló así el poder de los tapas de Vishwamitra.

Indra impide que Trisanku ascienda al Cielo en su forma física.

Trisanku alcanzó el Cielo, pero Indra, el San Pedro hindú, lo rechazó y lo obligó a descender de nuevo.  Trisanku cayó desde los cielos, bocabajo, gritando: "¡Oh, Vishwamitra! ¡Sálvame!"

Vishwamitra, decidido a darles una lección a los dioses, espetó a Trisanku: "¡Detente ahí!" y, para sorpresa de todos, el descenso hacia tierra de Trisanku cesó abruptamente y se detuvo en medio del aire, brillando como una estrella.  Como un segundo Brahma, Vishwamitra empezó a crear un nuevo horizonte de estrellas que alarmó a los Devas, quienes le rogaron que por favor aplacase su ira y no continuase con la creación de un segundo universo.

La caída de Trisanku desde los Cielos, detenida por Vishwamitra.

Tan fácil de ser complacido como de ser provocado, Vishwamitra detuvo su proceso creativo.  Pero sus increíbles acciones habían consumido todo el poder que había acumulado con sus austeridades, y se encontró con que tenía que empezar de nuevo. 

Vishwamitra entonces se dirigió hacia el oeste y persistió en sus austeridades.  Durante años continuaron los rigurosos tapas, pero una vez más en cuanto estaban a punto de dar sus frutos, algo sucedía que desataba su ira y le hacía perder el control.  Tras recomponerse, resolvía con firmeza no dejarse llevar nunca más por la ira y reanudaba sus tapas.

Vishwamitra en estado de meditación.

Después de muchos años de austeridades, Brahma y los Devas surgieron ante él y le dijeron: "Tus tapas han surtido efecto.  Ya no estás en el rango de los reyes; te has convertido en un verdadero rishi."

Esto de nuevo le supuso una decepción.  Deseaba convertirse en un Brahma Rishi, igual a Vasishtha, y tan sólo se le reconocía como un rishi común.  Era un reconocimiento tan inútil como los proyectiles que el Brahmadanda de Vasishtha se había tragado.

Por lo tanto, decidió proseguir con sus tapas, más severos que nunca.

Menaka y Vishwamitra.

A los Devas no les gustó esto.  Enviaron a la damisela celestial Menaka para tentarlo con su belleza y candor celestiales y conseguir que así Vishwamitra se olvidase de su elevada pero obsesiva meta y prestase atención a los placeres mundanos.  Acudió al lugar donde Vishwamitra se estaba sometiendo a austeridades y jugó a llamar su atención con un centenar de ardides de seducción.  Vishwamitra la vio y quedó fascinado por su belleza.  Rompió su juramente y pasó diez años abandonado en un sueño de gozo carnal.

Finalmente despertó, observó a la asustada Menaka con pena y dijo que no la maldeciría, puesto que había sido culpa de su propia locura, no de ella, quien al tentarlo tan sólo había cumplido las órdenes de su maestro.  Y con tristeza se encaminó hacia los Himalayas a continuar sus tapas rotos.

Allí, durante mil años, controlando sus sentidos, realizó rigurosos tapas.  Por petición de los Devas, Brahma volvió a aparecerse a Vishwamitra y le habló así: "Te doy la bienvenida como Maharishi, hijo mío.  Satisfecho por tus conmovedores tapas, te otorgo ese título y la santidad que comporta."

Sharath Jois ejecuta Vishwamitrasana, la postura en honor al sabio Vishwamitra que evoca sus ansias guerreras.

Sin alegrarse ni decepcionarse, Vishwamitra dobló sus manos en adoración y preguntó al Padre del Universo si la bendición significaba que había logrado conquistar los sentidos.

"De ninguna manera", respondió el Creador, "pero sigue esforzándote en dominarlos."
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Decidido a lograr la conquista suprema, Vishwamitra inició otro millar de años de tapas todavía más duros que arrastraron a los Devas a una consternación aún mayor.

Rambha despliega todos sus encantos para tentar a Vishwamitra.

Indra envió la damisela celestial Rambha y la instruyó para que desplegase todas sus artes para seducir a Vishwamitra y alejarlo de su propósito.  Ella tenía miedo, pero Indra le aseguró que no la dejarían sola, sino que la acompañarían el Dios del Amor y el Espíritu de la Primavera.  Aceptó a regañadientes y, según penetró en la zona de retiro de Vishwamitra, el bosque floreció con una belleza inconmensurable, el viento del sur sopló brisa cargada de aromas de flores y sonaron bellas melodías.  El Amor y la Primavera estaban allí para ayudar a la Belleza.  Perturbado por sensaciones a las que durante mucho tiempo había sido ajeno, Vishwamitra abrió los ojos y contempló a una sonriente damisela de embriagadora belleza que parecía el mismísimo espíritu de la primavera con sus flores, fragancia y música.  Ante esta visión de voluptuosidad un relámpago de ira le atravesó, reconociendo en ella otra tentación arrojada a él por los envidiosos Devas y maldijo a la tentadora: "Oh Rambha, por querer tentarme a mí, que estoy esforzándome en conquistar la ira y el deseo, te condeno a quedarte petrificada durante diez mil años."

Pero esta explosión de ira le hizo darse cuenta de lo lejos que se encontraba de completar su propósito y con pena abandonó los bosques de los Himalayas y buscó la soledad del este.  Allí, detuvo su respiración, abandonó todo pensamiento en las cosas mundanas y realizó unas austeridades tan rigurosas que de su cuerpo surgieron humo y llamas que cubrieron el universo.  Entonces, tras la oración de los aterrorizados dioses, Brahma apareció de nuevo ante él y lo envistió como Brahma Rishi. 

Pero Vishwamitra dijo: "¿Cómo puedo ser feliz, a menos que sea de los labios de mi viejo enemigo, Vasishtha, que escuche que soy un Brahma Rishi?"

Dos indios ataviados de Vasishtha y Vishwamitra, tan amigos después de haber estado enfrentados a muerte.

Vasishtha surgió entonces, sonrió recordando su lucha con Vishwamitra, y le dijo: "Has obtenido el fruto de tus grandes austeridades.  Ya eres un Brahma Rishi, mi hermano."

Y así concluye la historia del sabio Vishwamitra, el rey que alcanzó la santidad padeciendo terribles austeridades y que en su afán de poder llegó a desafiar a los mismos dioses, pero que sólo halló la verdadera sabiduría en la reconciliación con sus propias emociones y con su enemigo.  Posteriormente, Rama encontraría en él a su preceptor.


Conclusiones.

En los poderes sobrenaturales que Vishwamitra persigue con desesperación podemos reconocer, en sentido metafórico, las aspiraciones que nos atenazan a nosotros mismos: acumulación material, ascensos laborales, reconocimiento social, conquistas afectivas...  Mientras permanece dominado por sus sentidos, por su rabia, por su afán de venganza, Vishwamitra nunca considera suficiente el premio recibido y se empeña más y más en aumentarlo, una situación que sin duda nos resultará familiar.

En realidad, el viaje de Vishwamitra es un viaje iniciático hacia la sabiduría espiritual.  Su primer objetivo es Sabala, la vaca de la abundancia con la que podrá obtener todo lo que desee de este mundo, pero cuando Vasishtha se erige en protector de Sabala y logra derrotar a todo su ejército, el nuevo objetivo de Vishwamitra pasa a ser el poder, un poder que sólo los dioses le podrán otorgar a través de una sacrificada vida de renuncia.  Tras el segundo enfrentamiento y una nueva derrota, Vishwamitra se da cuenta de que sólo alcanzará el éxito cuando alcance en sabiduría a su enemigo, y entonces ya es cuando Vishwamitra resuelve ir en pos de la sabiduría que Vasishtha encarna.  En la reorientación de su objetivo reside su salvación.  La sabiduría, sí, le concederá el poder con el que someter a su enemigo, pero la propia sabiduría será la que le conduzca a la supresión de su sed de poder y venganza.  Vishwamitra acaba por aprender esta lección a las duras y tras no pocos avatares.

El relato, por tanto, inspira al lector a huir de los cánones de éxito que antes y ahora asolan a las sociedades humanas e iniciar su sadhana en pos de la verdadera sabiduría: la felicidad no reside en la infinita e imposible satisfacción del deseo, en la acumulación de lujos y ostentaciones -poderes-, sino en el desarrollo de la interioridad, la simplicidad hacia el exterior, la satisfacción por lo que se recibe y la ausencia de reacción ante penas y alegrías, logros y fracasos; lo que en el relato de Vasishtha y Vishwamitra es referido como la conquista de los sentidos.  Además de tapas, los dos primeros niyamassaucha santosha, giran también en torno a estos mismos conceptos.  Esta enseñanza se puede extrapolar a todos los ámbitos de la existencia humana y muchos han de aprender esto como Vishwamitra, por las malas.  En la práctica de asanas, por ejemplo, el exceso de celo, la autoexigencia, la ambición, el deseo por alcanzar metas, el apego a los logros, dejan camino expedito a la frustración, al dolor, a las lesiones.

En un sinfín de ocasiones los denodados esfuerzos de Vishwamitra se revelan vanos y una y otra vez se frustra y se estrella, pero también es cierto que una y otra vez se levanta y persevera.  Tapas es simplicidad, es austeridad, es control de las emociones, pero no es conformismo ni dejadez, sino que también es perseverancia y esfuerzo, no abandonar ante las dificultades ni el hastío.  Como Sharath gusta repetir a menudo; un verdadero practicante espiritual, un shadaka, se pondrá cada día sobre la esterilla, pase lo que pase, y practicará con toda su atención, inteligencia, esfuerzo y habilidad.  Luego, independientemente de lo sucedido, juzgará el éxito de su práctica no por lo que ha logrado, sino simplemente por haberla hecho.  Le llevó miles de años a Vishwamitra aprender todo esto; ¡a ver cuánto tardamos nosotros!

lunes, 13 de marzo de 2017

Sharath Jois sobre honrar la tradición.


En este mes termina una nueva temporada de estudio en el KPJAYI de Mysore; seis meses desde octubre a marzo en los que Sharath Jois, nieto de Pattabhi Jois y director del Instituto de Ashtanga Yoga, ha enseñado a centenares de estudiantes procedentes de todo el mundo, entre ellos a nuestra querida Nines.

Durante los meses de mayo y agosto Sharath emprenderá su tradicional gira que lo llevará a varias ciudades de Estados Unidos y Europa.  En el caso de que algún lector de este blog esté interesado, los lugares y las fechas del tour europeo son las siguientes:  

Hace dos semanas se ha publicado en Internet un interesante artículo en el que Sharath reflexiona sobre la importancia de la tradición y el cuarto niyama: svādhyāya, el esfuerzo de estudio personal, que me ha parecido suficientemente interesante como para merecer una entrada en el blog.  Al igual que otras veces, me he tomado la molestia de traducirlo al castellano.  Dejo aquí el enlace al artículo original en inglés.

Cartel promocional de la gira de Sharath en Estados Unidos, con lugares y fechas.

El yoga es un método para alcanzar un estado superior de consciencia, pero para comprender este método se ha de seguir una tradición.  La tradición es muy importante en el yoga.  En sánscrito lo llamamos paramparā, que quiere decir una sucesión de profesores y discípulos relacionados con un linaje.  Guru shishya paramparā es el conocimiento, o enseñanzas, que se transmiten desde un maestro o gurú a su discípulo, śiṣya.  Para obtener conocimientos yóguicos, guru shishya paramparā se basa en la relación profunda y provechosa que se establece entre un maestro y un discípulo.

Muchas revelaciones llegarán sólo después de transcurrir un tiempo prolongado al lado de un maestro.  Lleva tiempo fortalecer estas raíces espirituales.  Hasta entonces, el árbol no habrá echado raíces.  Sólo cuando hayas pasado tiempo con tu maestro -quien debe tener muchos años de experiencia- te encontrarás anclado con firmeza.  Una vez tus cimientos sean acertados y firmes, sólo entonces llegarán el resto de las ramas del yoga.  De otro modo, el yoga será muy superficial.  Nunca obtendrás un conocimiento profundo.  Se quedará en la superficie y nada más.  No llegarás más adentro.

Sharath Jois y vishvamitrasanaāsana de la tercera serie.

Mucha gente hablará sobre āsana y acerca de ajustar tal o cual postura.  Esas cosas están bien para tu cuerpo físico.  ¿Pero qué pasa con tu conocimiento del yoga más allá del āsana?  ¿De dónde viene?  Las āsanas son sólo una de las ramas para hacer que tu cuerpo sea estable, pero no debemos detenernos ahí.  El yoga no es simplemente āsana.  He estado hablando de esto durante muchos años.  El entrenamiento físico no es yoga.  El yoga, repito, es un método para alcanzar un estado elevado de consciencia.  Para aprender el método tienes que encontrar un maestro.  Es entonces cuando el paramparā y el linaje surgen.

En la tradición, o paramparā, en primer lugar, tienes que pasar tiempo con un maestro aprendiendo las técnicas y el método.  El paramparā no llega a través de un teacher training o de ningún estudio a corto plazo, como cursos de quince días o un mes.  Nunca entenderás lo que es el yoga en esos periodos de tiempo tan cortos.  Podrías tardar quince años o más en llegar a saber qué significa estar adecuadamente asentado y haber echado fuertes raíces en este camino espiritual.

Para seguir un camino espiritual tenemos que conocer el método de manos de un maestro y a continuación tenemos que implicar nuestro propio esfuerzo.  Por ejemplo, al alcanzar cierto nivel de madurez comenzarás tu propia sādhana.  Esto es lo que se conoce como svādhyāya, que quiere decir estudio personal.  Para realizarnos tenemos que poner en práctica todo lo que hemos obtenido de nuestro maestro.  Ponemos todo nuestro esfuerzo en el método.  Sólo entonces podemos experimentar por nosotros mismos lo que él nos ha enseñado.  Esto requiere dedicación al método y a la tradición.  Esto es el paramparā.  A menos que lo experimentes por ti mismo, no puede ser svādhyāya.  La realización sólo llega a través de tu propia experiencia personal.


Cartel promocional de la gira de Sharath en Europa, con lugares y fechas.  La postura es durvasasana, de la tercera serie.

Muchas veces he visto entrevistas con profesores experimentados que han practicado durante 10 ó 15 años pero no progresan.  Ellos dicen: "Mi gurú dice esto," o "Mi gurú hace eso." Pero yo me pregunto, ¿cuál es tu propio conocimiento?  ¿Qué has aprendido a través de él?  ¿Cuál es tu experiencia?  En el camino espiritual, si no practicas svādhyāya, te quedarás al mismo nivel.  No crecerás.  No madurarás.  No te desarrollarás.

Āsana es importante, pero sólo es una parte de la práctica.  Todos estos grandes profesores quieren seguir a su gurú.  Quieren seguir el mismo estilo de andar que tiene su gurú.  Sin embargo, no quieren saber hacia dónde camina su gurú.  Ése es el motivo por el que no hay muchas personas iluminadas.  Quieren copiar el estilo de caminar de otras personas.  Yo siempre digo que no copies el estilo que tiene tu gurú.  En cambio, observa hacia dónde está caminando; eso es lo que necesitas saber.  Su manera de andar no es importante.  Eso no te llevará a ningún lado.

Nuestra experiencia debería de estar más orientada hacia el destino.  Mi manera de andar es diferente de su manera de andar.  Su forma de andar es diferente de mi forma de andar, pero todos caminamos hacia el mismo destino, nos volvemos libres para descubrir quiénes somos.  De otra manera, te quedarás atascado en el āsana y no hablarás de otra cosa más allá del āsana.  Por eso nunca saldrán de ahí.  Están atascados en el āsana.

Sharath Jois, Pattabhi Jois y Tirumalai Krishnamacharya.

Hay una gran diferencia entre la manera de enseñar de Krishnamacharya y la de Pattabhi Jois.  Aunque mi abuelo seguía a Krishnamacharya, él siempre fue Pattabhi Jois.  Pattabhi Jois es Pattabhi Jois.  Krishnamacharya es Krishnamacharya.  Sharath Jois es Sharath Jois.  No podemos establecer comparaciones entre los tres.  Aunque seguimos la misma tradición y procedemos del paramparā, mi propio esfuerzo siempre está allí.  Mi esfuerzo no puede ser el esfuerzo de Pattabhi Jois.  El esfuerzo de Pattabhi Jois no puede ser el esfuerzo de Krishnamacharya.  Mi svādhyāya no puede ser el svādhyāya de Guruji, aunque él me lo enseñó.

Krishnamacharya tuvo sus propias luchas.  Pattabhi Jois tuvo sus propias luchas.  Yo tengo mis propias luchas.  Nadie puede compartir estas cosas.  Es el mismo método, pero tenemos que experimentar personalmente nuestros propios problemas.  Esto nos hace distintos a cada uno de nosotros.  Yo sé esto sólo a través de la experiencia.  Nadie me lo dijo.  Esto procede de mi propia sabiduría.

lunes, 27 de febrero de 2017

Ashtanga Yoga Bilbao en India: amanecer, práctica y despedida.


rasmi-mantam samudyantam devasura-namaskrtam
pujayasva vivasvantam bhaskaram bhuvanesvaram

Adora al dios-sol naciente, el dominador de mundos, quien está coronado de rayos,
quien es saludado por dioses y demonios y quien ilumina al mundo.


Así empezaban las mañanas durante el taller que Peter Sanson celebra en Madrid cada mes de mayo desde hace más de una década y al que Nines y yo asistimos invariablemente hasta el 2015.  Sin duda un momento muy especial que habrá quedado grabado en la memoria de todos los que alguna vez hayan asistido al turno de las 07:00 de la mañana y escuchado a Peter Sanson recitar de memoria los sesenta y cuatro versos del Aditya Hrdayam al principio de la clase -el duodécimo y decimotercero encabezan este artículo- y justo antes de cantar el mantra de Ashtanga Yoga que daba inicio a la sesión estilo Mysore del día.

Se trata de un precioso canto que aparece en el Ramayana, el gran drama épico del hinduismo además del Mahabharata en el que se describen las aventuras de Rama, séptimo avatar de Vishnu y legítimo rey de Ayodhya, durante el exilio de catorce años a que se vio forzado tras una conspiración en la corte.  En cierto momento, Rama entra en combate contra el rey-demonio Ravana.  Rama acierta una y otra vez con sus flechas cortando su cabeza, pero cual hidra griega la cabeza de Ravana rebrota sin cesar.  El gran sabio Agastya surge y le explica a Rama que la rectitud de Mandodari, esposa de Ravana, protege su vida, y que lo debe hacer es recitar el todopoderoso canto Aditya Hrdayam antes de extraer una flecha del carcaj y arrojársela a Ravana.  Sólo así logrará derrotar la protección de Mandodari.  Rama procede tal y como le aconseja Agastya, y al recitar el mantra de adoración al sol consigue un gran nivel de concentración mientras apunta su flecha y logra destruir a su enemigo de una vez por todas. 

La adoración al sol se encuentra detrás de muchas tradiciones de yoga, y desde luego fue una de las enseñanzas que Tirumalai Krishnamacharya transmitió a sus discípulos, entre ellos Pattabhi Jois, para quien el sol es una expresión visible y tangible del poder de Dios, creador, mantenedor y destructor de vida.  En su libro Yoga Mala y en el pequeño librito Suryanamaskara, Guruji explica que los antiguos sabios sabían que aquellos bendecidos por el Dios-Sol disfrutaban de vidas saludables, y por ello favorecía comenzar el día recitando de memoria el Aditya Hrdayam y a continuación practicando los Surya Namaskar -Saludos al Sol- de acuerdo con su método.

Espera de madrugada para entrar a una clase guiada en el KPJAYI.  Este año, gracias a Dios, se ha organizado una cola para evitar los embudos de otras temporadas.  La cola asciende toda la calle.

Debido a esto Guruji enseñaba yoga de madrugada antes de acudir a su trabajo en la Universidad de Sánscrito y aún hoy, mucho después de los tiempos de Pattabhi Jois como profesor de Universidad, las clases en Mysore comienzan a las 04:30 de la mañana.  El periodo anterior a la salida del sol se conoce como Brahmamuhurta, la hora de Brahma el creador.  Se trata del momento más propicio del día para entregarse a las prácticas espirituales que incluyen meditación y yoga.  Durante la hora y media anterior a la salida del sol, la mente se encuentra en un estado natural de calma y es más proclive a alcanzar estados de concentración profundos.  En el sentido más estricto, las 04:30 de la madrugada no es siempre Brahmamuhurta porque en Mysore durante buena parte del año el sol sale bastante más allá de las 07:00 de la mañana y la práctica de muchas personas empieza y termina antes de que haya el menor atisbo de los rayos del sol.  Brahmamuhurta no es una hora fija; va cambiando según se aleja o acerca el amanecer, pero la misma idea de adoración al sol subyace.  A la postre, dado que los turnos de práctica en la main shala se suceden desde las 04:30 hasta bien entrada la mañana -las 10:00 o más allá-, tan sólo algunos grupos de personas practican en la hora propicia.

Por todo esto se explica que en la tradición de Ashtanga Yoga lo habitual sea practicar temprano por la mañana.  En ciertas latitudes del globo -pensemos en el invierno finlandés- la salida del sol se puede retrasar o adelantar a horas realmente extravagantes, pero la realidad de la vida moderna ha hecho que la práctica tradicional de Ashtanga Yoga sea conocida en todos lados por llevarse a cabo temprano.  En algunas escuelas del mundo, de hecho, tan sólo hay clases antes del mediodía.  Sharath Jois suele decir que un verdadero sadhaka, un verdadero estudiante de yoga con disciplina, ha de practicar a primera hora.  Es lo habitual sí, pero tampoco lo obligatorio; al fin y al cabo el propio Sharath hoy día en Mysore enseña tanto en turno de mañana como de tarde, con un exiguo grupo de indios que empieza a partir de las 15:00.  Y durante años yo mismo hube de practicar por la tarde.  Cuando vivía en Madrid mi hora de entrada al trabajo eran las 08:00 de la mañana y ninguna escuela de Ashtanga Yoga abría antes de las 06:45; hoy por hoy es socio-culturalmente impensable que en España se impartan clases de yoga a las 05:00 de la mañana o antes tal y como sucede en otros países.  Por ello, y salvo algunas semanas excepcionales que me permitía el lujo de solicitar llegar más tarde al trabajo y compensarlo retrasando la hora de salida, durante mis años en Madrid mi práctica fue mayoritariamente vespertina.  Un mal menor, me figuro, a ojos de Krishnamacharya y Pattabhi Jois; al fin y al cabo es mejor practicar a una hora tardía que no hacerlo, ¿verdad?

Nines, por la mañana, a punto de entrar en el KPJAYI para una clase estilo Mysore.  Le tocaron unos horarios muy moderados para lo que estamos acostumbrados: 07:00 de la mañana para las clases estilo Mysore de martes a viernes y 06:00 de la mañana para las guiadas de sábado y lunes.

Pero el traslado a Bilbao cambió todo esto y, entre otras cosas, pasé a abrazar con fervor el Brahmamuhurta.  Me imagino que siempre he tenido la opción de practicar al mediodía o después de comer, pero me parecía lógico que el cambio de vida y hábitos incluyera también ceñirme a los aspectos más tradicionales de este linaje y practicar a la hora que estipulan los cánones.  El fin de semana me permito una mayor laxitud pero en la actualidad, y dado que las clases de la mañana entre semana en Ashtanga Yoga Bilbao comienzan a las 07:00, mi práctica empieza a las 04:45 y termina a las 06:30, lo que al menos en la época estival se aproxima bastante a Brahmamuhurta; en verano el sol sale antes de las 07:00 y en invierno después de las 08:00.  Brahmamuhurta, hora propicia para adorar al Sol o no, lo cierto es que después de más de un año mi organismo se ha habituado a esta disciplina y los alumnos de las 07:00 me encuentran despierto, practicado, desayunado y duchado.  Por su parte Nines, que en Ashtanga Yoga Madrid empezaba a las 06:45, ha adelantado ahora su práctica a las 05:30 para poder asistirme poco después del comienzo de las clases.  

Los efectos de la práctica a primera hora, ahora lo puedo decir tras haberlo vivido en mis carnes durante un largo periodo ininterrumpido, son varios:  En primer lugar, es indudable que en términos prácticos los primeros momentos del día son los más propicios para esta clase de actividad en la que se requiere un alto nivel de concentración.  Antes del amanecer la ciudad no se ha despertado aún y todos los posibles quehaceres que haya en ella quedan en suspenso.  Si hubiese elegido practicar, digamos que a las 11:00 de la mañana, seguramente que más de un día alguna de las obligaciones del mundo exterior, que de madrugada permanecía aletargada, me hubiera distraído, interrumpido o impedido llevar a buen término la práctica.  Nada más levantarse, aunque la mente se encuentre más dispuesta, el cuerpo todavía está dormido, rígido.  La práctica hay que afrontarla con respeto, sintiendo cómo la respiración y la musculatura van despertando, abriéndose poco a poco.  Los contrastes que suele haber en la práctica, con unos días en los que estás más duro y otros más flexible, por la mañana son mucho más acusados y conviene atenderlos con precaución.  El efecto del amanecer también se siente con mayor intensidad.  Me imagino que detrás hay una cuestión puramente biológica: niveles de melatonina y serotonina.  Desde las ventanas de Ashtanga Yoga Bilbao que están orientadas al este-noreste tenemos una fantástica perspectiva de la salida del sol y, quieras que no, el sistema hormonal del cuerpo no es ajeno a ello.  

El acceso a la main shala desde el hall de entrada en los instantes previos a una clase guiada de la primera serie.  Se aprovechan hasta el espacio en vestíbulo y vestuarios.  Apréciese el nuevo suelo de tarima.

La puerta de entrada a la main shala vista desde en interior, antes de una conferencia.  Justo encima está el reloj que marca la shala time, la hora oficial del KPJAYI que está entre quince y veinte minutos adelantada respecto a la hora que marcan los relojes.  Guruji, y por extensión Sharath, no sólo quieren que los estudiantes sean puntuales, sino incluso que lleguen mucho antes de lo debido.  Por ese motivo se cambió originalmente la hora de la shala

Sin duda, el trago más amargo desde nuestro traslado a Bilbao ha sido la ausencia de profesor.  Nines a partir de las 07:00 aún me ha tenido a mí, pero yo lo único de lo que he podido disfrutar ha sido de su leve compañía durante la parte final de mi práctica.  ¡Ni siquiera pudimos ser estudiantes cuando vino a Bilbao Tomás Zorzo!  Al final se apuntó tanta gente que tuvimos que asistirle los dos.  Por lo tanto, este viaje a Mysore ha estado orientado en buena medida a paliar el vacío de que hemos adolecido a este respecto.  No hay sitio en el mundo mejor que Mysore para hacer que un profesor vuelva a sentirse estudiante, y de hecho buena parte de esa magia de Mysore, ese Mysore magic del que tanto se habla, se explica cuando viajas a Mysore y te encuentras allí con tus propios profesores, con eminencias como Peter Sanson o Hendry Hamish que ya practicaban cuando los de mi generación éramos unos mocosos, con fenómenos mediáticos como Kino McGregor o Laruga Glaser que mueven a millones y con otros muchos maestros de Europa, Asia, América, África y Oceanía, haciendo cola para entrar en la main shala como uno más.  

Hasta el mes de enero Nines no comenzaba su periodo de estudio con Sharath y durante nuestra primera semana practicamos mano a mano en una habitación vacía de casa.  Sin poder matricularme en el KPJAYI y pesar de estar en Mysore rodeado de alternativas, era reacio a practicar con otras personas.  Sharath Jois es mi profesor y el único motivo por el que siempre he viajado a Mysore.  De entre todos los profesores que pululan por Mysore, si acaso el único que me sonaba interesante era BNS Iyengar, un nonagenario antiguo estudiante de Krishnamacharya y Pattabhi Jois en los tiempos del Maharajá.  Cuando quedamos con Marcello, un amigo italiano de nuestra época en Madrid que casualmente se encontraba también en Mysore, nos dijo que le conocía.  Marcello no practicaba con Sharath; lo intentó el año pasado pero como tantos otros fue rechazado, y aún así viajó a Mysore y encontró a un profesor llamado Shantaram, un gran desconocido que apenas tiene alumnos pero que le gustó por su peculiar manera de enseñar y con el que ya ha estado dos veces.  Shantaram da clases en el centro Yoga Mandala de Lakshmipuram por donde también se hace ver BNS Iyengar.  En teoría, Iyengar sólo acepta a gente que estudie con él durante un mes completo, pero Marcello le expuso mi situación e Iyengar estuvo dispuesto a aceptarme durante quince días.

Virabhadrasana A durante una clase guiada en el KPJAYI.

Sin embargo, al final no fui con Iyengar.  Practicar con él durante quince días y conocer su malhumorado carácter sin duda habría sido una interesante experiencia, pero implicaba tener que acudir a su escuela absolutamente todos los días -sábados, domingos, Nochevieja y Año Nuevo incluidos- hasta el mismo día de mi partida y no a primera hora -por lo visto a él no le preocupa lo de Brahmamuhurta- sino al mediodía, justo en el momento en que teníamos que realizar todos los trámites para Ashtanga Yoga Bilbao.  Así que, finalmente y lamentándolo porque debido a su avanzada edad quizás no volviera a tener otra oportunidad similar, decliné su oferta de un "curso" de quince días.  Como Nines se quedaba más tiempo quizás ella podría haberlo hecho, pero una de las condiciones que te imponen cuando te matriculas en el KPJAYI es que te comprometes a no practicar yoga ni meditación con otros profesores.  Incluso te hacen firmar un papel en el que asumes que si te descubren serás expulsado.  Me imagino que Sharath no tiene en nómina a detectives con sombreros de ala gacha que se dediquen a buscar a alumnos suyos en otras escuelas, pero cuando te sometes a la tutela de un maestro, y en especial de un maestro de yoga, hay que hacer las cosas de la manera correcta y no sólo por miedo a ser descubierto.

A través de Carol, una chica chilena que estuvo con nosotros en Ashtanga Yoga Bilbao durante algunos meses, llegamos hasta MS Viswanath, conocido como Masterji.  Había oído hablar de él, pero no sabía que era sobrino del mismísimo Pattabhi Jois; fue su estudiante durante quince años y lleva más de cuatro décadas enseñando la práctica de Ashtanga Yoga que aprendió con su tío, lo cual le sumaba varios puntos positivos.  Carol nos dio buenas referencias y Masterji nos dejaba apuntarnos semanas sueltas, así que la última semana de diciembre estuvimos yendo a su escuela en Yadavagiri, a media hora a pie desde Gokulam.

Guruji y Masterji.

Masterji debe rondar los setenta años pero no se ciñe al tópico del profesor de yoga indio viejo y gruñón; es sonriente y no tiene un guión al que todos deban ceñirse so pena de ser regañados.  Con él, por ejemplo, pude hacer segunda serie al tercer día.  Le pedí permiso y me dijo que no había problema; seguramente podría haberla hecho desde el primero.  Sharath, por el contrario, tiene que ser él el que te vaya diciendo cuándo puedes ir haciendo cada una de las posturas de la serie intermedia, y rara vez deja hacer a alguien pashasana en su primer mes.  Masterji tampoco puso reparos en que hiciera la secuencia de backbendings con pinos, algo que en teoría sólo se debe hacer cuando se termina la serie intermedia -yo llego hasta karandavasana- y no cierra en días de luna llena y nueva.  En general fue una experiencia positiva sobre todo por el hecho de practicar al lado de otras personas y cómoda, puesto que me estuve levantando varias horas más tarde de lo que estoy acostumbrado en Bilbao, pero tampoco como para que se prolongase más allá de aquella semana.  En enero, cuando Nines empezó con Sharath, yo practiqué en casa.

La escuela de Masterji es bastante grande, con un incómodo suelo de mármol frío que podría albergar a unas cuarenta personas, aunque a lo sumo llegamos a ver a una veintena en aquella semana.  Tiene a unos cuantos estudiantes devotos, gente que viaja a Mysore expresamente para estar con él.  Me sorprendió encontrar entre ellos a una chica griega con la que había coincidido durante varias temporadas en la main shala.  Se trata de una profesora autorizada nivel 2 por el KPJAYI con una práctica muy avanzada de tercera serie completa que vive en Mysore todo el año.  Asumí que practicaba con Sharath los tres meses máximos permitidos por temporada y el resto del tiempo con Masterji, pero cuando hablé con ella me dijo que en realidad había elegido dejar de practicar con Sharath y quedarse con Masterji.

La main shala durante una conferencia, abarrotada.

Detrás de esto está el clásico de todas mis crónicas: la sobresaturación del KPJAYI.  No ahondaré demasiado en un asunto del que ya he hablado otras veces; es tan fuerte el reclamo que ejerce la escuela que fundara Pattabhi Jois y que ahora dirige su nieto Sharath Jois y son tantas las personas que desean practicar en la fuente de Ashtanga Yoga, que por muy grandes que sean los esfuerzos de Sharath siempre hay gente que queda descontenta.  Sharath está al pie del cañón durante toda la mañana; desde las 04:00 hasta las 10:00 o hasta la hora que haya gente, pero en la main shala caben más de sesenta personas y no puede abarcarlos a todos; se sirve de equipos de tres asistentes, profesores autorizados, que llevan el peso de los ajustes.  Sharath está pendiente de todo, vigilante, se encarga de controlar quién es el siguiente en entrar -"One more!"-, "da" o enseña nuevas posturas, ajusta a algunos, regaña a otros y, en definitiva, conduce la clase como sólo puede hacerlo quien acumula décadas y millares de alumnos de experiencia.  Pero en un sitio como el KPJAYI, lo que Sharath no puede hacer es enseñar en detalle.  Entre trescientas y cuatrocientas personas pasan por la main shala cada mañana; unos dos mil en los seis meses de temporada entre octubre y marzo, y cada uno tiene su propia historia, sus circunstancias y sus necesidades.  A lo largo de un periodo de estudio típico de dos o tres meses prácticamente todos reciben un puñado de enseñanzas, consejos, ajustes o demostraciones suyas que en muchos casos son la clave para descubrir la manera correcta de hacer algo, llegar adonde nunca habían creído posible o superar alguna dificultad aparentemente insalvable, detalles que suelen dejar un fenomenal sabor de boca y que se recuerdan durante toda la vida como la perla de aquel viaje.  Sin embargo, en algunos casos existe también la expectativa o, porqué no, la verdadera necesidad de recibir un tipo de atención que, por desgracia, Sharath no está en condiciones de conceder.

Las personas decepcionadas constituyen el lado amargo del KPJAYI, su faceta más incómoda.  No se suele hablar de ellas; sus historias no quedan "bonito" al lado de las excelentes experiencias que yo y muchos hacemos llegar al exterior, pero son la real e inevitable consecuencia del momento histórico actual del Ashtanga Yoga en Mysore y en el mundo.  Detrás suele haber lesiones, peticiones o circunstancias especiales varias que no han recibido la suficiente atención.  Muchos tenemos -teníamos- cerca a un profesor que nos sigue de cerca y al que recurrimos con facilidad cuando nos topamos con dificultades; con él tallamos la forma del diamante y en Mysore lo pulimos, pero para otros la estancia en Mysore es el momento clave en el que se espera recibir las respuestas adecuadas a preguntas concretas largo tiempo ha formuladas.  En un caso concreto del que supimos personalmente, una chica que arrastraba desde hacía años una molesta contractura en el hombro con posible origen cervical nada más llegar a Mysore acudió a Sharath en busca de consejo.  Tuvo que hacer su solicitud a través de Usha la secretaria, que la citó varias semanas, casi un mes después, mientras el dolor iba a mayores y se extendía al cuadro lumbar.  Cuando finalmente le pudo contar su problema con detalle, Sharath mostró interés y le propuso cambiarse a las clases de la tarde para indios y residentes, donde al haber poca gente podría atenderla con mayor detenimiento.  El plan pintaba bien, pero la realidad fue muy distinta a lo esperado.  Tras el mogollón de la mañana, Sharath se tomaba las clases de la tarde con calma; a veces ni siquiera aparecía, y cuando lo hacía a menudo se pasaba buena parte del tiempo recibiendo "appointments" o citas programadas con estudiantes tal que la que ella misma había tenido.  Total que, al cabo de varias semanas, tras su segundo mes completo en el KPJAYI y sin haber recibido más que algún que otro consejo superficial, obvio y poco efectivo, la chica decidió no renovar su inscripción para un tercer mes y acabó apuntándose con Masterji, con quien sí, por fin, obtuvo nuevas pautas y cambios en su rutina que empezaron a encauzar el problema.  

Cola de espera para una clase de chanting.

Mi propia experiencia con Sharath en este viaje también merece un comentario.  Aunque no me hubiesen aceptado para estudiar en el KPJAYI, se me ocurrió que al menos intentaría hablar con Sharath y contarle lo que habíamos hecho en Bilbao en estos dos años transcurridos desde que me diese su blessing.  Seleccioné varias fotos y preparé un álbum cronológico de lo que había sido hasta ese momento la aventura de Ashtanga Yoga Bilbao: una foto mía con Sharath, una foto "familiar" en Ashtanga Yoga Madrid con Borja, Susana, Pau, Nines y yo, un mapa con la ubicación de Bilbao en Europa, imágenes generales de Bilbao y del Rascacielos Bailén, fotografías de la obra y del resultado final, imágenes de las clases, de los eventos varios que hemos organizado como los conciertos de cuencos tibetanos y santoor o el taller con Tomás Zorzo, viejo conocido suyo, e incluso una pequeña selección de las flores más bonitas del altar de Guruji que, como saben los asiduos de Ashtanga Yoga Bilbao, renovamos cada semana.  Le añadí textos explicativos en inglés para que a lo largo de las veinte páginas del álbum Sharath se pudiera hacer una idea general de nuestra corta pero intensa historia y lo metí en la maleta.

Estaba bastante ilusionado con el álbum.  El cometido de mi viaje, se lo dije a muchos, era comprar un Ganesha para Ashtanga Yoga Bilbao, encargar esterillas con nuestro logo bordado y enseñarle a Sharath nuestras fotos.  Aunque yo no sea ni mucho menos un íntimo suyo me imaginaba que le parecerían imágenes de lo más exóticas y que le emocionaría saber que sus enseñanzas y las de su abuelo habían sido llevadas a un nuevo rincón del mundo de manos de uno de los estudiantes en los que había depositado su confianza.

En el segundo o tercer día nada más llegar me dirigí al KPJAYI.  Prakash, el portero, me observó con el ceño fruncido.  Me conocía de sobra por temporadas anteriores y siempre se había mostrado amable y sonriente, pero sabía que aquel año no estaba registrado y me pidió explicaciones.  De hecho, todas las veces que me acerqué a las puertas del KPJAYI recibí el mismo trato por su parte, lo que me dejaba un tanto incómodo, como si no fuese de fiar y tuviera que andar precavido conmigo porque si se despistaba me iba a colar a robar o qué sé yo.  Dentro, Usha no se mostró demasiado conmovida ante mi iniciativa de traerle un álbum de fotos a Sharathji.  Según sus palabras textuales, tenía "instrucciones estrictas respecto a esa clase de peticiones" y Sharath "no podía atenderme" porque se encuentra "muy ocupado con las clases y los registros" y que volviera "en otro momento".  Los registros -registrations- y re-registros tienen lugar entre los últimos tres días de cada mes y hasta el cinco del mes siguiente.  Nos encontrábamos en torno al día 20 de diciembre y regresaba a casa el 7 de enero, así que traté de hacerle entender a Usha que seguramente aquél y no otro sería el mejor momento.  Además de las fotos había traído un regalo -unos dulces navideños lacto-vegetarianos de Andalucía que encontré en el Corte Inglés dentro de una caja de metal muy bonita- y me gustaría poder dárselos en persona.  Sin embargo, Usha no dio su brazo a torcer y me emplazó a regresar el 6 de enero, mi último día, y probar suerte.

¡Ashtanga Yoga Bilbao en Mysore!  Una de las esterillas con el logo de Ashtanga Yooga Bilbao bordado, en la main shala de Mysore.  ¡Gracias a Jota por habernos comprado la primera esterilla!

Hubo suerte y el 6 de enero, con la maletas ya preparadas, Sharath me recibió en su despacho.  Se acordaba bien de mí y escuchó con gesto afable cuanto tenía que decirle respecto a los dos años que habían transcurrido sin vernos, la nueva escuela en Bilbao, la mala suerte que había tenido por no haber conseguido plaza y la buena que había tenido Nines.  Me dio las gracias por el regalo navideño, un poco pasado de fecha ya, pero cuando mencioné el álbum y mi intención de explicarle nuestra obra sobre las fotografías, se mostró tajante: "No tengo tiempo para ver fotos.  Tengo que dar una clase.  Dáselo a Usha y lo veré más tarde."  Tras esto parecía claro que no había mucho más de lo que hablar así que, expresando mi deseo de verlo la próxima temporada, me despedí.  No creo que el encuentro se prolongase más allá de los tres minutos.

¿Llegaría a ver las fotos?  La respuesta la obtuvo Nines a finales de enero, cuando estaba a punto de regresar.  Un día en la clase de chanting Nines vio a Usha en su oficina y le pidió el álbum de fotos.  La idea era que después de que Sharath lo viera Usha se lo devolviese a Nines.  Habían transcurrido varias semanas desde que se lo di y era el momento de recuperarlo, pero Usha le dijo, un tanto avergonzada, que "Sharath no lo había visto aún".  Nines insistió en recogerlo y Usha le señaló dónde estaba.  Nuestro álbum de Ashtanga Yoga Bilbao, que con tanto cariño había confeccionado a partir de centenares de fotos y una herramienta informática de montaje digital y que había llevado a imprimir a una tienda de fotografía, se encontraba amontonado en una gran pila de álbumes, libros y encuadernaciones varias, abandonado, perdido, olvidado.  Sharath no había encontrado tiempo para echar un vistazo a veinte páginas de fotografías en las que se resumía la historia de Ashtanga Yoga Bilbao.

Sharath Jois durante una de sus tradicionales conferencias con las que concluye la semana.

La chica con la contractura que abandonó a Sharath quizás había buscado la solución en la persona equivocada: no era en las manos de Masterji ni de Sharath, sino probablemente en las de un médico, en las que se tenía que haber puesto para abordar un problema que llevaba años enquistado.  Pero su ejemplo resulta paradigmático: Sharath dirige con genio y eficacia el funcionamiento de la principal escuela de Ashtanga Yoga del mundo, pero su tiempo, sus fuerzas y su capacidad de atención están desbordadas ante los inmensos números que maneja el KPJAYI y sencillamente no puede enseñar y atender en detalle.  Nosotros, que llevamos una escuela a una escala mucho menor, podemos hacernos cierta idea; si una tarde coinciden veinte personas apenas damos abasto y tenemos que diluir nuestro esfuerzo para abarcarlos a todos.  A muchos quizás les haya quedado la sensación de que los hemos dejado desatendidos, y eso que nosotros terminamos agotados.  Y al día siguiente, de nuevo a levantarnos de madrugada para practicar antes de la clase de las siete.  ¡No me quiero ni imaginar lo que debe ser tener dos hijos y despertarse a medianoche, como Sharath!  De hecho, de acuerdo con los rumores que se han escuchado esta temporada, su salud se ha resentido y está planteándose disfrutar de un año sabático tras el que quizás decida organizar las cosas de otra manera.  Al comienzo de la temporada convocó a los estudiantes en una gran parcela de terreno que ha adquirido en Mysore que tal vez desempeñe un papel en el futuro..

Para Nines éste ha sido el tercer viaje a Mysore, su segunda vez con Sharath y la primera que me despedía ella a mí y se quedaba sola.  Cómo cabía esperar, ha estado muy a gusto.  Lo cierto es que las impresiones positivas suelen ser mucho más numerosas que las negativas y en el caso de Nines, cualquier resquemor que pudiese albergar por tener que desenvolverse en solitario durante casi un mes quedó disipado desde el momento en que consolidó un grupo de viejas y nuevas amistades que le puso todo mucho más fácil.  ¡Al final no quería regresar a Bilbao!  Se le hacía difícil abandonar el calor del sol y de la main shala, los cocos y papayas, y sumergirse de nuevo en el húmedo invierno bilbaíno.

Paula, Romi, Nines y Rosa; Canarias, Buenos Aires, Bilbao y Milán.

La tarjeta de estudiante de Nines.  La hora de las 04:30 se la cambió Usha a las 06:00 a posteriori para que no tuviese que recorrer las calles sola tan temprano. 

El mes de estudio con Sharath le ha resultado verdaderamente transformador.  Cuando Nines volvió a Bilbao parecía como si en lugar de un mes hubiese estado todo un año, con su cuerpo respondiendo mucho mejor, más suelto, a los mismos ajustes cruciales de su práctica.  Un mes es bastante poco y aunque su primera serie sea soberbia, Sharath no le ha dejado empezar la serie intermedia -en su práctica habitual llega hasta kapotasana-.  No obstante, no cabe duda de que su práctica, si no en nuevas posturas, ha ganado en calidad.  En todo el mes Sharath tan sólo le ha tocado en un par de ocasiones, pero como es pequeñita -"One more, small!"- le ha tocado practicar muchas veces en el stage a su lado, por lo que ha estado siempre muy cerca de ella.  Su apoyo principal ha llegado de manos de uno de los asistentes de lujo con que contaba Sharath en enero: José Carballal de Mysore House Madrid.  Tiene cierta gracia viajar miles de kilómetros hasta la India para que el profesor que más te preste atención sea alguien de Madrid, pero ella le ha estado muy agradecida porque ha podido resolver uno de sus grandes bloqueos: el backbending.

Nines tuvo un problema de nacimiento y sus tendones de Aquiles son más cortos de lo normal, lo que resta movilidad a su juego de pies.  A pesar de ello, hace años que es perfectamente capaz de ejecutar la maniobra de los backbendings que se hace al comenzar la secuencia final de la práctica de Ashtanga Yoga, justo después de los tres urdhva dhanurasanas o puentes.  Para los que no lo sepan, los backbendings no son otra cosa que ponerse de pie desde el puente, volver a caer al puente y a continuación ponerse de nuevo de pie y así sucesivamente hasta haberse puesto de pie cuatro veces.  Nines lo puede hacer sin ayuda pero, debido a alguna clase de bloqueo mental, quizás relacionado con su limitación física, necesita tener cerca una presencia que le dé seguridad.  En realidad no hay que sujetarla ni hacer nada, tan sólo permanecer delante de ella y dejar que caiga y suba.  Tras su primera subida yo me voy alejando paso a paso, de manera que al final lo acaba haciendo completamente sola conmigo a dos metros de distancia.


Pues bien, al regresar de Mysore, Nines se ha puesto a hacer el backbending por su cuenta desde el primer día sin necesidad de ninguna presencia cerca.  El ambiente del KPJAYI y la pericia de José Carballal, que la ayudó a cerrar el puente un poco más cada día, apoyada en su respiración, le ha hecho ganar estabilidad y levantarse con una confianza que ha mantenido hasta el momento de escribir estas líneas, cuatro semanas después de su partida.

Seguramente haya aún muchas otras cosas que comentar, pero tampoco deseo redundar en los temas de crónicas anteriores y llegado este feliz punto siento que es el momento de dar por concluido el capítulo.  Y no se me ocurre una mejor forma de rubricarlo que reproducir algunos mensajes que la propia Nines me envió desde Mysore los días 31 de enero y 1 de febrero, a falta de pocas horas para emprender su viaje de regreso.  Me he permitido algunas licencias literarias, pero la esencia de su despedida es la siguiente:

Sharath Jois y Nines Blázquez, la "foto-resumen" de este viaje.

Acabo de terminar mi última práctica con Sharath y me voy con un estupendo sabor de boca.  Ya sabe que estoy subiendo sola de los puentes y seguramente porque hoy era mi último día le ha dicho al asistente que se ha acercado a ayudarme en los medios backbendings: "No, ve a hacer paschimattanasana a ése y yo le ajusto a ella."  Así que me he ido con el recuerdo de un segundo ajuste suyo, y de nuevo me he tocado los talones.  ¡Todo un honor que haya querido despedirse de mí de esta manera!  Fernando, la próxima vez que vengamos tiene que ser para más tiempo.  ¡Un mes no es nada!

Hoy practiqué en casa; hice hasta kapotasana y me agarré la mitad del pie. Tampoco me quería forzar, pero en esta primera práctica fuera de la main shala he notado que mi pecho estaba más abierto y mi curva lumbar más cerrada, incluso en laghu vajrasana.  Pero lo mejor ha sucedido cuando ha llegado el momento de enfrentarme sola al backbending.  El primero no me ha salido, pero luego he bajado, y subido, y bajado, y subido... ¡hasta ocho veces!  La clave estaba en no dejarme llevar por el miedo, sin precipitarme tras caer al puente y quedarme ahí un rato, respirando, a continuación llevar las manos un paso más hacia dentro y, finalmente, levantarme.  En realidad ha sido muy fácil, sin impulso, con control y los pies rectos.  Lo crea o no, ha llegado la hora de hacerme a la idea de que este gran bloqueo ha quedado atrás.  

Así que, aunque Sharath no me haya pasado a pashasana, mi práctica en este mes ha sido maravillosa; he logrado superar algo que me llevaba carcomiendo durante años y que pensaba sería imposible para mi.  Ha sido una verdadera gozada, un reto personal que para otros no tendrá importancia pero que a mí me sirve de gran ejemplo de superación y para ayudarme a tirar hacia adelante... ¡porque yo lo valgo!  Estoy enamorada del Ashtanga Yoga... ¡me lo ha dado todo!