domingo, 25 de agosto de 2019

Quinta temporada de Ashtanga Yoga Bilbao: Un espacio fácil.

¡Nueva temporada en Ashtanga Yoga Bilbao!

Durante la celebración en Oviedo del sesenta cumpleaños de nuestro querido Tomás Zorzo (Rama) el pasado mes de febrero tuvimos la suerte de escuchar una preciosa reflexión acerca del verdadero sentido del yoga que deseo compartir en el blog.  No grabé las palabras de Tomás y recurriré a mi memoria como única fuente; por lo tanto no se tratará de una transcripción literal y me tomaré las licencias que considere oportunas.

Tomás Zorzo comenzó su charla citando el famoso sutra 2.46 de Patanjali: sthira sukham asanam.  En un idioma tan polisémico como el sánscrito el abanico de traducciones e interpretaciones siempre es amplio, aunque en el caso de este sutra hay una traducción muy extendida que viene a decir tal que así: la postura (asanam) tiene que ser firme, fuerte, estable, resistente (sthira) y a la vez cómoda, fácil, relajada, sin esfuerzo (sukham).  

Se trata del único sutra en el que Patanjali cita de forma explícita el término asana y resulta sumamente interesante porque describe las cualidades que tendría que reunir una postura de yoga bien realizada mediante una aparente paradoja: la postura debe ejecutarse con esfuerzo pero sin esfuerzo, ha de ser fácil y al mismo tiempo difícil, tanto firme como relajada.  Todos los que practicamos asanas nos enfrentamos cotidianamente a la esencia de este sutra cuando tratamos de encontrar comodidad, amplitud y tranquilidad en las difíciles situaciones que nos plantean determinadas posturas.  Esto es especialmente cierto en el caso de los practicantes de Ashtanga Yoga tradicional que seis días a la semana invariablemente y sin posibilidad de escapatoria nos encontramos con una buena ristra de situaciones que nos desafían y en las que tenemos que tratar de negociar con esa dualidad, ese tira y afloja, ese sutil equilibrio entre esfuerzo y relajación al que se refiere Patanjali.

Sin embargo, no iré más allá en este tema porque en la reflexión del día de su cumpleaños Rama tampoco ahondó en el significado del sutra completo, sino que más bien se centró en la etimología de la palabra sukha

Tomás Zorzo en plena exposición.

Sukha (sukham es su declinación en acusativo singular) se divide en dos términos: su, que viene a significar agradable, bueno, fácil y kha, que indica lugar o espacio.  Sukha: espacio fácil, en contraposición a dukha: espacio difícil, un concepto central en las filosofías tanto hinduista como budista y que hace referencia al sufrimiento del ser humano causado por la ignorancia que resulta de la identificación con el vehículo corporal perecedero.

Tomás explicó que en el yoga todo se reduce a encontrar un espacio fácil.  Asimiló el ser humano a una habitación vacía, un espacio rodeado de paredes y un techo.  Mantener las paredes y el techo en buen estado es importante, por supuesto.  Si no lo hiciéramos, las paredes se cuartearían, el techo se desmoronaría y nuestra habitación sería un auténtico desastre en el que anidarían toda clase de alimañas en forma de enfermedad.  Por eso hacemos asanas.  Para obtener salud, para no tener que preocuparnos por nuestra supervivencia y poder centrar nuestra atención en lo que verdaderamente importa.

Porque lo importante de una habitación, claro está, no son sus paredes.  Lo importante es el contenido, lo que hay dentro.  Al principio, la habitación está vacía y el espacio es amplio.  Podemos movernos con comodidad y sin impedimentos y saltar, bailar.  Se trata de un espacio fácil.  Sin embargo, con el paso del tiempo nuestra habitación se va llenando de obstáculos en forma de samskaras, o experiencias que nos condicionan.  Pensad por ejemplo en un niño recién nacido para el que no existen prejuicios, cosas buenas ni malas.  El niño puede observar una cagada de perro en el suelo y recogerla.  Cuando se la lleve a la nariz y la huela, a la boca y la saboree, o aparezca alguno de sus padres y lo reprenda, entonces el niño aprenderá que eso es algo malo que no debe tocar.  A partir de ese momento en su habitación habrá un mueble: un espacio por el que ya sabe que no hay que pisar.  Y a medida que avance la vida iremos acumulando más y más muebles, cosas, personas o actos que nos gustan y que nos disgustan, que deseamos pero que desgraciadamente no llegan y que aborrecemos pero que por mucho que queramos evitar inexorablemente acaban llamando a nuestra puerta; en definitiva, que nos perturban y que convierten a nuestra habitación en un espacio cada vez más incómodo y difícil. 

Una vista general del público asistente a la celebración en Oviedo.

Rama hablaba en la shala de práctica de su centro de yoga en Oviedo en la que estábamos hacinadas como cien personas llegadas de todos los rincones de España para rendirle homenaje.  "Imaginaos", dijo, "que toda la gente que estáis aquí, escuchándome en silencio, de pronto os pusierais a gritar, a saltar, a pegar patadas.  Entonces habríais convertido un espacio tranquilo, relativamente fácil a pesar de todos los que estáis aquí, en un espacio incómodo, sumamente difícil."

Mediante esta hermosa analogía Tomás venía a decirnos que en realidad el yoga no va sólo de volvernos más fuertes, más flexibles y ser capaz de colocar los pies detrás de la cabeza, sino de encontrar comodidad en el interior, de convertir nuestra mente en un espacio tranquilo libre de conflictos, en armonía con nosotros mismos, con las demás personas con las que nos relacionamos y con nuestro entorno y que, en resumidas cuentas, nos permita llevar una vida más plena y feliz.  

Los yoguis de las leyendas se retiraban a la naturaleza renunciando a la posesión de bienes materiales y al contacto con la sociedad en una búsqueda de sí mismos.  Tal vez uno pudiera pensar que el camino del eremita constituye una eficaz manera de vaciar la habitación y de mantener a raya las luchas internas.  A los pies de una cascada, rodeado de flores y acariciado por el trinar de los pájaros, ¿quién no está en paz?  Sin embargo, alejarse de las fuentes de conflicto no es garantía de que el conflicto no vuelva a surgir cuando te enfrentes a ellas de nuevo.  Así, el hecho de que dejes en casa el móvil cuando te marchas de vacaciones no significa que no vuelvas a usarlo de forma compulsiva cuando esté de nuevo en tu mano; puede que incluso lo cojas todavía con más ganas.  También, alejarte durante una temporada de ese familiar que tanto detestas no evitará necesariamente que se desate una nueva trifulca cuando os reencontréis.  En realidad, el conflicto no se soluciona sorteando sus fuentes, sino modificando la manera en que te relacionas con ellas.  El trabajo, por lo tanto, hay que hacerlo desde dentro. 

Entrañable fotografía con Susana, Borja y sus hijos y Tomás y Camino.

Todo esto me ha venido a la cabeza cuando se ha acercado el momento de iniciar una nueva temporada en Ashtanga Yoga Bilbao: la quinta desde que abriéramos puertas el 21 de septiembre del año 2015 que tan lejano parece ya.

Me temo que lo he escrito numerosas veces, pero insistiré: la práctica de Ashtanga Yoga tiene el estigma de ser muy física, muy externa.  Las shalas de Ashtanga Yoga a veces parecen más bien escuelas de circo o de acrobacia y muchas personas se sienten atraídas o repelidas a partes iguales por ello.

No todo es lo que parece, y detrás de una práctica tan física como la de Ashtanga Yoga hay mucho más.  En este sistema de yoga, me atrevería a decir que tal vez como en ningún otro, se ofrecen los elementos necesarios para convertir una práctica aparentemente externa en una profunda experiencia de introspección:

La ejecución de una rutina que te has aprendido de memoria, la sincronización de cada movimiento con una inspiración o espiración largas, los puntos de enfoque a los que llevar tu mirada, las contracciones y relajaciones conscientes a efectuar en distintas partes de tu musculatura, la atención que has de prestar cada segundo a cada cosa que está sucediendo en ese preciso momento desde tu piel hacia dentro; el respeto que has de tener hacia tus límites y tu situación de ese día, pidiendo permiso en cada postura, no exigiendo ni forzando; la gestión de energía que tienes que llevar a cabo para no llegar agotado a las partes de mayor exigencia de tu práctica; el hecho de que sea el profesor y no tu ambición quien decida cuándo progresas para que tu práctica madure de forma honesta en base a tu realidad particular, tus circunstancias, tu compromiso y tu dedicación; aprender a sentirte satisfecho y agradecido por haber hecho tu práctica, simplemente por haberla hecho y con independencia de la forma externa de tus figuras o de lo que haya podido hacer el vecino...

Quinta temporada en Ashtanga Yoga Bilbao.

El párrafo anterior se podía haber resumido en sólo dos palabras: ashtanga yoga: el yoga de los ocho pasos de Patanjali, todos los cuales están recogidos, de manera directa o indirecta, en los puntos citados.  La frustración, la ira, el miedo, la impaciencia, la envidia, la ambición, la distracción, la pereza, la noción equivocada de que esto no es para ti porque ya eres demasiado mayor o quizás demasiado joven o poco flexible o muy débil, la vanidad por que has conseguido tal cosa y la decepción porque no tienes otra, la sensación de que el profesor te tiene manía y no te quiere enseñar y sin embargo al otro sí; de que hace mucho tiempo que estás atascado en lo mismo y que nunca lograrás hacerlo; que antes podías hacer tal cosa y ahora que te has torcido un tobillo o has ganado unos kilos ya no... Son cosas que tienen que surgir, que surgirán y sobre las que tendrás que trabajar.  ¿Acaso no te encuentras con todo eso también en la vida?  A las clases de Ashtanga Yoga siempre puedes dejar de ir, pero de lo que seguro no podrás escapar será de que sigas reproduciendo esos mismos patrones fuera de la shala.  Y dime, ¿cómo esperas solucionarlo?  Pues fíjate: sobre la esterilla, cada día, tienes una oportunidad.

Esto es lo que enseñamos en Ashtanga Yoga Bilbao.  Dentro del paquete va incluido lo de los lotos, las extensiones de espalda, los equilibrios sobre brazos y los pies detrás de la cabeza, sí, pero créeme, si tu aspiración es apuntarte para ver cuántas posturas eres capaz de acumular, aprender a hacer el pino puente o porque quieres conseguir un cuerpo diez para el próximo verano, te vaticino ya lo que va a pasar: que no llegarás a navidades porque te cansarás al cabo de más bien poco y preferirás apuntarte a esas clases de yoga con música tan divertidas del gimnasio o similar donde no se te plantea ninguna clase de conflicto y simplemente te obsequian con una entretenida coreografía de asanas.  Ashtanga Yoga es para todo el mundo, pero a menudo no es lo que la gente espera, y mucho menos la gente occidental con toda esa educación competitiva y basada en conseguir más y más que se nos ha inculcado desde pequeños.

Así que para todo esto comienza una nueva temporada este lunes 26 de agosto del 2019 en Ashtanga Yoga Bilbao.  Son todavía fechas de vacaciones y me figuro que iréis regresando a cuentagotas.  De hecho todavía mantendremos los horarios de verano durante todas esta semana; a partir del lunes 2 de septiembre regresarán los horarios habituales con clases de lunes a sábado por la mañana, mediodía y tarde.

Estamos preparando varios eventos especiales para esta nueva temporada que anunciaremos próximamente y que tendrán lugar a partir del mes de enero.  Por el momento simplemente tenemos confirmado un nuevo curso de iniciación el fin de semana del 28/29 de septiembre.

Durante las últimas semanas antes del parón veraniego os anunciamos nuestra intención de volver a viajar a la India en este mes de diciembre.  Sin embargo, no tuvimos suerte a la hora de enviar la solicitud de la web de Sharath Jois, por lo que nos quedaremos aquí.  Ya escribiré acerca de ello con mayor profundidad en otra entrada.

¡Eso es todo!  Muchas gracias por haber leído hasta aquí.  Acudas o no a nuestras clases, ¡tú también formas parte de Ashtanga Yoga Bilbao!

domingo, 7 de julio de 2019

Ashtanga Wars: “La línea tradicional” versus “La vieja escuela”.


Durante los últimos meses se ha escrito largo y tendido en este blog acerca del método tradicional de enseñanza divulgado desde el KPJAYI de Mysore.  Por un lado se trató de aclarar la confusión entre el Ashtanga Yoga que enseñó Pattabhi Jois y otros estilos que tuvieron su origen en la misma práctica de Ashtanga Yoga, de la que tomaron algunos elementos y a la que incluso se asemejan de forma notable, pero que se distancian de sus principios fundamentales y con la que, por respeto a la genuinidad del método tradicional, no deberían de ser confundidos.

El método tradicional en sí ha sido discutido en varias entradas.  En primer lugar expusimos sus principales características utilizando como fuente la página web de Sharath Jois, anteriormente del KPJAYI (de www.kpjayi.org pasó a www.sharathjois.com).  Sharath ha modificado recientemente la web y esa información no está disponible en este momento y no sabemos si volverá a estarlo, así que su inclusión en el blog sin duda fue una ocurrencia muy oportuna.  Las entradas posteriores se han centrado en una investigación histórica en torno a los orígenes del método tradicional, analizando los cambios acaecidos durante las últimas ocho décadas de enseñanza de Pattabhi y su nieto Sharath Jois y desgranando el contenido del Yogasanagalu, un libro de Krishnamacharya inédito fuera de la India que fue escrito en 1941 y que tiende un claro puente entre la enseñanza de Pattabhi Jois y su gurú.  A estas dos entradas podría añadirse la que hace un tiempo se dedicó al Yoga Korunta, el misterioso texto medieval que Krishnamacharya aprendió de Ramamohan Brahmachari y en el que presuntamente se basó el método de Ashtanga Yoga, completando así un interesante mosaico informativo del método tradicional, su origen y su evolución.

El artículo que en estos momentos estás leyendo surge de la necesidad de explicar una situación un tanto compleja que a menudo se plantea dentro del sistema de Ashtanga Yoga: la diversidad de criterios entre profesores adscritos al mismo método tradicional.  ¿Cómo que diversidad?  ¿No se supone que todos los profesores y profesoras que han estado en Mysore han conocido el mismo método, bebido de la misma fuente, y que por tanto todos deberíamos comportarnos como clones, como réplicas exactas de Pattabhi y Sharath Jois capaces de reproducir palabra por palabra y gesto por gesto su manera de enseñar?

Esa clase de pregunta sólo se la puede plantear alguien que no ha practicado nunca Ashtanga Yoga, o que lo ha hecho durante muy poco tiempo y se ha conformado una opinión tremendamente sesgada basada en clichés: dado que la práctica de Ashtanga Yoga consta de secuencias cerradas de asanas que mantienen siempre el mismo orden y, puesto que para avanzar hasta la siguiente postura se espera que uno haya completado satisfactoriamente todo lo anterior, entonces los profesores tradicionales de Ashtanga Yoga nunca, y cuando digo nunca es nunca, dejarán a nadie avanzar más allá de marichyasana D a menos que consiga atarse sin ayuda y ni siquiera más allá de utthita hasta padangushtasana si no es capaz de mantenerse en equilibrio con la pierna estirada y su dedo gordo sujeto con la mano.


Peter Sanson junto a sus dos maestros: un jovencísimo Sharathji y Guruji.

La línea tradicional actual: un solo método, muchos profesores.

Cualquiera que haya practicado Ashtanga Yoga el tiempo suficiente sabe que no hay dos profesores iguales: Pattabhi Jois no era igual que Krishnamacharya, Sharath no es igual que Pattabhi y, por supuesto, Borja tampoco es igual que Sharath y ni Nines ni yo somos iguales que Borja; ni siquiera somos iguales entre nosotros dos.  Y sin embargo, todos formamos parte del mismo linaje: Pattabhi aprendió de Krishnamacharya, Sharath de Pattabhi, Borja de Pattabhi y Sharath y nosotros de Borja, en cuyo regazo transcurrió la mayor parte de nuestra vida yóguica.  Lo mismo se puede decir de otros tantos profesores y profesoras "tradicionales" que pueda haber en Tokyo, Buenos Aires o Barcelona: cada cual ha tenido un proceso de desarrollo único en el que han intervenido su carácter, su personalidad, sus circunstancias, la investigación que ha llevado a cabo como practicante, la influencia que en él han tenido sus profesores, las conclusiones a las que ha llegado a través de su propia experiencia enseñando, su habilidad, sus aptitudes, sus conocimientos, sus intuiciones...  contribuyendo todo ello a convertirlo, sí, en alguien que transmite el método tradicional de Ashtanga Yoga, pero que lo hace a su manera única e irrepetible.

¿La misma práctica pero profesores diversos?  Una rueda de molino difícil de tragar para quienes se hayan hecho a la idea de que esto de Ashtanga Yoga consiste en ejecutar secuencias de asanas en un orden establecido y bajo una serie de normas rígidas que convierten al profesor en poco más que un muñeco reemplazable, en una figura hasta cierto punto prescindible porque dará igual estar con uno que con otro.  Si fuera así, no tendría el menor sentido apuntarse a talleres o retiros con profesores distintos al tuyo que además cuestan un ojo de la cara y ni siquiera viajar a Mysore a conocer la fuente.  Si bien por un lado reconozco, tal y como suele destacar Sharathji, quien aprendió de Pattabhi Jois y de nadie más, la importancia de consolidar una relación de muchos años con un maestro en quien se confíe, también me resulta interesante el contacto con otros profesores para enriquecerse con diferentes puntos de vista.  Estoy de acuerdo en que el mejor maestro será la práctica diaria durante muchos años y que no habrá workshop ni teacher training que la sustituya, aunque al mismo tiempo que reconozco en Borja al maestro que me ha acompañado durante el grueso de mi singladura y quien más me ha influido, también reivindico el papel que han desempeñado en mi periplo personal maestros como Peter Sanson, Tomás Zorzo, Gabriella Pascolli, José Carballal y el propio Sharath Jois, a cuyos pies he practicado no pocas veces, quienes me han ofrecido valiosas aunque matizadas perspectivas del método tradicional de Ashtanga Yoga y sin los que, para bien o para mal, no sería el mismo.

La diversidad va un paso más allá cuando se toma en consideración la evolución histórica del método tradicional que ha sido expuesta en anteriores entradas.  No hay discusión posible: a lo largo de las décadas la práctica de Ashtanga Yoga que enseñó Pattabhi Jois experimentó cambios que alteraron el método de enseñanza en mayor o menor medida.  No hubo intromisiones por parte de terceras personas, sino que fue el propio Guruji y hasta Sharath quienes se encargaron de hacerlas en un proceso de adaptación a la realidad de los nuevos tiempos dentro de lo que se denominó el Ashtanga Yoga Research Institute - AYRI (Instituto de Investigación de Ashtanga Yoga).  En los posts anteriores se han analizando los cambios cosméticos acaecidos en las secuencias de asanas, en el ordenamiento de las series, pero el asunto es todavía más complejo y atañe a los propios criterios de enseñanza, a lo que se espera inculcar en un estudiante y a las reglas o normas bajo las cuales una persona en concreto progresa a través de las series.

Tres profesores de la línea tradicional muy queridos por nosotros: Borja, Peter y José.  Retratados juntos en Ashtanga Yoga Madrid en mayo del 2018.

De nuevo, el interesantísimo libro Guruji: A Portrait of Sri K. Pattabhi Jois Through the Eyes of His Students (Guruji: Un retrato de Sri K. Pattabhi Jois a través de los ojos de sus estudiantes) de Eddie stern y Guy Donahaye supone una impagable referencia histórica, con entrevistas a personas que fueron testigos de la enseñanza de Guruji en diferentes periodos y cuyos valiosos testimonios retratan la evolución de su enseñanza a través de las décadas. Repasemos a continuación las palabras de varios estudiantes, algunos de ellos muy queridos por nosotros, que estuvieron con Pattabhi Jois a partir de mediados de 1980 y que giran en torno a la misma cuestión metodológica:

"Te ayudaba a ser paciente.  Practica, practica, practica.  Necesitas tiempo.  Esto es algo que algunos estudiantes sabían.  Pasaban allí mucho tiempo.  Necesitas tiempo para progresar a nivel físico y espiritual.  Como occidentales, nuestra relación con el tiempo es que lo queremos todo rápido.  Él decía; 'Mañana.  No, mañana.  Necesitas tiempo.'  Él quitaba esta ansiedad.  Te hacía enfrentarte a ella.  Esto forma parte del cambio.  '¡Quiero empezar la tercera serie!'  Éste era mi caso.  Vine muchas veces pero no me quedaba más de uno o dos meses.  Cada vez que regresaba, tenía que volver a empezar desde el principio.  Tardaba mucho tiempo en aprender un asana, y otro asana.  No llegaban rápido y entonces tenía que volver a casa.  Entonces, al año siguiente, lo mismo, quizás un asana más. (...)"  Tomás Zorzo. (Página 257)

"Abhyasa es una práctica consistente durante un largo periodo de tiempo con intenciones claras.  Cualquiera que sea nuestra práctica, si la hacemos con constancia, incluso si es una pequeña práctica, obtenemos grandes beneficios.  Llega un punto en que ciertos aspectos de la práctica se integran y Guruji me dijo que este punto es doce años.  Después de doce años comenzamos a estabilizarnos en la práctica. (...)" Annie Pace.  (Página 321)

"Ponía énfasis en ciertas cosas y tenías que hacerlas antes de que te avanzara.  Buscaba un nivel de dominio en cada asana.  Se fijaba más en los detalles de lo que la gente se pudiera imaginar.  (...)  Lo más importante que aprendí de Guruji fue la necesidad de tener paciencia.  Una vez Guruji me mantuvo en el mismo asana durante siete años, lo que derribó un montón de barreras físicas y mentales. (...)  Cuando al fin me avanzó hasta el siguiente asana, me di cuenta de que no importaba el asana en concreto; era más importante centrarse en el nivel de atención que uno lleva a la práctica. (...) Te hacía llamar a su oficina y te examinaba acerca de los nombres de los asanas, tenías que saber los nombres de los asanas (...)   Y también te tenías que saber los vinyasas. (...) Te hacía trabajar en algo en concreto durante algún tiempo, y entonces cuando sentía que era necesario, corregía algo.  Nunca tenía prisa.  Cambiaba las cosas gradualmente, puede que en un periodo de seis meses tan sólo te diera una o dos instrucciones y poco a poco ajustaba las cosas.  No en un día.  Perseguía determinadas cosas, y cuando sentía que había llegado el momento, añadía algo más." Peter Sanson. (Páginas 377-379)

Estos tres testimonios reflejan una realidad que las personas que hoy practican de acuerdo con el método tradicional conocen bien: en Ashtanga Yoga no hay prisas y se va avanzando de forma progresiva, frecuentemente a una velocidad mucho menor de lo que a nuestra ambición y a nuestro ego les gustaría.  La práctica de asanas de Ashtanga Yoga se construye como una pirámide en la que las primeras hileras sostienen a las siguientes.  Si se pasa de puntillas por encima de determinadas dificultades, sin trabajarlas, sin darles tiempo a madurarlas, mirando hacia otro lado evitándolas, se pagará más adelante, sino en lo inmediatamente siguiente sí cuatro asanas más allá, y al final la práctica se puede acabar convirtiendo en una sucesión de adaptaciones, trampas y cosas a medio hacer sin profundizar en ninguna.  Por eso, el método tradicional aboga por consolidar la práctica y permitir que el proceso de purificación cree en el cuerpo los espacios suficientes para avanzar de forma segura.  ¿Cuáles son los criterios, entonces?  Los profesores y practicantes con experiencia seguramente ya estén familiarizados con ese conjunto de “reglas” no fijas que rigen la práctica tradicional de Ashtanga Yoga y que a menudo señalan puntos críticos de las series, hitos famosos por su dificultad y algunos de los cuales han de ser resueltos satisfactoriamente para seguir adelante, aunque a efectos de informar a los lectores ajenos a Ashtanga Yoga y a los posibles ashtanguis interesados en esta clase de tecnicismos, a continuación citaré algunos:   

  1. Por supuesto, una persona ha de conocer la secuencia de memoria.  Ya puede tratarse del  sursuncorda o del mismísmo Nureyev y ejecutar cualquier asana sin esfuerzo, que si no recuerda por sí misma el orden, no continuará adelante.  En Ashtanga Yoga se persigue que la persona se haga responsable, que se ocupe de su práctica, por lo que la dependencia en una referencia externa tal que un profesor o un póster que recuerden qué viene a continuación es lo primero que hay que erradicar como paso preliminar para que la práctica comience a replegarse desde lo externo hacia lo interno.
  2. El estudiante también ha de conocer los vinyasas exactos de cada postura.  No he visto nunca a Sharath hacerle a nadie un examen de nombres de asanas o de vinyasas a la manera descrita por Peter, pero sí que he sido testigo de cómo detenía una clase guiada porque una persona se había comido el vinyasa diez (dasa) de supta konasana, en el que se levanta la cabeza sin soltar los pies y se exhala inmóvil, y hacérselo repetir a ella sola mientras el resto de la clase aguardaba.  Y de los profesores autorizados, por supuesto, se espera que sepan los vinyasas al dedillo; Borja me contó que durante el curso para profesores que impartió Sharath en verano del 2010 muchos se llevaron severos rapapolvos porque no eran capaces de continuar la cuenta de una clase guiada en el momento en el que él se lo indicaba.
  3. En la postura de equilibrio utthita hasta padangusthasana la pierna cuyo dedo gordo se agarra está completamente estirada.
  4. En las posturas de medio loto de pie (ardha baddha padmottanasana) y sentado (ardha baddha padma paschimattanasana) la mano de atrás tiene que agarrar al menos el dedo gordo del pie en loto. 
  5. En las posturas con medio loto marichyasana B y D las manos tienen que agarrarse, al menos con los dedos, y estar la rodilla en loto en el suelo.
  6. En navasana se debe mantener el pecho erguido y las piernas estiradas pero cerca del cuerpo, pudiendo casi tocar los pies con las manos.  En cada lolasana (astau) hay que alzarse sin tocar el suelo con los pies, incluido el último antes del salto atrás a chaturanga.
  7. En bhuja pidasana la persona ha de ser capaz de subir y bajar por sí sola e ir a bakasana sin tocar el suelo con los pies.
  8. Supta kurmasana estará bien hecha cuando uno consiga cogerse manos detrás de la espalda y cruzar los pies delante de la cabeza (no hace falta que sea por encima). 
  9. En garbha pindasana se deben dar entre cinco y nueve vueltas hasta completar un giro de 360 grados sin quedarse escorado y sin separar las manos de la frente.  Hay que ser capaz de alzarse a kukuttasana sin que las piernas en loto resbalen por debajo de los codos y en cualquier caso sin tocar el suelo con las rodillas o trasero.
  10. En baddha konasana, las rodillas y la barbilla tocan el suelo.
  11. En upavistha konasana, el pecho ha de llegar al suelo con los pies apuntando hacia el techo.  En uphavista konasana B, las rodillas deben de estar estiradas durante todo el recorrido desde abajo hacia arriba. 
  12. Esto último es de aplicación también en supta konasana, ubhaya padangushtasana y urdhva mukha paschimattanasana, en las que la subida ha de efectuarse con las piernas completamente estiradas durante todo el recorrido.
  13. En setu bandhasana las piernas han de estirarse del todo.  Algunos profesores sostienen que las plantas de los pies tienen que apoyarse completamente en el suelo, aunque personalmente yo no lo hago y ni Sharath ni otros profesores me lo han corregido jamás.
  14. Para pasar a la serie intermedia uno ha de ser capaz de levantarse desde urdhva dhanurasana y volver a caer en tres ocasiones sin ayuda, lo que se conoce como drop backs.  De nuevo, algunas personas afirman que el infame catching es condición obligatoria, pero en mi experiencia personal no ha sido así; Sharath sólo me ha insistido en el tema del catching una vez llegué a kapotasana, ya en la serie intermedia.
  15. En pashasana, las manos deben agarrarse.  Luego, es más importante una buena torsión que llevar los dos talones al suelo, alguno constitucionalmente imposible para muchas personas.
  16. En bhekasana uno tiene que ser capaz de agarrarse los dos pies con las manos apuntando hacia delante.
  17. En dhanurasana y parsva dhanurasana, los pies no se separan.
  18. En laghu vajrasana, con los codos estirados, la cabeza ha de descender completamente hasta el suelo y tocarlo durante las cinco respiraciones.  Después se ha de ser capaz de subir.
  19. Kapotasana no se considera completada hasta que las manos agarran al menos los talones: uno de los grandes desafíos de Ashtanga Yoga para muchos.  En mi caso particular bastó hacerlo con ayuda para que Peter Sanson en Madrid y Sharath en Mysore me dejasen avanzar a la siguiente postura; tampoco necesitaba demasiada ayuda, todo sea dicho.  De hecho, por aquel entonces podía hacer la postura completa por mí mismo al segundo intento y a día de hoy la hago a la primera si hace suficiente calor.
  20. En supta vajrasana las manos tienen que agarrar los pies en loto durante todas las subidas y bajadas, aunque se acepta recibir un poco de ayuda por parte del asistente dejando cierto de margen de subida a las rodillas o agarrando las muñecas.
  21. En las dos variantes de bakasana los pies no han de tocar el suelo hasta el salto atrás a chaturanga y los codos permanecer estirados, con las rodillas cerca de los sobacos.
  22. En bharadvajasana la mano por detrás sujeta al menos el dedo gordo del pie en loto y la palma de otra mano se apoya completamente en el suelo. 
  23. En eka pada sirsasana el pie ha da mantenerse detrás de la cabeza sin ayuda de las manos durante toda la postura, incluida la subida final a chakorasana previa al salto atrás.
  24. En dwi pada sirsasana los pies tienen que estar lo suficientemente insertados y separados entre sí como para permitir la elevación de la cabeza.  De forma similar, en yoga nidrasana los pies tocarán el suelo con los pies bien cruzados detrás de la cabeza.
  25. En titthibasana A las piernas se mantienen estiradas y apuntando hacia arriba, no horizontales.  En la B las piernas lo más estiradas posible sin perder el agarre de las manos, que tampoco han de soltarse cuando se camina en C.  En D, los talones separados y manos tocándose.
  26. A pincha mayurasana hay que subir, claro está, sin ayuda externa, aunque es válido tanto subir primero con una pierna como con las dos a la vez, esto último mucho más difícil.  Luego, en karandavasana hay que ser capaz de bajar y de remontar la postura: uno de los grandes retos para muchos practicantes.  Por lo que he visto en Mysore, hay gente a la que se le exige lo máximo: que en la subida no se le separen los codos, y gente a la que se le da por buena la bajada completa en solitario y una subida asistida o una bajada y subida parcial.
  27. En mayurasana, rodillas estiradas y ni barbilla ni pies tocan el suelo.
  28. En nakrasana, pies juntos durante todos los saltos.
  29. En vatayanasa, culo hacia dentro, manos alzadas y mirada hacia arriba.
  30. En parighasana, los codos no tocan el suelo.

Y aquí me quedo, porque no llego más lejos en mi práctica personal y no tengo unas nociones tan claras de lo que viene a continuación.

Todo esto es muy matizable.  Cuando varios párrafos más arriba hacía la afirmación categórica de que no existen dos profesores iguales, ahora también hay que rendirse a la evidencia de que tampoco se hallarán nunca a dos estudiantes iguales.  En una cadena de montaje industrial es posible encontrar multitud de piezas idénticas, pero afortunadamente con los seres humanos esto no funciona así.  La consecuencia directa es que Ashtanga Yoga no se aplica a todas las personas de la misma manera y que, por ejemplo, no será lo mismo que alguien empiece con veinte años que con cincuenta, que haya hecho gimnasia rítmica desde los doce años o que se haya pasado los últimos treinta años detrás de la ventanilla de un banco, que sea deportista o que tenga sobrepeso, que no tenga problemas físicos o que lleve media vida lidiando con escoliosis, hernias y protusiones.  Con un determinado tipo de personas habrá que ser más estricto, exigirles aquello que pueden llegar a dar y que en buena parte de las situaciones es una mera cuestión de tiempo, de paciencia, mientras que con otros habrá que ser más comprensivo, más laxo, y levantar la mano.  En todo caso, la enseñanza no tendrá marcada una agenda de plazos ni de objetivos, y es seguro que la gente, tarde o temprano, tendrá que llevar a cabo un ejercicio de interiorización y de dirigir la práctica no hacia los asanas sino hacia lo esencial: la conexión con la respiración y con lo que acontece desde la piel hacia dentro.  Una de las ideas principales, sin duda entre las más importantes, no será otra que proteger a la gente.  De sí misma.  Ya hablaremos de ello en las siguientes entradas.


David Williams y Manju Jois, estudiantes de Pattabhi Jois hasta la década de 1970 y dos de los grandes exponentes de la vieja escuela.

La vieja escuela — The old school.

Así es el método tradicional tal y como lo hemos conocido las personas de nuestra generación y tal y como se ha divulgado desde el KPJAYI de Mysore durante muchas décadas.  Sin embargo, a la hora de analizar el método tradicional no nos podemos olvidar de otra línea defendida por no pocas personas y en la que se discrepa de muchos de los aspectos aquí reseñados.  Se trata de un grupo no pequeño de antiguos estudiantes de Guruji que cuentan con muchos seguidores y que sí, que aprendieron de Pattabhi Jois en Mysore durante años pero que tuvieron una experiencia muy distinta a la que hemos tenido nosotros o a la que hayan podido tener gente como Borja y Peter Sanson, quienes acumulan entre veinte y treinta años de viajes al KPJAYI.  Puede que esta manera de enseñar a muchos nos resulte exótica, por no decir extraña, pero merece todo mi respeto porque no fue una invención suya sino que la recibieron del mismísimo Pattabhi Jois y, nos guste o no, la realidad es que de hecho así fue durante un buen tiempo el Ashtanga Yoga genuino.  Sin más preámbulo, leamos en primer lugar varios testimonios recogidos en el libro de Eddie Stern y Guy Donahaye que se corresponden con la manera en que Guruji enseñaba entre los años 70 y principios de los 80:

"Llegué a Mysore y comencé a aprender.  Estaba con Nancy Gilgoff y nos quedamos en Mysore durante cuatro meses.  Aprendí la primera serie, la segunda serie y la mitad de la tercera serie además del pranayama.  Me sentí muy afortunado porque (...) nos prestó mucha atención.  Practicábamos dos veces al día además del pranayama y estaba tratando de aprender tan rápido como podía. (...) Aprendía llegando temprano y observando a otra persona practicar y memorizando las posturas que iban después de lo que yo hacía.  Establecí la disciplina de tratar de aprender ocho posturas cada día y así es como logré aprender las dos primeras series y la mitad de la tercera en aquella ocasión. (...) Durante los seis años siguientes, hasta que terminé de aprender todo el sistema que enseña, invertí toda mi energía en ello." David Williams. (Páginas 18-20)

“No fue hasta principios de 1982 que fui capaz de ahorrar dinero suficiente para hacer ese primer viaje a Mysore.  Para entonces, había estado haciendo la práctica durante cuatro años y ya había aprendido las tres primeras series. (...) Me quedé tres meses.  Tuvimos un relación excelente y mi experiencia en la India fue magnífica.  Llegué a la conclusión de que tenía que dedicarme a enseñar yoga.  Al final de mi tiempo allí le pedí a Guruji si estaba dispuesto a concederme un certificado de enseñanza.  Él vaciló un instante y finalmente accedió.  En ese momento no fui consciente de que nunca antes había extendido un certificado para enseñar a ningún estudiante occidental, así que no fue hasta mucho después que me di cuenta de la importancia de aquel acontecimiento.” Tim Miller. (Página 67)

"Pattabhi Jois tenía alrededor de sesenta años, y a esa edad era como un adolescente lleno de energía, ¡guau! (...) Estábamos un total de tres estudiantes extranjeros y yo tenía treinta y un años y estaba entusiasmado y hambriento por este yoga y con ganas de más y así que él simplemente se dejó llevar.  Nos enseñó muchísimos asanas, como si trajera asanas en una carretilla y nos los arrojara encima.  Nos ajustaba en cada postura.  Si alguien no podía hacer el salto atrás, los lanzaba atrás cada vez con sus manos.  Tenía tanta energía que no sabía qué hacer con ella, así que decidió que no era suficiente con una práctica al día.  Practicábamos dos veces al día e incluso eso no era suficiente.  Practicábamos dos series cada vez: primera y segunda por la mañana, la avanzada A por la tarde, además de una hora de pranayama, y adicionalmente nos enseñaba cómo hacer nauli y neti." David Swenson. (Página 90)

En estos tres testimonios se trasluce una realidad muy distinta a la de los estudiantes que conocerían más tarde a Guruji.  ¿Tres series en cuatro años, ni qué decir en cuatro meses?  ¿Prácticas por la mañana y por la tarde?  ¿Asanas a paladas, ocho nuevos cada día?  ¿Certificado para enseñar tras un primer viaje a Mysore de tres meses?  Cualquier practicante actual pensará que están hablando de series de póker, no del Ashtanga Yoga de Pattabhi Jois en el que todo el mundo, aunque lleve veinte años practicando y complete la cuarta serie, tiene claro que en su primer viaje a Mysore tendrá suerte si se le permite comenzar la serie intermedia.

Algunos de estos estudiantes antiguos sólo conocieron a Pattabhi Jois durante sus primeras décadas de enseñanza en unas circunstancias muy distintas de las que se vivirían después.  Jamás regresaron a Mysore y no mantuvieron el contacto con su maestro y con la evolución que experimentaría en años posteriores.  Muchos de ellos se dedicaron a enseñar Ashtanga Yoga y, como es lógico, lo hicieron de acuerdo con lo que ellos mismos habían vivido.  En la actualidad siguen activos y claro, cuando oyen hablar de Mysore y de la manera en que se está enseñando allá cuarenta o cincuenta años después de su última clase con Guruji, se llevan las manos a la cabeza.

Un ejemplo paradigmático lo constituye Manju Jois, hijo de Pattabhi Jois.  Nació en 1944 y estudió con Guruji hasta los treinta y un años de edad.  Se contaba entre sus alumnos más avanzados, asistía a su padre en las clases y fue clave en la difusión de Ashtanga Yoga por el mundo al darlo a conocer en el año 1972 a través de una exhibición en un ashram de Pondicherry en el que se encontraban los que serían pioneros occidentales, con quienes entabló una gran amistad.  Cuando Pattabhi Jois realizó su primer tour en California en 1975, Manju decidió quedarse en Estados Unidos, donde enseñó yoga y se casó, y jamás regresó a Mysore.  Pattabhi Jois se quedó solo al frente de las clases, cada vez más mayor y cada vez con más alumnos hasta que, en 1989, un jovencísimo Sharath comenzó a asistirlo a instancias de su madre Saraswathi.

Manju Pattabhi Jois.

Las siguientes palabras al respecto del método tradicional actual las pronunció Manju Jois en una entrevista que se le hizo en el año 2017 y en la que el conflicto queda perfectamente descrito:

“Es una malinterpretación, no debes parar a los alumnos, porque si los paras se congelan. Se han inventado todas estas reglas que no estaban al comienzo. Puede que no llegues a todo al principio, pero tienes que seguir practicando, hasta conseguirlo. Si no la gente se desilusiona. Cuando un profesor te dice que tienes que dominar una postura para seguir, ese no es un buen profesor, porque no sabe cómo acercarse al estudiante. Esta gente trae un mal nombre al yoga.”

Desde el punto de vista de Manju se entiende que no tenga sentido la manera en que hoy se enseña en Mysore; durante mucho años él vivió una experiencia muy diferente y no se le puede echar nada en cara por que sus conclusiones hayan sido distintas.  No obstante, cuando se le lee protestar parece como si en 1975 cuando se mudó a los Estados Unidos hubiera aparecido en Mysore otro profesor distinto de su padre al que le hubiera dado por imponer reglas arbitrarías que implicaban que los estudiantes progresasen a través de las series a menor velocidad, y sinceramente creo que se equivoca, porque la realidad es que no fue ningún alienígena, sino el mismo Pattabhi Jois, quien se vio en la necesidad de cambiar una manera de enseñar que, tal y como analizaremos, tenía muchos inconvenientes y estaba acarreando peligrosas consecuencias.

En labios de David Williams, profesor adscrito a esta línea old school, que estuvo en Bilbao el pasado mes de abril y a quien también conocimos en Madrid en el 2015, la razón por la que Guruji comenzó a enseñar más despacio y a establecer posturas “llave” a partir de las cuales no se avanzaba si la persona no era capaz de completarlas, no fue otra que para poder acomodar a un mayor número de estudiantes en el reducido espacio de la shala de Lakshmipuram e ingresar más dinero.  Antes, la práctica de una persona podía durar alrededor de dos horas.  Después, si al no ser capaz de atarse en marichyasana D no se le permitía continuar, entonces su práctica quedaba reducída a poco más de una hora y otra persona podía entrar enseguida a ocupar su lugar, con lo que la capacidad de la shala prácticamente se duplicaba y el timbre de la caja registradora no paraba de sonar... 

¿Profesor malo o codicioso?  Ni David Williams ni Manju Jois estaban allí ni vieron ni vivieron lo que pasó, y personalmente me parece una falta de respeto referirse así a su padre, a su gurú, a su maestro, a quien al fin y al cabo le deben su propio prestigio y profesión, y se atrevan a arrojar semejante sombra de duda sobre el camino que siguió una vez ellos ya habían partido, negándole la posibilidad de evolucionar.  

Tal es así que, durante la estancia de David en Bilbao traté de hacerle ver que algunos puntos concretos en los que tanto él como Manju basan sus críticas están equivocados o al menos son sólo parcialmente ciertos.  Durante una cena saqué a colación la manida cuestión de que en Mysore nadie avanza más alla de marichyasana D si no es capaz de atarse las manos y le dije que, simple y llanamente, semejante cosa es mentira.  Quien afirma algo así o no ha estado nunca en Mysore o ha estado un solo mes y con una venda en los ojos, porque yo personalmente conozco a gente con nombre y apellidos que, sin poder atarse en marichyasana D debido a problemas en los meniscos, desde su primer viaje a Mysore pudo practicar navasana y más allá.  Uno de ellos en la actualidad es un profesor autorizado y gran amigo mío que practica parte de la serie intermedia con Sharath, el cual conoce su afección de rodilla y entiende que no pueda hacer marichyasana D de forma completa ni garbha pindasana ni ninguna otra postura que implique un loto intenso. 

Lo que ya no ocurre, claro está, es que una persona aprenda ocho posturas nuevas cada día y en un par de meses termine la tercera serie de cualquier forma.  Durante su workshop en Bilbao David afirmó que durante su periodo de estudio con Guruji, con tal de que recordases la secuencia y fueses capaz de sostener la práctica energéticamente, es decir, no terminases derrengado y hubiera que llevarte a casa con una pala, continuarías añadiendo más y más asanas realizando las adaptaciones necesarias hasta completar la serie primera y la intermedia, las cuales comprenden un catálogo terapéutico completo aunque demasiado extenso como para comprimirlo dentro de una sola secuencia.  Una vez ya dentro de las series avanzadas, la propia dificultad de las posturas establecería el límite de lo que cada uno debería hacer.... ¡Como si en la primera serie o en la intermedia no hubiese ya asanas suficientemente difíciles!  En fin...

La idea detrás de esto, hay que reconocerlo, resulta interesante: dado que las secuencias de asanas de Ashtanga Yoga fueron diseñadas para aportar diferentes beneficios físicos: fortalecer y flexibilizar la musculatura, depurar los órganos, purificar el sistema nervioso... entonces, ¿para qué cerrar la puerta o restringir parte de esos beneficios por el simple hecho de que a uno le cueste atarse en marichyasana D o sea incapaz de ponerse de pie desde urdhva dhanurasana?  Mejor hacerlo todo con modificaciones que hacer menos y perderse los beneficios de todo lo que vendría después, ¿verdad?  Por lo tanto, de acuerdo con esta línea de enseñanza que el propio Pattabhi Jois propugnó durante varias décadas, no existen posturas “llave” ni nada parecido cuya consecución sea condición necesaria para proseguir adelante y una persona continuará añadiendo más y más siempre que recuerde el orden.



Sharath Jois en la main shala del KPJAYI, en pleno ajetreo.

Conclusiones: Menos es más.


En contra de lo que sucediera en los primeros tiempos, la apuesta actual del KPJAYI va en una línea más sosegada, más prudente y en la que se pretende inculcar que con precipitación no se llega a ningún buen puerto.  ¿Qué ocurrió?  ¿Por qué Pattabhi Jois evolucionó hacia otros criterios, hacia un ritmo de enseñanza distinto?  ¿Por qué se dejaron de enseñar las posturas a manos llenas, se ejecutaran de manera correcta o no?  ¿Por hacerse el importante?  ¿Por fastidiar a la gente?  ¿Para que terminasen su práctica lo antes posible y así aumentar la capacidad de la shala?  O sea, ¿para recaudar más?

La explicación económica se me antoja ridícula.  Cuando Pattabhi Jois enseñaba en Lakshmipuram en la shala apenas cabía una decena de personas y había largas colas y esperas para entrar que con la progresiva popularización de Ashtanga Yoga no hicieron sino crecer.  Quizás, cuando hasta los oídos de los antiguos estudiantes empezaron a llegar rumores acerca de estos cambios de criterio y una cadencia de aprendizaje más lenta, hasta cierto punto es lógico que algunos pudiesen pensar que se trataba de la respuesta al problema de espacio, en especial los que ya habían dejado de ir a Mysore.  Sin embargo, con la nueva shala en Gokulam la capacidad se multiplicó de golpe seis veces, y los nuevos criterios se mantuvieron, en especial a medida que la figura de Sharath Jois fue cobrando un mayor peso.  Hoy día, cuando Sharath enseña en el KPJAYI hay entre 300 y 400 alumnos cada día, y la escuela está abierta desde las cuatro de la madrugada hasta el mediodía.   Nosotros hemos estado allí en numerosas ocasiones y hemos practicado al ritmo que hemos querido; a veces, con lesiones, la práctica la hemos hecho más lenta, más consciente, más respetuosa, con más repeticiones.  Nunca jamás nadie nos metió prisa ni vimos a Sharath decirle a nadie que terminase ya porque estaba tardando demasiado.  Muchas personas, incluso, tienen una práctica especialmente larga, con toda la primera serie y un buen trecho de la intermedia.  Una manera sencilla de hacer que estas personas acorten la duración de su práctica es enseñarles nuevas posturas de la serie intermedia para que hagan enseguida el full split (practicar sólo segunda serie).  Y sin embargo, los que han estado ahí ya lo saben, Sharath nunca tiene prisa por hacerte avanzar.

La respuesta a esos interrogantes, tal y como nosotros lo entendemos, será vista con mayor amplitud en próximas entradas del blog aunque aquí ofrecemos un pequeño adelanto.  En realidad se trata de una respuesta doble: filosófica y fisiológica.  Desde el punto de vista filosófico, esta manera de enseñar es congruente con la aplicación de los yamas y niyamas, los principios fundamentales de conducta sobre los que se asienta el ashtanga yoga de Patanjali, y ofrece la oportunidad de trabajarlos desde una práctica que, para muchas personas, es simplemente física.  Fisiológicamente, si se enseña con calma y se deja tiempo a que cada nueva postura sea convenientemente digerida, no es sino para reducir al mínimo la posibilidad de lesión y permitir que cada cuerpo se adapte de manera progresiva a una práctica que, no lo vamos a descubrir ahora, tiene una gran exigencia física.

Pattabhi Jois debió de llegar a estas conclusiones de forma natural dentro de su desarrollo como profesor.  Ésta es mi hipótesis:  Cuando Guruji comenzó a practicar con Krishnamacharya en Mysore, todos los estudiantes eran chicos jóvenes, estudiantes, militares, residentes del palacio y la mayoría se encontraba en buena forma física.  Después, en la pequeña shala de su casa, estuvo enseñando a gente local durante veinticinco años antes de que llegasen los primeros occidentales.  La forma de ser y circunstancias de los estudiantes indios junto a los que practicó en el Palacio de Mysore y a los que enseñó en su casa no tendría nada que ver con lo que vendría después.  Los indios eran padres de familia, trabajadores, estudiantes de universidad, personas con problemas de salud o miembros de su familia, todos ellos gente que se sometía a su enseñanza a la manera india, es decir, con obediencia y respeto pero sin tomarse las cosas a la tremenda: disfrutaban del yoga como quien lleva a cabo un ritual diario sin tener depositadas grandes ambiciones en su práctica; después salían a la calle donde los esperaba su vida de verdad: trabajo, estudios y familia.  Cuando Tomás Zorzo empezó a estudiar con Guruji en 1984 aún había mayoría de indios en la shala, y en cierta ocasión le escuché describir de la siguiente manera la situación que se respiraba en una shala en la que convivían indios y occidentales: "Los indios practicaban como si estuvieran haciendo reverencias, dando gracias a la vida.  Los occidentales, en cambio, practicaban como si en cualquier momento fuese a aparecer alguien con una cámara para sacarles una fotografía."  Creo que también fue Tomás quien nos contó esta otra anécdota: durante una clase guiada Guruji fui interrumpido por un cartero justo cuando se encontraba haciendo la cuenta de respiraciones para sirsasana, la postura sobre la cabeza.  Tenía que ir a recoger un paquete o una carta a la oficina postal y, ni corto ni perezoso, abandonó la clase de la misma.  Los indios, que en cuanto Pattabhi Jois se ausentaba de la shala en busca de café no tardaban en ponerse a charlar entre ellos, bajaron de sirsasana enseguida.  Varios occidentales, en cambio, siguieron en sirsasana sin bajar, empecinados; nadie les había dicho que salieran de la postura.  Al cabo de una buena media hora Guruji regresó de la oficina postal, y allí seguían en sirsasana mientras el resto de los estudiantes ya se había marchado.  

En efecto, la llegada de occidentales debió de suponer un gran choque para Guruji.  De pronto, llegaron hasta él una serie de personas extranjeras que por lo visto no tenían nada que hacer en la vida sino aprender su yoga.  Entre sus prioridades no se contaba el trabajo, la familia ni los estudios, y estaban dispuestos a entregarle a Pattabhi Jois todo su tiempo y energía.  Y por lo visto, y a tenor de los testimonios que hemos transcrito más arriba, Guruji se dejó llevar por el entusiasmo de estos estudiantes y empezó a enseñarles todo lo que podían digerir: montones de posturas nuevas, sesiones extra de pranayama, varias prácticas de asanas al día...  Y su estómago parecía no tener fondo porque cada vez querían más.

¿Cuál fue la consecuencia directa de todo esto?  No hace falta ser un genio: las lesiones.  Si tenéis ocasión de hablar con sinceridad con los antiguos estudiantes de Pattabhi Jois, todos os dirán lo mismo: la gente se rompía.  Esa idea de conseguir más, de acumular cada vez más asanas, se retroalimentaba y lejos de aplacar la sed, la exacerbaba y hacia que los cuerpos fuesen llevados al límite.  La gente era animada a ir más allá, a conseguir aquello para lo que no estaban preparados aún, y Ashtanga Yoga se convirtió en una suerte de selva en la que imperaba la ley de selección natural: los más fuertes sobrevivían, el resto se quedaba apartado en la cuneta, deshecho, y no regresaba.  El mismo Tomás, ya en la década de 1980 lo corrobora: Pattabhi Jois hacía ajustes brutales en muchos asanas, a menudo le daba la sensación de que estaba experimentando con ellos, y él mismo y varios de sus compañeros sufrieron graves lesiones de las que aún tienen secuelas.  Esta cuestión de las lesiones y la dificultad a la hora de casar esta exigente disciplina con la competitiva mentalidad de Occidente se acabaría convirtiendo en un caballo de batalla cuyos ecos se alargan hasta el día de hoy.  Un tema recurrente en las conferencias de Peter Sanson es que la mayoría de personas que practicaban a su lado cuando empezó ya no lo hacen, y no porque hubieran perdido la motivación o querido dejar la práctica de manera voluntaria, sino porque no fueron capaces de mantenerse en ella a largo plazo.  José Carballal habló de lo mismo en el último taller al que asistimos: el ochenta por ciento de sus compañeros de práctica no sobrevivieron al paso del tiempo y quince años después muy pocos continúan: el enfoque hacia el aspecto físico de los asanas los desgastó.

Finalmente, Guruji tomó la decisión de parar el carro.  La experiencia de las primeras décadas no debía de ser todo lo buena que cabía esperar y una nueva manera de enseñar fue cobrando forma.  Su ayudante Sharath, que no había conocido los primeros tiempos (empezó a practicar en serio a partir de 1989) se convirtió en el gran defensor de este enfoque más sosegado.  Tomás Zorzo fue testigo de esa especie de transición entre las dos maneras de enseñar.  Recuerdo un par de anécdotas que nos contó: la primera de ellas cuando Guruji le preguntaba a la gente a ver porqué no hacía tal asana y la respuesta era que Sharath no les dejaba hacerlo todavía.  La respuesta de Pattabhi Jois solía ir acompañada de una risita: "Ah, Sharath, hehe."    Otras ocasiones, en cambio, surgía el conflicto, y Guruji discutía con Sharath para que no parara a los antiguos estudiantes a los que había enseñado en el pasado más de lo que Sharath consideraba prudente: "Old student!  Respect old students!" ("¡Antiguo estudiante!  ¡Respeta a los estudiantes antiguos!")

Nuestra intención con este artículo y los que están por llegar, y me imagino que tal y como cabía esperar de una escuela autorizada por el KPJAYI, ha sido exponer las dos maneras en que se ha enseñado Ashtanga Yoga y explicar los motivos por los que, en nuestra opinión, el método tradicional tal y como lo enseñó Pattabhi Jois durante sus últimas décadas y tal y como ha continuado enseñándolo Sharathji hasta el día de hoy como cabeza visible del parampara, es el más adecuado para transmitir el método de Ashtanga Yoga porque de hecho es el resultado de un proceso de investigación que se ha llevado a cabo por parte de su divulgador principal durante casi un siglo aplicándolo a cientos, miles, decenas de miles de personas y porque está orientado a inculcar un hábito de práctica que se pueda mantener durante toda la vida.   

Es decir, creemos que en esta manera de enseñar no hay lugar a los cortoplacismos, a los atajos ni a la consecución de objetivos rápidos y, a pesar de que reconozcamos que existan otras formas alternativas que puedan tener su razón de ser, preferimos defender con todas sus consecuencias aquello en lo que creemos, incluso si ello implica perder a alumnos o resultar menos interesantes comercialmente.   Queremos que la gente que empiece a practicar Ashtanga Yoga lo haga no durante dos meses, un verano o un año, sino durante treinta, cuarenta, cincuenta años, y una de las primeras lecciones que tendrán que aprender para llegar a hacerlo es que la realidad honesta de cada uno en el momento presente no siempre se va a corresponder con las insaciables aspiraciones de la mente y el ego.  En Ashtanga Yoga, al igual que en tantas otras esferas de la vida, menos es más.

miércoles, 19 de junio de 2019

Yogasanagalu: El Ashtanga Yoga de Krishnamacharya.


El 24 de febrero de 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, el semanario norteamericano Life publicó un insólito reportaje fotográfico titulado “Hablando de fotografías... esto es yoga auténtico” (Speaking of pictures... this is real yoga).  El fotógrafo Wallace Kirkland había estado recorriendo la India durante seis meses documentando con su cámara el "extraño museo de logros humanos y excentricidad que es India" y sus pies le habían llevado nada más ni nada menos que hasta la escuela que dirigía Krishnamacharya en el Palacio Jaganmohan de Mysore donde había tenido ocasión de fotografiar a varios de sus estudiantes realizando asanas que, aunque a nosotros nos puedan resultar familiares, los lectores de Life de aquel entonces sin duda habrían estado de acuerdo en tildar de excéntricas.

Estados Unidos desempeñó un papel protagonista en la Segunda Guerra Mundial, pero a comienzos del año 1941 todavía permanecía neutral (el ataque japonés contra Pearl Harbour tendría lugar en diciembre) y los vientos de guerra al otro lado del Atlántico soplaban lo suficientemente lejanos como para que los medios de difusión pudiesen ocuparse de asuntos triviales tal que el tratado en este reportaje, cosa que los entusiastas de Ashtanga Yoga actuales agradecemos enormemente por su gran valor documental.  Si te interesa, puedes consultar la publicación original en el siguiente enlace (página 10 y siguientes).  El texto que encabeza el artículo es el siguiente:

Primera página del artículo fotográfico sobre los estudiantes de Krishnamacharya publicado en la revista Life en febrero de 1941.

"Estas fotografías suponen un catálogo de veinte de las incontables posturas retorcidas mediante las cuales el alma de un yogui indio busca escapar de la prisión inmortal de su cuerpo humano.  Muestran el yoga no como el espectáculo callejero de medio pelo de un fákir barbudo, sino tal y como se practica en su forma más pura por parte de jóvenes y gráciles devotos de una religión honorable. [...]

El término yoga, mediante conexiones con las lenguas arias, da origen al término "yugo" y significa precisamente eso.  El yoga busca literalmente unir el alma del individuo con el alma del universo que todo lo impregna.  Este estado de gracia se consigue sólo después de la muerte por parte de quien durante su vida ha extinguido con gran celo el deseo carnal por vivir.  Puede saborearse antes de la muerte mediante el trance extático que un yogui experimentado alcanza a lo largo de una vida de disciplina física y mental.  Al contrario de otros cultos hindúes, el yoga no sólo postula la mera subyugación ascética del cuerpo al anhelo del alma.  Su catálogo de contorsiones se entiende mejor como ejercicios que pretenden que el cuerpo esté sano, sereno y libre de enfermedades y desórdenes que puedan distraer al alma con preocupaciones carnales. 

Los yoguis que se muestran aquí fueron fotografiados en la escuela de Mysore, que recibió el apoyo de Sri Kanthirava Narasimharaja Wadiyar Bahadur, Maharajá de Mysore y el Príncipe hindú más grande de la India.  Se demuestran posturas avanzadas a las que pocos yoguis hoy dedican tiempo suficiente como para llegar a dominarlas.  Son ejecutadas de una manera tranquila, sosegada y mantenidas durante largos periodos de tiempo.  Cada postura ha sido pensada para otorgar un beneficio concreto, pero el resultado general es un físico tan bien tonificado como el de cualquier atleta norteamericano.  También conceden un extraordinario control sobre tanto la musculatura voluntaria como la involuntaria.  Un ejemplo típico es el control del diafragma, mediante el cual un yogui puede reducir el ritmo de la respiración desde alrededor de 1.100 respiraciones por hora hasta 76 y, con disciplina mental, lograr un trance de unión dichosa con el alma del universo." 


Colección de fotografías con espectaculares posturas que Krishnamacharya enseñaba y que hoy forman parte de las series de Ashtanga Yoga.  Si sabes inglés, merece la pena ampliar la imagen y leer los pies de foto.

A pesar de que el artículo no cite expresamente a Krishnamacharya y sí a su patrocinador el Maharajá Jayachamarajendra Wadiyar (sobrino y sucesor de Krishnaraja Wadiyar IV, promotor original de Krishnamacharya fallecido en 1940), sin duda supone una de las más tempranas referencias que ha habido en Occidente, sino la más temprana, al yoga de Krishnamacharya.  El momento histórico no era el más idóneo y, a pesar de lo espectacular de las imágenes, se entiende que el reportaje no suscitara el interés del público más allá de una lectura ligera de domingo: los acontecimientos bélicos aún acapararían toda la atención durante varios años y se puede afirmar que el mundo no estaba maduro para el yoga.

En este reportaje fotográfico de la revista Life hay, sí, un buen puñado de muestras gráficas de lo que se puede interpretar como el “Ashtanga Yoga” de Krishnamacharya.  De hecho, todos los asanas fotografiados se pueden localizar dentro de alguna de las series de Ashtanga Yoga actuales.  Sin embargo, en este post no se pretendía simplemente sacar a la luz esta curiosa publicación, sino otra todavía más desconocida, de hecho a día de hoy inédita, y mucho más relevante, que casualmente también fue publicada en el mismo año 1941 y cuyo autor fue el propio Tirumalai Krishnamacharya: el Yogasanagalu o La Gema de las Asanas de Yoga, un texto que me ha tenido absorto durante las últimas semanas, sino meses, y que me ha parecido crucial para demostrar y entender la conexión, a veces puesta en duda, entre Pattabhi Jois y su gurú Tirumalai Krishnamacharya.



El joven Krishnamacharya.  Las fotografías de asanas que ilustran el artículo a partir de aquí fueron publicadas en el Yogasanagalu en su edición 1972 cuando Krishnamacharya contaba con... ¡84 años!  Personalmente, me parecen más espectaculares que las de la revista Life; a esa edad ni siquiera creo estar vivo.

Del Yoga Makaranda al Yogavali: la obra escrita de Krishnamacharya.

Sobre Krishnamacharya se ha hablado y escrito mucho.  Este blog es una buena muestra de ello.  La Krishnamacharya Yoga Mandiram, una asociación creada en 1976 por su hijo TKV Desikachar, se ha encargado de preservar para la posteridad el gran legado de Krishnamacharya y durante décadas ha realizado una gran labor de rescate, memoria, conservación, traducción y divulgación.

Cuando viajamos a Mysore siempre nos dejamos caer por las principales librerías y, en cuanto vemos una publicación que desprenda el más leve aroma a Krishnamacharya, no dudamos en comprarla  A menudo, no obstante, son libros tales como Health, Healing and Beyond o The Yoga of the Yogi, en los que se habla acerca de Krishnamacharya y están repletos de interesantes recuerdos y testimonios pero, dato importante, no han sido escritos por Krishnamacharya y por lo tanto no son fuentes de primera mano.

A tenor de lo que hay disponible a día de hoy tres décadas después de su muerte, cualquiera podría llegar a la conclusión de que la obra de Krishnamacharya, quien recordemos vivió durante más de cien años y fue un reputado intelectual, fue escasa.  Pese a que tampoco se pueda decir que fuera un autor prolífico, sí que escribió bastante más de lo que cabe inferir a partir de lo que uno puede encontrar hoy asomándose por las librerías de Occidente.  Algunas fuentes afirman que Krishnamacharya escribió varias decenas de textos, aunque también reconocen que la mayoría se trata de obras menores.  Nosotros tenemos, por ejemplo, un pequeño poemario titulado Yoganjalisaram que no cuenta con mucho más de treinta poemas de unos pocos versos cada uno.  Es un librito de poca monta en el que el comentario de cada poema escrito por Desikachar “pesa” tres o cuatro veces más que el poema en sí y que, para variar, resulta sumamente difícil de localizar hasta el punto de que la última vez que estuvimos en Mysore quise regalarlo y no pude encontrarlo.  Por lo visto Krishnamacharya escribió un segundo libro de poemas titulado Dhyanamalika que no he visto nunca y parece que además fue autor de un significativo número de escritos menores que se podrían calificar de poco más que panfletos, entre ellos varios comentarios a textos clásicos y un inédito librito titulado Yoganjali.  

Purvattanasana.

El problema principal con la obra de Krishnamacharya es la ausencia de traducciones.  Sus obras fueron publicadas originalmente en idioma kannada o tamil y, por motivos que desconozco, durante décadas nadie se molestó en traducirlas a otros idiomas, de manera que un amplio porcentaje todavía hoy permanece en la sombra para la mayor parte del mundo no indio.  Entre las obras mayores escritas por Krishnamacharya se cuentan cuatro libros que versan en torno a la práctica de yoga, a saber:  
  • Yoga Makaranda - El Néctar del Yoga (1934). 
  • Yogasanagalu - La Gema de los Asanas de Yoga (1941).
  • Yoga Rahasya - El Secreto del Yoga (Publicado en 1998, probablemente escrito en 1937).
  • Yogavali - La Esquina del Yoga (1988).  Un solo capítulo; Krishnamacharya fallecería en 1989 sin terminarlo.
Entre estos últimos cuatro a día de hoy tan sólo el Yoga Makaranda cuenta con una gran difusión.  Fue traducido al inglés por Desikachar y publicado en el 2011, una fecha terriblemente tardía casi ocho décadas después de su edición original en kannada.  Por su parte, el incompleto Yogavali y el Yogasanagalu parecen no haber sido traducidos nunca mientras que del Yoga Rahasya tan sólo he encontrado una edición en francés que en lo que a mí respecta es lo mismo que si estuviera en ruso.  

Janu sirsasana A.

El Yoga Makaranda, por tanto, se ha erigido durante la última década en el referente por antonomasia de la obra escrita del conocido como padre del yoga moderno.  Además, fue publicado durante la época dorada de Krishnamacharya a los cuarenta y cinco años de su madurez física: los años de Mysore, en los que disfrutó del apoyo del Maharajá y estuvo al cargo de la mítica escuela de la que tanto se habla hoy y a la que, como hemos visto, la revista Life dedicaría un espectacular reportaje siete años más tarde.  El joven Pattabhi Jois también acababa de llegar a Mysore donde se había reencontrado con su viejo gurú y a cuyo lado reanudaría los estudios de yoga.  La lógica dicta que el Yoga Makaranda debería de recoger precisamente todo aquello que Pattabhi Jois estaba destinado a aprender.
 
Sin embargo, a los arqueólogos de Ashtanga Yoga interesados en rastrear el origen del método divulgado por Pattabhi Jois, el Yoga Makaranda les deja -nos deja- un sabor agridulce, porque si bien sí se reconocen en él numerosos elementos de la práctica actual de Ashtanga Yoga como cuarenta y dos asanas y sus secuencias de pasos o vinyasas, en cambio no permite establecer la relación directa que cabría esperar entre el yoga de Krishnamacharya y el Ashtanga Yoga que popularizaría Pattabhi Jois, con unas series de asanas definidas (primera, intermedia y avanzadas) y un método aplicable a todas las personas en un orden concreto pero que cada una aprendería paso a paso de acuerdo con sus circunstancias, sino que más bien parece proporcionar un catálogo de posturas de las que el profesor deberá extraer secuencias acordes con las necesidades del estudiante por el estilo del Viniyoga o el Vinyasa Krama que Desikachar y Ramaswami divulgarían varias décadas más tarde.  De hecho, a lo largo del texto Krishnamacharya referencia en numerosas ocasiones los conceptos de Vinyasa (paso) y Krama (secuencia), pero no emplea nunca el término Ashtanga Yoga para definir ninguna práctica de asanas, lo que refuerza esta impresión.

Más todavía, al comienzo del libro Krishnamacharya cita un total de veintisiete textos yóguicos que le han servido en el proceso de redacción y, sorprendentemente, entre ellos no figura el misterioso Yoga Korunta al que Pattabhi Jois siempre aludía como fuente principal del método.  ¿Mintió Pattabhi Jois o hay algo que se ha estado pasando por alto desde, digamos, los últimos setenta y ocho años?

Página 5 del Yogasanagalu con la información editorial en inglés de esta edición 1981.

Yogasanagalu: el eslabón perdido.

En 1941, el mismo año que el reportaje de Wallace Kirkland vio la luz en la revista Life, fue publicado un libro de Krishnamacharya llamado Yogasanagalu - La Gema de los Asanas de Yoga.  En la fecha de publicación del Yoga Makaranda la escuela de Krishnamacharya en el Jaganmohan Palace de Mysore apenas llevaba un año abierta, pero para 1941 ya llevaba ocho años en pleno rodaje y por las expertas manos de Krishnamacharya habían pasado varios centenares de alumnos, algunos de los cuales se habían convertido en los experimentados practicantes de las fotografías al comienzo de este post y entre los cuales se encontraba el mismo Pattabhi Jois.  El Yogasanagalu, en consecuencia, fue escrito tras la consolidación de Krishnamacharya como profesor de una escuela de yoga abierta a amplios grupos de estudiantes.  A nada que hiciera referencia a la enseñanza de Krishnamacharya en aquellos momentos, el Yogasanagalu debía de hacer honor a su nombre y encerrar más de una piedra preciosa digna de ser contemplada.

El Yogasanagalu tuvo cuatro ediciones, las últimas dos publicadas en 1972 y 1981 y revisadas por el propio Krishnamacharya.  A pesar de ello, nunca se tradujo al inglés desde el kannada original ni se publicó fuera de la India.  A todos los efectos, para los no indios era un libro perdido.

Anthony Grim Hall, profesor de yoga y reconocido blogger, desempeñó un papel protagonista en toda esta historia cuando hace cosa de siete años subió a su blog un ejemplar escaneado de la última edición del Yogasanagalu que había llegado a sus manos a través de uno de sus lectores.  Estaba en kannada y por tanto, resultaba indescifrable, pero la casualidad quiso que entre las seguidoras de Anthony se contara una generosa mujer de Mysore llamada Satya Murthy que se ofreció a traducir el texto.  Al cabo de varios meses de estrecha colaboración entre los dos concluiría el “Proyecto de Traducción" (Translation Project) del Yogasanagalu, dejando sus secretos al descubierto más de siete décadas después de su publicación.

Desde su primera página el Yogasanagalu me ha dejado boquiabierto; se trata de un documento de valor incalculable que responde preguntas, disipa dudas y tiende un claro puente entre las enseñanzas de Krishnamacharya y Pattabhi Jois a un nivel mucho mayor de lo que ocurre en el Yogamakaranda.  Al mismo tiempo el Yogasanagalu evidencia grandes diferencias y contradicciones respecto al metodo tradicional que conocemos hoy, lo cual unido a los cambios que se discutieron en la anterior entrada sugiere una evolución a lo largo de las décadas que no se limitó a Pattabhi Jois y que en algunos aspectos fue radical.  En pocas palabras: el Yogasanagalu constituye una pieza maestra del puzzle, imprescindible para comprender la transición del método de Ashtanga Yoga desde Krishnamacharya hasta Pattabhi Jois.

Página 9 del Yogasanagalu con el detalle de la bibliografía.

Tan pronto como en la página 9, el Yogasanagalu me hizo caer de culo.  En el artículo acerca del Yoga Korunta en Wikipedia aparece esta frase: "De acuerdo con el libro Yoga Body: Los orígenes de la Práctica de Posturas Moderna de Mark Singleton, este legado de Krishnamacharya es una de las bases para las "luchas de poder" entre las escuelas rivales de yoga moderno; comenta que es sorprendente que Jois u otros discípulos no hicieran copias del valioso documento (el Yoga Korunta) y que Krishnamacharya ni siquiera se molestara en citarlo en su Yoga Makaranda de 1934", cosa que es cierta y de la que ya he hablado anteriormente; en la bibliografía del Yoga Makaranda Krishnamacharya cita veintisiete libros y el Yoga Korunta no aparece entre ellos, lo cual resulta un tanto vergonzoso desde el punto de vista de la tradición de Ashtanga Yoga habida cuenta de que Krishnamacharya y el misterioso Yoga Korunta constituyen dos de sus pilares fundamentales.  Pues bien, ¿qué bibliografía cita Krishnamacharya en el Yogasanagalu de 1941?  Veamos qué dice la susodicha página 9:

No intenté un detallado repaso de todos los antiguos textos de yoga puesto que haría que este libro fuera muy largo y quizás aburriría a los lectores.  Por favor, disculpadme.  Este escrito se basa principalmente en los siguientes textos:
  • Patanajayogasutra.
  • Hathayogapradipika.
  • Rajayogaratnakara.
  • Yogakuranti.
  • Upanishads relacionados con yoga.
  • Aprendizaje obtenido de mi Gurú y mi propia experiencia.
En negrita queda marcada la irrefutable referencia bibliográfica al Yoga Korunta por parte de Krishnamacharya.  ¡Por favor, que Mark Singleton lea esto y alguien corrija la entrada de Wikipedia!

Ardha matsyendrasana.

En las páginas inmediatamente siguientes (entre la 2 y la 8 de la traducción al inglés) Krishnamacharya deja un verdadero rastro de perlas sin el menor desperdicio:

"El Maharaja de nuestro estado de Karnataka, su alteza Sri Krishna Rajendra, un defensor entusiasta del yoga que ha practicado este Patanjala ashtanga yoga durante muchos años bajo su gurú y ahora con el deseo de que sus súbditos también se beneficien de esta práctica ha iniciado 1) La Patha Shala de Sánscrito del Maharaja 2) La Yoga Shala del Palacio Jaganmohana 3) La Patha Shala de Sánscrito de Bangalore 4) La universidad de Mysore 5) La Yoga Shala de Chitradurga y para contribuir a la práctica de yoga ha ordenado la publicación y propagación de los libros Yogamakaranda, Yogasanagalu y Yoganjali en kannada (...)

El autor de todos estos libros es también el profesor de yoga de su Alteza. (...)

Su Alteza Sri Krishnarajendra Wadeyar, quien ha practicado este sistema durante muchos años, se dio cuenta de que la felicidad de los ciudadanos estaba menguando debido a la falta de práctica de yoga y promovió la propagación del yoga en muchos países.  Estableció una escuela de yoga en el Palacio Jaganmohan el 11 de agosto de 1933 para que el público tuviera a su disposición una práctica regular de yoga. (...) 

Desde el tiempo en que empezó esta shala de yoga hasta el presente, aproximadamente mil personas se han beneficiado enormemente.


Marichyasana A.

Esta shadana de yoga ha sido dividida en tres series: la serie del poder o fuerza, la serie de tratamiento y la serie espiritual.

La serie de poder se clasifica en mente y cuerpo.
La serie de tratamiento se divide en kosha (envoltura) y nadi (latido).
La serie espiritual no tiene divisiones.

La primera serie requiere de muchas yogasanas y algo de pranayama.
La segunda serie necesita algunas asanas sencillas y tres pranayamas.
La tercera serie requiere pranayama, pratyahara, dharana, dhyana y samadhi.
Más tarde se muestra una tabla que incluye estos. "

Mereciendo la pena destacar los siguientes puntos:

  1. Define lo que él enseña (y el Maharaja ha practicado) como ashtanga yoga, el mismo nombre que después emplearía Pattabhi Jois y con el que se ha dado a conocer el mundo.  Es ampliamente conocida la confusión entre el Ashtanga Yoga divulgado por Pattabhi Jois y el ashtanga yoga de Patanjali y siempre pensé que la elección de ashtanga yoga como nombre para el método había sido cosa de Pattabhi Jois, quien colgó el cartel “Ashtanga Yoga Nilayam" en la puerta de su casa de Lakshmipuram.  Sin embargo, a diferencia de lo que sucede en el Yogamakaranda, en este Yogasanagalu el propio Krishnamacharya lo llama ashtanga yoga.
  2. Proporciona la fecha exacta (11 de agosto de 1933) en que se abrió la escuela de yoga en el Palacio Jaganmohan bajo el patrocinio del Maharajá, a quien había estado enseñando yoga desde 1926.  Se conoce, además que desde 1931 había estado enseñando en la Universidad de Sánscrito.  En el momento de publicación del Yogasanagalu (1941, ocho años tras la apertura) la nada despreciable cifra de mil personas había aprendido yoga con Krishnamacharya, lo cual arroja una idea de la envergadura de su escuela.  Las fechas y datos proporcionados me resultan muy interesantes así como la referencia al desconocido libro Yogavali y la escuela de yoga en Chitradurga, localidad natal de Krishnamacharya, de la que no había oído hablar. 
  3. Divide la práctica en tres series, lo cual les resultará familiar a todos los practicantes de Ashtanga Yoga.  Sin embargo, lo que asevera a continuación respecto a las divisiones de cada serie y de lo que consta cada una resulta confuso y se aleja de lo que hoy entendemos por serie primera, segunda y tercera.  No obstante, la tabla a la que hace referencia y que veremos más adelante resultará sumamente reveladora.

Krounchasana.

De igual manera que en el Yoga Makaranda, Krishnamacharya dedica una gran parte del texto a explicar la ejecución de varios asanas y sus vinyasas o pasos correspondientes, pero con una gran diferencia: proporciona numerosos detalles acerca de la metodología de enseñanza, de la respiración, del enfoque que ha tenido que adoptar al enseñar a un grupo amplio de estudiantes con diferentes circunstancias, capacidades y experiencia, y muchos otros pequeños detalles de la práctica que tienen continuidad hoy.  Algunas de las frases resultan tan interesantes desde el punto de vista de los practicantes actuales de Ashtanga Yoga que bien merecen ser comentadas:

Tan pronto como en la página 8 (siempre haré referencia a la edición traducida) se establecen los principios de la práctica que va a explicar en posteriores hojas: "En las posiciones de yoga en las que los ojos, cabeza y frente se elevan, la inhalación debe hacerse lentamente a través de las fosas nasales hasta llenar los pulmones.  Entonces el pecho es empujado hacia delante y se infla, contrayendo fuertemente el abdomen, enfocando los ojos en la punta de la nariz y alargando los músculos de la espalda tanto como sea posible. (...)  En las posiciones de yoga en que los ojos, cabeza, frente, pecho y cabeza se bajan, debemos exhalar lentamente.  Apretando fuertemente el abdomen, hay que cerrar los ojos."  Lo cual concuerda con los tres pilares fundamentales de la práctica tradicional de Ashtanga Yoga también conocidos como tristana: vinyasa (cada paso, cada movimiento ascendente sobre una inhalación y cada movimiento descendente sobre una exhalación), bandha (contracciones musculares relacionadas con cada vinyasa) y dristhi (mirada a la punta de la nariz; ya lo de cerrar los ojos sí que supone una discordancia que, aviso, no será la única).

Más adelante se adentra con mayor detalle en la relación entre asana y respiración de la manera que se conoce hoy en el método tradicional.  Así, en la página 75 Krishnamacharya afirma que "al hacer la respiración suave y larga y concentrando o enfocando la mente en la respiración, se obtiene la perfección en la postura" y en la 102 "Normalmente durante la práctica de yogasanas, la inhalación y la exhalación se llevan a cabo a través de la traquea profunda, sutilmente y con sonido.  Esto es una práctica común con todo el mundo.  A este tipo de respiración se le llama anuloma ujjayi".  De manera interesante, hoy día Sharath Jois insiste en que no llamemos ujjayi a la respiración que hacemos durante la práctica, sino "free breathing with sound" o "respiración libre con sonido."  Adicionalmente, en la página 108 Krishnamacharya afirma que "Cuando se comienza a enseñar a estudiantes o pacientes que acuden para ser tratados, los instructores de yoga en primer lugar han de demostrar la inhalación y exhalación profunda y sutil de acuerdo con el sistema ujjayi.  (...) Después ofrecerán oraciones primero a Patanjali y después a Ananta Nagaraja y a continuación comenzarán", lo cual refuerza la importancia de la respiración y es precursor a la costumbre de Pattabhi Jois de empezar la práctica con el mantra de Ashtanga Yoga en el que se rinden honores a Patanjali, encarnación de Adisesa o Ananta.

Utpluthih.

En la página 10 aparece una frase que Pattabhi Jois repetía con frecuencia y que según él era una cita del Yoga Korunta: "Las yogasanas deben practicarse sólo con vinyasas y nunca sin él." bajo la siguiente advertencia: "Practicar yogasanas sin vinyasa adelgazará y consumirá el cuerpo".  Y también en esa página 10 establece el principio de vinyasa completo o full vinyasa que se mantiene hasta hoy de manera vestigial cuando en las posturas de suelo se enuncia "sapta" o "siete" como primer vinyasa: "Los vinyasas de 1 a 7 son iguales en todos los asanas". 

La organización de una clase de la manera que hoy se conoce como estilo Mysore es indicada por Krishnamacharya en varias páginas: "Cuando se enseña yoga en grupo, es aconsejable separar a la gente en diferentes tipos: obesos, delgados, de corta estatura (...)  No todos pueden realizar todos los tipos de práctica. (...) Los asanas que son posibles para una persona delgada pueden resultar imposibles para una obesa.  Sin embargo, no necesitamos aumentar el número de instructores. Los practicantes de yoga pueden ser divididos aproximadamente en base a sus tipos corporales y el mismo instructor puede enseñarles.  También se puede agrupar a los practicantes en dolencias comunes y enseñarles. (..)" (página 10-11).   "(...) los asanas deben practicarse cuando resulte apropiado a medida que la gente vaya consiguiendo la capacidad suficiente" (página 77).  "Es una idea equivocada alejada de la realidad pensar que todos necesitan practicar todos los yogasanas (...)  Al igual que la medicina, los yogasanas también se recetan de acuerdo al tipo de cuerpo y la condición de cada uno" (página 97). Pese a que estas frases puedan ser objeto de interpretación y no todo el mundo esté de acuerdo en que a a partir de ellas se pueda inferir que Krishnamacharya enseñara de la manera que hoy se conoce como “estilo Mysore”, pido al lector que sea paciente y le emplazo a que continúe leyendo hasta el siguiente apartado subtitulado en negrita.

Y de nuevo en la página 13 Krishnamacharya escribe unas palabras que, dichas a su manera, Pattabhi Jois popularizaría mucho después: "Las personas perezosas no podrán lograr ningún progreso (...)  Las personas con coraje superan los obstáculos. (...)  La yoga sadhana es para gente de todas las edades."  Junto con: "La casta, el credo, el género, la edad, etcétera, no han de ser un obstáculo.  Todo el mundo necesita bienestar" (página 97) y "Tanto los jóvenes, ancianos, muy débiles debido a una enfermedad, si hacen la práctica de yoga de la manera correcta y sin pereza, obtendrán los beneficios deseados" (página 98).

Para concluir este apartado me referiré a uno de los aspectos más polémicos del método de Ashtanga Yoga: esa ley no escrita según la cual los ejercicios de pranayama no han de ser practicados hasta que el estudiante haya comenzado o esté a punto de comenzar la tercera serie, lo cual debido al nivel de exigencia y la dificultad que entrañan las dos primeras series implica que la mayoría de practicantes de Ashtanga Yoga no llegarán nunca a ser aptos para la práctica de pranayama.  Este argumento se sustenta en el sutra 2.49 de Patanjali que afirma que "Una vez se ha dominado asana, entonces se realiza pranayama que consiste en interrumpir el movimiento de inhalación y exhalación" y también es apoyado por Krishnamacharya con la siguiente frase del Yogasanagalu: "Aquellos que no son expertos en yogasana no serán capaces de dominar pranayama" (página 85)   Me imagino que esto es objeto de debate porque Krishnamacharya tampoco establece una clara línea divisoria aunque, eso sí, el término "experto" o "proficient" en inglés define también a su tercera serie de asanas tal y como se analizará en los siguientes párrafos.


Primera página de tablas de asanas en el Yogasanagalu.  Original en kannada edición 1981.

Las tres series de asanas de Ashtanga Yoga según Krishnamacharya. 

El plato fuerte del Yogasanagalu, como su propio título indica (La Gema de las Asanas de Yoga), se concentra en la explicación de asanas.  El libro, sí, incluye la descripción pormenorizada, vinyasa a vinyasa, de varias posturas.  28 asanas en concreto, divididas en dos grupos entre las páginas 22 y 74 (21 asanas) y entre las páginas 109 y 121 (siete asanas).  La mayoría de las descripciones les resultarán muy familiares a los practicantes de Ashtanga Yoga porque concuerdan ampliamente con la práctica tradicional que se hace hoy con la importante salvedad de que, en numerosas ocasiones, Krishnamacharya indica que se deben de realizar kumbhakas o retenciones del aire tras exhalar o tras inhalar.  De las enseñanzas que Pattabhi Jois recibió de Krishnamacharya sin duda ésta se perdió en el tiempo, porque a día de hoy y no me consta que fuese distinto en décadas pasadas, durante la práctica de asanas de Ashtanga Yoga no se lleva a cabo ninguna retención.

Pero detalles aparte, sin duda lo más sorprendente del libro respecto a la cuestión de los asanas son las tablas recogidas entre las páginas 16 y 21 en las que aparece un resumen de cerca de 121 asanas totalmente inédito en la bibliografía de Krishnamacharya en el que se especifica el nombre de cada postura, su número de vinyasas, la posición del asana, estado o vinyasa en que se ejecuta cada postura manteniéndola durante varias respiraciones, el tipo de respiración (con retención tras exhalar o inhalar, sin retención, etcétera) que hay que llevar a cabo en cada una, los beneficios físiológicos que aportan y, lo que más me ha llamado la atención, la clasificación o agrupación de cada asana dentro de una de tres series que el mismo Krishnamacharya denomina “primary group” (grupo primario), “middle group” (grupo medio) y “proficient or advanced” (experto o avanzado).

Grupo primario de asanas según Krishnamacharya en el Yogasanagalu.  Incluye lo que hoy se conocen como posturas fundamentales (desde padangushtasana hasta parsvottanasa)

Krishnamacharya en el Yogamakaranda describía 72 asanas, en este Yogasanagalu describe 28, muchas de las cuales ya fueron cubiertas en el Makaranda.  Las posturas descritas tanto en el Yogamakaranda como en el Yogasanagalu no parecen haber sido expuestas en un orden concreto, sino que tan pronto se indican los vinyasas de un asana que hoy se reconocería dentro de la primera serie como a continuación se explica una postura perteneciente a la segunda, la tercera o la cuarta.  En las tablas del Yogasanagalu, en cambio, nos encontramos con 121 posturas, muchas de las cuales no son descritas en ningún lado a menos que la edición que han traducido Anthony y Satya esté incompleta, y en este caso, aunque con algunos matices, sí se encuentran agrupadas con coherencia.

Cualquier persona familiarizada con las series de Ashtanga Yoga reconocerá con facilidad que el “primary group” se corresponde con la actual primera serie, “middle group” con la actual intermedia y “proficient” con las actuales tercera, cuarta y hasta quinta series avanzadas, aunque tal vez esta última no resulte tan evidente porque la mayoría no las conocemos con la suficiente profundidad.  Hay excepciones notables, por supuesto, pero en general el número de vinyasas y el estado de cada asana se asemeja enormemente a lo que hoy se practica.  Así, por ejemplo, padangushtasana y padahastasana cuentan con 3 vinyasas, trikonasa y parsvakonasana con 5, ardha baddha padma paschimattanasa y janu sirsasana con 22, bujha pidasana con 15... todo lo cual concuerda con los vinyasas que se practican hoy y que cualquiera puede escuchar en una clase de Ashtanga Yoga tradicional con la cuenta en sánscrito (omitiendo, claro está, los primeros seis y los dos últimos vinyasas en las posturas de suelo en las que sólo se practica el half vinyasa o medio vinyasa).  También me resulta interesante comprobar cómo la secuencia de los guerreros con utkatasana y virabhadrasana A y B, aunque no sea descrita en el texto, sí se la puede reconocer tal y como es hoy en las tablas del Yogasanagalu con sus 13 y 16 vinyasas respectivos y el estado de los guerreros correctamente indicados en los vinyasas 7, 8, 9 y 10.

Grupo medio de asanas según Krishnamacharya en el Yogasanagalu.

La cuestión del ordenamiento de las posturas es ya harina de otro costal.  Tras comprobarlo personalmente estoy en condiciones de afirmar que en las tablas de asanas del Yogasanagalu aparecen absolutamente todas las posturas de las series primera e intermedia que se practican hoy e incluso que la inmensa mayoría (en el caso de la serie primera el 100% y en el de la segunda el 70%) se encuentran dentro de su serie correcta de acuerdo con el estándar actual.  Sin embargo, el ordenamiento en sí tiene mucho de “extraño”; por ejemplo, la primera postura de la primera serie es efectivamente padangushtasana y la primera de la intermedia pashasana, pero el orden tal y como lo conocemos está muy alterado de tal modo que, por ejemplo, trikonasana se ejecuta después de prasarita padottanasana o utkatasana y virabhadrasana antes de uttitha hasta padangusthasana, tras tiriangmukha ekapada aparecen los marichyasanas y después ardha baddha padma paschimattasana, las posturas de la secuencia final aparecen "dispersas" entre el grupo primero y medio mientras que un buen puñado de posturas de la serie intermedia aparecen en el grupo experto o avanzado... 

En realidad hay demasiadas diferencias como para enumerarlas todas.  Las personas interesadas pueden consultar las tablas e identificarlas por sí mismas.  Yo lo he hecho, y para aclararme en todo este embrollo he confeccionado unas tablas que compartiré a continuación (ver más abajo, tablas con colores). 

Grupo experto o avanzado de asanas según Krishnamacharya en el Yogasanagalu.

Esencialmente he comparado las series de asanas del Yogasanagalu con las actuales series de asanas de Ashtanga Yoga.  El orden de exposición es el mismo que aparece en el Yogasanagalu.  En las dos primeras columnas he añadido la información correspondiente a las series de Ashanga Yoga que se practican hoy: la primera columna indica a qué serie corresponde la postura (F: Secuencia Fundamental; P: Primera Serie; E: Secuencia Final; I: Serie Intermedia; A: Tercera Serie o Serie Avanzada A; B: Cuarta Serie o Serie Avanzada B) y la segunda columna el orden que la postura ocupa dentro de su serie.  Con el fin de facilitar el reconocimiento de las series de Ashtanga Yoga de hoy dentro de las tablas del Yogasanagalu he utilizado colores e incluido una leyenda dentro de la propia imagen. 

Por otro lado, en las columnas tercera y cuarta he situado las posturas tal y como aparecen listadas en el Yogasanagalu de Krishnamacharya: la tercera columna indica el número del asana dentro de su serie o grupo (una mera secuencia 1, 2, 3,...) y la cuarta columna su nombre tal y como aparece escrito en el Yogasanagalu.  Como suele decirse, una imagen vale más que mil palabras:

Comparación entre los tres grupos de asanas del Yogasanagalu y las cuatro primeras series de asanas del método tradicional de Ashtanga Yoga actual. 

Tras lo cual, merece la pena comentar lo siguiente:

  1. Algunos asanas del comienzo del grupo primario no tienen correspondencia con las series actuales de Ashtanga Yoga: uttanasana, chaturangadandasana, urdhwamukhaswanasana y adhomukhaswanasana.  Bueno, en realidad son posturas que forman parte de los vinyasas completos que se realizan en todas las posturas de suelo y de los propios saludos al sol.  Hay que decir que Krishnamacharya no hace ninguna referencia a los saludos al sol en todo el Yogasanagalu.  ¿Serían un invento que añadiría Pattabhi Jois tiempo después integrando en la práctica a modo de calentamiento estas cortas secuencias de posturas básicas?  Algunos así lo afirman y, por lo que se puede deducir a partir de estas tablas de asanas, tampoco podemos desmentirlos.  
  2. Los asanas de la secuencia final, tal y como he dicho anteriormente, se encuentran distribuidas en la última parte del grupo primario e intermedio, como si en sí constituyeran parte de la secuencia de posturas y no su culminación común.   
  3. Parte de la actual serie intermedia se diluye dentro del grupo de posturas avanzadas.  Me congratula encontrar karandavasa entre ellas, un asana harto difícil de la actual serie intermedia que muchos nos hemos preguntado cómo narices se le pudo haber ocurrido meterla allí a Guruji.
  4. El grupo de posturas avanzadas parece hallarse mucho menos elaborado que los dos primeros grupos en los que los paralelismos y semejanzas con las dos primeras series de hoy resultan evidentes.  En el grupo experto Krishnamacharya no ha proporcionado tantos detalles como en los dos primeros, lo cual deja entrever que quizás no le concediera demasiada importancia a las posturas avanzadas.  Esto es algo lógico dado que, ¿cuántos de sus estudiantes practicarían las secuencias avanzadas?  Al igual que sucede hoy en cualquier escuela, incluido el KPJAYI que dirige Sharath, lo normal sería que entre el millar de alumnos que había estudiado con Krishnamacharya entre 1933 y 1941, la mayoría hubiera sido capaz de practicar únicamente los dos primeros grupos de asanas, lo que sugiere que quizás el grupo avanzado no estuviera tan pulido como el resto.  Esto concuerda con la enseñanza de Pattabhi Jois, el cual siempre diría que lo importante eran las dos primeras series porque en ellas se llevaba a cabo el principal proceso de sanación y transformación; las series avanzadas eran para poco más que exhibiciones.  También cabe recordar que las series avanzadas son las que en mayor medida modificó Pattabhi Jois, quien al principio (hasta los años 70) únicamente enseñaba dos series avanzadas (A y B) muy largas y que posteriormente las dividiría en cuatro (A, B, C y D).  
  5. He identificado varios asanas de las actuales series tercera y cuarta que no aparecen recogidas en el grupo avanzado del Yogasanagalu y las he dejado anotadas.  Igualmente, hay algunas pocas posturas avanzadas que han quedado "descolgadas" sin localizarse dentro de ninguna serie actual.  No me he tomado la molestia de averiguar cuáles son las posturas de la quinta y sexta series; seguramente se encuentren dentro de ellas.

Salamba sarvangasana: la reina de los asanas.

Conclusiones.

A partir de todo esto cada cual puede extraer sus propias conclusiones y, claro está, yo expondré las mías.  Pese a todas las diferencias, desde mi punto de vista el Yogasanagalu es una prueba escrita irrefutable de la relación entre el método de Ashtanga Yoga tradicional que divulgó Pattabhi Jois y la enseñanza de Krishnamacharya durante sus años dorados en Mysore.  Si a los lectores del Yoga Makaranda aún les pudiese quedar alguna duda, tras estudiar el Yogasanagalu ya no cabe ninguna: lo que Pattabhi Jois enseñó se encuentra aquí, la metodología estilo Mysore, los asanas, los bandhas, los dristhis, las series primera, intermedia y avanzada...

Es probable que no conozcamos nunca el contenido del Yoga Korunta, presunto texto germinal del yoga de Krishnamacharya y por extensión del Ashtanga Yoga divulgado por Pattabhi Jois, pero de hallarlo, las personas que pretendieran encontrar en él una referencia literal a lo que Krishanamacharya o Pattabhi Jois enseñaron sin duda quedarían decepcionadas.  El yoga no se ha enseñado nunca ni se ha transmitido de generación en generación a partir de libros encorsetados sino a través de una enseñanza viva basada en el aprendizaje y experiencia personal.  Ramamohan Brahmachari no recibió de su gurú, quienquiera que fuera, el contenido de un texto que debía ser seguido a pies juntillas y tampoco se lo transmitió así a Krishnamacharya.  Cuando Krishnamacharya se disponía a enseñar yoga a una persona no se limitaba a aplicar los párrafos de un libro letra por letra, sino que desplegaba todo su arsenal de conocimientos y, en base a las necesidades y circunstancias de su estudiante o paciente, le prescribía un trabajo concreto.

En el momento en que Krishnamacharya se enfrentó a la tesitura de abrir una escuela de yoga a la que acudirían cientos de estudiantes, hubo de adaptar su enfoque.  Ya no resultaba factible enseñar algo completamente distinto a cada uno, sino que, y esto es una suposición mía en base a las tablas del Yogasanagalu, tuvo que agrupar a los estudiantes e irles enseñando de manera sistemática unas secuencias de posturas más o menos fijas a través de las cuales cada uno iría avanzando progresivamente de acuerdo con su capacidad y compromiso.  Fue allí cuando, seguramente, aplicó las series de asanas que, de una manera que desconocemos, recogía el Yoga Korunta, y que sin duda requirieron de un proceso de investigación personal por parte de Krishnamacharya con sus estudiantes como conejillos de indias.

Pattabhi Jois fue uno de aquellos estudiantes.  Estudió con Krishnamacharya cuando era un adolescente entre 1927 y 1929 en Hamman y posteriormente de adulto en Mysore al menos entre 1933 y 1950, fechas de apertura y cierre de la escuela de Krishnamacharya en el Jaganmohan Palace.  Un total de veinte años.  En 1948 Pattabhi Jois abrió una shala en su casa cuando Krishnamacharya aún se encontraba en la ciudad, y emprendió su propio camino de enseñanza e investigación con un fuerte vínculo con las enseñanzas de su gurú, de quien al fin y al cabo lo había aprendido todo.

El Yogasanagalu, escrito en 1941, constituye un extraviado testimonio de todo aquello que al fin hemos tenido ocasión de hojear.  Ojalá que este blog haya servido para hacerlo llegar a más gente y para arrojar algo de luz sobre los orígenes del método tradicional de Ashtanga Yoga.