martes, 19 de julio de 2016

Centésimo primer -101- cumpleaños de Guruji,

En el día de hoy, luna llena del mes de julio, se celebra el cumpleaños de Sri Krishna Pattabhi Jois, fallecido hace seis años y que hoy habría cumplido 101 años.  Además, la luna llena de julio coincide con el Guru Purnima, una festividad en la India en la que se veneran y dan las gracias a los maestros académicos y espirituales. Al igual que hace un año, desde Ashtanga Yoga Bilbao nos gustaría homenajear a Guruji con algunas palabras, agradeciéndole su infatigable labor de enseñanza durante más de setenta años que ha hecho posible que el Ashtanga Yoga haya llegado a lugares tan recónditos del mundo como el propio Bilbao.  Si bien el año pasado traduje una sentida y larga biografía, esta vez he encontrado un texto corto pero entrañable escrito en los últimos años de vida de Guruji, y de nuevo me he tomado la molestia de traducirlo.   Podéis leer el texto original aquí.

Memorial a Guruji en la main shala de Mysore poco después de su fallecimiento en mayo del 2009.

A sus 90 años muy bien llevados, Sri Krishna Pattabhi Jois, o Guruji tal y como sus estudiantes lo llaman cariñosamente, se ha convertido en un faro de luz en un mundo que ha despertado al poder del yoga durante más de medio siglo.  Él ha enseñado humilde y diligentemente el método que aprendió de su propio gurú, el reputado Sri T. Krishnamacharya, desde 1937 de manera ininterrumpida.  Guiado por una fe inquebrantable en su gurú, en Dios, y en el poder curativo del yoga, Pattabhi Jois ha dedicado su vida a esta antigua ciencia india de liberación y a hacer llegar el método de Ashtanga Yoga al mayor número de gente posible.

Y sin embargo Guruji no nació dentro del linaje de grandes yoguis que representa ahora.  De hecho, cuando comenzó la práctica de yoga ni siquiera se lo dijo a su familia; era una época en que se consideraba una práctica esotérica e impropia de padres de familia tal que él.  Quedó tan impresionado por la práctica cuando se topó con una exhibición de Krishnamacharya en 1927, que sintió el impulso de andar el sendero del yoga a la tierna edad de doce años.  Guruji describe así el día en que se encontró con Krishnamacharya en Hassan, en el sur de la India:

De joven, vi a Krishnamacharya impartiendo una exhibición de yoga, y quedé fascinado por las posturas.  Al día siguiente acudí a su puerta, me postré ante él y le supliqué que me aceptara como su discípulo.  Me habló con aspereza preguntándome quién era, y resultó bastante intimidatorio.  Entonces me preguntó de dónde venía y quién era mi padre.  Le expliqué que venía del pueblo de Kaushika a cinco millas de distancia y que mi padre era un astrólogo y sacerdote.  Me preguntó si llegaría puntual a las clases, y asentí raudo.  Al día siguiente, estuve puntual en la clase.  ¡Desde aquel mismo día empezaron las palizas!

Cada semana, en Ashtanga Yoga Bilbao, rendimos homenaje a Guruji con una ofrenda de flores.

Fue el comienzo de una relación de veinticinco años con el estricto pero compasivo Krishnamacharya, que había estudiado yoga durante años con Rama Mohan Brahmachari en una cueva del Tibet.  Pero después de dos años de práctica diaria con su gurú, el joven Pattabhi Jois marchó a Mysore para estudiar sánscrito, de nuevo sin decírselo a su familia, mientras Krihsnamacharya partía para enseñar en otra parte.  Fueron unos años penosos para Pattabhi Jois, con catorce años y sin un centavo, que se vio obligado a mendigar comida de las familias Brahmines locales de la relativamente pudiente ciudad de Mysore y dormir en la Universidad de Sánscrito por la noche.  Tampoco pasaría mucho tiempo hasta que logró impresionar al rector de su Universidad con una exhibición de yoga que le sirvió para obtener una beca de cinco rupias al mes y derecho a comer en la cantina de la Universidad.  Por esa misma época, en 1931, el destinó lo reunió con su gurú, que se había trasladado a Mysore para curar al Maharajá Krishna Rejendran Wodeyar, gravemente enfermo.  Al continuar sus estudios con Krishnamacharya, Jois obtuvo también el favor del Maharajá, celebrando a menudo exhibiciones de yoga para él y finalmente aceptando un puesto de enseñanza de yoga que creó en la Universidad de Sánscrito en marzo de 1937.

Ese mismo año, Guruji se casó con Savitramma, a quien más tarde se la conocería cariñosamente como Amma, en un matrimonio por amor.  Tuvieron tres hijos -Saraswathi, Manju y Ramesh- y se mudaron a una pequeña casa en Lakshmipuran, que más tarde se convertiría en el Instituto de Investigación de Ashtanga Yoga.  Fue desde este instituto que el método de Ashtanga Yoga echó raíces y se propagó por el mundo.  El primer occidental estudió con Guruji en 1964 y gracias a un libro que publicó más tarde en el que se citaba la dirección de Guruji, un flujo continuo de europeos y americanos comenzó a llegar.  En 1975 Guruji y su hijo Manju viajaron a los Estados Unidos, llevando el Ashtanga Yoga directamente a Occidente,  Fue la primera de muchas giras con las que acabaría circunvalando el mundo y poniendo a millares en contacto directo con este antiguo linaje de yoga.

Ilustración de Sharath, Pattabhi y Krishnamacharya, tres generaciones de gurús en el linaje de Ashtanga Yoga.

Hoy, cuando Guruji no está viajando por el mundo enseñando, se le puede encontrar en casa en Mysore transmitiendo sin descanso sus amplios conocimientos.  Durante varias horas cada día recibe a antiguos y nuevos estudiantes en su modesta shala, y enseña junto a su hija Saraswathi y su nieto Sharath.  Ahora co-director del Instituto de Investigación de Ashtanga Yoga, Sharath se ha convertido en el estudiante más devoto y con más talento de su abuelo, a quien describe como "el mejor gurú del mundo..., una enciclopedia andante de yoga".

Con el apoyo de una familia que ha sabido darle amor y también trabajar duro, Pattabhi Jois es sin duda la piedra angular de la incipiente comunidad de Ashtanga Yoga.  Su sonrisa contagiosa, paciencia infinita e imponente presencia continúan atrayendo a cientos de estudiantes año tras año.  Y sin embargo, a pesar de su fama y fortuna, pese a ser la cabeza saliente de una práctica que se ha dado a conocer en todo el mundo, Guruji todavía se aferra a la creencia de que el yoga trasciende al individuo.  Como él mismo dice: "Después de que mi vida haya acabado, sólo quedará el yoga."   

miércoles, 29 de junio de 2016

Paramagurú Sharath Jois y gurú Borja Romero-Valdespino.



Sharath Jois, nieto de Sri Krishna Pattabhi Jois y director del Instituto de Ashtanga Yoga -KPJAYI- en Mysore, India, acaba de concluir un tour de varias semanas en los Estados Unidos, con clases en varias ciudades que han atraído a multitudes y tenido una notable repercusión en las redes sociales.  Los carteles en los que se publicitaban las etapas del tour investían sobre Sharath Jois el título de Paramagurú, o gurú del parampara, reconociéndolo como la cabeza saliente del linaje de Ashtanga Yoga, el Gurú de todos los gurús de esta tradición tras Ramamohan Bramacharya, Tirumalai Krishnamacharya y Krishna Pattabhi Jois.

El concepto de gurú nos resulta muy exótico aquí en Occidente, y hasta diríase que provoca cierto rechazo por las connotaciones que se le suelen atribuir.  Gurú, en muchos casos históricos, ha sido sinónimo de perturbado que se erige en el líder religioso de una secta en la que se abusa económica y sexualmente de un grupo de enfervorecidos acólitos que predican obediencia fanática a su líder.  Por desgracia, cuando se saca a colación la palabra gurú, nuestra memoria cultural no evoca a Ramakrishna o a Yogananda, sino a David Koresh y Charles Manson, que guardan tanta relación con los anteriores como la velocidad con el tocino. 

En realidad, un verdadero gurú se acerca más a la generosidad que al interés.  Dedica su tiempo, su esfuerzo y hasta su salud y capacidad económica en transmitir sin esperar nada a cambio, por el mero deseo de enseñar y guiar.  Literalmente, gurú significa "el que elimina la oscuridad" y es, por lo tanto, alguien que conduce al discípulo hacia la luz, hacia la sabiduría, hacia la iluminación.  Tiene un alcance más amplio que el de un simple maestro de escuela, puesto que su enseñanza va más allá de impartir desde la tarima una serie de conocimientos y esperar que el discípulo se empape de ellos.  El gurú es alguien que conoce íntimamente a su discípulo, sus defectos y sus virtudes, y se esfuerza en sacarlo de la confusión, de la ignorancia y conducirlo hacia la claridad, ayudándolo a descubrir por sí mismo su dormido potencial interno.  Esto siempre ha de hacerlo de manera generosa, altruista, limpia, sáttvica.  Lo más parecido que podemos encontrar en nuestra cultura es la figura del padre que desea lo mejor para su hijo y que, sabedor de sus capacidades, lo orienta y ayuda en la vida para que alcance la realización y la felicidad.  La diferencia principal entre la figura de un padre en Occidente y el de un gurú en Oriente estriba en que una buena parte de los conocimientos que el gurú pretende transmitir se engloban dentro de una tradición de filosofía, autorrealización y búsqueda espiritual que, en el caso del yoga, acompañarán al discípulo incluso más allá de esta existencia.  

Sharath Jois a los pies de su gurú y abuelo Sri K. Pattabhi Jois.  Portada del libro Ashtanga Yoga Anusthana.

De hecho, la manera en que tradicionalmente se ha enseñado el yoga, en lo que se conoce como relación parampara o gurú-shishya, implicaba que el discípulo debía vivir en casa de su gurú como un miembro más de la familia.  De alguna manera, el gurú se convertía en un segundo padre que enseñaba al discípulo mediante su conocimiento y experiencia, sí, pero también mediante su propio ejemplo, a andar un camino que él mismo había recorrido.  El gurú es una fuente de conocimiento para el discípulo pero también una inspiración, un modelo a seguir que se gana el respeto y devoción por méritos propios, recorrido y ejemplo diario, no un líder al que se presta juramento incondicional y se sigue irracionalmente.

La relación gurú-shishya, gurú-discípulo que Krishnamacharya mantuvo con Ramamohan transcurrió de acuerdo con esta tradición.  Según contó él mismo, Krishnamacharya pasó siete años en las montañas aprendiendo, comiendo y durmiendo en la casa -cueva- de su maestro, de su gurú.  Pattabhi Jois no vivió, que se sepa, en casa de Krishnamacharya, pero sí mantuvo una dilatada relación de veinte años de la que surgió la práctica que conocemos hoy.  Sharath Jois, por último, fue un discípulo privilegiado que compartió el seno familiar con su abuelo y que aprendió el sistema de Ashtanga Yoga de primera mano durante décadas.

Cuando Ashtanga Yoga dio el salto a Occidente se produjo, en primer lugar, una diferencia cualitativa.  Los estudiantes y su gurú no compartían cultura ni idioma.  Pattabhi Jois -Guruji- no hablaba inglés fluido y sus estudiantes no se habían visto imbuidos desde la infancia en la idiosincrasia india, lo cual, a mi modo de ver, y a pesar de que la manera de enseñar de Guruji era más bien empática, supuso un importante obstáculo.  Aún así, puede afirmarse que los que viajaron a Mysore durante los primeros años gozaron de una relación muy cercana con Guruji que tampoco se diferenciaba demasiado del parampara tradicional que él mismo y los estudiantes de otras tradiciones de yoga habían vivido en generaciones anteriores.  Después, a medida que Ashtanga Yoga se fue popularizando surgió la diferencia cuantitativa; llegó un punto en que Guruji tenía tantos estudiantes que ese tipo de enseñanza íntima se fue haciendo cada vez más difícil.  La difusión global de Ashtanga Yoga en todos los continentes era algo positivo, sin duda, pero una de las consecuencias inevitables fue el resentimiento de la relación gurú-shishya tradicional.

Instantánea de una clase guiada por Sharath Jois en Nueva York durante el tour de junio 2016.

Hoy día, el reto que Sharath afronta en Mysore con trescientos-cuatrocientos estudiantes cada mes y millares cada temporada es inmenso.  En jornadas maratonianas de más de diez horas entre mañana y tarde, con gran sacrificio personal, mantiene vivo el legado de su abuelo y de Krishnamacharya buscando que sus enseñanzas alcancen y beneficien al mayor número de personas posible.  Su esfuerzo es realmente digno de elogio pero, todo hay que decirlo, la relación que mantiene hoy con sus estudiantes es una caricatura de la que Ramakrishna tuvo con Vivekananda, Yogananda con Sri Yukteswar y desde luego Krishnamacharya con Ramamohan, Pattabhi Jois con aquél o el propio Sharath con su abuelo.  No hay forma humana de que un maestro conozca a todos y cada uno de los estudiantes que acuden hoy a Mysore de la misma manera que Guruji conoció a los pioneros de los años setenta, ochenta y noventa, quienes le llamaban por teléfono a casa para avisarle de que llegaban en unos días, se quedaban a dormir bajo su techo y compartían almuerzo y sobremesa.  Quizás Sharath pueda conocer nuestra práctica física y mediante su ojo experto y manos hábiles hacer un seguimiento efectivo de nuestra evolución, de nuestras limitaciones y de lo que nuestra mente refleja en nuestros cuerpos.  Al fin y al cabo practicando con él cada mañana a lo largo de varios meses durante varios años se acaban acumulando muchas horas, y de la misma forma que nosotros podemos sentir su energía no cabe duda de que él también siente la nuestra; el intercambio es innegable y me consta que hasta algunos estudiantes de cuando en cuando han tenido ocasión de comer y charlar con él y su familia, pero ello no quita que a la mayoría de nosotros ni siquiera pueda llamarnos por nuestro nombre, todo un símbolo de lo que la popularización y masificación del Ashtanga Yoga ha supuesto para el parampara tradicional.

Sharath Jois es, sí, el Paramagurú de Ashtanga Yoga.  Como sucesor de Sri K. Pattabhi Jois al frente del Instituto de Ashtanga Yoga en Mysore ha asumido sobre sus hombros una tarea colosal: manejar el timón del trasatlántico en que se ha convertido este sistema de yoga, otrora una pequeño bote flotando en un remoto estanque de la India y que ahora surca los siete mares.  Su papel es fundamental porque, quieras que no, todos los profesores de todo el mundo acabamos aportando en nuestra enseñanza elementos propios.  Algunos aprendieron con Guruji hace mucho tiempo y no siguieron su evolución, por lo que enseñan en modo "cápsula del tiempo", otros por influencia de otros estilos o decisión propia optan por introducir modificaciones y sus alumnos y a veces hasta ellos mismos no acaban teniendo claro qué es la modificación y qué es lo original; otros simplemente no han ido nunca a Mysore y han aprendido "de aquella manera" a través de libros, vídeos, intuición o malos profesores y en lo que enseñan apenas se reconoce la práctica tradicional de Ashtanga Yoga.  Por ello, entiendo que la figura de Sharath es importante para asentar un estándar, una referencia común para que esta práctica no se acabe convirtiendo en un barrillo confuso que en un lado sea de una forma y en otro de la contraria.  Y por último, sobre todo ahora que me dedico a enseñar yoga, Sharath es también un ejemplo en el que fijarme, una inspiración que cada mañana, tal que yo mismo, se levanta a cultivar su práctica personal y después ayuda a sus estudiantes a andar su propio camino.

Sin embargo, aun reconociendo a Sharath Jois como Paramagurú de Ashtanga Yoga y, por tanto, la única persona que podía decidir a mi entender que me encontraba preparado para transmitir el método de Ashtanga Yoga en la tradición de su abuelo y emprender con legitimidad la aventura de Ashtanga Yoga Bilbao, lo que no puedo hacer es considerarlo mi gurú, al menos en el sentido tradicional del término.  Muchas personas que viajan a Mysore se refieren a él como su único maestro, como su gurú.  Entiendo que diferentes personas hayan tenido diferentes experiencias pero, en lo que a mí respecta y por todo lo que he dicho anteriormente, la única persona a la que sinceramente puedo considerar mi gurú es Borja Romero-Valdespino.

Nines, Pau, Borja y yo.

Borja y yo nos conocimos de una forma bastante graciosa.  Yo había conocido el yoga en Estados Unidos.  En un primer viaje en el 2004 entré en contacto con Bikram Yoga, el yoga que se enseña en el interior de una sala caliente tipo sauna, y en mi segundo viaje en el 2005 practiqué a diario durante tres meses en un centro de San Diego donde se impartían clases de diferentes estilos dinámicos, todos ellos variantes de Ashtanga Yoga.  A decir verdad, no tenía muy claro las diferencias: Power Yoga, Vinyasa Flow, Ashtanga Improved,.. todo me parecía esencialmente lo mismo; clases guiadas en las que había que hacer una curiosa respiración neumática que llamaban ujjayi y que comenzaban con saludos al sol, una secuencia de pie, otra de suelo y una última de cierre.  Era muy divertido y me gustaba bastante, así que a mi regreso a España tuve intención de continuar.  Corría el mes de enero del 2006 y en Bilbao no había nada, pero enseguida encontré trabajo en Madrid y ahí Google sí que escupió unos cuantos resultados.  Cerca del trabajo encontré una escuela de Bikram Yoga y uno de esos centros tutti-frutti en los que se imparten diversos estilos de yoga, entre ellos Ashtanga Yoga y Vinyasa, y allá que fui.

Durante tres meses estuve practicando con entusiasmo en aquellos dos sitios; Ashtanga y derivados entre semana y Bikram el fin de semana.  Finalmente, una soleada tarde de sábado del mes de abril del 2006, se produjo el feliz encuentro.  Había poca gente en la clase de Bikram Yoga; seis chicas y dos chicos.  El otro chico estaba en la parte de atrás, donde ponen a los nuevos en su clase de prueba.  En las duchas, tras la clase, coincidimos los dos únicos varones.  Recuerdo perfectamente la conversación, que él comenzó: "¿Te gusta Bikram Yoga?", a lo que respondí: "Bueno, la verdad es que prefiero Ashtanga, pero el sabado no hay otra cosa."  Quedó muy sorprendido por que conociese Ashtanga Yoga y me preguntó dónde practicaba.  Finalmente, me confesó que él tenía una escuela de Ashtanga y me dio una tarjeta.  "¿Cómo?  ¿Y por qué no sales en Internet?"  "Ya, tengo pendiente la web."  ¡Qué tiempos aquellos en los que no se encontraban escuelas de Ashtanga Yoga en Madrid por Google!  Si hoy echáis un vistazo, lo que os costará encontrar es un barrio que no tenga alguna...

A partir de entonces Borja siempre contaría, jocoso, que nos conocimos desnudos.  Curiosamente, el encuentro se produjo la primera y única vez en su vida que a Borja se le ocurrió probar una clase de Bikram Yoga.  ¿Casualidad?, ¿suerte?, ¿Providencia?  Lo más seguro es que hubiese acabado sabiendo de él en cualquier caso, pero me gusta pensar que hubo algo o alguien especial que propició ese primer encuentro.  El lunes siguiente fui a su clase, donde por fin pisé por primera vez una verdadera escuela de Ashtanga Yoga y aprendí a distinguir la práctica tradicional de imitaciones y sucedáneos.  Durante algunos meses continué yendo a los tres centros de yoga; el hecho de que en Ashtanga Yoga se hiciese siempre la misma frecuencia me provocaba cierto rechazo porque me había acostumbrado a clases distintas cada día, pero le fui cogiendo el gustillo y poco a poco me escoré hacia el Ashtanga Yoga.  El mes de agosto fue el primero en que me acogí a la tarifa de mes ilimitado.  Y ya no lo dejé.

Pronto me convertí en un estudiante de los más asiduos en Ashtanga Yoga Madrid, y paralelamente a la práctica mi relación con Borja se fue afianzando.  Él me acompañó, ayudó y aconsejó durante toda una década a lo largo de todo este hermoso camino de autodescubrimiento.  Algunos años después, en el 2009, mientras asistía en Ibiza a uno de sus retiros de verano, me propuso convertirme en su asistente, algo que en verdad no se me había pasado por la cabeza pero que me pareció una excelente oportunidad para observar la práctica de Ashtanga Yoga desde una perspectiva completamente distinta.   Durante años, paso a paso, me fue enseñando sus métodos de enseñanza, técnicas, trucos y secretos, y me dio la oportunidad de desenvolverme en las clases de la primera escuela de Ashtanga Yoga en Madrid y descubrir los mil y un detalles de esta práctica aplicados a un sinfín de cuerpos y psicologías.  Sin duda, Borja fue el artífice de Ashtanga Yoga Bilbao.  Fui yo, y no él, quien tomó la decisión de abandonar Madrid y regresar a Bilbao, pero no cabe duda de que Borja encendió, para que pudiera verlos, los faroles que jalonaban el camino de regreso a Bilbao y hasta el rascacielos Bailén.  Si tuviera que buscar un rostro con el que ilustrar el término gurú en mi diccionario vital, sin duda escogería el de Borja.  Todavía hoy es la primera persona a la que recurro cada vez que tengo una consulta respecto a la práctica, la enseñanza, o la gestión de la escuela, por lo que gracias a la tecnología la relación sigue.

Si has conocido la práctica de Ashtanga Yoga en Madrid, es muy probable que Borja y el pequeño estudio que abrió con Natalia en la calle Juanelo, de manera directa o indirecta, se encuentren detrás de tu particular historia dentro de este estilo de yoga.  Porque si no fue él mismo quien te enseñó tu primer saludo al sol, seguro que se lo enseñó a tu profesor, al profesor de tu profesor o al profesor del profesor de tu profesor.  Pionero del Ashtanga Yoga en Madrid, Borja ha dado a conocer este sistema de yoga a miles de personas, a varias generaciones de ashtanguis, muchos de los cuales, tal que yo mismo, lo hemos acabado llevando a otros lugares lejos de la capital de España.

Borja y Guruji en el 2001.

Borja conoció a Guruji en el año 2000, en una época en que al escuchar la palabra Ashtanga a la gente le venía a la cabeza alguna clase de ropa interior y en los tiempos de la pequeña shala de Lakhsmipuram, cuando los estudiantes que acudían a Mysore eran una pequeña fracción de los que van hoy.  Con más de una docena de viajes a sus espaldas, ha conocido a Pattabhi Jois y a Sharath como ya pocos pueden hacerlo hoy debido a la masificación.  De hecho, estoy seguro de que Sharath no se acuerda de mi nombre, pero sí de que soy "Borja's student".  En mi primer viaje en el 2008, cuando entré en el office del Instituto de Ashtanga Yoga recién llegado a Mysore y me encontré de sopetón con Guruji y Sharath, no tuve más que mencionar el nombre de Borja y ellos enseguida asintieron sonrientes, repitiendo su nombre: "Borya, Borya" (sic).

Su amor y entrega por esta práctica le llevaron a abandonar un interesante trabajo estable en un canal de televisión privada y dedicarse a tiempo completo a la difusión del método de Ashtanga Yoga.  Autorizado en el 2005, durante muchos años fue el único profesor autorizado en Madrid y uno entre el puñado de profesores reconocidos por Guruji que había en España.  Devoto de su maestro, siguió de cerca las noticias respecto a su salud y cuando llegó aquel aciago día del mes de mayo del 2009, buscó a todo correr un sustituto para sus clases y cogió un avión para asistir al funeral de Guruji.  Fiel a su forma de ser, sin ostentaciones ni afán de notoriedad, no colgó fotos en Facebook ni publicó un extenso artículo en un blog tal que éste.  Borja prefiere guardar sus experiencias para sí y enseñar en distancias cortas, sin levantar la voz ni pontificar.  De hecho, me ha parecido muy sorprendente encontrarme en Bilbao a gente que practicó Ashtanga Yoga en Madrid y que no tenía ni idea de la existencia de Borja, a pesar de que, tal y como he contado, su profesor o el profesor de su profesor sin duda dieron sus primeros pasos en Ashtanga Yoga en el viejo estudio de la calle Juanelo que Borja regentaba.  ¡Lo que puede dar de sí una buena estrategia comercial!  El marketing y la publicidad, la verdad, no han sido nunca su fuerte.  Sólo con decir que en menos de un año de existencia de Ashtanga Yoga Bilbao, nuestra página de Facebook tiene casi tantos seguidores como la de Ashtanga Yoga Madrid...  

Tampoco quiero desgranar aquí todas las facetas de la personalidad de Borja.  Él va a leer esta entrada y no deseo hacerle sentir desnudo.  Simplemente contaré una anécdota de la que fui protagonista y con la que espero no importunarlo.  En la primavera del año 2007 tuve un ataque de apendicitis que no se resolvió con cirugía sino con una prolongada estancia de dos semanas en el hospital Gregorio Marañón a base de antibióticos por vía intravenosa.  Pues bien, además de las esperadas y diarias visitas familiares, recibí también la visita de unos cuantos amigos, entre ellos Borja y su mujer Susana -que, por cierto, a día de hoy está a punto de dar a luz a su segundo hijo; un beso desde aquí-, quienes me visitaron no una, sino dos veces.  Quizás pueda parecer un comportamiento lógico hasta cierto punto; yo era uno de sus estudiantes y estaba ingresado en el hospital sin que estuviera del todo claro qué era lo que me pasaba pero leñe, ¿dos visitas?  Yo no era ni mucho menos un amigo íntimo, apenas llevaba un año como estudiante en Juanelo y mi personalidad norteña tampoco había propiciado que se forjase ninguna amistad prematura, así que aquellas dos visitas las interpreté correctamente como un anticipo de lo que había en el interior de su corazón.

En efecto, al cabo de todos aquellos años en Madrid en que tuve la oportunidad de estar tan cerca de Borja, pude saber y ser testigo directo de innumerables gestos verdaderamente encomiables que iban mucho más allá del deber y de la caridad.  Y lejos de buscar reconocimiento público, palmaditas en la espalda y "likes" en las redes sociales, Borja siempre optaba por mantenerlos en celoso anonimato.  Así que, más allá de sus abundantes enseñanzas respecto a la práctica, de sus precisos ajustes y sabios consejos, Borja me ilustró mediante su propio ejemplo aquello que Sharath Jois no cesa de repetir hasta la saciedad en sus conferencias: las asanas son dos horas cada día, el yoga veinticuatro horas.  De nada sirve convertirse en un gran gimnasta, flexible y fuerte, si tus actos no van en consonancia, si no pones en práctica los yamas y los niyamas y no aportas tu granito de arena para hacer del mundo un lugar mejor.  

Esta entrada se la quiero dedicar a mi Paramagurú Sharath Jois y a mi gurú Borja Romero-Valdespino, que tanto me han enseñado e inspirado y a quienes debo todo lo que sé respecto a este maravilloso sistema de yoga, un verdadero soplo de aire fresco en la sociedad moderna.  Todo lo bueno se lo debo a ellos; lo malo es responsabilidad mía.  El cumpleaños de Borja tuvo lugar el pasado domingo 26 de junio y esta entrada estaba pensada a modo de homenaje de cumpleaños.  Mi habitual capacidad de alargarme ha postergado la publicación algunos días, ¡pero espero le haya gustado igualmente!

jueves, 26 de mayo de 2016

Entrevista a Sharath Jois en LA Yoga - Yoga y espiritualidad.

La revista LA Yoga (Los Ángeles Yoga) ha publicado este mes una entrevista con Sharath Jois, director del KPJ Ashtanga Yoga Institute en Mysore, India, y nieto de K. Pattabhi Jois, que tiene algunas partes muy interesantes y que he traducido al castellano para favorecer su divulgación fuera de la comunidad angloparlante.  Aquí está el enlace al artículo original.




Entrevistadora: Muchos guías espirituales construyeron centros en Los Ángeles para divulgar el yoga.  ¿Crees que Los Ángeles es un lugar espiritual?

Sharath:  Las propias prácticas lo hacen espiritual.  Allá donde hay mucha gente espiritual, hay sitios espirituales.  ¿Por qué son espirituales los Himalayas?  Porque hay mucha gente espiritual allí que experimenta la espiritualidad y que tiene experiencias espirituales.  Ése es el motivo por el que muchos gurús fueron a Los Ángeles; porque había personas a las que les interesaba la espiritualidad.  Cuando hay gente interesada que quiere saber sobre espiritualidad, ellos se vuelven espirituales y el sitio se convierte en un lugar espiritual.  Quizás aquí exista este tipo de conexión.

E: El sur de California fue el primer destino que tu abuelo, Sri K. Pattabhhi Jois, conocido como Guruji, visitó en los Estados Unidos.

S: En 1975, Guruji fue a Encinitas.  Fue el primer lugar de Estados Unidos en el que enseñó Ashtanga Yoga.  Paramahansa Yogananda también estableció allí su centro.  La gente empezó a pensar en espiritualidad y en yoga.  Querían aprender sobre yoga y descubrir lo que es, así que los gurús comenzaron a viajar.

L: El yoga ha sido reinterpretado muchas veces.  ¿Crees que el yoga es clásico y moderno al mismo tiempo?

S: Por supuesto.  Hoy día se ha convertido en algo más físico, por el estilo de cómo hacer un pino.  No hay espiritualidad en esto.  Es sólo algo físico, cómo doblar tu cuerpo y como alinear tu cuerpo, pero el yoga clásico consiste en llevar disciplina a tu cuerpo y a tu mente, y cómo esa disciplina te conduce hacia la espiritualidad.  Tiene que ver con los yamas y niyamas, que son unas ramas muy importantes en la práctica de yoga.  No hay mucha gente que preste atención a esto.  Sólo centran su atención en el aspecto físico del yoga... no hay respiración, no hay vinyasa, no hay enfoque.  Todas estas cosas, que denominamos tristana, son muy importantes en nuestra practica de asanas.

Algunas formas de yoga moderno se han convertido básicamente en acrobacias.  Nadie sabe cuándo inhalar, cuándo exhalar, cómo la postura ayuda al cuerpo y a la mente.  No saben cómo la respiración ayuda al cuerpo, al sistema nervioso y a la mente.  Pero esto es muy importante.  El yoga se está haciendo muy popular en todo el mundo, pero hay pocas personas que hayan entendido el yoga correctamente, que hayan ido a las raíces del yoga.  Todo es como un circo; doblar el cuerpo no quiere decir que haya espiritualidad.

E: ¿Qué es el estilo Mysore?

S: Permite que te explique primero qué es una clase guiada, en la que decimos los nombres de las asanas, contamos los vinyasas y cada estudiante practica el asana al mismo tiempo.  Esto es para mejorar el vinyasa y adquirir una comprensión adecuada del sistema: dónde inhalar y exhalar y seguir el vinyasa correctamente.

La clase Mysore es aquella en la que no hay cuenta.  Supervisamos e intentamos ayudar a los estudiantes a mejorar diferentes posturas.  No es estilo Mysore, sino un estilo de uno a uno.  Los estudiantes practican a su propio ritmo.  Esto se llama estilo Mysore porque surgió en Mysore de la mano de Pattabhi Jois.




E: Practicar en la shala de Mysore recuerda a las Naciones Unidas del yoga.  Puede que los estudiantes no hablen el mismo idioma, pero cuando hacemos nuestra práctica juntos se crea una hermosa energía.  ¿Qué opinas del mundo del Ashtanga, cada vez más global y más grande?

S: El yoga no tiene ningún idioma.  Cuando hay sesenta estudiantes practicando en la shala, no hay un idioma común pero sí algo común: la práctica de yoga.  Todos hacen la misma práctica, las mismas asanas, incluso saben qué asana es cada una, con cuántos vinyasas.  Todos hacen a la vez la misma asana en el mismo orden, y ése es el idioma que trae tanta paz.  Tu energia, su energía, todo está entrelazándose y generando esta gran bola de energía en la shala.  Es muy importante, y es el único idioma.

Cuando se practica en silencio, se genera cierta energía que lleva paz a todo el ambiente.  El silencio es el único método para obtener paz.  Una vez que tu mente se queda en silencio, todo se vuelve silencioso y sereno.  Todo el concepto, el propósito de hacer yoga, es llevar silencio y paz a tu mente.

En Mysore hay diferentes nacionalidades que hablan diferentes idiomas, pero en la práctica no se emplea ningún idioma aunque la energía sea tan alta.  Cuando la energía sube y nadie habla, sólo ves igualdad entre todos y cada uno de los estudiantes.  Ya no es que seas americano, japonés, coreano o australiano.  Cuando esta igualdad se instala, todo es uno.  Yoga es unidad.  Allí donde no hay emociones, ni felicidad, ni tristeza, ni castas, ni credos, ni nacionalidades, ni discriminaciones, eso también es yoga.  Es decir, el yoga es hacerse uno,

E: ¿Qué es un Shadaka?

S: Un Shadaka es un practicante que se entrega a la práctica y al linaje.  El yoga no es algo que pueda ser practicado viendo vídeos o leyendo libros.  El yoga ha de llevar a través del parampara, de un linaje, y tienes que ser devoto de ese linaje y tratar de aprender yoga.  Así es como el yoga debería llegar.

E: El enfoque "de uno a uno", sin intercambiar apenas palabras, ¿nos ayuda a conocer mejor nuestra naturaleza?

S: De acuerdo con nuestro linaje, no es posible enseñar a grandes grupos.  Podemos enseñar, pero no podemos conectar con mucha gente.  No podemos entender a nuestros estudiantes a menos que estemos enseñando de uno a uno.  Cuando hay demasiados estudiantes, no podemos alcanzar a todos.  Tu voz puede llegar, pero no puedes proporcionar una atención personal a cada estudiante.  Cada uno tiene diferentes estructuras corporales, condicionamientos mentales y flexibilidades.  Sólo cuando estás cara a cara con los estudiantes puedes entenderlo y darles lo que necesitan.

E: ¿Esto les ayuda en su camino espiritual?

S: El camino espiritual llega cuando entras en conexión con tu gurú.  Cuando proporcionas atención personalizada a un estudiante, hay mucha energía que fluye a través de tu estudiante.  Él puede sentir la energía.  Cuando la gente viene a practicar a Mysore, hay cierta energía aquí.  Cuando esa energía la genera un gurú, todos le seguirán, todos conectarán con él, todos pueden sentir su energía y tratar de practicar en esa energía.  Con una multitud no puedes tener esa misma energía.  Es como ir a un concierto de rock.  Puedes escuchar, pero no puedes establecer una conexión con el cantante.

E: ¿Qué impacto está teniendo Ashtanga Yoga en el mundo?

S: No hay un único lugar en concreto en el que esté teniendo impacto.  El yoga no es algo de un solo sitio.  El yoga ha llegado a muchos lugares, muchos países, muchas nacionalidades.  El yoga no pertenece a una sola cultura.  Todos deberían practicar yoga para su propio bienestar.  Una vez eso ocurra, todo el planeta se convertirá en un lugar espiritual.  Todo el planeta cambiará.  Todos se darán cuenta de su propia responsabilidad en la vida hacia este planeta, hacia la humanidad, y eso es en lo que tenemos que pensar.  El yoga proporcionará ese tipo de conocimiento.  No es sólo algo físico, sino cómo mantener tu propio bienestar y el de los demás.  Eso es el yoga.

martes, 10 de mayo de 2016

El rascacielos Bailén y el entorno de Ashtanga Yoga Bilbao hoy y en 1950.

El rascacielos Bailén en los tiempos de la estación de la Naja y de los barcos atracados en el Arenal.

En esta ocasión voy a salirme de la temática habitual del blog y dedicar esta entrada al entorno paisajístico que rodea nuestra escuela.

El edificio Bailén en cuya séptima planta se ubica Ashtanga Yoga Bilbao es, como muchos bilbaínos saben, un lugar emblemático de nuestra ciudad que durante varias décadas fue su edificio más alto.  Todavía hoy se lo conoce como el rascacielos Bailén, a pesar de que muchos de los edificios que hay a su alrededor lo superen en altura, y cuando la gente me llama para pedirme detalles sobre la ubicación de la escuela muchos enseguida identifican la famosa torre.

El rascacielos Bailén en el 2016.  Un tranvía moderno pasa justo por delante.

Todavía recuerdo que, de niño, paseando hacia el Arenal con mi padre, solía señalarme el edificio y en una de sus charlas culturales -era arquitecto- me lo describía como un soberbio ejemplo de arquitectura racionalista.  A mí no me terminaba de gustar; estaba mugriento de suciedad y parecía una aburrida torre de defensa antiaérea, pero con su insistencia a lo largo de los años logró que, por lo menos, el edificio no me pasase desapercibido.

Años después regresé a Bilbao.  Mi padre ya no estaba vivo y yo regresaba con unas intenciones insólitas e impensables en etapas anteriores de mi vida: buscar un lugar para abrir una escuela de yoga.  Anduve recorriendo Bilbao durante semanas, viendo locales y poniéndome en contacto con inmobiliarias y particulares que encontraba a través del periódico y por Internet.

El Arenal desde el rascacielos Bailén en los tiempos del trolebús y de las grúas de descarga de barcos.

Y cierto día, según salía del Casco Viejo tras haber efectuado una nueva barrida de locales y primeros pisos en busca de carteles de "se alquila", pasé por delante del viejo rascacielos.  Ya no estaba mugriento; lo habían sometido a un lavado de cara y se alzaba impoluto sobre la ría.  Entré a probar suerte y resultaba que se trataba de un edificio de oficinas que tenía varias en alquiler, aunque no las habían anunciado en ningún sitio.  Necesitaba una grande y, miel sobre hojuelas, la séptima planta estaba libre.  Quedé prendado nada más verla; cumplía todos mis requisitos, pero todos absolutamente, incluidos los más prescindibles como tener buenas vistas y luz natural.  Haría falta una buena obra, pero ni caído del cielo me podía imaginar haber encontrado algo así.  

El resto ya lo conocéis.  Al final aquella vieja oficina tardaría algo menos de tres meses en convertirse en Ashtanga Yoga Bilbao.  No me cabe duda de que mi padre fue quien despertó mi interés en aquel edificio y de alguna manera el culpable de que me hubiese dado por probar suerte ahí durante mi tediosa búsqueda del verano pasado.  Nines suele decirme que quizás haya sido él mismo quien, desde arriba, me haya querido echar una mano, y no la contradigo.  El destino lo labramos nosotros mismos con nuestras decisiones, pero éstas también se pueden "facilitar" y "encauzar".  No deja de ser curioso que los anteriores inquilinos de la séptima planta fueran unos arquitectos, colegas de profesión suyos.  Sea como sea, no me cabe duda de que a mi padre le habría gustado saber que he acabado cumpliendo mi dharma en aquel viejo rascacielos que a él tanto le fascinaba   arquitectónicamente.

El Arenal desde el rascacielos Bailén en el 2016,

Hace unas semanas, rebuscando en los puestos del domingo de la Plaza Nueva, cayeron en nuestras manos sendas fotografías que a día de hoy adornan los vestuarios de Ashtanga Yoga Bilbao.  Se trata de una fotografía del edificio Bailén desde el Arenal y otra del Arenal desde una de las ventanas del edificio Bailén.  Son unas fotografías antiguas sumamente interesantes desde el punto de vista actual, porque en ellas queda representado el Bilbao que fue pero que ya no es.

La construcción del rascacielos Bailén terminó en 1946 y yo nací en 1979.  Yo conocí la estación de la Naja y las vías que cubrían el muelle de Ripa.  Hasta finales de los años 90 y según recuerdo los primeros años 2000 siguieron utilizándose para ir en ferrocarril en dirección Barakaldo.  Pero lo que no conocí fueron grúas de descarga en el Arenal y barcos atracados en sus muelles.  La riada de 1983 hundió el barco Consulado, pero éste estaba atracado en el muelle de Uribitarte frente al Ayuntamiento.  Entre mis recuerdos infantiles tampoco hay sitio para trolebuses y tranvías, aunque los vestigios de viejas vías surcaban como cicatrices muchas calles de Bilbao.  Por todo ello, las fotografías que adornan esta entrada deben de remontarse a la década de 1950 o de 1960.  ¡Que las disfrutéis!  Y si quieres ver los originales, ya sabes, ¡ven a Ashtanga Yoga Bilbao!  Así, además de alegrar tu vista y recrearte en la nostalgia, puedes practicar yoga con nosotros.

miércoles, 20 de abril de 2016

Epílogo a la Crónica de mi último viaje a Mysore.


Con Sharath Jois en la main shala ante el retrato de Guruji tras ser autorizado.

El 30 de enero del 2015 por la mañana puse el punto final a la crónica y la envié con cierta premura, puesto que regresaba a casa en dos días y quería que mis amistades y familiares la recibieran cuando todavía me encontraba en India.  Lo que en ocasiones anteriores había sido un largo email se me había ido de las manos y convertido en la extensa crónica dividida en capítulos que habéis tenido ocasión de leer y a la que dediqué varias semanas de horas muertas.

Ese mismo día por la tarde, apurando mis últimas horas de estancia en Mysore, quise pasar por la tienda del KPJAYI para adquirir la nueva edición de Ashtanga Yoga Anusthana, el libro de Sharath Jois en el que describe los vinyasas de la primera serie y bosqueja los conceptos principales de Ashtanga Yoga.  Tenía la edición anterior, pero se trataba de un libro muy difícil de conseguir fuera de la India y ahí lo tenía al alcance de la mano por unas meras quinientas rupias (7 euros).

Era viernes y la tienda del KPJAYI cierra sábados y domingos, por lo que se trataba de mi última oportunidad.  Hacia las 17:00 horas me dirigí al KPJAYI y entré en la shala.  Casualmente Sharath se encontraba impartiendo la clase de la tarde a indios y residentes.  En contraste con las multitudinarias sesiones de la mañana, el ambiente en estas clases es mucho más relajado; apenas si asisten una docena de indios.  Las tarifas no son la explicación, puesto que a los oriundos se les cobra por las clases de yoga una pequeña fracción de lo que pagamos los extranjeros.  Es curioso que en la India también se cumpla el castellano dicho de "nadie es profeta en su tierra" y que los indios no muestren demasiado entusiasmo por una escuela de yoga que tienen al lado de su casa y que atrae a millares de extranjeros.

Primera y segunda edición de Ashtanga Yoga Anusthana - Práctica de Ashtanga Yoga.

Sharath no siempre se encarga de esas clases.  A veces las da su esposa Shruthi o alguna persona de confianza tal que Pavitra, estudiante y vecino de Sharath que regenta la popular tienda Green House.  Al día siguiente, sábado, asistiría a mi última clase -guiada- de ese viaje y se nos había avisado de que por coincidir con el final de mes y tener que recibir y registrar a una nueva remesa de alumnos, Sharath no impartiría la habitual conferencia de las 09:30.  Muchas personas aprovechan los instantes posteriores a la conferencia para despedirse de él, lo cual no sería posible aquel sábado.

De pronto, se me ocurrió que aquella era una ocasión pintiparada para decirle adiós a mi maestro.  No había multitudes alrededor, tan sólo un puñado de occidentales que, como yo, iban a la tienda a comprar algo y unos cuantos estudiantes indios sobre sus esterillas.  Así que, tras adquirir el libro, me acerqué hasta él con timidez y le hice un gesto indicándole que quería dirigirle la palabra.  Me miró con el ceño fruncido.  Al fin y al cabo, y aunque iba vestido bastante formal con pantalones y camisa larga, no con el "traje de faena" de bañador y camiseta de las ajetreadas mañanas, se encontraba en medio de una clase y yo estaba interrumpiéndolo.

Me despedí escuetamente y le di las gracias, expresando mi deseo de volver la temporada siguiente.  Tampoco era cuestión de mantener una charla distendida.  Siempre que viajo a India concerto una cita con Sharath, y la charla, siempre difícil -a solas es bastante brusco, al menos conmigo, como si me estuviera poniendo a prueba- de esta temporada ya había tenido lugar semanas atrás.  Por toda respuesta, me dijo serio: "¿Has hablado con Usha?"  Usha es su secretaria, la que lleva todas las tareas de administración del KPJAYI y la primera persona que ven los estudiantes nada más llegar.  Usha también ejerce de "filtro".  Con cuatrocientos estudiantes matriculados cada mes, y con la intención de evitar que cada día una o varias docenas llamen a la puerta de Sharath con peticiones diversas -consultas, ruegos, quejas, agradecimientos, despedidas, fotos, firmas,...- Usha se encarga también de restringir el acceso directo al Boss y decidir qué casos han de ser atendidos personalmente por él y cuáles no.

La main shala, vacía.  La puerta de entrada es la de la izquierda, por la que entra luz.  El despacho de Guruji está en la puerta de la derecha.  La tienda quedaría a la derecha, fuera de la imagen.

No había pedido permiso ni informado a Usha de mi intención de despedirme y me disculpé.  Sharath, adusto, señaló el despacho de Guruji, que ahora regenta Usha.  Ella estaba en la puerta de pie y con el gesto serio.  Fui hacia ella pensando: "Vaya, la he cagado", y de nuevo me disculpé por interrumpirle a Sharath en clase alegando que regresaba pronto a casa y que al no haber conferencia no iba a tener la oportunidad de decirle adiós.  Usha hizo caso omiso de mis disculpas y me preguntó: "¿Cuándo vuelves a tu país?"  Un tanto desconcertado, respondí que el domingo, a lo que ella repuso: "Entonces hay tiempo.  Rellena ahora el formulario de autorización."  Mi cerebro no procesó sus palabras, que hubo de repetir: "authorisation."

Tras esto, y a lo largo de los siguientes meses, las piezas del puzzle fueron encajando unas tras otras cual fichas de dominó; en pocas palabras: regresar a España, dejar el trabajo, abandonar Madrid y... Ashtanga Yoga Bilbao.

Esta crónica, por tanto, fue escrita cuando aún no sabía que me iba a convertir en profesor autorizado de Ashtanga Yoga y que la escuela que tenía intención de abrir en Bilbao se hallaba a tan sólo unos meses de distancia, no en el horizonte de un futuro lejano.  No la escribí orientada al público general, sino para que, tal y como había hecho en anteriores ocasiones, mis cercanos tuvieran un retrato panorámico de mi vida y experiencias en Mysore durante diez semanas dedicado a la práctica y estudio de yoga en un entorno exótico y de difícil asimilación para la mentalidad occidental.  

Por consiguiente, todas mis palabras las escribí desde la total libertad del que se dirige a su familia y amigos en casa y no se ve en la obligación de agradar a nadie.  A decir verdad, la publicación de esta crónica en el blog me suscitó no pocas dudas.  Soy consciente de que cuando uno expone sus opiniones privadas al escrutinio público, se diga lo que se diga y se diga como se diga, las probabilidades de herir ciertas sensibilidades son muy altas y directamente proporcionales al número de personas que las acaben leyendo.  El último de los capítulos, en concreto, le resultará sumamente polémico a la línea más ortodoxa de Ashtanga Yoga, que tiende a no cuestionar los cambios hasta que estos se producen por el estilo del descanso de los sábados, que era anatema hasta que en la temporada 2014-15 Sharath decidió trasladarlo al domingo.  Por cierto, no estaría mal retomar cierta discusión que tuve hace muchos años con una chica que argumentaba que los sábados no se practicaba porque estaba regido por Saturno, una divinidad romana que en la tradición hindú es irrelevante, aunque mejor no me voy por las ramas...  También vierto algunas críticas sobre el propio sistema de Ashtanga Yoga o acerca de la manera en que se enfocan en Mysore algunos aspectos de la práctica -el catching, las gracias previsibles que todo el mundo ríe todas las veces cual bien entrenada claque- que quizás me habría convenido censurar, pero he preferido mantener la integridad original del texto y no manipular lo que en su día fueron opiniones sinceras de un practicante de Ashtanga Yoga con un compromiso sólido de muchos años por el simple hecho de haber entrado en el mainstream de los profesores reconocidos por el KPJAYI.

Autorización del KPJAYI para enseñar Ashtanga Yoga en la tradición de Sri Krishna Pattabhi Jois,

Mi vida ha cambiado mucho desde los tiempos en que escribiera esta crónica.  En Madrid tenía un trabajo como Ingeniero de Telecomunicaciones en un Ministerio desde las 08:00 de la mañana y hasta las 15:00 horas tres días por semana y hasta las 18:30 otros dos.  Este horario me había permitido compatibilizar fácilmente y durante años trabajo, práctica diaria y aprendizaje junto a Borja Romero-Valdespino, mi maestro de Ashtanga Yoga Madrid.  Curiosamente, durante todo este tiempo en Madrid, y salvo algunos periodos excepcionales, he sido practicante de tardes.  Mi horario de entrada a las 08:00 me hacía imposible practicar por la mañana; ninguna escuela de Ashtanga Yoga en Madrid abre antes de las 06:45-07:00 de la mañana y, sinceramente, cultivar una práctica personal de madrugada en casa teniendo a un profesor de la talla de Borja a tres minutos se me antojaba una idea absurda.

Con el regreso a mi Bilbao natal y la apertura de Ashtanga Yoga Bilbao las tornas han cambiado sobremanera.  Mi horario de trabajo actual comprende un intervalo a primera hora del día (de 07:00 a 10:15) y otro a última hora de la tarde (de 17:45 a 21:00).  Mi propia práctica tiene lugar en solitario antes de la clase de la mañana entre las 04:45 y las 06:30, con tiempo para desayunar y ducharme justo antes de la clase de las 07:00.  Es decir, que a día de hoy y curiosamente, tras lo escrito en la crónica respecto a los increíbles madrugones de las clases guiadas, practico a primera hora del día y en solitario, salvo en los últimos momentos en torno a las 06:15 en que Nines suele llegar.

Un año y pico después de lo narrado en estos capítulos, las cosas en Mysore siguen muy parecidas.  Ya ha transcurrido una nueva temporada de enseñanza en el KPJAYI; varios amigos míos han estado en Mysore y he podido saber acerca de la situación actual a través de ellos.  Una gran novedad ha sido el cambio de suelo: las míticas alfombras, desteñidas por el paso del tiempo, han sido finalmente retiradas y en su lugar se ha instalado una tarima.  En cuanto a la famosa saturación de estudiantes, el overbooking, ha seguido estando a la orden del día aunque un paso más allá, tal y como vaticiné en mi crónica y tal y como era previsible.  Yo mismo he sido "víctima" del tapón de solicitudes.  Tuve intención de viajar en el mes de diciembre; sólo un mes, aprovechando el parón navideño y la baja afluencia de estudiantes.  Sin embargo, no conseguí que me aceptasen.  Estuve preparado, como siempre, a las 00:00 horas indias del 1 de septiembre (19:30 del 31 de agosto hora española) delante del ordenador con el formulario relleno.  Sin embargo, cuando di al botón de "enviar", el servidor se cayó.  Cientos, miles de personas en todo el mundo debían de estar haciendo lo mismo y la máquina se desbordó literalmente.  Las redes sociales echaron humo durante horas.  Unos -pocos- lo habían logrado.  El resto, entre los que me incluía yo, refrescábamos continuamente la página pero, cuando al fin lográbamos cargar el formulario y lo enviábamos, el servidor se volvía a caer.  En este plan estuve durante varias horas hasta bien pasada la medianoche, hasta que el servidor dejó de dar señales de vida.  Llegado ese punto, me di por vencido y me acosté.  A primera hora de la mañana -las 05:00-, comprobé que la página web volvía a estar levantada, intenté enviar la solicitud y esta vez sí, fue procesada.  Varias semanas después recibí el rechazo.  Los afortunados de otras latitudes del mundo para quienes la recuperación del servidor llegó a horas prudenciales del día, o los sacrificados infatigables que aguantaron despiertos hasta bien entrada la madrugada, se me debían de haber adelantado y conseguido el "sí" que me fue negado aunque, como bien se sabe, los inescrutables criterios de selección del KPJAYI no se atienen a ninguna lógica y hasta he llegado a saber de gente que envió su solicitud varias horas después y que aún así fueron aceptados.  En el caso de mis amigos y conocidos, algunos consiguieron entrar a la segunda o tercera intentona y otros se quedaron en su casa tras ser rechazados una y otra vez o no tener disponibilidad para intentarlo en meses sucesivos.  Sandra y Raquel, nuestras queridas vecinas del piso de arriba en casa de Neeraj, tuvieron suerte y lo lograron a la primera.

Hace unas pocas semanas recibí un nuevo rechazo.  Durante los meses de julio y agosto de este año Sharath va a impartir un curso especial destinado sólo a profesores autorizados.  Se trata de un curso que ha organizado varias veces desde que muriera Guruji, aunque no todos los años, y al que por primera vez yo podía aspirar a asistir. Mi profesor Borja estuvo en el año 2010 y me había hablado muy bien de él, así que estaba decidido a ir.  Además, quizás sea en ese curso donde Sharath consulte y decida esos cambios de organización de los que se está hablando, y habría sido una histórica oportunidad haber podido ser testigo y hasta quizás haber formado parte de ello.  Pero, paso importante, en primer lugar tenía que ser aceptado.  En la lista mundial de profesores reconocidos por el KPJAYI hay unas seiscientas personas, pero tan sólo terminan siendo aceptadas alrededor de un centenar, por lo que se podía intuir que conseguir una plaza no sería tarea fácil.  Envié mi solicitud -una carta física- al KPJAYI con mucha antelación en enero, y a primeros de marzo recibí un nuevo "no", el segundo en esta temporada.  Curiosamente, en el email en que se me comunicaba la mala nueva habían olvidado incluir a los destinatarios en el campo de copia oculta, lo que nos dejó a los rechazados el triste consuelo de saber que nos habíamos quedado fuera más de sesenta personas.

Habida cuenta de mis circunstancias actuales, con la apertura de Ashtanga Yoga Bilbao y mis obligaciones en la escuela, he dado por buenos estos rechazos.  Quizás la Providencia haya querido mantenerme en el lugar que me corresponde.  Ashtanga Yoga Bilbao no ha cumplido ni siquiera un año y aunque goza de buena salud se encuentra en proceso de crecimiento, por lo que tampoco he lamentado demasiado no haber podido volver a India este año y hasta he visto en ello una buena oportunidad para volcarme todavía más en este maravilloso proyecto.

Alexia Pita con su autorización en la main shala del KPJAYI.  Alexia es una vieja amiga de mi etapa en Madrid y profesora con Borja en Ashtanga Yoga Madrid.

Una de las grandes y buenas novedades que ha deparado esta última temporada en Mysore ha sido una nueva remesa de estudiantes que han sido autorizados para enseñar Ashtanga Yoga.  A algunos de ellos los conozco personalmente, como Haney de Egipto, Adriana de Venezuela y Seoyeon de Corea, y les felicito de corazón desde aquí.  En España ha habido también una importante hornada de nuevos profesores autorizados, lo cual es un signo de la extraordinaria salud de la que goza Ashtanga Yoga por estas latitudes.  A modo de homenaje, escribiré los nombres de aquellas personas de cuya reciente autorización he sabido y a quienes de alguna u otra manera, con mayor o menor profundidad, he conocido: Alexia y Ángel de Madrid, Curro de Cádiz, Nuria de Ibiza y Victoria, Siau y Lleo de Mallorca.

Los profesores autorizados para enseñar Ashtanga Yoga en España son ya unos treinta, una cifra impresionante que sitúa a España entre los primeros países de Europa y del mundo en cuanto a difusión de este sistema de yoga.  Me gustaría romper una lanza en favor de todos ellos.  En ocasiones se escuchan, incluso desde mi retirada vida en Bilbao, habladurías y maledicencias sobre unos y otros.  Casi siempre se debe a tiranteces o rivalidades veladas entre escuelas situadas en la misma ciudad; los estudiantes de una menosprecian a los de la escuela vecina.  Pueden parecer chiquilladas, pero a mi modo de ver sembrar la duda entre nosotros no hace sino poner en tela de juicio el criterio del KPJAYI y del propio Sharath y perjudicar a Ashtanga Yoga en su conjunto.  Desconozco cómo enseñan o dejan de enseñar la mayoría de nuevos autorizados, pero de lo que no me cabe ninguna duda es de que Sharath ha autorizado a personas comprometidas y con muchos años de práctica, estudio y experiencia a sus espaldas.  Todos, los nuevos y los que ya estaban, son dignos merecedores de la autorización y no querría ni osaría poner a ningunos por encima de otros.

Más que nunca en unos tiempos como los actuales, conviene que las personas que enseñan este sistema de yoga desde el compromiso y la experiencia nos apoyemos unos a otros y no andemos con chismorreos o envidias.  El daño que se está haciendo al yoga y al Ashtanga Yoga es grande, y ninguno de nosotros es el problema.  No diré nombres, pero todos sabemos de personas, centros y escuelas en muchos lugares que se dedican a prostituir la enseñanza de yoga reduciéndola a un producto comercial que se consume en un puñado de días o de fines de semana al término de los cuales y previo pago de varios miles de euros cualquiera se puede considerar un profesor cualificado.  El gran problema del Ashtanga Yoga es éste y no otro.  Las personas que se acercan al yoga suelen hacerlo desde el desconocimiento más absoluto, y deberíamos hacer nuestra la responsabilidad de hacerles ver lo importante que resulta caer en manos de un profesor cualificado que les enseñe a andar un camino que él mismo anduvo paso a paso y no que lo compró en un viaje de ocho días a Madrid, Barcelona o Huelva.

Terminaré el epílogo y la crónica con una pequeña anécdota que ya creo haber contado anteriormente en este mismo blog pero que considero viene muy bien a modo de colofón.  La fotografía con Sharath que encabeza esta entrada fue tomada el sábado 31 de enero del 2015.  Mi vuelo salía el 1 de febrero de madrugada, y un taxi me llevaba hacia Bangalore esa misma noche.  Unas horas después, por la tarde, pasé por el KPJAYI a recoger el papel físico de la autorización.  De vuelta a casa, pasé por delante de la casa de Sharath, que está justo en la misma calle del KPJAYI.  Dio la casualidad que justo en ese momento Sharath salía de casa con su mujer e hijos.  No dejé pasar la ocasión y le di las gracias, enseñándole el papel.  Sharath me dijo unas últimas palabras: "Authorisation, more responsibility" (autorización, mayor responsibilidad), a lo que respondí: "I'll do my best to be up to it" (pondré todo mi empeño en estar a la altura).  Les debió de parecer gracioso y todos se rieron a carcajadas.

Más de un año después, en Bilbao y resignado a no regresar a la India en un tiempo, suelo recordar esas palabras.  El tiempo dirá si supe estar a la altura pero, por el momento, lo único que puedo decir es: ¡qué buen sabor tiene la responsabilidad!

Gracias a Sharath, gracias a Borja, gracias a Nines y gracias a ti por leer esto.

miércoles, 13 de abril de 2016

La tradición y el futuro de Ashtanga Yoga.

[Nota introductoria: A pesar de estar en tiempo presente, este texto fue escrito en el mes de enero del 2015 y conforma el noveno y último capítulo de la Crónica de mi viaje a Mysore 2014-2015.  El texto lo terminé antes de saber que iba a ser autorizado para enseñar Ashtanga Yoga, por lo que las opiniones que vierto aquí no estaban influidas por dicha circunstancia, lo cual sin duda añade objetividad al texto.  Dejaré para el epílogo los comentarios actualizados.]


Fotografía de Sharath con su madre Saraswathi ante los retratos de la main shala, profusamente adornados..

Tras repasar las páginas anteriores me he dado cuenta de que he pasado un poco por encima sobre el pequeño detalle de que las clases guiadas tengan lugar en sábado y lunes; siendo el domingo el día oficial de descanso junto con las lunas llenas y nuevas.  En otros tiempos, esto habría sido poco menos que un sacrilegio.  Y es que hasta el año pasado, el día de descanso oficial en Ashtanga Yoga era el sábado.  Desde el propio KPJAYI se esperaba que los profesores autorizados y certificados de todo el mundo hicieran lo mismo que en Mysore y cerraran sus escuelas en sábado.  Se les llegaría incluso a enviar una misiva recordándoles la obligación de no impartir "teacher trainings" bajo ningún seudónimo y de respetar el descanso de las lunas y del sábado.  Pues bien, desde octubre del 2014 se ha dado la vuelta a la tortilla y Sharath ha apostatado de la fe judía para convertirse al cristianismo: del descanso del Sabbath al del Domingo, día del Señor.

El cambio no tiene gran trascendencia, salvo para dar la razón a todos aquellos que no están de acuerdo con eso de que la tradición del Ashtanga Yoga ha permanecido inamovible desde el albor de los tiempos.  En realidad, es evidente que la práctica sí ha ido cambiando.  Sólo hay que leer el libro Guruji de Eddie Stern para comprobar que los primeros estudiantes occidentales de Pattabhi Jois tuvieron experiencias muy distintas a los de hoy, empezando por los menores tiempos de espera -risa forzada-.  De hecho, durante la última conferencia de este mes de enero alguien le preguntó a Sharath acerca de los viejos tiempos en Lakshmipuram en los que había dos prácticas de asanas: una por la mañana y otra por la tarde.  Sharath respondió diciendo que él era muy joven para recordarlo y que, en cualquier caso, la enseñanza en aquellos tiempos estaba todavía "inmadura".

Sharath, de espaldas, durante una conferencia.

¿Qué quería decir con eso?  Me imagino que se refería a que Guruji, según pasaban los años, había ido haciendo cambios con la intención de "perfeccionar la tradición".  Tomás Zorzo en el retiro en Acebo durante el pasado verano nos habló de algunos de ellos.  Antes, por ejemplo, se hacían diez respiraciones en cada asana.  A medida que fueron llegando más alumnos, por una pura cuestión de economía de tiempo, las diez respiraciones se recortaron a ocho y luego a las cinco actuales.  Del full vinyasa se pasó al half vinyasa.  La propia serie de asanas ha sufrido modificaciones.  Sin ir más lejos, en el famoso póster que editó el defenestrado Lino Miele y que Borja tiene colgado en Espoz se observan varias diferencias: de la postura parivrrta parsvakonasana, una de las torsiones que hoy día se hacen al principio de la práctica, no hay ni rastro.  En cambio, de paschimattanasana, la primera postura de suelo de la primera serie, se observan cuatro variantes, cuando hoy día sólo se hacen dos.  Este cambio lo viví en mis propias carnes en el recién estrenado 2007 cuando al volver de vacaciones de Navidad me encontré con que Borja había dejado de guiar paschimattanasana A, B, C y D y sólo guiaba ya A y D.  Me explicó que en Mysore se habían dejado de hacer las otras dos.  Y, sin más, él las quitó también.  La contrapostura de yoga mudra,  que se observa en el póster de Lino, tampoco se hace ya de manera oficial.  Buscad en Google: "Nancy Gilgoff original ashtanga yoga syllabus" y encontraréis fácilmente un documento del año 1974 en el que se listan toda la secuencia de asanas hasta la cuarta serie tal y como se enseñaba en Mysore entonces.  Encontraréis cosas sorprendentes como siete variantes de sirsasana distintas en la secuencia final.  Hoy día sólo se hacen dos, a lo sumo tres si se considera la variante sirsasana C.  Me imagino que el resto se corresponde con la secuencia que hay al final de la serie intermedia.  En algún momento, por algún motivo, Guruji decidiría poner todos esos sirsasanas al final de la segunda serie, como tantas otras cosas que seguramente se me escapen y que fue puliendo a su gusto, porque le convenía o porque de verdad creía que de esa manera era mejor.

Por lo tanto, el Ashtanga Yoga sí es mutable, vaya si lo es.  Lo que hay que tener muy en cuenta, no obstante, es que el que se ha encargado siempre de implementar cambios en el sistema de Ashtanga Yoga según Sri Krisha Pattabhi Jois ha sido el propio Pattabhi Jois o, en todo caso, su heredero Sharath Jois.  Es decir, que el Ashtanga Yoga cambia, sí, pero los cambios se deciden en Mysore y desde Mysore son acatados por los profesores de Ashtanga del mundo, o al menos los que afirman que enseñan el método de Ashtanga Yoga según la tradición de Pattabhi Jois.  Porque si enseñan otra cosa, si creen que son capaces de mejorar el método de Pattabhi Jois, o prefieren enseñar tal y como se enseñaba en 1974, en 1990 o en 2005, entonces no pueden decir que enseñan Ashtanga Yoga según la tradición de Pattabhi Jois.  Podrán hacerlo en la tradición de Lino Miele, de John Scott, de Matthew Sweeney, de Graeme Northfield o de quien sea, pero al menos deberían tener un poco de dignidad y cambiar el nombre de lo que enseñan, no disfrazarse de lo que no son para aprovecharse del tirón publicitario de Mysore, y no venderse como seguidores de una tradición que en el fondo no respetan y creen que se puede y debe mejorar y casualmente ellos saben cómo.

Puede parecer una estructura rígida, monolítica, alguno diría que fascista -término muy de moda para calificar todo aquello que no le gusta a uno, y más aún si implica disciplina, devoción o ambas-, pero no deja de responder al espíritu original de la enseñanza que Pattabhi Jois impartiera en su pequeña escuela en el Palacio de Mysore y luego en Lakshmipuram,  de esa llamada "tradición" que Sharath hoy tanto empeño sigue poniendo en mantener viva, a pesar de las dificultades y de la realidad de los nuevos tiempos.

Sharath en una clase guiada repleta de estudiantes.

Porque hay que reconocer, sí, que lo que los estudiantes que venimos hoy a Mysore vivimos una caricatura de los tiempos de antaño.  Tradicionalmente, el parampara, la transmisión de conocimientos de gurú a discípulo se producía en una estrecha relación en la que el gurú conocía al alumno muy de cerca.  Así aprendió Krishnamacharya de Ramamoham, quien entre otras cosas y, según cuenta la leyenda, le hizo memorizar de principio a fin el Yoga Korunta, texto a partir del cual se dice creó Pattabhi Jois el método de Ashtanga Yoga.  Cuando Pattabhi Jois niño quiso aprender  con Krishnamacharya, éste sometió al aspirante a un riguroso interrogatorio: de dónde era, cómo era su familia, en qué trabajaba su padre, etcétera.  Y es que no todo el mundo era apto de recibir el conocimiento del yoga.  Un valioso diamante no podía ser entregado a un chimpancé, porque no lo apreciaría, lo manosearía torpemente, jugaría con él, y acabaría dejándolo por ahí tirado, roto.  Pattabhi Jois con sus propios alumnos también mantendría relaciones cercanas.  Tomás Zorzo y los antiguos alumnos occidentales, por ejemplo, cuentan cómo se quedaban a vivir en su casa, comían con su familia y, oh dios mío, los llamaba por su nombre.

Hoy día, en cambio, no creo que Sharath se sepa el nombre ni del diez por ciento de los que estamos aquí.  Si mantiene alguna clase de relación personal con alguno, será con un porcentaje todavía menor.  De hecho, para poder hablar con él para pedirle consejo o preguntarle lo que sea, salvo que lo hagas en unos segundos durante las clases, hay que concertar una cita con varias semanas de antelación, y el tiempo que a priori reserva para ti su secretaria Usha son unos escasos cinco minutos mientras Sharath imparte las clases de la tarde a sus alumnos indios.  El problema reside en que la vieja escuela de yoga que durante décadas gestionara Pattabhi Jois a pequeña escala, como una familia, hoy día ha alcanzado dimensiones mundiales.

Sharath durante una conferencia con su hijo, que a menudo irrumpe con desparpajo en las charlas de su padre.

En una de las conferencias -geniales conferencias- que ha impartido Sharath esta temporada y que tuve ocasión de escuchar en persona, nos hizo un emotivo relato de lo que es su día a día:  Si tiene suerte y sus obligaciones familiares -tiene mujer y dos hijos- se lo permiten, se acuesta a las 20:00 horas, aunque muchas veces le dan las 21:00 ó las 22:00 y no se ha dormido aún.  Exhibe unas acusadas ojeras que son visible prueba de ello.  Se levanta, invariablemente, a las 00:45 -sí, las doce y cuarenta y cinco de la medianoche, no se trata de ninguna errata- y realiza su práctica de asanas y las pujas, oraciones o lo que sea que le corresponde hacer por su casta -brahmín, la de los sacerdotes.  Luego, a las 04:30 empiezan las clases con nosotros, con sus varios cientos de alumnos.  Se pasa la mañana entera observándonos, ajustándonos y enseñándonos, a costa de su sueño y de su espalda, que suele andar resentida por estar ayudando a tanta y tanta gente a hacer drop-backs, karandavasanas y demás.  Luego, por la tarde, a las 15:30, vuelve a tener clase con los alumnos indios y residentes.  Según sus propias palabras: "No sabéis lo difícil que es.  Creedme si os digo que no lo hago por dinero.  Os aseguro que existen otras maneras mucho más fáciles de hacer dinero."  A continuación nos confesó que todo lo hacía por amor al yoga, por querer seguir aprendiendo y enseñando lo que su gurú le transmitió, porque no sabría concebir su vida sin yoga y porque tampoco querría hacer otra cosa.

Preciosas palabras, en verdad, a las que, no obstante, y volviendo al punto que nos ocupaba, cabe agregar que una sola persona, por muy entregada que sea, por muy fuerte que sea su sadhana, por mucho que ame el yoga, por muchos sacrificios personales que asuma en mor del linaje, de la tradición, no puede pretender abarcar con sus brazos a todo el mundo.

Los estudiantes se agolpan en la main shala durante una conferencia..

En la actualidad, durante la temporada de seis meses vienen a Mysore a practicar varios centenares de alumnos, puede que más de mil.  Otros muchos, unos cuantos centenares seguramente, se quedan con las ganas y son rechazados.  El Ashtanga Yoga como fenómeno sociológico ha alcanzado unas proporciones inmensas.  Durante el mes de diciembre comprobamos la lista de profesores autorizados y contamos más de quinientos -517-.  La cifra se ha disparado desde que Sharath Jois asumiera el timón en el 2009.  En España, por ejemplo, el número se ha duplicado.  Si a todos los profesores autorizados les diera por venir a estudiar en la misma temporada -cosa que en teoría tienen que hacer- y cada uno se quedara, digamos, dos meses, sólo con ellos bastaría para ocupar la mitad de todas las plazas disponibles en el KPJAYI durante los seis meses de enseñanza de Sharath.  De parte de Borja, que sólo es uno de los profesores autorizados entre los más de quinientos, hemos venido tres alumnos (aparte de otros cuatro que han estado con Saraswathi).  De parte de José Carballal han estudiado con Sharath, que yo sepa, unos cinco.  Si de parte de cada profesor autorizado quisieran venir a estudiar tres o cinco personas, sencillamente no habría aforo suficiente.  Por lo tanto, ¿cuál es la solución?  ¿Ampliar los horarios y que Sharath enseñe hasta las 18:00 de la tarde ininterrumpidamente para dar cabida a todos los que quieran venir?  ¿Construir una shala más grande para doscientas o trescientas personas, por el estilo de las multitudinarias clases del señor Bikram en Los Ángeles?  Y, cuando ésta se llene, ¿construir otra todavía más grande en la que quepan un millar?  Y si no, dado que tanta gente sigue dispuesta a venir a pesar de las 34.000 rupias -470 euros- por el primer mes y las 24.000 rupias -330 euros- por el segundo y sucesivos, ¿por qué no subir los precios de manera inmisericorde hasta, por ejemplo, las 100.000 rupias -unos 1.300 euros- mensuales, lo que vendría a ser el salario anual de muchos indios, para cribar todavía más a los aspirantes?

Muchas ciudades en todo el mundo tienen estudios consolidados y muchos de sus alumnos cuentan con largos años de experiencia y devoción a sus espaldas.  La tendencia es que el Ashtanga Yoga siga creciendo más y más.  En Valencia, en Sevilla, en Zaragoza, en Bilbao, por nombrar sólo algunas ciudades españolas importantes, no hay escuelas de Ashtanga Yoga con profesores autorizados.  Es lógico pensar que en el futuro termine habiéndolas.  A alguno quizás no le haga gracia esto y no le guste la idea de que el Ashtanga haya llegado a convertirse en semejante fenómeno de masas, con todo el merchandising y el negocio asociado que hay detrás, empezando por el que hay en el mismo Mysore.  Sin embargo, que el mensaje del yoga haya alcanzado a tanta gente en tan diversos lugares y que millares se puedan estar beneficiando de ello es algo que hay que valorar muy positivamente y, desde luego, algo que habría agradado enormemente a Krishnamacharya.  La parte negativa, empero, es que en virtud de la tradición del Ashtanga Yoga, del parampara, todos aquellos alumnos que han aprendido de manos de un profesor autorizado y desean ir más allá y acudir a aprender de la fuente, de su paramgurú -el gurú de su gurú- Sharath Jois, cada vez lo van a tener más difícil.  Ya no es que Sharath no tenga ocasión de conocerte o siquiera de saber tu nombre, lo que sucede es que los aspirantes a estudiar en el KPJAYI están abocados a que, en un plazo más bien corto, la solicitud online para inscribirse se convierta en algo parecido a una tómbola con poquísimas posibilidades de éxito.  ¿Qué esperanzas de ser aceptada tendría una persona si, digamos, se tramitasen dos mil solicitudes al mes?  A la luz de las cifras que se manejan en la comunidad de Ashtanga Yoga mundial, no parece un número para nada exagerado.  En el mes de octubre, el de mayores oportunidades por ser comienzo de temporada, habría trescientas plazas disponibles, lo cual arrojaría una probabilidad de entre el diez y el quince por ciento.  Si cada mes continuasen llegando las mismas dos mil solicitudes, y teniendo en cuenta que habría muchas menos plazas disponibles por la gente -mayoría de gente- que practica durante más de un mes, la probabilidad de ser aceptado bajaría del diez, incluso del cinco por ciento.  Por lo tanto, en el futuro, bajo estas hipotéticas pero previsibles circunstancias, una persona que quisiera estudiar en el KPJAYI tendría que esperar ser aceptada una vez de cada diez veces que lo intentase.  Es decir, una vez cada temporada y media, y siempre que sus circunstancias le permitiesen solicitar la admisión todos los meses.

Con Martinos, chipriota-norteamericano, y Mina, de Corea.

Y digo yo, ¿por qué no van a tener derecho todas esas personas comprometidas con la práctica, con la tradición, con el parampara, que han aprendido con un profesor autorizado según establecen los cánones, a acudir a la fuente en Mysore y seguir el mismo camino que otros siguieron?  ¿Cómo se decidirá quién se queda fuera y quién dentro, quién puede llegar a recibir algún día el blessing de su gurú y quién no?  ¿Fue una cuestión de mérito o de pura suerte la que tuvieron los antiguos estudiantes, que se encontraron en el sitio adecuado en el momento adecuado?  ¿Por qué, por lo tanto, tienen que ser penalizadas las nuevas generaciones sólo por el hecho de que hayan conocido el Ashtanga Yoga en su momento álgido, cuando más popular es y cuando más interesado está el mundo en ello?  Las comparaciones son odiosas, pero desde hace un tiempo a esta parte he estado analizando con cierta envidia la manera en que el otro gran alumno de Krishnamacharya: BKS Iyengar, transformó su "tradición".  No estoy muy metido en la "cultura" Iyengar pero, por lo que he averiguado a través de Internet, Iyengar, ante la dimensión que había alcanzado el estilo de yoga que él enseñaba, decidió hacer aquello que hoy día se considera fundamental a la hora de gestionar grandes grupos humanos, grandes instituciones y grandes proyectos: delegar.

Al igual que Pattabhi Jois, BKS Iyengar -conocido también como Guruji en su linaje-, fue alumno en la escuela de Krishnamacharya en Mysore.  Y no sólo eso porque, como muchos sabéis, Pattabhi Jois y él son casi coetáneos -Pattabhi Jois es un par de años mayor-, así que de hecho fueron compañeros de clase.  En una de las pocas fotografías que se conservan de la escuela de Krishnamacharya, en la que salen muchos niños y adolescentes haciendo demostraciones de asanas y Krishnamacharya en medio de todos ellos, aparecen los dos.  A Pattabhi Jois difícilmente se le puede reconocer porque está haciendo kapotasana.

BKS Iyengar (1918-2014) y K. Pattabhi Jois (1915-2009).

Existe cierta controversia en torno a quién acabó recogiendo el testigo y transmitiendo las verdaderas enseñanzas de Krishnamacharya en la que no voy a entrar: seguramente los dos tuvieran razón a su manera, porque Krishnamacharya no era un hombre que se encasillara y durante toda la vida enseñó a diferentes tipos de personas de diferentes maneras.  Iyengar cuenta con la "distinción" de ser cuñado de Krishnamacharya y es lógico pensar que su relación con él fuera bastante estrecha, pero parece que es cierto que Pattabhi Jois pasó mucho más tiempo en Mysore con Krishnamacharya, quien envió a Iyengar a Pune con la misión de expandir el yoga cuando contaba sólo con dieciocho años.  En cualquier caso, los dos, Pattabhi Jois e Iyengar, Guruji y Guruji en sus dos tradiciones, tuvieron circunstancias muy distintas y acabaron tomando caminos muy distintos, aunque el denominador común de Krishnamacharya fuese sin duda reconocible en las enseñanzas de ambos.

Hay que reconocer que BKS Iyengar y su estilo de yoga han desempeñado un papel fundamental en la expansión mundial que ha vivido el yoga en las últimas décadas.  La mayoría de los que lean esto seguramente sean seguidores del linaje de Pattabhi Jois y tal vez muchos desconozcan hasta qué punto ha sido importante el León de Pune.  Siendo justos, habría que decir que de veras ha sido más importante que Pattabhi Jois, al menos en el aspecto cuantitativo.  En el retiro en Acebo del pasado verano escuchamos esto de boca del propio Tomás Zorzo, antiguo alumno de Pattabhi Jois y una persona cuya lealtad y respeto hacia Guruji queda fuera de toda duda.  Como él dijo, todos los complementos típicos que hoy día se asocian con clases de yoga: bloques, cuñas, cuerdas, cinturones, pertenecen a la tradición Iyengar.  Si a alguien se le ocurre aparecer por Mysore con una triste cuña, no os quepa duda de que Sharath, con el ceño fruncido, acudirá en seguida a decirle que se lleve esa cosa al vestuario.  Nines puede confirmároslo, pues ella lo vivió en primera persona.  En el yoga Iyengar, en cambio, creado por un maestro que tuvo una salud infantil muy delicada -tuberculosis, malaria, hambre-, los props han sido siempre el pan nuestro de cada día.

Después de todo esto espero que haya quedado bien claro que BKS Iyengar es un gigante comparable, sino superior, a Sri Krishna Pattabhi Jois y que, por lo tanto, las decisiones que tomara como cabeza saliente de su tradición deberían de ser tomadas muy en cuenta.  Y bien, ¿qué es lo que hizo Iyengar?  Me imagino que llegó un punto en que, ante las dimensiones que había adquirido su linaje y el elevado número de profesores y alumnos que tenía repartidos por todo el mundo, acabó dando su visto bueno a la creación de Asociaciones Nacionales de Yoga Iyengar en distintos países, gestionadas por profesores experimentados que habían estudiado con él, en los que tenía plena confianza y que, eso sí, debían seguir las directrices que él marcara.  La tradición de Iyengar cambió.  Desde el propio Iyengar.

Fotografía de 1980 en la que BKS Iyengar es retratado junto a su gurú, T. Krishnamacharya (1888-1989).

En el yoga Iyengar, como muchos sabéis, las clases se imparten de una manera muy imperativa, diríase que militar, de acuerdo con la personalidad del propio Iyengar que siempre decía era la personalidad que mostraba Krishnamacharya como profesor, y la estructura de las Asociaciones Nacionales de Yoga Iyengar sigue también una estructura muy cuadriculada y jerarquizada.  Si rebuscáis en la página web oficial, podéis encontrar que, por ejemplo, existen hasta trece niveles distintos de profesores Iyengar.  Uno no puede siquiera llegar a aspirar a comenzar la formación para el nivel inferior sino después de varios años de práctica y siempre con la recomendación de un profesor oficial.  La formación para el nivel más bajo dura dos años completos y, al final, el aspirante se somete a un examen ante un tribunal.  Niveles superiores requieren años adicionales con periodos de espera entre medias, de manera que los niveles más altos, en el mejor de los casos, suponen décadas de aprendizaje.  La formación se organiza desde las Asociaciones Nacionales en base a los criterios de Pune y, aquellas personas que son consideradas aptas por las Asociaciones Nacionales, son inmediatamente reconocidas por Pune.

Es decir, llegó un momento en que dejó de ser imprescindible ir a Pune para profundizar en la práctica del linaje Iyengar.  Iyengar decidió depositar su confianza en los profesores que habían estudiado con él y delegó en ellos no sólo la enseñanza de los alumnos, sino incluso la formación de los nuevos profesores.  En el caso de Ashtanga Yoga, los que algún día quieran llegar a ser profesores reconocidos por el KPJAYI, deben ir a Mysore; mientras que en el de Iyengar, no hace falta salir de Madrid.  Todavía, claro está, existe una escuela de Iyengar en Pune en la que el propio Iyengar estuvo enseñando casi hasta el último día de su vida, y nunca faltan practicantes comprometidos que desean ir hasta allí a aplacar su sed en la fuente de la tradición Iyengar.  Y vaya si quieren ir.  Fijaos lo que se dice en la página web de la Asociación Española de Yoga Iyengar: "Para estudiar en el RIMYI es necesario tener una práctica de Yoga Iyengar de al menos ocho años y contar con el aval de un profesor. La solicitud debe enviarse, por lo menos, con dos años de antelación."  Dos años de antelación y casi una década de estudio demostrable.  Cómo deben de estar las cosas en Pune, ¿verdad?.  La saturación del KPJAYI en Mysore, una broma.

Iyengar, durante una clase en Pune en 1983.

Cierto día tuve una interesante conversación con una chica danesa que he conocido aquí.  Le hablé del modelo Iyengar y le sugerí la posibilidad de que, en el futuro, la tradición de Ashtanga Yoga se enfocase en la misma dirección para tratar de acometer los retos que se le estaban planteando como linaje de yoga a escala mundial.  Se lo tomó casi como una ofensa personal: "¿Por qué hay que hacer las cosas como en Iyengar? ¡Aquí seguimos el parampara tradicional!"  Tenía razón ella en que el parampara clásico seguramente sea la manera ideal de transmitir conocimientos de yoga, pero, ¿qué opinará esa chica cuando intente volver a Mysore dentro de dos, tres, cinco años, y sea rechazada mes tras mes porque haya tal tapón de gente que tan sólo una de cada diez solicitudes reciba el sí?  ¿Es factible el parampara cuando ni siquiera tienes ocasión de estudiar con tu gurú?  ¿Hay que limitar el acceso a la tradición de Ashtanga Yoga a una élite pequeña y afortunada que encima ha de soportar niveles de congestión inauditos?  ¿Realmente le haría eso algún bien al Ashtanga Yoga, o no haría sino frenar su expansión, que es precisamente lo que le quería Krishnamacharya cuando envió a Iyengar a Pune: "Ve y expande el yoga"?

Una de las cosas más útiles que he obtenido de este viaje, y el motivo principal por el que he empezado a escribir este último capítulo, es que he sabido que todas estas preguntas que yo y muchos otros nos hacemos, en cierta manera Sharath también se las está planteando.  Durante un desayuno en Khushi, tuvimos una conversación de lo más interesante con un profesor autorizado con el que solíamos coincidir y que estuvo presente en el curso con Sharath del pasado verano.  Los últimos años Sharath ha tomado por costumbre organizar cursos de verano de dos meses de duración en los que sólo acepta a profesores autorizados y en un número muy limitado.  Así, tiene ocasión de pasar un largo tiempo con ellos fuera de la vorágine de la temporada y enseñarles cosas que sólo quiere que sepan ellos.  De alguna manera, se puede decir que en esos cursos Sharath consigue que el parampara vuelva a recobrar un poco de su sentido original.

Sharath habló de cambios para el futuro.  No estuve allí y es posible que se trate de información sesgada, así que estas palabras tampoco quiero que se tomen al pie de la letra.  Durante casi una década, el edificio donde se encuentra el KPJAYI ha sido a la vez escuela de Ashtanga Yoga y el hogar de la familia Jois, que residía en las plantas superiores.  Sin embargo, hace poco tiempo que Sharath ha terminado la construcción de una casa muy moderna en la misma calle y que yo sepa en el KPJAYI ya no vive nadie salvo el perro guardián Prakash, que se encarga de encender luces y abrir las puertas a las 04:30.  Así que lo que se le ha ocurrido a Sharath, por un lado, es ampliar la enseñanza del KPJAYI a las plantas superiores del edificio.  Según parece, traería a profesores autorizados o certificados y les encargaría organizar grupos de alumnos en esas otras shalas secundarias.

Sharath ante los retratos del KPJAYI.

No sería la panacea a todos los males pero sí un paso de gran trascendencia, porque, más allá de que el problema de espacio se viera paliado en cierta medida, supondría una vuelta de tuerca más en la implicación de profesores ajenos a la familia Jois en el epicentro mismo de la tradición.  En el año 2005, sólo enseñaban Guruji y Sharath.  En el año 2008, sólo Sharath y su madre Saraswathi.  En el año 2014 enseña Sharath asistido por profesores autorizados.  En el 2016, quizás, enseñen -y no sólo asistan- profesores autorizados.  Tal vez, y ahora sí que estoy hipotetizando, si el experimento saliera bien, Sharath estaría dispuesto a ir todavía más lejos.  Y es que, si bien Pattabhi Jois y Sharath Jois han expedido certificaciones y autorizaciones desde hace años, considerando a esas personas aptas para transmitir el método tal y como les fue enseñado, la realidad es que no han hecho nunca el esfuerzo de organizarlas como comunidad, dando la sensación de que sólo confiaban en ellas para que dieran clases estilo Mysore en sus escuelas locales.  Ni existe nada parecido a una Asociación de Ashtanga Yoga fuera de Mysore, por el estilo de las Asociaciones Nacionales de Yoga Iyengar, ni las escuelas de los más de 500 profesores con el blessing han constituido otra cosa que "islas" independientes que, además, y no con poca frecuencia, terminan enfrentadas entre sí.

La otra cosa que, al parecer, dijo Sharath, rompe todavía más los moldes que han imperado en la tradición de Ashtanga Yoga.  Por lo visto, tiene intención de permitir que algunos profesores determinados, elegidos por él personalmente, puedan expedir alguna clase de papel acreditativo a alumnos que se encuentren aprendiendo bajo su tutela y que cumplan ciertos requisitos.  No sería equivalente a una autorización del KPJAYI, sino un rango inferior, pero si semejante cosa llegase a ocurrir, no cabría duda de que se estaría abriendo una nueva etapa en el Ashtanga Yoga.    

Entonces, ¿cuál es el futuro de Ashtanga Yoga y cuál es nuestro papel como estudiantes?  En mi opinión, los cambios que tengan lugar en la tradición deben producirse desde la propia tradición.  Bajo la batuta de Guruji la práctica de Ashtanga Yoga sufrió transformaciones o, dicho de otra manera, evolucionó.  Otro tanto ha sucedido durante estos cinco años de "reinado" de Sharath.  Ahora, quizás, haya llegado la hora de cambios importantes.  Sea lo que sea lo que esté por venir, tendrá que ser Sharath el que dé el paso.  Los que respetamos la tradición de Ashtanga Yoga, los que creemos que mantener sus raíces intactas es un valor importante, seremos testigos de ello y lo aceptaremos.

Pattabhi Jois, Krishnamacharya, Ramamohan, Amma,...

Porque, ¿qué sentido tiene abrir un cisma tal que el de Lino Miele quien, esgrimiendo la certificación de Guruji, optó por desautorizar a Sharath y abrir una línea de enseñanza de Ashtanga Yoga independiente del KPJAYI?  Desde la mentalidad occidental, y a la vista de cómo se han puesto las cosas en Mysore y la aparente pérdida de rumbo que de ello se desprende, tal vez muchos la consideren una alternativa perfectamente válida.  Sin embargo, lo que me llama la atención es que a estas alturas todavía haya algunos que crean haber descubierto la pólvora.  Hace mucho que surgieron hijos putativos de Ashtanga Yoga: Vinyasa Flow, Power Yoga, Rocket Yoga...  Viejos alumnos de Pattabhi Jois que señalaron los defectos de la línea tradicional, pensaron que podían mejorarla y decidieron salirse de ella, utilizando los mismos conceptos y creando una marca propia.

Dentro de lo que cabe, esas opciones me parecen bastante respetables.  Copian lo esencial del Ashtanga Yoga, acomodan las posturas difíciles a su gusto y hacen un cóctel con las series de posturas, pero al menos establecen una clara línea divisoria y no dan lugar a equívocos.  Lo que me parece de juzgado de guardia son los cismas a medias, que es lo que ha hecho gente como Lino Miele: Enseño el Ashtanga Yoga clásico según la tradición de Pattabhi Jois, pero me paso por el forro de los cojones lo que Pattabhi Jois tendría que decir al respecto, cambio o dejo de cambiar lo que me dé la gana, y para colmo, continúo apropiándome de su nombre.  Total, el viejo está muerto...  Y a la sazón, se envisten a sí mismos en herederos legítimos de la tradición, tal que los generales de Alejandro Magno.

Sharath con Pattabhi Jois.  Veinte años de aprendizaje directo al lado de Guruji lo avalan. 

De todas las grandes escuelas de yoga a escala mundial que existen hoy día, Iyengar, Shivananda, Bikram y Ashtanga quizás sean las más importantes en términos numéricos.  La tradición de Ashtanga Yoga es por la que yo y seguramente la mayoría de los que lean esto sentimos adhesión.  Resulta difícil practicar Ashtanga Yoga durante muchos años sin acabar amando el Ashtanga Yoga.  Y el amor, indefectiblemente, conduce al respeto.  Sharath habló en una conferencia de cierta ocasión en que Guruji viajó a Estados Unidos y se encontró con uno de sus viejos alumnos.  Hacía tiempo que no se veían, pero se trataba de alguien por quien Guruji había llegado a tener especial aprecio.  Sharath no quiso decir su nombre.  El personaje en cuestión se acercó a su viejo maestro y le dijo: "¿Ves a esa persona de ahí?  Pues mira, yo le he enseñado en dos meses todo lo que tú tardaste años en enseñarme."  Guruji no dijo nada, pero se sintió abatido durante días.  Sharath habló entonces de lo importante que es guardarle respeto a tu profesor y a lo que te ha enseñado, algo con lo que estoy muy de acuerdo y que es justo lo que los "apóstatas" del Ashtanga Yoga no han hecho.

A lo largo de todas estas páginas he descrito cómo es a día de hoy la práctica de Ashtanga Yoga en Mysore.  Muchas de las cosas que suceden aquí no son buenas; otras muchas sí lo son.  Al fin y al cabo, eso es lo que siempre sucede en todo aquello que queda en manos de los seres humanos: nuestra propia imperfección hace que nuestras obras sean imperfectas.  Sharath dista de ser un hombre perfecto, pero no cabe duda de que es un hombre entregado que, cosa difícil hoy día, sabe predicar con el ejemplo.  Puede que se esté forrando obscenamente a costa de todos los extranjeros que venimos aquí cada año, pero su vida dista mucho de ser la de un millonario.  Con todo lo que ha ganado sólo en los últimos años desde la muerte de Guruji, podría haberse retirado hace tiempo a beber mojitos en una playa paradisíaca o haber vendido los derechos del Ashtanga Yoga a alguna multinacional norteamericana a cambio de un porcentaje.  Sin embargo, continúa viviendo en Mysore, donde nació y creció, y sigue levantándose cada medianoche a cultivar su propia práctica y a enseñar durante largas horas con la misma disciplina y devoción que antaño hiciera con su abuelo.  Veinticinco años han transcurrido ya desde que empezara su aprendizaje de manos de Guruji, el único mentor que ha tenido y a quien debe todo lo que es y sabe.  No quiere ni pretende tener otro gurú.  Como él mismo ha dicho en sus conferencias, necesitaría varias vidas para poder asimilar todo lo que Guruji le enseñó.

Por todo ello, a mi modo de ver, Sharath es un digno sucesor de Pattabhi Jois: la comunidad de Ashtanga Yoga mundial puede estar tranquila.  En sus manos está dirigir a buen puerto el barco del Ashtanga Yoga.  En el futuro veremos qué nos deparan sus golpes de timón.  Al menos yo, pienso estar a bordo.  





"El ser humano necesita el Yoga, pero el Yoga no nos necesita a nosotros."  

Sharath Jois, enero de 2015.  Mysore.