viernes, 8 de septiembre de 2023

Reflexión en torno a kapotasana.

Verano del 2015 en el parque del Retiro en Madrid.


Abril del 2022 en Conil.

Kapotasana (la paloma) ocupa la décima posición en la serie intermedia de Ashtanga Yoga y es sin duda uno de los huesos más duros de roer en esta práctica. No en vano, todas las posturas del final de la primera serie (con su enfoque en la fuerza frontal del torso) y del comienzo de la segunda (extensiones hacia atrás y fuerza en piernas) pueden ser entendidas como meras preparaciones para la temida kapotasana.

En kapotasana queda patente el motivo por el que, de acuerdo con la manera tradicional que aprendemos en Mysore y transmitimos las escuelas tradicionales, en Ashtanga Yoga las posturas no se enseñan una tras otra en cascada hasta que las anteriores están meridianamente resueltas: a quien afronte kapotasana de forma prematura, no le espera sino un verdadero via crucis de dolor lumbar y lesiones. A menudo no se entiende que los profesores de Ashtanga Yoga observamos la práctica de nuestros estudiantes con perspectiva; sabemos lo que viene más adelante y, si nos ponemos tiquismiquis y, por ejemplo, a una persona que ha terminado la primera serie le pedimos que trabaje su extensión en urdhva dhanurasana (el puente o arco hacia arriba) hasta el punto de que sea capaz de ponerse de pie, no lo hacemos porque nos apetezca ponerle obstáculos absurdos antes de comenzar la segunda serie: lo hacemos porque tenemos en mente la décima postura a la que se enfrentará en la nueva serie y porque nosotros mismos hemos experimentado que, aun pudiendo hacer los drop-backs. kapotasana será difícil, por lo que sin drop-backs, kapotasana sencillamente no tendrá sentido.


Las imágenes que acompañan a este párrafo muestran dos maneras de ajustar kapotasana a personas con una extensión de columna suficientemente desarrollada. ¡Aviso! Estos ajustes no son mágicos y no ponen kapotasana al alcance de cualquiera; aplicarlos sin criterio puede ocasionar lesiones. En los videos, Nines y yo nos ayudamos a coger los dos talones simultáneamente, lo cual resulta mucho más agradable para la espalda puesto que la extensión se produce simétricamente. Debido a la diferencia de tamaños entre nuestros cuerpos, Nines lo hace desde atrás y yo desde delante. Tanto la manera de entrar en el asana como de ajustarnos es distinta, e ilustra cómo cada practicante atraviesa su propio proceso que le lleva a resolver cada postura de una manera y cómo cada profesor también utiliza sus herramientas adaptándolas a cada circunstancia y cada alumno, rompiendo una vez más el manido mito de que “Ashtanga Yoga es siempre igual”.

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