lunes, 16 de octubre de 2017

¿Por qué no se practica Ashtanga Yoga en días de luna llena y nueva?

Cartel de Ashtanga Yoga Bilbao con las fechas de la luna llena y luna nueva del mes de octubre'17.   Diseñado por Nines Blázquez.

Hay un tópico en la tradición de Ashtanga Yoga que causa asombro a los recién llegados y que los practicantes veteranos asumen con cotidianidad aunque a menudo no le sepan dar respuesta: ¿qué sentido tiene descansar en los días de luna llena y luna nueva? 

A veces, las razones que se aducen son de lo más peregrinas.  Parece que existe una especie de maldición que obliga a las personas a mantenerse alejadas de toda actividad física en los días de luna llena y luna nueva.  Incumplir la regla supone arriesgarse a contraer graves lesiones y la simple mención de practicar yoga en un día de luna es anatema en determinados círculos puristas.  El sentimiento de culpa por practicar cuando no se debe es muy cierto y algunas personas incluso afirman sentir en sus propias carnes la inestabilidad de los días de luna, cual si de calendarios lunares vivientes se trataran.

No menospreciaré las sensibilidades individuales, aunque tampoco creo que se deba dejar de lado el poder de la sugestión y de la presión del entorno.  En primer lugar confesaré mi pecado: durante muchos años practiqué Ashtanga Yoga sin prestar atención a los días de luna.  A pesar de lo que pueda verse hoy, la realidad es que los profesores que había en Madrid cuando yo llegué en 2006 no comenzaron a cerrar sus clases en días de luna hasta los años 2010-2011.  Me consta que ellos mismos en su intimidad respetaban el obligado descanso, pero por razones comerciales, intuyo, sus escuelas permanecían abiertas y muchos de sus alumnos entrábamos y salíamos completamente ajenos de que habíamos quebrantado una de las grandes normas de la tradición.

Los que todavía no estaban autorizados en aquellos tiempos seguramente ignoren este dato que me contó Borja: estando Pattabhi Jois vivo, las escuelas autorizadas recibieron una comunicación en la que se les instaba a: 1) respetar el descanso de los días de luna, 2) respetar el descanso de los sábados y 3) renunciar a impartir cualquier tipo de curso de formación de profesores.  Se concedía determinado tiempo de adaptación, pero en la misma comunicación se advertía de que una vez transcurrido el plazo las páginas web de las escuelas autorizadas serían revisadas y, en el caso de descubrirse que no se habían acatado las normas, serían eliminadas de la lista oficial.  Así que esto de las lunas tal vez parezca una tontería, incluso se puede argumentar que hay muchos estilos de yoga y que sólo en el que enseñó Pattabhi Jois se implantó una regla semejante, pero lo cierto es que a Guruji, a Pattabhi Jois, el asunto en cuestión le importaba, y mucho.  Entonces... ¿por qué?


Tim Miller.

Porqué energético.

La explicación más extendida y que muchas escuelas de Ashtanga Yoga solemos tomar como referencia, la da Tim Miller, uno de los primeros estudiantes occidentales de Guruji y que dirige desde hace décadas su escuela en Carlsbad, CaliforniaEl texto de su página web dice así:

Como todas las cosas de naturaleza acuosa (el cuerpo humano se compone de alrededor de un 70% de agua), nos afectan las fases de la luna.  Las fases de la luna quedan determinadas por la posición de la luna respecto al sol.  Las lunas llenas tienen lugar cuando están en oposición y las lunas nuevas cuando se encuentran en conjunción.  Tanto la luna como el sol ejercen una atracción gravitatoria sobre la tierra que puede compararse con el ciclo de la respiración.  La energía de la luna llena se corresponde con el final de la inhalación, cuando la fuerza de prana es mayor.  Ésta es una fuerza expansiva en sentido ascendente que hace que nos sintamos energéticos y emocionales, pero poco estables.  Los Upanishads indican que el prana principal reside en la cabeza.  Durante la luna llena tendemos a ser más testarudos. 

La energía de la luna nueva se corresponde con el final de la exhalación cuando la fuerza de apana es mayor.  Apana es una fuerza contractiva en sentido descendente que hace que nos sintamos en calma y asentados, pero densos y poco proclives al esfuerzo físico.   

El Almanaque de los Granjeros recomienda plantar semillas en luna nueva cuando la fuerza de enraizamiento es mayor y transplantar en luna llena, cuando la fuerza de florecimiento es mayor.  La práctica de Ashtanga Yoga al cabo del tiempo hace que nos sintamos más sintonizados con los ciclos naturales.  Respetar los días de luna es una manera de observar y honrar los ritmos de la naturaleza para que podamos vivir en mayor armonía con ella.

Sharath Jois ajusta en pashasana a Tim Miller en una fotografía reciente.  Dos generaciones de maestro-discípulo que se tocan.

La explicación de Tim Miller es muy bonita y encierra cierta lógica, aunque conviene tratarla con cautela porque sus argumentos son cuando menos refutables.  La luna sin duda influye en las mareas y afecta a la vida en la tierra y por ende a las personas, pero desde los puntos de vista científico y estadístico no hay evidencias que establezcan una correlación decisiva en el sentido que se establece en la tradición de Ashtanga Yoga.  Pese a que algunos datos sugieran que la fertilidad, el sueño y determinados comportamientos humanos se puedan ver afectados por la luna en cierta medida, desde luego no hay nada que aconseje suspender toda actividad física so riesgo de lesión.  Si así fuera, los trabajos físicos y competiciones deportivas que tienen lugar cada día a lo largo y ancho del mundo deberían tener los ciclos lunares en cuenta y su influencia estaría perfectamente comprobada más allá de la mera percepción subjetiva y circunscrita a determinado arte. 

Si por efecto de su atracción gravitatoria la luna nos influye, qué no hará el sol, que además de atarnos con su gravedad afecta de forma crucial a la temperatura de la Tierra y a sus estaciones.  La sensibilidad de las personas a los ciclos lunares puede ser más o menos discutible, pero a los ciclos solares estamos sujetos desde la misma biología.  En el centro del cerebro está la glándula pineal, que es sensible a la luz y que segrega dos hormonas, la melatonina y la serotonina, mediante las cuales se regulan los periodos de descanso y actividad.  A nivel celular existe además un reloj biológico interno que establece ciclos de veinticuatro horas y que sin duda se ha establecido al cabo de millones de años de evolución bajo el influjo del astro rey.

En cierto modo, por lo tanto, y atendiendo al sentido energético y biológico, quizás tendría mucho más sentido respetar los ciclos solares.  De hecho, ya he comentado en otras ocasiones que se recomienda practicar yoga antes de la salida del sol, en la hora conocida como Brahmamuhurta.  Entonces, ya puestos, ¿no deberían de honrarse también los ciclos solares y modificar la hora de práctica en función de la época del año?  No amanece a la misma hora en invierno que en verano y según nos alejamos del Ecuador el contraste es más acusado.  En algunas partes de Escandinavia hay momentos del año en que no anochece ni amanece en absoluto: ¿cómo se determina en latitudes extremas la hora de Brahma propicia para comenzar la práctica de yoga?  Pattabhi Jois, cuyo padre era astrólogo, reconocía la trascendental importancia del sol, expresión tangible del poder de Dios sin la cual la vida no resulta posible, pero a la hora de establecer prohibiciones lo hacía solamente en lo que respectaba a la luna y no atendía en cambio a estaciones solares.  En breve veremos porqué.

En realidad, el respeto a los días de luna es una costumbre que empieza y termina en la tradición de Ashtanga Yoga.  A pesar de que dentro del yoga en general se dé importancia a la astrología y a los ciclos astronómicos, que yo sepa ésta es la única escuela en la que se suspenden las clases en luna llena y nueva.  El maestro de Pattabhi Jois fue Tirumalai Krishnamacharya, con quien Guruji estuvo aprendiendo durante más de veinte años.  Pattabhi Jois siempre decía que todo lo que enseñaba lo había aprendido de su gurú, lo que sugiere que tal vez la costumbre de cerrar en días de luna llena y nueva la aprendiera del propio Krishnamacharya.  No obstante, la realidad es que Krishnamacharya enseñó yoga durante muchas décadas, que tuvo muchos discípulos que a su vez se convertirían en maestros de yoga y que entre todos ellos tan sólo Pattabhi Jois estableció el obligado descanso de las lunas; ni Indra Devi, BKS Iyengar, A.G. Mohan ni Desikachar lo hicieron.  Y a decir verdad, no tiene sentido que una supuesta enseñanza recibida de su maestro y que a Pattabhi Jois le resultaba tan importante como para llegar al extremo de amenazar a sus profesores con la retirada de la lista oficial, fuera pasada por alto por tantos otros discípulos, así que a la fuerza tiene que haber algo más que complemente el razonamiento energético, posible, plausible, pero no suficiente.


Eddie Stern.

Porqué histórico.

La siguiente explicación se la debemos a Eddie Stern, estudiante de Guruji desde 1991, director de una escuela de Ashtanga Yoga en Brooklyn, New York, reputado experto indiólogo y autor de varios libros.  En cierta ocasión escribió una carta para dar respuesta a la misma pregunta que da título a esta entrada y cuyo contenido está disponible en Internet.  Sus palabras son tan esclarecedoras que me limitaré a traducirlas: 

(...) el motivo por el que Pattabhi Jois respetaba descansar estos días es bastante simple.  Como sabes, la Pathasala del Maharaja (la Universidad de Sánscrito) cerraba las clases cada mes en los días de luna y el día anterior y posterior.  Los estudiantes podían proseguir los estudios, pero no se enseñaban nuevas lecciones.  Una razón para esto es que en amavasya y purnima (luna nueva y llena), tenían que llevar a cabo ciertos rituales tanto los estudiantes como los profesores, que eran todos brahmines (la casta sacerdotal) -por ejemplo, el pitr partana que tiene que ser hecho en amavasya y el baño ritual el día después de las lunas- todas estas cosas requieren tiempo para ser ejecutadas.  Igualmente, aunque no he podido encontrar nunca la referencia, Pattabhi Jois solía citarnos -también escuché esto mismo de labios de mi profesor del Bhagavad Gita en Mysore, el Profesor Narayanacharya,- que si un profesor enseña nuevas materias en los días de luna, su conocimiento decaerá, y el día anterior o siguiente, el conocimiento del estudiante decaerá.

Cuando hablaba con el astrólogo de Pattabhi Jois mientras lo entrevistaba para el libro "Guruji", estuvo de acuerdo con la idea de que tiene algo que ver con el concepto de "como es arriba, es abajo": de acuerdo con la tradición védica nuestra mente es como la luna y crece, disminuye y retiene información siguiendo el mismo ciclo dado que la luna en el cielo ejerce una atracción gravitatoria sobre la tierra.

Dado que Pattabhi Jois fue estudiante en la Pathasala del Maharaja y fue el profesor de yoga de la universidad desde 1937 hasta 1973, dejar de enseñar esos días se convirtió en un hábito y en una norma para él.  Dado que él tenía la visión de que el yoga era una práctica de origen védico y que había que acceder al conocimiento de los Upanishads a través de la puerta de las asanas y el pranayama, asignó a la enseñanza de yoga las mismas reglas que aplicaba a la enseñanza de los Vedas.  Solía añadir que en los días de luna llena y nueva había una conjunción especial de nakshatras (sectores astrológicos) que hacían que fuera más fácil lesionarse y que la lesión tardaría más tiempo en curarse.  Nunca he podido verificar esto a través del jyotish (la astrología hindú); quizás esto es algo que aprendiera de su padre, quien era un experto jyotishi (astrólogo).

Pattabhi Jois sabía bastante sobre astrología también - el nombre Jois es de hecho una simplificación de la palabra Jyotish, y la astrología estaba muy arraigada en su tradición familiar.  Digo esto para resaltar el hecho de que Pattabhi Jois había desarrollado ciertos hábitos desde los catorce años de edad.  Resulta interesante conocer estos hábitos, y aunque no seamos brahmines o siquiera indios, como estudiantes suyos es bueno entender porqué hacía ciertas cosas y aceptar que si él sentía que eran lo suficientemente importantes para acatarlas, entonces también son aplicables a nosotros.  ¡Pero no hagamos montañas de un grano de arena ni nos inventemos toda clase de ideas fantásticas!


Eddie Stern en bhairavasana.

Ahora contaré una historia para ilustrar lo que ocurre cuando nosotros (por ejemplo, los estudiantes de Ashtanga Yoga) no nos tomamos el tiempo necesario para investigar las cosas simples de forma racional.

Un maestro solía dar clases sobre el Bhagavad Gita cada tarde bajo un árbol cerca de un pueblo.  Tenía una mascota: un gato, y el gato a veces correteaba travieso entre la gente, causando molestias.  En consecuencia, el sabio comenzó a atar al gato al árbol durante la clase.  Después de un tiempo el maestro falleció.  Uno de sus discípulos tomó el relevo y continuó las clases sobre el Bhagavad Gita bajo el árbol, y siguió atando el gato al árbol.  Un tiempo después el gato falleció, y el discípulo compró otro gato.  Tres generaciones más tarde un discípulo escribió una redacción acerca de la sagrada tradición de atar un gato al árbol mientras se imparte una clase sobre el Bhagavad Gita.

Así que, dicho todo esto, creo que por respeto a Pattabhi Jois, sus métodos y enseñanzas, es bueno que sus estudiantes sigamos la regla del día de luna, si nos resulta posible.  El propósito de cumplir con estas cosas y someterse a un linaje es crear humildad, atención y cierto tipo de disciplina en el estudiante.  Seguramente no vayamos al Infierno si practicamos estos días; Saraswathi, la hija de Pattabhi Jois (quien fue la primera y única mujer que practicó yoga con él en la Universidad de Sánscrito) solía enseñar a sus estudiantes de lunes a viernes y se tomaba libre el fin de semana, y decía que los días de luna simplemente no enseñaba nada nuevo.  También, comentaba que sus estudiantes no practicaban todos los días de la semana, pero para aquellos de nosotros que lo hacemos, un día de descanso adicional cada dos semanas resulta bueno para el cuerpo.

Someterse a un linaje tiene su propio encanto y efecto en nuestro carácter, así que ¿por qué no intentarlo?  No creo que todos los estudiantes de yoga deban abstenerse de practicar estos días, sino que ellos también deberían obedecer las reglas de sus profesores y con suerte, orientando nuestras mentes hacia principios más elevados, quizás podamos todos hallar felicidad en nuestras prácticas.  ¡En los días de luna o fuera de ellos!


Fotograma de una famosa clase guiada con Guruji en la que aparecen tanto Tim Miller como Eddie Stern.

Porqué práctico.

Desde Ashtanga Yoga Bilbao, cómo no, secundamos las magistrales palabras de Eddie Stern.  De hecho, casi se puede decir que el verdadero propósito de esta entrada no era otro que divulgar su traducción.  Muchos estudiantes de Ashtanga Yoga Bilbao nos preguntan acerca de los días de luna.  A veces bromeo diciendo que "en Ashtanga Yoga somos un poco como los hombres-lobo" y otras me tomo el tiempo de transmitirles la esencia de este texto.  En lo sucesivo emplearé esta entrada como referencia y remitiré a ella a todos aquellos que nos saquen a colación el asunto.

El último punto que menciona Eddie Stern es lo que denomino la "explicación práctica".  En Ashtanga Yoga Bilbao, como me imagino sucede en la mayoría de escuelas bisoñas, los estudiantes acuden a clases unas dos o tres veces por semana.  Algunos vienen, sí, todos los días, pero son los menos.  En el momento actual, y a pesar de que ofrezcamos una oferta de iniciación tipo "tarifa plana" que durante los dos primeros meses les permite asistir a todas las clases que quieran, lo habitual es que incluso durante ese bimestre inicial la gente tenga un grado de implicación moderado.  En cierto modo tiene sentido y más aún en una cultura como la nuestra: las personas tienen obligaciones laborales y familiares y la práctica de yoga ocupa un lugar secundario en su escala de prioridades, algo relacionado con el tiempo libre del que, llegado el caso, se puede prescindir.

Desde el punto de vista más tradicional, no obstante, esto no es así.  Cuando una persona viaja a Mysore a estudiar yoga con Sharath Jois, al igual que anteriormente sucediera con Guruji (ignoraré lo que Eddie Stern comenta respecto a Saraswathi, a quien no tengo el gusto de conocer como maestra), no se concibe otra cosa que esa persona vaya a practicar todos los días.  Para un maestro indio el yoga no es un vulgar entretenimiento, una manera frívola de llenar el tiempo o hacer ejercicio como el que va al gimnasio y si no le apetece deja de ir, sino que es algo muy serio.  Cuando practicas con Sharath se espera de ti que acudas a clase todos los días, de lunes a domingo incluidos festivos, el día de Navidad, el día de Año Nuevo y tu propio cumpleaños.  Con disciplina, con gusto y sin excusas.  En algún sitio leí que antaño en la India se asimilaba el yoga a una piedra preciosa que no estaba al alcance de todo el mundo: el maestro debía asegurarse de que el discípulo estaba a la altura de las valiosas enseñanzas que iba a recibir.  Si no, sería como entregarle un diamante a un cerdo: se lo comería con glotonería, sin apreciarlo, y luego iría a echar la siesta sobre el fango.  Por eso, en Mysore, si faltas un solo día a clase, más te vale tener una buena excusa, como que has estado ingresado en el hospital o algo parecido.  Si no, espérate a recibir un severo rapapolvo.  "Perezoso" o "no tienes disciplina" es lo más suave que Sharath te dirá.  Me consta que BNS Iyengar, un antiguo discípulo de Krishnamacharya que ronda los cien años de edad y que todavía hoy enseña en su escuela en el centro de Mysore, llega al extremo de expulsar, devolviéndoles el dinero que pagaron, a estudiantes a los que considera no aptos para seguir en sus clases.

Moon day?  Take rest!  ¿Día de luna?  ¡Descansa!

Por lo tanto, se comprende que no le encuentren sentido al descanso de las lunas aquellas personas matriculadas en Ashtanga Yoga Bilbao y que tienen intención de acudir a las clases una, dos o tres veces por semana.  Si van a practicar los martes y los jueves y una luna nueva casualmente coincide en jueves, esa semana tan sólo habrán practicado un día.  De lo que esas personas tienen que darse cuenta es que, como se ha dicho, esta práctica fue pensada para ser hecha seis días a la semana, haga frío o calor, sea diciembre o junio y le apetezca a uno o no.  Cuando se practica de esa manera, el cuerpo en verdad agradece el día de descanso adicional que cada dos semanas proporcionan los días de luna.  Éste es el sentido práctico de los descansos lunares, que en cierto modo se fusiona con el histórico porque sólo se comprende a la luz de cómo enseñaba Pattabhi Jois.

En Ashtanga Yoga Bilbao no pretendemos juzgar a nuestros estudiantes ni echarles rapapolvos.  Nosotros estaríamos encantados de que la gente estuviera tan motivada que quisiera venir a practicar cada día.  Pero tampoco somos unos radicales ni unos ilusos.  Entendemos que cada cual tiene que recorrer su propio camino, que su práctica se puede hallar en diversas etapas de implicación y maduración y que la "manera tradicional" se debe adaptar a las personas y no viceversa.  Nuestra aspiración ha sido, sí, traer a Bilbao este sistema de yoga con todas sus peculiaridades e idiosincrasia, con lo bueno y lo menos bueno; tal y como es en realidad, sin disfraces ni edulcorantes.  Y dentro de esta aspiración, el respeto al descanso en los días de luna llena y nueva ha sido un elemento más a tener en cuenta.   

Por otro lado, está bien que hagamos las cosas como a Guruji le gustaba pero, ya lo dice Eddie Stern tampoco hay que tomarse las cosas a la tremenda.  Nosotros por lo general descansamos en días de luna, aunque a veces nos hemos saltado la regla porque teníamos un viaje o algún otro compromiso y nos venía mejor hacer el descanso otro día.  Y no ha pasado nada.

Un dato adicional: durante mi estancia de diez años en Madrid los talleres con Peter Sanson, el profesor neozelandés del que he escrito en otra entrada de este blog, a veces coincidieron con días de luna.  Durante sus tour internacionales Sharath sincroniza las semanas de clases en las diferentes localizaciones con los días de luna de manera que los días de descanso le toquen justo en el tránsito de un sitio a otro.  Pero Peter Sanson y los organizadores de su tour europeo no se pueden permitir tantos lujos y, algunos años, en medio del taller caía un día de luna.  Recuerdo que en esas ocasiones la clase se celebró y sin incidentes que reseñar: ni hubo que lamentar lesiones ni surgieron demonios de los abismos.  Lo que yo hice, y me imagino que hicieron también los demás, fue disfrutar de la presencia de Peter y descansar otro día.  Sin más.

Con esto doy por concluida la explicación.  Si has llegado hasta aquí, ¡enhorabuena!  De ahora en adelante, este artículo será la referencia que en Ashtanga Yoga Bilbao aclarará el sentido del cierre de clases por los días de luna.  El post sólo puede concluir con el debido y sincero agradecimiento a Tim Miller y Eddie Stern, a quienes no tengo el honor de conocer en persona pero cuyos elocuentes textos a menudo me han ayudado a entender muchas cosas sobre yoga y que espero en esta ocasión también te hayan ayudado a ti.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Tercera temporada en Ashtanga Yoga Bilbao: Dharma e ikigai.

Cartel de inauguración de Ashtanga Yoga Bilbao en septiembre del 2015.

Ashtanga Yoga Bilbao inició su andadura tal día como hoy hace dos años en la víspera de un equinoccio de otoño.  Curiosamente durante estos días coinciden, uno tras otro, la luna nueva de septiembre -ayer-, el aniversario de Ashtanga Yoga Bilbao -hoy- y el equinoccio de otoño -mañana-.  Los ciclos de la naturaleza son un continuo recuerdo de lo transitorio de la realidad; todo cambia, se renueva, desaparece y vuelve a aparecer; y en gran parte el yoga consiste en aceptar este evidente pero difícil hecho.  Las personas y sus creaciones también están sometidas a sus propios ciclos, así que lo menos que merece el comienzo de la tercera temporada de Ashtanga Yoga Bilbao es esta reflexión que, por supuesto, dedicamos a todas las personas que nos habéis acompañado a lo largo de este tiempo y las que habéis formado parte de nuestra historia  

Para nosotros, hablar de Ashtanga Yoga Bilbao es hablar de dharma.  El dharma es un concepto filosófico que evoca al sentido de la vida y uno de los elementos nucleares del Bhagavad Gita, el famoso poema de setecientos versos parte del Mahabharata,  En los prolegómenos de una gran batalla que va a enfrentar a dos clanes emparentados en un combate sin cuartel, sobre un carro de guerra que recorre la tierra de nadie entre los dos ejércitos, el arquero Arjuna le plantea sus dudas al dios Krishna, que lleva las riendas del carro.  Tiene ante sí a parientes, a amigos, y no desea enfrentarse a ellos y matarlos.  Antes prefiere huir o dejarse matar incluso.  El Bhagavad Gita, el Canto del Señor, es esencialmente la respuesta que Krishna le da a Arjuna.

Arjuna no es un diplomático ni un campesino, sino un guerrero, le dice Krishna, y su dharma en tiempo de guerra es combatir, y hacerlo sin dudas.  Si huyera o rehusara cumplir con el dharma que le corresponde, y a pesar de que con ello evitase la muerte de otros, estaría obrando de forma incorrecta.  "El dharma de uno llevado a cabo imperfectamente es mejor que el dharma de otro ejecutado de forma perfecta." (3.35)

El dharma, por lo tanto, es un concepto que incluye pero que va más allá del sentido del deber.  El dharma son aquellos comportamientos que van de acuerdo con el orden que hacen posible la vida y la armonía en el Universo, e incluyen deberes, derechos, leyes, conductas, virtudes y todo lo que podría entenderse como un "modo de vida correcto".  El dharma son los principios que evitan el caos y que todos los seres han de aceptar y respetar para mantener la armonía y el orden del Universo.  No es el acto ni el resultado, sino las leyes naturales que guían el acto y crean el resultado.  Es la persecución y ejecución de la naturaleza y verdadera llamada de uno, el desempeño adecuado de su papel en el concierto cósmico.

Así, el dharma de la abeja es libar miel, el de la vaca dar leche, el del sol irradiar luz y el del río fluir.  Igualmente, el dharma de Arjuna en el campo de batalla de Kurukshetra es combatir con su arco.



Dharma o el sentido de la vida.

Seguramente la abeja, el sol y el propio Arjuna tuvieran una noción muy clara de cuál era su dharma.  El sentido de su vida quedó determinado desde su propio nacimiento, y trágicamente así es a menudo también en la sociedad india actual, donde la casta en la que has nacido determina y restringe tu papel en la sociedad.  En otros casos, averiguar cuál es tu "papel en el concierto cósmico" no siempre resulta una tarea tan sencilla.  Se trata nada más ni nada menos que la difícil búsqueda del sentido de la vida.

A veces, el sentido de la vida de las personas parece coincidir con las necesidades básicas de la supervivencia y la reproducción.  Desde el punto de vista de la especie humana, su perpetuación y proliferación, esto es algo muy deseado.  No obstante, ese mismo papel lo asumen ya los animales de manera instintiva, por lo que cabe presumir que los seres humanos, con todo su potencial y complejidad, habrían de aspirar a algún otro sentido más elevado que la mera transmisión de su herencia genética a la siguiente generación.  Aunque se trate de una gran tarea, es algo que se le debe dar por supuesto además de respirar y alimentarse, por lo que no tendría sentido considerarlo parte del dharma.

Quizás el trabajo, la profesión, sea el mejor reflejo del dharma, al menos porque es ahí donde el ser humano tiene la oportunidad de desplegar lo que hay dentro de sí y ponerlo al servicio de la sociedad y del Universo, como una diminuta rueda dentada parte de un inmenso engranaje.  Los tiempos modernos son complejos, pero a pesar de crisis y zozobras varias hoy día existe una gran libertad de elección; cada cual puede acabar dedicando su vida a aquello que se proponga, claro está, siempre que invierta el tiempo suficiente y oriente sus esfuerzos en la dirección adecuada.  Sin embargo, lo cierto es que demasiado a menudo la profesión no refleja esta naturaleza interna; todos conocemos a gente que se ve atada a un trabajo que no le corresponde.  Me viene a la cabeza el caso de Franz Kafka, el escritor checo que apenas publicó nada en vida y que en sus diarios dejó plasmado el desasosiego que sufría por tener que dedicar la mayor parte del día en un tedioso trabajo administrativo en una correduría de seguros que oscurecía su creatividad.  El dharma de uno ha de ejecutarse aunque sea a disgusto pero, ¿qué ocurre si te has equivocado y el dharma que desempeñas no concuerda con tu naturaleza?

La orientación lo es todo, y en una sociedad como ésta a menudo deja mucho que desear.  El éxito, la realización, se asocian a determinado estatus y desde la sociedad y la propia familia se inculcan valores que, en el fondo, siempre tienen el foco en el aspecto económico y la satisfacción de los sentidos.  Al final la profesión se escoge en base a expectativas, y no necesariamente las tuyas.  El gurú oriental sabría identificar las aptitudes del individuo y lo orientaría en consonancia; el guía occidental procuraría que la elección del individuo coincidiese con alguna de las salidas con menor tasa de paro o mayor proyección salarial.

Cuando me recuerdo sentado en mi agradable trabajo de oficina en Madrid, con un contrato indefinido en el Ministerio de Medio Ambiente, un buen sueldo y buenos compañeros, lo primero que me viene a la cabeza es lo afortunado que he sido.  La vida no suele ser un camino de rosas, pero académica y profesionalmente no puedo sino darle las gracias a la propia vida y a mis padres.  Tuve facilidad en los estudios y mi educación se dirigió temprano hacia el camino más difícil, el de las ciencias puras, al término del cual me esperaba el cuerno de la abundancia y la felicidad.  Así era la percepción que se me había inculcado: los estudiantes de éxito se convertían en ingenieros superiores.  En pocas palabras, acabé estudiando lo que de mí se esperaba y trabajando en ello.  Y sin embargo, durante años tuve la sensación de estar viviendo la vida como un trámite: trabajar cuarenta horas de lunes a viernes a cambio de cobrar un sueldo a final de mes.  Intercambio de tiempo por dinero.



Ikigai o la pasión por la vida.

El concepto hinduista del dharma está íntimamente relacionado con el sistema de castas.  El karma de tus acciones en vidas pasadas es el que al fin y a la postre determina tus cualidades o gunas actuales, la casta social en la que te encuadrarás y el dharma que te corresponderá cumplir en esta vida.  Los gunas no tienen porqué ser heredados de tus padres; es tu propio karma el que los determina y en teoría un matrimonio de shudras, a los que se relaciona con labores serviles de baja cualificación, podrían perfectamente engendrar un futuro brahmin que acabe conduciendo las pujas u oraciones en el templo local, pero en la práctica las castas de padres a hijos son mayoritariamente inamovibles y la sociedad, las familias y los individuos se esfuerzan en mantener su integridad; el hijo de shudras nunca sería aceptado como sacerdote y un simple matrimonio entre dos miembros de castas distintas resultaría simplemente inadmisible para la comunidad hindú.  La aplicación del dharma en otras culturas, por lo tanto, resulta un tanto controvertida.  En Occidente es perfectamente posible que la hija de un soldador y una directora de banco halle su dharma en el cuerpo de policía y acabe casándose, por ejemplo, con un barrendero que es a su vez hijo de una dentista y un cristalero.  Algo así resultaría sumamente extravagante en la sociedad tradicional hindú incluso hoy día, a pesar de todos los esfuerzos que ha invertido el gobierno indio en las últimas décadas por la igualdad de oportunidades y la abolición del sistema de castas.  La cruda realidad es que el pensamiento colectivo hindú, y a pesar de no pocas controversias, tiene muy enraizada la interpretación más restrictiva de las palabras del propio Lord Krishna cuando afirma en el Bhagavad Gita que "las cuatro cualidades de ocupaciones fueron creadas por mí de acuerdo con las cualidades de las personas" (4.13).

En un momento del pasado en que me hallaba investigando acerca del dharma y por sugerencia de una buena amiga, llegué hasta el concepto de ikigai, lo que nos lleva desde la lejana India hasta el remoto Japón.  De acuerdo con la teoría del dharma, una vez descubiertos tus gunas has de esforzarte en cumplir con la tarea que corresponde a tu naturaleza, lo quieras o no.  Es el papel que te ha correspondido desempeñar en la creación y has de completarlo, con gusto, como un acto de entrega a la divinidad y sin apego alguno al resultado de tus acciones.  El ikigai japonés, en cambio, añade al concepto del deber un elemento nuevo: la pasión.

El ikigai distingue entre aquello que se te da bien, aquello que te permite ganar dinero, aquello que el mundo necesita y aquello que realmente amas.  Una profesión es, simplemente, lo que se te da bien y por lo que además te pagan.  Lo que el mundo necesita y por lo que podrían llegar a pagarte, es una vocación.  Lo que el mundo necesita y que te gusta hacer, una misión.  Lo que se te da bien y te gusta, una afición.  Ninguno de ellos por sí solos llevan al ser humano a la plenitud.  Una afición que te apasiona y que se te da de lujo pero que no le aporta nada al mundo ni te da de comer no tiene ningún propósito vital y ha de ser complementada con un trabajo, por el que a menudo no sientes pasión y del que al cabo de los años acabas aburrido, amargado, harto, con ganas de abandonarlo y jubilarte.  Aquello que te gusta hacer, que el mundo necesita y por lo que incluso te pueden pagar pero que no lo sabes hacer bien, inevitablemente conducirá al fracaso.  Finalmente, la unión de los cuatro: aquello que haces bien, de lo que puedes vivir, que necesita el mundo y que verdaderamente te apasiona, eso es el ikigai.

El ikigai hace que las personas se levanten temprano cada mañana con ilusión, valoren su existencia y quieran seguir disfrutándola.  Se cree que el ikigai es una de las razones por las que hay tantos centenarios en Okinawa; incluso si el presente es sombrío, tener claro el ikigai da sentido a la vida y mantiene el entusiasmo durante toda la vida hasta la vejez.  La búsqueda del ikigai, por tanto, se convierte en una tarea crucial, en el principal cometido de las personas.  Los comportamientos que conducen al ikigai no son acciones que nos veamos obligados a llevar a cabo, sino naturales y espontáneas, y por lo general requieren una madurez que difícilmente ha podido alcanzar una persona a los dieciséis años, la edad en la que en Occidente tenemos que escoger la profesión que determinará nuestro futuro.


Estrenando el cartel de la puerta, días antes de la apertura.

Dharma
, ikigai y Ashtanga Yoga Bilbao.


Hablar de Ashtanga Yoga Bilbao, en consecuencia, es hablar de dharma, pero también de ikigai.  Cuando años atrás, en mi oficina de Madrid, me planteé si realmente quería seguir toda la vida ahí sentado delante de una pantalla de ordenador en una vida cómoda y relajada, me revolví.  Me había dado cuenta de que, en realidad, nunca me había gustado la ingeniería.  En mi juventud, familia y profesores me habían orientado hacia la ingeniería de telecomunicaciones.  Siempre había sido un buen estudiante o, mejor dicho, un especialista en exámenes y, aunque salvo la escritura y la construcción de maquetas, no tuviera ninguna afición conocida, una carrera técnica de prestigio parecía una buena opción y me dejé convencer.  No sabía muy bien en lo que me metía, pero por aquel entonces no tenia otras preocupaciones que las relacionadas con la edad y tenía asumido que me quedaban aún muchos años de estudiante por delante, así que el ambicioso objetivo de convertirme en un respetado ingeniero con la vida solucionada que enorgullecería a todo el mundo parecía una idea estupenda así que, ¿por qué no?

Al final, había dedicado a mi formación universitaria incontables horas, me había graduado con una media de notable y había acumulado años de experiencia laboral en varias empresas, pero no era un ingeniero.  La evidencia cayó como una fruta madura: nunca me había gustado la ingeniería; no había formado parte de mí.  No vivía la tecnología, no leía revistas especializadas, no me interesaba la informática más que como una herramienta de entretenimiento, no me esforzaba por aprender nada nuevo y sólo valoraba la ingeniería por su capacidad de proporcionarme un sueldo mayor de lo que me pagarían en cualquier otro trabajo al que pudiera aspirar.  La crisis económica arreciaba a mi alrededor y todo aconsejaba mantener la seguridad material, pero quería cambiar y encontrar mi sitio, mi rumbo, mi pasión, mi objetivo vital, mi dharma, mi ikigai.

Comencé dando tumbos.  Primero busqué un cambio de trabajo en Madrid y en el extranjero; luego se me ocurrió la extravagante idea de hacerme bombero.  Por uno y otro motivo, ninguna de las alternativas cuajaron, así lo quiso el destino, y me mantuve en el Ministerio de Medio Ambiente con un espléndido horario con tres tardes libres semanales que me permitía hacer tantas cosas fuera de las horas de trabajo.  Y finalmente, se me abrieron los ojos.

Había comenzado a practicar Ashtanga Yoga en el 2005.  En el 2006 había empezado a estudiar con Borja Romero-Valdespino en Ashtanga Yoga Madrid.  En el 2008 viajé a Mysore por primera vez y en el 2009 Borja me invitó a convertirme en su asistente.  Durante años mantuve una rutina de estudio y aprendizaje a su lado: practicaba cinco o seis días a la semana y en tres de ellos me quedaba tras mi práctica a asistirle durante tres horas.  De vez en cuando, cuando Borja se ausentaba, me encargaba de enseñar en solitario algunas clases, estilo Mysore y guiadas.

Al cabo de los años había acumulado cientos, miles de horas de aprendizaje en la escuela de Ashtanga Yoga más antigua y grande de Madrid.  Quizás ahora parezca evidente, pero durante mucho tiempo ni se me había pasado por la cabeza, ¿dedicarme a enseñar yoga yo?  El Ashtanga Yoga era mi pasión, pero formaba parte de mi esfera lúdica, de mi tiempo libre.  El trabajo era un asunto serio de oficinas con ordenadores y reuniones encorbatadas, nada que ver con una sala llena de gente sudando y respirando raro sobre esterillas de colores.

En Bilbao no había escuelas tradicionales de Ashtanga Yoga.  Se habían hecho algunos conatos, pero nada como lo que podía encontrarse en ciudades como Madrid o Barcelona.  Tampoco se podía esperar otra cosa porque en Bizkaia no existía en ningún lado la posibilidad de practicar Ashtanga Yoga en su formato tradicional y tampoco nadie que estuviese enseñando tras haber aprendido largo tiempo en una escuela consagrada.  A la fuerza, la primera escuela tradicional de Ashtanga Yoga en Bilbao tendría que venir desde fuera.

La llamada del destino sonó entonces clara: me había trasladado a Madrid, pero no para realizarme profesionalmente como ingeniero, sino para encontrar el sentido de mi vida, la tarea que resonaba con mi naturaleza, mi dharma, que no era otro que salir de Bilbao para aprender la práctica y enseñanza de Ashtanga Yoga y de nuevo regresar para transmitirlo en mi ciudad natal y ponerlo al alcance de mis paisanos.  Había sido necesario mucho tiempo para que semejante idea llegase a cuajar en mi cabeza y para derribar patrones mentales enraizados en lo más profundo que hacían impensable semejante paso, pero la decisión al fin estaba tomada.  No me conformaría con la seguridad, la tranquilidad y comodidad de un trabajo estable, no renunciaría al rol que se me había asignado ni a mi sueños; aunque renunciar a la ingeniería para dedicar mi vida a la enseñanza de yoga pudiera parecer una locura y pese a la falta de apoyo que sin duda recibiría de mi familia, no llegaría a viejo lamentándome de qué habría pasado si hubiera tenido el valor de dar el paso.  Perseguiría mi dharma, y lo cumpliría.

El resto es historia.  Dejé de buscar alternativas laborales y me orienté en aquella dirección.  No sería un viaje corto ni fácil, pero ya no había vuelta atrás.  Por suerte, tenía a Nines, que cuando le comuniqué mi decisión y mi intención de contar con ella, estuvo encantada de dejarlo todo atrás y acompañarme en la aventura.  Y varios años después, pasó todo.

La ingeniería también había cumplido su papel, así que las voces cercanas que me decían que había tirado por la borda tantos años de estudio y preparación no estaban en lo cierto.  Mi carrera universitaria me había permitido trasladarme a Madrid, me había puesto en contacto con Borja y gracias a ella también había podido viajar múltiples veces a la India antes de dar el definitivo paso.  Por lo tanto, también había sido una imprescidible parte del camino que aprecio y, aún hoy, cada vez que hago algún cambio en la página web que programé de forma completamente autodidacta, pienso en las cosas buenas que me ha aportado el bagaje de la ingeniería en lo que respecta a la capacidad de resolver problemas.

Ahora, cuando la tercera temporada de Ashtanga Yoga Bilbao inicia su andadura, recordamos el pasado con cariño, miramos hacia el futuro con ilusión y disfrutamos el presente.  Los días comienzan antes de las cuatro de la mañana, pero el timbre del despertador nos pone en marcha para hacer lo que más nos gusta: practicar y enseñar Ashtanga Yoga, nuestra pasión, vocación, misión y profesión, nuestro ikigai.  Gracias a todos los que nos habéis acompañado y... ¡nos vemos sobre la esterilla!

jueves, 17 de agosto de 2017

¿Me enseñas la siguiente postura?



La semana pasada subimos a las redes sociales un vídeo en el que, por primera vez, lograba completar la postura de karandavasana, un asana de la serie intermedia que comencé a practicar hace más de tres años y cuya parte final, la subida, me resultó imposible hasta hace unos pocos días.  El comentario que añadimos al vídeo subido a las redes sociales es el siguiente:

Y de pronto lo imposible... ocurre. Karandavasana: la postura del pato del Himalaya. En Ashtanga Yoga Bilbao no somos amigos de colgar videos y fotos "fardando" de nuestra práctica, pero esta vez se ha producido un hito importante con una gran lección que bien merece este video. Hoy es el tercer día seguido que he podido completar la parte final de karandavasana, levantarme de vuelta a pincha mayurasana. Con muchos "peros", aunque levantarme al fin y al cabo. Ha llovido mucho desde que me la enseñó Gabriella Pascoli en Ashtanga Yoga Madrid en abril del 2014. Durante todo este tiempo he vivido la sensación de "imposibilidad" de esta postura, seguramente la más difícil, y no sólo de la serie intermedia, y saboreado los sentimientos de frustración, resignación, desesperación, abatimiento y hasta burla, con que esta asana abofetea a los que osan desafiarla. Más de tres años más tarde, después de docenas de caídas, cientos de intentos, de pronto, en una anodina semana de agosto, se ha abierto la flor. No sé muy bien porqué ni cómo, aunque no cabe duda de que la aceptación, la perseverancia, la disciplina y el auto-estudio han tenido que ver mucho en ello. Karandavasana me ha acompañado a lo largo de la parte final de nuestra estancia en Madrid y la apertura y desarrollo de Ashtanga Yoga Bilbao. Muchos nuevos retos ante los que, al igual que con karandavasana, no nos hemos dado la vuelta, no hemos girado la cara ni los hemos dado por imposibles diciendo: "Bah, con esto no hay nada que hacer. Pero, ¿qué es lo siguiente?" Pues eso, karandavasana es más que una postura y Ashtanga Yoga es mucho más que posturas.


La parte final del comentario me ha animado a reflexionar más allá.  Y es que, a menudo, ocurre que estudiantes de Ashtanga Yoga, y esto sucede tanto en Ashtanga Yoga Bilbao como en otras escuelas del mundo, plantean preguntas -explícitas y retóricas- relacionadas con progresos físicos en asanas.  La casuística es muy amplia:
  • "¿Cuánto tardaré en hacer esto?"
  • "¿Me enseñas la siguiente postura?"
  • "¿Cuándo haré yo eso?"
  • "Esto es imposible.  Nunca lo conseguiré."
  • "¿Siempre se repite lo mismo?"
  • "Ashtanga Yoga es muy monótono.  Me aburre."
  • "Me gusta alternar Ashtanga Yoga con otros estilos para hacer cosas distintas."
  • etc...

Los occidentales somos muy dados a esta clase de fenómeno al que, a buen seguro, ni Krishnamacharya ni Pattabhi Jois tuvieron que enfrentarse.  Los occidentales somos inconformistas; el progreso y la competitividad forma parte de nuestra esencia, y los patrones de comportamiento que rigen nuestra dimensión social, afectiva, laboral y económica los llevamos, cómo no, también a nuestra práctica de yoga.

Me imagino que habrá de todo en todos lados, pero los indios tienden a ser dóciles, obedientes, y más aún en presencia de su maestro, su gurú.  El discípulo oriental recibe lo que su maestro le ofrece y lo cultiva con celo, sin pedirle más.  Los occidentales, en cambio, somos ambiciosos, tendemos a compararnos con los demás y queremos para nosotros lo que el vecino tiene y, si es posible, más que él.  Por desgracia para nosotros, la paz interior y la dicha no son cualidades mensurables, por lo que rara vez se ambiciona el samadhi.  Las asanas de yoga, en cambio, son coleccionables como cromos en un álbum, y en seguida se convierten en objeto de la codicia del practicante de yoga.

Karandavasana bien hecho, by Sharath Jois.

Uno de los problemas es que hoy día existe una sobreabundancia de información.  Cuando una persona comienza a practicar Ashtanga Yoga y experimenta ese entusiasmo que suele producirse cuando se inicia una nueva actividad, en su casa tiene al alcance de un click millones de páginas web con imágenes y vídeos de lo que está aprendiendo.  Esta saturación de información que, todo sea dicho, nosotros mismos, las escuelas de yoga, alimentamos con nuestras técnicas de marketing centradas en fotografías y vídeos de asanas, provoca que mucha gente practique Ashtanga Yoga a sabiendas de lo que viene a continuación, de "lo siguiente".

La mente va más rápido que el cuerpo, y lo mismo sucede con la ambición.  El que lleva un mes, tres, seis meses, repitiendo la misma secuencia, quiere más.  Es perfectamente consciente de que lo que está haciendo no lo domina y que le quedan aún muchos nudos energéticos que resolver, pero aún así se está aburriendo, desea un nuevo estímulo, sabe qué es lo siguiente y quiere hacerlo, y a veces lo expresa mediante alguna de las preguntas antes citadas.

Ashtanga Yoga no es un método para hacer asanas.  Se practican asanas en Ashtanga Yoga, claro está, pero el fin no es hacer el mayor número de asanas posible.  El asana es un vehículo, no un fin.  Ashtanga Yoga es un método que se vale del exterior del ser humano para acceder de manera indirecta a su interior y modificarlo para convertirnos en mejores personas.  Ashtanga Yoga proviene de un linaje de hatha yoguis, no bhakti yoguis, raja yoguis ni kriya yoguis, que utilizaban técnicas de hatha yoga para lograr el control de los vaivenes perniciosos de la mente y que así se lo transmitieron al mundo.  

The miracle of Karandavasana fifteen years in the making happened today. I repeatedly it three times to be sure it wasn't a fluke. I know I didn't stay down for long, but my goodness does this feel like a break through. All I can say is never give up, no matter how long it takes. Shoulders, abs, technique, faith and patience are my keys here. To go up you have to go down without losing your up. Thank you @eddiestern for believing I could do this, thank you @timfeldmannyoga who first taught me how to send my pelvis forward while keeping the knees in this posture, thank you to @ricardostand whose handstand training is making me stronger than I ever though possible, and thank you to Guruji and Sharath who stopped helping me one day and opened the door to this possibility. Now I'll just need to work on staying down for one full minute and five repetitions like @ajaytokas What are you working on that you think it would take a miracle to accomplish?
Una publicación compartida de Kino MacGregor (@kinoyoga) el
Un post de la famosa Kino McGregor en Instagram en el que cuenta cómo, quince años después, al fin ha logrado levantarse sin ayuda de karandavasana.

Dado que el cuerpo es el vehículo que hace posible el acceso y desarrollo del interior del ser humano, la base de cualquier práctica física ha de ser la salud.  Las secuencias de asanas en Ashtanga Yoga están estructuradas para proporcionar salud a los diferentes niveles de practicantes.  Aunque se trate de un tópico muy manido, lo repetiré: en la primera serie o yoga chikitsa (yoga terapia) la práctica se centra en purificar los órganos del cuerpo físico elevando el estado de salud general y por eso tiene un importante catálogo de flexiones hacia delante en las que se estimula el cuerpo de diversas formas; la serie intermedia o nadhi sodhana (purificación de los canales energéticos) busca la sanación del sistema nervioso y para ello incorpora extensiones de espalda y torsiones intensas; por último, las series avanzadas sthira bhaga (fuerza y estabilidad) son prolíficas en equilibrios sobre manos y otras virguerías.

La práctica de asanas será todo lo avanzada que requiera cada persona de acuerdo con sus circunstancias y su recorrido personal; será tarea del profesor acompañarla a lo largo del viaje.  El verdadero trabajo, no obstante, tendrá lugar dentro.  Completar supta kurmasanadwi pada sirsasanadurvasasana o cualquiera de esas posturas espectaculares que salen en los póster de asanas no es el objetivo.  La práctica revela lo que tenemos dentro y, al cabo del tiempo, hace que surjan cualidades con las que, probablemente, no nos resulte agradable enfrentarnos: la pereza, la distracción, la impaciencia, el desánimo, la duda, el miedo, la sensación de que no avanzamos...  Llegado ese punto, muchos arrojan la toalla, pero lo cierto es que enfrentarse a nuestros monstruos internos es inherente al camino que propone el yoga.  La práctica también nos sitúa ante el deseo, la ambición por conseguir algo que no logramos y que no tarda en dar lugar a la ira, a la envidia cuando descubrimos que el vecino sí lo tiene, a la codicia por querer conservarlo, al orgullo que nos hace sentirnos importantes por nuestros logros, al miedo a perderlos...  Son cualidades que surgen durante la práctica de asanas, sí, pero si nos observamos detenidamente, nos daremos cuenta de que en realidad es lo que tenemos dentro y llevamos con nosotros a todas las esferas de la vida.  La frustración, la ira, el desánimo, la impaciencia por no conseguir cerrar marichysiana D o levantarnos de los drop backs, son los mismos sentimientos que nos causan insatisfacción en nuestra dimensión psicológica, afectiva o laboral.

Iaian Grysak, practicante y profesor de Ashtanga Yoga, escribió en su blog esta interesante entrada sobre su propia experiencia con karandavasana en Mysore.

Al cultivar la práctica durante un largo periodo de tiempo, puede ocurrir que algunas de esas cualidades se vayan somatizando.  La clave está en ser capaz de centrarse en los elementos internos, en la respiración rítmica, en las sutiles contracciones musculares, en mantener toda tu atención, emplear toda tu habilidad, toda tu inteligencia, toda tu fuerza en cada instante que dure tu práctica.  Pattabhi Jois decía que "la práctica de yoga mantenida con gran diligencia y dedicación a lo largo de mucho tiempo genera un calor capaz de quemar los venenos internos y hace aflorar la luz de nuestra naturaleza interna."  Y es que, aunque resulte sorprendente, y siempre de manera indirecta, la práctica es capaz de diluir algunos de esos patrones de comportamiento defectuoso que se habían enquistado en tu vida.  Esto es algo de lo que podemos dar fe desde nuestra propia experiencia los que llevamos practicando a diario durante muchos años:  La pereza, aunque pueda llamar a la puerta de vez en cuando, es vencida por la disciplina inquebrantable del que sabe que se va a levantar y se va a situar sobre la esterilla para ver qué ocurre ese día.  El miedo se vence enfrentándose día tras día a posturas que causan vértigo, claustrofobia o puro pánico; el catálogo es amplio: marichyasana D, bhuja pidasana, sethu bandhasana, kapotasana, karandavasana, drop backs, sirsasana...  La impaciencia, la prisa, la ira, la frustración se derrotan, sí, afrontando de cara esa postura que te desafía, que llevas meses, años, sin poder resolver y a la que hace mucho tiempo diste por imposible.  En mi caso en estos últimos años, karandavasana.  La mera certeza de que jamás lograría levantarme había diluido toda ambición; la postura a medias con el correspondiente derrumbe final había formado parte de mi práctica con tal naturalidad que la fogosa ira se había transmutado en una reposada aceptación.  Y claro, como no estaba escrito en ningún sitio que tres años y cuatro meses después lograría levantarme, no hubo lugar a la prisa ni a la impaciencia...

La tarea del profesor, lo he dicho antes, consiste en saber guiar al practicante a lo largo de este camino de maduración y catarsis que, huelga decirlo, requiere su tiempo.  Porque su tarea, desde luego, no es la de contentar al practicante, proporcionarle un flujo continuo de nuevas posturas sin que haya tenido tiempo de asimilar lo anterior ni, al fin ni al cabo, alimentar sus deseos, su impaciencia, sus prisas, su ambición, precisamente aquello que se pretende purificar.  Además, la codicia del ser humano es infinita.  Quizás se pueda mantener durante algunos meses a esa clase de alumno impaciente a base de proporcionarle más y más asanas.  Le puedes enseñar de mala manera toda la primera y la segunda serie, dejando que trampee y se arrastre donde sea menester, pero tarde o temprano se irá a otro sitio buscando más: en el mismo Mysore hay un señor que enseñó la tercera serie completa en un par de semanas a un amigo nuestro que acababa de comenzar la serie intermedia algunos meses atrás.  El desenlace más que probable a esta clase de actitudes es la lesión y, finalmente, el abandono total de la práctica con alguna frase lapidaria por el estilo de: "Esto no es para mí" o "El yoga lesiona".

"Ashtanga Yoga está hecho para todo el mundo, pero no todo el mundo está hecho para Ashtanga Yoga" es otro de los topicazos que se escuchan, y es bien cierto.  Ashtanga Yoga es una práctica que funciona pero que es difícil y que requiere un elevado nivel de compromiso.  Muchas personas la prueban y la aborrecen, y otras muchas no necesitan siquiera probarla para aborrecerla: siempre el mismo orden de asanas, pocas clases guiadas, tan sólo el sonido de la respiración...  Pero Ashtanga Yoga es así, no pretende ser un variado compendio de asanas divertidas con las que entretener a la gente durante hora y media al ritmo de música pop; es un método sistemático desarrollado durante siglos para el desarrollo interior del individuo apoyado en los yamas, en los niyamas y en unas secuencias cerradas de asanas guiadas por la respiración.  Así es como lo enseñaron Krishnamacharya y Pattabhi Jois y así es como lo transmite Sharath Jois y como lo transmitimos las escuelas tradicionales de Ashtanga Yoga.  En Ashtanga Yoga Bilbao quizás atraeríamos a más gente ofreciéndoles productos, estilos de yoga adaptados al gusto occidental, pero preferimos la autenticidad y optamos por enseñar aquello en lo que creemos, que nosotros mismos hemos experimentado durante más de una década y seguimos experimentando a día de hoy.

En resumen, las prácticas de Ashtanga Yoga que perduran a largo plazo son prácticas pacientes y respetuosas.  El problema es pensar que en seguida vas a poder hacer lo que ves en la foto; no conoces la historia y los parámetros de partida de esa persona y seguramente pases por alto los años de dedicación que hay detrás; tú deseas la foto si no ya, para el próximo verano.  Y enfocar la práctica de yoga con un plan, con una agenda de plazos, es garantía de frustración.  Mejor céntrate en la búsqueda de la felicidad, de la satisfacción más allá de las asanas y deja que la flor se vaya abriendo a su ritmo; si la fuerzas, sus pétalos se romperán...  

viernes, 28 de julio de 2017

Cierre de temporada en Ashtanga Yoga Bilbao y despedida de Sharath Jois.

Clase guiada en Ashtanga Yoga Bilbao.

¡Ashtanga Yoga Bilbao concluye hoy su segunda temporada!  Once meses de clases en los que hemos ofrecido seis días a la semana de clases de Ashtanga Yoga por la mañana y por la tarde: cuatro días de estilo Mysore y dos de clases guiadas, en los que hemos dado a conocer este sistema de yoga de raíces milenarias a cientos de personas, muchas de las cuales se han convertido en grandes amigos y, en definitiva, en los que por segundo año consecutivo hemos cumplido con nuestro dharma ofreciendo a Bilbao un espacio para la práctica de Ashtanga Yoga en su forma tradicional, tal y como se enseña en Mysore, India, y tal y como se enseña en cientos de escuelas de Ashtanga Yoga que hay en los cinco continentes.

Esto es algo que no me canso de repetir a nuestros nuevos alumnos y que tiene mucho de mágico: todo lo que se aprende en Ashtanga Yoga Bilbao, además de llevarlo con vosotros allá donde tengáis sitio para desplegar una esterilla, podéis compartirlo también en cualquier escuela de Ashtanga Yoga del mundo.  La comunidad de practicantes de Ashtanga Yoga es abundante, y nos encanta cada vez que alguno de nuestros alumnos viaja a otra ciudad y a su regreso nos cuenta que ha encontrado un sitio para practicar Ashtanga Yoga, o cada vez que alguna persona de fuera visita Bilbao y nos escoge para mantener su práctica de Ashtanga Yoga.

La responsabilidad ha sido grande, pero la satisfacción también.  Aunque parezca mentira, no nos han pesado los madrugones que nos hemos metido entre pecho y espalda un mes sí y otro también, en invierno y verano, con frío, calor o lluvia, para practicar antes del amanecer y tenerlo todo listo al comenzar las clases del día a las 07:00 de la mañana.  Más de seis horas de clases al día de lunes a jueves, tres clases guiadas el fin de semana; más de treinta horas a la semana.  Pero no hay nada como tener ilusión por lo que haces y tener la oportunidad de transmitir el amor que Nines y yo compartimos por esta práctica.

Clase estilo Mysore en Ashtanga Yoga Bilbao.

De hecho, las mayores dificultades que Ashtanga Yoga Bilbao ha atravesado esta temporada no han estado relacionadas con sus profesores, sus clases ni con sus alumnos.  Curiosamente, los principales problemas han sido burocráticos.  Aunque parezca mentira, después de casi dos años desde su apertura, los trámites con el Ayuntamiento para la licencia de actividad aún no han concluido del todo.  Durante los últimos meses llegamos a recibir incluso un sorprendente revés que finalmente ha sido solucionado de manera satisfactoria.  A este tema se añadió un segundo rumor que comprometía a medio plazo la propiedad del edificio dejando en el aire nuestro contrato de alquiler pero, al final, los nubarrones se despejaron y la permanencia de Ashtanga Yoga Bilbao en su actual emplazamiento ha quedado garantizada durante muchos años.

A partir de hoy y durante un mes Ashtanga Yoga Bilbao cerrará por vacaciones.  Recargaremos las pilas durante algunas semanas y el 29 de agosto regresaremos con todos los horarios e incluso quizás alguna que otra ampliación.  Salvando las distancias, hace un par de meses Sharath Jois se despidió también cuando puso fin a su habitual gira por los Estados Unidos.  Cientos de personas acudieron a las clases de Ashtanga Yoga que impartió durante el mes de mayo en las ciudades de Stanford, Los Ángeles y Nueva York.  En esta última, a la conclusión de la semana de clases, Sharath Jois dio una charla con la que puso el punto y final a su tour.

Y precisamente van a ser estas palabras de despedida que Sharath Jois pronunció en New York las que cerrarán la temporada en Ashtanga Yoga Bilbao, traducidas para nuestros lectores.  Aquí está el texto original.  El artículo está ilustrado con fotografías obtenidas durante el tour de Sharath en Estados Unidos.  ¡Nos vemos el 29 de agosto!

Cartel promocional del tour estadounidense de Sharath Jois este año.

Cuando la pizza se introdujo en la India, algunas empresas que intentaban promocionarse para hacer negocio crearon una nueva pizza llamada "Pizza Gobi Manchurian" basada en un plato chino que lleva colifor muy popular en la India, el "Gobi Manchurian".  Nos interesó mucho, así que pedimos que nos mandasen una a casa.  Se trataba de una pizza normal y corriente con pedazos de "Gobi Manchurian" encima.  Mucha gente lo compraba.  Era nuevo, diferente y sabroso, pero no era saludable.  De la misma manera, así es cómo se ha vuelto el yoga hoy: sabroso y atractivo, pero poco saludable.

Hoy hay muchos estilos de yoga.  La gente pone su apellido delante de la palabra yoga e inventa un nuevo estilo.  Esperan obtener muchos seguidores.  Crean montones de vídeos, pero al final es como la comida rápida.  Sabe bien, tiene buen aspecto, pero no es saludable.  La gente ve yoga en estos estilos, los prueban y piensan que están haciendo yoga.  Pero se equivocan.

Ashtanga Yoga no es un estilo de yoga.  Es un método para explorar algo mucho más sutil que los pinos -handstands-.  Mucha gente observa esos pinos y esas posturas con los pies detrás de la cabeza y piensan que el Ashtanga Yoga va de eso.  Pero Ashtanga Yoga es un método para experimentar qué es el yoga, para entender quiénes somos, cómo ser más responsables, cómo vivir en este mundo como mejores personas.  Ashtanga Yoga es un método.


Upavistha konasana.

Ya he hablado de esto en innumerables ocasiones, pero los estudiantes necesitan que se les recuerden una y otra vez los fundamentos de Ashtanga Yoga: los yamas y los niyamas.  Son los ingredientes clave para establecer y practicar yoga.  Es como cocinar un plato a partir de una receta: necesitas estos ingredientes o si no no funcionará, no estarás haciendo yoga.

El método de Ashtanga Yoga tiene ocho ramas.  Las primeras cuatro son los pilares externos: yama, niyama, asana y pranayama.  Yama tiene subramas, que son ahimsa, satya, asteya, bramacharya y aparigraha.  Las subramas de niyama son saucha, santosha, tapas, svadhyaya e Ishvara pranidhana.  Todos ellos son ingredientes muy importantes, esenciales para nuestro viaje espiritual.  Si deseas profundizar en tu práctica, estos ingredientes son indispensables.  Sin estos ingredientes nunca entenderás el yoga.  Vivirás toda tu vida confundido y pensando que el yoga es eso que la gente flexible hace en fotografías y vídeos como ponerse el pie detrás de la cabeza y los pinos.  Es atractivo, queda bien en una foto, pero no es yoga.

Las cuatro ramas restantes -pratyahara, dharana, dhyana y samadhi- son prácticas internas.  Una vez que las cuatro primeras ramas se han establecido, las otras cuatro sucederán automáticamente.  No tienes que intentarlas, simplemente ocurrirán.  Por supuesto son niveles de yoga superiores, más sutiles.  Para alcanzarlos, tienes que deshacerte de muchos patrones, apegos, propensiones... muchas cosas.


Urdhva padmasana.

Esto será una práctica para toda la vida y la verdadera transformación tendrá lugar una vez uno se haya educado en todas las ramas.  Sin entender el yoga a través de una educación adecuada resulta imposible entender qué es el yoga.  Sin embargo, en este contexto educación quiere decir práctica, poner la teoría en práctica, no necesariamente una educación formal.

Mi abuelo, Sri Krishna Pattabhi Jois, siempre solía decir "99% práctica, 1% teoría", pero a menudo la gente no lo entendía bien y se dedicaban a practicar asanas desde la mañana hasta la tarde.  Lo que él quería decir con esto era que había que practicar la teoría, los yamas y los niyamas, todo el rato.  Para hacer esto, no te sientas por ahí y lees sobre ello en libros, tienes que vivirlo.  ¿Puedes esperar calmar tu mente simplemente recitando citta vritti nirodha (el segundo sutra de los Yoga Sutras de Patanjali)?  Limitarse a leerlo, aunque sea mil veces, no hará que suceda, y probablemente ocasionará justo lo contrario.  La teoría de yoga debe ser puesta en práctica todo el tiempo.  Sólo cuando aplicas todo en tu vida diaria citta vritti nirodha ocurrirá.

Para nosotros, no obstante, lo importante es permanecer en calma cada día, disfrutar de una vida en paz todos los días.  En esto es en lo que nos estamos esforzando.  Alguien puede hacerse muy famoso un día y al día siguiente caer del pedestal.  Las asanas vendrán y se irán, el dinero se ganará y se perderá, la fama subirá y bajará.  Lo que tenemos que hacer es mantenernos en calma, firmes y estables.  Esto es lo que el asana nos da.

¿Cuántos de vosotros podéis sentaros en un sitio durante largos periodos de tiempo manteniendo el control de vuestra mente?  Para mantener los vrittis, o las fluctuaciones de la mente, bajo control, debéis haber encontrado la estabilidad en una práctica.  Éste es el método para lograr la ecuanimidad.  Samatvam yoga uchyate.  Samatvam es calma, equilibrio, ecuanimidad.  Esto es lo que es el yoga.  Es una práctica durante toda la vida con ingredientes clave para la totalidad de tu vida.  Los fundamentos adecuados ayudarán que la estabilidad crezca y, en consecuencia, que el yoga suceda.  Me puede ocurrir a mí, te puede ocurrir a ti.  No somos diferentes.  Tan sólo requiere un enfoque firme, positivo.  El yoga le puede ocurrir a cualquiera que implique los ingredientes correctos.

domingo, 9 de julio de 2017

Homenaje a Sharath Jois en el Guru Purnima.

Hoy es el día de luna llena del mes de julio y en la India se celebra la tradicional fiesta del Guru Purnima, en la que los estudiantes rinden homenaje a sus maestros.  Con motivo de esta festividad hace dos años publicamos en este blog una biografía de Sri Krishna Pattabhi Jois, difusor del sistema de Ashtanga Yoga que precisamente habría cumplido años tal día como hoy, luna llena de julio, y este año hemos decidido hacer lo propio con Sharath Jois, nieto de Pattabhi Jois y actual director del Instituto de Ashtanga Yoga en Mysore.  Paramagurú de Ashtanga Yoga, maestro de Borja Romero-Valdespino de Ashtanga Yoga Madrid, maestro de Nines Blázquez y Fernando Gorostiza de Ashtanga Yoga Bilbao, y referencia e inspiración de miles de practicantes de Ashtanga Yoga en todo el mundo, ha llegado la hora de dedicarle este pequeño homenaje:

Sharath Jois y Nines Blázquez el pasado mes de enero. 

Sharath Jois nació el 29 de septiembre de 1971 en Mysore, India, en el seno de una familia dedicada a la práctica, preservación y enseñanza del método de Ashtanga Yoga.  Su madre, Saraswathi Rangaswamy, era la hija de Krishna Pattabhi Jois, a su vez discípulo del legendario Tirumalai Krishnamacharya con quien estudió entre 1927 y 1954, y tanto su madre como su abuelo y tío eran practicantes y profesores, por lo que Sharath literalmente estuvo expuesto al yoga desde la misma cuna.

Durante su niñez Sharath padeció numerosas enfermedades.  A los cuatro años de edad contrajo una fiebre glandular que requirió de un tratamiento de un año de duración y cuando tenía siete se rompió una pierna y estuvo postrado en la cama durante largo tiempo, lo cual desembocó en una fiebre reumática.  A los catorce años se centró en su formación académica y obtuvo una diplomatura en electrónica. 

A los siete años aprendió sus primeras asanas.  Su abuelo solía decir que los niños pequeños podían jugar con posturas de las serie primera e intermedia, puesto que muchas de ellas son fáciles para ellos.  Al crecer en una casa llena de practicantes y profesores de yoga, estaba destinado a hacer lo mismo.

Sharath, Pattabhi y Saraswathi Jois.

A los diecinueve años de edad, en 1990, su madre le dijo que tenía que empezar a ayudar a su abuelo en la shala de yoga, puesto que había muchos estudiantes y su abuelo tenía ya una edad considerable.  Desde ese momento, Sharath se convirtió en el asistente de Pattabhi Jois a tiempo completo.  Se levantaba a las 03:30 de la mañana, recorría a pie la ciudad de Mysore hasta la escuela de su abuelo en Lakshmipuram.  Una vez allí, practicaba y a continuación ayudaba a su gurú.  Fue durante estos años que la devoción de Sharath por la práctica se asentó y comenzó a intuir su poder transformador.

Sharath estudió los aspectos prácticos y teóricos del yoga al lado de su abuelo durante mucho tiempo antes de sentirse preparado para guiar a otros e invirtió muchas horas observando a su padre enseñar, trabajar con estudiantes con diferentes cuerpos y desarrollando su propia capacidad para tratar las peculiaridades de cada persona.  Su propio estudio personal desempeñó un papel fundamental en su desarrollo como profesor.  Ningún otro estudiante permaneció durante tanto tiempo y tan cerca de Pattabhi Jois, lo que entre otras cosas lo convirtió en la única persona que ha completado las seis series completas del sistema de Ashtanga Yoga.  En la actualidad mantiene su práctica diaria a costa de grandes sacrificios personales; durante la temporada de enseñanza en Mysore de octubre a marzo se levanta a medianoche para realizar su propia práctica antes de impartir las clases a cientos de alumnos procedentes de todos los rincones del mundo a partir de las 04:00 de la mañana.  A veces él mismo bromea en público acerca de este ritmo de vida extremo: "Soy como Drácula."

Fernando Gorostiza y Sharath Jois.

En los años 90 Sharath empezó a viajar internacionalmente con su abuelo para enseñar Ashtanga Yoga.  Sentían que era su obligación viajar y enseñar un sistema de yoga auténtico en Occidente, donde el yoga se estaba haciendo cada vez más popular y se estaba enseñando de formas no tradicionales.  En su empeño por mantener la integridad y tradición de la práctica, Sharath hoy día continúa viajando y enseñando por todo el mundo.

En el año 2007, cuando la salud de Pattabhi Jois se resintió y ya no estuvo en condiciones de seguir con las clases, Sharath se convirtió en el director de la escuela de su abuelo.  Pattabhi Jois había dedicado de forma ininterrumpida más de 70 años de su vida a la práctica y enseñanza de Ashtanga Yoga.  Fundó el Instituto de Investigación de Ashtanga Yoga, su primera escuela de yoga, en su casa en el barrio de Lakshmipuram en 1948.  En el año 2002, para adaptarse al creciente número de estudiantes que acudían a él, abrió una nueva escuela en el barrio de Gokulam.  Tras la muerte de Pattabhi Jois en mayo del 2009 Sharath estableció el Instituto de Ashtanga Yoga Krishna Pattabhi Jois (Krishna Pattabhi Jois Ashtanga Yoga Institute - KPJAYI) en honor a su abuelo.

Sharath y Shruthi Jois.

Con el paso de los años, Sharath ha madurado en su papel como director del KPJAYI y como la máxima autoridad de la práctica de Ashtanga Yoga.  A Pattabhi Jois sus estudiantes le llamaban Guruji, que quiere decir "querido maestro".  A Sharath Jois, aunque a día de hoy muchos también lo llamen Guruji, se le conoce como The Boss o "El Jefe".  Casado con su mujer Shruthi, quien suele ayudarle durante las clases de la tarde, tiene una hija de quince años, Shraddha, y un hijo de diez, Shambav.

La presencia y estilo de enseñanza de Sharath en la shala puede describirse como una mezcla de severidad y compasión.  Los que hemos tenido ocasión de conocerlo damos fe de ello: Sharath es sensible y cariñoso con las personas que atraviesan dificultades; padecen lesiones o tienen que compaginar la práctica con los hijos.  Pero al mismo tiempo Sharath muestra una faceta estricta e impone duros criterios a aquellas personas que considera pueden dar más de sí.  Hace gala de un excelente sentido del humor; sus bromas y comentarios jocosos son todo un clásico, aunque tampoco tolera actitudes rebeldes o faltas de disciplina.  Más te vale no "robar" posturas que él no te ha dicho que hagas o tener una buena excusa si llegas tarde, porque la reprimenda puede ser monumental.

Sharath y su hijo Shambav.

La inevitable notoriedad que le ha acarreado su posición y la popularización que el Ashtanga Yoga ha tenido en las últimas décadas es uno de los grandes retos con que le ha tocado lidiar a Sharath.  Durante los meses de la temporada en Mysore, con trescientos-cuatrocientos estudiantes cada mes y jornadas maratonianas desde poco después de la medianoche hasta el mediodía, Sharath apenas dispone de tiempo para sí y para su familia, lo que le ha obligado a "blindarse" estableciendo filtros a las personas que desean acceder a él fuera de las horas de clase.  De otro modo tendría que dedicar todo su tiempo libre a atender las peticiones, agradecimientos, ruegos y preguntas de decenas de personas.

Desde luego son tiempos distintos, alejados del anonimato de que Pattabhi Jois "disfrutó" durante décadas antes de que se produjera el boom de Ashtanga Yoga en Occidente.  Aún así, y en su esfuerzo por mantener el espíritu de la enseñanza de su abuelo, Sharath Jois imparte conferencias todos los sábados después de las clases guiadas para discutir aspectos importantes de la práctica, hablar de teoría y responder a cualquier pregunta que se le plantee.  Sharath insiste en que para obtener todos los beneficios de la práctica uno debería practicar teniendo en cuenta las cuatro "D"s: devoción, dedicación, determinación y disciplina, consejo que sin duda ha sabido aplicarse a sí mismo en estos tumultuosos tiempos.

Sharath durante el último tour por Estados Unidos, una imagen que se repetirá este verano en Europa.

Por último, me gustaría hacer un último apunte de actualidad: parece que este año, de forma inédita, Sharath no iniciará su temporada de octubre a marzo en Mysore.  Hay muchos rumores al respecto: se ha hablado de que tiene intención de abrir una nueva escuela en otra localización, que existen roces personales y profesionales entre él y su madre, que su hija Shraddha le está causando importantes quebraderos de cabeza relacionados con los estudios y su adolescencia e incluso que él mismo está padeciendo de la salud y ha decidido tomarse un año sabático para afrontar los problemas con calma.  Lo único cierto es que la página web del KPJAYI en la que en circunstancias normales ya se habría anunciado el inicio de la temporada en octubre está caída desde hace semanas, que su madre Saraswathi ha abierto una página web paralela y que por lo visto ella es la que impartirá clases en la main shala durante toda la temporada, pero también que Sharath en el mes de mayo ha llevado a cabo una gira por varias ciudades de Estados Unidos, que su habitual tour europeo está programado para el mes de agosto y que está confirmado que en noviembre enseñará en China, por lo que aunque no hubiera temporada en Mysore tampoco sería del todo exacto aquello de que este año no va a enseñar.

Sólo el futuro dirá cuál será el siguiente párrafo en la biografía de nuestro maestro Sharath Jois.  Nosotros, desde Ashtanga Yoga Bilbao, esperamos poder escribirlo y cómo no, y mejor aún, vivirlo. ¡Muchas gracias y felicidades!