martes, 1 de mayo de 2018

Aditya Hrdayam - El Corazón del Dios-Sol.

El Dios-Sol, Aditya, surca el cielo en su carro.

Si te has apuntado al primer turno del taller de junio con Peter Sanson en Ashtanga Yoga Bilbao estás de suerte porque, aunque no lo sepas, uno de los momentos más especiales de los workshops con Peter tiene lugar nada más comenzar el día.

Precisamente durante los nueve años que entre el 2007 y el 2015 coincidimos en Madrid con Peter nosotros nos apuntábamos siempre al primer turno; tras el taller teníamos que acudir al trabajo y el tiempo apremiaba, así que lo apurábamos al máximo.  Las puertas de Ashtanga Yoga Madrid se abrían a eso de las 06:30 de la mañana y nosotros siempre estábamos entre los primeros.  Peter Sanson llegaba algo más tarde, hacia las 06:45, y se sentaba a un lado.

Entonces, Peter comenzaba a recitar en sánscrito.  Con su voz profunda y grave, con una peculiar entonación, mientras los primeros rayos del sol despuntaban y los más madrugadores nos desperezábamos al ritmo de los saludos al sol, Peter soltaba de memoria verso tras verso, sloka tras sloka, de lo que durante varios años, para mí, fue simplemente el "misterioso mantra" de Peter Sanson.

En cierta ocasión, en un arranque de curiosidad, le pregunté a Borja a través de Whatsapp a ver si sabía qué era eso que recitaba Peter.  Me respondió con un escueto "Aditya Hrdayam" y me di por satisfecho.  Me podía haber respondido mismamente que "Paquito Chocolatero", porqué tampoco lo investigué más allá.  El canto de Peter, que se prolongaba a lo largo de unos diez minutos, se convirtió en un clásico de sus talleres; lo escuchamos cada uno de los cinco días durante nueve años: cuarenta y cinco veces en total; más que suficiente para que se nos quedase grabado a fuego.  Cada día, nada más terminar el Aditya Hrdayam, Peter nos invitaba a ponernos de pie y juntos recitábamos el mantra de Ashtanga Yoga.  La clase, ahora sí, había comenzado.

Librito Surya Namaskara de Sri Krishna Pattabhi Jois.

Corría el año 2013 en Mysore.  Un buen día por la tarde, fuera de las horas de clase, me dirigí a la tienda del KPJAYI.  Había llegado a India pocos días antes y, como un hincha de fútbol que visita el estadio de su club favorito, quería comprobar qué merchandising había disponible: camisetas, fotografías, pósteres, etcétera.  A un lado descubrí un ejemplar de un pequeño librito, con el tamaño del manual de instrucciones de una lavadora.  El título era Suryanamaskara de Sri K. Patabhi Jois.  No sabía que Guruji hubiera publicado nada aparte del Yoga Mala y le pregunté a Anupama.  Me dijo que, en efecto, era de Pattabhi Jois.  Lo ojeé y tampoco era para tirar cohetes: el grueso de las sesenta páginas DIN-A6 era un extracto literal de lo que Pattabhi Jois explicaba en el Yoga Mala acerca de los saludos al sol.  Sin embargo, incluía una pequeña introducción escrita por el propio Pattabhi Jois en 2004 y una entrevista al final.  Me pareció suficientemente interesante y barato y me lo llevé.

Al observar su contenido con mayor detenimiento, descubrí que en las últimas páginas del librito se transcribía, en sánscrito y traducido al inglés, precisamente el Aditya Hrdayam.  Toda la publicación en sí, introducción y entrevista incluidas, constituía de hecho una explicación de la importancia del sol como representación de la deidad y del significado devocional de saludarlo mediante la práctica de Surya Namaskara y la recitación de mantras, en especial el Aditya Hrdayam, transcrito en su totalidad al final.

En la entrevista, Guruji explica y confiere sentido a lo que Peter Sanson hace al comienzo de sus clases.  Dado que vamos a recibirlo por primera vez en Bilbao y muchas personas se verán sorprendidas por ese misterioso canto tal que nosotros lo fuimos en su día, me parece que viene muy a propósito que, una vez más, me tome la molestia de traducir un texto, en esta ocasión las últimas páginas del libro Suryanamaskara en el que está contenida la entrevista a Pattabhi Jois y el propio poema Aditya Hrdayam.  

No volvería a ver ese librito nunca más en viajes sucesivos.  Me imagino que a pesar de su pequeño tamaño aún será posible encontrarlo hoy día en alguna parte, pero me gustaría que esta entrada del blog sirva para poner este interesante conocimiento que llegó a mí de forma casual al alcance de todo el mundo, en especial las personas que asistan al primer taller de Ashtanga Yoga en Bilbao con Peter Sanson y se topen con esos míticos minutos iniciales en los que Peter entona el Aditya Hrdayam.  

Algunas personas de fuera que ya conocían a Peter me pidieron apuntarse al turno de las siete de la mañana para poder escucharle recitar el poema, pero tuve que decirles que no porque el primer turno está reservado para los locales con obligaciones laborales.  Así que las personas que os habéis apuntado al primer turno, ¡ya sabéis lo afortunadas que vais a ser!  Abriremos las puertas desde las 06:30 de la mañana y os animamos a que madruguéis para poder escuchar el Aditya Hrdayam.  Y si todavía no te has apuntado al taller, te recordamos que todavía quedan alrededor de una docena de plazas, incluida una en el primer turno.  ¡No dejes pasar la oportunidad! 


Sri K. Pattabhi Jois cantando el Aditya Hrdayam y haciendo pujas (oraciones, ofrendas) en su casa en Lakshmipuram.  Mysore, 1997.

Entrevista a Sri Krishna Pattabhi Jois.

Nota: Debido a la dificultad en transcribir los caracteres que representan internacionalmente la fonética sánscrita, se empleará el alfabeto latino a lo largo de todo el texto.

Sunaad Raghuram: ¿Podría por favor hablarnos del significado de Surya Namaskara y de cuál es su importancia en la práctica de yoga?

Sri K. Pattabhi Jois: No hay Ashtanga Yoga sin Surya Namaskara, que es el saludo definitivo al Dios Sol.  En la filosofía hindú, el sol es aceptado como el que otorga la vida, el protector de todas las formas de vida sobre esta tierra -el ministro de la salud, se podría decir- y el iluminador del intelecto.  Cuando udyantam astamyantam adityam abhidyan kurvan brahmanovidvan sakalam bhadram asnute [el sabio, el conocedor, obtiene completa bondad ofreciendo reverencias al sol naciente y poniente] es recitado durante Surya Namaskara, este sloka sánscrito ejerce un efecto directo sobre el sistema nervioso y ayuda a purificar no sólo la sangre, sino también la mente.  Ésta es la razón por la que Surya Namaskara debería ser practicado una vez por la mañana y una vez por la tarde.  Si se hace correctamente, lo que quiere decir, mientras el sloka anterior es mantenido en el fondo de la mente, entonces se obtendrá un estado mental en el que sucederá cualquier cosa que pienses.  Este estado exaltado en el que se ha alcanzado la máxima concentración también conducirá a la fortaleza mental y física. así como a avanzar un buen trecho hacia la consecución de cualquier cosa que te hayas propuesto en la vida.

SR: En el pasado ha hablado del Aruna Prasna como un texto en el que se enseña Surya Namaskara.  ¿Qué es exactamente el Aruna Prasna?

SKPJ: El Aruna Prasna es una oración a Dios para pedirle que te conceda un alto grado de concentración mental, que es la base para todas las aspiraciones terrenales de tipo divino.  En el Krsna Yajur Veda hay un mantra que dice así:

bhadram karnnebhih srnuyama devah
bhadram pasyemaksabhir yajatrah
sthirairangais tustuvagumsas tanubhih
vyasema devahitam yadayuh
svasti na indro vrddhasravah
svasti na pusa vishva vedah
svasti nas tarksyo aristanemih
svasti no brhaspatir dadatu

Esto es el comienzo del Aruna Prasna, un extenso mantra relacionado con el dios sol.  El término aruna denota el momento del día en que el sol se alza en el este, bañando el mundo en reflejos entre naranja y bronce.  La creencia hindú es que el dios sol monta su carro arrastrado por caballos al amanecer y surca el cielo.  En el mantra, las palabras bhadram karnnebhih srnuyama devah imploran al dios sol que imponga sobre el suplicante una mente que le permita escuchar tan sólo cosas buenas; que sólo cosas buenas caigan sobre mis oídos, oh Señor, reza.  El mantra después suplica a Dios -bhadram pasyemaksabhir yajatrah- la oportunidad de ver sólo cosas buenas, no malas.  Tras esto viene sthirairangais tustuvagumsas tanubhih, con la siguiente petición: Oh, Señor, por favor haz que mi cuerpo sea fuerte y firme para que tenga el poder de hablar sólo sobre cosas auspiciosas y divinas, y haz que el valor de mis palabras sea inquebrantable.  A continuación sigue vyasema devahitam yadayuh, que significa: Oh, Señor, concédeme una vida larga para que pueda exaltar tus virtudes siempre.  De niño no tenía madurez para pensar en Dios; en mi juventud estaba preocupado en cuestiones famliares; mientras duermo estoy totalmente fuera de este mundo, así que durante todo lo que me reste de vida, por favor concédeme todas las oportunidades posibles de pensar en ti y cantar tus alabanzas.  El mantra entonces continúa pidiendo a Dios longevidad, un cuerpo libre de enfermedades, tranquilidad mental, poderes de concentración, la habilidad de tener pensamientos profundos y ser inquebrantable en todo momento y la capacidad de mantener un equlibrio perfecto entre cuerpo y mente.  


Sri Krishna Pattabhi Jois, orando.

El aruna prasna se compone de 133 anuvakas con diez frases cada uno.  Cada una de estas frases puede sincronizarse con un vinyasa, con el resultado de que un sólo anuvaka equivale a un Surya Namaskara.  Pero mientras practicas Surya Namaskara, no tienes que recitar verbalmente estos mantras, dado que esto podría alterar el ritmo de tu respiración.   En vez de esto. sólo es necesario que recuerdes el mantra en la parte de atrás de tu mente.  Así la práctica es más una dhyana (meditación) que una recitación.  Estos son los mantras asociados con Surya Namaskara A.  En cuanto a Surya Namaskara B, hay otros mantas procedentes del Rig Veda que lo acompañan, pero no sé mucho sobre ellos.  Un mantra, en cambio, es hrdrogam mama suryah harimanam ca nasaya, que significa que cualquiera que padezca del corazón eliminará su problema si hace Surya Namaskara.  La palabra ari significa enemigos y es una referencia a los arisadvargas, que son los seis enemigos que residen dentro de todos nosotros.  No se trata de enemigos externos.  De hecho, los enemigos externos nacen de los arisadvargas, de los enemigos internos, de modo que lo que tenemos en el interior, lo que nuestro corazón dice, es lo que nos vemos obligados a observar fuera.  ¿Cómo se convierte en enemigo un enemigo?  Un enemigo interior aparece como un enemigo externo.  Estos son los enemigos - kama [deseo], krodha [ira], lobha [codicia], moha [ignorancia], mada [orgullo], matsarya [envidia] - que los mantras pretenden destruir.  Si se consiguen destruir los seis enemigos, entonces desaparecerán los problemas coronarios [hrdaya-roga].  Hay otro mantra que dice:

yad yad pasyati caksurbhyam tadatmetu bhavayet
yad yad srnoti karnabhyam tadatmeti bhavayet

Esto quiere decir que uno de los cimientos más importantes de Ashtanga Yoga es la habilidad de ver la voluntad de Dios como divinidad alrededor de nosotros, tanto en las formas animadas como inanimadas.  Todo lo que ves, dice, es verdaderamente tu propio Ser interior; todo lo que escuchas también es tu propio Ser interior.

SR: ¿Podría explicarnos cuales son los métodos de recitación samantrika y amantrika?

SKPJ: En la búsqueda de lo divino, como se representa en los varios textos hindúes, hay dos métodos de recitación.  Uno es samantrika y el otro es amantrikaSamantrika significa "con mantras"; amantrika significa "sin mantras".  Samantrika hace referencia a la práctica de rituales acompañados por mantras relacionados.  Estos mantras tienen que ser recitados con la entonación correcta, un tono concreto y el tradicional flujo de palabras y pronunciación - y todas estas fórmulas han de ser seguidas a rajatabla.  De otro modo, se perderá el significado de la recitación y un mantra podría acabar adoptando un significado completamente distinto.  Hay varios ejemplos de esto en la mitología hindú.  En cuanto a amantrika, se relaciona con este apartado en primer lugar la recitación de todos los slokas Purana y después la práctica de Surya Namaskara.  Ahora bien, el significado del mantra Aruna y de los slokas Purana son los mismos, exactamente los mismos, así que aquellos aptos para emplear los mantras, tales como sacerdotes y similares, pueden efectuar samantrika mientras que aquellos que no sea aptos pueden recitar los slokas Purana; ambos son lo mismo en términos de significado.  Por supuesto, no todo el mundo ha sido entrenado formalmente en los varios aspectos de los Vedas.  Pero aquellos que no han recibido entrenamiento formal tienen tanto derecho a invocar a Dios como aquellos que han sido iniciados.  Aquellos que no pueden recitar los distintos mantras de acuerdo con las reglas de los textos pueden emplear el método amantrika.  El método amantrika comprende todos los slokas que no requieren un patrón de entonación establecido, incluido el Aditya Hrdayam, que cae dentro de esta categoría.

SR: ¿Cómo ha sido usado tradicionalmente una oración como el Aditya Hrdayam?

SKPJ: Tradicionalmente, esta clase de oraciones se aprenden de memoria y se recitan.  Después de que se hayan cantado, se supone que hay que practicar Surya Namaskara junto con los vinyasas relacionados con los sistemas de respiración.  Todos los efectos asociados con los mantras están incluidos en la respiración.  Cuando se respira, una inhalación precede a una exhalación.  Podemos pensar en esto como la ejecución de un mantra.  Hay un tipo de poder llamado vayu que reside en la respiración, y éste es el poder que se encuentra también dentro de los mantras.  Si no respiras, no puedes cantar los mantras ni pronunciar los slokas.  Sin respiración, de hecho, ¿cómo puedes decir nada?  Así que un mantra debe surgir desde la propia respiración, que es el motivo por el que la respiración debe mantenerse igual - pranapanau samo krtva nasabhyantaracarinau [Bhagavad Gita, verso 27].  La inhalación y la exhalación tienen que ser iguales.  Si prana y apana se igualan, entonces los mantras surgen correctamente.  Si no, no lo harán.

Momento cumbre del Ramayana: el enfrentamiento entre Rama y Ravana.  El Ramayana es, junto con el Mahabharata, la obra épica más importante del hinduismo.  Cuenta la historia de Rama, séptimo avatar de Vishnu, que se ve obligado a exiliarse durante catorce años del reino Ayodhya del que es heredero legítimo.  Le acontecen toda clase de aventuras y encuentros.  Ravana se erige en su archienemigo al secuestrar a su mujer Sita y pretender esposarla, lo que desencadena una guerra. 

SR: ¿Cuál es la fuente del Aditya Hrdayam?

SKPJ: El Aditya Hrdayam es una famosa oración que se encuentra en el Ramayana.  En el clímax de esta obra épica, una terrible batalla estalla entre Rama y Ravana.  Rama, cuya flecha ha alcanzado su objetivo una y otra vez, ha cercenado la cabeza de Ravana no una vez, sino muchas.  Pero en todas las ocasiones, la cabeza vuelve a aparecer y Ravana no muere.  La razón es que la rectitud de la mujer de Ravana, Mandodari, que es considerada una pativrata, o mujer de gran virtud, protege su vida.  Al límite de su ingenio, Rama comienza a preguntarse qué más puede hacer, cuando Agastya, un sabio de gran conocimiento, acude en su ayuda.  Le dice a Rama que, antes de extraer una flecha de su carcaj y lanzarla contra Ravana, tiene que recitar el todopoderoso Aditya Hrdayam.  Esto disminuirá la fuerza de la protección de Mandodari, afirma el sabio, y hará que Ravana sea vulnerable.  Así que Rama recita el Aditya Hrdayam, tal y como le ha instruido Agastya, y al recitarlo, obtiene un alto nivel de concentración mental.  Como resultado de ello, su flecha acierta y consigue dar muerte a Ravana sobre el campo de batalla.

SR: ¿Cómo puede ser que en la India, donde hay tantos templos dedicados a tantos dioses y diosas, haya tan sólo unos pocos templos dedicados al dios sol?

SKPJ: El sol, como todos sabemos, es el mismo origen de la vida sobre este planeta - el principio y el fin de nuestra existencia.  Sin su calor benevolente y vivificante, no podría existir ninguna forma de vida.  Son los rayos del sol los que nos mantienen vivos, especialmente aquellos que confieren calor al atardecer.  El sol como dios es omnipresente en nuestras vidas; lo vemos físicamente, con nuestros propios ojos, cada día.  Pero los demás dioses son diferentes.  Son invisibles al ojo humano, así que se les consagran templos y sus representaciones pueden ser adoradas.  El sol en cambio es visible, razón por la cual no se le dedican demasiados templos.

SR: ¿De qué manera beneficia vayu a Surya Namaskara, así como a los cantos?

SKPJ: Vayu, el poder sutil de la respiración, es la epítome de Dios.  De hecho, vayu es el mismo Dios.  Así que, cuando una persona respira, Dios está actuando.  Como sabes, sin el poder de la respiración el cuerpo humano morirá.  Los sastras reconocen este hecho vital de la vida y le conceden toda la importancia que merece.  El motivo por el que una respiración adecuada es vital para la práctica de yoga es que permite tranquilizar la mente y que los buenos pensamientos se filtren hacia el interior.  Sin ella, la mente se desorientará y los patrones de respiración se verán seriamente afectados.  Toda la base de una respiración adecuada es asegurar un estado mental perfecto, es decir, una mente que no se encuentre agitada, enfadada e inestable.  El Bhagavad Gita, que todo lo abarca, explica la importancia de una respiración uniforme, tal y como dije antes.  Así que, si inhalas durante diez segundos, por ejemplo, también deberías exhalar durante la misma cantidad de tiempo.  Esto mantendrá el equilibrio del cuerpo.  Antes de terminar, no obstante, me gustaría enfatizar de nuevo que el yoga es para todo el mundo - hombres, mujeres, jóvenes, ancianos, gente sana y enfermos.  Todo se resume en tener inclinación hacia ello.  La pereza o la falta de interés son las únicas cosas que se interponen en el camino de esta práctica.  Nada más.  Esto es una verdad universal.


Este niño canta el Aditya Hrdayam con una entonación muy parecida a como lo hace Peter Sanson.

Aditya Hrdayam.


॥ आदित्यहृदयम् ॥.. ādityahṛdayam ..
El Corazón de Aditya (Dios Sol)
ततो युद्धपरिश्रान्तं समरे चिन्तया स्थितम् ।tato yuddhapariśrāntaṃ samare cintayā sthitam .
रावणं चाग्रतो दृष्ट्वा युद्धाय समुपस्थितम् ॥ १ ॥rāvaṇaṃ cāgrato dṛṣṭvā yuddhāya samupasthitam .. 1 ..
Contemplando a Sri Rama, alzándose de pie con el pensamiento absorto sobre el campo de batalla, agotado por la lucha, y Ravana ante él, debidamente preparado para el enfrentamiento,
दैवतैश्च समागम्य द्रष्टुमभ्यागतो रणम् ।daivataiśca samāgamya draṣṭumabhyāgato raṇam .
उपागम्याब्रवीद्राममगस्त्यो भगवान् ऋषिः ॥ २ ॥upāgamyābravīdrāmamagastyo bhagavān ṛṣiḥ .. 2 ..
El bendito sabio Agastya, que había acudido junto a los dioses a presenciar la batalla, acercándose a Sri Rama, habló así:
राम राम महाबाहो शृणु गुह्यं सनातनम् ।rāma rāma mahābāho śṛṇu guhyaṃ sanātanam .
येन सर्वानरीन् वत्स समरे विजयिष्यसि ॥ ३ ॥yena sarvānarīn vatsa samare vijayiṣyasi .. 3 ..
Rama, oh poderosamente armado Rama, escucha el eterno secreto, que al conocerlo, oh niño, conquistarás a todos tus enemigos sobre el campo de batalla.
आदित्यहृदयं पुण्यं सर्वशत्रुविनाशनम् ।ādityahṛdayaṃ puṇyaṃ sarvaśatruvināśanam .
जयावहं जपेन्नित्यम् अक्षय्यं परमं शिवम् ॥ ४ ॥jayāvahaṃ japennityam akṣayyaṃ paramaṃ śivam .. 4 ..
Se titula el Aditya Hrdayam, el santo, el destructor de todos los enemigos, el que concede la victoria, eterna y supremamente bendito.  Uno debería recitarlo siempre.
सर्वमङ्गलमाङ्गल्यं सर्वपापप्रणाशनम् ।sarvamaṅgalamāṅgalyaṃ sarvapāpapraṇāśanam .
चिन्ताशोकप्रशमनम् आयुर्वर्धनमुत्तमम् ॥ ५ ॥cintāśokapraśamanam āyurvardhanamuttamam .. 5 ..
Es la bendición de todas las bendiciones, el mejor medio para destruir todos los pecados, eliminar la ansiedad y el sufrimiento y favorecer la longevidad.
रश्मिमंतं समुद्यन्तं देवासुरनमस्कृतम् ।raśmimaṃtaṃ samudyantaṃ devāsuranamaskṛtam .
पूजयस्व विवस्वन्तं भास्करं भुवनेश्वरम् ॥ ६ ॥pūjayasva vivasvantaṃ bhāskaraṃ bhuvaneśvaram .. 6 ..
Adora al dios-sol que se eleva, el dominador de los mundos, que está coronado con rayos, que es saludado por ángeles y demonios y que ilumina el mundo.
सर्वदेवात्मको ह्येष तेजस्वी रश्मिभावनः ।sarvadevātmako hyeṣa tejasvī raśmibhāvanaḥ .
एष देवासुरगणाँल्लोकान् पाति गभस्तिभिः ॥ ७ ॥eṣa devāsuragaṇām̐llokān pāti gabhastibhiḥ .. 7 ..
De hecho, él es la encarnación de todos los dioses, luminoso, y crea y sostiene a los dioses y a los demonios así como a sus mundos mediante sus rayos.
एष ब्रह्मा च विष्णुश्च शिवः स्कन्दः प्रजापतिः ।eṣa brahmā ca viṣṇuśca śivaḥ skandaḥ prajāpatiḥ .
महेन्द्रो धनदः कालो यमः सोमो ह्यपां पतिः ॥ ८ ॥mahendro dhanadaḥ kālo yamaḥ somo hyapāṃ patiḥ .. 8 ..
De hecho, él es Brahma (el creador) y también Visnu (el protector del universo), Lord Siva (el destructor), Skanda (hijo de Siva), Prajapati (el señor de la creación), el poderoso Indra (gobernante de los dioses), Kubera (el que concede riquezas), Kala (el espíritu del tiempo), Yama (el controlador), Soma (el dios luna), Varuna (el que gobierna las aguas).
पितरो वसवः साध्या ह्यश्विनौ मरुतो मनुः ।pitaro vasavaḥ sādhyā hyaśvinau maruto manuḥ .
वायुर्वह्निः प्रजाप्राण ऋतुकर्ता प्रभाकरः ॥ ९ ॥vāyurvahniḥ prajāprāṇa ṛtukartā prabhākaraḥ .. 9 ..
De hecho, él es los Pitris (ancestros), los (ocho) Vasus, los (doce) Sadhyas, los (dos) Aswins (médicos de los dioses), Manu (progenitor de la raza humana), Vayu (el dios-viento) y el dios del fuego.  Él es la respiración vital del universo, el origen de las estaciones, el almacén de la luz.
आदित्यः सविता सूर्यः खगः पूषा गभस्तिमान् ।ādityaḥ savitā sūryaḥ khagaḥ pūṣā gabhastimān .
सुवर्णसदृशो भानुर्हिरण्यरेता दिवाकरः ॥ १० ॥suvarṇasadṛśo bhānurhiraṇyaretā divākaraḥ .. 10 ..
Él es el sol de Aditi, el progenitor (de todos), el dios-sol, el que surca los cielos, el que nutre (a todos), el poseedor de rayos, el dorado, el brillante, aquel cuya energía constituye la semilla del universo y el hacedor del día.
हरिदश्वः सहस्रार्चिः सप्तसप्तिर्मरीचिमान् ।haridaśvaḥ sahasrārciḥ saptasaptirmarīcimān .
तिमिरोन्मथनः शम्भुस्त्वष्टा मार्ताण्ड अंशुमान् ॥ ११ ॥timironmathanaḥ śambhustvaṣṭā mārtāṇḍa aṃśumān .. 11 ..
Él tiene siete caballos verdes, está hecho de una infinidad de rayos, lleno de rayos, el destructor de la oscuridad, la fuente de la felicidad, el que mitiga el sufrimiento de sus devotos, el que infunde vida al huevo cósmico sin vida.
हिरण्यगर्भः शिशिरस्तपनो भास्करो रविः ।hiraṇyagarbhaḥ śiśirastapano bhāskaro raviḥ .
अग्निगर्भोऽदितेः पुत्रः शङ्खः शिशिरनाशनः ॥ १२ ॥agnigarbho'diteḥ putraḥ śaṅkhaḥ śiśiranāśanaḥ .. 12 ..
Él es el Hiranyagarbha (el huevo cósmico), el Sisirastapanah (un epíteto del sol), Bhasjara (el que trae la luz), Ravih, el portador del fuego de disolución en su vientre, el hijo de Aditi, lleno de dicha, y el destructor del frío.
व्योमनाथस्तमोभेदी ऋग्यजुःसामपारगः ।vyomanāthastamobhedī ṛgyajuḥsāmapāragaḥ .
घनवृष्टिरपां मित्रो विन्ध्यवीथीप्लवङ्गमः ॥ १३ ॥ghanavṛṣṭirapāṃ mitro vindhyavīthīplavaṅgamaḥ .. 13 ..
Él es el señor de los cielos, el que dispersa la oscuridad, un maestro de los tres Vedas, el que envía lluvias espesas, el amigo del agua.  Él se desplaza con rapidez a lo largo de su propia órbita.
आतपी मण्डली मृत्युः पिङ्गलः सर्वतापनः ।ātapī maṇḍalī mṛtyuḥ piṅgalaḥ sarvatāpanaḥ .
कविर्विश्वो महातेजाः रक्तः सर्वभवोद्भवः ॥ १४ ॥kavirviśvo mahātejāḥ raktaḥ sarvabhavodbhavaḥ .. 14 ..
Él está adornado con un círculo de rayos.  Él es la muerte, leonado y el destructor de todos.  Él es omnisciente, con todas las formas, dotado de extraordinario brillo, cobrizo y el origen de todas las curvas.
नक्षत्रग्रहताराणामधिपो विश्वभावनः ।nakṣatragrahatārāṇāmadhipo viśvabhāvanaḥ .
तेजसामपि तेजस्वी द्वादशात्मन् नमोऽस्तु ते ॥ १५ ॥tejasāmapi tejasvī dvādaśātman namo'stu te .. 15 ..
Él es que controla las mansiones lunares, planetas y estrellas, el creador de todo, el resplandeciente entre lo espléndido.  Oh dios, que apareces en doce formas, ¡gloria a ti!
नमः पूर्वाय गिरये पश्चिमायाद्रये नमः ।namaḥ pūrvāya giraye paścimāyādraye namaḥ .
ज्योतिर्गणानां पतये दिनाधिपतये नमः ॥ १६ ॥jyotirgaṇānāṃ pataye dinādhipataye namaḥ .. 16 ..
Saludos a ti en la forma de las montañas orientales y las montañas occidentales.  Gloria al señor de las hordas de luminarias y señor del día.
जयाय जयभद्राय हर्यश्वाय नमो नमः ।jayāya jayabhadrāya haryaśvāya namo namaḥ .
नमो नमः सहस्रांशो आदित्याय नमो नमः ॥ १७ ॥namo namaḥ sahasrāṃśo ādityāya namo namaḥ .. 17 ..
¡Saludos al que concede la victoria, saludos a la alegría nacida de la victoria!  Saludos al dios que tiene caballos verdes.  ¡Gloria, gloria a ti con miles de rayos! ¡Gloria, gloria a ti, hijo de Aditi!  
नम उग्राय वीराय सारङ्गाय नमो नमः ।nama ugrāya vīrāya sāraṅgāya namo namaḥ .
नमः पद्मप्रबोधाय मार्ताण्डाय नमो नमः ॥ १८ ॥namaḥ padmaprabodhāya mārtāṇḍāya namo namaḥ .. 18 ..
¡Gloria al que calma los sentidos, el valiente!  ¡Gloria a ti como denota la sílaba mística OM!  ¡Gloria al que despierta el lotol  ¡Gloria a ti, terrible!
ब्रह्मेशानाच्युतेशाय सूर्यायादित्यवर्चसे ।brahmeśānācyuteśāya sūryāyādityavarcase .
भास्वते सर्वभक्षाय रौद्राय वपुषे नमः ॥ १९ ॥bhāsvate sarvabhakṣāya raudrāya vapuṣe namaḥ .. 19 ..
¡Gloria al que gobierna sobre Brahma, Lord Shiva y Lord Visnu!  ¡Gloria al dios-sol, la luz espiritual que habita en el orbe solar, el resplandeciente, el devorador de todo, que aparece en la forma de Rudra (quien aparta la ignorancia). 
तमोघ्नाय हिमघ्नाय शत्रुघ्नायामितात्मने ।tamoghnāya himaghnāya śatrughnāyāmitātmane .
कृतघ्नघ्नाय देवाय ज्योतिषां पतये नमः ॥ २० ॥kṛtaghnaghnāya devāya jyotiṣāṃ pataye namaḥ .. 20 ..
¡Saludos al que disipa la oscuridad, el destructor del frío, el exterminador de enemigos, aquel cuya extensión es inconmensurable, el destructor de los desagradecidos, el dios que gobierna las luces!
तप्तचामीकराभाय वह्नये विश्वकर्मणे ।taptacāmīkarābhāya vahnaye viśvakarmaṇe .
नमस्तमोऽभिनिघ्नाय रुचये लोकसाक्षिणे ॥ २१ ॥namastamo'bhinighnāya rucaye lokasākṣiṇe .. 21 ..
¡Gloria a ti, que posees el fulgor del oro puro, el que retira la ignorancia, el arquitecto del universo, el que arranca la oscuridad, esplendor encarnado, el testigo del mundo!
नाशयत्येष वै भूतं तदेव सृजति प्रभुः ।nāśayatyeṣa vai bhūtaṃ tadeva sṛjati prabhuḥ .
पायत्येष तपत्येष वर्षत्येष गभस्तिभिः ॥ २२ ॥pāyatyeṣa tapatyeṣa varṣatyeṣa gabhastibhiḥ .. 22 ..
Sólo el Señor mencionado de hecho destruye, hace existir y mantiene todo lo que ha llegado a ser.  Él irradia calor mediante sus rayos y envía lluvias.
एष सुप्तेषु जागर्ति भूतेषु परिनिष्ठितः ।eṣa supteṣu jāgarti bhūteṣu pariniṣṭhitaḥ .
एष एवाग्निहोत्रं च फलं चैवाग्निहोत्रिणाम् ॥ २३ ॥eṣa evāgnihotraṃ ca phalaṃ caivāgnihotriṇām .. 23 ..
Sentado en todos los seres creados (como su controlador interno), él permanece despierto cuando ellos han caído dormidos.  Él mismo es el acto de derramar ofrendas sobre el fuego sagrado así como el fruto que obtienen aquellos que vierten dichas ofrendas.
वेदाश्च क्रतवश्चैव क्रतूनां फलमेव च ।vedāśca kṛtavaścaiva kṛtūnāṃ phalameva ca .
यानि कृत्यानि लोकेषु सर्व एष रविः प्रभुः ॥ २४ ॥yāni kṛtyāni lokeṣu sarva eṣa raviḥ prabhuḥ .. 24 ..
Él mismo es los Vedas, los sacrificios así como el fruto de los sacrificios.  Sólo él es el controlador supremo de las actividades que se encuentran en todos los seres vivos.
॥ फलश्रुतिः ॥.. phalaśrutiḥ ..
Los frutos por escucharlo (el Aditya Hrdayam)
एनमापत्सु कृच्छ्रेषु कान्तारेषु भयेषु च ।enamāpatsu kṛcchreṣu kāntāreṣu bhayeṣu ca .
कीर्तयन् पुरुषः कश्चिन्नावसीदति राघव ॥ २५ ॥kīrtayan puruṣaḥ kaścinnāvasīdati rāghava .. 25 ..
Ningún individuo que cante las glorias del Señor caerá en grandes dificultades, en los bosques así como en tiempos de peligro, llega a sufrir, ¡oh, descendiente de Raghu!
पूजयस्वैनमेकाग्रो देवदेवं जगत्पतिम् ।pūjayasvainamekāgro devadevaṃ jagatpatim .
एतत् त्रिगुणितं जप्त्वा युद्धेषु विजयिष्यसि ॥ २६ ॥etat triguṇitaṃ japtvā yuddheṣu vijayiṣyasi .. 26 ..
Adora a este Señor del universo, el Dios de todos los dioses, con una mente concentrada.  Tras cantar esta alabanza tres veces, uno resultará victorioso en los combates.
अस्मिन् क्षणे महाबाहो रावणं त्वं वधिष्यसि ।asmin kṣaṇe mahābāho rāvaṇaṃ tvaṃ vadhiṣyasi .
एवमुक्त्वा तदागस्त्यो जगाम च यथागतम् ॥ २७ ॥evamuktvā tadāgastyo jagāma ca yathāgatam .. 27 ..
¡Oh Rama poderosamente armado!  En este preciso momento podrás matar a Ravana.  Tras decir esto, el celebrado Sabio Agastya acto seguido se marchó del mismo modo en que había llegado.
एतच्छ्रुत्वा महातेजा नष्टशोकोऽभवत्तदा ।etacchrutvā mahātejā naṣṭaśoko'bhavattadā .
धारयामास सुप्रीतो राघवः प्रयतात्मवान् ॥ २८ ॥dhārayāmāsa suprīto rāghavaḥ prayatātmavān .. 28 ..
Tras escuchar este consejo, Sri Rama, que se encontraba imbuido de una energía extraordinaria y había sometido su mente, sintió que su pesar se había disipado de inmediato.  Sintiéndose muy complacido, retuvo (este himno) en su memoria.
आदित्यं प्रेक्ष्य जप्त्वा तु परं हर्षमवाप्तवान् ।ādityaṃ prekṣya japtvā tu paraṃ harṣamavāptavān .
त्रिराचम्य शुचिर्भूत्वा धनुरादाय वीर्यवान् ॥ २९ ॥trirācamya śucirbhūtvā dhanurādāya vīryavān .. 29 ..
Tras sorber agua tres veces y purificarse, mirando intensamente al sol y repitiendo esta oración, el valiente experimentó suprema felicidad.  Asiendo su arco
रावणं प्रेक्ष्य हृष्टात्मा युद्धाय समुपागमत् ।rāvaṇaṃ prekṣya hṛṣṭātmā yuddhāya samupāgamat .
सर्वयत्नेन महता वधे तस्य धृतोऽभवत् ॥ ३० ॥sarvayatnena mahatā vadhe tasya dhṛto'bhavat .. 30 ..
y fijando sus ojos sobre Ravana, Sri Rama, sintiendo un gran regocijo en su mente, avanzó resuelto a obtener la victoria.  Se alzó inquebrantable en su decisión de matar a Ravana, con un esfuerzo intenso y global.
अथ रविरवदन्निरीक्ष्य रामंatha raviravadannirīkṣya rāmaṃ
मुदितमनाः परमं प्रहृष्यमाणः ।muditamanāḥ paramaṃ prahṛṣyamāṇaḥ .
निशिचरपतिसंक्षयं विदित्वाniśicarapatisaṃkṣayaṃ viditvā
सुरगणमध्यगतो वचस्त्वरेति ॥ ३१ ॥suragaṇamadhyagato vacastvareti .. 31 ..
Satisfecho al ver a Sri Rama sintiéndose eufórico al sentir a su alcance la destrucción de Ravana, el Dios Sol, de pie entre una multitud de dioses, exclamó: "¡Apresúrate!"
॥ इति आदित्यहृदयम् मन्त्रस्य ॥.. iti ādityahṛdayam mantrasya ..
Y así termina el mantra Aditya Hrdayam.


lunes, 2 de abril de 2018

Diez años con Peter Sanson... ¡y en Bilbao!



Hace casi tres años, cuando Ashtanga Yoga Bilbao aún se encontraba en la fragua, dedicamos en este mismo blog un artículo a Peter Sanson, profesor neozelandés que visitaba Madrid cada mes de mayo y del que, tras nueve años, Nines y yo habíamos de despedirnos.  

La apertura de una escuela de Ashtanga Yoga en Bilbao era una iniciativa apasionante pero que acarreaba grandes responsabilidades y restricciones; entre otras quedaba limitada sine die nuestra libertad de movimientos, incluidos los viajes a Mysore o las "escapadas" a Madrid para volver a disfrutar de esas cinco maravillosas mañanas con Peter Sanson, y lo aceptamos como parte de nuestro dharma.  También, y habida cuenta de que en Bizkaia y prácticamente toda Euskadi no había nadie enseñando Ashtanga Yoga tradicional con quien pudiésemos contar para sustituciones puntuales, sabíamos que al menos durante varios años el peso de la escuela y de todas sus clases tendrían que descansar exclusivamente sobre nuestros hombros.  En consecuencia, Mysore y Sharath quedaron relegados a las vacaciones de Navidad o estivales y los talleres con Peter Sanson... al resignado ostracismo.

Entre tanto, desde la distancia, observábamos cómo el tour europeo de Peter proseguía año tras año llevándolo a Madrid, Barcelona, Cascais, Londres, Copenhague, Oslo y otras ciudades.  Cada una de sus visitas suponían un gran acontecimiento para la comunidad local de Ashtanga Yoga, como si el epicentro energético lo acompañase allá donde fuera.  Nosotros ya lo habíamos experimentado durante casi una década en Madrid, donde los practicantes más comprometidos de la ciudad procedentes de distintas escuelas, personas venidas del resto de España e incluso extranjeros, se desplazaban con el workshop de Peter Sanson como único motivo y practicaban todos bajo el mismo techo generando un precioso sentido de comunidad.  Efectivamente, durante esa semana mágica en Madrid se recreaba lo que, salvando las distancias y a una escala mucho mayor, sucede en Mysore, la meca de Ashtanga Yoga que cada temporada atrae a centenares de practicantes de Ashtanga Yoga de todo el mundo que se reúnen para estudiar con Sharath Jois: culturas, costumbres, naciones, razas y lenguas distintas uncidas por el yugo, unidas por el yoga. 

La mayor habilidad de Peter consiste precisamente en eso: en ser capaz de llevar consigo el espíritu de Mysore cual si un portador de llama olímpica se tratara, y a través de sus manos, de su voz, de su experiencia, transmitir lo que aprendió de primera mano.  Atesora más de treinta años de dedicación exclusiva a este sistema de yoga, veintiuno a los pies del propio Sri K. Pattabhi Jois y muchos de ellos en estrecha relación prolongada a lo largo de seis a nueve meses anuales, lo que le confiere una genuinidad a la que muy pocas personas pueden acercarse.  Y a diferencia de muchos de los antiguos estudiantes que, acostumbrados al trato cercano de los viejos tiempos y tal vez espantados por las aglomeraciones actuales, hace lustros que no han vuelto, a día de hoy Peter continúa viajando a Mysore como un alumno más y mostrando sus respetos a Sharath Jois, a quien vio crecer como hombre, como practicante y como maestro hasta convertirse en el custodio de la tradición legada por su abuelo y por Krishnamacharya.  Tal ha sido la dedicación de Peter Sanson que, certificado por Pattahi Jois para enseñar hasta la cuarta serie avanzada B, recientemente ha sido incluido en una reducida lista de ocho profesores certificados honorarios a los que Sharath Jois ha querido distinguir por su continuada devoción.

Peter Sanson, un jovencísimo Sharath y Guruji.  Fotografía obtenida de la página web de Peter Sanson.

Por todo esto, cualquier cosa que pueda escribir aquí se queda corta a la hora de describir la emoción que nos embargó cuando supimos que Peter Sanson vendría a Ashtanga Yoga Bilbao entre el 21 y el 24 de junio para impartir un workshop de cuatro días.  Nos habíamos puesto en contacto con él en el mes de septiembre; después de haberlo conocido durante tantos años tampoco nos parecía inapropiado tomarnos la libertad de invitarlo a incluir Bilbao en su tour europeo  Nos respondió cariñosamente su esposa Amna agradeciéndonos la invitación y asegurando que Peter lo tendría en cuenta  pero, la verdad, no albergábamos muchas esperanzas, y menos de que su visita se produjera esta misma temporada.  Mayúscula fue nuestra sorpresa cuando a primeros de febrero volvió a ponerse en contacto explorando la posibilidad de organizar un taller en Bilbao, el último de su gira europea.  Nuestra respuesta, claro, fue afirmativa, y al cabo de algunas semanas se concretaron las fechas.  ¡Peter Sanson vendría a Bilbao!

Para un observador externo, o para alguien que lo haga a través de ojos fríos, lógicos, desprovistos de pasión, quizás pueda parecer una tontería, un lujo prescindible eso de gastarse más de cien euros a cambio de estar cuatro días con un profesor por muy avezado que sea.  En cambio, aquellos que conocen a Peter, practican con él año tras año e incluso en algunos casos lo siguen de ciudad en ciudad, no tienen dudas y no dejan pasar la ocasión cada vez que se les presenta; unos pocos días con Peter Sanson sirven para inspirarlos y motivarlos durante meses.  Como ocurre en todo, al final cada persona tendrá su propia experiencia y sacará sus propias conclusiones, pero si te consideras un apasionado de Ashtanga Yoga y no conoces aún a Peter, puedes tener la certeza de que merece la pena apostar por él, aunque sea sólo por paladear el sabor del genuino estilo Mysore de manos de uno de los profesores más sénior del mundo.  Y si tienes suerte, o te toca la fibra sensible, quizás te cambie la práctica y por consiguiente la vida.

Una de las cosas que más me gusta de los antiguos estudiantes de Ashtanga Yoga aparte de, claro está, estudiar con ellos, es escucharlos o leerlos relatar sus vivencias.  Tuvieron el privilegio de vivir una época irrepetible en la que el Ashtanga Yoga se hallaba en pañales y Guruji podía contar a los estudiantes que acudían a sus clases con los dedos de las manos.  Eso les permitió permanecer muy cerca de la fuente de conocimiento original que él encarnaba y entablar una relación muy íntima, algo que a partir de finales de los años noventa se tornaría imposible de replicar.  Hoy día Ashtanga Yoga es un método que conocen y practican cientos de miles de personas en todo el mundo y Pattabhi Jois, fallecido en el 2009, ha quedado elevado a la categoría de mito.  Todos los ashtanguis hablan y escriben sobre él y, lo alaben o lo critiquen, la realidad es que su enseñanza ha influido a millones de practicantes de múltiples estilos de yoga.  Aquellos que lo conocieron personalmente durante la última época, cuando ya se había producido la explosión de Ashtanga Yoga y las multitudes habían desembarcado en Mysore por oleadas, mantuvieron una relación que, aunque sin duda entrañable, fue una caricatura de la que hubo con los primeros estudiantes.  Yo mismo, que tuve la suerte de conocerlo en vida en verano del 2008, apenas si pude intercambiar unas palabras con él el día del registro y tocarle los pies en la que acabaría siendo su última fiesta de cumpleaños.  La difusión global de su método de yoga había hecho de Pattabhi Jois un maestro de masas, el pastor de un gran rebaño que ni siquiera alcanzaba a aprenderse el nombre de sus innúmeras ovejas y al mismo tiempo lo había convertido en un símbolo del que todo el mundo quería saber, una leyenda viviente que la muerte no hizo sino agigantar.    

Borja Romero-Valdespino, Pau y Peter Sanson en Madrid.

Por eso somos muchos los que buscamos a profesores como Peter Sanson: para conocer cómo fue la instrucción original que recibieron aquellos que llamaban a Guruji por teléfono para anunciarle que llegaban a Mysore y se quedaban a comer con su familia o a charlar con él sobre un té chai.  Al fin y al cabo, en las pequeñas escuelas locales tratamos de reproducir la tradicional relación gurú-shishya parampara a la usanza de Mysore y para ello debemos remitirnos a los modelos que hemos tenido a nuestro alcance y a través de los cuales nosotros mismos la hemos experimentado.  En Ashtanga Yoga Bilbao hemos tenido como grandes referentes a Borja Romero-Valdespino, discípulo directo de Pattahi Jois desde 1999 y a Sharath Jois, nieto de Guruji y actual paramagurú de Ashtanga Yoga.  Peter Sanson, estudiante de la familia Jois desde finales de los ochenta, ha sido otro de los profesores cruciales en nuestra trayectoria y las circunstancias de su experiencia personal en Mysore con Guruji explican en gran parte el fondo y la forma de su enseñanza.  Por eso su testimonio, como su magisterio, resulta tan relevante y hoy es ya parte de la Historia de Ashtanga Yoga.  

Tras el fallecimiento de Guruji en mayo del 2009, Guy Donahaye y Eddie Stern, profesores de Ashtanga Yoga norteamericanos, cayeron en la cuenta de que los recuerdos de los estudiantes que habían conocido a Guruji en diferentes épocas constituían un valioso patrimonio intangible y ofrecían la posibilidad de retratar al divulgador de Ashtanga Yoga a través de un caleidoscopio de puntos de vista.  Esta genial idea se plasmó en el extraordinario libro Guruji: A portrait of Sri K Pattabhi Jois through the eyes of his students (Guruji: Un retrato de Sri K. Pattabhi Jois a través de los ojos de sus estudiantes), una recopilación de entrevistas con algunos de los estudiantes de Pattabhi Jois más representativos y ordenadas cronológicamente desde los más antiguos hasta los más nuevos.  Una lectura imprescindible para todo entusiasta de Ashtanga Yoga.

La antepenúltima entrevista del libro tiene lugar precisamente con Peter Sanson quien, con un lenguaje directo y sin adornos, tal y como es él, relata cómo fueron sus veintiún años de estudio al lado de Pattabhi Jois.  El siguiente texto es un extracto traducido al castellano de dicha entrevista.  He omitido las preguntas y reordenado las respuestas de Peter para que adopten la forma de un discurso.  ¡Disfrútalo!

Portada del libro editado por Guy Donahaye y Eddie Stern en el año 2010.  Puedes adquirirlo aquí.

Una mujer australiana se quedó en casa de un amigo cuando estaba en la universidad.  Mi colega me telefoneó y me dijo, "Esta chica que tenemos ahora en casa come brotes de legumbres y mantequilla de cacahuete sobre panes de arroz."  Una semana después fui a casa de mi amigo, y él y yo hicimos una clase con ella en el garaje.  En total hice dos clases con esa mujer, que acababa de regresar de Pune y era estudiante de B. K. S. Iyengar.  Desde entonces, he practicado yoga.

Tenía veintiún años en ese momento.  Cuando vine a Mysore por primera vez tenía veinticuatro.  Practicaba hatha yoga una vez por semana tras las clases de la universidad.  Los miércoles por la noche a las seis.  Iba todas las semanas con un tipo llamado Michael Jones.  El profesor de la universidad me aconsejó ir a una escuela en Sydney, pero terminé en Queensland.  Estaba en una tienda de alimentación orgánica y vi un cartel que hablaba de Nicki Know y James Brian, así que fui a estudiar con ellos.  Nicki y James hacían Iyengar.  Oyeron hablar de ashtanga a través de un artículo que se publicó en la revista Yoga Journal en 1987, escrito por Jane McMullen.

Nicki y James decidieron venir a la India en 1988 -habían escrito a Guruji y obtenido permiso para estudiar con él- y me preguntaron si quería acompañarlos.  Entonces le escribí a Guruji.  Tardé en recibir su respuesta y tenía que sacarme el visado, así que al final fui a Mysore en 1989.

Mi primer viaje a la India fue una pasada.  Aterricé en Chennai y tomé el tren a Mysore.  Todo me resultaba muy chocante.  Me encontré con Guruji en la vieja shala.  Guruji llevaba un dhoti con una cuerda sobre su hombro.  Me pidió la carta y me dijo: "Siéntate."  No dijo nada en un buen rato y me puse muy nervioso, temiendo que me rechazara y no me dejara estudiar con él.  Finalmente me dijo que regresara el día siguiente a las seis de la mañana.

Guruji en la puerta de la vieja shala.

Empecé a las seis de la mañana en la habitación situada en el piso de arriba junto con una mujer india mientras la clase regular tenía lugar escaleras abajo.  Había practicantes bastante avanzados en ese momento y yo no sabía hacer ni un saludo al sol.  Miré por la ventana y los escuché respirar, y me asusté.  Fue una buena idea que Guruji me llevara arriba.  Me quedé durante seis meses.

Fue un tanto angustioso.  La mujer a mi lado también era bastante avanzada; ella era flexible y yo rígido.  De pronto apareció Guruji y me enseñó el saludo al sol, a continuación se iba escaleras abajo y regresaba al de un rato.  Recuerdo que hacía hasta veinticuatro saludos al sol.  Empezó enseñándome el A y al cabo de una semana estaba haciendo doce A y doce B y después me sentaba y hacía la respiración.  Ése era mi programa.  Entonces poco a poco empezó a enseñarme las posturas de pie, los dos padangushtasanas, después los dos trikonasanas.  Así, poco a poco.

Practiqué en esa habitación durante una buena temporada, alrededor de un mes.  En algún momento, la clase de abajo se empezó a vaciar, al llegar los meses de abril y mayo el calor apretaba y sólo quedaron la mitad, alrededor de una docena de estudiantes.  En ese momento me llevó a la habitación de abajo.

La práctica me encantó.  Era un estilo de yoga mucho más activo que lo que había hecho antes y me gustaba la manera en que Guruji enseñaba.  También era mucho más corta, al principio practicaba sólo durante media hora.  Estaba acostumbrado a hacer muchas más asanas en los otros estilos.  Con Guruji estaba haciendo muy pocas posturas y muchas repeticiones y desde el primer momento me encantó.  Simplemente hacía mi práctica y la disfrutaba, disfrutaba estar con Guruji y me sentía muy bien.  

Guruji rodeado por sus estudiantes en su fiesta de cumpleaños en julio de 1993, todavía lejos de las multitudes.  Sentados, abajo del todo, se encuentran Peter Sanson (primero por la izquierda) y Tomás Zorzo (segundo por la derecha).  Peter y Tomás son amigos íntimos desde que coincidieron en Mysore durante tantos años.  De hecho, antes de que empezara a hacer sus talleres en Madrid y Barcelona, Peter iba a Oviedo todos los años invitado por su amigo Tomás.  Fotografía obtenida de la página Ashtanga Yoga Canarias de Ananda Zorzo, hijo de Tomás, que también aparece en la imagen.

Guruji me tocó en lo más profundo; estar con él era como nada que hubiera experimentado antes.  Su enseñanza era muy sutil en la forma que tenía de trabajar contigo en términos de personalidad, emociones, cualquier bloqueo físico o mental, y sabía cómo mover la energía y atravesarte hasta tus capas internas.

Tenía muchas dificultades al principio.  Aunque había practicado bastante yoga, no podía hacer bien muchas asanas.  Guruji era mucho de trabajar con las manos, te agarraba como si fueras un muñeco y te colocaba en la postura.  Tenías que rendirte a sus ajustes, entonces estabas seguro.  Si tratabas de resistirte era cuando estabas en serios problemas.  En numerosas ocasiones pude oír cosas que se rasgaban en el interior de mi cuerpo -como el sonido de sábanas que se rompían- pensaba que era el final para mí.  Pero me relajé y me rendí a él y dejé que me colocara en las diferentes asanas, y estaba seguro.  En todo momento podía sentir adónde debía llevarme.

Al final del mes de mayo, en medio del monzón, todos los estudiantes occidentales se habían marchado y me incorporé a la clase de las cinco de la madrugada.  Me lo estaba pasando como nunca antes en mi vida.  Con los estudiantes indios el ambiente era mucho más distendido que con los occidentales, se saltaban algunas cosas aquí y allá y a menudo interrumpían la práctica y se ponían a charlar entre ellos, en especial cuando Guruji se marchaba de la habitación para ir en busca de café.  No empujaban ni se tensaban, no estaban tan pendientes de quién hacía qué asana; su práctica era más como un amable ritual diario.  Su forma de practicar me gustó de veras y fue algo que se me quedaría grabado.

Guruji era tan estricto con ellos como con nosotros, por lo que puedo recordar no les enseñaba de manera diferente.  Ellos, en cambio, tenían con él un trato mucho más relajado y familiar del que teníamos los occidentales.  Muchos de los indios eran personas mayores con problemas de salud y Guruji les enseñaba con un enfoque terapéutico en la misma clase, simplificando, modificando la práctica y ajustándolos con sus manos.  De acuerdo con su capacidad los ajustaba y trabajaba con ellos lentamente.  Simplemente simplificaba las cosas, pero seguía siendo ashtanga yoga.    

Matsyendrasana.

Una vez vino un occidental llamado Alexander que tenía gota y una grave condición cardíaca que se trataba con pastillas de nitroglicerina.  Sufrió un pequeño infarto en la calle y recuerdo que pensé, gracias a Dios que Graeme Northfield está practicando aquí porque es enfermero y, si Alexander tuviera un infarto en medio de la clase, ¡Graeme sabría qué hacer!

Guruji lo puso a dieta y le tuvo haciendo saludos al sol muy suaves.  Al cabo de un mes dejó de tomar pastillas.  Su dieta quedó restringida a lo que era capaz de sostener en sus dos manos.  Mejoró mucho.  Se quedó estudiando en Mysore durante más de doce o dieciocho meses.

Un pilar fundamental de la shala era Amma, la mujer de Guruji,  Solía estar pendiente de los estudiantes, anotando quién tenía dolor de espalda o de rodilla.  Estaba muy involucrada en la escuela y hasta nos daba algunas pistas y trucos para la práctica.  Como éramos tan pocos, nos conocía a todos y a menudo nos invitaba a tomar una taza de café.  De vez en cuando íbamos a comer a casa de Guruji, lo que era genial.  Amma era una mujer encantadora.  Y es la única persona a la que alguna vez escuché regañar a Guruji. 

Cuando regresé tras uno de mis viajes a Mysore, una mujer llamada Judy Colbert que vivía en Gisborne me pidió que me acercara y le mostrara lo que estaba haciendo.  Lo hice y le mostré algo de lo que había aprendido con Guruji.  Dos o tres personas se interesaron y les enseñé algunos saludos al sol y algunas pequeñas cosas.  Les ayudaba los lunes por la noche, y fue así como comencé a dar clases.  Mantuve esa clase de los lunes por la noche durante diez años.

Natarajasana.

Guruji no me dio ninguna pista sobre cómo enseñar, de hecho me aterraba siquiera mencionarle que estaba impartiendo esa clase.  No hablé con él sobre ello, pero sí que le pregunté en una ocasión acerca de enseñar yoga, y entonces me dijo que tenía que terminar la cuarta serie y estudiar sánscrito.  Así que agaché la cabeza y me centré en mi práctica.

Guruji y sus enseñanzas me cambiaron la vida.  Me había graduado en la universidad en Nueva Zelanda y estaba bien situado para comenzar una carrera profesional en valores de propiedad.  Pero cuando empecé a practicar con Guruji todo mi interés se trasladó al yoga.  Me quedaría en Mysore hasta que se me acabara el dinero, después regresaría a Nueva Zelanda y trabajaría en la granja de mi familia, poniendo vallas, podando árboles y haciendo labores generales.

Cuando la gente empieza a practicar siento que la forma de su cuerpo cambia radicalmente, a menudo incluso sus caras adoptan una apariencia distinta.  Me imagino que es un reflejo de los cambios que están teniendo lugar a un nivel más profundo.  También me resulta interesante con qué rapidez los nuevos practicantes ajustan sus dietas después de empezar ashtanga.

Desde el principio tuve completa fe en Guruji.  Él era un profesor, un sanador, un psicólogo - todas ellas cualidades esenciales para un profesor de yoga.  Conectaba con la gente de inmediato, entendía sus experiencias y sentía una gran empatía hacia cualquier trance que pudieran estar atravesando.  A menudo surgían cosas en la práctica, y Guruji ayudaba.  Las cosas no siempre estaban directamente relacionadas con las asanas, sino con la vida.  Creo que todos los estudiantes estaban aprendiendo mucho de sí mismos, y ayudaba mucho recibir el consejo de alguien tan sabio.

Shayanasana.

A mi modo de ver, Guruji encarnaba todo lo que hay más allá del asana.  Las ocho ramas del yoga están integradas dentro de la práctica desde el principio.  Así es como lo entiendo yo hasta el día de hoy, y de hecho cuanto más practico más entiendo cómo se integra con la respiración.  Guruji trabajaba con un gran enfoque en la respiración desde el primer día, lo que convertía la práctica en una experiencia muy meditativa.  El resto de las ramas, tales como las relacionadas con el comportamiento y la dieta, empiezan a entrar en juego desde la primera respiración.  Guruji me dejó tan impresionado que tardé casi un año en reunir el valor para atreverme a tocarle los pies.

Era un maestro de los detalles: los dedos de los pies, la posición de las manos.  Todo.  Había ciertos detalles en los que siempre insistía desde el primer momento.  Algunas cosas en las que ponía énfasis: los dristhis, la respiración, muchas pequeñas cosas.  Y tenías que hacerlas todas antes de que te dejase seguir adelante.  Buscaba un determinado nivel de dominio sobre cada asana y se fijaba más en los detalles de lo que nadie se pudiera imaginar.

Lo más importante que aprendí de Guruji fue la necesidad de paciencia.  Guruji una vez me mantuvo parado en la misma asana durante siete años, lo que derribó muchas barreras físicas y mentales.  Enseñaba a todo el mundo de manera individual, con intuición y desde el corazón.  Cuando Guruji finalmente me dejó pasar a la siguiente asana, me di cuenta de que el asana en concreto no importaba; era mucho más importante el nivel de atención que uno lleva a la práctica.

Los fines de semana, no todos, sino de vez en cuando, nos convocaba para una conferencia.  Aparecía y discutíamos en torno a algún tema.  También nos llamaba de uno en uno a su oficina y nos preguntaba los nombres de las asanas.  Había que aprenderse los nombres de las posturas, lo que para mí era muy estresante porque no me los sabía al principio.  También había que conocer los vinyasas.  Y como insistía en que estudiase sánscrito, empecé a hacerlo con un profesor local.

Peter Sanson hace su habitual gesto de despedida, que el próximo mes de junio podremos ver en Bilbao.

A veces hablaba de Krishnamacharya, por quien mostraba un tremendo respeto.  También hablaba del Yoga Korunta.  Se sabía de memoria algunas partes y las citaba en referencia a aquello sobre lo que pudieses estar trabajando, especialmente si tenía que ver con los vinyasas, con la respiración, los dristhis y el mula y uddiyana bandha, temas habituales de sus conferencias.

La respiración es el elemento central de esta práctica.  Sin ella, no es yoga.  La respiración lo mueve todo a muchos niveles.  Los bandhas también resultan cruciales a nivel energético.  Cuando Guruji me enseñó a trabajar con los bandhas, mi cuerpo se tornó ligero y la energía empezó a moverse con suavidad.  Nos hacía trabajar sobre ello desde el principio con el perro boca arriba y boca abajo, enfatizando que apretásemos el ano y mirásemos al ombligo y empujásemos hacia arriba desde la ingle y bajo el ombligo.  No todo el tiempo, sino de vez en cuando nos hacía trabajar en ello.

Todo tenía que ver con dirigir la energía, moverla.  Siempre tuve la sensación de que su enseñanza era muy sutil y que siempre estaba trabajando en el movimiento de energía y en dirigir tu atención a determinadas cosas.  Y sólo te corregía cuando resultaba necesario.  Durante un tiempo te hacía trabajar cierta cosa y cuando sentía que hacía falta te corregía.  Nunca tenía prisa.  Cambiaba las cosas gradualmente, quizás sólo te daba una o dos instrucciones en un periodo de seis meses y te corregía poco a poco.  No en un día.  Buscaba cosas concretas y cuando sentía que había llegado la hora, introducía algo nuevo.

Guruji era un hombre muy disciplinado al que no le gustaba ver que se holganzaneara o se perdiera el tiempo.  Tenía un carácter muy fuerte y era profundamente religioso -esto impregnaba todo su estilo de vida- pero también era juguetón y tenía un gran sentido del humor.

Hay una cosa que dijo Guruji una vez que ha permanecido conmigo todos estos años.  Señaló su corazón y dijo: "Hay una pequeña caja aquí dentro.  En esa cajita reside Atman.  Dirige tu atención ahí.  Eso es el yoga."  Nunca olvidaré eso.  Siempre sentí que era un hombre de gran corazón, amoroso hacia sus estudiantes y con ganas de hacer todo lo que estuviera a su alcance para ayudarnos en nuestro viaje.

viernes, 2 de marzo de 2018

¿Maestro de yoga o bufón que ajusta asanas?


El profesor, el maestro, es una persona que proporciona un servicio de enseñanza a cambio de una contraprestación, por lo general económica.  Se le supone cierto grado de excelencia sobre la materia que imparte, un largo recorrido en ella y el respaldo de algún método didáctico que facilite la transmisión de sus conocimientos.

Esto es válido tanto en Oriente como en Occidente, donde el maestro se erige en una figura venerada en todos los ámbitos, desde colegios y universidades hasta escuelas artísticas, de danza, artes marciales y también monasterios y tradiciones de yoga.  Los jóvenes aprendices buscan en sus maestros una fuente de aprendizaje, inspiración, consulta y resolución de dudas, un patrón de cómo se han de hacer las cosas y un espejo en el que ver reflejado aquello en lo que, con el tiempo, ellos mismos llegarán a convertirse.

Sin embargo, a la tradicional figura del profesor se le suelen incorporar ciertos matices propios de los usos y costumbres de cada cultura que hacen que la relación entre maestro y discípulo en Occidente y Oriente adquiera tintes bien diferenciados.  Hoy día el flamenco causa furor entre los japoneses del mismo modo que en España triunfa el sushi y el origami; los Estados Unidos es el país del mundo en el que más gente practica yoga, porcentual y cuantitativamente, mientras que en la India fascina el estilo de vida occidental y nos imitan en los deportes, la música y el cine; por otro lado, las calles de Seúl y Tokyo exhiben luces de neón al más puro estilo de Las Vegas mientras en Europa leemos comics manga y vemos películas anime.  Pero a pesar de este mundo globalizado en el que las distancias se han reducido al mínimo y en el que en apenas veinticuatro horas se puede viajar al rincón más remoto o en el que cualquiera con un dedo y una pantalla tiene a su alcance ingente información actualizada al segundo de lo que sucede desde Groenlandia hasta la Antártida, para bien o para mal las diferencias entre Oriente y Occidente siguen siendo notorias.

Cuando un occidental viaja por primera vez a un país como la India, lo que más le suele llamar la atención es la suciedad que se ve por las calles: no hay papeleras en las aceras, las edificaciones e instalaciones públicas están descuidadas como si desde que las hubieran construido décadas atrás nadie se hubiese percatado de mantenerlas, y las vacas, los perros, los cerdos, las gallinas y las cabras campan a sus anchas metiendo el hocico en las bolsas de basura y esparciendo por doquier su contenido, que nadie se molesta en recoger y que se acaba acumulando en cunetas, esquinas y sumideros para horror del occidental acostumbrado a los eficientes servicios de limpieza de nuestras ciudades.  

¡Con las manos en la masa!

En la India todo está sucio por fuera pero, en cambio, y tal y como suele decirse, son muy limpios por dentro.  Como tienen poco y se han acostumbrado a vivir con muy poco, gastando una fracción de lo que nosotros, conceden una gran importancia a valores que los occidentales, simplemente, dejamos de lado hace muchas generaciones.  Así, las familias indias crían a cuatro y seis hijos sin preocuparse de si podrán meterlos a todos en el monovolumen o pagarles educación privada; los comerciantes abren más tarde sus tiendas o las cierran antes para poder acudir al templo a presentarle sus respetos; los padres no pueden permitirse una Playstation o unas vacaciones en Disneylandia pero pasan mucho tiempo jugando con sus hijos y encargándose de buena parte de su educación; su sentido de la hospitalidad les llevará a gastarse lo que no tienen para ofrecerle, sin escatimar, lo mejor a un invitado; los pobres no sólo reciben, sino que también DAN limosna; los ancianos viven con sus familias, que no los abandonan en residencias y los mantienen cerca de ellos como un valioso patrimonio de sabiduría; y por último, no diré que no les importa el dinero, pero sí que al igual que sucede en toda Asia, les pesa mucho más el sentido del honor y del deber bien hecho y no exigen contratos firmados para cumplir su palabra...

En la práctica de Ashtanga Yoga, nada más comenzar la secuencia de suelo de la primera serie, se suceden dos posturas: paschimattanasana y purvattanasana.  "Uttana" significa "estiramiento" mientras que "paschima" significa "occidente" y "purva", "oriente".  La postura del estiramiento occidental y la del estiramiento oriental; la primera una flexión intensa hacia delante, con la cabeza inclinada hacia abajo y a continuación una extensión de espalda, con la cabeza hacia atrás y la barbilla apuntando a lo alto.  Quizás -"paschima" y "purva" también significan "delante" y "detrás"- sea una bella metáfora de cómo son las personas en Occidente y Oriente: unos miramos hacia la tierra, hacia lo material, lo tangible, lo que nos aporta beneficios o envanecimiento, mientras que los otros miran hacia el cielo, hacia lo espiritual, lo que no se mide por lo que vale en billetes, oro, poder o prestigio.  En el equilibrio entre ambas visiones estará la virtud, y por eso se hace una postura detrás de la otra en la práctica de Ashtanga Yoga.  Aparte de que, claro está, desde el punto de vista de la columna vertebral, una -extensión- compensa la otra -flexión-.

Esta diferencia de concepciones se plasma también en la enseñanza.  En Occidente primamos lo externo, lo tangible, lo mensurable, la apariencia, y cuando nos embarcamos en algún estudio queremos que haya un objetivo que no sea sólo el aprendizaje en sí, sino algo que se pueda palpar y a lo que podamos dar uso práctico, nos reporte resultados materiales, nos diferencie del resto y nos haga sentir importantes.  La propia sociedad nos lo exige: ¿Sabes inglés?  Demuéstralo.  ¿No tienes un título de Cambridge o de la Escuela Oficial de Idiomas?  Entonces lo siento, pero te tengo que descontar dos puntos de méritos.  Por eso sólo nos interesa aprender en base a objetivos con etapas bien definidas: tantos años, tantos exámenes superados, tantos trabajos entregados, y ya tengo mi título, una certificación que puedo tocar con mis manos, colgar de mi despacho, inscribir en mi historial y que me abrirá paso en la sociedad competitiva del todos contra todos.

Foto de familia en Ashtanga Yoga Madrid, con Pau, Susana y Borja, nuestro maestro durante una década.  Esta entrada se va a ilustrar con fotografías de los profesores que más nos han inspirado..  

Por el contrario, en Oriente se busca la esencia de las cosas, lo que no se ve a simple vista, que en el caso de la educación resulta ser la sabiduría intangible, sin plazos y alejada de diplomas rimbombantes y del prestigio de las grandes instituciones.  A menudo, los grandes maestros de Oriente son personajes anónimos sin un vasto currículo académico a sus espaldas que, si de hecho lo poseen, no se hacen llamar "Doctor" o "PhD" ni hacen ostentación de él llenando una pared con una panoplia de títulos enmarcados como trofeos de caza.

Paramahansa Yogananda, el difusor mundial del Kriya Yoga, explica en su famosa Autobiografía de un Yogui que tuvo que esforzarse en obtener una titulación en una Universidad británica porque, como su maestro Sri Yukteswar Giri le había vaticinado, su destino era viajar a Occidente a enseñar yoga y debía evitar lo que le había ocurrido a Swami Vivekananda, quien había enseñado el Raja Yoga en Occidente varias décadas atrás y había sido despreciado en algunos círculos occidentales por ser un "intelectual de pacotilla" que ni siquiera había podido procurarse una "educación decente" al no poder alardear de ningún certificado universitario.  Por lo visto, los años de continuo aprendizaje y estrecha convivencia monacal al lado del sabio Ramakrishna no habían sido suficientes para que Vivekananda y sus enseñanzas fueran acogidas con respeto en Norteamérica.  Y por eso, a regañadientes porque nunca le gustó la educación formal y porque a lo que dedicaba toda su pasión y su tiempo era a la práctica del yoga y la meditación, Yogananda terminó sus estudios.  Para que cuando le llegase el momento de acatar su destino y se dirigiese a Occidente a enseñar yoga, su imagen, su currículo, se correspondiera con lo que la mentalidad occidental esperaba de un maestro y no se le pusiera en duda.

Tirumalai Krisnamacharya tampoco le tendió ningún certificado a Pattabhi Jois, a BKS Iyengar, a Indra Devi ni a su hijo Desikachar.  Y a pesar de, en su caso sí, la exquisita educación universitaria que había recibido y que lo había llevado a reunir hasta seis licenciaturas en cada uno de los seis darshanas o escuelas de filosofía indias, Krishnamacharya siempre diría que su gurú, su maestro, fue Ramamohan Brahmachari, a cuyos pies permaneció siete años y medio, quien nunca le pidió una sola rupia o piastra y que, de nuevo, tampoco le entregó diploma alguno una vez concluyó el aprendizaje.  Y si Pattabhi Jois comenzó a expedir sus famosas y controvertidas "autorizaciones" no fue por iniciativa propia, sino porque sus estudiantes occidentales, principalmente norteamericanos, se lo pidieron.  "You teach" (Enseña), era todo lo que solía decirles, "Teach as I taught you" (Enseña como te he enseñado).  Hasta que le explicaron que, en Occidente, se estila que los que se dedican a la enseñanza muestren una prueba de que poseen la legitimidad, el respaldo de una institución respetable como podría ser el Instituto de Investigación de Ashtanga Yoga (AYRI - Ashtanga Yoga Research Institute) que Pattabhi Jois dirigía y que en la actualidad se conoce como Instituto de Ashtanga Yoga Krishna Pattabhi Jois (KPJAYI - Krishna Pattabhi Jois Ashtanga Yoga Institute).

Sharath Jois.

Al final, Pattabhi Jois se subió al carro de los certificados y le cogió el gusto a eso de cobrar en dólares y llevar relojes caros, pero a pesar de todo continuó siendo Pattabhi Jois, el indio, el oriental.  Siguió levantándose como siempre al alba y cuando cumplió los sesenta y cinco años no se echó a un lado para disfrutar de un retiro dorado con yate y club de golf tal y como habría hecho un occidental de éxito, sino que continuó enseñando hasta el año anterior a su muerte a los noventa y cuatro años.  Y desde luego que su forma de transmitir siguió siendo de la misma y única forma que sabía y había conocido, hubiese habido en su shala cuatro alumnos o cuatrocientos y fueran sus nombres Apu o Madonna.  A pesar de que el mundo lo hubiera hecho rico y famoso, él permaneció igual.  

Oriente y Occidente, dos extremos, dos visiones y realidades contrapuestas, acabaron tocándose y teniendo en común muchos puntos.  Ashtanga Yoga se practica hoy en Mysore y en San Francisco, en Singapur y en Bilbao, en Colombo y en Sydney, en Beijing y en Buenos Aires.  En todas partes su práctica es esencialmente la misma pero, de forma inevitable, algunas percepciones siguen siendo distintas, entre ellas la manera en que en uno y otro lado se ven al maestro y a su relación con el alumno.  

El profesor de yoga en la India es una figura respetada que acepta enseñar al alumno.  La actitud de éste es de agradecimiento; es todo un honor poder estar a sus pies y beber de su sabiduría.  El alumno oriental se centra en lo que se le ha enseñado y lo estudia y repite con entusiasmo y, muy importante, con disciplina.  El maestro, que se toma muy en serio su dharma, no tolerará faltas a este respecto y dejará de sentir interés en enseñarle si el alumno no está a la altura y demuestra ser digno con independencia de que le haya pagado o no.  Además, la autoridad del maestro está por encima de toda duda y al aspirante no se le ocurre subírsele a las barbas o exigirle la siguiente lección, que sin duda recibirá cuando el maestro considere que está preparado.

Tomás Zorzo.

En Occidente al maestro se le le guarda respeto, por supuesto, pero como se le ha pagado, y en su condición de "clientes", los estudiantes tienen la concepción de que de algún modo el profesor está en deuda con ellos y tiene la obligación de satisfacerlos.  Para el occidental, el profesor es un medio para un fin, a menudo un obstáculo que, más que ayudar, pone las cosas difíciles y se interpone entre el alumno y su meta, la cual no es otra que llegar al final y alcanzar cierto objetivo tangible, bien sea un aprobado, una felicitación, un diploma o una nueva asana.  Muchos estudiantes, y no sólo de yoga, estarían encantados de poder tomarse una pastilla que les permitiera resolver todas las dificultades sin esfuerzo, por el estilo de la película Matrix en la que sus personajes aprenden artes marciales conectándose a un ordenador.  Nos encantan los atajos y queremos llegar allí ya, mejor hoy que mañana.

Por esto los profesores de yoga en Occidente tenemos una tarea tan difícil: el punto de partida de la mayoría de nuestros estudiantes está viciado.  El mundo occidental, rendido a la insaciable satisfacción de los sentidos, al consumismo desenfrenado en todas sus formas, necesita hoy más que nunca una disciplina como el yoga que, curiosamente tiene un gran arraigo en Occidente pero detrás de cuyo éxito por lo general y por desgracia no está la sed de trascendencia y de conocimiento del Ser, sino un pernicioso culto al cuerpo, un culto al ego que el yoga, cual arma de doble filo, puede contribuir tanto a remediarlo como a soliviantarlo.

De hecho, si la práctica de Ashtanga Yoga se ha extendido tanto en Occidente, no cabe duda de que ha sido precisamente debido a su énfasis en el aspecto físico.  Frente a otros enfoques más internos, meditativos y filosóficos que distinguen a otras tradiciones de yoga, en el método que transmitió Pattabhi Jois se lleva al extremo la máxima que él nunca se cansaba de repetir de que "el yoga es un 99% de práctica y un 1% de teoría."  Un estudiante de Ashtanga Yoga no recibe sesudas charlas teóricas, sino que desde su primer día se le plantean una serie de problemáticas psicomotoras y de coordinación entre respiración y movimiento que lo mantienen ocupado en el aspecto más burdo del ser humano: su cuerpo.  Durante mucho tiempo tan sólo trascenderá la parte física de la práctica y, para un estudiante típico que conoce Ashtanga Yoga sólo durante algunos meses y después lo abandona, seguramente siempre le quede la noción de que se trataba de "una colección de ejercicios difíciles" que le hacían "sudar una barbaridad".

Gabriella Pascoli.

La comida ha de entrar por los ojos y se puede afirmar que, como un manjar bien emplatado, Ashtanga Yoga lo consigue.  Siempre habrá gente que llegará a Ashtanga Yoga porque busque desarrollar su fuerza o su flexibilidad, remediar sus dolores de espalda o complementar con otra cosa su actividad deportiva principal: ballet, kárate o surf.  El mismo Pattabhi Jois se enamoró del yoga de niño tras ver a Krishnamacharya llevar a cabo una exhibición de asanas.  Es una verdad irrefutable: su apariencia exterior seduce a muchos y lo seguirá haciendo.  Tal es así que, a simple vista los profesores de Ashtanga Yoga apenas nos diferenciemos de un profesor de educación física: nos dedicamos a enseñar a los nuevos la "coreografía" de la práctica y a hacer ajustes aquí y allá a los que llevan más tiempo.  Casi se nos podría describir como vulgares "profesores de gimnasia" o, más gracioso aún, "ajustadores de asanas."

Hace varios siglos, a los pies de una catedral en plena construcción, se encontraban tres canteros.  Cada uno de ellos estaba dando forma, con martillo y cincel, a una piedra que formaría parte de un arco y se acabaría colocando en lo alto de la estructura de la catedral.  A todo esto se les acercó un capataz, un maestro constructor, y le preguntó al primero de ellos: "¿Qué estás haciendo?", el cual le respondió: "Aqui, dando golpes a una piedra."  El capataz se dirigió entonces al segundo cantero y le dijo: "¿Y qué haces tú?" a lo que repuso: "Pues ya ve usted, ganándome el pan de cada día."  Por último, el maestro constructor se acercó al último cantero y le preguntó: "Y tú, ¿qué estás haciendo?"  Y el tercero, por fin, le respondió: "Yo estoy construyendo una catedral."

Algo similar sucede con nosotros, profesores de Ashtanga Yoga o, según se mire, "profesores de gimnasia", "ajustadores de asanas", "bufones que entretienen a la gente durante su tiempo de ocio" y demás calificativos sumamente divertidos que se escuchan de labios de sus detractores, personas que nunca llegaron a conocer el sistema en profundidad o que por diversas causas quedaron desencantadas y optaron por atacar su superficie.  Cada cual es libre de interpretar si el papel del cantero es el de golpear piedras, procurarse un salario o construir catedrales, y si el del profesor de yoga se limita a ajustar posturas, gestionar un negocio o algo más.  En lo que respecta a los que componemos Ashtanga Yoga Bilbao, está claro.

La corchera en la recepción de Ashtanga Yoga Bilbao: un pequeño homenaje a nuestros maestros.

Pese a que pueda parecerlo, lo cierto es que Ashtanga Yoga no es solamente un método para que la gente aprenda a hacer asanas o, como reza un acertado eslogan y hashtag que han acuñado nuestros amigos José y Rafa de Mysore House Madrid: "Ashtanga Yoga no es lo que parece."  Más allá de las posturas que se ven en las fotos, rascando bajo la pintura, aflora su verdadero propósito: proporcionar al ser humano una plataforma de autoconocimiento, enfrentarlo a todo aquello a lo que no quiere enfrentarse, descubrirle que algunas veces, o demasiadas, es débil, confuso, iracundo, vulnerable, envidioso, miedoso, celoso, orgulloso, codicioso, egoísta, perezoso, ansioso, impaciente, que duda, sufre, odia, se compara, desea, se frustra, se ofende, juzga, que por muchos éxitos que haya cosechado en la vida, por mucho dinero, fama, poder y placer que haya acumulado en realidad no es feliz o sólo lo es a ratos pero que, pese a todo, dentro de sí existe una fuente inagotable de luz, dicha y felicidad que no se apaga cuando su cuerpo fracasa, pierde, se arruina, enferma, envejece o muere y enseñarle que, a través del control de su respiración, soberana sobre la mente y los sentidos, podrá dominar sus automatismos, los patrones generadores de sufrimiento, la programación innata que lo prepara para la supervivencia en el mundo material al tiempo que lo hace infeliz, y regresar a esa fuente de luz íntima, lograr un estado mental imperturbado y hallar la clave de la felicidad, el final del sufrimiento y el sentido de la vida.

De todo esto va el yoga, no de procurar que la gente logre hacer cada vez más asanas y convertirlos en unos sanos contorsionistas.  Y nuestro papel como profesores es acompañarlos a través de un viaje desde lo externo hacia lo interno, proporcionarles guía y apoyo y en los momentos difíciles mostrarles que hay salida al otro lado del túnel, aunque tal vez no en la dirección que quisieran.  Nosotros mismos somos también unos buscadores; en el mundo del yoga ha habido grandes yoguis, sabios que crearon escuela y ascetas iluminados, y los que formamos parte de Ashtanga Yoga Bilbao, evidentemente, no nos podemos contar entre ellos.  Somos los meros transmisores de algo mucho más grande que nosotros, un método creado por antiguos sabios y transmitido de generación en generación a través de una sucesión de maestros y también, y al igual que los que acuden a nuestras clases, somos estudiantes recorriendo nuestro propio camino, un camino que, no cabe duda, nos llevará, al menos, toda esta vida.  Conocemos y amamos profundamente esta práctica y ofrecemos nuestra trayectoria y experiencia a sabiendas de que entraña numerosas dificultades porque nos hemos topado y seguimos topándonos con ellas a diario.  Tenemos la gran responsabilidad de discernir qué paso es el más apropiado y en qué momento, algo que puede resultar muy difícil porque en una disciplina de un carácter tan dual como Ashtanga Yoga, intensamente externa pero al mismo tiempo tan profundamente interna, hay una delgada línea entre lo que es justo y lo que es demasiado, y porque el ser humano es una entidad muy compleja con muchas dimensiones y circunstancias cambiantes que han de ser tenidas en cuenta.  Curiosamente, a veces será tan importante lo que se enseña como lo que se deja de enseñar, e incluso se insiste en que no se aprenda.  

Al cabo del tiempo y no poco, puesto que la enseñanza de yoga no está destinada a prolongarse durante un trimestre, una temporada, un curso escolar ni doscientas horas de la Yoga Alliance, sino durante un número indeterminado de años y quizás toda la vida, la relación entre profesor y alumno se acaba consolidando.  El alumno abandona su estatus de cliente y el profesor desciende de la tarima, deja de ser ese personaje temido e inaccesible que imparte lecciones magistrales a distancia y se sitúa al mismo nivel que su aprendiz.  Y así, tras años de compromiso, devoción y entrega, maestro y discípulo entablan una amistad que, desde el respeto, los lleva a conocerse el uno al otro mucho más allá de los límites y detalles técnicos de la práctica que los unió.  En nuestras circunstancias culturales resulta difícil reproducir la tradicional relación gurú-shishiya parampara en la que el shishya o discípulo convivía en el ashram de su maestro, pero salvando las distancias, entre ellos se acaba estableciendo algo parecido a un vínculo familiar con el parampara, el linaje de conocimientos transmitidos de generación en generación, como árbol genealógico.  El maestro ha cumplido con su deber, su dharma, enseñando con sinceridad y nobleza aquello que aprendió de su propio maestro y de la misma manera en que lo aprendió, y por su parte el alumno ha hallado un faro con que guiarse desde la ignorancia hacia el conocimiento.

Al final, por tanto, y a pesar de las enormes diferencias entre los dos mundos, se termina produciendo una interesante convergencia entre los conceptos occidental y oriental de maestro: al que en la India llaman gurú, es decir, quien elimina (ru) la oscuridad (gu) y muestra el camino hacia la luz.  Y como Borja Romero-Valdespino, Sharath Jois, Peter Sanson, Tomás Zorzo y Gabriella Pascoli lo han sido para nosotros, nuestra intención, empeño e ilusión en Ashtanga Yoga Bilbao es estar a la altura de quienes hemos aprendido y lograr ser, para nuestros estudiantes, maestros de yoga, y no entrenadores de gimnasia, coreográfos, ajustadores de asanas, pasatiempos ni bufones.

jueves, 15 de febrero de 2018

Nines Blázquez y Ashtanga Yoga.

Nines Blázquez en la puerta del KPJAYI.

En el mes de mayo del año 2015 estábamos de despedida.  A final de mes dejaba el que había sido mi trabajo desde hacía casi diez años y la ciudad de Madrid para regresar a Bilbao y emprender la búsqueda de un hogar para Ashtanga Yoga Bilbao.  

Pero aún quedaban algunos hitos importantes en Madrid, el primero de los cuales en el propio mes de mayo: el habitual taller con neozelandés Peter Sanson al que habíamos asistido cada año desde hacía prácticamente una década y del que nuestra nueva vida en Bilbao estaba a punto de distanciarnos.

El taller en sí fue, una vez más, una experiencia estupenda.  Las dos escuelas de Ashtanga Yoga más importantes de Madrid volvieron a reunirse en Espoz y Mina para compartir su experiencia y energía con Peter Sanson como maestro de ceremonias y Borja Romero-Valdespino y José Carballal como asistentes de lujo.

El sábado al mediodía Nines y yo tuvimos el gran honor de ser invitados a comer con Peter Sanson, Borja y su mujer Susana Berenguer en lo que prometía ser una ocasión muy especial.  No volveríamos a ver a ninguno de ellos, ni siquiera a Borja, pero mucho menos a Peter, en mucho tiempo, y no nos podíamos imaginar una despedida mejor de Madrid que compartiendo una última comida y recibiendo los consejos de los profesores de Ashtanga Yoga con los que más tiempo habíamos estado y que más influyentes habían sido para nosotros.

Nines sobre una roca de San Valentín.

Los consejos, en efecto, fueron útiles y generosos, pero en determinado momento salió a colación lo que Peter Sanson no dudó en calificar como "un milagro de Ashtanga Yoga" y lo que, al fin y a la postre, es el punto central de esta entrada: la historia de Nines Blázquez.

Este blog, desde sus comienzos, ha sido una plataforma desde la que yo, Fernando Gorostiza, he dado rienda suelta a dos de mis mayores pasiones: Ashtanga Yoga y la escritura.  Además de diversos temas de interés general relacionados con el yoga he escrito, claro, acerca de Ashtanga Yoga Bilbao, de sus comienzos y de su recorrido pero, casi siempre, y hasta cierto punto como era lógico puesto que soy el autor de todas las entradas, lo he hecho desde mi propio punto de vista.  Entre pitos y flautas no cabe duda de que a estas alturas un asiduo lector de este blog ha podido hacerse ya un retrato bastante amplio de Fernando Gorostiza y de su trayectoria, aunque probablemente no pueda decir lo mismo de Nines Blázquez, mi esposa y la otra mitad de Ashtanga Yoga Bilbao.  Hoy ha llegado, por tanto, la hora de que sea ella la protagonista.

Cualquiera que vea practicar por primera vez Ashtanga Yoga a Nines Blázquez se llevará una gran sorpresa.  Es una chica pequeñita, con aspecto de poca cosa y que sin embargo despliega una gran fortaleza.  Es capaz de completar la primera serie de forma perfecta, sin flaquear ni adaptar ninguna postura, y acto seguido continuar la serie intermedia hasta ardha matsyendrasana, culminando con puentes, drop backs y una secuencia final inapelables.  Parece como si lo hubiese estado haciendo toda la vida.

La secuencia de drop backs by Nines Blázquez.  Este movimiento en particular en el que se la ve tan suelta se le ha resistido a Nines durante la friolera de cuatro años.


A veces, cuando se observa a alguien realizar cualquier cosa a la que ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo pero se carece de perspectiva se tiende a pasar por alto el arduo recorrido y sinnúmero de dificultades superadas que hay detrás.  En efecto, cuando un músico, un pintor, un bailarín, un masajista, un cirujano o un fontanero desempeñan aquellas tareas en la que son expertos, casi parece como si hubiesen nacido con esas habilidades y las hicieran salir al exterior de forma natural, sin esfuerzo.  En el caso de la práctica de yoga sucede otro tanto.

En este momento me vienen a la memoria varios ejemplos de personas que he conocido durante años y en quienes he visto el impacto paulatino, la evolución de la práctica de Ashtanga Yoga.  A algunos los vi empezar y luego, durante años, fuimos compañeros de esterilla.  Si un recién llegado a Ashtanga Yoga los contemplase hoy practicar, probablemente pensaría que "seguro que vienen del ballet o de la gimnasia rítmica y claro, así cualquiera".  Pero nada más lejos de la realidad; no son gimnastas ni acróbatas, sino profesionales de distintos ámbitos como tú y como yo: comerciales, arquitectos, camareros, enfermeros, ingenieros que no habían hecho antes nada fuera de lo común por sus cuerpos y psicomotricidad y que, al igual que sucede en el caso del que da sus primeros pasos en cualquier disciplina que nunca antes holló, sus comienzos fueron discretos.  Los progresos físicos, aunque llamativos para el observador externo, no fueron más que la consecuencia superficial de un trabajo interno, mucho más sutil.  Y es que ellos no arrojaron la toalla tras las primeras dificultades, sino que insistieron, se rindieron y se entregaron.  Y no lo hicieron durante unos meses, un verano o una temporada; día tras día, año tras año, en invierno y verano, bajo frío, calor o lluvia y les apeteciera ese día o no.  La vida los azotó a lo largo del camino; no todo fue un sendero de rosas: sufrieron lesiones, perdieron trabajos, sus parejas les partieron el corazón y tuvieron que despedir para siempre a seres queridos, pero a pesar de la adversidad continuaron sobre la esterilla en la que hallaron una herramienta de transformación física, psíquica y personal.

Y de entre estos casos, el de Nines es sin duda uno de los más sorprendentes.

Nines Blázquez en marichyasana D.

En el domicilio familiar de los Blázquez Morcuende en el barrio madrileño de la Estrella vivían Daniela, Crescencio y sus cuatro hijos.  Cuando Daniela quedó embarazada por quinta vez todos prefirieron una nueva hija; los tres primeros habían sido varones, así que otra chica equilibraría la balanza de sexos en el hogar.  A mediados de los setenta no había tanto refinamiento y sofisticación como hoy; el embarazo progresó de manera natural sin grandes chequeos ni ecografías y tan sólo al séptimo mes, debido al tamaño de la barriga, se supo que no había uno, sino dos bebés.  Cuando Daniela entró en el paritorio ni siquiera se sabía si serían niño o niña.  Todo transcurrió con normalidad y primero nació una preciosa niña de tres kilos y medio a la que llamaron Pilar.  Detrás llegó una segunda niña, una melliza con la que hasta casi el final los médicos no habían contado.  Su nombre fue Nines.

Nines era algo más pequeña que Pilar y nació con un problema.  Como no se habían realizado pruebas durante la gestación, los médicos pasaron por alto que las mellizas no se estaban colocando de manera adecuada en el vientre materno y Pilar fue empujando a Nines a la parte trasera.  Daniela se había estado quejando de dolores crecientes en la zona lumbar pero los médicos lo consideraron un síntoma habitual o quizás piedras en los riñones y no le dieron importancia.  En realidad, lo que sucedía era que los pies de Nines se estaban incrustando en la espalda de su madre, empujados por su hermana.  Hoy día esta situación habría sido detectada sencillamente en una ecografía y se habría manipulado a los embriones para que el espacio se hubiese repartido de forma óptima, pero en el caso de Nines y Pilar no se hizo nada.  La consecuencia fue que Nines nació con los pies totalmente doblados hacia atrás, los dedos contra los talones.

Al de dos semanas de nacer le escayolaron los pies y a los tres meses pasó por el quirófano para una intervención de cuatro horas.  Los cirujanos querían alargar sus tendones de Aquiles y estirar sus pies para que apuntasen hacia delante y le permitiesen caminar, lo que no pudo hacer hasta los cuatro años de edad.  Luego, hasta los dieciseis años y día y noche tuvo que llevar zapatos y botas ortopédicas que le enderezaban los huesos de los pies.

Nines Blázquez en kapotasana.

Por todo esto, Nines nunca fue buena en los deportes; no podía practicarlos como los demás niños porque, sencillamente, sus pies no se podían mover hacia arriba y hacia abajo como el resto.  A los treinta años de edad, en una de las habituales revisiones médicas a las que se tendría que seguir sometiendo durante toda su vida, los médicos le advirtieron de que tenía que hacer algo por estirar sus tendones porque el paso del tiempo y la inactividad los estaba acortando.  O hacía algo para evitarlo o sólo le quedarían dos opciones: volver a pasar por el quirófano para alargar los tendones una vez más o resignarse a no poder andar y quedarse en silla de ruedas.

Fue entonces cuando decidió dar un golpe de timón en su vida.  Dejó el tabaco, un vicio que la venía lastrando desde la adolescencia y comenzó a practicar yoga, una de las pocas actividades con componente físico que le había suscitado interés.  Y como si hubiese vuelto a nacer, ante ella se abrió una nueva vida.  Durante un tiempo probó diferentes estilos y finalmente acabó en la pequeña escuela de Ashtanga Yoga de Borja Romero-Valdespino en la calle Juanelo.

Corría el año 2009.  Por aquel entonces yo era ya un asiduo de Ashtanga Yoga Madrid.  Nuestros horarios no coincidían; por lo general ella asistía a las clases de la mañana y yo a las de la tarde, pero los que nos esforzamos en practicar a diario a veces debemos amoldar nuestros horarios y tampoco era raro que yo me pasara algunas semanas a la mañana o ella a la tarde.  Así que no tardé en acostumbrarme a ver a esa practicante menudita que siempre llevaba consigo unos pequeños álbumes con forma de cuña forrados con dibujos de las Supernenas que, mucho después lo supe, le ayudaban a compensar en algunas posturas la falta de movilidad de los tendones de sus piernas.

Al cabo de unos años se sometió a otra revisión.  Los médicos le dijeron que, fuera lo que fuera lo que estaba haciendo, que siguiera con ello: sus tendones no se habían acortado, todo lo contrario, y sus pies no requerirían de intervención alguna.  Cómo no, ella les hizo caso y continuó practicando Ashtanga Yoga.

Con Nines en el Retiro de Madrid, poco antes de la mudanza a Bilbao.

El resto es historia.  Al cabo del tiempo nos acabamos conociendo, una cosa llevó a la otra y... ya se sabe.  A finales del año 2011 empezamos a salir juntos.  En realidad, nada apuntaba que acabaríamos donde hemos terminado hoy.  Los seres humanos tendemos a dejarnos llevar por la inercia y nos resistimos al cambio.  Yo tenía un trabajo fijo de ingeniero en el Ministerio de Medio Ambiente, me había comprado un piso en el centro y ella era una exitosa profesora de diseño gráfico y de moda en varias de las escuelas de diseño más prestigiosas de Madrid, donde había nacido, crecido y vivían toda su familia y amigos.  La idea de Ashtanga Yoga Bilbao se venía fraguando en mi cabeza desde hacía un tiempo, pero tampoco estaba decidido aún a poner mi vida patas arriba y dejarlo todo atrás.  Al fin y al cabo, quería hacer las cosas bien y pensaba en ello más bien como un proyecto a largo plazo en un futuro remoto.

Cierto día de verano fuimos a comer al Loving Hut, un restaurante vegano con tintes budistas bastante curioso situado en la Plaza España.  Estaba un poco nervioso porque quería tener una conversación seria con Nines.  Cuando saque a la luz el tema ella se asustó; pensaba que le iba a decir que tenía una grave enfermedad o algo por el estilo.  Lo que hice, en cambio, fue revelarle mi intención de volver a viajar a la India -ya lo había hecho una vez en el 2008- dos meses cada fin de año ejerciendo el derecho a un permiso sin sueldo anual que nos concedía el convenio colectivo de la empresa y que en el futuro tenía intención de regresar a Bilbao para abrir la primera escuela de Ashtanga Yoga.  Nines me preguntó: "¿Y qué pinto yo en todo esto?"  Le respondí que, si ella estaba de acuerdo, me gustaría contar con ella para que lo hiciésemos juntos.

No las tenía todas conmigo; Nines sólo había estado en Bilbao de vacaciones y su gente, su trabajo y todo su mundo estaba en Madrid.  Pero tuve la inmensa fortuna de que no sólo le pareciera una buena idea, sino que se ofreció a acompañarme en todo: a la India y, cuando llegó el momento, lo dejó todo atrás y también se vino a Bilbao.

El 19 de agosto del 2017.

No me puedo sentir más afortunado por tener a Nines a mi lado.  No tiene precio como esposa, amante, amiga, compañera y socia.  En muchos casos nuestras virtudes se complementan y, en lo necesario, nuestras pasiones se solapan.  Y es que en un proyecto que va mucho más allá que el de un simple negocio como el de Ashtanga Yoga Bilbao, erigido sobre sentimientos, resulta imprescindible que sus dos integrantes tiren del carro en la misma dirección.  Reconforta verla llegar de madrugada a practicar, ayudar a la gente durante las clases y sentarnos juntos a pasar listas u organizar los detalles del siguiente evento.  Gracias a ella todo ha sido mucho más fácil y Ashtanga Yoga Bilbao y mi propia vida sin duda no habrían sido lo mismo sin ella.  Su personalidad, su entusiasmo y su arte lo impregnan todo, desde las galletas para el té hasta el propio logo de la escuela.  Además, quizás debido a sus propias circunstancias siempre ha sentido interés en la biomecánica del cuerpo, lo que le ha llevado a cursar formaciones de quiromasaje, masaje ayurvédico y por último, de osteopatía, no con la intención de dedicarse a ello sino para aplicarlo en las problemáticas que se plantean durante las clases de Ashtanga Yoga, donde la intuición es crucial pero el conocimiento anatómico también resulta de gran ayuda.

Nines es para todos un ejemplo de superación, un símbolo de cómo el ser humano puede convertir sus desventajas en un acicate y no en una excusa.  Donde otros habrían claudicado, ante un grave defecto estructural supo agigantarse, poniendo en práctica la gran máxima del yoga: que no se trata simplemente de posturas, sino un método sistemático para gestionar y superar los problemas a los que el ser humano, de diferentes maneras, se enfrenta y le causan pesar.  Nines Blázquez, un milagro de Ashtanga Yoga.