La relación
gurú-shishya,
gurú-discípulo que Krishnamacharya mantuvo con Ramamohan transcurrió de acuerdo con esta tradición. Según contó él mismo, Krishnamacharya pasó siete años en las montañas aprendiendo, comiendo y durmiendo en la casa -cueva- de su maestro, de su
gurú. Pattabhi Jois no vivió, que se sepa, en casa de Krishnamacharya, pero sí mantuvo una dilatada relación de veinte años de la que surgió la práctica que conocemos hoy. Sharath Jois, por último, fue un discípulo privilegiado que compartió el seno familiar con su abuelo y que aprendió el sistema de Ashtanga Yoga de primera mano durante décadas.
Cuando Ashtanga Yoga dio el salto a Occidente se produjo, en primer lugar, una diferencia cualitativa. Los estudiantes y su
gurú no compartían cultura ni idioma. Pattabhi Jois -
Guruji- no hablaba inglés fluido y sus estudiantes no se habían visto imbuidos desde la infancia en la idiosincrasia india, lo cual, a mi modo de ver, y a pesar de que la manera de enseñar de
Guruji era más bien empática, supuso un importante obstáculo. Aún así, puede afirmarse que los que viajaron a Mysore durante los primeros años gozaron de una relación muy cercana con
Guruji que tampoco se diferenciaba demasiado del
parampara tradicional que él mismo y los estudiantes de otras tradiciones de yoga habían vivido en generaciones anteriores. Después, a medida que Ashtanga Yoga se fue popularizando surgió la diferencia cuantitativa; llegó un punto en que
Guruji tenía tantos estudiantes que ese tipo de enseñanza íntima se fue haciendo cada vez más difícil. La difusión global de Ashtanga Yoga en todos los continentes era algo positivo, sin duda, pero una de las consecuencias inevitables fue el resentimiento de la relación
gurú-shishya tradicional.
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| Instantánea de una clase guiada por Sharath Jois en Nueva York durante el tour de junio 2016. |
Hoy día, el reto que Sharath afronta en Mysore con trescientos-cuatrocientos estudiantes cada mes y millares cada temporada es inmenso. En jornadas maratonianas de más de diez horas entre mañana y tarde, con gran sacrificio personal, mantiene vivo el legado de su abuelo y de Krishnamacharya buscando que sus enseñanzas alcancen y beneficien al mayor número de personas posible. Su esfuerzo es realmente digno de elogio pero, todo hay que decirlo, la relación que mantiene hoy con sus estudiantes es una caricatura de la que Ramakrishna tuvo con Vivekananda, Yogananda con Sri Yukteswar y desde luego Krishnamacharya con Ramamohan, Pattabhi Jois con aquél o el propio Sharath con su abuelo. No hay forma humana de que un maestro conozca a todos y cada uno de los estudiantes que acuden hoy a Mysore de la misma manera que
Guruji conoció a los pioneros de los años setenta, ochenta y noventa, quienes le llamaban por teléfono a casa para avisarle de que llegaban en unos días, se quedaban a dormir bajo su techo y compartían almuerzo y sobremesa. Quizás Sharath pueda conocer nuestra práctica física y mediante su ojo experto y manos hábiles hacer un seguimiento efectivo de nuestra evolución, de nuestras limitaciones y de lo que nuestra mente refleja en nuestros cuerpos. Al fin y al cabo practicando con él cada mañana a lo largo de varios meses durante varios años se acaban acumulando muchas horas, y de la misma forma que nosotros podemos sentir su energía no cabe duda de que él también siente la nuestra; el intercambio es innegable y me consta que hasta algunos estudiantes de cuando en cuando han tenido ocasión de comer y charlar con él y su familia, pero ello no quita que a la mayoría de nosotros ni siquiera pueda llamarnos por nuestro nombre, todo un símbolo de lo que la popularización y masificación del Ashtanga Yoga ha supuesto para el
parampara tradicional.
Sharath Jois es, sí, el
Paramagurú de Ashtanga Yoga. Como sucesor de Sri K. Pattabhi Jois al frente del Instituto de Ashtanga Yoga en Mysore ha asumido sobre sus hombros una tarea colosal: manejar el timón del trasatlántico en que se ha convertido este sistema de yoga, otrora una pequeño bote flotando en un remoto estanque de la India y que ahora surca los siete mares. Su papel es fundamental porque, quieras que no, todos los profesores de todo el mundo acabamos aportando en nuestra enseñanza elementos propios. Algunos aprendieron con
Guruji hace mucho tiempo y no siguieron su evolución, por lo que enseñan en modo "cápsula del tiempo", otros por influencia de otros estilos o decisión propia optan por introducir modificaciones y sus alumnos y a veces hasta ellos mismos no acaban teniendo claro qué es la modificación y qué es lo original; otros simplemente no han ido nunca a Mysore y han aprendido "de aquella manera" a través de libros, vídeos, intuición o malos profesores y en lo que enseñan apenas se reconoce la práctica tradicional de Ashtanga Yoga. Por ello, entiendo que la figura de Sharath es importante para asentar un estándar, una referencia común para que esta práctica no se acabe convirtiendo en un barrillo confuso que en un lado sea de una forma y en otro de la contraria. Y por último, sobre todo ahora que me dedico a enseñar yoga, Sharath es también un ejemplo en el que fijarme, una inspiración que cada mañana, tal que yo mismo, se levanta a cultivar su práctica personal y después ayuda a sus estudiantes a andar su propio camino.
Sin embargo, aun reconociendo a Sharath Jois como
Paramagurú de Ashtanga Yoga y, por tanto, la única persona que podía decidir a mi entender que me encontraba preparado para transmitir el método de Ashtanga Yoga en la tradición de su abuelo y emprender con legitimidad la aventura de Ashtanga Yoga Bilbao, lo que no puedo hacer es considerarlo mi
gurú, al menos en el sentido tradicional del término. Muchas personas que viajan a Mysore se refieren a él como su único maestro, como su
gurú. Entiendo que diferentes personas hayan tenido diferentes experiencias pero, en lo que a mí respecta y por todo lo que he dicho anteriormente, la única persona a la que sinceramente puedo considerar mi
gurú es Borja Romero-Valdespino.
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| Nines, Pau, Borja y yo. |
Borja y yo nos conocimos de una forma bastante graciosa. Yo había conocido el yoga en Estados Unidos. En un primer viaje en el 2004 entré en contacto con Bikram Yoga, el yoga que se enseña en el interior de una sala caliente tipo sauna, y en mi segundo viaje en el 2005 practiqué a diario durante tres meses en un centro de San Diego donde se impartían clases de diferentes estilos dinámicos, todos ellos variantes de Ashtanga Yoga. A decir verdad, no tenía muy claro las diferencias:
Power Yoga,
Vinyasa Flow,
Ashtanga Improved,.. todo me parecía esencialmente lo mismo; clases guiadas en las que había que hacer una curiosa respiración neumática que llamaban
ujjayi y que comenzaban con saludos al sol, una secuencia de pie, otra de suelo y una última de cierre. Era muy divertido y me gustaba bastante, así que a mi regreso a España tuve intención de continuar. Corría el mes de enero del 2006 y en Bilbao no había nada, pero enseguida encontré trabajo en Madrid y ahí Google sí que escupió unos cuantos resultados. Cerca del trabajo encontré una escuela de Bikram Yoga y uno de esos centros
tutti-frutti en los que se imparten diversos estilos de yoga, entre ellos Ashtanga Yoga y
Vinyasa, y allá que fui.
Durante tres meses estuve practicando con entusiasmo en aquellos dos sitios; Ashtanga y derivados entre semana y Bikram el fin de semana. Finalmente, una soleada tarde de sábado del mes de abril del 2006, se produjo el feliz encuentro. Había poca gente en la clase de Bikram Yoga; seis chicas y dos chicos. El otro chico estaba en la parte de atrás, donde ponen a los nuevos en su clase de prueba. En las duchas, tras la clase, coincidimos los dos únicos varones. Recuerdo perfectamente la conversación, que él comenzó:
"¿Te gusta Bikram Yoga?", a lo que respondí:
"Bueno, la verdad es que prefiero Ashtanga, pero el sabado no hay otra cosa." Quedó muy sorprendido por que conociese Ashtanga Yoga y me preguntó dónde practicaba. Finalmente, me confesó que él tenía una escuela de Ashtanga y me dio una tarjeta.
"¿Cómo? ¿Y por qué no sales en Internet?" "Ya, tengo pendiente la web." ¡Qué tiempos aquellos en los que no se encontraban escuelas de Ashtanga Yoga en Madrid por Google! Si hoy echáis un vistazo, lo que os costará encontrar es un barrio que no tenga alguna...
A partir de entonces Borja siempre contaría, jocoso, que nos conocimos desnudos. Curiosamente, el encuentro se produjo la primera y única vez en su vida que a Borja se le ocurrió probar una clase de Bikram Yoga. ¿Casualidad?, ¿suerte?, ¿Providencia? Lo más seguro es que hubiese acabado sabiendo de él en cualquier caso, pero me gusta pensar que hubo algo o alguien especial que propició ese primer encuentro. El lunes siguiente fui a su clase, donde por fin pisé por primera vez una verdadera escuela de Ashtanga Yoga y aprendí a distinguir la práctica tradicional de imitaciones y sucedáneos. Durante algunos meses continué yendo a los tres centros de yoga; el hecho de que en Ashtanga Yoga se hiciese siempre la misma frecuencia me provocaba cierto rechazo porque me había acostumbrado a clases distintas cada día, pero le fui cogiendo el gustillo y poco a poco me escoré hacia el Ashtanga Yoga. El mes de agosto fue el primero en que me acogí a la tarifa de mes ilimitado. Y ya no lo dejé.
Pronto me convertí en un estudiante de los más asiduos en Ashtanga Yoga Madrid, y paralelamente a la práctica mi relación con Borja se fue afianzando. Él me acompañó, ayudó y aconsejó durante toda una década a lo largo de todo este hermoso camino de autodescubrimiento. Algunos años después, en el 2009, mientras asistía en Ibiza a uno de sus retiros de verano, me propuso convertirme en su asistente, algo que en verdad no se me había pasado por la cabeza pero que me pareció una excelente oportunidad para observar la práctica de Ashtanga Yoga desde una perspectiva completamente distinta. Durante años, paso a paso, me fue enseñando sus métodos de enseñanza, técnicas, trucos y secretos, y me dio la oportunidad de desenvolverme en las clases de la primera escuela de Ashtanga Yoga en Madrid y descubrir los mil y un detalles de esta práctica aplicados a un sinfín de cuerpos y psicologías. Sin duda, Borja fue el artífice de Ashtanga Yoga Bilbao. Fui yo, y no él, quien tomó la decisión de abandonar Madrid y regresar a Bilbao, pero no cabe duda de que Borja encendió, para que pudiera verlos, los faroles que jalonaban el camino de regreso a Bilbao y hasta el rascacielos Bailén. Si tuviera que buscar un rostro con el que ilustrar el término
gurú en mi diccionario vital, sin duda escogería el de Borja. Todavía hoy es la primera persona a la que recurro cada vez que tengo una consulta respecto a la práctica, la enseñanza, o la gestión de la escuela, por lo que gracias a la tecnología la relación sigue.
Si has conocido la práctica de Ashtanga Yoga en Madrid, es muy probable que Borja y el pequeño estudio que abrió con Natalia en la calle Juanelo, de manera directa o indirecta, se encuentren detrás de tu particular historia dentro de este estilo de yoga. Porque si no fue él mismo quien te enseñó tu primer saludo al sol, seguro que se lo enseñó a tu profesor, al profesor de tu profesor o al profesor del profesor de tu profesor. Pionero del Ashtanga Yoga en Madrid, Borja ha dado a conocer este sistema de yoga a miles de personas, a varias generaciones de ashtanguis, muchos de los cuales, tal que yo mismo, lo hemos acabado llevando a otros lugares lejos de la capital de España.
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| Borja y Guruji en el 2001. |
Borja conoció a
Guruji en el año 2000, en una época en que al escuchar la palabra Ashtanga a la gente le venía a la cabeza alguna clase de ropa interior y en los tiempos de la pequeña
shala de Lakhsmipuram, cuando los estudiantes que acudían a Mysore eran una pequeña fracción de los que van hoy. Con más de una docena de viajes a sus espaldas, ha conocido a Pattabhi Jois y a Sharath como ya pocos pueden hacerlo hoy debido a la masificación. De hecho, estoy seguro de que Sharath no se acuerda de mi nombre, pero sí de que soy
"Borja's student". En mi primer viaje en el 2008, cuando entré en el
office del Instituto de Ashtanga Yoga recién llegado a Mysore y me encontré de sopetón con Guruji y Sharath, no tuve más que mencionar el nombre de Borja y ellos enseguida asintieron sonrientes, repitiendo su nombre:
"Borya, Borya" (sic).
Su amor y entrega por esta práctica le llevaron a abandonar un interesante trabajo estable en un canal de televisión privada y dedicarse a tiempo completo a la difusión del método de Ashtanga Yoga. Autorizado en el 2005, durante muchos años fue el único profesor autorizado en Madrid y uno entre el puñado de profesores reconocidos por
Guruji que había en España. Devoto de su maestro, siguió de cerca las noticias respecto a su salud y cuando llegó aquel aciago día del mes de mayo del 2009, buscó a todo correr un sustituto para sus clases y cogió un avión para asistir al funeral de
Guruji. Fiel a su forma de ser, sin ostentaciones ni afán de notoriedad, no colgó fotos en Facebook ni publicó un extenso artículo en un blog tal que éste. Borja prefiere guardar sus experiencias para sí y enseñar en distancias cortas, sin levantar la voz ni pontificar. De hecho, me ha parecido muy sorprendente encontrarme en Bilbao a gente que practicó Ashtanga Yoga en Madrid y que no tenía ni idea de la existencia de Borja, a pesar de que, tal y como he contado, su profesor o el profesor de su profesor sin duda dieron sus primeros pasos en Ashtanga Yoga en el viejo estudio de la calle Juanelo que Borja regentaba. ¡Lo que puede dar de sí una buena estrategia comercial! El
marketing y la publicidad, la verdad, no han sido nunca su fuerte. Sólo con decir que en menos de un año de existencia de Ashtanga Yoga Bilbao, nuestra página de Facebook tiene casi tantos seguidores como la de Ashtanga Yoga Madrid...