lunes, 13 de julio de 2015

¡Ashtanga Yoga Bilbao ya ha encontrado su hogar!

c/Bailén 1, 7ª planta.
Con gran emoción e ilusión escribo esta entrada, porque al fin podemos anunciar en voz alta -quizás mejor en letras mayúsculas- el que será el emplazamiento de Ashtanga Yoga Bilbao: EL RASCACIELOS BAILÉN, el primer edificio de Bilbao que superó los cuarenta metros de altura, situado en el número uno de la calle Bailén.    

El entorno del edificio Bailén.
En realidad, la ubicación llevaba unas semanas publicada en la página web y también había sido mencionada en algunos de los correos que hemos enviado, pero no ha sido hasta hoy que el acuerdo se ha hecho oficial mediante una firma con los propietarios.  Ya tenemos las llaves en nuestras manos y sólo queda ponerlo todo a punto para poder empezar las clases.

Ashtanga Yoga Bilbao en cuerpo y alma, en primer plano,  y en hormigón y ladrillos, al fondo.
Los que seáis de Bilbao no creo que necesitéis demasiadas explicaciones acerca de este lugar, pero en atención a mis amigos no bilbaínos las daré: el edificio Bailén fue construido durante la década de 1940 y durante más de veinte años gozó del honor de ser el edificio más alto de Bilbao hasta que en 1968 el BBV erigió su torre.  Está situado al principio de la calle Bailén, justo encima de la antigua estación de ferrocarril de la Naja y enfrente de la estación de ferrocarril de Santander.  El edificio está tan relacionado con el ferrocarril que de hecho su propietario y arrendador es Renfe -Adif, para ser exactos-.  Además, durante los últimos años ha sido sometido a una reforma integral que le ha devuelto el lustre que le había arrebatado el paso de los años.

Vista del puente del Arenal desde una de las ventanas.
Su ubicación es ciertamente privilegiada.  Situado en la orilla de la ría al lado del puente del Arenal, se encuentra a un tiro de piedra de la Plaza Circular y del nudo de comunicaciones de Abando con sus múltiples paradas de metro, tren, autobús y tranvía.  Además, cuenta con preciosas vistas al propio puente, la ría, el teatro Arriaga, el Casco Viejo y el parque del Arenal.  Ashtanga Yoga Bilbao ocupará la totalidad de la séptima planta con una superficie de cien metros cuadrados y que cuenta con tres ventanas orientadas al sureste y otras tres al noreste.  ¡Los amaneceres estilo Mysore no podrán estar más llenos de luz!

Fotografía del antes.  ¡Esperad al después!
La planta ha sido una oficina de arquitectura durante décadas y necesita una reforma.  Entre otras cosas, hay que derribar un par de muros para abrir un espacio diáfano en lo que hoy son tres despachos independientes y también vamos a añadir un par de duchas pensando en aquellas personas que tras la práctica tengan que acudir al trabajo sin tiempo de pasar por casa.  Además, aprovecharemos para añadir unos cuantos detalles que harán de la escuela un lugar más cómodo, agradable y acogedor.  ¡Os mantendremos informados!

miércoles, 1 de julio de 2015

Certificaciones de Mysore y de la Yoga Alliance: ¿Qué significa ser un maestro de Ashtanga Yoga "oficial"?


Fernando Gorostiza con Sharath Jois en la main shala del KPJAYI.

¡Ashtanga Yoga Bilbao ya es una escuela oficial!  La página web del Instituto de Ashtanga Yoga en Mysore (http://www.kpjayi.org) ha sido actualizada y ya aparecen al fin las personas que durante la temporada pasada obtuvieron la autorización para transmitir el método de Ashtanga Yoga. Entre ellos un servidor: Fernando Gorostiza de la escuela Ashtanga Yoga Bilbao.   Tampoco puedo menos que darle la enhorabuena a Rafael Martínez Alcaraz, un buen amigo y profesor en Mysore House Madrid cuya devoción y compromiso durante años también han recibido el más que merecido reconocimiento.

Después de un camino de diez años en esta tradición a la que tanto tiempo, esfuerzo y amor he entregado, para mí es un gran honor el haber obtenido el blessing de Sharath Jois y el hecho de constar como uno más entre los profesores que me han enseñado e inspirado.  Tal y como le respondí a Sharath el día que fui a recoger el papel plastificado con el diploma de autorización y me advirtió de que, a partir de ahora, sobre mí pesaba una gran responsabilidad: “Pondré todo mi empeño en estar a la altura”.

Requisitos para ser profesor autorizado en Ashtanga Yoga.

Nines Blázquez y Fernando Gorostiza en la puerta del KPJAYI.

¿Qué significa eso de ser un “profesor autorizado”?   Las autorizaciones y certificaciones en Ashtanga Yoga las expide el Instituto de Ashtanga Yoga Krishna Pattabhi Jois (KPJAYI – Krishna Pattabhi Jois Ashtanga Yoga Institute) en Mysore y suponen nada más ni nada menos que el reconocimiento y aprobación de dichos profesores como legítimos transmisores del método de Ashtanga Yoga según la tradición de Krishna Pattabhi Jois y de su sucesor Sharath Jois.  Hay tres tipos:

  • Autorización nivel 1: Permite enseñar la primera serie de Ashtanga Yoga.
  • Autorización nivel 2: Permite enseñar la serie intermedia de Ashtanga Yoga completa o parte de ella. 
  • Certificación: Permite enseñar a partir de la tercera serie de Ashtanga Yoga.

Los requisitos para ser autorizado o certificado no están claramente definidos.  La India no es como Occidente, donde la gente comienza a estudiar en septiembre y al cabo de ciertos meses o años espera obtener un título.  La concesión de una autorización en Ashtanga Yoga depende básicamente del criterio de Sharath, que es quien decide quién está preparado para enseñar y quién no.  Por lo tanto, para figurar en la lista “oficial” de Ashtanga Yoga es un requisito indispensable viajar a la India, y muchas veces además.  Cada cierto tiempo se escuchan siniestras historias acerca de gente que recibió la autorización de “extranjis” o que le fue a llorar a Sharath porque estaba en paro y Sharath la autorizó poco menos que por pena.   No conozco de primera mano ninguna de esas historias y prefiero no concederles demasiado crédito, porque por lo que he podido saber por mí mismo y a partir de mi propia experiencia, las autorizaciones tienen en común varios requisitos:

  • Se exige un determinado nivel de práctica.  En Ashtanga Yoga existe una máxima: “Nunca hay que enseñar lo que uno no ha hecho por sí mismo.”  Es decir, se exige que lo que se enseña se haga desde la propia experiencia de aprendizaje, no desde el endiosamiento de un profesor que lo cree saber todo y que ha decidido que llegado un punto ya no necesita aprender más.  Un profesor NUNCA tiene que dejar de ser estudiante.  Y por eso, cuando un profesor autorizado o certificado enseña algo, se puede tener la certeza de que él mismo lo ha experimentado en primera persona cientos, miles de veces.  Con esa premisa, el alumno puede entregarse por completo a sabiendas de que su maestro sabe muy bien lo que se trae entre manos.
  • Es necesario un compromiso de muchos años con el Ashtanga Yoga.  Esto no es llegar y besar el santo, y no basta con estar en Mysore un par de meses, demostrar una buena práctica –algo que está al alcance de mucha gente con una buena preparación física previa- y volver a casa con la autorización bajo el brazo y sin mirar atrás.  Como el propio Sharath dice: “Muchos quieren ser profesores de yoga, pero muy pocos quieren ser estudiantes.”  Sharath quiere que las personas que él bendice tengan un largo recorrido personal y caza al vuelo a aquellos que van detrás del “papelito”, exasperándolos.  El propósito de acudir a aprender a Mysore debe ser el deseo de aprender directamente de la fuente de la tradición, no obtener la autorización para enseñar.  De hecho, las autorizaciones de las que he tenido noticia, incluida la mía, llegaron de improviso.  Hay que tener en cuenta que los tiempos de espera en una serie de viajes a la India son muuuuuy largos: primero hay que solicitar la plaza en el KPJAYI con tres meses de antelación y esperar con calma la respuesta, luego hay que organizar una estancia de varios meses en otro país, otro continente y otra cultura.  Una vez en la India hay que esperar para inscribirse, para practicar cada día en la main shala, para asistir a las clases de chanting y a la conference.  Y así año tras año….  Honestamente, la mejor manera de enfocar un compromiso con el Ashtanga Yoga sellado con viajes regulares a la India es hacerlo sin expectativas, sin afanosos planes y sin prisas.  De otro modo, será inevitable que los seis venenos que se pretenden eliminar con la práctica le impregnen a uno y surja entonces la ansiedad, la frustración y la ira por no obtener lo que se anhela.  Y os aseguro que de eso hay mucho en Mysore.   
  • Se valora enormemente una relación duradera con un profesor reconocido.  De acuerdo con el sistema parampara, la transmisión de conocimientos correcta, sin distorsiones, sólo se puede producir dentro de una prolongada relación con un maestro que a su vez haya aprendido de la manera más pura y que no es otra que directamente de la fuente.  “Hay muchos ríos, pero no todos llevan al océano.”  Se espera, por tanto, que la persona en cuestión estudie con un profesor –y con uno solo, nada de cambiar de maestro como de coche- que a su vez haya estudiado con Guruji o con Sharath, quienes representan la fuente de la tradición de Ashtanga Yoga.  De esa manera, sólo habrá dos saltos entre la fuente y el estudiante, y éste tendrá un solo gurú –su maestro- y un solo paramgurú –Sharath-.  Aunque el concepto de gurú no tenga el mismo sentido en Occidente que en la India, Borja Romero-Valdespino ha sido el mío.  De él he aprendido a practicar y de él he aprendido a enseñar.  Para mí, Borja ha sido como un padre, por la escasa diferencia de edad mejor quizás como un hermano.  Sin embargo, de la misma manera que un maestro en determinada profesión u oficio no puede nombrar a otros maestros, debiendo los aspirantes acudir a la universidad o institución correspondiente, Borja no puede designar a nuevos profesores; él sólo puede tener estudiantes y asistentes o "auxiliares".  En la tradición de Ashtanga Yoga, y con la finalidad de que la enseñanza se diluya lo menos posible, un nuevo maestro es elegido únicamente por el paramgurú Sharath, que aprueba la manera en que el estudiante ha sido enseñado y le autoriza a transmitir el método tal y como lo ha aprendido.
  • ¿Y qué sucede con la capacidad de saber enseñar?  Una de las críticas que más a menudo se escuchan acerca del método de elección de profesores en Ashtanga Yoga es que Sharath autoriza a la gente en base a su propia práctica personal, sin tener en cuenta, aparentemente, si saben enseñar o no.  Y es que, claro está, es muy distinto comerse una tortilla a saber hacerla.  No tengo una visión panorámica de la situación y quizás me equivoque, pero parece claro que en el caso de estudiantes que han estado durante años bajo el paraguas de un profesor reconocido –tal que Borja-, Sharath confía plenamente en que la transmisión se haya producido de la manera adecuada.  De hecho, cuando se rellena el formulario de autorización, se pregunta expresamente quién es tu profesor, cuántos años llevas con él como estudiante y como asistente y si has dado clases.  Una persona ambiciosa podría perfectamente mentir y contarle a Sharath una película, pero eso ya se escapa de su alcance; no es su papel hacer de policía.  Como él mismo dice: “Cuando concedo una autorización a una persona sólo estoy afirmando que esa persona está preparada para transmitir el método de Ashtanga Yoga, no que esa persona haya alcanzado el samadhi.  Si entrego un cuchillo para pelar una manzana, no es mi culpa si el cuchillo se utiliza para herir a otros.”  Al fin y al cabo, flaco favor se estaría haciendo a sí mismo, por tanto, quien infringiera satyam, el segundo de los yamas, por conseguir algo que no merece.  Por otro lado están aquellas personas que han demostrado durante años una gran devoción por el Ashtanga Yoga y viajado muchas veces a Mysore pero que de vuelta en su casa no tienen a un maestro con el que continuar aprendiendo como he podido hacer yo con Borja.  Por así decirlo, Sharath ha sido su gurú y paramgurú a un tiempo.  Pues bien, por lo que he sabido, Sharath concedió la autorización a dichas personas tras invitarles a ser su asistente en la main shala de Mysore durante algunas semanas.  Me imagino que de esa manera Sharath se aseguraba de que su manera de enseñar fuese la correcta.

Las titulaciones de la Yoga Alliance.

Todo este asunto de las autorizaciones y certificaciones no está exento de cierta controversia.  Según la lista oficial del KPJAYI, en España sólo hay una veintena de autorizados y un único certificado –Tomás Zorzo-, pero la realidad es que repartidas por toda nuestra geografía seguramente haya cientos de personas enseñando Ashtanga Yoga.  ¿Es tan imprescindible, entonces, la autorización de Sharath?

Desde un punto de vista puramente legal, no es imprescindible.  Si tú decides abrir una escuela de Ashtanga Yoga o eres monitor de spinning y en tu gimnasio alguien te propone que veas algunos vídeos y leas algunos libros y en cuatro días te pongas a dar clases de Ashtanga Yoga, nadie te va a parar los pies.  El diploma de autorización que expide el KPJAYI es un papel que no tiene ningún reconocimiento oficial como el que podría tenerlo una titulación universitaria.  Si tramitas con el ayuntamiento una licencia para tu escuela, ningún funcionario te lo va a exigir ni tampoco Hacienda cuando te des de alta como autónomo.  Y voy más allá: ni siquiera te lo van a pedir tus propios alumnos.  La inmensa mayoría de la gente que empieza a practicar Ashtanga Yoga no sabe que sólo hay unos pocos profesores autorizados y todavía menos gente comprueba si su profesor lo es antes de asistir a sus clases.

¿Qué es lo que ha sucedido?  El yoga en general y el Ashtanga Yoga en particular se han convertido en un importante fenómeno de masas.   Desde el punto de vista occidental, capitalista, eso supone DINERO.  Y son muchos los que, por uno u otro motivo, porque se han quedado en paro, porque les parece una excelente oportunidad de negocio o porque sinceramente les entusiasma la práctica y de corazón les apetece compartirla, se han querido subir al carro de enseñar Ashtanga Yoga.   Ninguno de esos motivos es en sí reprobable; el problema es que muchas, demasiadas veces, la transición de estudiante a profesor se hace rápido y mal.

Uno de los famosos sellos de la Yoga Alliance.

En los últimos años se han puesto muy de moda las certificaciones de la Yoga Alliance, una asociación internacional de origen estadounidense que, ante la ausencia de consenso normativo, se propuso establecer unos criterios mínimos de calidad en las formaciones de yoga que se imparten por el mundo.  La Yoga Alliance mantiene un listado de profesores afiliados que han completado satisfactoriamente sus cursos de formación y un listado de escuelas a las que otorga su beneplácito para impartir dichos cursos.  Con el prestigio que confiere ser la única institución si no reconocida, al menos conocida en todas partes, muchos profesores de yoga esgrimen con orgullo en sus currículos las certificaciones de la Yoga Alliance que los acreditan para enseñar.

En realidad, la creación de la Yoga Alliance no supuso necesariamente una intromisión en el sistema parampara gurú-discípulo de la tradición de Ashtanga Yoga tal y como lo enseñaba Pattabhi Jois y tal y como lo enseña hoy Sharath Jois.  Al fin y al cabo, la Yoga Alliance únicamente otorga a sus escuelas registradas el derecho de plasmar sobre los diplomas que expiden sellos de la Yoga Alliance con las palabras “Profesor de Yoga Registrado” -"RYT - Registered Yoga Teacher"- y el correspondiente epígrafe de 200 ó 500 horas en función del número de horas de formación.  Ojo al dato: "Profesor de Yoga Registrado", sin apellidos adicionales; un término completamente genérico y para nada relacionado con la tradición de Ashtanga Yoga, Iyengar ni ninguna otra.

Pero claro, el mundo está lleno de pillos y listillos dispuestos a toda clase de triquiñuelas, y más si es con el objeto de obtener sustanciosos beneficios.  Así aprovechándose del tirón y popularidad del Ashtanga Yoga, y sabiendo que eso de aprender durante años al lado de un profesor autorizado y de viajar a Mysore muchas veces es un incordio para la mayoría, lo que se les ha ocurrido a muchas escuelas y profesores sin escrúpulos es organizar cursos de formación de Ashtanga Yoga "amparados" por la Yoga Alliance que al cabo de un corto periodo de tiempo –semanas o meses- conceden al aspirante un diploma “oficial”.  Es decir, ellos imprimen en letras bien grandes el pretencioso título: “Instructor de Ashtanga Yoga” y le plantan al lado el discreto sello de la Yoga Alliance de “Profesor de Yoga Registrado”.  Y a correr.

Tampoco hay que tener grandes dotes detectivescas; una sencilla búsqueda en Google os arrojará múltiples ejemplos.  De hecho, uno de los primeros resultados que seguramente encontréis -se trata de un enlace patrocinado- se corresponde con una famosa escuela de yoga de Madrid de cuyo nombre no me quiero acordar que imparte cursos de formación de Ashtanga Yoga según la tradición de Pattabhi Jois y que tiene el “prestigio” de haber recibido una carta escrita por el propio Pattabhi Jois en el que se le conminaba a no impartir cursos de formación en Ashtanga Yoga y menos en su nombre.  ¿Y sabéis qué?  A día de hoy dicha escuela continúa impartiendo y anunciando a bombo y platillo sus cursos con total desvergüenza.  ¿Y por qué?  Pues muy fácil: por dinero.  Un aspirante a profesor va a pagar por ocho-diez fines de semana de formación lo mismo que pagaría practicando todos los días durante tres-cuatro años enteros.  Y eso, desde el punto de vista empresarial, es sumamente interesante.

¿Y por qué en Mysore no se han querido legitimar de alguna manera los cursos de formación en Ashtanga Yoga de la Yoga Alliance?  ¿Acaso Pattabhi y Sharath Jois tenían miedo de que les quitasen su trozo del pastel?  ¿Por envidia, por egoísmo, por afán acaparador?  Eso es lo que dicen algunos, pero la realidad es muy distinta.  Si se analiza fríamente uno de esos cursos de formación de la Yoga Alliance, y dejando ya de lado el sistema parampara, la transmisión de conocimientos lo más cerca posible de la fuente y demás, se puede observar que, a cambio claro está, de una cantidad que oscila entre los 2.000 y los 4.000 euros, ofrecen una formación de 200 horas durante varios fines de semana repartidos a lo largo de varios meses o de manera intensiva durante un puñado de semanas seguidas.  Y digo yo: ¿qué son diez fines de semana o un mes de formación al lado de años y años de mamar en primera persona y desde diferentes ángulos todas las sutilezas de un método de desarrollo físico, mental y espiritual tan complejo como el Ashtanga Yoga y que para muchas personas acaba constituyendo un verdadero estilo de vida?  Son cosas muy distintas pero, ¿dejarías que te operara de apendicitis un cirujano que hubiera tenido una formación de 200 horas a lo largo de nueve fines de semana?  Creo que si yo supiera que su formación se limita a 200 horas -el equivalente a veinte créditos universitarios de los de antes, o tres asignaturas semestrales-, no dejaría entrar en mi casa ni a un electricista.  Ni qué decir permitir que toque mi cuerpo y juguetee con mis músculos, mis huesos y mi alma alguien cuyo único respaldo para enseñar una práctica tan transformadora como ésta lo constituya un sello de 200 horas de la Yoga Alliance.

El problema de la Yoga Alliance, por tanto, es que abrió la puerta a la posibilidad de que uno se creyera que convertirse en maestro de Ashtanga Yoga era algo tan sencillo como hacerse monitor de spinning o zumba.  Lo cierto es que muchas personas se apuntan a esos cursos engañadas: ven la publicidad y sinceramente creen que ésa es la manera de convertirse en profesor de Ashtanga Yoga.  La culpa ahí la tienen los organizadores de la formación y su falta de escrúpulos.  Y que no diga nadie, como ya he escuchado, que lo que quieren es “compartir con el mayor número de personas posible una enseñanza tan maravillosa” ni demás sentimentalismos de medio pelo.  Porque lo que hay detrás no es otra cosa que interés económico, y además se está haciendo de manera irrespetuosa e irresponsable porque se está ofreciendo la posibilidad de que una persona que ha conocido Ashtanga Yoga hace menos de un mes se crea que se puede convertir en profesor en un pispás con tal de que afloje la cartera.  Haz lo que quieras bajo el nombre Power Yoga, Vinyasa Flow, Rocket Yoga o Fuck Yoga: tienes multitud de estilos y "tradiciones" para elegir y nadie te pondrá pegas si los imprimes en tus diplomas, pero no pretendas usurpar el nombre y la tradición del Ashtanga Yoga de Pattabhi Jois cuando tienes pleno conocimiento de que Pattabhi Jois no lo habría aprobado jamás.

¿Autorización de Mysore, certificación de la Yoga Alliance o nada?

Retrato de Sri Krishna Pattabhi Jois en la main shala de Mysore: respeto.
En realidad, una persona puede perfectamente estar autorizada en Mysore pero ser un mal profesor: ser torpe, vago, agresivo o, simplemente, gilipollas.  De la misma manera, nada quita que alguien que no haya ido jamás a Mysore y cuente o no cuente con certificaciones de la Yoga Alliance en su currículum pueda haberse convertido en un excelente maestro, comprometido, juicioso y que enseñe desde el corazón.  Las circunstancias y las vidas, a veces, son sumamente complejas.  David Swenson, Matthew Sweeney o el mismísimo David Williams, por ejemplo, no aparecen en el listado "oficial", y sin embargo no me cabe ninguna duda de que sus alumnos están seguros en sus manos.  Y como ellos seguramente haya multitud de maestros no reconocidos por el KPJAYI con un largo recorrido sobre sus espaldas que sean unos dignos transmisores del método de Ashtanga Yoga y que, muy importante, hayan sabido ganarse el corazón de sus alumnos.  Conozco personalmente a muchos que se encuentran en esta situación.  A fin de cuentas, la relación que se establece entre un profesor y un estudiante entra dentro del ámbito de las relaciones humanas y como tal hay que entenderla.  La afinidad entre profesor y alumno es algo que puede surgir y que es sumamente deseable, pero no hay sello de la Yoga Alliance ni autorización del KPJAYI que la garantice.

¿Mi consejo?  Si tienes referencias fiables, haz caso de ellas.  Puede que haya profesores que no aparezcan en ninguna lista pero que merezcan realmente la pena por encima de otros que sí lo estén.  Pero eso sí, si no tienes referencias, fíate de la lista del KPJAYI.  Porque por desgracia, la mera existencia de las certificaciones de la Yoga Alliance ha corrompido la enseñanza del Ashtanga Yoga, convirtiéndola poco menos que en un campo minado, una partida de ruleta rusa, haciendo que, a priori, y en ausencia de referencias, resulte imposible distinguir a profesores comprometidos, experimentados y, en definitiva, buenos, de ilusos que creyeron que 200 horas de formación eran suficientes para convertirlos en maestros.  De lo único de lo que es garantía una autorización del KPJAYI es de que esa persona ha tenido un compromiso sólido con el Ashtanga Yoga y que el camino que ha seguido hasta convertirse en maestro ha sido largo, difícil y respetuoso, lo cual no es poco.  De hecho, hoy por hoy, a mi modo de ver e, insisto, en ausencia de referencias, las titulaciones del KPJAYI son el único aval de compromiso, preparación y calidad que puede tener un maestro.  La afinidad es algo que comprobaré posteriormente sobre esa base porque, de otro modo, no hay nada que me permita distinguir en una ciudad o país que no conozco el polvo de la paja: a los profesores de Ashtanga Yoga comprometidos, con un largo bagaje a sus espaldas y respetuosos con la tradición que enseñan, de los "profesores" formados en un curso exprés.  Lo cierto es que siempre que he viajado por el mundo y he buscado profesores autorizados con los que practicar, me ha quedado la sensación de haber acertado.  Me gustaría saber el porcentaje de “acierto” que habría tenido de haber caído en manos de profesores registrados de la Yoga Alliance.

El concepto de “maestro de Ashtanga Yoga” me ha impuesto siempre mucho respeto.  He conocido a muchos maestros de Ashtanga Yoga autorizados y certificados y todos ellos me han parecido dignísimos representantes de la tradición de Ashtanga Yoga.  Quizás, simplemente, tuve suerte; aunque la suerte, como diría aquél, también hay que buscarla.  Cuando llegó el día en que me planteé que quizás en el futuro me gustaría dedicarme a enseñar Ashtanga Yoga en Bilbao, lo que tuve claro desde el principio es que no iba a ser yo el que dijera: “Ya está.  Ya soy maestro de Ashtanga Yoga”  y lanzarme a enseñar con algún diploma de la Yoga Alliance o similar bajo el brazo.  Quizás en el futuro cambie la tradición, quizás algún día desde Mysore se decidan hacer las cosas de otra manera y el Ashtanga Yoga según la tradición de Sri Krishna Pattabhi Jois evolucione en otra dirección buscando adaptarse a las dificultades de los nuevos tiempos y a las dimensiones globales que ha alcanzado.  Pero, hoy por hoy, el que debía tomar la decisión y hacerme dar el importante paso de convertirme en maestro de Ashtanga Yoga, sólo podía ser Sharath Jois.  Por respeto a la tradición del Ashtanga Yoga, para no usurparla.  Por respeto a sus profesores, para reconocer su propio esfuerzo, su propio camino.  Y por respeto a mis hipotéticos futuros alumnos, para que tuvieren la certeza de que aquel que por casualidad ha acabado siendo su maestro, de todos los caminos posibles, siguió el correcto. 

sábado, 27 de junio de 2015

Sharath Jois en el 1er Festival Internacional de Yoga: "Cómo el yoga se está diluyendo."


La semana pasada se celebró en China el Primer Festival Internacional de Yoga desde el 17 de junio hasta el 21 de junio, Día Internacional del Yoga, que contó con la participación de varios maestros internacionales, entre ellos el director del Instituto de Ashtanga Yoga en Mysore, Sharath Jois.

Hasta mis manos ha llegado un artículo con una reflexión que hizo Sharath Jois con motivo de dicho festival.  En realidad, no sé si se trató de un discurso hablado o de un texto escrito, pero me ha parecido lo suficientemente interesante como para traducirlo y colgarlo en el blog.  

Soy consciente de que la comunidad de Ashtanga Yoga en Bilbao es una realidad todavía incipiente y, dado que me dispongo a abrir la primera escuela "oficial" de Ashtanga Yoga en Bilbao, creo que es un deber para mí hacer llegar a los miembros de su comunidad toda aquella información que les pueda resultar relevante.  Seguramente haya muchos que desconozcan siquiera quién es Sharath Jois y qué es el Instituto de Ashtanga Yoga en Mysore que dirige.  A través de este artículo se puede tener una escueta impresión de cómo es el sucesor de Krishna Pattabhi Jois, creador del sistema de Ashtanga Yoga, cómo entiende él la práctica de yoga y cómo cree que debería ser enseñado, así que os lo recomiendo:


El mundo necesita el yoga ahora más que nunca.  Fijaos en el estilo de vida de la gente a lo largo y ancho del mundo.  La India tampoco es ninguna excepción.  Se ha convertido en un estilo de vida en cámara rápida, la gente vive apresurada para conseguir una multitud de cosas debido al mundo competitivo.  El estrés se acumula dentro del cuerpo.  Todo el mundo es proclive a tener una vida estresada.  Aquí es donde el yoga resulta útil: para mantener el equilibrio del cuerpo y de la mente, mejorar el centro de atención en la vida, agudizar la concentración y disfrutar de una vida en paz.

Enseño Ashtanga Yoga, que es una de las formas clásicas de yoga.  Los cimientos para practicar Ashtanga Yoga son el vinyasa (sistema de respiración y movimiento); tristhana (tres puntos de atención) y la eliminación de los "seis venenos" -deseo, ira, codicia, engaño, orgullo y envidia.  Combinados juntos, pueden contribuir a la longevidad de un individuo.

El yoga lo puede practicar todo el mundo, sea joven, viejo o muy viejo, esté sano o enfermo.  De hecho, la manera en que se le enseña a una persona joven es distinta de la manera en que se le enseñará a una persona anciana o enferma.  Por lo tanto, cada estudiante debe ser considerado como una individualidad y ser enseñado a un ritmo que resulte adecuado para su situación en la vida. 

Por desgracia, el mundo alrededor del yoga se ha diluido bajo el disfraz del "yoga moderno".  No existe tal cosa.  Hoy, veo que el yoga se practica en gimnasios, combinado con ejercicios aeróbicos, y en el mundo occidental ha adoptado una forma completamente distinta.  El aspecto espiritual del yoga se pierde en todas partes.  De hecho, la espiritualidad y el yoga están entrelazados.  No puedes quitar la espiritualidad del yoga y practicarlo.  Eso no se podrá considerar yoga en absoluto...  Hay una urgente necesidad de revivir el yoga clásico en su forma espiritual, que yo creo es la auténtica forma de yoga.  Eso es lo que estoy intentando hacer, mantener viva la tradición de Ashtanga Yoga antes de que alguien pueda reclamar su versión moderna. 

Krishna Pattabhi Jois y Sharath Jois.

También, me horroriza la aparición de montones de profesores de yoga y de escuelas que sólo tienen detrás un poco de entrenamiento básico y formal.  Uno no se puede convertir en un profesor de yoga apuntándose a un curso de un mes de duración o a algún programa de certificación.  Yoga es un modo de vida...  Una práctica que necesita ser dominada practicándola seis días a la semana rigurosamente en su forma mas pura durante al menos tres años.  En ese momento es cuando uno puede proclamar que es profesor de yoga.  

En mi opinión, el conocimiento puede ser transferido sólo después de que el estudiante haya pasado muchos años al lado de un gurú experimentado, un profesor al que se haya rendido completamente en cuerpo, mente, discurso y ser interno.  Sólo entonces está preparado para recibir conocimiento.  Esta transmisión de profesor a estudiante es el parampara (tradición) y es lo que seguimos en nuestro KPJAYI (Krishna Pattabhi Jois Ashtanga Yoga Institute).

Nos aseguramos de que cualquiera que practique Ashtanga Yoga y pretenda enseñarlo, haya sido entrenado con nosotros durante tres años obligatoriamente.  Sólo entonces, los autorizamos para enseñar Ashtanga Yoga en su forma original, incluyendo los aspectos espirituales.

El yoga es parte integral de nuestras vidas y no me puedo imaginar a mí mismo sin practicar yoga porque es uno de los modos de vida más simples que ayudan a construir la personalidad general de un individuo.  El yoga ofrece mejor salud, paz en la mente y tranquilidad, y por encima de todo ello emerge un individuo exitoso.  Mi mayor inspiración ha sido mi abuelo y seguir sus pasos ha sido una bendición para mí. 

martes, 23 de junio de 2015

David Williams: Ashtanga Yoga para toda la vida.


¡David Williams y Ashtanga Yoga Bilbao!

La semana pasada, desde el jueves hasta el domingo, tuvo lugar en Ashtanga Yoga Madrid lo que para la comunidad española de Ashtanga Yoga supone un verdadero hito: el primer taller que imparte en España David Williams, un auténtico dinosaurio del Ashtanga Yoga que estuvo entre el puñado escaso de occidentales que estudiaron en Mysore con Krishna Pattabhi Jois a principios de la década de 1970, el primero que enseñó Ashtanga Yoga en Occidente y el responsable de que Guruji comenzase a viajar a los Estados Unidos.  

A lo largo de cuatro intensos días, David Williams ha compartido con nosotros reveladoras enseñanzas de Ashtanga Yoga y fascinantes anécdotas.  El taller, con el refrescante título de "Ashtanga Yoga para el resto de tu vida", ha sido un condensado compendio de clases de Ashtanga Yoga en su versión más clásica, técnicas de pranayama tal y como se las enseñó Guruji y, según nos ha insistido, sin ninguna modificación, y relatos históricos y biográficos acerca del Ashtanga Yoga de Krishna Pattabhi Jois desde el punto de vista de quien es nada más ni nada menos que su pionero en Occidente.

¿No sabes llegar?  ¡Pues fíjate en la dirección que marca el cartel!

En efecto, si habéis tenido la suerte de tener en vuestras manos el libro "Guruji: un retrato desde los ojos de sus estudiantes", editado poco después de la muerte de Pattabhi Jois en mayo del 2009, habréis podido comprobar cómo, tras el prefacio de los dos autores y una entrevista a Manju Jois, el estudiante que abre el primer capítulo "Los 70: Cómo el Ashtanga Yoga llegó a Occidente" es precisamente David Williams.  Algunos de los profesores más reputados hoy día en Ashtanga Yoga eran unos chavales cuando David Williams comenzó a practicar.  Borja estaba a punto de nacer, y yo mismo ni siquiera era un proyecto todavía.  Profesores archiconocidos como David Swenson o Peter Sanson llegarían a ser alumnos de David Williams en California o Hawaii.  Sharath Jois era un bebé casi de teta y el propio Krishna Pattabhi Jois un "mozalbete" de cincuenta y ocho años.  De hecho, David nos ha contado lo mucho que le preocupaba que Guruji muriese antes de enseñarle todo lo que sabía.  60 años era una edad avanzadísima en la India de entonces, y David Williams desconocía que Krishnamacharya y todos sus discípulos estaban destinados a rozar o superar el centenario.

David Williams hecho un nudo en sus años mozos.

Además de tener mucho que contar David lo cuenta muy bien.  Uno se queda literalmente absorto escuchándolo.  La vida de David Williams desde su temprana juventud se centró en una podría decirse que afanosa búsqueda de yoga.  Vivió como un hippie viajando en autobús a través de Europa y Oriente hasta llegar a la India.  Practicó varios estilos de yoga en busca del "yoga auténtico" y finalmente, en 1972, con apenas 22 años de edad, mientras se encontraba en un ashram enrolado en un curso de formación en yoga, la casualidad quiso que su ashram recibiera la visita de un indio que se dedicaba a recorrer templos y ashrams haciendo dinero mediante exhibiciones de asanas.  David Williams quedó fascinado: era justo lo que había estado buscando durante todos esos años.  Le interrogó al indio para saber dónde había aprendido aquello.  Y resultó que era Manju Jois, y que ese sistema de yoga se lo había enseñado su padre Pattabhi Jois en Mysore.  David Williams ya sabía cuál sería su siguiente parada.

David Williams y Borja Romero-Valdespino de Ashtanga Yoga Madrid, que ha ejercido de traductor simultáneo.

El párrafo anterior ha sido una muestra de lo intenso e interesante que ha llegado a ser el taller.  Conocieses o no la historia, la manera de relatarlo de David es muy amena, aunque se nota que la ha debido de contar cientos de veces.  Sin embargo, desgranar el contenido de las aproximadamente quince horas del taller probablemente quede fuera del alcance de este post.

De entre todo lo que ha enseñado, me quedo con lo mucho que ha insistido David en no perseguir el dolor.  La práctica de Ashtanga Yoga es muy exigente y muchos creen que el dolor es parte imprescindible del proceso.  Según David, y las palabras de una de las escasísimas personas en el mundo que han terminado las seis series de asanas -de hecho pensaba que no había nadie que lo hubiese logrado- y que ha practicado Ashtanga Yoga a diario y sin interrupciones durante más de cuatro décadas, creo que han de ser tenidas muy en cuenta, la práctica de yoga ha de ser gozosa, debe proporcionar placer, tiene que conseguir que el cuerpo se inunde de endorfinas.  Sólo así la práctica cumplirá su objetivo de sanación.  El dolor, según David, no es otra cosa que la señal de que se están rompiendo tejidos.  El dolor no hace que se segreguen endorfinas, sino adrenalina, que indica al cuerpo que ha de protegerse, contraerse y cerrarse.  El dolor conduce a la lesión, y cuando hay lesión el cuerpo ha de invertir toda su energía en curar lo que se ha roto en vez de dirigirla a otra parte.

David Williams durante el curso. 

A continuación destacaré algunas curiosidades que hemos aprendido a modo de tecnicismos.  Hay que tener en cuenta que David Williams finalizó sus estudios con Guruji en 1979 y jamás regresó a Mysore.  De hecho, a pesar de haber completado todas las series de Ashtanga Yoga no figura en la lista de profesores certificados porque la propia lista no existió hasta mucho más tarde y David ya no estaba allí para ser añadido.  Durante las tres décadas siguientes hasta la muerte de Pattabhi Jois, la práctica de Ashtanga Yoga sufrió leves pero constantes modificaciones.  Por ello, de algún modo practicar con David Williams ha sido como abrir una cápsula del tiempo, porque continúa enseñando de la misma manera que Pattabhi Jois lo hacía en la década de los setenta, cuando en su escuela sólo había alumnos indios que pagaban diez rupias al mes y no cabían más de ocho personas a un tiempo.  En resumen, estos son algunos de los detalles que más me han llamado la atención de las clases de David Williams:

Póster con todas las asanas de Ashtanga Yoga ejecutadas por David Williams.

  1. Durante sus clases no lleva la famosa cuenta de vinyasas.  Nada de ekam, due, trini, catuari, etcétera.  Las clases han sido guiadas pero sólo con instrucciones.  Él aprendió exclusivamente con clases estilo Mysore.  Las primeras clases guiadas que conoció David Williams tuvieron lugar cuando Guruji comenzó a viajar regularmente a Estados Unidos y llegó un momento en que acudía tal cantidad de gente a sus talleres en California que la práctica estilo Mysore se hacía imposible.  En ese momento comenzó a guiar algunas prácticas y a contar en sánscrito, aunque de una manera un tanto errática tal y como me contó David durante una cena que tuvimos la suerte de compartir los profesores de Ashtanga Yoga Madrid.  Parece que el "vinyasa count" que hoy conocemos y que se detalla en numerosos libros y páginas web se desarrolló a partir de entonces.
  2. David tampoco conoció la práctica full vinyasa (vinyasa completo) según la cual cada asana, incluidas las de suelo, se inician desde samastithih, la postura de atención de pie, y que yo y muchos creíamos era el origen de la práctica half vinyasa (medio vinyasa: posturas de suelo enlazadas a través de los movimientos 4, 5 y 6 del saludo al sol) actual.  El vinyasa completo debió de ser un añadido posterior destinado a los occidentales que viajaban a Mysore y que llegaban desbordantes de energía.  O quizás era el método original pero Guruji prefirió no aplicarlo cuando sus estudiantes eran solamente indios.  En cualquier caso, el full vinyasa hoy día sólo se practica en determinados talleres de "exhibición" organizados por profesores que lo conocieron en su época, tal que el que hice con Lino Miele hace unos años.  Lo curioso del caso es que ellos suelen anunciarlo como la manera "original" de practicar Ashtanga Yoga, cuando en realidad David Williams fue testigo de una época anterior en la que tampoco se estilaba. 
  3. La propia práctica con medio vinyasa de David Williams difiere bastante de la actual.  En las posturas de suelo sólo se ejecuta el vinyasa entre asana y asana, no entre lado y lado.  Algunas posturas incluso se enlazan una detrás de la otra sin vinyasa alguno.  Tal es el caso de la secuencia upavistha konasana (en la que David nos ha hecho cogernos de los dedos gordos, no de la parte externa de los pies) y supta konasana, o la serie supta padangustasana, ubhaya padangustasana y urdhva mukha paschimattanasana, ejecutadas una tras otra de manera fluida, sin cakrasana ni vinyasas intermedios.
  4. Una de las curiosidades más llamativas radican en que David Williams enseña a sus estudiantes a aplicar el jalandhara bandha -cerrojo de la garganta- en prácticamente todas las asanas.  La explicación a porqué se hacía así tiene mucho sentido: al llevar el mentón a la garganta se crea espacio entre las vértebras cervicales y se permite que la energía, el prana, fluya con mayor facilidad a través de la columna vertebral y hacia la cabeza.  Los pilotos acrobáticos y especialistas en apnea corroboran esto, pues para evitar pérdidas de conocimiento en las situaciones extremas a que se ven sometidos y mantener el cerebro oxigenado al máximo llevan la barbilla hacia la garganta exactamente de la misma manera.  Durante el taller, en todas las flexiones hacia delante David Williams, sabedor de que se nos ha enseñado de otra manera, insistía en que llevásemos la frente hacia la rodilla y el dristhi al ombligo -nabhicakre-, en vez de la barbilla a la rodilla y el dristhi al pie -padayoragre- tal y como se hace hoy día.  De hecho, en todas las fotos antiguas que existen de Krishnamacharya y Pattabhi Jois practicando asanas, las flexiones hacia delante las hacen como dice David Williams.  Por lo visto, en algún momento después de 1979 Guruji decidió cambiarlo.  En los textos del libro Yoga Mala que el propio Guruji escribiera se dan las dos opciones: "lleva la frente a la barbilla o a la rodilla", mas lo cierto es que la opción de la barbilla es la que a la postre se ha acabado imponiendo, quizás porque sitúa la columna vertebral en una posición más estirada.  En otros estilos de yoga -en Bikram Yoga, por ejemplo- se sigue optando por el jalandhara bandha.
  5. También, este taller con David Williams me ha servido para descubrir que originalmente -en los setenta- sólo se hablaba de cuatro series de asanas: primera, intermedia, avanzada A y avanzada B.  Posteriormente, la avanzada A se dividió en dos series y la avanzada B en otras dos, quedando cuatro series avanzadas: A, B, C y D que, junto con la primera y la intermedia, constituyen las seis series de Ashtanga Yoga que conocemos hoy, o de las que hemos oído hablar hoy.  Porque la quinta y la sexta series para mí han sido un largo misterio: no sabía cómo eran ni sabía si había alguien en el mundo que las practicara.  Pero, por lo visto, en la década de 1970 ya hubo alguien que las aprendió: David Williams.  En su póster -que Ashtanga Yoga Bilbao ha adquirido con una dedicatoria especial del propio David- aparecen todas las asanas de lo que en los setenta fueron la serie primera, intermedia y avanzada A y B y hoy día son las seis series de Ashtanga Yoga.  La manera en que David las practicaba era poco menos que demencial: un día hacía la serie primera por la mañana y la serie intermedia por la tarde.  Al día siguiente la serie avanzada A (la tercera y la cuarta) por la mañana y la avanzada B (la quinta y la sexta) por la tarde, rutina que repetiría cada día hasta terminar la semana, descansando sábados y lunas y volviendo a empezar desde el principio la semana siguiente.  Una práctica no apta para perezosos, desde luego.
  6. Por último, David nos habló de un concepto desconocido: la serie de los rishis o de los sabios.  ¿Hay algo más allá de la sexta serie?  Esa pregunta se la planteó David a Guruji, que le habló de la serie de los sabios.  Cuando el yogi ha alcanzado la sabiduría necesaria, ya no es necesario practicar ninguna de las series de asanas.  Para el yogi sabio, sólo hacen falta diez asanas.  Él mismo es quien debe averiguar qué diez posturas ha de hacer cada día.  Y eso sí, cada una ha de ser mantenida durante cincuenta respiraciones prolongadas, lo cual puede suponer horas de práctica para un estudiante avanzado cuyo puraka -inhalación- y recaka -exhalación- pueden fácilmente alcanzar el minuto.  En último término, el rishi dominará todas las asanas de todas las series y será capaz de permanecer cincuenta respiraciones en cada una de ellas.
David Williams y Ashtanga Yoga Madrid.

De nuevo, tengo que agradecerle a mi maestro Borja Romero-Valdespino la oportunidad que nos ha brindado de conocer a este interesantísimo y curiosísimo maestro de Ashtanga Yoga.  El taller ha servido para aprender cosas nuevas y cosas viejas, aclarar dudas y hallar inspiración.  David Williams, que a sus sesenta y cinco años acumula casi cuarenta y cinco años dedicados al Ashtanga Yoga, es un ejemplo vivo de cómo el yoga puede acompañarnos a lo largo de toda nuestra vida.

http://www.ashtangayogi.com/

lunes, 15 de junio de 2015

¡Adiós, Ashtanga Yoga Madrid! ¡Hola, Ashtanga Yoga Bilbao!

Nines, Pau, Borja y Fernando.

Esta tarde en Ashtanga Yoga Madrid ha tenido lugar la tradicional comida de verano. con un significado muy especial porque para Nines y para mí ha sido la última antes de nuestro regreso a Bilbao para la puesta en marcha de Ashtanga Yoga Bilbao.  

Muchos recuerdos, muchas experiencias y, sobre todo, muchos buenos amigos dejamos atrás en Ashtanga Yoga Madrid, la que ha sido nuestra casa durante diez años, en mi caso, y durante seis en el de Nines.

El habitual y pantagruélico buffet vegetariano de las fiestas de Ashtanga Yoga Madrid.

Cuando llegué a Madrid en enero del año 2006, la escuela de Borja ni siquiera tenía una página web.  Yo había conocido el Ashtanga Yoga unos meses atrás en Estados Unidos y lo primero que hice nada más encontrar trabajo en Madrid fue meterme en Google a ver qué escuelas de Ashtanga Yoga había por Madrid.  Google me condujo a una de esas escuelas en las que se enseñan muchos estilos de yoga distintos, entre ellos Ashtanga Yoga, y allá que me fui.

Corría el mes de abril del 2006.  Un sábado por la tarde.  La escuela multidisciplinar en la que por aquel entonces practicaba Ashtanga Yoga cerraba los sábados y yo, que no había interiorizado aún la práctica estilo Mysore en solitario, había tomado por costumbre ir a clases de Bikram Hot Yoga los sábados por la tarde. 

Foto de familia ante el árbol de ocho ramas de Ashtanga Yoga Madrid.

Aquel día había dos nuevos alumnos que fueron situados, como es habitual, en las últimas filas.  En la clase estábamos sólo alrededor de una docena de alumnos: diez mujeres y dos hombres; uno de los nuevos y yo.  Tras la clase, en el vestuario, nos encontramos solos los dos únicos alumnos varones.  Parecía casi obligatorio entablar alguna conversación, y fue él quien rompió el hielo con la siguiente pregunta: "¿Te gusta Bikram Yoga?"  Y yo respondí: "No está mal, pero prefiero Ashtanga Yoga.   Lo que ocurre es que los sábados no puedo practicar Ashtanga Yoga en ningún sitio." 

Resultaba que él era Borja Romero-Valdespino, veterano de Mysore, profesor de Ashtanga Yoga reconocido por Sri Krishna Pattabhi Jois y director de Ashtanga Yoga Madrid.  Su escuela no se anunciaba en Internet; los alumnos lo encontraban como se hacía antes de que se extendiera el uso del Google Maps: a través de contactos y el boca a boca.  En circunstancias normales quizás habría tardado años en saber de Borja y de su escuela, o quizás no lo habría conocido nunca.  Pero no.  La Providencia quiso que coincidiéramos precisamente el único día en toda su vida en que Borja de Ashtanga Yoga Madrid decidió probar una clase de ese estilo de yoga.  Y así es como supe de él.

A partir de aquel día la madeja de lana se fue desenrollando y una cosa llevó a la otra: Convertirme en estudiante de Borja, mi primer taller con Peter Sanson, terminar la primera serie y recibir de Borja una guirnalda de flores india que todavía conservo, mi primer viaje a Mysore, convertirme en profesor asistente de Borja, Tomás Zorzo, Gabriella Pascoli, talleres en Ibiza y Girona, más viajes a Mysore, la autorización y Ashtanga Yoga Bilbao.  Un corto resumen de lo que han sido este camino de diez años y que ahora, con cierto sabor agridulce por lo que queda atrás y por lo que está por venir, inicia una nueva etapa.

Deseo lo mejor a todos los que dejamos en Madrid.  Os guardaremos siempre en el corazón y os damos las gracias por habernos hecho como somos, en lo bueno y en lo malo.  Ha sido un placer y un honor haber caminado juntos.  Y nos seguiremos viendo, estad seguros.

Con Giacomo, Úrsula y Merche: encantadora familia Ashtangui.

Con Fernando Benito, sus hijas Marta y Clara y Acoidán y Javier.  Marta comenzó a practicar Ashtanga Yoga ¡a los 13 años!

Con Chris Suazo, vasco-norteamericano, 

Con el filósofo Agustín y su hija, inminente alumna de Ashtanga Yoga.

Con Tanya Billings, incansable compañera de fatigas en Madrid y en Mysore.

Con mi "hermana" Raquel Acevedo-Gorostiza. 


domingo, 7 de junio de 2015

Prana y apana en Ashtanga Yoga: terapia energética.



La práctica de Ashtanga Yoga no parte desde las posturas, desde las asanas, sino desde la respiración.  Cuando uno se sitúa sobre la esterilla y se dispone a comenzar su práctica, lo primero que ha de hacer es entrar en contacto con su respiración: inhalar y exhalar de manera voluntaria, regulando el flujo de aire y tomando conciencia del instante exacto en que termina la exhalación y se inicia la inhalación o viceversa, como el que observa el vaivén de un péndulo y pretende sacar una fotografía cada vez que éste alcanza su máxima amplitud a ambos lados y, durante un instante casi imperceptible, se detiene.  A partir de esa respiración consciente, se da inicio al movimiento postural, al asana.

Sin conciencia de respiración, la práctica de Ashtanga Yoga no sería otra cosa que ejercicio físico, gimnasia cuando, en realidad, pretende ir mucho más allá.  No en vano, las dos primeras series de Ashtanga Yoga -yoga chikitsa y nadi shodana- fueron diseñadas como terapias para trabajar sobre los desequilibrios del cuerpo energético y sus manifestaciones en las emociones, la psicología y la salud del cuerpo físico.  La naturaleza de la práctica es mover energía a través del cuerpo, aprender a entrar en contacto con esos flujos, a discernir resistencias y bloqueos y, mediante el trabajo de la respiración, limpiarlos.

Suryanamaskar A desde el punto de vista energético.


El primer saludo al sol de Ashtanga Yoga parte de samastitih, la postura neutra de pie, y comienza con una inhalación a la que inmediatamente le sigue el primer vinyasa o movimiento: una gran apertura de la parte frontal del cuerpo, dirigiendo las manos hacia el cielo y abriendo extremidades superiores y pecho. En términos energéticos, esto supone un movimiento de energía en sentido entrante y expansivo: el prana entra en el cuerpo mediante la inhalación, y el movimiento de apertura lo dirige hacia la punta de los dedos. La mirada, el drishti, acompaña a esta expansión al enfocarse en los pulgares de las manos: angusthamadhye.

El segundo vinyasa del saludo al sol, regido por una exhalación, es un cierre: uttanasana.  El cuerpo, que con la inhalación del primer vinyasa se ha abierto y ha creado espacio, se repliega sobre sí mismo, cerrándose de nuevo.  Con esta exhalación comienza un nuevo proceso energético: la evacuación de apana, de los residuos, de la polución acumulada.  A nivel físico podría hablarse de dióxido de carbono y del conjunto de los excrementos sí, pero en términos energéticos también de la pesadez, el estancamiento, la tensión, el estrés, el lastre que todos llevamos y del que en un gran suspiro de alivio -la exhalación- comenzamos a librarnos.  La mirada va a la nariz: nasagre, trasladando la atención hacia nuestro interior.

Al expulsar apana creamos espacio energético para nuevo prana, que en la inhalación del tercer vinyasa entra y se pone en circulación de nuevo hacia la parte alta y frontal del cuerpo.  El drishti se sitúa ahora en el entrecejo: bhrumadhye, adonde se dirige el prana.

Con el cuarto vinyasa se exhala, se camina hacia atrás y se sostiene el cuerpo en chaturanga dandasana activando la musculatura abdominal y pélvica, el bandha, para permitir que de nuevo se produzca una liberación de apana pero sin permitir que el prana escape y en consecuencia la postura se colapse.  El drishti vuelve a ir a la nariz: nasagre.

El quinto vinyasa, regido por la inhalación, es otra intensa apertura de la parte frontal del cuerpo, pero esta vez desde los pies hasta la cabeza: urdhva mukha svanasana o perro boca arriba.  La energía se mueve a lo largo de toda la parte frontal, limpiándola.  El dristhi vuelve al entrecejo: bhrumadhye.

La siguiente exhalación nos lleva a adho mukha svanasana o perro boca abajo: el sexto vinyasa.  La postura se mantiene cinco respiraciones pausadas, llevando el proceso de limpieza a la parte trasera del cuerpo.  El abdomen se encuentra metido hacia dentro -uddiyana bandha-, el ano se contrae -mullah bandha- y la barbilla oprime ligeramente la garganta -jalandara bandha-, lo que permite mantener estable el asana y, en términos energéticos, elevar el prana e impedir que se escape por la parte inferior de la columna vertebral o por la garganta.  El drishti se sitúa ahora en el ombligo: nabicakre, el punto donde el prana circula y apana se purifica bajo la acción de los cerrojos o bandhas.

Los tres bandhas, que entran en acción simultáneamente en adho mukha svanasana.
Tras las cinco respiraciones, el séptimo vinyasa coincide con el tercero.  Inhalando y recogiendo prana, se camina hasta el frente de la esterilla de nuevo y se abre la parte frontal del cuerpo.   El drishti de nuevo en el entrecejo: bhrumadhye.

El octavo vinyasa coincide con el segundo.  Nueva exhalación, nueva liberación de apana para dejar espacio al prana.  Drishti a la nariz: nasagre.

Y, por último, el noveno vinyasa, que cierra el círculo regresando al punto de partida del primer vinyasa: manos arriba, alargando y llevando el prana a la parte frontal del cuerpo con el drishti en los pulgares: angusthamadhye.  Exhalando, se regresa a la posición de partida: samastitih.

Relación entre el cuerpo físico y el cuerpo energético.


¿De qué va surya namaskar, más allá de constituir una interesante coreografía que nos hace entrar en calor y romper a sudar?  De nuevo, la verdadera naturaleza del saludo al sol, así como de la práctica de Ashtanga Yoga en conjunto, es limpiar el cuerpo a través de movimientos de energía.  Con cada respiración y movimiento se limpia y abre el cuerpo; pero en una suerte de limpieza y apertura que van mucho más allá del mero plano físico.

Los sabios de la antigüedad no contaban con las sofisticaciones de la ciencia moderna: no sabían nada de rayos X, escáneres, microscopios o análisis de sangre.  Su conocimiento llegó no a través del lado lógico, sino de la percepción intuitiva, lo que les permitió ver los problemas que acechan al ser humano de una manera muy particular y que no se puede entender desde la perspectiva analítico-lógica de la ciencia moderna.  Al igual que la acupuntura no tiene sentido desde el punto de vista de la medicina occidental, la cual jamás reconocerá la existencia de meridianos y del chi, tampoco es posible hallar explicaciones científicas a muchos de los conceptos que se manejan en el yoga y que me dispongo a describir ahora.  No se trata de ningún ejercicio de fe: la experiencia ha demostrado que técnicas que trabajan directamente sobre el cuerpo energético del ser humano, tales como la acupuntura o el yoga, obtienen resultados tangibles sobre el cuerpo físico.

De acuerdo con el yoga, el cuerpo humano se halla constituido por cinco capas o planos de existencia: los koshas.  El cuerpo físico o annamaya kosha, objeto de interés de las ciencias empíricas actuales, es tan sólo uno de los planos.  Inmediatamente debajo -o encima, según se mire- se encuentra el cuerpo energético o pranayama kosha.  Ambos pertenecen al mismo ser, se retroalimentan, y no resulta posible aislarlos ni entender a uno sin el otro.

Los cinco koshas.
De este modo, lo que para la medicina moderna se reduce a una cuestión física, fisiológica, anatómica, metabólica u orgánica, desde el punto de vista del yoga puede tener explicaciones mucho más sutiles.  La manifestación en el plano físico de la energía del cuerpo energético se reduce al oxígeno de la respiración y al calor de los procesos metabólicos celulares.  Sin embargo, en el plano del cuerpo energético, la energía vital o prana responde a un concepto mucho más elevado que un simple gas respirable.  Según este punto de vista, al tiempo que el oxígeno entra en los pulmones y a través de las arterias se distribuye por el cuerpo, el prana entra en el cuerpo y circula a través de los nadis, una compleja red de canales internos de energía.  El prana es el óxigeno al mismo tiempo que algo intangible: una energía universal que se manifiesta de muchas maneras diversas y que en el ser humano lo hace en forma de energía vital.  Millares de nadis recorren nuestro cuerpo pránico, siendo los tres principales: sushumna, ida y pingala.  Sushumna atraviesa el centro de la columna vertebral y coincide con el principal canal del sistema nervioso en el cuerpo físico pero, ojo, los nadis no tienen porqué corresponderse con nervio, arteria o ganglio alguno, porque lo que circula a través de ellos, en un plano distinto de existencia, es el prana.

Los tres nadis principales y sus intersecciones sobre los chakras.
Los famosos chakras no son otra cosa que puntos situados sobre la columna vertebral en los que se producen importantes intersecciones de nadis, conformando "nudos" energéticos.  Casualmente -o "causalmente"-, cada uno de estos nudos coincide con alguno de los principales plexos o intersecciones de nervios y vasos sanguíneos y linfáticos del cuerpo físico: el plexo coxígeo -muladhara chakra-, el plexo pélvico -swadistana chakra-, el plexo solar -manipura chakra-, el plexo cardíaco -anahata chakra-, el plexo cervical -visshudha chakra- y el quiasma óptico -ajna chakra-.  El último y más elevado de los chakras -sahasrara chakra- situado en lo alto de la coronilla, desde el punto de vista del yoga representa la frontera, el puente entre el cuerpo energético del ser humano y su espiritualidad.

Tradicionalmente, y en este caso con la lógica sí que nos puede resultar suficiente, se ha relacionado a cada uno de estos chakras con diversas características del ser humano.  Los tres chakras inferiores se corresponden con las funciones de excreción, de reproducción, de digestión y también con emociones primarias como la sexualidad, el deseo o la ira.  A medida que se asciende, los chakras son, por así decirlo, más "elevados".  De esa manera, en anahata nos encontramos con el amor, en visshudha con la comunicación, en ajna con la inteligencia y la intuición y por último, en sahasrara, con la espiritualidad.

Yoga chikitsa - yoga terapia.


Según la teoría de chakras, la armonía vital se alcanza sólo cuando todos los chakras están alineados.  En términos fisiólogicos podría decirse que cuando la columna está estirada y la circulación sanguínea, linfática y nerviosa son óptimas.  La alineación de los chakras, no obstante, es una tarea difícil debido a la existencia de tres fuerzas -tamas, raja y sattva- que actúan sobre los nadis y en algunos casos los descompensan.  Sattva es la fuerza de la pureza, de la luz, de la armonía.  Raja es la fuerza de la pasión, de la agitación, del movimiento, del cambio.  Tamas, por último, es la fuerza relacionada con la pesadez, la oscuridad, la estática, la gravedad, la tendencia a caer, envejecer, morir y corromperse.  Tamas se alimenta de los venenos o kleshas que impregnan al ser humano y cuya consecuencia es la acumulación de apana: miedo a la muerte, aversión, apego a la continuidad, egoísmo e ignorancia espiritual.  Como resultado de la acción de los kleshas y de tamas, de los cuales no es posible escapar y cuya expresión energética es apana, los chakras tienen tendencia a desplomarse hacia abajo, hacia muladhara chakra, que a su vez también cae.

Las consecuencias fisiológicas de este desplome del chakra inferior, el de las necesidades físicas y el deseo sexual y con tendencia a colmarse de pesado apana, pero también el chakra de la estabilidad, el de estar enraizado sobre el suelo, son una postura caída, la espalda encorvada, debilidad, y en último término prolapsos, hernias y la pérdida de control de los esfínteres...  Según esta visión, a la postre, toda enfermedad física o mental se puede llegar a explicar en términos energéticos, en chakras descompensados o en bloqueos de nadis.

Por lo tanto, la idea en la práctica de Ashtanga Yoga es trabajar con la respiración y con contracciones del cuerpo físico para acceder al cuerpo energético y lograr que los chakras regresen a su posición de equilibrio y, al recuperar su armonía, se recobre la salud física y mental y se logre quizás el desarrollo espiritual.  Por suerte, contamos con algunas herramientas que nos permiten ejercer cierto control sobre el cuerpo energético y los flujos de prana y apana, que en cierta manera constituyen los polos positivo y negativo de nuestra particular pila energética.  Así, tal y como se ha descrito, con cada inhalación introducimos prana y con cada exhalación expulsamos apana, energía pesada, estancada, polución, dejando espacio a nuevo prana.  Es decir, al inhalar el prana baja, entra en el cuerpo y se distribuye, y al EXHALAR, al expulsar apana y crear espacio, el prana SUBE.  De ahí la importancia de la exhalación.  El simple hecho de expulsar aire hace fluir el prana hacia arriba a través de los nadis, lo cual eleva, estabiliza el muladhara chakra e invierte la tendencia de tamas.  Para intensificar esta acción, se utiliza el mula bandha, la contracción del ano y elevación del suelo pélvico y el uddiyana bandha, la contracción y succión del abdomen.

Representación de Agni, el dios del fuego.
¿Cómo nos deshacemos de apana?  En el caso del dióxido de carbono y de los excrementos está claro pero, dado que apana constituye un concepto energético mucho más sutil que los meros desechos orgánicos, parece que hace falta algún otro sumidero energético en el que librarnos de toda esa carga apánica.  Los sabios en la India hablaban de agni, el fuego purificador.  La iconografía hindú lo representa como una deidad en llamas que no envejece porque su fuego se renueva cada día.  Según algunas interpretaciones, agni es la expresión de purusha, la conciencia pura, el alma eterna, y habita dentro de todos los seres humanos en la región del ombligo, hogar del estómago y de manipura chakra.  El fuego se expresa en forma de calor, de determinación, de fuerza de voluntad, en su caso extremo de ira, y también en las funciones de digestión y purificación.

Lo que se pretende en yoga chikitsa -yoga terapia- es elevar muladhara chakra, donde se ha concentrado apana como consecuencia de tamas, para acercarlo a agni, el fuego purificador, que eliminará y limpiará toda esa suciedad energética.  En los ejercicios de pranayama y en algunas posturas, tal que padmasana, se añaden elementos adicionales: rechaka kumbhaka, o retención a pulmones vacíos, puraka kumbhaka, o retención a pulmones llenos, y jalandhara bandha, o compresión de la garganta con la barbilla.  En todos ellos, lo que se persigue es elevar muladhara en la exhalación, bajar agni hacia muladhara en la inhalación al tiempo que se mantiene elevado muladhara mediante la acción de los bandhas, y entre tanto, mediante el cerrojo de la garganta, mantener al prana confinado y circulando.

La primera serie de Ashtanga Yoga, que en su mayor parte se compone de flexiones hacia adelante, incide en todos estos conceptos.  Las flexiones hacia delante alargan la exhalación, comprimen muladhara, el asiento de apana, y lo elevan hacia el fuego agni.  Al mismo tiempo, se mantiene mula bandha y uddiyana bandha, empujando apana todavía más hacia agni.  Las posturas con medio loto y con torsiones en las que el pie presiona contra el bajo abdomen, refuerzan aún más esta compresión y elevación de apana hacia el fuego purificador.

Con esto se explica también aquello de que las posturas invertidas sean tan importantes.  Algunas tradiciones consideran a salamba sarvaungasana y a sirsasana la madre y el padre de todas las asanas.  Al colocarse boca abajo en posición invertida, se anula la acción de la gravedad, de tamas, y muladhara chakra con su carga de apana se eleva -cae hacia el suelo- por efecto de la gravedad, acercándose a agni que, al ser una llama de fuego que de forma natural arde hacia arriba, se acerca a muladhara sin mayor esfuerzo.  Igualmente, esto explica que se recomiende a las mujeres no practicar durante los primeros días de la menstruación y no realizar posturas invertidas durante todo el período.  La menstruación no deja de ser una evacuación de apana, y dado que todo este sistema está orientado a contrarrestar apana e invertir su flujo, conviene no interferir demasiado en lo que al fin y a la postre es un necesario proceso natural de expulsión de energía tamásica.  Sería algo así como hacer todo lo posible por retener los excrementos dentro de los intestinos o de la vejiga en vez de dejarlos marchar.

Prana y apana, un equilibrio de energías opuestas harto difícil a veces.
En resumen, la práctica de Ashtanga Yoga ha de ser entendida no como una exhibición de posturas encaminadas a conseguir un cuerpo tonificado y bonito, sino como una terapia destinada a resolver los bloqueos energéticos que en el cuerpo material se manifiestan en forma de dolencias físicas, trastornos psicológicos y problemas emocionales.  A diferentes niveles, todos los seres humanos precisamos de esta terapia, porque ninguno nos vemos libres del influjo de apana, una forma de energía estancada y pesada que nos condiciona y que ha de ser limpiada para mantener o recuperar la salud y abrir nuestra mente a estados elevados de conciencia.  Las herramientas con las que contamos para conseguirlo son nuestro propio cuerpo, nuestro esqueleto y músculos, nuestra mente y la acción de la respiración.  Ésta desempeña un papel fundamental porque representa la principal fuente de prana a nuestro alcance y ha de constituir toda nuestra prioridad en la práctica.  No habrá asana sin respiración, y sin respiración no habrá asana.

Colocarse sobre la esterilla con todas estas ideas en mente resulta muy reparador.  Cuando se aprende a afrontar la práctica como una disciplina de movimiento de energías y de control de la mente y de la respiración, se produce un antes y un después.  Como decía Guruji, señalándose al pecho: "Ahí dentro hay una caja dentro de la cual está atman, la conciencia pura.  Regresa a ese lugar.  Eso es el yoga."