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miércoles, 27 de noviembre de 2019

Abhyāsa y vairāgya: Los pilares del método tradicional y el talón de Aquiles de los teacher trainings.

Instante de una clase guiada en Ashtanga Yoga Bilbao.

Se ha hablado mucho en este blog acerca del método tradicional de Ashtanga Yoga: lo que es, lo que no es, lo que fue...  Si entre todas sus características hubiera que destacar una, no cabe duda de que en primer lugar y por encima de todo, el método tradicional de Ashtanga Yoga se fundamenta en una relación larga, de años de duración, entre el estudiante y su profesor.

De vez en cuando acuden a nuestra escuela personas que, por ejemplo, afirman saber hacer la primera serie completa pero que, tras rascar un poco en la superficie, revelan que en realidad la han aprendido en un workshop o teacher training de un mes o algunas semanas de duración.  El atracón de asanas, por supuesto, nunca es un gesto gratuito de generosidad, sino que detrás siempre hay un profesor de dudosas intenciones que a cambio de la vomitona de posturas recibe una cantidad exorbitada por encima del millar de euros.

Sin ninguna excepción, y como resulta lógico, esta fórmula de aprendizaje resulta, por utilizar un eufemismo, incompleta.  El estudiante no ha tenido tiempo de digerir la práctica ni saborear su evolución, desconoce la técnica de respiración o es incapaz de aplicarla, se lía con el orden de los vinyasas y posturas, omite algunas y confunde otras, mira al vecino o consulta el póster de la pared para cerciorarse de que no se ha equivocado y, en definitiva, su práctica se queda en un nivel muy superficial y pretencioso orientado en la mera ejecución de una rutina física poco consolidada y sujeta con alfileres.

La realidad es que en la práctica de Ashtanga Yoga hay un sinfín de detalles y sutilezas que nunca se podrán comprar en un teacher training y que uno sólo podrá descubrir por sí mismo mediante su propio esfuerzo prolongado a lo largo del tiempo y la guía de su profesor, el cual actúa como el catalizador de una reacción química; no es el protagonista principal pero sin él -o ella- difícilmente se obtendrá el resultado esperado.




Del parampara sin límite de tiempo a los teacher trainings de doscientas horas.

Durante siglos el yoga permaneció recluido en monasterios y entornos muy reducidos.  No existían escuelas de yoga como las conocemos hoy, sino que la enseñanza de yoga se limitaba en exclusiva a la relación guru-shishya parampara según la cual se esperaba que el discípulo conviviera durante muchos años con su gurú como un miembro más de su familia y recibiera así los conocimientos.  Así se transmitió el yoga hasta que se produjo su expansión en Occidente.  Las primeras tradiciones que salieron de la India, a saber: el Raja Yoga de Vivenkananda, el Kriya Yoga de Paramahansa Yogananda y el Shivananda Yoga de Vishnudevananda pertenecían a líneas monásticas y retenían muchas de las formas de un ashram de tal manera que las personas interesadas en profundizar debían, en cierto modo y al menos durante un tiempo, retirarse del mundo.

Fue Krishnamacharya quien, durante el primer tercio del siglo veinte, rompió con este modelo de enseñanza y estableció un nuevo paradigma cuya onda expansiva retumba hasta hoy.  Él no fue un monje ni un renunciante o shadu.  De hecho rechazó varias veces cargos eclesiásticos de prestigio y con alta compensación económica que se le ofrecieron.  Por una promesa.

De acuerdo con el sistema tradicional guru-shishya, cuando el maestro ha considerado que el entrenamiento de su discípulo ha concluido, le exige a éste su guru dharsina, su paga, que puede ir desde una compensación económica hasta una misión; el gurú nunca pedirá algo injusto o inalcanzable, pero sí algo que sabe no le resultará sencillo al shishya.  En el caso de Krishnamacharya, a cambio de los siete años de aprendizaje a su lado, Ramamohan Brahmacharya le pidió que dedicara su vida a enseñar yoga y se casara y mantuviera una familia.  Es decir, que fuera un maestro de yoga dentro de la sociedad y para la sociedad, no un eremita del bosque ni un monje recluido en un monasterio.  Krishnamacharya cumplió su promesa y se convirtió en un yogui de ciudad, un hombre con mujer, hijos y responsabilidades mundanas que enseñaba yoga a estudiantes universitarios, obreros, oficinistas, padres y madres de familias y que acabó con la noción establecida de que al adentrarse en el yoga uno le cerraba la puerta a la sociedad.

Cuando Albert Einstein se dio cuenta del gigantesco potencial de la energía nuclear, se estremeció.  Al igual que un cuchillo puede utilizarse para trinchar fruta pero también para matar, Einstein sabía que la energía nuclear podía constituir una valiosa herramienta que ayudara a la humanidad, pero también conocía al ser humano y sabía que no tardaría mucho en encontrar una aplicación destructiva a esa inmensa fuente de energía.

La comparación es un tanto exagerada, sin duda, pero en verdad me pregunto si a Krishnamacharya, cuya dilatada vida se prolongó hasta 1989 y quien por lo tanto fue testigo de la expansión por el mundo de su manera de enseñar yoga, también le estremecieron las consecuencias de lo que había contribuido a crear.  De hecho ya en 1934, mucho antes de la globalización del hatha yoga, Krishnamacharya advertía: "Los extranjeros roban, bien a sabiendas o ingenuamente, muchas grandes obras y técnicas de nuestra tierra, y entonces fingen haberlas descubierto ellos mismos.  Después, nos las traen aquí y nos las venden [...]  Si esto continúa, ellos puede que incluso hagan lo mismo con nuestras técnicas de yoga.  En cuanto a esto, sólo podemos decir que la culpa la tenemos nosotros por no leer nuestros textos de yoga/Yoga Sastras) y poner en práctica sus técnicas.  Si nos quedamos dormidos, ¡puede que llegue un día en que los extranjeros también se conviertan en nuestros profesores de yoga! [...]  Es lamentable que esta actitud sea similar a esos casos en que intercambiamos nuestras copas de oro con jarras extranjeras hechas de apestosas pieles de animales.  No dejemos que nuestros hijos hereden estas malas prácticas."  Yoga Makaranda, página 83.

Tirumalai Krishnamacharya con sus estudiantes en la escuela de yoga en Mysore.  1934.

Al escribir estas líneas hacía un año que Krishnamacharya había abierto la yogashala de Mysore, en la que por primera vez en la Historia se ponía la enseñanza de yoga al alcance de cualquiera sin necesidad de entrar en un monasterio o someterse a ningún rito iniciático de renuncia.  A pesar del párrafo anterior, que denota un profundo conservadurismo y nacionalismo por parte de Krishnamacharya, él mismo enseñaría a extranjeros (véase Indra Devi) y otro tanto harían todos sus discípulos desde BKS Iyengar o Pattabhi Jois hasta Desikachar, Rangaswami y Mohan.  Por lo tanto, cabe pensar que Krishnamacharya sí estuvo abierto a que el yoga que había enseñado se propagara por todo el mundo y seguro que lo vio con buenos ojos.

El problema surgió cuando los métodos de enseñanza se diluyeron en el fango de la mediocridad.  En este artículo he citado ya a numerosos maestros de yoga, desde Vivekananda hasta Desikachar.  Algunos aprendieron yoga abrazando la vida monástica y otros como laicos pero, si hay un elemento común a todo ellos es que su aprendizaje se prolongó durante un largo periodo de tiempo.  Vivekananda, Yogananda y Vishnudevananda fueron swamis y aprendieron de sus gurús dentro de ashrams, Vivekananda durante cinco años, Yogananda durante diez y Vishnudevananda durante otros diez; Krishnamacharya no fue un monje, pero sí pasó siete años conviviendo en una cueva con su gurú Ramamohan Brahmachari; Pattabhi Jois estudió con Krishnamacharya durante dos décadas, el mismo periodo que Sharath permanecería a su lado; por último, Desikachar, Rangaswami y Mohan estuvieron con Krishnamacharya durante las últimas tres décadas de su vida.  Es decir, ninguno aprendió de su maestro durante doscientas, trescientas o quinientas horas distribuidas en un puñado de fines de semana o condensadas en un mes.

Tampoco puede ser de otra manera.  El yoga es una disciplina compleja que toca muchos aspectos de la fisiología humana desde la salud física hasta la psicología y que incluso osa adentrarse en el pantanoso terreno de la espiritualidad.  Algo tan sustancioso no se aprende en dos patadas; requiere de un largo proceso de maduración y la experiencia es un requisito sine qua non tanto para el estudiante como, por supuesto, el aspirante a profesor.  Patanjali dedica algunos de sus primeros sutras precisamente a esta idea:

1.12
अभ्यासवैराग्याभ्यां तन्निरोधः॥१२॥
Abhyāsa vairāgyābhyāṁ tannirodhaḥ||12||
La reducción (nirodhah) de las actividades y modificaciones mentales (citta vritti) se obtiene por la práctica asidua (abhyāsa) y por el desapego (vairāgya).

1.13
तत्र स्थितौ यत्नोऽभ्यासः॥१३॥
Tatra sthitau yatno'bhyāsaḥ||13||
La práctica asidua (abhyāsa) es el esfuerzo persistente por estar firmemente establecido (en un estado exento de modificaciones mentales - citta vritti nirodha).

1.14
स तु दीर्घकालनैरन्तर्यसत्कारासेवितो दृढभूमिः॥१४॥
Sa tu dīrgha kāla nairantarya satkārāsevito dṛḍha bhūmiḥ||14||
Abhyāsa deviene firmemente establecido si persiste durante un tiempo prolongado, sin interrupción y con devoción.

1.15
दृष्टानुश्रविकविषयवितृष्णस्य वशीकारसञ्ज्ञा वैराग्यम्॥१५॥
Dṛṣṭānuśravika viṣaya vitṛṣṇasya vaśīkāra saṃjñā vairāgyam||15||
Vairāgya es el dominio (sobre los deseos y sentimientos) que está presente en aquellos que no están apegados a las cosas reales o imaginarias (visibles o invisibles).


El mejor training de Ashtanga Yoga: unos cuantos miles de horas de clases estilo Mysore.

Hoy día nos encontramos con que los peores augurios de Krishnamacharya se han cumplido: los occidentales, en concreto los norteamericanos, se han dado cuenta del inmenso potencial económico de las formaciones de yoga y han convertido la tradicional relación guru-shishya parampara en una lamentable caricatura.  Eso de estudiar durante años al lado de un gurú está pasado de moda, ¡qué aburrido!  Ahora, para convertirse en un reconocido profesor de yoga ni siquiera hace falta haber practicado yoga en absoluto; es suficiente con irse de vacaciones en el mes de agosto a Bali o Rishikesh y apuntarse a un teacher training de doscientas horas en un resort de lujo.  ¿Para qué vas a ser estudiante de yoga durante años si directamente puedes convertirte en profesor en un solo mes?  La piñata se ha roto con entusiasmo y hoy día, tanto en los Estados Unidos como en la India y también seguro que en tu propia ciudad, muchas escuelas de yoga ofrecen esta clase de formaciones en las que el intercambio de conocimientos entre profesor y alumno se limita a unas decenas de horas, menos incluso de lo que se necesita para convertirse en técnico instalador de aires acondicionados.

— ¿Sabes?  Me he hecho profesor de Kung-Fu.
— Pero, ¿cómo?  Si al menos hasta antes del verano nunca habías hecho artes marciales.
— Sí, pero en agosto me he apuntado a un teacher training de Kung-Fu y ahora ya soy cinturón negro por la Kung-Fu Alliance International y puedo dar clases.
— Ah, pues qué bien.  ¿Puedo hacerlo yo también?  Me he cansado de mi trabajo y quiero dar un giro a mi vida.  Además, eso de profesor de Kung-Fu suena muy cool.
— Sí, claro.  Mira este sitio donde tienen un curso de diez fines de semana a partir de octubre.  Yo voy a hacer cien horas adicionales para sacarme el primer dan.  Y el verano que viene haré un intensivo de profundización de tres semanas para llegar al segundo dan de quinientas horas.
— Qué bien, ¡muchas gracias!

Esta conversación, que en el caso del Kung-Fu se antoja completamente surrealista, ocurre en el mundo del yoga de manera cotidiana.  El Kung-Fu es una disciplina oriental con un importante componente físico sustentado sobre un sólido cuerpo filosófico y todo el mundo sabe que los maestros de Kung-Fu son personas que lo han practicado durante muchos años al lado de un maestro experimentado y para los que el Kung-Fu es un verdadero estilo de vida, no una aventura de verano.  Sin embargo, no se sabe muy bien cómo, el imaginario colectivo se ha convencido de que en el caso del yoga esto no es así y que hay caminos más rápidos y sencillos.  Muchas gracias, Occidente.  Muchas gracias, Yoga Alliance.  Habéis degradado una disciplina milenaria y la habéis equiparado al zumba y aerobox de los gimnasios.  Enhorabuena.

El sistema de Ashtanga Yoga pone el dedo en la llaga y señala precisamente esto.  Si practicas de acuerdo con el método tradicional, en un mes de práctica diaria apenas habrás rascado la superficie, así que olvídate siquiera de terminar la primera serie y por supuesto destierra de tu cabeza la ridícula idea de convertirte en profesor.  Durante un buen tiempo los nudos planteados por la problemática física te mantendrán suficientemente ocupado.  De hecho, ten en cuenta que cuanto más fácil te resulte más tiquismiquis se pondrá el profesor y más exigente será contigo.  Y no por mala leche: nuestro papel es hacer que la práctica te resulte una experiencia agradable e inocua pero también que a través de ella descubras cosas que anidan en ti que quizás no te gustan tanto y que siempre has procurado evitar.  Porque a veces la realidad no es tan bella como imaginas: no te sale todo perfecto y en Ashtanga Yoga cada día te vas a dar de bruces contra tus limitaciones, que te aseguro antes o temprano descubrirás; tu orgullo se verá herido y sentirás una combinación variable de frustración, ira, envidia, cansancio y miedo.  Hay personas que al cabo de algunas semanas o meses abandonan, derrotadas por sus modificaciones mentales.  Quizás encuentren una manera mejor de gestionarlas en otro sitio y les deseamos la mejor de las suertes.  Otras persisten y, al cabo del tiempo, saborean la magia de abhyāsa y vairāgya, esos grandes desconocidos en los teacher trainings y sobre los que, como suele decirse, tal que las alas de un pájaro, se sustenta el método tradicional de Ashtanga Yoga.


Póster con las dos primeras series de Ashtanga Yoga.  El que escribe estas líneas tardó tres años de práctica diaria en terminar la primera serie y once años adicionales en terminar la segunda.  Entre 7.000 y 8.000 horas.


Abhyāsa y vairāgya: las alas del método tradicional.

Frente a una manera de enseñar pretenciosa, con una agenda de plazos en la que hay que llegar a determinado punto en determinado tiempo y en el que los estudiantes pagan cierta cantidad de dinero a cambio de un premio seguro, se sitúa el método tradicional.  Porque si abhyāsa se define por un esfuerzo sin interrupciones, con devoción y mantenido durante un largo periodo de tiempo, y vairāgya por el dominio del deseo, no pueden quedar mejor ejemplificados que en la práctica tradicional de Ashtanga Yoga.

Antaño, a un aspirante que se acercaba a un maestro con la intención de aprender yoga se le solía plantear un desafío mediante el cual demostraba que su interés era sincero y que el maestro no iba a malgastar su tiempo con un cazurro que se arrugaría ante la primera dificultad.  Una vez superado el reto, daba comienzo un periodo de instrucción de duración indeterminada que concluía cuando el maestro exigía su darshina.

Krishnamacharya rompió este modelo de enseñanza aceptando a estudiantes de yoga como el médico que acepta a pacientes, sin distinciones y sin exigirles mérito alguno a cambio de empezar.  No obstante, Krishnamacharya era perfectamente consciente del valor del aprendizaje a largo plazo; él mismo lo había experimentado durante su estancia de siete años en Nepal con Brahmachari, y así lo trató de inculcar.  Algunos de sus estudiantes, tal y como sucede en todas las escuelas de yoga del mundo y en tantas otras esfera de la vida, lo abandonaron de forma prematura.  Otros, en cambio, siguieron a su lado hasta que la vida los separó.  Uno de ellos fue Pattabhi Jois, quien estudió al lado de Krishnamacharya durante prácticamente todo el tiempo que permaneció éste en Mysore desde 1933 hasta 1948-1953 además de los dos años en Hassan.  En cierta ocasión afirmó: "Al principio éramos muchos estudiantes; al final sólo quedamos tres."  Pattabhi Jois vivió aquellos años de Mysore, entendió qué era lo que su maestro quería enseñar, y trató de reproducirlo en sus propias clases.  El resto de escuelas que nos hacemos llamar "tradicionales", intentamos seguir ese modelo.

No dirigimos un ashram, no exigimos votos monacales ni imponemos difíciles pruebas de acceso a los estudiantes.  Ni siquiera podemos aspirar a que toda persona que comienza a practicar Ashtanga Yoga en una escuela tradicional vaya a hacerlo durante toda su vida, pero los profesores tradicionales tenemos que enseñarle como si en verdad fuese a hacerlo durante toda su vida.  Es decir, como si tuviéramos años y décadas de trabajo por delante.  Aunque sepas que la persona va a estar en la escuela sólo durante un mes.  Lo más precioso que como profesores podemos hacer es plantar en ellas una semilla que tal vez no germine durante el tiempo que esté en nuestra escuela, pero que sea lo más genuina posible para que quizás, más adelante, sea el comienzo de un pequeño brote del que surja un hermoso árbol.  El buen profesor será alguien que se esfuerza en inculcar el amor, la devoción por una práctica consistente a largo plazo en la que se saborea cada paso, y no alguien que regala asanas como si fueran confetti para asegurarse de que se le paga un mes más.  El largoplacismo es una de las mejores lecciones de esta práctica con importantes aplicaciones para el resto de tu vida: hazte responsable y si deseas algo, empeña el debido esfuerzo y aprende que todo lo bueno se hace esperar.

Ajuste de marichyasana D en Ashtanga Yoga Bilbao.

Tampoco se trata sólo de una cuestión de tiempo y paciencia.  El propio concepto de un aprendizaje con una fecha de inicio y otra de finalización sobre el que se basan los teacher trainings atenta contra el segundo principio sobre el que se sustenta el método tradicional: vairāgya, el no apego.

Piénsalo: es muy distinto aprender algo cuando te impones una fecha límite que cuando no tienes prisa.  Si en tu cabeza mantienes un calendario con hitos marcados estás generando una serie de expectativas que, muy a menudo, serán poco realistas.  Tampoco tienes que ser una persona apagada, vacía de ilusiones.  Es perfectamente legítimo que quieras aprender más y que te salgan las cosas bien.  Lo que no tiene sentido es que pretendas que te salgan todas en un mes.  O que observes a un practicante con diez, veinte años de experiencia, y quieras ya mismo llegar a ese punto pasando por alto todo el proceso que ha llevado a esa persona a ese punto e ignorando que tu propio proceso no tiene porqué tardar el mismo tiempo ni llevarte al mismo punto.

La comparación es uno de nuestros peores enemigos.  La sociedad nos ha educado para ser competitivos y nos ha convencido de que si no estamos al mismo nivel que el resto somos unos mierdas.  Esto lo trasladamos a todos los aspectos de la vida, desde el trabajo hasta las relaciones y, por sorprendente que pueda parecer, también a la práctica de asanas.   Porque, desde luego, no nos fijamos en lo bien que respira esa persona, en lo concentrada que está y lo poco que se distrae.  Nos fijamos en lo bonitas que son las figuras que hace y apretamos los dientes deseándolas para nosotros.  ¿Acaso se puede ser más ridículo?  ¿Qué te está aportando a ti lo que sucede en la esterilla de al lado o lo que has visto en Youtube?  ¿De veras crees que te están arrebatando algo?  No tiene explicación lógica pero es totalmente cierto y algo muy humano: cuando vemos a otras personas lograr lo que nosotros no podemos, aunque sean unas tristes asanas, nos corroe la envidia.  Y esta envidia surgida del deseo nos vuelve ambiciosos, y si no logramos nuestro objetivo nos dejamos arrastrar por la ira, y si lo logramos nos volvemos soberbios y avariciosos, porque nos creemos importantes y queremos seguir siéndolo, y cuando tenemos algo queremos todavía más, y más, y más.  Y el círculo se repite sin fin.

Este patrón de comportamiento lo conocemos todos bien.  De hecho se ha repetido una y otra vez desde el principio de los tiempos, desde que en el ser humano se desarrolló la capacidad de consciencia.  Y bien, puedes alimentar esa rueda de deseo y ambición, ira y avaricia, orgullo y apego en un ciclo sin fin, o puedes hacer algo por intentar romperlo.

El método tradicional de Ashtanga Yoga te brinda una hermosa oportunidad para ello.  El hecho de que a menudo no se sacien tus deseos, el hecho de que haya una práctica que te muestre cosas que deseas hacer pero que no eres capaz de hacer y otras que no deseas hacer pero que tienes que hacer, el hecho de que haya un profesor que te diga que pares cuando necesitas ser parado y no cuando a ti te gustaría parar, es una gran manera de plantearte sobre la esterilla los mismos problemas que sueles encontrarte fuera de ella para que los trabajes.  Lo que tienes que resolver no es el problema en sí, sino tu manera reiteradamente errónea de relacionarte con el conflicto.  Y para que esto suceda, para que exista la probabilidad de que atisbes el éxito, que se traduce no en la resolución física de posturas sino en una capacidad de volcarse hacia dentro, de experimentar plenamente el presente, de dejar de ser esclavo de los veleidosos sentidos y, por tanto, para que lleves una vida más plena, feliz y en armonía dentro y fuera de la esterilla, tienes que erradicar la raíz del problema: el apego al éxito y el rechazo al fracaso.

Ashtanga Yoga, en efecto, es un campo de entrenamiento para la mente disfrazado de una compleja coreografía de asanas respiradas.  Sin embargo, es un camino largo en el que no hay atajos.  Como en toda disciplina oriental que se precie y, en realidad, cualquier cosa que merezca la pena, hace falta disciplina y humildad.  Disciplina para sacrificar porciones significativas de tu tiempo de ocio y de sueño durante un largo periodo de tiempo, quizás el resto de tu vida.  A decir verdad, cuando la disciplina se ha asentado ya no supone un gran esfuerzo; ¿sientes pereza a la hora de limpiarte los dientes, o lo haces antes de acostarte y ya?  Probablemente tu educación temprana sirvió para grabar en tu cabeza la rutina de lavarte los dientes; llegado este punto lo haces cada día y no se te ocurre no hacerlo.  Es un proceso de limpieza que llevas a cabo sin plantearte el esfuerzo que te supone porque lo has estado haciendo durante tanto tiempo de forma ininterrumpida que ya prácticamente forma parte de ti; no te reconocerías sin limpiarte los dientes.  Y humildad para saber reconocer que tú sólo eres un pequeño agente en la compleja receta que se está cocinando; muchos elementos se escapan fuera de tu control y lo único que puedes hacer es empeñar tu mejor esfuerzo y presencia en cada momento, sin que tu satisfacción se fundamente en la consecución de premios.  ¿Tienes depositadas grandes expectativas cada vez que acudes a lavarte los dientes? ¿Acaso piensas: "hoy sí que me va a salir mejor que nunca"? ¿Rompes a llorar de alegría cuando te informan de que no tienes caries y esa noche te limpias los dientes aún con mayor entusiasmo?  ¿Te resulta demoledor escuchar que necesitas un empaste y la siguiente vez que te limpias los dientes lo haces abatido, o quizás dejas de hacerlo porque consideras que has fracasado y no merece la pena continuar haciéndolo?  Pues eso: esfuerzo constante ininterrumpido y sin apego.  Disciplina y humildad.  Abhyāsa y vairāgya.

miércoles, 19 de junio de 2019

Yogasanagalu: El Ashtanga Yoga de Krishnamacharya.


El 24 de febrero de 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, el semanario norteamericano Life publicó un insólito reportaje fotográfico titulado “Hablando de fotografías... esto es yoga auténtico” (Speaking of pictures... this is real yoga).  El fotógrafo Wallace Kirkland había estado recorriendo la India durante seis meses documentando con su cámara el "extraño museo de logros humanos y excentricidad que es India" y sus pies le habían llevado nada más ni nada menos que hasta la escuela que dirigía Krishnamacharya en el Palacio Jaganmohan de Mysore donde había tenido ocasión de fotografiar a varios de sus estudiantes realizando asanas que, aunque a nosotros nos puedan resultar familiares, los lectores de Life de aquel entonces sin duda habrían estado de acuerdo en tildar de excéntricas.

Estados Unidos desempeñó un papel protagonista en la Segunda Guerra Mundial, pero a comienzos del año 1941 todavía permanecía neutral (el ataque japonés contra Pearl Harbour tendría lugar en diciembre) y los vientos de guerra al otro lado del Atlántico soplaban lo suficientemente lejanos como para que los medios de difusión pudiesen ocuparse de asuntos triviales tal que el tratado en este reportaje, cosa que los entusiastas de Ashtanga Yoga actuales agradecemos enormemente por su gran valor documental.  Si te interesa, puedes consultar la publicación original en el siguiente enlace (página 10 y siguientes).  El texto que encabeza el artículo es el siguiente:

Primera página del artículo fotográfico sobre los estudiantes de Krishnamacharya publicado en la revista Life en febrero de 1941.

"Estas fotografías suponen un catálogo de veinte de las incontables posturas retorcidas mediante las cuales el alma de un yogui indio busca escapar de la prisión inmortal de su cuerpo humano.  Muestran el yoga no como el espectáculo callejero de medio pelo de un fákir barbudo, sino tal y como se practica en su forma más pura por parte de jóvenes y gráciles devotos de una religión honorable. [...]

El término yoga, mediante conexiones con las lenguas arias, da origen al término "yugo" y significa precisamente eso.  El yoga busca literalmente unir el alma del individuo con el alma del universo que todo lo impregna.  Este estado de gracia se consigue sólo después de la muerte por parte de quien durante su vida ha extinguido con gran celo el deseo carnal por vivir.  Puede saborearse antes de la muerte mediante el trance extático que un yogui experimentado alcanza a lo largo de una vida de disciplina física y mental.  Al contrario de otros cultos hindúes, el yoga no sólo postula la mera subyugación ascética del cuerpo al anhelo del alma.  Su catálogo de contorsiones se entiende mejor como ejercicios que pretenden que el cuerpo esté sano, sereno y libre de enfermedades y desórdenes que puedan distraer al alma con preocupaciones carnales. 

Los yoguis que se muestran aquí fueron fotografiados en la escuela de Mysore, que recibió el apoyo de Sri Kanthirava Narasimharaja Wadiyar Bahadur, Maharajá de Mysore y el Príncipe hindú más grande de la India.  Se demuestran posturas avanzadas a las que pocos yoguis hoy dedican tiempo suficiente como para llegar a dominarlas.  Son ejecutadas de una manera tranquila, sosegada y mantenidas durante largos periodos de tiempo.  Cada postura ha sido pensada para otorgar un beneficio concreto, pero el resultado general es un físico tan bien tonificado como el de cualquier atleta norteamericano.  También conceden un extraordinario control sobre tanto la musculatura voluntaria como la involuntaria.  Un ejemplo típico es el control del diafragma, mediante el cual un yogui puede reducir el ritmo de la respiración desde alrededor de 1.100 respiraciones por hora hasta 76 y, con disciplina mental, lograr un trance de unión dichosa con el alma del universo." 


Colección de fotografías con espectaculares posturas que Krishnamacharya enseñaba y que hoy forman parte de las series de Ashtanga Yoga.  Si sabes inglés, merece la pena ampliar la imagen y leer los pies de foto.

A pesar de que el artículo no cite expresamente a Krishnamacharya y sí a su patrocinador el Maharajá Jayachamarajendra Wadiyar (sobrino y sucesor de Krishnaraja Wadiyar IV, promotor original de Krishnamacharya fallecido en 1940), sin duda supone una de las más tempranas referencias que ha habido en Occidente, sino la más temprana, al yoga de Krishnamacharya.  El momento histórico no era el más idóneo y, a pesar de lo espectacular de las imágenes, se entiende que el reportaje no suscitara el interés del público más allá de una lectura ligera de domingo: los acontecimientos bélicos aún acapararían toda la atención durante varios años y se puede afirmar que el mundo no estaba maduro para el yoga.

En este reportaje fotográfico de la revista Life hay, sí, un buen puñado de muestras gráficas de lo que se puede interpretar como el “Ashtanga Yoga” de Krishnamacharya.  De hecho, todos los asanas fotografiados se pueden localizar dentro de alguna de las series de Ashtanga Yoga actuales.  Sin embargo, en este post no se pretendía simplemente sacar a la luz esta curiosa publicación, sino otra todavía más desconocida, de hecho a día de hoy inédita, y mucho más relevante, que casualmente también fue publicada en el mismo año 1941 y cuyo autor fue el propio Tirumalai Krishnamacharya: el Yogasanagalu o La Gema de las Asanas de Yoga, un texto que me ha tenido absorto durante las últimas semanas, sino meses, y que me ha parecido crucial para demostrar y entender la conexión, a veces puesta en duda, entre Pattabhi Jois y su gurú Tirumalai Krishnamacharya.



El joven Krishnamacharya.  Las fotografías de asanas que ilustran el artículo a partir de aquí fueron publicadas en el Yogasanagalu en su edición 1972 cuando Krishnamacharya contaba con... ¡84 años!  Personalmente, me parecen más espectaculares que las de la revista Life; a esa edad ni siquiera creo estar vivo.

Del Yoga Makaranda al Yogavali: la obra escrita de Krishnamacharya.

Sobre Krishnamacharya se ha hablado y escrito mucho.  Este blog es una buena muestra de ello.  La Krishnamacharya Yoga Mandiram, una asociación creada en 1976 por su hijo TKV Desikachar, se ha encargado de preservar para la posteridad el gran legado de Krishnamacharya y durante décadas ha realizado una gran labor de rescate, memoria, conservación, traducción y divulgación.

Cuando viajamos a Mysore siempre nos dejamos caer por las principales librerías y, en cuanto vemos una publicación que desprenda el más leve aroma a Krishnamacharya, no dudamos en comprarla  A menudo, no obstante, son libros tales como Health, Healing and Beyond o The Yoga of the Yogi, en los que se habla acerca de Krishnamacharya y están repletos de interesantes recuerdos y testimonios pero, dato importante, no han sido escritos por Krishnamacharya y por lo tanto no son fuentes de primera mano.

A tenor de lo que hay disponible a día de hoy tres décadas después de su muerte, cualquiera podría llegar a la conclusión de que la obra de Krishnamacharya, quien recordemos vivió durante más de cien años y fue un reputado intelectual, fue escasa.  Pese a que tampoco se pueda decir que fuera un autor prolífico, sí que escribió bastante más de lo que cabe inferir a partir de lo que uno puede encontrar hoy asomándose por las librerías de Occidente.  Algunas fuentes afirman que Krishnamacharya escribió varias decenas de textos, aunque también reconocen que la mayoría se trata de obras menores.  Nosotros tenemos, por ejemplo, un pequeño poemario titulado Yoganjalisaram que no cuenta con mucho más de treinta poemas de unos pocos versos cada uno.  Es un librito de poca monta en el que el comentario de cada poema escrito por Desikachar “pesa” tres o cuatro veces más que el poema en sí y que, para variar, resulta sumamente difícil de localizar hasta el punto de que la última vez que estuvimos en Mysore quise regalarlo y no pude encontrarlo.  Por lo visto Krishnamacharya escribió un segundo libro de poemas titulado Dhyanamalika que no he visto nunca y parece que además fue autor de un significativo número de escritos menores que se podrían calificar de poco más que panfletos, entre ellos varios comentarios a textos clásicos y un inédito librito titulado Yoganjali.  

Purvattanasana.

El problema principal con la obra de Krishnamacharya es la ausencia de traducciones.  Sus obras fueron publicadas originalmente en idioma kannada o tamil y, por motivos que desconozco, durante décadas nadie se molestó en traducirlas a otros idiomas, de manera que un amplio porcentaje todavía hoy permanece en la sombra para la mayor parte del mundo no indio.  Entre las obras mayores escritas por Krishnamacharya se cuentan cuatro libros que versan en torno a la práctica de yoga, a saber:  
  • Yoga Makaranda - El Néctar del Yoga (1934). 
  • Yogasanagalu - La Gema de los Asanas de Yoga (1941).
  • Yoga Rahasya - El Secreto del Yoga (Publicado en 1998, probablemente escrito en 1937).
  • Yogavali - La Esquina del Yoga (1988).  Un solo capítulo; Krishnamacharya fallecería en 1989 sin terminarlo.
Entre estos últimos cuatro a día de hoy tan sólo el Yoga Makaranda cuenta con una gran difusión.  Fue traducido al inglés por Desikachar y publicado en el 2011, una fecha terriblemente tardía casi ocho décadas después de su edición original en kannada.  Por su parte, el incompleto Yogavali y el Yogasanagalu parecen no haber sido traducidos nunca mientras que del Yoga Rahasya tan sólo he encontrado una edición en francés que en lo que a mí respecta es lo mismo que si estuviera en ruso.  

Janu sirsasana A.

El Yoga Makaranda, por tanto, se ha erigido durante la última década en el referente por antonomasia de la obra escrita del conocido como padre del yoga moderno.  Además, fue publicado durante la época dorada de Krishnamacharya a los cuarenta y cinco años de su madurez física: los años de Mysore, en los que disfrutó del apoyo del Maharajá y estuvo al cargo de la mítica escuela de la que tanto se habla hoy y a la que, como hemos visto, la revista Life dedicaría un espectacular reportaje siete años más tarde.  El joven Pattabhi Jois también acababa de llegar a Mysore donde se había reencontrado con su viejo gurú y a cuyo lado reanudaría los estudios de yoga.  La lógica dicta que el Yoga Makaranda debería de recoger precisamente todo aquello que Pattabhi Jois estaba destinado a aprender.
 
Sin embargo, a los arqueólogos de Ashtanga Yoga interesados en rastrear el origen del método divulgado por Pattabhi Jois, el Yoga Makaranda les deja -nos deja- un sabor agridulce, porque si bien sí se reconocen en él numerosos elementos de la práctica actual de Ashtanga Yoga como cuarenta y dos asanas y sus secuencias de pasos o vinyasas, en cambio no permite establecer la relación directa que cabría esperar entre el yoga de Krishnamacharya y el Ashtanga Yoga que popularizaría Pattabhi Jois, con unas series de asanas definidas (primera, intermedia y avanzadas) y un método aplicable a todas las personas en un orden concreto pero que cada una aprendería paso a paso de acuerdo con sus circunstancias, sino que más bien parece proporcionar un catálogo de posturas de las que el profesor deberá extraer secuencias acordes con las necesidades del estudiante por el estilo del Viniyoga o el Vinyasa Krama que Desikachar y Ramaswami divulgarían varias décadas más tarde.  De hecho, a lo largo del texto Krishnamacharya referencia en numerosas ocasiones los conceptos de Vinyasa (paso) y Krama (secuencia), pero no emplea nunca el término Ashtanga Yoga para definir ninguna práctica de asanas, lo que refuerza esta impresión.

Más todavía, al comienzo del libro Krishnamacharya cita un total de veintisiete textos yóguicos que le han servido en el proceso de redacción y, sorprendentemente, entre ellos no figura el misterioso Yoga Korunta al que Pattabhi Jois siempre aludía como fuente principal del método.  ¿Mintió Pattabhi Jois o hay algo que se ha estado pasando por alto desde, digamos, los últimos setenta y ocho años?

Página 5 del Yogasanagalu con la información editorial en inglés de esta edición 1981.

Yogasanagalu: el eslabón perdido.

En 1941, el mismo año que el reportaje de Wallace Kirkland vio la luz en la revista Life, fue publicado un libro de Krishnamacharya llamado Yogasanagalu - La Gema de los Asanas de Yoga.  En la fecha de publicación del Yoga Makaranda la escuela de Krishnamacharya en el Jaganmohan Palace de Mysore apenas llevaba un año abierta, pero para 1941 ya llevaba ocho años en pleno rodaje y por las expertas manos de Krishnamacharya habían pasado varios centenares de alumnos, algunos de los cuales se habían convertido en los experimentados practicantes de las fotografías al comienzo de este post y entre los cuales se encontraba el mismo Pattabhi Jois.  El Yogasanagalu, en consecuencia, fue escrito tras la consolidación de Krishnamacharya como profesor de una escuela de yoga abierta a amplios grupos de estudiantes.  A nada que hiciera referencia a la enseñanza de Krishnamacharya en aquellos momentos, el Yogasanagalu debía de hacer honor a su nombre y encerrar más de una piedra preciosa digna de ser contemplada.

El Yogasanagalu tuvo cuatro ediciones, las últimas dos publicadas en 1972 y 1981 y revisadas por el propio Krishnamacharya.  A pesar de ello, nunca se tradujo al inglés desde el kannada original ni se publicó fuera de la India.  A todos los efectos, para los no indios era un libro perdido.

Anthony Grim Hall, profesor de yoga y reconocido blogger, desempeñó un papel protagonista en toda esta historia cuando hace cosa de siete años subió a su blog un ejemplar escaneado de la última edición del Yogasanagalu que había llegado a sus manos a través de uno de sus lectores.  Estaba en kannada y por tanto, resultaba indescifrable, pero la casualidad quiso que entre las seguidoras de Anthony se contara una generosa mujer de Mysore llamada Satya Murthy que se ofreció a traducir el texto.  Al cabo de varios meses de estrecha colaboración entre los dos concluiría el “Proyecto de Traducción" (Translation Project) del Yogasanagalu, dejando sus secretos al descubierto más de siete décadas después de su publicación.

Desde su primera página el Yogasanagalu me ha dejado boquiabierto; se trata de un documento de valor incalculable que responde preguntas, disipa dudas y tiende un claro puente entre las enseñanzas de Krishnamacharya y Pattabhi Jois a un nivel mucho mayor de lo que ocurre en el Yogamakaranda.  Al mismo tiempo el Yogasanagalu evidencia grandes diferencias y contradicciones respecto al metodo tradicional que conocemos hoy, lo cual unido a los cambios que se discutieron en la anterior entrada sugiere una evolución a lo largo de las décadas que no se limitó a Pattabhi Jois y que en algunos aspectos fue radical.  En pocas palabras: el Yogasanagalu constituye una pieza maestra del puzzle, imprescindible para comprender la transición del método de Ashtanga Yoga desde Krishnamacharya hasta Pattabhi Jois.

Página 9 del Yogasanagalu con el detalle de la bibliografía.

Tan pronto como en la página 9, el Yogasanagalu me hizo caer de culo.  En el artículo acerca del Yoga Korunta en Wikipedia aparece esta frase: "De acuerdo con el libro Yoga Body: Los orígenes de la Práctica de Posturas Moderna de Mark Singleton, este legado de Krishnamacharya es una de las bases para las "luchas de poder" entre las escuelas rivales de yoga moderno; comenta que es sorprendente que Jois u otros discípulos no hicieran copias del valioso documento (el Yoga Korunta) y que Krishnamacharya ni siquiera se molestara en citarlo en su Yoga Makaranda de 1934", cosa que es cierta y de la que ya he hablado anteriormente; en la bibliografía del Yoga Makaranda Krishnamacharya cita veintisiete libros y el Yoga Korunta no aparece entre ellos, lo cual resulta un tanto vergonzoso desde el punto de vista de la tradición de Ashtanga Yoga habida cuenta de que Krishnamacharya y el misterioso Yoga Korunta constituyen dos de sus pilares fundamentales.  Pues bien, ¿qué bibliografía cita Krishnamacharya en el Yogasanagalu de 1941?  Veamos qué dice la susodicha página 9:

No intenté un detallado repaso de todos los antiguos textos de yoga puesto que haría que este libro fuera muy largo y quizás aburriría a los lectores.  Por favor, disculpadme.  Este escrito se basa principalmente en los siguientes textos:
  • Patanajayogasutra.
  • Hathayogapradipika.
  • Rajayogaratnakara.
  • Yogakuranti.
  • Upanishads relacionados con yoga.
  • Aprendizaje obtenido de mi Gurú y mi propia experiencia.
En negrita queda marcada la irrefutable referencia bibliográfica al Yoga Korunta por parte de Krishnamacharya.  ¡Por favor, que Mark Singleton lea esto y alguien corrija la entrada de Wikipedia!

Ardha matsyendrasana.

En las páginas inmediatamente siguientes (entre la 2 y la 8 de la traducción al inglés) Krishnamacharya deja un verdadero rastro de perlas sin el menor desperdicio:

"El Maharaja de nuestro estado de Karnataka, su alteza Sri Krishna Rajendra, un defensor entusiasta del yoga que ha practicado este Patanjala ashtanga yoga durante muchos años bajo su gurú y ahora con el deseo de que sus súbditos también se beneficien de esta práctica ha iniciado 1) La Patha Shala de Sánscrito del Maharaja 2) La Yoga Shala del Palacio Jaganmohana 3) La Patha Shala de Sánscrito de Bangalore 4) La universidad de Mysore 5) La Yoga Shala de Chitradurga y para contribuir a la práctica de yoga ha ordenado la publicación y propagación de los libros Yogamakaranda, Yogasanagalu y Yoganjali en kannada (...)

El autor de todos estos libros es también el profesor de yoga de su Alteza. (...)

Su Alteza Sri Krishnarajendra Wadeyar, quien ha practicado este sistema durante muchos años, se dio cuenta de que la felicidad de los ciudadanos estaba menguando debido a la falta de práctica de yoga y promovió la propagación del yoga en muchos países.  Estableció una escuela de yoga en el Palacio Jaganmohan el 11 de agosto de 1933 para que el público tuviera a su disposición una práctica regular de yoga. (...) 

Desde el tiempo en que empezó esta shala de yoga hasta el presente, aproximadamente mil personas se han beneficiado enormemente.


Marichyasana A.

Esta shadana de yoga ha sido dividida en tres series: la serie del poder o fuerza, la serie de tratamiento y la serie espiritual.

La serie de poder se clasifica en mente y cuerpo.
La serie de tratamiento se divide en kosha (envoltura) y nadi (latido).
La serie espiritual no tiene divisiones.

La primera serie requiere de muchas yogasanas y algo de pranayama.
La segunda serie necesita algunas asanas sencillas y tres pranayamas.
La tercera serie requiere pranayama, pratyahara, dharana, dhyana y samadhi.
Más tarde se muestra una tabla que incluye estos. "

Mereciendo la pena destacar los siguientes puntos:

  1. Define lo que él enseña (y el Maharaja ha practicado) como ashtanga yoga, el mismo nombre que después emplearía Pattabhi Jois y con el que se ha dado a conocer el mundo.  Es ampliamente conocida la confusión entre el Ashtanga Yoga divulgado por Pattabhi Jois y el ashtanga yoga de Patanjali y siempre pensé que la elección de ashtanga yoga como nombre para el método había sido cosa de Pattabhi Jois, quien colgó el cartel “Ashtanga Yoga Nilayam" en la puerta de su casa de Lakshmipuram.  Sin embargo, a diferencia de lo que sucede en el Yogamakaranda, en este Yogasanagalu el propio Krishnamacharya lo llama ashtanga yoga.
  2. Proporciona la fecha exacta (11 de agosto de 1933) en que se abrió la escuela de yoga en el Palacio Jaganmohan bajo el patrocinio del Maharajá, a quien había estado enseñando yoga desde 1926.  Se conoce, además que desde 1931 había estado enseñando en la Universidad de Sánscrito.  En el momento de publicación del Yogasanagalu (1941, ocho años tras la apertura) la nada despreciable cifra de mil personas había aprendido yoga con Krishnamacharya, lo cual arroja una idea de la envergadura de su escuela.  Las fechas y datos proporcionados me resultan muy interesantes así como la referencia al desconocido libro Yogavali y la escuela de yoga en Chitradurga, localidad natal de Krishnamacharya, de la que no había oído hablar. 
  3. Divide la práctica en tres series, lo cual les resultará familiar a todos los practicantes de Ashtanga Yoga.  Sin embargo, lo que asevera a continuación respecto a las divisiones de cada serie y de lo que consta cada una resulta confuso y se aleja de lo que hoy entendemos por serie primera, segunda y tercera.  No obstante, la tabla a la que hace referencia y que veremos más adelante resultará sumamente reveladora.

Krounchasana.

De igual manera que en el Yoga Makaranda, Krishnamacharya dedica una gran parte del texto a explicar la ejecución de varios asanas y sus vinyasas o pasos correspondientes, pero con una gran diferencia: proporciona numerosos detalles acerca de la metodología de enseñanza, de la respiración, del enfoque que ha tenido que adoptar al enseñar a un grupo amplio de estudiantes con diferentes circunstancias, capacidades y experiencia, y muchos otros pequeños detalles de la práctica que tienen continuidad hoy.  Algunas de las frases resultan tan interesantes desde el punto de vista de los practicantes actuales de Ashtanga Yoga que bien merecen ser comentadas:

Tan pronto como en la página 8 (siempre haré referencia a la edición traducida) se establecen los principios de la práctica que va a explicar en posteriores hojas: "En las posiciones de yoga en las que los ojos, cabeza y frente se elevan, la inhalación debe hacerse lentamente a través de las fosas nasales hasta llenar los pulmones.  Entonces el pecho es empujado hacia delante y se infla, contrayendo fuertemente el abdomen, enfocando los ojos en la punta de la nariz y alargando los músculos de la espalda tanto como sea posible. (...)  En las posiciones de yoga en que los ojos, cabeza, frente, pecho y cabeza se bajan, debemos exhalar lentamente.  Apretando fuertemente el abdomen, hay que cerrar los ojos."  Lo cual concuerda con los tres pilares fundamentales de la práctica tradicional de Ashtanga Yoga también conocidos como tristana: vinyasa (cada paso, cada movimiento ascendente sobre una inhalación y cada movimiento descendente sobre una exhalación), bandha (contracciones musculares relacionadas con cada vinyasa) y dristhi (mirada a la punta de la nariz; ya lo de cerrar los ojos sí que supone una discordancia que, aviso, no será la única).

Más adelante se adentra con mayor detalle en la relación entre asana y respiración de la manera que se conoce hoy en el método tradicional.  Así, en la página 75 Krishnamacharya afirma que "al hacer la respiración suave y larga y concentrando o enfocando la mente en la respiración, se obtiene la perfección en la postura" y en la 102 "Normalmente durante la práctica de yogasanas, la inhalación y la exhalación se llevan a cabo a través de la traquea profunda, sutilmente y con sonido.  Esto es una práctica común con todo el mundo.  A este tipo de respiración se le llama anuloma ujjayi".  De manera interesante, hoy día Sharath Jois insiste en que no llamemos ujjayi a la respiración que hacemos durante la práctica, sino "free breathing with sound" o "respiración libre con sonido."  Adicionalmente, en la página 108 Krishnamacharya afirma que "Cuando se comienza a enseñar a estudiantes o pacientes que acuden para ser tratados, los instructores de yoga en primer lugar han de demostrar la inhalación y exhalación profunda y sutil de acuerdo con el sistema ujjayi.  (...) Después ofrecerán oraciones primero a Patanjali y después a Ananta Nagaraja y a continuación comenzarán", lo cual refuerza la importancia de la respiración y es precursor a la costumbre de Pattabhi Jois de empezar la práctica con el mantra de Ashtanga Yoga en el que se rinden honores a Patanjali, encarnación de Adisesa o Ananta.

Utpluthih.

En la página 10 aparece una frase que Pattabhi Jois repetía con frecuencia y que según él era una cita del Yoga Korunta: "Las yogasanas deben practicarse sólo con vinyasas y nunca sin él." bajo la siguiente advertencia: "Practicar yogasanas sin vinyasa adelgazará y consumirá el cuerpo".  Y también en esa página 10 establece el principio de vinyasa completo o full vinyasa que se mantiene hasta hoy de manera vestigial cuando en las posturas de suelo se enuncia "sapta" o "siete" como primer vinyasa: "Los vinyasas de 1 a 7 son iguales en todos los asanas". 

La organización de una clase de la manera que hoy se conoce como estilo Mysore es indicada por Krishnamacharya en varias páginas: "Cuando se enseña yoga en grupo, es aconsejable separar a la gente en diferentes tipos: obesos, delgados, de corta estatura (...)  No todos pueden realizar todos los tipos de práctica. (...) Los asanas que son posibles para una persona delgada pueden resultar imposibles para una obesa.  Sin embargo, no necesitamos aumentar el número de instructores. Los practicantes de yoga pueden ser divididos aproximadamente en base a sus tipos corporales y el mismo instructor puede enseñarles.  También se puede agrupar a los practicantes en dolencias comunes y enseñarles. (..)" (página 10-11).   "(...) los asanas deben practicarse cuando resulte apropiado a medida que la gente vaya consiguiendo la capacidad suficiente" (página 77).  "Es una idea equivocada alejada de la realidad pensar que todos necesitan practicar todos los yogasanas (...)  Al igual que la medicina, los yogasanas también se recetan de acuerdo al tipo de cuerpo y la condición de cada uno" (página 97). Pese a que estas frases puedan ser objeto de interpretación y no todo el mundo esté de acuerdo en que a a partir de ellas se pueda inferir que Krishnamacharya enseñara de la manera que hoy se conoce como “estilo Mysore”, pido al lector que sea paciente y le emplazo a que continúe leyendo hasta el siguiente apartado subtitulado en negrita.

Y de nuevo en la página 13 Krishnamacharya escribe unas palabras que, dichas a su manera, Pattabhi Jois popularizaría mucho después: "Las personas perezosas no podrán lograr ningún progreso (...)  Las personas con coraje superan los obstáculos. (...)  La yoga sadhana es para gente de todas las edades."  Junto con: "La casta, el credo, el género, la edad, etcétera, no han de ser un obstáculo.  Todo el mundo necesita bienestar" (página 97) y "Tanto los jóvenes, ancianos, muy débiles debido a una enfermedad, si hacen la práctica de yoga de la manera correcta y sin pereza, obtendrán los beneficios deseados" (página 98).

Para concluir este apartado me referiré a uno de los aspectos más polémicos del método de Ashtanga Yoga: esa ley no escrita según la cual los ejercicios de pranayama no han de ser practicados hasta que el estudiante haya comenzado o esté a punto de comenzar la tercera serie, lo cual debido al nivel de exigencia y la dificultad que entrañan las dos primeras series implica que la mayoría de practicantes de Ashtanga Yoga no llegarán nunca a ser aptos para la práctica de pranayama.  Este argumento se sustenta en el sutra 2.49 de Patanjali que afirma que "Una vez se ha dominado asana, entonces se realiza pranayama que consiste en interrumpir el movimiento de inhalación y exhalación" y también es apoyado por Krishnamacharya con la siguiente frase del Yogasanagalu: "Aquellos que no son expertos en yogasana no serán capaces de dominar pranayama" (página 85)   Me imagino que esto es objeto de debate porque Krishnamacharya tampoco establece una clara línea divisoria aunque, eso sí, el término "experto" o "proficient" en inglés define también a su tercera serie de asanas tal y como se analizará en los siguientes párrafos.


Primera página de tablas de asanas en el Yogasanagalu.  Original en kannada edición 1981.

Las tres series de asanas de Ashtanga Yoga según Krishnamacharya. 

El plato fuerte del Yogasanagalu, como su propio título indica (La Gema de las Asanas de Yoga), se concentra en la explicación de asanas.  El libro, sí, incluye la descripción pormenorizada, vinyasa a vinyasa, de varias posturas.  28 asanas en concreto, divididas en dos grupos entre las páginas 22 y 74 (21 asanas) y entre las páginas 109 y 121 (siete asanas).  La mayoría de las descripciones les resultarán muy familiares a los practicantes de Ashtanga Yoga porque concuerdan ampliamente con la práctica tradicional que se hace hoy con la importante salvedad de que, en numerosas ocasiones, Krishnamacharya indica que se deben de realizar kumbhakas o retenciones del aire tras exhalar o tras inhalar.  De las enseñanzas que Pattabhi Jois recibió de Krishnamacharya sin duda ésta se perdió en el tiempo, porque a día de hoy y no me consta que fuese distinto en décadas pasadas, durante la práctica de asanas de Ashtanga Yoga no se lleva a cabo ninguna retención.

Pero detalles aparte, sin duda lo más sorprendente del libro respecto a la cuestión de los asanas son las tablas recogidas entre las páginas 16 y 21 en las que aparece un resumen de cerca de 121 asanas totalmente inédito en la bibliografía de Krishnamacharya en el que se especifica el nombre de cada postura, su número de vinyasas, la posición del asana, estado o vinyasa en que se ejecuta cada postura manteniéndola durante varias respiraciones, el tipo de respiración (con retención tras exhalar o inhalar, sin retención, etcétera) que hay que llevar a cabo en cada una, los beneficios físiológicos que aportan y, lo que más me ha llamado la atención, la clasificación o agrupación de cada asana dentro de una de tres series que el mismo Krishnamacharya denomina “primary group” (grupo primario), “middle group” (grupo medio) y “proficient or advanced” (experto o avanzado).

Grupo primario de asanas según Krishnamacharya en el Yogasanagalu.  Incluye lo que hoy se conocen como posturas fundamentales (desde padangushtasana hasta parsvottanasa)

Krishnamacharya en el Yogamakaranda describía 72 asanas, en este Yogasanagalu describe 28, muchas de las cuales ya fueron cubiertas en el Makaranda.  Las posturas descritas tanto en el Yogamakaranda como en el Yogasanagalu no parecen haber sido expuestas en un orden concreto, sino que tan pronto se indican los vinyasas de un asana que hoy se reconocería dentro de la primera serie como a continuación se explica una postura perteneciente a la segunda, la tercera o la cuarta.  En las tablas del Yogasanagalu, en cambio, nos encontramos con 121 posturas, muchas de las cuales no son descritas en ningún lado a menos que la edición que han traducido Anthony y Satya esté incompleta, y en este caso, aunque con algunos matices, sí se encuentran agrupadas con coherencia.

Cualquier persona familiarizada con las series de Ashtanga Yoga reconocerá con facilidad que el “primary group” se corresponde con la actual primera serie, “middle group” con la actual intermedia y “proficient” con las actuales tercera, cuarta y hasta quinta series avanzadas, aunque tal vez esta última no resulte tan evidente porque la mayoría no las conocemos con la suficiente profundidad.  Hay excepciones notables, por supuesto, pero en general el número de vinyasas y el estado de cada asana se asemeja enormemente a lo que hoy se practica.  Así, por ejemplo, padangushtasana y padahastasana cuentan con 3 vinyasas, trikonasa y parsvakonasana con 5, ardha baddha padma paschimattanasa y janu sirsasana con 22, bujha pidasana con 15... todo lo cual concuerda con los vinyasas que se practican hoy y que cualquiera puede escuchar en una clase de Ashtanga Yoga tradicional con la cuenta en sánscrito (omitiendo, claro está, los primeros seis y los dos últimos vinyasas en las posturas de suelo en las que sólo se practica el half vinyasa o medio vinyasa).  También me resulta interesante comprobar cómo la secuencia de los guerreros con utkatasana y virabhadrasana A y B, aunque no sea descrita en el texto, sí se la puede reconocer tal y como es hoy en las tablas del Yogasanagalu con sus 13 y 16 vinyasas respectivos y el estado de los guerreros correctamente indicados en los vinyasas 7, 8, 9 y 10.

Grupo medio de asanas según Krishnamacharya en el Yogasanagalu.

La cuestión del ordenamiento de las posturas es ya harina de otro costal.  Tras comprobarlo personalmente estoy en condiciones de afirmar que en las tablas de asanas del Yogasanagalu aparecen absolutamente todas las posturas de las series primera e intermedia que se practican hoy e incluso que la inmensa mayoría (en el caso de la serie primera el 100% y en el de la segunda el 70%) se encuentran dentro de su serie correcta de acuerdo con el estándar actual.  Sin embargo, el ordenamiento en sí tiene mucho de “extraño”; por ejemplo, la primera postura de la primera serie es efectivamente padangushtasana y la primera de la intermedia pashasana, pero el orden tal y como lo conocemos está muy alterado de tal modo que, por ejemplo, trikonasana se ejecuta después de prasarita padottanasana o utkatasana y virabhadrasana antes de uttitha hasta padangusthasana, tras tiriangmukha ekapada aparecen los marichyasanas y después ardha baddha padma paschimattasana, las posturas de la secuencia final aparecen "dispersas" entre el grupo primero y medio mientras que un buen puñado de posturas de la serie intermedia aparecen en el grupo experto o avanzado... 

En realidad hay demasiadas diferencias como para enumerarlas todas.  Las personas interesadas pueden consultar las tablas e identificarlas por sí mismas.  Yo lo he hecho, y para aclararme en todo este embrollo he confeccionado unas tablas que compartiré a continuación (ver más abajo, tablas con colores). 

Grupo experto o avanzado de asanas según Krishnamacharya en el Yogasanagalu.

Esencialmente he comparado las series de asanas del Yogasanagalu con las actuales series de asanas de Ashtanga Yoga.  El orden de exposición es el mismo que aparece en el Yogasanagalu.  En las dos primeras columnas he añadido la información correspondiente a las series de Ashanga Yoga que se practican hoy: la primera columna indica a qué serie corresponde la postura (F: Secuencia Fundamental; P: Primera Serie; E: Secuencia Final; I: Serie Intermedia; A: Tercera Serie o Serie Avanzada A; B: Cuarta Serie o Serie Avanzada B) y la segunda columna el orden que la postura ocupa dentro de su serie.  Con el fin de facilitar el reconocimiento de las series de Ashtanga Yoga de hoy dentro de las tablas del Yogasanagalu he utilizado colores e incluido una leyenda dentro de la propia imagen. 

Por otro lado, en las columnas tercera y cuarta he situado las posturas tal y como aparecen listadas en el Yogasanagalu de Krishnamacharya: la tercera columna indica el número del asana dentro de su serie o grupo (una mera secuencia 1, 2, 3,...) y la cuarta columna su nombre tal y como aparece escrito en el Yogasanagalu.  Como suele decirse, una imagen vale más que mil palabras:

Comparación entre los tres grupos de asanas del Yogasanagalu y las cuatro primeras series de asanas del método tradicional de Ashtanga Yoga actual. 

Tras lo cual, merece la pena comentar lo siguiente:

  1. Algunos asanas del comienzo del grupo primario no tienen correspondencia con las series actuales de Ashtanga Yoga: uttanasana, chaturangadandasana, urdhwamukhaswanasana y adhomukhaswanasana.  Bueno, en realidad son posturas que forman parte de los vinyasas completos que se realizan en todas las posturas de suelo y de los propios saludos al sol.  Hay que decir que Krishnamacharya no hace ninguna referencia a los saludos al sol en todo el Yogasanagalu.  ¿Serían un invento que añadiría Pattabhi Jois tiempo después integrando en la práctica a modo de calentamiento estas cortas secuencias de posturas básicas?  Algunos así lo afirman y, por lo que se puede deducir a partir de estas tablas de asanas, tampoco podemos desmentirlos.  
  2. Los asanas de la secuencia final, tal y como he dicho anteriormente, se encuentran distribuidas en la última parte del grupo primario e intermedio, como si en sí constituyeran parte de la secuencia de posturas y no su culminación común.   
  3. Parte de la actual serie intermedia se diluye dentro del grupo de posturas avanzadas.  Me congratula encontrar karandavasa entre ellas, un asana harto difícil de la actual serie intermedia que muchos nos hemos preguntado cómo narices se le pudo haber ocurrido meterla allí a Guruji.
  4. El grupo de posturas avanzadas parece hallarse mucho menos elaborado que los dos primeros grupos en los que los paralelismos y semejanzas con las dos primeras series de hoy resultan evidentes.  En el grupo experto Krishnamacharya no ha proporcionado tantos detalles como en los dos primeros, lo cual deja entrever que quizás no le concediera demasiada importancia a las posturas avanzadas.  Esto es algo lógico dado que, ¿cuántos de sus estudiantes practicarían las secuencias avanzadas?  Al igual que sucede hoy en cualquier escuela, incluido el KPJAYI que dirige Sharath, lo normal sería que entre el millar de alumnos que había estudiado con Krishnamacharya entre 1933 y 1941, la mayoría hubiera sido capaz de practicar únicamente los dos primeros grupos de asanas, lo que sugiere que quizás el grupo avanzado no estuviera tan pulido como el resto.  Esto concuerda con la enseñanza de Pattabhi Jois, el cual siempre diría que lo importante eran las dos primeras series porque en ellas se llevaba a cabo el principal proceso de sanación y transformación; las series avanzadas eran para poco más que exhibiciones.  También cabe recordar que las series avanzadas son las que en mayor medida modificó Pattabhi Jois, quien al principio (hasta los años 70) únicamente enseñaba dos series avanzadas (A y B) muy largas y que posteriormente las dividiría en cuatro (A, B, C y D).  
  5. He identificado varios asanas de las actuales series tercera y cuarta que no aparecen recogidas en el grupo avanzado del Yogasanagalu y las he dejado anotadas.  Igualmente, hay algunas pocas posturas avanzadas que han quedado "descolgadas" sin localizarse dentro de ninguna serie actual.  No me he tomado la molestia de averiguar cuáles son las posturas de la quinta y sexta series; seguramente se encuentren dentro de ellas.

Salamba sarvangasana: la reina de los asanas.

Conclusiones.

A partir de todo esto cada cual puede extraer sus propias conclusiones y, claro está, yo expondré las mías.  Pese a todas las diferencias, desde mi punto de vista el Yogasanagalu es una prueba escrita irrefutable de la relación entre el método de Ashtanga Yoga tradicional que divulgó Pattabhi Jois y la enseñanza de Krishnamacharya durante sus años dorados en Mysore.  Si a los lectores del Yoga Makaranda aún les pudiese quedar alguna duda, tras estudiar el Yogasanagalu ya no cabe ninguna: lo que Pattabhi Jois enseñó se encuentra aquí, la metodología estilo Mysore, los asanas, los bandhas, los dristhis, las series primera, intermedia y avanzada...

Es probable que no conozcamos nunca el contenido del Yoga Korunta, presunto texto germinal del yoga de Krishnamacharya y por extensión del Ashtanga Yoga divulgado por Pattabhi Jois, pero de hallarlo, las personas que pretendieran encontrar en él una referencia literal a lo que Krishanamacharya o Pattabhi Jois enseñaron sin duda quedarían decepcionadas.  El yoga no se ha enseñado nunca ni se ha transmitido de generación en generación a partir de libros encorsetados sino a través de una enseñanza viva basada en el aprendizaje y experiencia personal.  Ramamohan Brahmachari no recibió de su gurú, quienquiera que fuera, el contenido de un texto que debía ser seguido a pies juntillas y tampoco se lo transmitió así a Krishnamacharya.  Cuando Krishnamacharya se disponía a enseñar yoga a una persona no se limitaba a aplicar los párrafos de un libro letra por letra, sino que desplegaba todo su arsenal de conocimientos y, en base a las necesidades y circunstancias de su estudiante o paciente, le prescribía un trabajo concreto.

En el momento en que Krishnamacharya se enfrentó a la tesitura de abrir una escuela de yoga a la que acudirían cientos de estudiantes, hubo de adaptar su enfoque.  Ya no resultaba factible enseñar algo completamente distinto a cada uno, sino que, y esto es una suposición mía en base a las tablas del Yogasanagalu, tuvo que agrupar a los estudiantes e irles enseñando de manera sistemática unas secuencias de posturas más o menos fijas a través de las cuales cada uno iría avanzando progresivamente de acuerdo con su capacidad y compromiso.  Fue allí cuando, seguramente, aplicó las series de asanas que, de una manera que desconocemos, recogía el Yoga Korunta, y que sin duda requirieron de un proceso de investigación personal por parte de Krishnamacharya con sus estudiantes como conejillos de indias.

Pattabhi Jois fue uno de aquellos estudiantes.  Estudió con Krishnamacharya cuando era un adolescente entre 1927 y 1929 en Hamman y posteriormente de adulto en Mysore al menos entre 1933 y 1950, fechas de apertura y cierre de la escuela de Krishnamacharya en el Jaganmohan Palace.  Un total de veinte años.  En 1948 Pattabhi Jois abrió una shala en su casa cuando Krishnamacharya aún se encontraba en la ciudad, y emprendió su propio camino de enseñanza e investigación con un fuerte vínculo con las enseñanzas de su gurú, de quien al fin y al cabo lo había aprendido todo.

El Yogasanagalu, escrito en 1941, constituye un extraviado testimonio de todo aquello que al fin hemos tenido ocasión de hojear.  Ojalá que este blog haya servido para hacerlo llegar a más gente y para arrojar algo de luz sobre los orígenes del método tradicional de Ashtanga Yoga.